Amantísimo Padre
celestial, gracias te doy el día de hoy por tu Gracia y Misericordia. Gracias por
enseñarme día con día la forma en que quieres que yo te agrade. Gracias por enseñarme
que así lo hizo el Rey David, quien conociendo profundamente tu corazón, te expresó:
“Señor, abre mis labios, y publicará mi boca tu alabanza. Porque no quieres
sacrificio, que yo lo daría; no quieres holocausto. Los sacrificios de Dios son
el espíritu quebrantado; al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh
Dios”. Asimismo señor enséñame a buscar tu justicia, a amar la misericordia y a
humillarme ante ti. Así oh mi Dios, quiero sentir el anhelo de agradarte
siempre. Por favor dame discernimiento espiritual y un corazón humilde para
actuar en todo conforme a lo que a ti verdaderamente te complace. Todo te lo pido
en el nombre de Jesús, Amén.
sábado, 25 de enero de 2014
¿CÓMO PUEDO AGRADAR A DIOS?
Miqueas 6:6-8
“¿Con qué me
presentaré ante el Señor, y adoraré al Dios Altísimo? ¿Me presentaré ante él
con holocaustos, con becerros de un año? ¿Se agradará el Señor de millares de
carneros, o de diez mil arroyos de aceite? ¿Daré mi primogénito por mi
rebelión, el fruto de mis entrañas por el pecado de mi alma? Oh hombre, él te
ha declarado lo que es bueno, y qué pide el Señor de ti: solamente hacer
justicia, y amar misericordia, y humillarte ante tu Dios”.
Una pequeña
historia cuenta que una misionera en la India , se encontró una mañana con una mujer hindú
a la que, en varias ocasiones, le había hablado de Cristo sin lograr mucha
atención de su parte. La mujer hindú llevaba a dos niños en brazos. Uno de
ellos era muy hermoso y lleno de salud. El otro, por el contrario, era
deficiente en cuerpo y mente, retardado físico y mental.
La misionera le
preguntó adonde iba, y para su asombro aquella mujer le respondió: "Voy al
río a ofrecer uno de mis hijos a los dioses en sacrificio por mis
pecados". La misionera trató de persuadir a la mujer. Le habló de nuevo de
Jesucristo. Le habló de cuál era la verdadera manera de agradar a Dios y
obtener el perdón de nuestros pecados. Tampoco esta vez logró que la hindú le
prestara atención, y ésta continuó su camino hacia el río.
Pocos días
después, la misionera se encontró otra vez con la mujer. Esta vez sólo llevaba
en sus brazos al niño deformado y retrasado. La misionera le preguntó con
ansiedad acerca del otro niño. La madre le contestó: “¿No recuerda? ¿Cuando nos
vimos el otro día iba al río para ofrecer a los dioses uno de mis hijos”?.
“Oh, amiga mía
-- dijo la misionera llorando -- si usted tenía que hacer eso, ¿por qué no
ofreció al niño que nunca estaría bien?” La mujer hindú replicó: “Quizás esa
sea la manera en que ustedes viven su religión, pero en la nuestra nosotros
siempre ofrecemos lo mejor a los dioses”. La misionera sintió vergüenza. Y bajó
la cabeza. Aquella mujer estaba totalmente equivocada en su relación espiritual
con dioses falsos, pero, sin duda, su acción fue un ejemplo de un corazón
dispuesto a dar lo mejor.
¿Qué pudo haber
recibido esa mujer de sus dioses que la llevara a tan grande sacrificio? Y
nosotros, ¿hemos recibido bendiciones de nuestro Dios? ¿Qué hacemos para
mostrarle nuestro agradecimiento por la salvación de nuestras almas, y por todo
lo que día tras día nos da sin que lo merezcamos, sólo por su gracia y por su
amor?
Muchas personas
hacen todo tipo de sacrificio físico, andan de rodillas por una cierta
distancia, se golpean a sí mismos, se cortan la piel, etc. La intención puede
ser muy buena, como la de la mujer hindú, pero en realidad muestra un
desconocimiento total del corazón de Dios y de lo que él espera de nosotros.
El mensaje de
Dios es muy sencillo y se repite a través de toda la Biblia : El Señor se deleita
más en nuestros esfuerzos por conocerle, que en cualquier cosa que podamos
ofrecerle. Dios nos creó con un deseo profundo de que vivamos en comunión con
él, por lo tanto buscar su rostro y mostrarle nuestra gratitud adorándole en
espíritu y en verdad expresa nuestro amor mucho mejor que lo que pueden hacer
las palabras o los sacrificios por grandes que estos sean.
En el mensaje de
hoy, el profeta Miqueas se pregunta a sí mismo qué puede hacer para agradar a
Dios, y después de mencionar una lista de diferentes sacrificios, recuerda que
el Señor sólo pide de nosotros que hagamos justicia,
y amemos la misericordia ,
y nos humillemos ante él. El rey David llegó a conocer profundamente el
corazón de Dios, y en el Salmo 51:16 dijo: “Señor, abre mis labios, y publicará
mi boca tu alabanza. Porque no quieres sacrificio, que yo lo daría; no quieres
holocausto. Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado; al corazón
contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios”
En Proverbios
23:26, Dios nos dice exactamente que es lo que le complace de nosotros: “Dame,
hijo mío, tu corazón, y miren tus ojos por mis caminos”. ¿Estás dispuesto a
entregar tu corazón al Señor, y amarle, y adorarle y caminar por los caminos
que él nos ha indicado? Si lo haces de esta manera, ten la seguridad de que le
habrás complacido.
ORACIÓN:
Amantísimo Padre
celestial, es mi anhelo agradarte siempre. Por favor dame discernimiento
espiritual y un corazón humilde para actuar en todo conforme a lo que a ti
verdaderamente te complace. En el nombre de Jesús, Amén.
