martes, 6 de agosto de 2013

LOS TRES ENEMIGOS DEL CRISTIANO



Durante la segunda guerra mundial un avión de la armada norteamericana se perdió, no sabía como llegar a su base de operaciones, de repente vio en su radar señales de una flota de aviones que estaban cerca de su posición, inmediatamente comenzó a mandar señales de radio que fueron contestadas y se le ordenó a que se uniera a la flota lo más rápido posible. El avión obedeció, pero al estar cerca de ellos se dio cuenta de una   desagradable sorpresa, eran aviones enemigos que le habían puesto una trampa, fue tomado prisionero y llevado a un campo de concentración.

Nosotros los cristianos también tenemos enemigos que tratan de engañarnos de la misma forma, nos ponen trampas y tentaciones para atraparnos, y muchas veces inocentemente, como el piloto de la historia, caemos en sus artimañas.

Conozcamos a estos enemigos espirituales, sus armas de ataque y el plan que Dios nos ha dado para derrotarlos.


EL MUNDO

Estos tres enemigos buscan que el pecado reine en nosotros y de esa manera la muerte espiritual nos alcance (v.1), ese es su objetivo, arruinarnos espiritualmente.

El primero de estos tres enemigos es el mundo. La palabra mundo puede significar el planeta en que vivimos o la gente que habita el planeta, pero en la Biblia se usa mayormente esta palabra para significar el sistema de pensamiento, la filosofía, la forma de vida, los conceptos e ideas del hombre que luchan o están en contra de Dios. El mundo es pues la sociedad humana que actúa opuesta al creador (Ejemplo: el amor libre, el aborto, el materialismo, la homosexualidad como una opción de vida, etc.)

El arma del mundo es la corriente, ¿Qué es la corriente?, Es una fuerza que nos jala, nos atrae hacia algo (como las corrientes marinas en la playa), el mundo usa esa arma para atraparnos, crea modas atractivas, ideas convincentes, costumbres divertidas que nos empujan poco a poco a lo malo, lejos de Dios y su verdad. El mundo utiliza los medios de comunicación para bombardearnos con estas cosas. Para vencer al mundo debemos de guardar nuestra distancia de todo aquello que el mundo pregona y que está en contra de Dios (Santiago 4:4)

Cómo vencer al mundo:

1) Tener una firme personalidad para no seguir a la mayoría (Éxodo 23:2) y para no se moldear a la mentalidad de este mundo (Romanos 12:2).

2) Tener de hecho un encuentro con Dios (1 Juan 5:4).

3) Considerarse totalmente muerto para el mundo y viceversa (Gálatas 6:14).

4) Congregarse (Hebreos 10:25).


SATANÁS

El segundo enemigo que tenemos es satanás y sus demonios. El pasaje dice que es un príncipe, eso concuerda con Ezequiel 28:11-19 e Isaías 14:11-15 donde se muestra a satanás como un ángel que se reveló y pecó, además él arrebató al hombre en el huerto del Edén el principado sobre la tierra, por eso él se ha convertido en el príncipe de este mundo (Juan 16:11) y su reino es un reino de muerte (Hebreos 3:14). Pero es un príncipe espiritual caído, derrotado, humillado y despojado por el poder de Jesús (Colosenses 2:15). Este ser actúa y habita en el aire terráqueo, (ya no en el cielo pues ha sido arrojado de él), por eso le es fácil influenciar negativamente a los hombres.

Es un espíritu y posee poderes sobrenaturales que usa para destrucción, aunque sus poderes son poca cosa ante el poder de Dios (1 Juan 4:4). El mundo actúa conforme a satanás, él dirige el pensamiento del mundo pues está es su agencia.

El arma del diablo es la desobediencia, él trata de llevarnos a actuar en contra de Dios para de esa manera tener derechos sobre nosotros y así actuar en nosotros (Adán y Eva tuvieron que desobedecer para que satanás actuara en ellos). Para vencer al diablo debemos de vivir siempre sometidos a Dios, rendidos a su voluntad (Santiago 4:7).

Como vencer a satanás:

1) Pasar por un proceso de liberación espiritual;

2) Entregarse a Cristo totalmente (Lucas 24:25; 1 Samuel 7:3; 1 Reyes 18:21);

3) Cerrar las “brechas” por donde satanás entra (Efesios 4:27);

4) Armarse de la Palabra de Dios contra las dudas y sus asechanzas (Mateo 4:1-11; Santiago 4:7).


LA CARNE

La carne en la Biblia no se refiere al cuerpo físico sino a la inclinación interior que nos lleva hacia lo malo y que afecta nuestras emociones, deseos, voluntad y pensamiento y nos vuelve esclavos del pecado y por lo tanto nos pone bajo la ira y el castigo de Dios, pues Él no puede tolerar el pecado.

El arma de la carne es el deseo, por allí la carne comienza a actuar, luego afecta la mente y la voluntad. Para derrotar la carne debemos evitar alimentar esos deseos (Romanos 13:14) y debemos, con la ayuda de Jesús, desarrollar dominio propio.

Cómo vencer a la carne:

1) Una constante vida llena del Espíritu Santo (Gálatas 5:16; Efesios 5:18);

2) Mortificar a las obras de la carne (Romanos 8:13; 1 Corintios 9:27; Gálatas 5:24; Colosenses 3:5);

3) Cortar todo alimento carnal (Romanos 13:14);

4) Abortar todo impulso de la carne (Génesis 4:7; Mateo 16:23; Santiago 1:13-15);

5) La práctica de oración y abstinencia (ayuno).


Estos son los tres enemigos que tenemos y que debemos de enfrentar a diario y vencerlos con las armas espirituales. Hemos visto algunos consejos para poder vencer a estos enemigos, pero la principal arma para derrotarlos es el poder de Jesús, solo Él puede darnos la victoria total, pero para tener su poder en nosotros, debemos de estar rendidos a sus pies, totalmente entregados a su voluntad para que Él nos haga más que vencedores.


“Gracia y Paz”

Palabra Viva

LA FE QUE PREVALECE



Romanos 4:18-25
“El creyó en esperanza contra esperanza, para llegar a ser padre de muchas gentes, conforme a lo que se le había dicho: Así será tu descendencia. Y no se debilitó en la fe al considerar su cuerpo, que estaba ya como muerto (siendo de casi cien años), o la esterilidad de la matriz de Sara. Tampoco dudó, por incredulidad, de la promesa de Dios, sino que se fortaleció en fe, dando gloria a Dios, plenamente convencido de que era también poderoso para hacer todo lo que había prometido; por lo cual también su fe le fue contada por justicia. Y no solamente con respecto a él se escribió que le fue contada, sino también con respecto a nosotros a quienes ha de ser contada, esto es, a los que creemos en el que levantó de los muertos a Jesús, Señor nuestro, el cual fue entregado por nuestras transgresiones, y resucitado para nuestra justificación”.

