martes, 21 de enero de 2014

¿TIENES TÚ EL CARÁCTER DE UN SIERVO?


Juan 13:3-9
“Sabiendo Jesús que el Padre le había dado todas las cosas en las manos, y que había salido de Dios, y a Dios iba, se levantó de la cena, y se quitó su manto, y tomando una toalla, se la ciñó. Luego puso agua en un lebrillo, y comenzó a lavar los pies de los discípulos, y a enjugarlos con la toalla con que estaba ceñido. Entonces vino a Simón Pedro; y Pedro le dijo: Señor, ¿tú me lavas los pies? Respondió Jesús y le dijo: Lo que yo hago, tú no lo comprendes ahora; mas lo entenderás después. Pedro le dijo: No me lavarás los pies jamás. Jesús le respondió: Si no te lavare, no tendrás parte conmigo. Le dijo Simón Pedro: Señor, no sólo mis pies, sino también las manos y la cabeza”.

Este pasaje nos narra que estando Jesús cenando con sus discípulos antes de la fiesta de la pascua, se levantó y “comenzó a lavar los pies de los discípulos”. En aquellos tiempos, el sirviente de más baja categoría de la casa se encargaba de lavar los polvorientos pies de los visitantes. Arrodillarse para llevar a cabo esta tarea no era algo que el dueño de la casa solía hacer. Asimismo el Maestro jamás lavaba los pies a sus discípulos. Según la costumbre judía lo normal era todo lo contrario. Los discípulos solían mostrar sometimiento y respeto a sus maestros por medio de esta acción. Con razón los discípulos se mostraron sorprendidos ante la acción de Jesús.

Basadas en esta acción, hay iglesias que han hecho una ordenanza la acción de lavar los pies unos a otros. La idea es mostrar una actitud similar a la de Cristo y demostrar ante los demás una disposición al servicio. Quizás algunos creyentes lo hagan sintiéndolo de corazón, pero muchos llevan a cabo esta acción más bien como parte de un ritual. En realidad el mensaje de Jesús para sus discípulos y para todos aquellos que hemos sido rescatados por nuestro Salvador, no es literalmente “lavar los pies”, sino más bien tener una actitud de servirnos unos a los otros con amor y humildad.

En Mateo capítulo 20, la madre de Juan y Jacobo le hace una atrevida petición a Jesús: “Ordena que en tu reino se sienten estos dos hijos míos, el uno a tu derecha, y el otro a tu izquierda” (Mateo 20:21). Jesús utiliza la ocasión para dejar plasmado un mensaje que, sin duda, en aquella época era una declaración revolucionaria. Dirigiéndose a sus discípulos les dice: “Sabéis que los gobernantes de las naciones se enseñorean de ellas, y los que son grandes ejercen sobre ellas potestad. Mas entre vosotros no será así, sino que el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor, y el que quiera ser el primero entre vosotros será vuestro siervo; como el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos” (Mateo 20:25-28).

El propósito de Dios es que seamos “conformes a la imagen de su Hijo”, dice Romanos 8:29. Jesús nos dio un claro ejemplo de humildad y de servidumbre a través de su vida terrenal, y si queremos actuar conforme a la voluntad de Dios debemos imitarlo en nuestro diario vivir buscando la oportunidad de servir a otros, haciéndolo de todo corazón, deseando agradar a Dios, no con el fin de impresionar a los hombres. Siempre que actuemos de esta manera, recibiremos recompensa de lo alto. Así dice Colosenses 3:23-24: “Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres; sabiendo que del Señor recibiréis la recompensa de la herencia, porque a Cristo el Señor servís”.

Servir a los demás no es algo que surge espontáneamente pues, lamentablemente, muchos de nosotros preferimos que nos sirvan. Pero a Dios le agrada que mostremos una actitud humilde con la cual imitemos el sentir de su Hijo. Así dice Filipenses 2:5-7: “Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo”. La imagen de Cristo en nuestras vidas se hace evidente cuando amamos tanto a Dios y a los demás que instintivamente nos humillamos y nos esforzamos por servirles. Complacemos a nuestro Padre celestial cuando estamos dispuestos a hacer cualquier cosa que él nos pida por cualquier persona que lo necesite.

ORACIÓN:
Padre santo, yo anhelo servirte y agradarte en todo lo que yo haga. Te ruego me ayudes a lograrlo poniendo en mi corazón un ferviente deseo de servir a aquellos que me rodean cada vez que se presente una oportunidad. En el nombre de Jesús, Amén.


“Gracia y Paz”

Dios te Habla

lunes, 20 de enero de 2014

¿Y TU… BUSCAS LA SANTIDAD POR DENTRO Y POR FUERA?



1 Pedro 1:15-16
“como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir; porque escrito está: Sed santos, porque yo soy santo”

1 Corintios 6:9-11
“¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No erréis; ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios. Y esto erais algunos; mas ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios.”

Santidad significa: separación o dedicación para vivir para Dios y para servirle. La demanda divina de santidad o separación requiere de nosotros, como hijos de Dios, todo nuestro ser: espíritu, alma y cuerpo. La Palabra de Dios enseña enfáticamente que “sin santidad, nadie verá al Señor” (Hebreos 12:14).

En Lucas 1:75 dice que este evangelio es “en santidad y en justicia”

En 2 Corintios 7:1 dice: “limpiémonos de toda contaminación de carne y de espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios”

En (Efesios 4:24) se nos ordena diciendo: “vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad”

En Tito 2:11 el Señor nos dice: “enseñándonos que, renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo sobria, justa y piadosamente”

El Salmo 24:3-4 dice: “¿Quién subirá al monte de Jehová? ¿Y quién estará en su lugar santo?  El limpio de manos y puro de corazón; El que no ha elevado su alma a cosas vanas, Ni jurado con engaño”

En Mateo 5:8 dice: “Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios.”

