martes, 1 de mayo de 2012



SANANDO LA LENGUA

“...vi yo al Señor sentado sobre un trono alto y sublime…” (Isaías 6:1).

El profeta Isaías nos ha provisto de un ejemplo sobre cómo sanar nuestra  lengua.

1. Isaías se acercó al Señor y le pidió una visión de la santidad de Dios.

Todo aquél que desee tener una vida grata delante del Señor, deberá  constantemente acudir a Su presencia hasta obtener una visión de la santidad de Dios. La plenitud de su santidad, las verdaderas bendiciones, todas las victorias, empiezan en Su trono. ¡Es allí donde nosotros vemos a Dios en Su santidad!

2. Ante la santa presencia de Dios, Isaías se convenció plenamente de que sus labios eran impíos: “Entonces dije: «¡Ay de mí que soy muerto!, porque siendo hombre inmundo de labios y habitando en medio de pueblo que tiene labios inmundos, han visto mis ojos al Rey, Jehová de los ejércitos».” (6:5).

¿Por qué Isaías exclamó, “siendo hombre inmundo de labios”? ¡Porque él había visto al Rey de gloria! Nuestras transgresiones llegan a ser excesivamente pecaminosas cuando estamos en la presencia de Dios. ¡La luz de Su rostro santo expone todo lo que es opuesto a Él!

3. Isaías le permitió al Señor que lo tocara y lo limpiara con Su fuego santo. “Y voló hacia mí uno de los serafines, trayendo en su mano un carbón encendido, tomado del altar con unas tenazas. Tocando con él sobre mi boca, dijo: He aquí que esto tocó tus labios, y es quitada tu culpa y limpio tu pecado” (6:6-7).

¡La Palabra de Dios es el carbón encendido y el Espíritu Santo es su fuego!

Ahora mismo, a través de este mensaje, usted ha sido tocado por el Espíritu Santo. Dios quiere poner fuego en su lengua para santificarla. ¡Él puede hacer esto por usted si deja que Su Palabra lo convenza! Él es el único que puede hacerlo. Lo que le corresponde a usted hacer es simplemente confesar, como Isaías lo hizo, “¡Ay de mí que soy muerto!”

Permita que esta palabra toque directamente su corazón y lo limpie con su fuego. Confiese, “Sí, soy yo, Señor! ¡No dejaré pasar esta palabra! Limpia mis labios y mi lengua. ¡Limpia mi boca y mi corazón!” 

“Gracia, Misericordia y Paz”
David Wilkerson 

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