miércoles, 19 de febrero de 2014

¿HABRÁS TÚ NEGADO A JESÚS EN ALGUNA OCASIÓN?



Mateo 26:69-75
“Pedro estaba sentado fuera en el patio; y se le acercó una criada, diciendo: Tú también estabas con Jesús el galileo. Mas él negó delante de todos, diciendo: No sé lo que dices. Saliendo él a la puerta, le vio otra, y dijo a los que estaban allí: También éste estaba con Jesús el nazareno. Pero él negó otra vez con juramento: No conozco al hombre. Un poco después, acercándose los que por allí estaban, dijeron a Pedro: Verdaderamente también tú eres de ellos, porque aun tu manera de hablar te descubre. Entonces él comenzó a maldecir, y a jurar: No conozco al hombre. Y en seguida cantó el gallo. Entonces Pedro se acordó de las palabras de Jesús, que le había dicho: Antes que cante el gallo, me negarás tres veces. Y saliendo fuera, lloró amargamente”.

La actitud de Pedro negando a Jesús ha sido, a través de los siglos, el clásico ejemplo de deslealtad a un amigo. Sin embargo, Pedro no fue el único que traicionó el amor y la lealtad del Señor. Otro de los discípulos, Judas Iscariote, hizo algo aun peor: lo entregó a sus enemigos por unas cuantas monedas. Dice Mateo 26:14-16: “Entonces uno de los doce, que se llamaba Judas Iscariote, fue a los principales sacerdotes, y les dijo: ¿Qué me queréis dar, y yo os lo entregaré? Y ellos le asignaron treinta piezas de plata. Y desde entonces buscaba oportunidad para entregarle”. Pero la negación y la deslealtad entre los discípulos de Jesús no se limitan a estos dos. Allí en el huerto de Getsemaní, cuando se llevaban arrestado a Jesús, dice la Biblia que “todos los discípulos, dejándole, huyeron” (Mateo 26:56).

El evangelista Billy Sunday solía contar una historia acerca de un cristiano que consiguió un empleo en un aserradero cuyos trabajadores tenían la reputación de ser ateos y blasfemos. Un amigo, al oír que el hombre iba a trabajar allí le dijo: “Si esos leñadores se enteran de que eres cristiano, te van a hacer la vida imposible”. Después de un año, el hombre regresó a casa de visita. Mientras caminaba por la ciudad se encontró con el amigo que le había dicho que los trabajadores del aserradero lo ridiculizarían y lo perseguirían. “¿Y qué? – le preguntó el amigo - ¿Te molestaron mucho por ser cristiano?” “En absoluto – contestó el hombre – no me han dado ningún problema. Ni siquiera se imaginan que soy cristiano”.

Esta es una manera de negar a Jesús tal y como lo negaron sus discípulos. También nosotros negamos a Jesús cuando no testificamos ante los demás lo que él ha hecho en nuestras vidas. Lo negamos cuando participamos en conversaciones o chistes de doble sentido, o cuando vemos programas en la televisión que contaminan nuestros espíritus, o cuando decimos una mentira. Negamos al Señor cuando tenemos la oportunidad de visitar a un enfermo o de consolar a alguien en desgracia, y no lo hacemos. Lo negamos cuando no hablamos a los inconversos de su sacrificio en la cruz del Calvario y la vida eterna que él nos ofrece. En fin, negamos a Jesús cuando no actuamos de acuerdo al ejemplo que él nos legó y a las instrucciones que nos dejó en la Palabra de Dios.

El Señor desea que no seas solo un Creyente, sino que seas un genuino Seguidor y que vivas para él de manera evidente; que no te avergüences de confesarlo delante de todos los que te rodean. De aquí su declaración: “A cualquiera, pues, que me confiese delante de los hombres, yo también le confesaré delante de mi Padre que está en los cielos. Y a cualquiera que me niegue delante de los hombres, yo también le negaré delante de mi Padre que está en los cielos” (Mateo 10:32-33).

Piensa por un momento. ¿Habrás tú negado a Jesús en alguna ocasión? Si la respuesta es SÍ, ahora mismo arrepiéntete y confiesa ante Dios tu pecado, y él te perdonará, según dice 1 Juan 1:9. Entonces esfuérzate en conocer cada vez más al Señor por medio de la lectura de la Biblia y la oración diariamente. Y cada vez que tengas una oportunidad háblales de él a los que te rodean.

ORACIÓN:
Padre santo, perdóname si con mis actitudes y mi silencio ante los demás he negado a tu Hijo en tantas ocasiones. Yo deseo ser un fiel seguidor de Cristo y vivir para Él de manera evidente. Te ruego me ayudes a reconocer cuando estoy actuando de esa manera, cuando quiero que nadie sepa que soy cristiano. Por favor dame la fuerza y el valor para testificar y confesar a mi Señor, bajo cualquier circunstancia, delante de todo el mundo. En el nombre de Jesús, Amén.

“Gracia y Paz”

Dios te Habla

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