En 1 Juan 2:15-17 dice: “No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él. Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo. Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre”.

En 1 Timoteo 2:8-10 dice: “quiero, pues, que los hombres oren en todo lugar, levantando manos santas, sin ira ni contienda. Asimismo que las mujeres se atavíen de ropa decorosa, con pudor y modestia; no con peinado ostentoso, ni oro, ni perlas, ni vestidos costosos, sino con buenas obras, como corresponde a mujeres que profesan piedad”. 1 Pedro 3:5: “porque así también se ataviaban en otro tiempo aquellas santas mujeres que esperaban en Dios”.

Hoy día hay mucha gente en las iglesias que dicen ser salvos, pero viven, actúan y visten como lo hace el mundo. Dicen ser cristianos pero viven y visten como mundanos y hasta como paganos. A los tales les preocupa más estar a la moda, que estar en santidad. No siguen los dictados de la Biblia, sino los dictados de Hollywood y de París. No se puede establecer la diferencia entre los tales y los inconversos y paganos. No solo se contaminan ellos mismos, sino que también contaminan la casa de Dios porque asisten a la misma, vestidos indecorosamente. Refiriéndose a la casa de Dios dice el Salmo 93:5 como sigue: “la santidad conviene a tu casa, oh Jehová, por los siglos y para siempre”.
Muchos dicen que Dios no se fija en lo exterior, pero estas citas bíblicas que hemos leído se refieren e incluyen lo exterior. Muchos dicen que Dios lo que mira es lo interior, pero al mirar lo interior, ya ha tenido que mirar lo exterior. La santidad tiene precisamente dos aspectos: El interno y el externo, esto es, el aspecto del corazón y el aspecto de la conducta exterior, uno tiene que ver con los motivos; el otro con las acciones. La santidad interna, es un estado de pureza obrado por el Espíritu de Dios. La santidad externa es una vida de justicia y devoción a los más elevados ideales del evangelio. La verdadera santidad interna, siempre se manifestará externamente, manteniendo normas altas de conducta conforme a la Palabra de Dios, y por consiguiente, diferentes a las del mundo. El creyente santificado, será diferente tanto en lo interior como exteriormente.
La Biblia claramente enseña cómo debemos andar: Juan 2:6 “El que dice que permanece en él, debe andar como él anduvo” y  (Efesios 4:17) “Esto, pues, digo y requiero en el Señor: que ya no andéis como los otros gentiles, que andan en la vanidad de su mente”
La Biblia claramente enseña cómo debemos conversar: 1 Pedro 1:15 “como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir”
La Biblia claramente enseña cómo debemos vestir: 1 Timoteo 2:9 “Asimismo que las mujeres se atavíen de ropa decorosa, con pudor y modestia… como corresponde a mujeres que profesan piedad”.  Esto también se aplica para los hombres para vestir ropas ridículas. Dios nos ha llamado a pureza y a santidad. Dice 1 Tesalonicenses 4:7 “Pues no nos ha llamado Dios a inmundicia, sino a santificación”.

Nosotros, los que somos Hijos de Dios, tenemos que seguir el llamado de Dios y el dictado de la Biblia, y no el llamado del mundo y los dictados de modas indecorosas. El camino al cielo, es camino de santidad. Dice en Isaías 35:8 “Y habrá allí calzada y camino, y será llamado Camino de Santidad; no pasará inmundo por él...” Dios es santo y el camino que conduce a Él, es camino de santidad, porque sin santidad nadie verá al Señor.

Hermanos y hermanas: si en nuestra vida aún existen cosas, conversaciones, vocabulario, modas, costumbres, actitudes, maneras de vivir que no son santas, que no agradan a Dios, es mejor que nos humillemos en la presencia de Dios, le pidamos perdón y le prometamos abandonar tales cosas, para entrar plenamente en el camino de la santidad, porque “SIN SANTIDAD, NADIE VERÁ AL SEÑOR”.


“Gracia y Paz”

¿SIENTES HAMBRE Y SED DE DIOS?


Mateo 5:6
"Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados".

Las encuestas indican que menos de un 20 por ciento de los cristianos leen la Biblia de manera regular. Esto no obstante de los avances de la tecnología en los teléfonos celulares, computadoras, internet, etc. que permiten un fácil acceso a la Palabra de Dios en cualquier momento y desde cualquier lugar. Lamentablemente en más del 80 por ciento de los cristianos no existe hambre o sed espiritual que los mueva a buscar de Dios cada día de sus vidas.

Al igual que nuestro cuerpo necesita alimento material, nuestro espíritu debe ser alimentado con alimento espiritual, el cual proviene fundamentalmente de la Palabra de Dios. Ahora bien, hay una diferencia importante entre lo físico y lo espiritual en este aspecto. Si dejamos de comer o tomar agua por un día desfallecemos. En el aspecto físico son muy evidentes los resultados de la mala alimentación. Sin embargo en el aspecto espiritual no es tan evidente. Muchas veces creemos que estamos fuertes pero en realidad nos vamos debilitando. Entonces se presenta una prueba y los malos resultados son los que nos indican nuestro estado espiritual.