“Gracia y Paz”
Dios te Habla
¿CÓMO VA TU CRECIMIENTO ESPIRITUAL?
Efesios 4:10-16
“El que
descendió, es el mismo que también subió por encima de todos los cielos para
llenarlo todo. Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a
otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, a fin de perfeccionar a los
santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo,
hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de
Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo;
para que ya no seamos niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento
de doctrina, por estratagema de hombres que para engañar emplean con astucia
las artimañas del error, sino que siguiendo la verdad en amor, crezcamos en
todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo, de quien todo el cuerpo, bien
concertado y unido entre sí por todas las coyunturas que se ayudan mutuamente,
según la actividad propia de cada miembro, recibe su crecimiento para ir
edificándose en amor”
En el mensaje de
hoy, el Señor nos habla de su propósito divino en nuestras vidas, cumplir en
cada uno de sus hijos el deseo de que seamos “conformes a la imagen de su Hijo”
(Romanos 8:29). Llegar a esta estatura espiritual debe ser también la meta de cada
uno de nosotros.
Los factores
genéticos que heredamos ejercen una gran influencia en nuestra estatura.
Cualquiera que sea nuestra dieta y programas de ejercicios, el crecimiento
físico se detiene en un punto determinado. Cuando se alcanza ese límite no
podemos crecer más por mucho que nos esforcemos. A esto se refirió Jesús cuando
dijo: “¿Y quién de vosotros podrá, por mucho que se afane, añadir a su estatura
un codo?” (Mateo 6:27).
Sin embargo
nuestro potencial para crecer espiritualmente no tiene límites. Nuestro crecimiento
espiritual no depende de factores hereditarios sino de nuestra disposición para
asimilar las provisiones de nuestro Padre celestial, y de nuestra actitud
frente al pecado. El apóstol Pedro escribe en su primera carta, la fórmula para
crecer espiritualmente: “Desechando, pues, toda malicia, todo engaño,
hipocresía, envidias, y todas las detracciones, desead, como niños recién
nacidos, la leche espiritual no adulterada, para que por ella crezcáis para
salvación, si es que habéis gustado la benignidad del Señor” (1 Pedro 2:1-3).
En primer lugar
debemos desechar todos esos hábitos, costumbres, sentimientos a los que el
apóstol Pablo llama “los deseos de la carne” en su carta a las iglesias de
Galacia. ¿Por qué? “Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu y el del
Espíritu es contra la carne” (Gálatas 5:16-21). Y es precisamente el Espíritu
Santo, el Consolador, nuestro ayudador, el encargado de llevar a cabo la
transformación en nuestras vidas que nos permitirá crecer espiritualmente. En
segundo lugar es de extrema importancia nuestra alimentación espiritual. ¿Has
visto a un recién nacido hambriento llorar por la leche materna? No se detiene
hasta que sacia su hambre, ¿cierto? El apóstol Pedro usa esta ilustración para
exhortarnos a desear ávidamente el alimento espiritual de la Palabra de Dios, a la cual
él llama “la leche espiritual no adulterada”.
La lectura de la Biblia conjuntamente con la
oración, debe ser nuestro alimento diario si deseamos crecer espiritualmente.
Debemos ser obedientes a las enseñanzas de esta palabra y aplicarlas a nuestras
vidas, y debemos congregarnos y servir a Dios en algún ministerio de la
iglesia. Entonces dejaremos de ser “niños fluctuantes, llevados por doquiera de
todo viento de doctrina”, como dice el pasaje de hoy, y estaremos firmes en la
verdad que es Cristo Jesús.
ORACIÓN:
Padre santo, es
mi deseo crecer espiritualmente hasta llegar a la estatura de tu Hijo
Jesucristo. Por favor, pon en mi corazón un ávido deseo de estudiar tu palabra
diariamente y pasar tiempo en oración contigo. Te lo pido en el nombre de
Jesús, Amén.
“Gracia y Paz”
Dios te Habla
Le invito a que visite la
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jueves, 23 de enero de 2014
ORACIÓN
Padre santo, te
ruego pongas en mi corazón un ferviente deseo de buscarte día tras día, de
adorarte, de obedecerte y de servirte. Que, ya sea cuando tu Hijo Jesucristo
venga de nuevo o cuando llegue mi momento de partir de este mundo, yo esté
totalmente preparado para ese maravilloso encuentro. En el nombre de Jesús,
Amén.
¿ESTÁS TU PREPARADO PARA LA VENIDA DEL SEÑOR?
Mateo 24:29-32
“E
inmediatamente después de la tribulación de aquellos días, el sol se
oscurecerá, y la luna no dará su resplandor, y las estrellas caerán del cielo,
y las potencias de los cielos serán conmovidas. Entonces aparecerá la señal del
Hijo del Hombre en el cielo; y entonces lamentarán todas las tribus de la
tierra, y verán al Hijo del Hombre viniendo sobre las nubes del cielo, con
poder y gran gloria. Y enviará sus ángeles con gran voz de trompeta, y juntarán
a sus escogidos, de los cuatro vientos, desde un extremo del cielo hasta el
otro”
Por regla
general, cuando esperamos visita preparamos la casa lo mejor posible. Hacemos
una buena limpieza, organizamos, nos deshacemos de cosas que no necesitamos,
compramos artículos que hacen falta, etc. Todo con el fin de causar una buena
impresión a los visitantes. El Dios nos habla hoy de un evento de mucha mayor
magnitud y significado que una simple visita de familiares o amigos. Se refiere
a la segunda venida de Jesucristo. El Señor viene por su iglesia, sus ángeles
“juntarán a sus escogidos” y Jesús nos llevará a vivir con él por toda la
eternidad (Amen!). Al igual que nos preparamos para las visitas que esperamos,
debemos prepararnos para esa maravillosa visita divina que significará el fin
de todos los sufrimientos y aflicciones, y “ya no habrá muerte, ni habrá más
llanto, ni clamor, ni dolor” (Apocalipsis 21:4).