Continuando el tema de ayer sobre la Fe Vencedora, veamos otros elementos de este tipo de confianza.

La confesión de la fe. David dijo: “Tú vienes a mí con espada y lanza y jabalina; mas yo vengo a ti en el nombre de Jehová de los ejércitos” (1 Samuel 17:45), y expresó su confianza en la salvación de Dios. Siempre que enfrentemos dificultades, debemos proclamar nuestra fe, dando gracias al Señor por ser Él quien es, por quienes somos nosotros en Cristo, y por lo que tenemos por medio de su Espíritu.

La confianza en el poder de Dios. David no afirmó ni una sola vez que iba a derrotar el enemigo, sino que señaló que la batalla era del Señor; que era por el poder del Todopoderoso que se lograría la victoria. En la mano de un siervo de Dios, una simple piedra fue más poderosa que las armas del ejército filisteo.

• La expectativa de la victoria. La fe que prevalece cree en la victoria antes de que comience la batalla. Cuando David miró a Goliat, lo vio como un adversario que ya había muerto.

¿Cómo se produce esta creencia? Primero, peleamos la “batalla antes de la batalla”. Por medio de la oración y la meditación en las Escrituras, superamos cualquier temor o incertidumbre. Reafirmamos en nuestro corazón que esta es la batalla del Señor, manifestamos que la victoria es suya, y lo hacemos a la manera de Él confiando en su presencia y su provisión.

¿En qué aspecto de su vida necesitas tu tener una fe que prevalezca? Acércate al trono de la gracia con fe, para recibir lo que necesitas (Hebreos 4:16).

“Gracia y Paz”

Meditación Diaria

¿SOPORTAS LAS AFLICCIONES?



Isaías 48:10
“He aquí te he purificado, y no como á plata; hete escogido en horno de aflicción”.

En la eternidad veremos que los sufrimientos que pasamos aquí en la tierra eran para nuestro bien y para nuestra instrucción. Dios se da cuenta de lo que pasa en tu vida y te corrige por tu bien. Dios hace su voluntad soberana y nos dice en Lamentaciones 3:33, “Porque no aflige ni entristece voluntariamente a los hijos de los hombres”. “Si soportáis la disciplina, Dios os trata como a hijos; porque ¿qué hijo es aquel a quien el padre no disciplina?” (Hebreos 12:7).

Esta corrección solo es para nuestro mejoramiento, y no debemos pensar que por la aflicción y las pruebas estamos añadiendo algo a la obra terminada de Jesús en la cruz de Calvario. “Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados (Isaías 53:5,6).


“Gracia y Paz”

Un Versículo de la biblia cada Día

¿HAS DECIDIDO ESPERAR EN EL SEÑOR?



Salmo 25:4-5
“Muéstrame, oh Jehová, tus caminos; enséñame tus sendas. Encamíname en tu verdad, y enséñame, porque tú eres el Dios de mi salvación; en ti he esperado todo el día”.

Una vez hemos tomado la decisión de esperar en el Señor, debemos ser muy cuidadosos, pues el enemigo puede atacarnos, especialmente en estas áreas:

La primera es la tentación de volver atrás, y de nuevo enfrascarnos en la tarea de llevar a cabo nuestros propios planes. Esto nos llevaría en una dirección que está fuera de la voluntad de Dios para nuestras vidas, y por lo tanto nos alejaría de las bendiciones que el Señor ha preparado para nosotros al final del camino.

También hay ocasiones en las que, aun siguiendo el camino señalado por Dios, podemos cometer el error de ser impacientes. La impaciencia puede hacer que nos adelantemos al perfecto tiempo del Señor, y de esta manera interferir en sus planes. Dios pudo haber destruido las murallas de Jericó en un instante si hubiese querido, pero decidió hacerlo en siete días, después que el pueblo de Israel siguió sus instrucciones. Al séptimo día las murallas cayeron y Dios les entregó la ciudad de Jericó tal y como él lo había planeado (Josué capítulo 6). ¿Qué hubiera sucedido si Josué se impacienta y decide llevar a cabo el quinto día las instrucciones del séptimo día? Realmente no sabemos qué hubiera sucedido, sin embargo sí podemos saber lo que no hubiera sucedido. Con toda seguridad los planes de Dios no se hubieran llevado a cabo.

La inseguridad o el temor también pueden hacernos fallar y echar por el suelo los preciosos planes de Dios para nuestras vidas. Por eso debemos rechazar estos sentimientos en el nombre de Jesús. Cuando los israelitas llegaron frente a la Tierra Prometida, después de atravesar el desierto, Moisés, por orden de Dios, envió doce hombres a reconocer la tierra. A su regreso, diez de los doce espías dieron un informe totalmente negativo. Su temor y la inseguridad que sentían les hicieron verse a sí mismos como langostas delante de los habitantes de aquella tierra. De esta manera se expresaron frente al pueblo de Israel, transmitiendo a ellos el miedo que sentían de seguir adelante. Este fue el primer paso hacia la desgracia que cayó después sobre este pueblo.

Otra área sensible es la presión de otras personas. La gente tiende a tratar de imponer sus opiniones sobre nosotros, y a veces nos resulta difícil resistir. “Esta es la decisión correcta”, suelen decir. O “tengo la absoluta seguridad que esto es lo que debes hacer”. Sin embargo, por mucha lógica que parezca tener estos consejos, es la opinión de Dios la que debe prevalecer siempre. ¿Significa esto que no debemos escuchar los consejos de personas maduras espiritualmente? No, pero no debemos marchar adelante movidos por esos consejos hasta que tengamos confirmación del Señor. Los israelitas hicieron caso a aquellos hombres en lugar de mantenerse firmes en continuar adelante con el plan que Dios les había indicado por medio de Moisés. Resultado: ninguno de ellos pudo disfrutar de las bendiciones que el Señor tenía preparadas en la Tierra Prometida. Tiempo después, por medio del profeta Isaías, Dios le dijo a este pueblo rebelde: “¡Oh, si hubieras atendido a mis mandamientos! Fuera entonces tu paz como un río, y tu justicia como las ondas del mar” (Isaías 48:18).