Por eso Dios permite pruebas en nuestras vidas, para que nos demos cuenta de nuestra necesidad espiritual y le busquemos a él. A través del profeta Amós, Dios se dirigió al pueblo de Israel y les advirtió acerca de las consecuencias que tendrían que sufrir debido a su rebeldía y desobediencia: “Acontecerá en aquel día, dice Jehová el Señor, que haré que se ponga el sol a mediodía, y cubriré de tinieblas la tierra en el día claro. Y cambiaré vuestras fiestas en lloro, y todos vuestros cantares en lamentaciones; y haré poner cilicio sobre todo lomo, y que se rape toda cabeza; y la volveré como en llanto de unigénito, y su postrimería como día amargo. He aquí vienen días, dice Jehová el Señor, en los cuales enviaré hambre a la tierra, no hambre de pan, ni sed de agua, sino de oír la palabra de Jehová” (Amós 8:9-11). Este era el fin que buscaba el Señor. El pueblo de Israel se arrepentiría de sus pecados y entonces anhelarían escuchar la palabra de Dios de labios de aquellos profetas a los cuales habían rechazado.

El hambre y la sed son sensaciones normales para todo organismo que está vivo y sano. No tener hambre es anormal y es recomendable visitar al médico para recibir instrucción y tomar ciertas vitaminas que abran el apetito. No tener deseos de orar y de leer la Biblia es señal de un problema espiritual. Cuando esto sucede, es sumamente importante que nos hagamos concientes del problema y nos acerquemos al Gran Médico Divino pidiéndole que nos quite esa falta de apetito espiritual y que produzca en nosotros hambre y sed de su justicia y de su presencia.

Cuando Satanás intentó tentar a Jesús en el desierto diciéndole: “Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan”, el Señor le contestó: “Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios” (Mateo 4:3-4). Por medio de la lectura de la Biblia y la oración diaria nuestro espíritu se fortalece y crecemos en el aspecto espiritual. Por el contrario, cuando no nos alimentamos nos debilitamos, nos volvemos raquíticos y nos enfermamos espiritualmente. Por eso es tan importante que día tras día, en las buenas y en las malas, hagamos un esfuerzo y apartemos un tiempo para buscar el rostro del Señor adorándole y leyendo su palabra.

Si sientes desgano espiritual, clama a Dios de todo corazón y él te contestará. Hazte el propósito de pasar un tiempo cada día en la santa presencia del Señor. Lee la Biblia, medita en sus enseñanzas, ora, adora y alaba al Señor. Pide a Dios que ponga en tu corazón hambre y sed de su palabra. Si persistes en esta rutina diaria, el Espíritu Santo te llenará de tal paz y gozo, que empezarás a sentir un intenso anhelo de disfrutar plenamente de ese tiempo. Y podrás decir lo mismo que el salmista dijo en el Salmo 42:1-2: “Como el ciervo brama por las corrientes de las aguas, así clama por ti, oh Dios, el alma mía. Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo; ¿cuándo vendré, y me presentaré delante de Dios?”

ORACIÓN:
Amante Padre celestial, reconozco que tengo falta de apetito espiritual, y que esto puede traer mucha miseria en mi vida. Por favor sáname y dame hambre y sed de ti pues te necesito como el aire que respiro. En el nombre de Jesús, Amén.

“Gracia y Paz”

Dios te Habla

domingo, 19 de enero de 2014

¿ERES UN CENTINELA QUE NO SE DUERME?


1 Pedro 5:8
“Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar”.

Este versículo nos insta a estar siempre alertas y vigilantes contra los ataques de nuestro enemigo el diablo. Debemos ser semejantes a un centinela o guardia que está constantemente alerta para detectar la llegada de algún enemigo.

Los centinelas o guardias se ubicaban en las rocas altas o en las ciudades amuralladas, siempre se instalaban donde pudieran observar todo lo que sucedía alrededor. Cuando llegaba alguien, él debía determinar si era amigo o enemigo y era el responsable de dar la orden al portero de la ciudad para que abriese la puerta.

Imagínate lo que pasaba cuando el centinela se quedaba dormido. Esto es lo que el pasaje de hoy nos dice al mencionar “sed sobrios y velad”.

Muchos cristianos que se “duermen” y descuidan, debido a los problemas y ocupaciones de la vida, son victimas del diablo, quien se aprovecha de esas circunstancias tomando ventaja y causándoles destrucción. Al enemigo siempre le gusta que los centinelas se quedan dormidos y pasivos, pues de esa manera puede conquistar la ciudad.

Dios nos ha puesto como centinelas de nuestra vida, de todo nuestro entorno de: familia, economía, hijos, estudios, ministerio, y sobretodo, de nuestra relación personal con el Señor, para que nos protejamos de las garras del destructor.

Muchos nos quejamos de los males que nos vienen y queremos ignorar que la mayoría de las veces fue por causa de nuestra propia negligencia, por dormirnos y no hacer guardia y detectar a tiempo el embate de las tinieblas.

¡Pongámonos alertas y alistémonos en el Nombre de Jesús a cumplir la función de vigilar con atención y esmero todo lo que el Señor nos da, Amen!



“Gracia y Paz”

¿QUE ES INTEGRIDAD?


Integridad implica: Rectitud, Firmeza, Bondad, Honradez, Transparencia, Intachabilidad, Confianza, Seguridad, etc.

Las personas con integridad, no dicen una cosa y luego hacen otra, no dividen su lealtad, no fingen ser de una manera para un grupo social y de otra forma para otros individuos.

Como seres humanos, y sobre todo, si en Verdad creemos y amamos a Dios, debemos ser ÍNTEGROS en toda nuestra Manera de Vivir.


“Gracia y Paz”

sábado, 18 de enero de 2014

¿QUIERES TÚ CONOCER MÁS A TU PADRE CELESTIAL?