Ciertamente
queremos causar una buena impresión al Señor, y que a él le agrade lo que
encuentre al llegar. La diferencia en relación a otras visitas consiste en que
no sabemos exactamente cuando llegará Jesucristo. “Del día y la hora nadie
sabe, ni aun los ángeles de los cielos, sino sólo mi Padre”, les dijo Jesús a
sus discípulos (Mateo 24:36). Entonces les dio este sabio consejo: “Velad,
pues, porque no sabéis a qué hora ha de venir vuestro Señor. Pero sabed esto,
que si el padre de familia supiese a qué hora el ladrón habría de venir,
velaría, y no dejaría minar su casa. Por tanto, también vosotros estad
preparados; porque el Hijo del Hombre vendrá a la hora que no pensáis” (Mateo
24:42-44).
La llegada del
Señor está cerca. Las señales que vemos a diario así lo indican. Cuando sus
discípulos le preguntaron: “Dinos, ¿cuándo serán estas cosas, y qué señal habrá
de tu venida, y del fin del siglo?”, Jesús les respondió: “Mirad que nadie os
engañe. Porque vendrán muchos en mi nombre, diciendo: Yo soy el Cristo; y a
muchos engañarán. Y oiréis de guerras y rumores de guerras; mirad que no os
turbéis, porque es necesario que todo esto acontezca; pero aún no es el fin.
Porque se levantará nación contra nación, y reino contra reino; y habrá pestes,
y hambres, y terremotos en diferentes lugares. Y todo esto será principio de
dolores” (Mateo 24:3-8).
Cuando una mujer
va a dar a luz hay un “principio de dolores”, y a medida que se acerca el
momento del parto, los dolores y las contracciones se intensifican y se hacen
cada vez más frecuentes. Estas señales indican que está próxima la llegada de
la criatura. Sin duda ha habido siempre guerras, y pestes, y hambres y terremotos.
Pero la frecuencia y la intensidad con que han estado sucediendo en los últimos
años estos fenómenos, nos indican que estas son las señales a las que Jesús se
refirió, como preámbulo a su regreso. También vemos como, cada vez con más
frecuencia, aparecen hombres proclamándose a sí mismos como profetas, apóstoles,
o la reencarnación del apóstol Pablo e incluso afirman ser el mismo Cristo.
Debemos velar,
debemos estar atentos, debemos estar preparados como si fuera mañana el día en
que Jesús va a llegar. No queremos que nos suceda como a las cinco vírgenes
insensatas que no prepararon sus lámparas con aceite y se quedaron fuera de las
bodas. Queremos ser como las cinco prudentes que tomaron sus lámparas y las
prepararon con suficiente aceite, y cuando llegó el esposo, entraron con él y
disfrutaron de las bodas (Mateo 25:1-13).
ORACIÓN:
Padre santo, te
ruego pongas en mi corazón un ferviente deseo de buscarte día tras día, de
adorarte, de obedecerte y de servirte. Que, ya sea cuando tu Hijo Jesucristo
venga de nuevo o cuando llegue mi momento de partir de este mundo, yo esté
totalmente preparado para ese maravilloso encuentro. En el nombre de Jesús,
Amén.
“Gracia y Paz”
Dios te Habla
miércoles, 22 de enero de 2014
¿CÓMO ACTÚAS FRENTE A LAS TENTACIONES?
1 Corintios
10:12,13
"Así que,
el que piensa estar firme, mire que no caiga. No os ha sobrevenido ninguna
tentación que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados
más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la
tentación la salida, para que podáis soportar"
Imagínate que te
encuentras en medio de un bosque en llamas. Las lengüetas de fuego vienen desde
arriba, se levantan desde abajo y danzan de un lado a otro por todas partes. Tú
sientes miedo, te quedas sin respiración y piensas que todo está perdido. De
pronto ves una ruta libre de fuego que empieza donde tú te encuentras y termina
en un lugar fuera de peligro. ¿Qué haces tú? Bueno, sin duda alguna corres de
inmediato a ese pasillo de seguridad, tratando de librarte de las llamas. ¿Cómo
responderías tú si alguien te dice: "Tú sabes, yo en tu lugar correría
directamente al fuego y vería lo que sucede"? Totalmente absurdo. ¿Por qué
alguien escogería correr en dirección al peligro en lugar de ir hacia la
seguridad tomando una clara ruta de escape?
Cuando
enfrentamos la tentación, sucede algo semejante a estar parados en medio de un
bosque en llamas. El peligro nos rodea por todos lados presentándonos un dilema
y la necesidad de tomar una decisión. El problema, sin embargo, es que aquí el
fuego parece invitarnos a tomar la ruta hacia él. No sólo el peligro parece no
existir sino que realmente aparenta ser una fuente de gozo. Pero lo cierto es
que el gozo nunca es el resultado de ceder a la tentación. Quizás haya un
disfrute momentáneo, pero no satisface plenamente y se desvanece con rapidez.
Rendirnos ante la tentación solamente nos conducirá al pecado y nos traerá terribles
consecuencias que, tarde o temprano, nos harán sufrir y lamentarnos de haber
tomado esa decisión.
