martes, 30 de julio de 2013

¿CÓMO ESTÁ TU SIEMBRA?



Gálatas 6:7-10
“No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará. Porque el que siembra para su carne, de la carne segará corrupción; mas el que siembra para el Espíritu, del Espíritu segará vida eterna. No nos cansemos, pues, de hacer bien; porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos. Así que, según tengamos oportunidad, hagamos bien a todos, y mayormente a los de la familia de la fe”

Si sembramos una semilla de naranja, con toda seguridad esperaremos que de la tierra brote una mata que producirá naranjas. Jamás pasará por nuestra mente la idea de que este árbol nos dará manzanas o mangos o cualquier otra fruta que no sea estrictamente naranjas. Este principio se aplica también en el terreno espiritual.

El pasaje de hoy nos afirma que todo lo que sembremos, eso mismo recogeremos. Podemos estar seguros de que todas nuestras acciones tendrán consecuencias acordes a nuestra manera de actuar. Si actuamos de acuerdo a los deseos de la carne, recogeremos corrupción, y con ello todas las correspondientes consecuencias destructivas. Por el contrario, si rechazamos esos deseos y actuamos conforme a lo que nos enseña la Palabra de Dios, obtendremos resultados totalmente distintos; la bendición y el favor de Dios se manifestarán en nuestras vidas, y comenzaremos a disfrutar plenamente desde ahora las maravillas de la vida eterna.

El crecimiento espiritual del creyente guarda una íntima relación con este principio de la siembra y la cosecha. Mientras más compartamos con los demás lo que recibimos del Señor, mayor será nuestro crecimiento y madurez espiritual, porque más nos dará el Señor. El autor de la carta a los Hebreos amonestó a sus lectores porque “debiendo ser ya maestros, después de tanto tiempo”, todavía eran bebés que aún tomaban leche espiritual en lugar de alimento sólido. (Hebreos 5:12). El problema principal de ellos era que lo que aprendían no lo ponían en práctica ni lo compartían con los que les rodeaban.

Un estudiante fue a ver a un profesor y se quejó de que no estaba progresando en sus estudios. Entonces le preguntó si debía buscar un tutor. “¿Un tutor? --respondió el sabio profesor-- Lo que necesitas es un pupilo”. El estudiante siguió el consejo, y a medida que enseñaba a su alumno, más entendía la materia hasta que llegó a dominarla completamente. Asimismo un maestro de Biblia dijo: “Nunca saqué mucho provecho de la Biblia hasta que empecé a dar clases en la Escuela Dominical. Entonces daba la Palabra en vez de limitarme a recibirla”. No hay mejor forma de aprender que enseñando a otros. Estudia la Palabra de Dios, no sólo para que te bendiga y te aproveche personalmente, sino para compartirla con aquellos que necesitan conocer a Dios y sus principios y decretos.

El principio de la siembra y la cosecha también se manifiesta en el aspecto material, de acuerdo a nuestra generosidad al dar. ¿Cuánto das de lo que recibes? El apóstol Pablo escribe en 2 Corintios 9:6: “Pero esto digo: El que siembra escasamente, también segará escasamente; y el que siembra generosamente, generosamente también segará”. La iglesia de Filipos se caracterizaba por su generosidad al aportar su contribución para la predicación del evangelio. En su carta a los Filipenses, Pablo les recuerda: “Y sabéis también vosotros, oh filipenses, que al principio de la predicación del evangelio, cuando partí de Macedonia, ninguna iglesia participó conmigo en razón de dar y recibir, sino vosotros solos; pues aun a Tesalónica me enviasteis una y otra vez para mis necesidades”. Y seguidamente les dice: “Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús” (Filipenses 4:15-19). Si deseas recoger buena cosecha, tienes que sembrar buena semilla.

Ten siempre presente que todas tus acciones producirán frutos, buenos o malos según sea la calidad de la semilla que siembres. Ora al Señor para que te ayude a actuar siempre conforme a su voluntad de manera que esos frutos glorifiquen su nombre en todos los aspectos. Entonces recibirás una linda cosecha de bendiciones.

ORACIÓN:
Bendito Padre celestial, te ruego que me capacites para actuar siempre de manera que los frutos que mis acciones produzcan sean para honrar y glorificar tu santo nombre. En el nombre de Jesús, Amén.


“Gracia y Paz”
Dios te Habla

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