Salmo 19:1-4
“Los cielos cuentan la gloria de Dios, y el firmamento anuncia la obra de sus manos. Un día emite palabra a otro día, y una noche a otra noche declara sabiduría. No hay lenguaje, ni palabras, Ni es oída su voz. Por toda la tierra salió su voz, y hasta el extremo del mundo sus palabras”

Cuando el rey David era un jovencito, su padre le asignó la tarea de cuidar sus ovejas. Día tras día, noche tras noche, él cumplió sus responsabilidades con mucha dedicación. Sin duda en muchas ocasiones David se recostaría sobre la hierba y contemplaba la inmensidad del cielo, el sol, las nubes. Por la noche, la luna y las estrellas le parecerían tan cercanas que casi podría alcanzarlas, mientras hablaba al Dios de sus padres y se decía a sí mismo: “Los cielos cuentan la gloria de Dios, y el firmamento anuncia la obra de sus manos”. La enormidad de la creación lo cautivaba tanto que el joven David instintivamente sabía que Dios lo había creado todo y que él podía confiar en el Todopoderoso con toda su vida.

Buscando una relación más íntima con su Dios, David se levantaba muy temprano a buscar su rostro. En el Salmo 63:1 expresó este clamor: “Dios, Dios mío eres tú; de madrugada te buscaré; mi alma tiene sed de ti, mi carne te anhela...” Y en el Salmo 42:1, David dice: “Como el ciervo brama por las corrientes de las aguas, así clama por ti, oh Dios, el alma mía”. Esto significa mucho más que simplemente una rutina regular de oraciones memorizadas. Este clamor del espíritu de David está fundado en un anhelo muy profundo de caminar lo más cerca posible del Señor. Por eso él eleva al cielo esta oración: “Enséñame, oh Señor, tu camino; caminaré yo en tu verdad; afirma mi corazón para que tema tu nombre” (Salmo 86:11). Conocer a Dios implica caminar en su verdad. Esto es, conocer su palabra y aplicarla en nuestras vidas.

A través de su propia experiencia, David pudo comprobar el poder infinito de Dios en momentos muy difíciles de su vida. Por eso, justo antes de enfrentarse al gigante Goliat, David pudo decirle al rey Saúl: “Tu siervo era pastor de las ovejas de su padre; y cuando venía un león, o un oso, y tomaba algún cordero de la manada, salía yo tras él, y lo hería, y lo libraba de su boca; y si se levantaba contra mí, yo le echaba mano de la quijada, y lo hería y lo mataba. Fuese león, fuese oso, tu siervo lo mataba; y este filisteo incircunciso será como uno de ellos, porque ha provocado al ejército del Dios viviente. Añadió David: Jehová, que me ha librado de las garras del león y de las garras del oso, él también me librará de la mano de este filisteo” (1 Samuel 17:34-37).

Y cuando el joven pastor de ovejas, armado sólo con una honda y unas piedras, se acercó a aquel gigantesco guerrero armado hasta los dientes, simplemente le dijo: “Tú vienes a mí con espada y lanza y jabalina; mas yo vengo a ti en el nombre de Jehová de los ejércitos, el Dios de los escuadrones de Israel, a quien tú has provocado” (1 Samuel 17:45). Y a los pocos minutos aquel enorme gigante yacía en tierra, con una piedra salida de la honda de David clavada en medio de la frente.

David, como todo ser humano, cometió pecado. Pero se arrepintió de corazón y clamó a Dios: “Lávame más y más de mi maldad, y límpiame de mi pecado” (Salmo 51:2). El Señor en su inmensa misericordia escuchó su clamor y lo perdonó. La Biblia nos cuenta que David “murió en buena vejez, lleno de días, de riquezas y de gloria” (1 Crónicas 29:28).

Con toda seguridad, la enorme confianza de David en Dios provenía no sólo de su conocimiento del Creador por medio de las Escrituras, sino también de su propia experiencia y de su íntima relación con el Señor a través de un trato diario y constante y una búsqueda incesante de Dios.

¿Quieres tú conocer más a tu Padre celestial? ¿Quieres cultivar una profunda comunión con el Señor? ¿Quieres que tu fe se fortalezca? Separa tiempo cada día para leer y meditar en la palabra de Dios, deléitate al orar y compartir con él, aplica su palabra a tu vida, obedécele y sírvele y disfruta contemplando la obra de sus manos. Esto te hará más sensible a su presencia en tu vida, y a medida que le conozcas más, tu fe se hará más fuerte y disfrutarás más del inefable gozo y la paz infinita de su Santo Espíritu.

ORACIÓN:
Padre santo, anhelo conocerte íntimamente y sentir tu presencia en mi vida. Ayúdame a buscarte diariamente y capacítame para entender las maravillas de tu creación y experimentar tu grandioso poder. En el nombre de Jesús, Amén.


“Gracia y Paz”

Dios te Habla

EL ORGULLO Y LA MALDAD VAN DE LA MANO


Salmo 10:3
“Porque el malo se jacta del deseo de su alma,
Bendice al codicioso, y desprecia a Jehová”.

El orgullo y la maldad van de la mano, uno conduce a la otra y viceversa

Esto no debe sorprender a nadie puesto que el creador del mal, satanás, también ha sido el ser más orgulloso de la historia del universo. Sí, estoy hablando de ese ser que dijo querer subir hasta los cielos y levantar su trono por encima de las estrellas de Dios. El mismo que pretendió poder llegar a ser igual al Altísimo.

Y miren que este ser tenía muchas razones para auto engañarse como lo hizo. Sí, “el orgulloso se engaña a sí mismo”. Él era modelo de perfección, estaba lleno de sabiduría y de hermosura perfecta.

Por cierto… ¿No son esas las cosas que más le preocupan al ser humano? Todos quieren ser más bellos y eso ha hecho millonarios a los cirujanos estéticos y a los dueños de las clínicas y hospitales donde ellos operan.

Muchos quieren ser sabios y se gastan una fortuna acumulando títulos universitarios de postgrado con el fin de satisfacer una necesidad interna de autoafirmación.