El rey David pasó por difíciles experiencias en su vida. En muchos de sus salmos mostró su impaciencia con Dios, clamando que lo librara de sus enemigos, y exigiendo que los destruyera inmediatamente. Con el tiempo, David aprendió a reconocer y a esperar el tiempo del Señor, y siendo un anciano escribió este valioso consejo que puede sernos de gran utilidad: “Guarda silencio ante Jehová, y espera en él” (Salmo 37:7).

Si deseas disfrutar plenamente de las preciosas bendiciones que Dios tiene preparadas para ti, continúa esperando en él, y buscando cada día su dirección y el camino que debes seguir. Persiste en la oración y la lectura de la Palabra y el Señor te mostrará su camino.

ORACIÓN:
Mi amante Padre celestial, te ruego me reveles con absoluta claridad tus planes para mi vida, y me muestres el camino que tú deseas que yo siga. Por favor, dame la fuerza y el valor para obedecerte siempre y ayúdame a esperar en ti confiadamente. Te lo pido en el nombre de Jesús, Amén.

“Gracia y Paz”
Dios te Habla

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lunes, 5 de agosto de 2013

¿CUÁL “GOLIAT” TIENES DELANTE DE TI?



1 Samuel 17:28-37
“Y oyéndole hablar Eliab su hermano mayor con aquellos hombres, se encendió en ira contra David y dijo: ¿Para qué has descendido acá? ¿y a quién has dejado aquellas pocas ovejas en el desierto? Yo conozco tu soberbia y la malicia de tu corazón, que para ver la batalla has venido.
17:29 David respondió: ¿Qué he hecho yo ahora? ¿No es esto mero hablar? Y apartándose de él hacia otros, preguntó de igual manera; y le dio el pueblo la misma respuesta de antes. Fueron oídas las palabras que David había dicho, y las refirieron delante de Saúl; y él lo hizo venir. Y dijo David a Saúl: No desmaye el corazón de ninguno a causa de él; tu siervo irá y peleará contra este filisteo. Dijo Saúl a David: No podrás tú ir contra aquel filisteo, para pelear con él; porque tú eres muchacho, y él un hombre de guerra desde su juventud. David respondió a Saúl: Tu siervo era pastor de las ovejas de su padre; y cuando venía un león, o un oso, y tomaba algún cordero de la manada, salía yo tras él, y lo hería, y lo libraba de su boca; y si se levantaba contra mí, yo le echaba mano de la quijada, y lo hería y lo mataba. Fuese león, fuese oso, tu siervo lo mataba; y este filisteo incircunciso será como uno de ellos, porque ha provocado al ejército del Dios viviente. Añadió David: Jehová, que me ha librado de las garras del león y de las garras del oso, él también me librará de la mano de este filisteo. Y dijo Saúl a David: Ve, y Jehová esté contigo”.

(Estudia y medita 1 Samuel 17:1-37)


David, el joven pastor de ovejas, se enfrentó a Goliat, el gigante filisteo. Por confiar en el poder de Dios para salvarlo, David venció a su adversario.

Al igual que David, nosotros, también enfrentaremos pruebas más grandes que nosotros. Pero el Señor quiere que tengamos una fe vencedora como la de David, y que podamos triunfar.

¿Cuáles son los componentes de esta fe?

Una motivación piadosa. El deseo de David era defender a su pueblo y al nombre de Dios. Nosotros debemos examinar nuestros motivos, para asegurarnos de que están centrados en Cristo, no en nosotros mismos.

El reconocimiento del tipo de batalla. Para los creyentes, toda incidencia es un asunto espiritual. La lucha de David en el ámbito físico era contra Goliat, pero la verdadera batalla era espiritual (Efesios 6:12).

• El recuerdo de las victorias anteriores. La confianza de David no se basaba en lo que estaba sucediendo en ese momento, sino en la manera en que Dios lo ayudó al enfrentarse a leones y osos en el pasado. Imagínese una película que destaque todos los momentos en que Dios le proveyó a usted de fuerzas y resistencia. Véala una y otra vez hasta que esté listo para la pelea.

• El rechazo del mal consejo. David estaba seguro del propósito de Dios para él, y por eso se negó a escuchar la acusación de su hermano acerca de sus supuestos motivos impuros. También rechazó la opinión del rey Saúl, de que era muy joven. Más bien, el joven pastor inclinó su oído para escuchar al Señor. ¿Cuál “Goliat” tienes delante de ti? Recuerda que en Cristo podemos ser vencedores (1 Juan 5:4).

“Gracia y Paz”
Meditación Diaria

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LO QUE DIOS SABE DE MI ES MAS IMPORTANTE… QUE LO QUE LOS DEMÁS PIENSAN DE MI.



Salmo
139:2 Oh Señor, tú me has examinado y conocido. Tu has conocido mi sentarme y mi levantarme; has entendido desde lejos mis pensamientos.
3 Has escudriñado mi andar y mi reposo, Y todos mis caminos te son conocidos.
4 Pues aun no esta la palabra en mi lengua, Y he aquí, oh Señor, tu la sabes toda.
5 Detrás y delante me rodeaste, y sobre mi pusiste tu mano.
6 Tal conocimiento es demasiado maravilloso para mí; alto es, no lo puedo comprender.
15 No fue encubierto de ti mi cuerpo, bien que en oculto fui formado, y entretejido en lo más profundo de la tierra.
16 Mi embrión vieron tus ojos, y en tu libro estaban escritas todas aquellas cosas que fueron luego formadas, sin faltar una de ellas.
17 ¡Cuan preciosos me son, Oh Dios, tus pensamientos! ¡Cuan grande es la suma de ellos!
18 ¡Si los enumero, se multiplican más que la arena; despierto y aun estoy contigo!
23 ¡Examíname Oh Dios y conoce mi corazón; pruébame y conoce mis pensamientos!


En este Salmo Dios me dice:

> Que conoce todo acerca de mi (verso 1).

> Conoce todos mis movimientos; a donde voy, que hago, y cuando voy (verso 2).

> El conoce todos mis pensamientos, y entiende claramente lo que estoy pensando (verso 2).

> El traza el curso de mi vida y sabe en que momento me desvió de ese curso (verso 3).

> El conoce todo palabra que he hablado, que estoy hablando y que hablare. El aun conoce lo que quise decir (verso 4).

> El conoce mi pasado, mi presente y mi futuro, como si fuera ahora mismo. No puedo siquiera imaginar como es que lo sabe (verso 5).

> El sabe todo de mi desde antes que yo fuera formado en el vientre de mi madre, y sabía todo lo que yo iba a hacer y pensar (verso 15).