Afortunadamente,
Dios ha prometido a sus hijos que él nunca permitirá que seamos “tentados más
de lo que podamos resistir”, dice el pasaje de hoy, sino que siempre proveerá
una salida de escape. Depende de nosotros escoger esa salida. Nuestra
naturaleza carnal siempre nos empujará hacia el lado de la tentación y el
pecado. De esto debemos estar concientes. ¿Qué hacer entonces? Debemos seguir
el consejo que Jesús dio a sus discípulos, allí en Getsemaní, a pocas horas de
su muerte cuando se debatía en medio de la tentación de ir en dirección
contraria a la cruz. La carne le indicaba que huyera de aquel enorme
sacrificio; su espíritu, por el contrario, le recordaba su responsabilidad en
el plan de salvación confeccionado por el Padre. Allí, después de postrarse en
oración tres veces, el Señor les dijo: “Velad y orad, para que no entréis en
tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil”
(Mateo 26:41).
Entonces, ¿qué
debemos hacer para rechazar la tentación y actuar conforme a la voluntad de
Dios? Primero, debemos velar, es decir estar constantemente alertas de las
maquinaciones y artimañas del diablo. No olvidemos que el enemigo puede poner
pensamientos en nuestra mente, también puede usar la televisión, o una persona,
o cualquier otro medio. Segundo, debemos mantenernos en oración buscando la
fortaleza espiritual que viene de Dios. El apóstol Pablo en su carta a los
efesios los aconseja de la siguiente manera: “Por lo demás, hermanos míos,
fortaleceos en el Señor, y en el poder de su fuerza” (Efesios 6:10). Y en el
versículo 18 les dice: “Orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el
Espíritu, y velando en ello con toda perseverancia y súplica por todos los
santos”. Velar y orar. Esta es nuestra parte. Entonces el Señor nos enseñará la
salida, y nos conducirá ilesos fuera del bosque en llamas.
ORACIÓN:
Padre Santo, me
postro ante tu trono de gracia en oración y súplica y te ruego que me des discernimiento
espiritual para reconocer las tentaciones, y la fuerza y el valor para alejarme
de ellas. En el nombre de Jesús, Amén.
“Gracia y Paz”
Dios te Habla
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martes, 21 de enero de 2014
¿TIENES TÚ EL CARÁCTER DE UN SIERVO?
Juan 13:3-9
“Sabiendo Jesús
que el Padre le había dado todas las cosas en las manos, y que había salido de
Dios, y a Dios iba, se levantó de la cena, y se quitó su manto, y tomando una
toalla, se la ciñó. Luego puso agua en un lebrillo, y comenzó a lavar los pies
de los discípulos, y a enjugarlos con la toalla con que estaba ceñido. Entonces
vino a Simón Pedro; y Pedro le dijo: Señor, ¿tú me lavas los pies? Respondió
Jesús y le dijo: Lo que yo hago, tú no lo comprendes ahora; mas lo entenderás
después. Pedro le dijo: No me lavarás los pies jamás. Jesús le respondió: Si no
te lavare, no tendrás parte conmigo. Le dijo Simón Pedro: Señor, no sólo mis
pies, sino también las manos y la cabeza”.
Este pasaje nos
narra que estando Jesús cenando con sus discípulos antes de la fiesta de la
pascua, se levantó y “comenzó a lavar los pies de los discípulos”. En aquellos
tiempos, el sirviente de más baja categoría de la casa se encargaba de lavar
los polvorientos pies de los visitantes. Arrodillarse para llevar a cabo esta
tarea no era algo que el dueño de la casa solía hacer. Asimismo el Maestro
jamás lavaba los pies a sus discípulos. Según la costumbre judía lo normal era
todo lo contrario. Los discípulos solían mostrar sometimiento y respeto a sus
maestros por medio de esta acción. Con razón los discípulos se mostraron
sorprendidos ante la acción de Jesús.
Basadas en esta
acción, hay iglesias que han hecho una ordenanza la acción de lavar los pies
unos a otros. La idea es mostrar una actitud similar a la de Cristo y demostrar
ante los demás una disposición al servicio. Quizás algunos creyentes lo hagan
sintiéndolo de corazón, pero muchos llevan a cabo esta acción más bien como
parte de un ritual. En realidad el mensaje de Jesús para sus discípulos y para
todos aquellos que hemos sido rescatados por nuestro Salvador, no es
literalmente “lavar los pies”, sino más bien tener una actitud de servirnos
unos a los otros con amor y humildad.
En Mateo
capítulo 20, la madre de Juan y Jacobo le hace una atrevida petición a Jesús:
“Ordena que en tu reino se sienten estos dos hijos míos, el uno a tu derecha, y
el otro a tu izquierda” (Mateo 20:21). Jesús utiliza la ocasión para dejar
plasmado un mensaje que, sin duda, en aquella época era una declaración
revolucionaria. Dirigiéndose a sus discípulos les dice: “Sabéis que los
gobernantes de las naciones se enseñorean de ellas, y los que son grandes
ejercen sobre ellas potestad. Mas entre vosotros no será así, sino que el que
quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor, y el que quiera ser
el primero entre vosotros será vuestro siervo; como el Hijo del Hombre no vino
para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos”
(Mateo 20:25-28).
El propósito de
Dios es que seamos “conformes a la imagen de su Hijo”, dice Romanos 8:29. Jesús
nos dio un claro ejemplo de humildad y de servidumbre a través de su vida
terrenal, y si queremos actuar conforme a la voluntad de Dios debemos imitarlo
en nuestro diario vivir buscando la oportunidad de servir a otros, haciéndolo
de todo corazón, deseando agradar a Dios, no con el fin de impresionar a los
hombres. Siempre que actuemos de esta manera, recibiremos recompensa de lo alto.
Así dice Colosenses 3:23-24: “Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como
para el Señor y no para los hombres; sabiendo que del Señor recibiréis la
recompensa de la herencia, porque a Cristo el Señor servís”.