Otros buscan el camino de la perfección en todo lo que hacen y por ello son conocidos como perfeccionistas y escrupulosos. No es que eso sea algo “malo”, pero este tipo de personas se convierte en un fastidio y una molestia para otros que no son como ellas y les toca tener que soportar su obsesión por lo perfecto.

Como podemos observar, en todos estos caso el centro de atención es el propio ser o ego.

No en vano Dios nos dice en su palabra que “El Señor es excelso, pero toma en cuenta a los humildes y mira de lejos a los orgullosos”.

Cuidémonos de dejarnos dominar por la arrogancia y la altivez o de lo contrario, estaremos imitando a aquel que fue expulsado del monte de Dios, al que fue arrojado por tierra y fue expuesto al ridículo. No creo que alguien quiera compartir ese deplorable destino.

Escuchemos, imitemos y sigamos al Señor Jesús quien dijo que él era apacible y humilde de corazón. Sólo en él encontraremos descanso para nuestra alma.



“Gracia y Paz”

miércoles, 15 de enero de 2014

¡¡OBTEN CONSUELO EN MEDIO DEL DOLOR!!



- Acude al Señor para toda consolación (2 Corintios 1:3)
- Abre tu corazón a la realidad del dolor (2 Corintios 1:9)
- Ten una limpia conciencia confesando tus pecados y las ofensas del pasado (Proverbios 28:13)
- Encuentra el lado positivo de tu proceso de sufrimiento (2 Corintios 7:11)
- Obtén el consuelo de las personas que Dios envía a tu vida (2 Corintios 7:6)
- Refuerza tu fe al consolar también a otros (2 Corintios 1:4)
- Confía en la fortaleza de Cristo en ti para tener el poder de reconstruir tu vida (Filipenses 4:13)

Versículo clave para Memorizar:
Salmo 57:1
“Ten misericordia de mí, oh Dios, ten misericordia de mí; porque en ti ha confiado mi alma, y en la sombra de tus alas me ampararé hasta que pasen los quebrantos”

Pasaje clave para leer y meditar:
Lamentaciones 3:19–26
“Acuérdate de mí aflicción y de mi abatimiento, del ajenjo y de la hiel; Lo tendré aún en memoria, porque mi alma está abatida dentro de mí; Esto recapacitaré en mi corazón, por lo tanto esperaré. Por la misericordia de Jehová no hemos sido consumidos, porque nunca decayeron sus misericordias. Nuevas son cada mañana; grande es tu fidelidad. Mi porción es Jehová, dijo mi alma; por tanto, en él esperaré. Bueno es Jehová a los que en él esperan, al alma que le busca. Bueno es esperar en silencio la salvación de Jehová”.


“Gracia y Paz”

Dios te Bendice!!!

¡¡¡POR UN DÓLAR!!!


Un predicador que se mudaba a una gran ciudad, al subiese al autobús descubrió que el chofer le había dado un dólar de más en el cambio. Se fue a sentar y mientras consideraba que hacer, pensó para sí mismo, “Ah, olvídalo, es solo un dólar ¿Quién se va a preocupar por tan poca cantidad?, de todas formas la compañía de autobús recibe mucho de las tarifas y no la echarán de menos. Acéptalo como un regalo de Dios”. Pero cuando llegó a su parada, se detuvo y, pensando de nuevo, decidió devolverle el dólar al conductor diciéndole: -Tome, usted me dio este dólar de más.

El conductor, con una sonrisa le respondió, “Sé que usted es el nuevo predicador del pueblo. He pensado regresar a la iglesia y quería ver ¿que usted haría si yo le daba demasiado cambio?”.

Se bajó el predicador sacudido por dentro y dijo: “Oh Dios, por poco vendo a Tu Hijo por un dólar”.

Nuestras vidas serán la única Biblia que algunos leerán, así que NO OLVIDES ser ejemplo en todo lo que haces.

“Gracia y Paz”

Reflexiones Cristianas

EL TRIPLE FILTRO (LAS TRES ZARANDAS)



El discípulo de un hombre muy sabio llegó un día a buscarlo y le dijo:

- Maestro, un amigo suyo estuvo hablando mal de usted. Fíjese que dijo que…

- Espera, lo interrumpió el sabio. ¿Ya hiciste pasar por las tres zarandas lo que vas a contarme?

- ¿Las tres zarandas? -preguntó con cara de extrañeza el discípulo.

-Sí -respondió el sabio. La primera zaranda es la de la verdad. Vamos a ver, ¿estás seguro que vas a contarme una verdad?

-Bueno… lo oí comentar a unos vecinos -dijo el discípulo.

- ¡Ah! entonces lo habrás hecho pasar al menos por la segunda zaranda, la zaranda de la bondad. ¿Lo que vas a decirme es bueno para alguien? ¿Es bueno para mí, es bueno para él?

- No, en realidad no -respondió el discípulo- todo lo contrario.

- Veamos entonces, vayamos a la tercera zaranda. La zaranda de la utilidad -dijo el sabio fijando sus ojos en el discípulo. ¿Es necesario hacerme saber eso que quieres contarme?

- A decir verdad, no – respondió un poco incómodo el discípulo.

- Pues entonces -dijo el sabio sonriendo- si no es verdad, si tampoco es bueno y mucho menos útil…

- Para qué me lo vas a contar!!!

1 Corintios 10:10
“Ni murmuréis, como algunos de ellos murmuraron, y perecieron por el destructor”.

2 Corintios 12:20
“Pues me temo que cuando llegue, no os halle tales como quiero, y yo sea hallado de vosotros cual no queréis; que haya entre vosotros contiendas, envidias, iras, divisiones, maledicencias, murmuraciones, soberbias, desórdenes”

Filipenses 2:14
“Haced todo sin murmuraciones y contiendas…”

Santiago 4:11
“Hermanos, no murmuréis los unos de los otros. El que murmura del hermano y juzga a su hermano, murmura de la ley y juzga a la ley; pero si tú juzgas a la ley, no eres hacedor de la ley, sino juez”.