> Dios nunca deja de pensar en mí, sus pensamientos para mi son más que los granos de arena a la orilla del mar (verso 17).

> Dios esta pendiente de mí, aun a través de la noche. Cuando despierto por la mañana, El esta pensando en mi (Verso 17).

> Si todo esto es verdad, ¿no debería yo analizar todas aquellas actitudes y pensamientos que deshonran a Dios (El ya lo sabe) y poner atención en ellos para poder continuar creciendo? (Versos 22 y 23), ¡claro que debería!

Dios lo sabe todo. Todo lo que ha pasado, todo lo que esta pasando y todo lo que pasara. Todo aquello que pasara Él lo sabe como si estuviera sucediendo en este momento. Todo pensamiento que se encuentre en los profundos rincones de la mente es tan claro para Dios, como si lo estuviésemos gritado a los cuatro vientos y transmitido por televisión en cadena nacional. Toda motivación nuestra es perfectamente clara para Dios. A Él nunca se le podrá engañar de ninguna forma. Su discurso a los fariseos nos muestra cuanto detestaba la hipocresía, pero nunca fue sorprendido o engañado. Dios que lo sabe todo. El es omnisciente.

Por lo tanto, las vidas que tú y yo vivimos deben ser vividas dentro de este contexto. En lugar de engañarnos a nosotros mismos pensando que somos lo que aparentamos ser. Necesitamos darnos cuenta que somos lo que somos en lo secreto de nuestros corazones; nada más. Y siempre Dios nos verá tal y como somos en realidad.

Debemos empezar a ser honestos con nosotros mismos, con Dios y con los demás. Podemos empezar a vivir en libertad transparente sabiendo que Dios es Omnisciente. El conoce nuestros corazones.

“Gracia Y Paz”



Russell Kelfer

¿LO DEJARÍAS TODO POR SEGUIR A JESÚS?



Mateo 4:18-22
“Andando Jesús junto al mar de Galilea, vio a dos hermanos, Simón, llamado Pedro, y Andrés su hermano, que echaban la red en el mar; porque eran pescadores. Y les dijo: Venid en pos de mí, y os haré pescadores de hombres. Ellos entonces, dejando al instante las redes, le siguieron. Pasando de allí, vio a otros dos hermanos, Jacobo hijo de Zebedeo, y Juan su hermano, en la barca con Zebedeo su padre, que remendaban sus redes; y los llamó. Y ellos, dejando al instante la barca y a su padre, le siguieron”.

Lucas 5:27-28
“Después de estas cosas salió, y vio a un publicano llamado Leví, sentado al banco de los tributos públicos, y le dijo: Sígueme. Y dejándolo todo, se levantó y le siguió”.

Cuando Jesús llamó a sus discípulos para que se unieran a su ministerio, ellos inmediatamente lo dejaron todo y le siguieron. En el primer pasaje, Mateo nos cuenta que Simón Pedro y su hermano Andrés, que eran pescadores, “dejando al instante las redes, le siguieron” De igual manera Juan y Jacobo, hijos de Zebedeo, “dejando al instante la barca y a su padre, le siguieron”. Después, Lucas nos habla de un cobrador de impuestos llamado Leví, al cual Jesús simplemente le dijo: “Sígueme”. Y este hombre, “dejándolo todo, se levantó y le siguió”. Cuando ellos escucharon la invitación del Maestro, debieron haber sentido algo muy fuerte en sus corazones que los movió a dejar todo lo que tenían y seguir a aquel hombre que no les ofrecía beneficios económicos, ni comodidades, ni bienes materiales, sino solamente sacrificios y dedicación a su causa. ¡Qué impactante debió haber sido la voz del Señor! Sin duda una mezcla divina de una autoridad irresistible y un amor verdaderamente imposible de describir.

Ellos no solamente debían tomar la decisión de dejar los bienes materiales, sus medios de sustento, sus trabajos y hasta sus familias por seguir a Jesús, sino que también debían considerar los peligros a los que se expondrían por su causa. Recientemente habían conocido la suerte que corrió Juan el Bautista, quien había sido encarcelado (Marcos 1:14), para posteriormente morir decapitado en manos de sus captores. Así es que bien sabían ellos que estaban arriesgando sus vidas al responder el divino llamado. Y aun así, ellos decidieron seguir al Señor. Ciertamente Jesús no les brindó un jardín de rosas, pero les ofreció algo mucho más profundo y trascendental: su paz inefable y la seguridad de su protección, su ayuda, su consuelo y su provisión en los momentos difíciles que encontrarían en sus vidas. Así dijo Jesús a sus discípulos: “Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo” (Juan 16:33).

Más adelante la Biblia nos cuenta que un joven rico se acercó a Jesús, interesado en saber qué debía hacer para heredar la vida eterna, pero después de conversar con el Señor salió triste y decepcionado (Marcos 10:17-22). Al ver esto, los discípulos se asombraron y se preguntaban: “¿Quién, pues, podrá ser salvo?” Entonces Jesús les dijo: “Para los hombres es imposible, mas para Dios, no; porque todas las cosas son posibles para Dios”. Entonces Pedro le dijo: “He aquí, nosotros lo hemos dejado todo, y te hemos seguido”. Al escuchar esto, el Señor dijo una preciosa promesa para aquellos discípulos, la cual ha permanecido vigente a través de los siglos hasta nuestros tiempos, para todos aquellos, que habiendo escuchado su llamado han tomado la decisión de dejarlo todo para seguirlo: “De cierto os digo que no hay ninguno que haya dejado casa, o hermanos, o hermanas, o padre, o madre, o mujer, o hijos, o tierras, por causa de mí y del evangelio, que no reciba cien veces más ahora en este tiempo; casas, hermanos, hermanas, madres, hijos, y tierras, con persecuciones; y en el siglo venidero la vida eterna” (Marcos 10:29-30).

¿Puedes escuchar la voz de Jesús invitándote a dejarlo todo y seguirlo? Lee de nuevo esta promesa del Señor y reflexiona en ella. Ahora, ¿sientes en tu corazón el deseo de seguir al Maestro y servirle por el resto de tu vida? ¿Lo dejarías todo por seguir a Jesús?

ORACIÓN:
Padre amado, gracias por la oportunidad que me brindas de servirte, formando parte del plan que tú tienes para la salvación de este mundo. Te ruego me ayudes a ponerte en primer lugar en mi vida, y dejar todo lo demás para seguir a tu Hijo Jesucristo. En su santo nombre te lo pido, Amén.