Servir a los
demás no es algo que surge espontáneamente pues, lamentablemente, muchos de
nosotros preferimos que nos sirvan. Pero a Dios le agrada que mostremos una
actitud humilde con la cual imitemos el sentir de su Hijo. Así dice Filipenses
2:5-7: “Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús,
el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que
aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo”. La imagen
de Cristo en nuestras vidas se hace evidente cuando amamos tanto a Dios y a los
demás que instintivamente nos humillamos y nos esforzamos por servirles.
Complacemos a nuestro Padre celestial cuando estamos dispuestos a hacer
cualquier cosa que él nos pida por cualquier persona que lo necesite.
ORACIÓN:
Padre santo, yo
anhelo servirte y agradarte en todo lo que yo haga. Te ruego me ayudes a
lograrlo poniendo en mi corazón un ferviente deseo de servir a aquellos que me
rodean cada vez que se presente una oportunidad. En el nombre de Jesús, Amén.
“Gracia y Paz”
Dios te Habla
lunes, 20 de enero de 2014
¿Y TU… BUSCAS LA SANTIDAD POR DENTRO Y POR FUERA?
1 Pedro 1:15-16
“como aquel que os llamó es
santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir; porque
escrito está: Sed santos, porque yo soy santo”
1 Corintios 6:9-11
“¿No sabéis que los injustos no
heredarán el reino de Dios? No erréis; ni los fornicarios, ni los idólatras, ni
los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones, ni los
ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los
estafadores, heredarán el reino de Dios. Y esto erais algunos; mas ya habéis
sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis sido justificados en el
nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios.”
Santidad significa: separación o
dedicación para vivir para Dios y para servirle. La demanda divina de santidad
o separación requiere de nosotros, como hijos de Dios, todo nuestro ser: espíritu,
alma y cuerpo. La Palabra de Dios enseña enfáticamente que “sin santidad, nadie
verá al Señor” (Hebreos 12:14).
En Lucas 1:75 dice que este
evangelio es “en santidad y en justicia”
En 2 Corintios 7:1 dice:
“limpiémonos de toda contaminación de carne y de espíritu, perfeccionando la
santidad en el temor de Dios”
En (Efesios 4:24) se nos ordena
diciendo: “vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y
santidad de la verdad”
En Tito 2:11 el Señor nos dice:
“enseñándonos que, renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos
en este siglo sobria, justa y piadosamente”
El Salmo 24:3-4 dice: “¿Quién
subirá al monte de Jehová? ¿Y quién estará en su lugar santo? El limpio de manos y puro de corazón; El que
no ha elevado su alma a cosas vanas, Ni jurado con engaño”
En Mateo 5:8 dice:
“Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios.”
En 1 Juan 2:15-17 dice: “No améis
al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor
del Padre no está en él. Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la
carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del
Padre, sino del mundo. Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la
voluntad de Dios permanece para siempre”.
En 1 Timoteo 2:8-10 dice:
“quiero, pues, que los hombres oren en todo lugar, levantando manos santas, sin
ira ni contienda. Asimismo que las mujeres se atavíen de ropa decorosa, con
pudor y modestia; no con peinado ostentoso, ni oro, ni perlas, ni vestidos
costosos, sino con buenas obras, como corresponde a mujeres que profesan
piedad”. 1 Pedro 3:5: “porque así también se ataviaban en otro tiempo aquellas
santas mujeres que esperaban en Dios”.
Hoy día hay mucha gente en las
iglesias que dicen ser salvos, pero viven, actúan y visten como lo hace el
mundo. Dicen ser cristianos pero viven y visten como mundanos y hasta como
paganos. A los tales les preocupa más estar a la moda, que estar en santidad.
No siguen los dictados de la Biblia, sino los dictados de Hollywood y de París.
No se puede establecer la diferencia entre los tales y los inconversos y
paganos. No solo se contaminan ellos mismos, sino que también contaminan la
casa de Dios porque asisten a la misma, vestidos indecorosamente. Refiriéndose
a la casa de Dios dice el Salmo 93:5 como sigue: “la santidad conviene a tu
casa, oh Jehová, por los siglos y para siempre”.
Muchos dicen que Dios no se fija
en lo exterior, pero estas citas bíblicas que hemos leído se refieren e
incluyen lo exterior. Muchos dicen que Dios lo que mira es lo interior, pero al
mirar lo interior, ya ha tenido que mirar lo exterior. La santidad tiene
precisamente dos aspectos: El interno y el externo, esto es, el aspecto del
corazón y el aspecto de la conducta exterior, uno tiene que ver con los
motivos; el otro con las acciones. La santidad interna, es un estado de pureza
obrado por el Espíritu de Dios. La santidad externa es una vida de justicia y
devoción a los más elevados ideales del evangelio. La verdadera santidad
interna, siempre se manifestará externamente, manteniendo normas altas de
conducta conforme a la Palabra de Dios, y por consiguiente, diferentes a las
del mundo. El creyente santificado, será diferente tanto en lo interior como
exteriormente.
La Biblia claramente enseña cómo
debemos andar: Juan 2:6 “El que dice que permanece en él, debe andar como él
anduvo” y (Efesios 4:17) “Esto, pues,
digo y requiero en el Señor: que ya no andéis como los otros gentiles, que
andan en la vanidad de su mente”
La Biblia claramente enseña cómo
debemos conversar: 1 Pedro 1:15 “como aquel que os llamó es santo, sed también
vosotros santos en toda vuestra manera de vivir”
La Biblia claramente enseña cómo
debemos vestir: 1 Timoteo 2:9 “Asimismo que las mujeres se atavíen de ropa
decorosa, con pudor y modestia… como corresponde a mujeres que profesan piedad”. Esto también se aplica para los hombres para
vestir ropas ridículas. Dios nos ha llamado a pureza y a santidad. Dice 1
Tesalonicenses 4:7 “Pues no nos ha llamado Dios a inmundicia, sino a
santificación”.