“Gracia y Paz”

Palabras de Miel

¿QUÉ ES MAS IMPORTANTE PARA TI: LA BÚSQUEDA DE DINERO O LA BÚSQUEDA DE DIOS?


Deuteronomio 8:18-20
“Acuérdate de Jehová tu Dios, porque él te da el poder para hacer las riquezas, a fin de confirmar su pacto que juró a tus padres, como en este día. Mas si llegares a olvidarte de Jehová tu Dios y anduvieres en pos de dioses ajenos, y les sirvieres y a ellos te inclinares, yo lo afirmo hoy contra vosotros, que de cierto pereceréis. Como las naciones que Jehová destruirá delante de vosotros, así pereceréis, por cuanto no habréis atendido a la voz de Jehová vuestro Dios”.

Por medio de Moisés, Dios instruyó al pueblo de Israel acerca de todo lo que ellos tenían que hacer para cumplir su parte en el pacto que habían acordado con él. Después de darles los Diez Mandamientos y otros principios y reglas que debían seguir, en este pasaje Dios les habla acerca de las riquezas. Conociendo la naturaleza humana, egoísta y ambiciosa, el Señor les dice que él les daría “el poder para hacer las riquezas” con el fin de que llevaran a cabo los planes establecidos en el pacto, pero les advierte que si llegaran a olvidarse de él y anduvieren en pos de dioses ajenos, de cierto perecerían.

Han transcurrido más de 3,000 años de esa declaración, pero aun en nuestros tiempos esta advertencia de Dios está vigente para sus hijos. Dios espera responsabilidad de nuestra parte en el uso de los bienes materiales que recibimos de él. Él considera el dinero como un instrumento que debe ser usado para el bien de nuestras familias, de aquellos que nos rodean, de los necesitados, y para la expansión de su reino. Este principio es totalmente opuesto al concepto que prevalece en el mundo. Por regla general la gente, en lugar de pensar en el dinero como un medio para llevar a cabo los planes de Dios en sus vidas, lo sitúan en un plano predominante y muchos llegan a considerarlo como un ídolo, amándolo y deseándolo sobre todas las demás cosas.

La tentación de amar el dinero es sumamente fuerte. La sociedad actual está saturada de un sentimiento de avaricia y ambición por las cosas materiales. Esto crea las circunstancias para que el ser humano llegue a sentir amor por el dinero, pues con el dinero puede conseguir todas las cosas materiales que desea. La Biblia nos alerta acerca de este sentimiento en 1 Timoteo 6:10. Allí dice: “Porque raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe, y fueron traspasados de muchos dolores”. Es importante notar que este versículo no dice que “la raíz de todos los males es el dinero”, sino “el amor al dinero”. De hecho, es perfectamente aceptable ganar una gran cantidad de dinero mientras éste no afecte negativamente tu relación personal con el Señor o tu servicio a él. Dios quiere que te enfoques más en tu crecimiento espiritual que en el crecimiento de tu cuenta bancaria.

En Mateo 22:37-38 Jesús resume este concepto con estas palabras: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento”. No debe haber nada más importante en la vida de un ser humano que pensar en Dios, amar a Dios, adorarle y agradarle en todo. Nada debe ocupar este primer lugar en tu corazón. Cuando se trata del dinero es aún peor, pues el amor a él es “la raíz de todos los males”, es decir este pecado dará lugar a muchos otros pecados con sus correspondientes malas consecuencias.

Piensa en esta simple pregunta: ¿Qué consume más energía y pensamientos en tu vida, la búsqueda de dinero o la búsqueda del Señor? La respuesta a esta pregunta te dirá si tu punto de vista acerca de las riquezas está conforme al corazón de Dios. Si antes que cualquier otra cosa, tú buscas el rostro del Señor cada día de tu vida, él suplirá todas las cosas materiales que tú necesitas. Eso dice Mateo 6:33: “Buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas”.

Escucha lo que Dios quiere decirte sobre el dinero y su uso, y pon en práctica los principios financieros de su reino. Si tú pones al Señor en primer lugar en tu vida, por encima de cualquier otra cosa, puedes tener la absoluta seguridad de que él te bendecirá en gran manera y suplirá todas tus necesidades.

ORACIÓN:
Padre mío, yo deseo que mi vida sea un ejemplo de honestidad y fidelidad hacia ti. Ayúdame a tener en cuenta tus enseñanzas al tomar decisiones en relación al dinero, de manera que mi fin principal sea honrar y glorificar tu santo nombre. Te lo pido en el nombre de Jesús, Amén.


“Gracia y Paz”
Dios te Habla

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martes, 14 de enero de 2014

¿ESTÁS DISPUESTO A MORIR EN CRISTO?



Gálatas 2:20-21
"Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí. No desecho la gracia de Dios; pues si por la ley fuese la justicia, entonces por demás murió Cristo"

J. Gordon, ministro, educador y autor americano del siglo diecinueve, nos dio el siguiente ejemplo de un proceso procedente de la naturaleza. El escribió: "Crecían dos pequeños retoños el uno al lado del otro. Por la acción del viento se entrecruzaron. Al cabo de poco tiempo quedaron heridos por la fricción. La savia comenzó a mezclarse hasta que un día apacible quedaron unidos. Luego el más fuerte comenzó a absorber al más débil. Se fue haciendo más y más grande mientras que el otro se debilitaba y declinaba hasta que finalmente se desvaneció y desapareció. Ahora hay dos troncos abajo, y sólo uno arriba. La muerte ha quitado el primero; la vida ha triunfado en el segundo".