“Gracia y Paz”
Dios te Habla


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jueves, 1 de agosto de 2013

¿CUÁNDO Y CÓMO DEBEMOS MEDITAR LA PALABRA DE DIOS?



Josué 1:8
“Nunca se apartará de tu boca este libro de la ley, sino que de día y de noche meditarás en él, para que guardes y hagas conforme a todo lo que en él está escrito; porque entonces harás prosperar tu camino, y todo te saldrá bien”.

La meditación en la Palabra de Dios es vital para tener una relación saludable y profunda con el Señor. Lamentablemente no forma parte de la vida espiritual de muchos creyentes. En el pasaje de hoy, Dios le advierte a Josué acerca de la importancia de meditar en su Palabra, con el fin de obedecerla y así tener una vida próspera y bendecida. En el Salmo 1 el salmista reafirma esta promesa de Dios para aquellos que son constantes en meditar en su palabra. Dice la primera mitad de este Salmo (v.1-3): “Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos, ni estuvo en camino de pecadores, ni en silla de escarnecedores se ha sentado; sino que en la ley de Jehová está su delicia, y en su ley medita de día y de noche. Será como árbol plantado junto a corrientes de aguas, que da su fruto en su tiempo, y su hoja no cae; y todo lo que hace, prosperará”. Podemos ver claramente las bendiciones que se manifiestan en aquel que lee la Biblia diariamente y medita en ella. La segunda mitad del Salmo (v.4-6) se refiere a los que no actúan de esta manera, y por lo tanto sufrirán las consecuencias. Considerando esto, debemos hacernos una pregunta clave: ¿Cuándo y cómo debemos meditar?

Primero: Debemos crear el hábito de leer la Palabra de Dios cada día de nuestras vidas. Pero no solamente leerla, sino meditar en ella, es decir reflexionar en el pasaje que estamos leyendo. Debemos preguntarnos: “¿Qué quiere decirme Dios con estas palabras?” La Biblia no es un libro cualquiera, es un manual de las instrucciones de Dios para su pueblo. A través de ella podemos conocer mejor a nuestro Padre celestial.

Segundo: Tenemos que aprender a usar la Palabra de Dios cuando oramos. Es decir, después de leer un pasaje bíblico, tenemos que levantar esa palabra hacia el cielo mostrando a nuestro Padre celestial que estamos de acuerdo con lo que él dijo, y pedirle que nos ayude a obedecerle. Esta es la manera de afirmar en nosotros el mensaje de las Escrituras.

Tercero: Debemos desechar todo aquello que no es agradable al Señor y aplicar su Palabra a nuestras vidas. Esto es fundamental para nuestro crecimiento espiritual. No avanzaremos nada con leer la Palabra de Dios si no la ponemos en práctica. El apóstol Santiago hace énfasis en este punto cuando escribe: “Por lo cual, desechando toda inmundicia y abundancia de malicia, recibid con mansedumbre la palabra implantada, la cual puede salvar vuestras almas. Pero sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos” (Santiago 1:21-22).

Cuarto: Debemos buscar ávidamente la voluntad de Dios y someternos a ella. A medida que pasamos tiempo activamente escuchando la voz de Dios, él nos irá comunicando sus planes para nuestras vidas. En la medida que aplicamos lo que hemos escuchado, la meditación se irá haciendo cada vez más instintiva en nosotros. Entonces nos daremos cuenta de que podemos escuchar su voz con claridad en esos momentos.

Un viejo profesor de inglés solía dar este consejo a sus estudiantes extranjeros recién llegados a los Estados Unidos: "Escuchen la radio y vean la televisión en inglés solamente. Al principio no entenderán absolutamente nada, pero si no se desaniman y persisten, poco a poco, sin apenas darse cuenta comenzarán a entender con claridad, primero unas cuantas palabras y frases, después conversaciones cortas, hasta que con el tiempo les resultará fácil entenderlo todo". Por medio de la práctica, el oído se va "afinando" y comenzará a percibir sonidos que antes no era capaz de percibir. De igual manera sucede con el oído espiritual. A medida que dedicamos tiempo diariamente a buscar el rostro del Señor en oración, a leer su Palabra y a meditar en ella, nos resultará más fácil escuchar y entender la voz de Dios. Dios tiene un mensaje especial para ti cada día. Toma el tiempo necesario para meditar en su Palabra y escuchar lo que tu Padre celestial quiere decirte.

ORACIÓN:
Padre santo, ¡qué privilegio tan grande me das al poder pasar tiempo contigo! Permíteme disfrutar de tu presencia cada día y ayúdame a entender tu mensaje y dame la fuerza y el valor para aplicarlo a mi vida en todo momento. En el nombre de Jesús, Amén.


“Gracia y Paz”
Dios te Habla

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miércoles, 31 de julio de 2013

“BIENAVENTURADOS LOS QUE OYEN LA PALABRA DE DIOS, Y LA GUARDAN”



Juan 13:17
“Si sabéis estas cosas, bienaventurados seréis, si las hiciereis”.

A veces la gente se siente bien cuando hacen planes, y se contentan con solo planear y soñar. Un día yo hablaba con un señor y le animaba a que aceptara a Cristo en su corazón, pero él no quiso hacerlo. Me dijo que lo haría más tarde. Cuando se iba, me dijo, ¿Sabes qué? Ya me siento mejor. No sé si después lo hizo.

Solamente saber la verdad, o hacer planes no es suficiente. Tomar la decisión de hacerlo es lo importante. Es como la prescripción de tu medico, te receta medicamentos y solo te harán bien si los tomas.

Lucas 11:27-28 nos dice de un hombre que escuchaba las enseñanzas de Cristo dijo: “Bienaventurado el vientre que te trajo, y los senos que mamaste. Y Jesús dijo: Antes bienaventurados los que oyen la palabra de Dios, y la guardan”.

La bendición se recibe cuando aplicas la Palabra de Dios en tu vida. “Si sabéis estas cosas, bienaventurados seréis, si las hiciereis”.


“Gracia y Paz”
Un Versículo de la Biblia cada Día



¡SOLO DIOS SE MERECE NUESTRA ADORACIÓN!