Nosotros, los que somos Hijos de
Dios, tenemos que seguir el llamado de Dios y el dictado de la Biblia, y no el
llamado del mundo y los dictados de modas indecorosas. El camino al cielo, es
camino de santidad. Dice en Isaías 35:8 “Y habrá allí calzada y camino, y será
llamado Camino de Santidad; no pasará inmundo por él...” Dios es santo y el
camino que conduce a Él, es camino de santidad, porque sin santidad nadie verá
al Señor.
Hermanos y hermanas: si en
nuestra vida aún existen cosas, conversaciones, vocabulario, modas, costumbres,
actitudes, maneras de vivir que no son santas, que no agradan a Dios, es mejor
que nos humillemos en la presencia de Dios, le pidamos perdón y le prometamos
abandonar tales cosas, para entrar plenamente en el camino de la santidad,
porque “SIN SANTIDAD, NADIE VERÁ AL SEÑOR”.
“Gracia y Paz”
¿SIENTES HAMBRE Y SED DE DIOS?
Mateo 5:6
"Bienaventurados los que
tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados".
Las encuestas indican que menos
de un 20 por ciento de los cristianos leen la Biblia de manera regular. Esto no
obstante de los avances de la tecnología en los teléfonos celulares,
computadoras, internet, etc. que permiten un fácil acceso a la Palabra de Dios
en cualquier momento y desde cualquier lugar. Lamentablemente en más del 80 por
ciento de los cristianos no existe hambre o sed espiritual que los mueva a
buscar de Dios cada día de sus vidas.
Al igual que nuestro cuerpo
necesita alimento material, nuestro espíritu debe ser alimentado con alimento
espiritual, el cual proviene fundamentalmente de la Palabra de Dios. Ahora
bien, hay una diferencia importante entre lo físico y lo espiritual en este
aspecto. Si dejamos de comer o tomar agua por un día desfallecemos. En el
aspecto físico son muy evidentes los resultados de la mala alimentación. Sin
embargo en el aspecto espiritual no es tan evidente. Muchas veces creemos que
estamos fuertes pero en realidad nos vamos debilitando. Entonces se presenta
una prueba y los malos resultados son los que nos indican nuestro estado
espiritual.
Por eso Dios permite pruebas en
nuestras vidas, para que nos demos cuenta de nuestra necesidad espiritual y le
busquemos a él. A través del profeta Amós, Dios se dirigió al pueblo de Israel
y les advirtió acerca de las consecuencias que tendrían que sufrir debido a su
rebeldía y desobediencia: “Acontecerá en aquel día, dice Jehová el Señor, que
haré que se ponga el sol a mediodía, y cubriré de tinieblas la tierra en el día
claro. Y cambiaré vuestras fiestas en lloro, y todos vuestros cantares en
lamentaciones; y haré poner cilicio sobre todo lomo, y que se rape toda cabeza;
y la volveré como en llanto de unigénito, y su postrimería como día amargo. He
aquí vienen días, dice Jehová el Señor, en los cuales enviaré hambre a la
tierra, no hambre de pan, ni sed de agua, sino de oír la palabra de Jehová”
(Amós 8:9-11). Este era el fin que buscaba el Señor. El pueblo de Israel se
arrepentiría de sus pecados y entonces anhelarían escuchar la palabra de Dios
de labios de aquellos profetas a los cuales habían rechazado.
El hambre y la sed son
sensaciones normales para todo organismo que está vivo y sano. No tener hambre
es anormal y es recomendable visitar al médico para recibir instrucción y tomar
ciertas vitaminas que abran el apetito. No tener deseos de orar y de leer la
Biblia es señal de un problema espiritual. Cuando esto sucede, es sumamente
importante que nos hagamos concientes del problema y nos acerquemos al Gran
Médico Divino pidiéndole que nos quite esa falta de apetito espiritual y que
produzca en nosotros hambre y sed de su justicia y de su presencia.
Cuando Satanás intentó tentar a
Jesús en el desierto diciéndole: “Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se
conviertan en pan”, el Señor le contestó: “Escrito está: No sólo de pan vivirá
el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios” (Mateo 4:3-4). Por
medio de la lectura de la Biblia y la oración diaria nuestro espíritu se
fortalece y crecemos en el aspecto espiritual. Por el contrario, cuando no nos
alimentamos nos debilitamos, nos volvemos raquíticos y nos enfermamos
espiritualmente. Por eso es tan importante que día tras día, en las buenas y en
las malas, hagamos un esfuerzo y apartemos un tiempo para buscar el rostro del
Señor adorándole y leyendo su palabra.
Si sientes desgano espiritual,
clama a Dios de todo corazón y él te contestará. Hazte el propósito de pasar un
tiempo cada día en la santa presencia del Señor. Lee la Biblia, medita en sus
enseñanzas, ora, adora y alaba al Señor. Pide a Dios que ponga en tu corazón
hambre y sed de su palabra. Si persistes en esta rutina diaria, el Espíritu
Santo te llenará de tal paz y gozo, que empezarás a sentir un intenso anhelo de
disfrutar plenamente de ese tiempo. Y podrás decir lo mismo que el salmista
dijo en el Salmo 42:1-2: “Como el ciervo brama por las corrientes de las aguas,
así clama por ti, oh Dios, el alma mía. Mi alma tiene sed de Dios, del Dios
vivo; ¿cuándo vendré, y me presentaré delante de Dios?”
ORACIÓN:
Amante Padre celestial, reconozco
que tengo falta de apetito espiritual, y que esto puede traer mucha miseria en
mi vida. Por favor sáname y dame hambre y sed de ti pues te necesito como el
aire que respiro. En el nombre de Jesús, Amén.
“Gracia y Paz”
Dios te Habla
domingo, 19 de enero de 2014
¿ERES UN CENTINELA QUE NO SE DUERME?