Cuando aceptamos a Jesucristo como nuestro Salvador, el Espíritu Santo viene a morar dentro de nosotros. Entonces comienza su obra, la cual tiene como fin transformarnos hasta que se cumpla el propósito de Dios de que seamos “hechos conformes a la imagen de su Hijo”, según dice Romanos 8:29. A medida que crecemos en la gracia y en el conocimiento de Dios se va produciendo en nosotros un cambio interior muy parecido al proceso que nos describe J. Gordon. La nueva naturaleza divina que ahora habita en nosotros comienza a envolver la vieja naturaleza pecaminosa, la cual empieza a debilitarse y a perder el control que antes ejercía sobre nuestras vidas. A medida que entramos en una comunión cada vez más íntima con el Señor, nuestros pensamientos, palabras y acciones se vuelven más y más semejantes a los de Cristo, cambiando nuestro egoísmo en entrega y adoración a nuestro Dios.

Jesús dijo: “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día y sígame” (Lucas 9:23). No resulta nada fácil lograr por nosotros mismos lo que el Señor desea, pero con la ayuda del Espíritu Santo es posible. El primer paso es disponer nuestra mente y nuestro corazón a negar o rechazar todo intento o deseo de la carne que vaya en contra de la voluntad de Dios. Si de verdad lo deseamos, y reconocemos nuestra debilidad para llevarlo a cabo, Dios nos da la fuerza y el poder.

Lo segundo es tomar nuestra cruz y seguirle. ¿Quién mejor para ayudarnos que Jesús, quien conoció en su propia carne el dolor de negarse a sí mismo y someterse a la voluntad del Padre? Mateo 26:42 dice que allí en Getsemaní, a pocas horas de ser crucificado, en medio de una terrible lucha contra la carne que lo impulsaba a huir de la cruz, Jesús se postró y oró diciendo: “Padre mío, si no puede pasar de mí esta copa sin que yo la beba, hágase tu voluntad”. Y de allí caminó hasta el Calvario y soportó el terrible sacrificio de la cruz. Pero después resucitó y “Dios le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre” (Filipenses 2:9).

En el pasaje que nos ocupa hoy, el apóstol Pablo resume el deseo de Dios en nuestras vidas, declarando que es una realidad en su vida: “Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí”. Al igual que el más débil de los dos retoños murió y dio paso a que el más fuerte creciera y se desarrollara plenamente, es necesario que cedamos poco a poco el control de nuestras vidas y de nuestros deseos carnales al poder del Espíritu Santo. Sólo así el plan de Dios en nuestras vidas se llevará a cabo y seremos bendecidos abundantemente.

ORACIÓN:
Amante Padre celestial, te ruego me ayudes a disponer mi corazón y mi mente totalmente al proceso de negarme a mí mismo en todo aquello que no está de acuerdo con tu palabra aunque yo lo desee ardientemente. Te pido que tu Espíritu Santo tome control absoluto de mi vida, y que mi naturaleza carnal pueda morir para que la vida de Cristo se manifieste plenamente en mí. En el nombre de Jesús, Amén.

“Gracia y Paz”

Dios te Habla

¿VERDADERAMENTE TU REFUGIO ES DIOS?



Salmo 46:1-3
“Dios es nuestro amparo y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones. Por tanto, no temeremos, aunque la tierra sea removida, y se traspasen los montes al corazón del mar; aunque bramen y se turben sus aguas, y tiemblen los montes a causa de su braveza”.

Beatriz estaba desconsolada. Recientemente había perdido su primer hijo, muerto unas horas después de nacido debido a complicaciones respiratorias. Todas sus ilusiones acumuladas durante los nueve meses de espera habían desaparecido en un momento. El trauma de esta experiencia había afectado su relación con su esposo y con todos alrededor de ella. Estaba deprimida y malhumorada. Culpaba a Dios por lo que había pasado y repetía: “Lo odio. ¿Por qué tiene esto que pasarme a mí? ¿Por qué no me dio un bebé saludable? ¿Dónde estaba Dios mientras yo sufría los dolores de parto? ¡Total, para nada!”

Aproximadamente al mismo tiempo, no muy lejos de Beatriz, un piadoso líder cristiano, cuyo hijo adolescente acababa de morir en un accidente automovilístico mostraba una actitud totalmente diferente. Por supuesto este hombre y su esposa estaban desvastados. Sus corazones estaban destrozados a causa del dolor que estaban experimentando. Pero en medio de sus lágrimas, este buen cristiano dijo: “Yo sé que puedo confiar en Dios. Él es un Dios de amor. Él es mi refugio, y yo siento su fuerza y su compasión y su cuidado por mí y por mis seres queridos. Mi esposa y yo y toda nuestra familia estamos re-dedicándonos a él como una expresión de nuestro amor y nuestra absoluta confianza en su fidelidad”.

Ciertamente no alcanzamos a entender el misterio de por qué Dios permite sufrimiento, dolor y aflicción entre sus hijos, pero podemos contestar esta pregunta “¿Dónde estaba Dios mientras yo sufría?” En el mismo lugar que estaba cuando su propio Hijo murió en la cruz por nuestros pecados. Jesús advirtió a sus discípulos: “En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo” (Juan 16:33). Sin duda en algún momento de nuestras vidas, más tarde o más temprano, vamos a encontrar aflicción, el sufrimiento va a llegar a nosotros, una tormenta emocional o espiritual se va a presentar, pero en todos los casos hay una respuesta correcta, una actitud, sólo una: Confiar en Dios y echarnos en sus brazos en medio del dolor y el sufrimiento. Aquellos que confían en el Dios eterno como su refugio experimentarán la realidad de su promesa en Deuteronomio 33:27: “El eterno Dios es tu refugio, y debajo están los brazos eternos”.