Daniel 3:1-7
“El rey Nabucodonosor hizo una estatua de oro cuya altura era de sesenta codos, y su anchura de seis codos; la levantó en el campo de Dura, en la provincia de Babilonia. Y envió el rey Nabucodonosor a que se reuniesen los sátrapas, los magistrados y capitanes, oidores, tesoreros, consejeros, jueces, y todos los gobernadores de las provincias, para que viniesen a la dedicación de la estatua que el rey Nabucodonosor había levantado. Fueron, pues, reunidos los sátrapas, magistrados, capitanes, oidores, tesoreros, consejeros, jueces, y todos los gobernadores de las provincias, a la dedicación de la estatua que el rey Nabucodonosor había levantado; y estaban en pie delante de la estatua que había levantado el rey Nabucodonosor. Y el pregonero anunciaba en alta voz: Mándase a vosotros, oh pueblos, naciones y lenguas, que al oír el son de la bocina, de la flauta, del tamboril, del arpa, del salterio, de la zampoña y de todo instrumento de música, os postréis y adoréis la estatua de oro que el rey Nabucodonosor ha levantado; y cualquiera que no se postre y adore, inmediatamente será echado dentro de un horno de fuego ardiendo. Por lo cual, al oír todos los pueblos el son de la bocina, de la flauta, del tamboril, del arpa, del salterio, de la zampoña y de todo instrumento de música, todos los pueblos, naciones y lenguas se postraron y adoraron la estatua de oro que el rey Nabucodonosor había levantado”.

El diablo siempre ha querido que a el se le de la adoración que le pertenece solo a Dios.

Isaías 14:14
“sobre las alturas de las nubes subiré, y seré semejante al Altísimo”.

Cuando el rey Nabucodonosor, (que es una figura del diablo) levantó la estatua para que todos la adoraran, es impresionante ver como utilizó la música para que al oírla todos se postrarán y la adoraran.

En nuestros días Satanás usa el mismo patrón de la música para atraer a las personas con sus ritmos y letras obscenas para que lo adoren. Hoy día hay un gran reto para los cristianos en todo el mundo y es precisamente la música que escuchan, la dizque “Música cristiana”, con letra ambigua y sensual, a la que le han quitado el sacrificio de Jesús, y la cual sólo ensalza a los que la cantan y al propio satanás. Y que más podemos agregar referente a los “Pastores” que con sus enseñanzas heréticas que solo buscan la exaltación y prosperidad personal. Todos estos adoradores del dios mammón.

Hubo en este pasaje bíblico de Daniel tres personajes que tenían muy claro a quién se debía de adorar y eran Ananías, (Sadrac) Misael, (Mesac) y Azarias, (Abed-nego), los cuales no adoraron la estatua levantada por Nabucodonosor y prefirieron el horno de fuego que negar sus convicciones. Dios recompensó a estos tres personajes por su valor de enfrentarse al propio rey  Nabucodonosor (Daniel 3:16-18).

Dios respaldó las palabras de fe de estos jóvenes valientes y se manifestó a ellos, apareciendo dentro del horno con ellos para cuidarlos de la llamas de ese horno. Este es, indudablemente,  un gran ejemplo para nosotros los cristianos que somos constantemente confrontados de similar forma por amigos, vecinos, familiares y otros muchos que con sus influencias quieren hacernos caer en el pecado y que adoremos a sus dioses.

Incluso Jesús fue tentado por el diablo para que lo adorara:

Lucas 4:6-8
“Y le dijo el diablo: A ti te daré toda esta potestad, y la gloria de ellos; porque a mí me ha sido entregada, y a quien quiero la doy. Si tú postrado me adorares, todos serán tuyos. Respondiendo Jesús, le dijo: Vete de mí, Satanás, porque escrito está: Al Señor tu Dios adorarás, y a él solo servirás”.

El problema de la gente de hoy es que no saben a quien adoran o a quien adorar, el Señor Jesucristo fue bien claro al decir: “al Señor tu Dios adorarás, y a El solo servirás”. Dios no quiere que adoremos otros dioses ni nada que nos separe de Él.

Dios busca y bendice a esa clase de personas que aún en medio de las pruebas difíciles no dejan de servirle y de adorarle, y que se levantan con una voz de fe, con una convicción clara en su ser de quien es Dios, y de que Él es el único Dios al que hay que adorar y por lo tanto pueden proclamar diciendo lo mismo que los tres jóvenes dijeron: 

Daniel 3:17-18
“He aquí nuestro Dios a quien servimos puede librarnos del horno de fuego ardiendo; y de tu mano, oh rey, nos librará. Y si no, sepas, oh rey, que no serviremos a tus dioses, ni tampoco adoraremos la estatua que has levantado”.

Adoremos pues y sirvamos al Señor con todo lo que tenemos y Él cuidará de cada una de nuestras necesidades.

Mateo 6:33
“Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas”.


“Gracia y Paz”



¿HAS NACIDO DE NUEVO?



Juan 3:1-7
“Había un hombre de los fariseos que se llamaba Nicodemo, un principal entre los judíos. Este vino a Jesús de noche, y le dijo: Rabí, sabemos que has venido de Dios como maestro; porque nadie puede hacer estas señales que tú haces, si no está Dios con él. Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios. Nicodemo le dijo: ¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? ¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre, y nacer? Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios. Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es. No te maravilles de que te dije: Os es necesario nacer de nuevo”.

Jesús le dice a Nicodemo que para ver el reino de Dios, "es necesario nacer de nuevo”. Y aquel que era fariseo, maestro de Israel y principal entre los judíos no entendió lo que el Señor quiso decirle. Realmente no es fácil entender la frase “nacer de nuevo”. No se trata de que en nuestras vidas se lleve a cabo un cambio cuando entramos en una relación con Cristo; es algo mucho más profundo. Se trata de que nuestra vieja manera de vivir termina y comienza una nueva vida en el Espíritu que es completamente distinta a la anterior.

Citare la historia de un hombre nacido en el norte de África. Durante su juventud vivió una vida lujuriosa e inmoral. Este hombre cuenta que en medio de esa vida de placeres sexuales y codicia había un constante vacío imposible de llenar. Un día conoció a Jesús, abrió a él su corazón y su vida cambió totalmente. Después de su conversión, este hombre renunció a todas sus posesiones, fundó un monasterio y se retiró por tres años a orar y meditar en la Palabra de Dios, y allí escribió varios libros y poemas. Este hombre dedicó el resto de su nueva vida a servir al Señor.

Harold Hughes fue un conocido político norteamericano, quien después de prestar servicio como gobernador del estado de Iowa fue elegido al Senado de los Estados Unidos. En su autobiografía, Hughes confiesa tristemente que en sus años de juventud fue “borracho, mentiroso y tramposo”. Después de tocar fondo, en medio de su vergüenza y desesperación, decidió cometer suicidio. Sin embargo, justo antes de apretar el gatillo de su pistola sucedió algo milagroso. Así lo describió Hughes: “Igual que un niño herido perdido en la tormenta, de repente había caído en los calurosos brazos de mi Padre” Y al experimentar la gracia perdonadora de Dios prometió: “Señor, haré lo que me pidas”. Ese fue el comienzo de una nueva vida para Harold Hughes, una vida que sí valía la pena vivir.