1 Pedro 5:8
“Sed sobrios, y
velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor
buscando a quien devorar”.
Este versículo
nos insta a estar siempre alertas y vigilantes contra los ataques de nuestro
enemigo el diablo. Debemos ser semejantes a un centinela o guardia que está
constantemente alerta para detectar la llegada de algún enemigo.
Los centinelas o
guardias se ubicaban en las rocas altas o en las ciudades amuralladas, siempre
se instalaban donde pudieran observar todo lo que sucedía alrededor. Cuando
llegaba alguien, él debía determinar si era amigo o enemigo y era el
responsable de dar la orden al portero de la ciudad para que abriese la puerta.
Imagínate lo que
pasaba cuando el centinela se quedaba dormido. Esto es lo que el pasaje de hoy nos
dice al mencionar “sed sobrios y velad”.
Muchos cristianos
que se “duermen” y descuidan, debido a los problemas y ocupaciones de la vida,
son victimas del diablo, quien se aprovecha de esas circunstancias tomando
ventaja y causándoles destrucción. Al enemigo siempre le gusta que los
centinelas se quedan dormidos y pasivos, pues de esa manera puede conquistar la
ciudad.
Dios nos ha puesto
como centinelas de nuestra vida, de todo nuestro entorno de: familia, economía,
hijos, estudios, ministerio, y sobretodo, de nuestra relación personal con el
Señor, para que nos protejamos de las garras del destructor.
Muchos nos quejamos
de los males que nos vienen y queremos ignorar que la mayoría de las veces fue
por causa de nuestra propia negligencia, por dormirnos y no hacer guardia y
detectar a tiempo el embate de las tinieblas.
¡Pongámonos
alertas y alistémonos en el Nombre de Jesús a cumplir la función de vigilar con
atención y esmero todo lo que el Señor nos da, Amen!
“Gracia y Paz”
¿QUE ES INTEGRIDAD?
Integridad implica: Rectitud, Firmeza,
Bondad, Honradez, Transparencia, Intachabilidad, Confianza, Seguridad, etc.
Las personas con integridad, no dicen una
cosa y luego hacen otra, no dividen su lealtad, no fingen ser de una manera
para un grupo social y de otra forma para otros individuos.
Como seres humanos, y sobre todo, si en
Verdad creemos y amamos a Dios, debemos ser ÍNTEGROS
en toda nuestra Manera de Vivir.
“Gracia y Paz”
sábado, 18 de enero de 2014
¿QUIERES TÚ CONOCER MÁS A TU PADRE CELESTIAL?
Salmo 19:1-4
“Los cielos
cuentan la gloria de Dios, y el firmamento anuncia la obra de sus manos. Un día
emite palabra a otro día, y una noche a otra noche declara sabiduría. No hay
lenguaje, ni palabras, Ni es oída su voz. Por toda la tierra salió su voz, y
hasta el extremo del mundo sus palabras”
Cuando el rey
David era un jovencito, su padre le asignó la tarea de cuidar sus ovejas. Día
tras día, noche tras noche, él cumplió sus responsabilidades con mucha
dedicación. Sin duda en muchas ocasiones David se recostaría sobre la hierba y
contemplaba la inmensidad del cielo, el sol, las nubes. Por la noche, la luna y
las estrellas le parecerían tan cercanas que casi podría alcanzarlas, mientras
hablaba al Dios de sus padres y se decía a sí mismo: “Los cielos cuentan la gloria
de Dios, y el firmamento anuncia la obra de sus manos”. La enormidad de la
creación lo cautivaba tanto que el joven David instintivamente sabía que Dios
lo había creado todo y que él podía confiar en el Todopoderoso con toda su
vida.
Buscando una relación
más íntima con su Dios, David se levantaba muy temprano a buscar su rostro. En
el Salmo 63:1 expresó este clamor: “Dios, Dios mío eres tú; de madrugada te
buscaré; mi alma tiene sed de ti, mi carne te anhela...” Y en el Salmo 42:1,
David dice: “Como el ciervo brama por las corrientes de las aguas, así clama
por ti, oh Dios, el alma mía”. Esto significa mucho más que simplemente una
rutina regular de oraciones memorizadas. Este clamor del espíritu de David está
fundado en un anhelo muy profundo de caminar lo más cerca posible del Señor.
Por eso él eleva al cielo esta oración: “Enséñame, oh Señor, tu camino;
caminaré yo en tu verdad; afirma mi corazón para que tema tu nombre” (Salmo
86:11). Conocer a Dios implica caminar en su verdad. Esto es, conocer su
palabra y aplicarla en nuestras vidas.
A través de su
propia experiencia, David pudo comprobar el poder infinito de Dios en momentos
muy difíciles de su vida. Por eso, justo antes de enfrentarse al gigante
Goliat, David pudo decirle al rey Saúl: “Tu siervo era pastor de las ovejas de
su padre; y cuando venía un león, o un oso, y tomaba algún cordero de la
manada, salía yo tras él, y lo hería, y lo libraba de su boca; y si se
levantaba contra mí, yo le echaba mano de la quijada, y lo hería y lo mataba.
Fuese león, fuese oso, tu siervo lo mataba; y este filisteo incircunciso será
como uno de ellos, porque ha provocado al ejército del Dios viviente. Añadió
David: Jehová, que me ha librado de las garras del león y de las garras del
oso, él también me librará de la mano de este filisteo” (1 Samuel 17:34-37).
Y cuando el
joven pastor de ovejas, armado sólo con una honda y unas piedras, se acercó a
aquel gigantesco guerrero armado hasta los dientes, simplemente le dijo: “Tú
vienes a mí con espada y lanza y jabalina; mas yo vengo a ti en el nombre de
Jehová de los ejércitos, el Dios de los escuadrones de Israel, a quien tú has
provocado” (1 Samuel 17:45). Y a los pocos minutos aquel enorme gigante yacía
en tierra, con una piedra salida de la honda de David clavada en medio de la
frente.