Cuando esta es nuestra actitud, de una manera milagrosa e inexplicable, Dios nos da la paz que tanto necesitamos, esa paz que la Biblia dice “sobrepasa todo entendimiento” (Filipenses 4:7). Esa paz la encontró aquel líder cristiano en medio de su dolor, porque él se echó en los brazos de amor del Dios eterno, y buscó en él refugio en medio de la tormenta. Sin embargo Beatriz se hundía más y más en la desesperación a medida que su actitud rebelde la alejaba del amor y el consuelo del Señor.

Si estás en medio de una prueba, si estás sufriendo, no te desesperes. Piensa que Dios está cerca; él ha prometido que nunca “nos dejará ni nos desamparará”. Piensa además que Dios tiene control sobre todas las circunstancias y todo lo que estás pasando en estos momentos tiene un propósito, y ese propósito, aunque ahora es difícil creerlo, es bueno para tu vida. Así lo afirma Romanos 8:28: “Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien”. Confía en el Señor, clama a él, y él te contestará. Aunque te resulte difícil hacerlo alábalo y dilo con toda confianza que él está en control, que tú sabes que él te ama y que él será siempre tu “amparo y fortaleza, y tu pronto auxilio en las tribulaciones”, como dice el pasaje de hoy.

ORACIÓN:
Mi Señor y mi Dios, te doy gracias por tu fidelidad en todas las circunstancias. Ayúdame a mantenerme firme en mi confianza en ti aún en medio de las pruebas. Yo confío que tú eres mi refugio y mi roca firme, y que tú estarás conmigo hasta el fin del mundo. En el nombre de Jesús, Amén.

“Gracia y Paz”

Dios te Habla

¿QUÉ DICE LA BIBLIA ACERCA DE LA DISCIPLINA DE LOS HIJOS?



Proverbios 22:6
“Instruye al niño en su camino, Y aun cuando fuere viejo no se apartará de él”.

Proverbios 23:13-14
“No rehúses corregir al muchacho; Porque si lo castigas con vara, no morirá. Lo castigarás con vara, Y librarás su alma del Seol”.

En décadas anteriores, el corregir a los hijos con nalgadas era una práctica muy aceptada. Sin embargo, en los últimos años, el tratarlos de esa manera, u otras formas de castigo corporal, ha sido reemplazado con otros castigos que de ninguna manera involucran la disciplina física. De hecho, el darle nalgadas a los niños ha sido considerado como ilegal en algunos países. Muchos padres temen corregir de esta forma a sus hijos, por el miedo a ser reportados al gobierno y que les sean quitados sus hijos.

No hay que malentenderlo –de ninguna forma en este tema estoy abogando por el maltrato infantil. Un niño jamás debe ser disciplinado físicamente hasta el punto que pueda causarle un daño físico. Sin embargo, de acuerdo con la Biblia, es bueno que el niño cuente con restricciones y una apropiada disciplina física, que contribuya a su sano desarrollo y bienestar.

De hecho, muchas Escrituras promueven la disciplina física: “No rehúses corregir al muchacho; porque si lo castigas con vara, no morirá” (Proverbios 23:13-14). Hay también otros versículos que apoyan la corrección física (Proverbios 13:24, 22:5, 20:30). La Biblia habla enfáticamente de la importancia de la disciplina; es algo que todos debemos tener para ser personas productivas y es mucho más fácil aprenderlo mientras aún somos pequeños. Los niños que no son disciplinados, crecen en rebelión, no tienen respeto por la autoridad, y como resultado obvio, no estarán dispuestos a obedecer y seguir a Dios. Él utiliza la disciplina para corregirnos y guiarnos por el camino correcto; así como para llevarnos al arrepentimiento de nuestras acciones (Salmo 94:12; Proverbios 1:7, 6:23, 12:1, 13:1, 15:5; Isaías 38:16; Hebreos 12:9). Estos solo son algunos de los versos que hablan sobre lo bueno de la disciplina.

Aquí es donde reside el problema; muchas veces los padres son, o muy pasivos o muy agresivos cuando se trata de disciplinar a sus hijos. Aquellos que no creen en el castigo físico, algunas veces carecen de la habilidad para corregir y disciplinar correctamente, causando que sus hijos crezcan como niños revoltosos y desafiantes. Esto lastimará a sus hijos a la larga. “La vara y la corrección dan sabiduría; mas el muchacho consentido avergonzará a su madre” (Proverbios 29:15). Luego, están aquellos padres que pueden malentender la definición bíblica de la disciplina (o tal vez es que solo sean personas abusivas) y la usan para justificar el abuso y maltrato de sus niños.

La disciplina se utiliza para corregir y guiar a la gente por el camino correcto. “Es verdad que ninguna disciplina al presente parece ser causa de gozo, sino de tristeza; pero después da fruto apacible de justicia a los que en ella han sido ejercitados” (Hebreos 12:11).

La disciplina de Dios es amorosa, como debe ser entre el padre y el hijo. El castigo físico nunca debe ser usado para causar un dolor o daño físico permanente, sino como un golpe rápido (en el trasero, donde hay más “relleno protector”), para enseñar al niño que lo que hizo está mal y es inaceptable. Nunca debe ser usado sin control o para descargar nuestro enojo y frustraciones. “Y vosotros, padres, no provoquéis a ira a vuestros hijos, sino criadlos en disciplina y amonestación del Señor” (Efesios 6:4). Criar a un niño en la “disciplina y amonestación del Señor” incluye la disciplina correctiva, establecer límites, y si, amorosa disciplina física.


“Gracia y Paz”