Saulo de Tarso tuvo una experiencia similar cuando se dirigía a la ciudad de Damasco en gestiones para continuar su persecución de los cristianos. Allí en el camino se le apareció Jesús, y le dijo: “Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?” (Hechos 9:4). Entonces Saulo cayó rendido de rodillas, y “temblando y temeroso, dijo: Señor, ¿qué quieres que yo haga?” Desde ese instante la vieja vida de Saulo de Tarso dejó de existir, y en su lugar surgió la nueva vida de quien más tarde llegaría a hacer el gran apóstol Pablo, el cual escribió: “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas” (2 Corintios 5:17).

Pablo también dijo en su carta a los Gálatas: “Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí” (Gálatas 2:20). Este es el nuevo nacimiento del cual le habló Jesús a Nicodemo: morir a la vida pecaminosa de nuestra naturaleza carnal y comenzar a vivir la vida abundante que Jesucristo vino a ofrecernos. Cualquier persona, por muy derrotada y quebrantada que esté, puede experimentar este nuevo nacimiento creyendo sinceramente en Jesucristo y abriendo a él su corazón en fe. Si no lo has hecho, y deseas comenzar una vida que valga la pena vivir, abre tu corazón a Jesús ahora mismo e invítalo a entrar.

ORACIÓN:
Querido Padre celestial, gracias por el milagro del nuevo nacimiento a través de la muerte y resurrección de tu Hijo Jesús. Ayúdame a morir a mi vida de pecado y comenzar a vivir esa vida abundante que tu amado Hijo vino a traernos. En su santo nombre, Amén.

“Gracia y Paz”

Dios te Habla

¡SE FELIZ!



Puedes tener defectos, ansiedad, irritación, tristeza; vivir fracasos, frustraciones, decepciones, desamores; pero nunca te olvides de que “Yahveh Dios te sostiene de tu mano derecha y te dice: No temas, yo te ayudo” (Isaías 41:13).

Recuerda siempre que ser feliz no es tener un cielo sin tempestades, ni caminos sin accidentes, o trabajos sin cansancio, ni relaciones sin decepciones.

A pesar de todas tus malas circunstancias, siempre habrá personas que te respetan, que te aprecian, que te admiran, que te quieren, que te aman.

Ten en cuenta que la vida que Dios te presta es la mayor empresa del mundo. Solo con ÉL podrás evitar que vaya en decadencia.

Ser feliz es encontrar fuerza en el perdón, esperanza en las batallas, seguridad en el palco del miedo, amor en los desencuentros.

Ser feliz no es solo valorizar la sonrisa, sino también reflexionar sobre la tristeza.

No es apenas conmemorar el suceso, sino aprender lecciones en los fracasos.

No es apenas tener alegría con los aplausos, sino encontrar alegría en el anonimato.

Ser feliz es reconocer que vale la pena vivir la vida, a pesar de todos los desafíos, incomprensiones y períodos de crisis.

Ser feliz no es una fatalidad del destino, sino una conquista de quien sabe viajar para adentro de su propio ser.

Ser feliz es dejar de ser víctima de los problemas y volverse un actor de la propia historia.

Es atravesar desiertos fuera de si, mas ser capaz de encontrar un oasis en lo recóndito de nuestra alma.

Es agradecer a Dios cada mañana por el milagro de la vida.

Ser feliz es no tener miedo de los propios sentimientos.

Es saber hablar de si mismo.

Es tener coraje para oír un “No”.

Es tener seguridad para recibir una critica, aunque sea injusta.

Es besar a los hijos, mimar a los padres y tener momentos poéticos con los amigos, aunque ellos nos hieran.

Ser feliz es dejar vivir a la criatura libre, alegre y simple que vive dentro de cada uno de nosotros.

Es tener madurez para decir “Me equivoqué”.

Es tener la humildad para decir “Perdóname” cuantas veces sea necesario.

Es tener sensibilidad para expresar “Te necesito”.

Es tener capacidad de decir “Te amo”.

Que tu vida se vuelva un jardín de oportunidades para ser feliz…

Que en tus primaveras seas amante de la alegría.

Que en tus inviernos seas amigo de la sabiduría.

Y que cuando te equivoques en el camino, comiences todo de nuevo.

Pues así serás cada vez mas apasionado por la vida y descubrirás que ser feliz no es tener una vida perfecta...

Si no usar las lágrimas para regar la tolerancia.

Usar las perdidas para refinar la paciencia.

Usar las fallas para esculpir la serenidad.

Usar el dolor para lapidar el placer.

Usar los obstáculos para abrir las ventanas de la inteligencia.

Jamás desistas de las personas que amas.

Jamás desistas de ser feliz, pues la vida es un espectáculo maravilloso e imperdible.

Jamás desistas de mantener activa tu relación personal con Dios.

Jamás desistas de tener a Dios en todos los asuntos de tu vida.


Juan 10:10 “El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia”.

Juan 15:5-8
“Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer. El que en mí no permanece, será echado fuera como pámpano, y se secará; y los recogen, y los echan en el fuego, y arden. Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queréis, y os será hecho. En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto, y seáis así mis discípulos”.

2 Corintios 9:8
“Y poderoso es Dios para hacer que abunde en vosotros toda gracia, a fin de que, teniendo siempre en todas las cosas todo lo suficiente, abundéis para toda buena obra”

1 Corintios 10:31
“…hacedlo todo para la gloria de Dios”.



“Gracia y Paz”

Mensajes que Edifican

¿TIENES TÚ ALGÚN TIPO DE PREJUICIO DE LOS DEMÁS?



Juan 1:45-46
"Felipe halló a Natanael, y le dijo: Hemos hallado a aquél de quien escribió Moisés en la ley, así como los profetas: a Jesús, el hijo de José, de Nazaret. Natanael le dijo: ¿De Nazaret puede salir algo bueno? Respondió Felipe: Ven y ve".

El pasaje de hoy presenta una pregunta y una respuesta. Ambas provienen de hombres sinceros y de buenos principios. Natanael, un hombre devoto; Felipe, un honesto discípulo de Jesús. Pero Natanael reaccionó en este caso con prejuicio. Si Felipe le hubiera dicho que Jesús venía de Roma o de Jerusalén, probablemente Natanael hubiera reaccionado de manera diferente. Pero, ¿de Nazaret? ¿Podría salir algo bueno de esa ciudad pequeña e insignificante?