David, como todo
ser humano, cometió pecado. Pero se arrepintió de corazón y clamó a Dios:
“Lávame más y más de mi maldad, y límpiame de mi pecado” (Salmo 51:2). El Señor
en su inmensa misericordia escuchó su clamor y lo perdonó. La Biblia nos cuenta que David
“murió en buena vejez, lleno de días, de riquezas y de gloria” (1 Crónicas
29:28).
Con toda
seguridad, la enorme confianza de David en Dios provenía no sólo de su
conocimiento del Creador por medio de las Escrituras, sino también de su propia
experiencia y de su íntima relación con el Señor a través de un trato diario y
constante y una búsqueda incesante de Dios.
¿Quieres tú
conocer más a tu Padre celestial? ¿Quieres cultivar una profunda comunión con
el Señor? ¿Quieres que tu fe se fortalezca? Separa tiempo cada día para leer y
meditar en la palabra de Dios, deléitate al orar y compartir con él, aplica su
palabra a tu vida, obedécele y sírvele y disfruta contemplando la obra de sus
manos. Esto te hará más sensible a su presencia en tu vida, y a medida que le
conozcas más, tu fe se hará más fuerte y disfrutarás más del inefable gozo y la
paz infinita de su Santo Espíritu.
ORACIÓN:
Padre santo,
anhelo conocerte íntimamente y sentir tu presencia en mi vida. Ayúdame a buscarte
diariamente y capacítame para entender las maravillas de tu creación y
experimentar tu grandioso poder. En el nombre de Jesús, Amén.
“Gracia y Paz”
Dios te Habla
EL ORGULLO Y LA MALDAD VAN DE LA MANO
Salmo 10:3
“Porque el malo
se jacta del deseo de su alma,
Bendice al
codicioso, y desprecia a Jehová”.
El orgullo y la maldad van de la mano , uno conduce a la otra y viceversa
Esto no debe
sorprender a nadie puesto que el creador del mal, satanás, también ha sido el
ser más orgulloso de la historia del universo. Sí, estoy hablando de ese ser
que dijo querer subir hasta los cielos y levantar su trono por encima de las
estrellas de Dios. El mismo que pretendió poder llegar a ser igual al Altísimo.
Y miren que este
ser tenía muchas razones para auto engañarse como lo hizo. Sí, “el orgulloso se
engaña a sí mismo”. Él era modelo de perfección, estaba lleno de sabiduría y de
hermosura perfecta.
Por cierto… ¿No
son esas las cosas que más le preocupan al ser humano? Todos quieren ser más
bellos y eso ha hecho millonarios a los cirujanos estéticos y a los dueños de
las clínicas y hospitales donde ellos operan.
Muchos quieren
ser sabios y se gastan una fortuna acumulando títulos universitarios de
postgrado con el fin de satisfacer una necesidad interna de autoafirmación.
Otros buscan el
camino de la perfección en todo lo que hacen y por ello son conocidos como
perfeccionistas y escrupulosos. No es que eso sea algo “malo”, pero este tipo
de personas se convierte en un fastidio y una molestia para otros que no son
como ellas y les toca tener que soportar su obsesión por lo perfecto.
Como podemos
observar, en todos estos caso el centro de atención es el propio ser o ego.
No en vano Dios
nos dice en su palabra que “El Señor es excelso, pero toma en cuenta a los
humildes y mira de lejos a los orgullosos”.
Cuidémonos de
dejarnos dominar por la arrogancia y la altivez o de lo contrario, estaremos
imitando a aquel que fue expulsado del monte de Dios, al que fue arrojado por
tierra y fue expuesto al ridículo. No creo que alguien quiera compartir ese
deplorable destino.
Escuchemos,
imitemos y sigamos al Señor Jesús quien dijo que él era apacible y humilde de
corazón. Sólo en él encontraremos descanso para nuestra alma.
“Gracia y Paz”
miércoles, 15 de enero de 2014
¡¡OBTEN CONSUELO EN MEDIO DEL DOLOR!!
- Acude al Señor para toda consolación (2 Corintios 1:3)
- Abre tu corazón a la realidad del dolor (2 Corintios 1:9)
- Ten una limpia conciencia confesando tus pecados y las
ofensas del pasado (Proverbios 28:13)
- Encuentra el lado positivo de tu proceso de sufrimiento (2
Corintios 7:11)
- Obtén el consuelo de las personas que Dios envía a tu vida
(2 Corintios 7:6)
- Refuerza tu fe al consolar también a otros (2 Corintios
1:4)
- Confía en la fortaleza de Cristo en ti para tener el poder
de reconstruir tu vida (Filipenses 4:13)
Versículo clave para Memorizar:
Salmo 57:1
“Ten misericordia de mí, oh Dios, ten misericordia de mí;
porque en ti ha confiado mi alma, y en la sombra de tus alas me ampararé hasta
que pasen los quebrantos”
Pasaje clave para leer y meditar:
Lamentaciones 3:19–26
“Acuérdate de mí aflicción y de
mi abatimiento, del ajenjo y de la hiel; Lo tendré aún en memoria, porque mi
alma está abatida dentro de mí; Esto recapacitaré en mi corazón, por lo tanto
esperaré. Por la misericordia de Jehová no
hemos sido consumidos, porque nunca decayeron sus misericordias. Nuevas son
cada mañana; grande es tu fidelidad. Mi porción es Jehová, dijo mi alma; por
tanto, en él esperaré. Bueno es Jehová a los que en él esperan, al alma que le
busca. Bueno es esperar en silencio la salvación de Jehová”.
“Gracia y Paz”
Dios te Bendice!!!
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