jueves, 7 de agosto de 2014

¿VIVES AMARGURA O FELICIDAD?





¿VIVES AMARGURA O FELICIDAD?

Filipenses 4:10-13
“En gran manera me gocé en el Señor de que ya al fin habéis revivido vuestro cuidado de mí; de lo cual también estabais solícitos, pero os faltaba la oportunidad. No lo digo porque tenga escasez, pues he aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación. Sé vivir humildemente, y sé tener abundancia; en todo y por todo estoy enseñado, así para estar saciado como para tener hambre, así para tener abundancia como para padecer necesidad. Todo lo puedo en Cristo que me fortalece”.

En la vida todos disfrutamos situaciones agradables y placenteras, y también en ocasiones nos enfrentamos a circunstancias difíciles y dolorosas. Esto es algo completamente natural sobre lo cual, por regla general, no tenemos ningún control. Lo que diferencia a unas personas de otras es la manera de reaccionar ante las pruebas y las dificultades que se presentan. Mientras las están pasando, algunos se lamentan constantemente, emanando amargura hasta por los poros; otros mantienen un estado de ánimo positivo independientemente de la situación en la que se encuentren.

Un ejemplo del primer grupo lo tenemos en el famoso cantante norteamericano Michael Jackson, el cual falleció en junio del año 2009. La extraordinaria fama del “rey de la música Pop”, como le llamaban, se extendió a través de todo el mundo por un periodo de varias décadas. Fue idolatrado por millones y millones de fanáticos que le seguían y llenaban los locales donde él actuaba. Se vendieron más de 750 millones de sus discos y logró acumular una fortuna de millones de dólares, la cual despilfarró a través de una vida totalmente desordenada. Pero si bien sus éxitos como intérprete musical y en el aspecto económico fueron extraordinarios, su vida fue un ejemplo de infelicidad e insatisfacción, ya que nunca estuvo satisfecho consigo mismo en ningún aspecto. Con el fin de modificar su apariencia física se sometió a innumerables cirugías plásticas que cambiaron totalmente su fisonomía y hasta el color de su piel. En el aspecto emocional tampoco logró encontrar la ansiada felicidad; en varias ocasiones declaró que se sentía solo e infeliz, y con frecuencia demostraba la angustia y la pesadumbre que siempre le acompañaron. En resumen, podemos decir que Michael Jackson perteneció al grupo de personas insatisfechas e infelices que pasan por este mundo dejando una estela de lamentos y amargura a través de todo el camino.

Como ejemplo del segundo grupo de personas tenemos al apóstol Pablo. En el pasaje de hoy, Pablo nos muestra una actitud optimista cuando escribe a los filipenses y les dice: “He aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación”. Primeramente tenemos que recordar que cuando escribió esta carta, él estaba preso en una cárcel romana, en condiciones realmente deplorables; y aun así era capaz de sentir gozo y esperanza. Pero Pablo no siempre actuó de esta manera. Fue a partir de su encuentro con Jesús en el camino a Damasco (Hechos 9) que él llegó a conocer el secreto de la verdadera felicidad, la que se siente lo mismo en la escasez que en la abundancia, cuando falta algo o cuando sobra, cuando estamos bien o cuando estamos mal. Pablo muestra su capacidad para aceptar y adaptarse a cualquier situación cuando escribe: “Sé vivir humildemente y sé tener abundancia; en todo y por todo estoy enseñado...” Y seguidamente expresa la razón de esa actitud: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece”. El creyente que llega a conocer profundamente el poder que viene de lo Alto vivirá una vida de complacencia y de contentamiento, independientemente de las circunstancias que le rodeen.

Dos formas completamente diferentes de reaccionar ante la vida y sus problemas: la insatisfacción y la amargura de Michael Jackson, y la aceptación confiada y gozosa del apóstol Pablo. ¿A cuál de los dos grupos tú perteneces? ¿Estás enfrentando los problemas en el poder de Cristo? Si es así, tu felicidad y tu victoria están aseguradas. Si no es así, debes saber que el Señor espera por ti. Acércate a él, abre tu corazón y recíbelo. Entonces disfrutarás de sus bendiciones.

ORACIÓN:
Padre santo, te ruego me ayudes a enfrentarme a las circunstancias más difíciles con la plena seguridad de que tú tienes el poder para cambiarlas y encaminarlas para mi bien. Permite que tu Espíritu me llene de tu paz mientras espero en ti. En el nombre de Jesús, Amén.

¡Gracia y Paz!

Dios te Habla

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