jueves, 26 de septiembre de 2013

¿EN TU MATRIMONIO… TU ACEPTAS TUS CULPAS?



¿Qué es y cómo aplicar La Doctrina del Pecado al Matrimonio?

Mientras no tomemos en serio la doctrina bíblica del pecado aplicada a nuestros matrimonios, siempre estaremos ocupados en los conflictos, pero no llegaremos a la raíz del problema. Esto sugiere que muchos cristianos no están atendiendo la raíz del problema. Al interpretar sus problemas de una manera no bíblica, no están recibiendo ayuda verdadera que los lleve al cambio.

Debemos comenzar a entender la naturaleza y el efecto del pecado, si queremos comprender cómo afecta en nuestro matrimonio. El pecado logra su objetivo en nosotros cuando nos convence de que somos víctimas. ¿Qué significa esto?

Cuatro indicadores de que tenemos una doctrina funcional del pecado:
          

1.- Estamos más conscientes de ser pecadores que de ser víctimas del pecado de otros. ¿Cuál es el mayor estorbo en tu matrimonio? Cuando pensamos en esta pregunta inmediatamente pensamos en las acciones, palabras o actitudes de nuestro cónyuge. Pero ahora reconsideremos la respuesta de Pablo en 1 Timoteo 1:15 “Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, de los cuales yo soy el primero”.  Mientras más crecía Pablo en su relación con Dios más crecía su consciencia de su pecado y de su necesidad de la Gracia de Dios. Nada puede ser más vital e importante para nuestro matrimonio que nos veamos como los “primeros” entre los pecadores.

Cuando pecamos en nuestros matrimonios, Dios es la más grande víctima y subsecuentemente ese pecado es lo más destructivo en nuestra relación matrimonial. Lo que destruye un matrimonio no es el alejamiento del cónyuge, sino el alejarse de Dios primero. Nuestro pecado atenta primero en contra de Dios y luego contra nuestro cónyuge.

Cada pecado que cometemos es primero en contra del ser más grande del universo. Por eso todos los problemas maritales se tratan de personas que han perdido la consciencia de la grandeza de Dios y de su pecado con referencia a Él.

Estaremos yendo en la dirección del cambio cuando estemos más conscientes de ser pecadores, que de ser víctimas del pecado de otros.


2.- Sospechamos más de nuestros propios motivos que de nuestro cónyuge. Aunque hemos sido liberados del dominio del pecado, todavía tenemos que colaborar con el Espíritu Santo para mortificar los actos de la carne. Esta guerra espiritual tiene un efecto especial en nosotros. Está diseñada para hacer más profunda nuestra necesidad de Dios al hacernos conscientes de la profundidad de nuestro pecado. Cuando una persona entiende cuán pecadora es, llega a ser una persona que celebre y goce la gracia de Dios.

El proyecto principal para nuestro matrimonio no es reformar a nuestro cónyuge, sino mortificar nuestro propio pecado. No se trata de estar sospechando, evaluando y analizando en demasía los motivos de nuestro cónyuge, sino de mortificar y sacrificar nuestro propio pecado.

Al preguntarnos ¿Qué es lo que está mal en mi matrimonio? debemos responder: “Yo soy”.  El punto clave es que el matrimonio se trata de dos pecadores viviendo juntos para ser santificados dentro del contexto de la unión conyugal. Dios usa el matrimonio como un medio de gracia para llevarlos a la madurez.

Cuando entendemos la realidad del pecado interior y esa convicción está funcionando en nuestro matrimonio ocurrirá lo siguiente: En el caso de un conflicto, primero examinamos nuestro propio corazón y luego nos dirigimos a nuestro cónyuge sospechando de nuestros motivos, no estando convencidos de que tenemos razón, sino considerando seriamente la posibilidad de estar equivocados. Cuando estás consciente del pecado residente cambia el tono con el que te acercas a tu cónyuge. ¿Puedes imaginar el impacto positivo en un matrimonio en el que los cónyuges sean intencionales en examinarse y sospechar cada uno de sí mismo en primer lugar?


3.- Afirmamos que las circunstancias no causan el pecado sino sólo lo hacen evidente.

Mateo 15:10-11 y 19
“Porque del corazón salen los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, las fornicaciones, los hurtos, los falsos testimonios, las blasfemias”.

Puesto que Dios es grande en misericordia para con nosotros, permite circunstancias en nuestras vidas que expongan lo que hay en nuestros corazones. Dios diseñó el matrimonio para que tengamos ocasión de ver en realidad lo que hay en nuestros corazones.

Las tentaciones, pruebas, tribulaciones y cosas semejantes no inyectan pecado a nuestro corazón.  Sino revelan el pecado que hay en nuestro corazón.


4.- Saber arrepentirnos y confesar nuestros pecados a Dios y a nuestro cónyuge. Un matrimonio que practica el arrepentimiento será un matrimonio que experimente profundidad e intimidad. Por el contrario, en el matrimonio donde no se practica regularmente el arrepentimiento, habrá todo tipo de conflictos.

Creo que todos los que creemos en la doctrina bíblica del pecado deberíamos preguntarnos ¿Cuán a menudo confieso mis pecados a mi cónyuge?

Muchos matrimonios cristianos dicen que confiesan sus pecados pero sin admitir nada en realidad. Como si fueran políticos dando explicación de sus acciones dicen cosas como: “Siento mucho que mis acciones se hayan malinterpretado”; “Si en algo te ofendí, te pido disculpas”, etc. Pero debemos ser diligentes en que nuestras confesiones no terminen echando la culpa sobre nuestro cónyuge, sino que reconozcamos nuestras acciones pecaminosas tal y como Dios las ve y describe.  No es lo mismo decir: “Tuve un desliz” a decir “Adulteré o fui infiel”.

Una de las mejores maneras de cultivar la intimidad en nuestro matrimonio es confesando humildemente nuestros pecados el uno al otro. Donde hay confesión de pecados encontraremos una gran humildad, y la humildad creara intimidad entre los cónyuges. La intimidad forja una unión que dura toda la vida.

Después de toda esta reflexión, ¿Qué te ha mostrado Dios de tu matrimonio? ¿Qué se ha revelado de tu relación con tu cónyuge? ¿Cómo estás aplicando la doctrina bíblica del pecado en tu matrimonio?


“Gracia y Paz”
Edificando Matrimonios
conforme al propósito de Dios

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Dave Harvey 

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