Según el diccionario, "prejuicio" es: "Juicio u opinión, generalmente negativo, que se forma de antemano y sin el conocimiento necesario". La Biblia nos dice en Mateo 7:1: “No juzguéis, para que no seáis juzgados” Es decir, no debemos prejuzgar, pues ni siquiera nos hemos tomado la molestia de reunir alguna información y analizarla antes de llegar a una conclusión. Muchas veces hemos sido víctimas de prejuicios, ya sea basados en nacionalidad, o raza, o sexo, o religión, o edad. Otras veces hemos sido nosotros los que hemos actuado con prejuicio. De cualquier manera el prejuicio es totalmente incorrecto, no agrada al Señor y debemos evitarlo.

El prejuicio tiene diferentes raíces. A veces tenemos prejuicios por ignorancia. No conocemos el asunto, ni tampoco nos interesamos por saber. Simplemente condenamos. Otras veces tenemos prejuicios porque fuimos educados así y las tradiciones controlan nuestra manera de actuar. A veces, el prejuicio nace del orgullo. Consideramos que nuestras opiniones son superiores a las de los demás, y no estamos dispuestos a ceder ni un milímetro. También podemos actuar con prejuicios porque no salimos del círculo de personas que piensan igual a nosotros, y no damos valor a aquellos que piensan de manera diferente. Muchas pueden ser las causas del prejuicio, pero una vez lo reconocemos debemos tratar de eliminarlo de nuestras vidas.

¿Cómo podemos eliminar el prejuicio? Felipe le dijo a Natanael: “Ven y ve”. O sea, “Experimenta por ti mismo. Analiza y emite un juicio a partir de tu experiencia personal y no a partir de lo que pensabas con anterioridad”. Cuando Natanael llegó con Felipe adonde Jesús se encontraba, y tuvo la oportunidad de conocer personalmente al Señor y escucharle hablar, entonces, dice Juan 1:49, “Respondió Natanael y le dijo: Rabí, tú eres el Hijo de Dios; tú eres el Rey de Israel”.

Trata siempre de conocer a la persona por la que has sentido algún prejuicio. Muchas veces una cierta actitud en una persona ha hecho que nos formemos un concepto equivocado de ella, y después de un tiempo de tratarla nos hemos dado cuenta del error. Quizás estaba pasando por una situación muy difícil, o quizás es muy tímida, o tiene algún trauma psicológico por problemas de la niñez. En fin, puede haber un sinnúmero de causas en el comportamiento de una persona que no tienen nada que ver con sus principios, o sus sentimientos, o sus intenciones. Pero por encima de todo esto envuélvete en el espíritu que nos describe Filipenses 2:3: “Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo”. Actuando de esta manera estarás rechazando todo prejuicio y permitiendo que el Espíritu Santo controle tus emociones, tus pensamientos y tu manera de actuar.

Si te encuentras en una situación en la que sientes que estás actuando con prejuicio, o si sientes que alguien está actuando contigo prejuiciosamente, pide al Señor que tome control de tu mente y tu corazón, y que te dé discernimiento espiritual para identificar y rechazar todo concepto equivocado. Ora por esa persona, y pide a Dios que te de la oportunidad de ministrarla en su nombre.

ORACIÓN:
Padre santo, te ruego que eches fuera de mí todo prejuicio o concepto mal fundado que tenga yo de las personas, y que tu Espíritu Santo me ayude a tratar a todos los que me rodean con amor y humildad, estimándolos como superiores a mí. Que todos puedan ver en mí el carácter y el corazón de Cristo. Te lo pido en el nombre de Jesús, Amén.

“Gracia y Paz”
Dios te Habla

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martes, 30 de julio de 2013

“YO DECLARO, YO DECRETO, YO ESTABLEZCO”



Seguramente haz escuchado personas verbalizando oraciones que incluyen frases como “Yo declaro, Yo decreto, Yo establezco” Seguramente te sorprenderás pero Nadie oró de esta manera en la Biblia.

¿Pero entonces de donde sale esta forma de orar?

De la enseñanza de los tele-evangelistas carismáticos. Sin embargo esta forma de orar NO ES BÍBLICA.

A muchos cristianos ingenuos, se les ha enseñado que “en sus bocas hay un milagro” como dicen varios tele-evangelistas carismáticos, repitiendo este mantra continuamente antes de comenzar sus predicas.

El problema es que detrás de esa falsa creencia, esta el error de creer que nosotros “somos mini-dioses” puesto que como somos hijos de Dios, entonces somos una especie de dioses, y que cuando hablamos tenemos poder para crear, tal como DIOS mismo lo hizo.

La filosofía detrás de esa enseñanza es que debemos imitar a Dios, para este punto se basan en Efesios 5:1, y dicen que siendo que Dios en la creación hablo y fue hecho, los hijos de Dios debemos imitar a Dios creando cosas por medio de nuestras palabras y entonces estas vendrán a la existencia.

Sin embargo ese pensamiento, no solamente es ABSURDO, si no que es una BLASFEMIA.

La Biblia es clara cuando afirma:

“Porque hay UN SOLO DIOS, y también un solo Mediador entre Dios y los hombres, Cristo Jesús hombre” (1 Timoteo 2:5).

Adicionalmente, esta falsa creencia de que somos DIOSES es la antigua tentación que satanás vendió a Adán y Eva, “y ustedes serán como Dios” (Génesis 3:5). La cual nació primero en el corazón del diablo “Me haré semejante al Altísimo” (Isaías 14:14b).

Observemos lo que opinó el Señor DIOS, sobre el príncipe de Tiro quien también asumió la misma actitud y deseo de satanás:

“Hijo de hombre, di al príncipe de Tiro: Así ha dicho Jehová el Señor: Por cuanto se enalteció tu corazón, y dijiste: Yo soy un dios, en el trono de Dios estoy sentado en medio de los mares (siendo tú hombre y no Dios), y has puesto tu corazón como corazón de Dios” (Ezequiel 28:2).

“Por tanto, así ha dicho Jehová el Señor: Por cuanto pusiste tu corazón como corazón de Dios, por tanto, he aquí yo traigo sobre ti extranjeros, los fuertes de las naciones, que desenvainarán sus espadas contra la hermosura de tu sabiduría, y mancharán tu esplendor. Al sepulcro te harán descender, y morirás con la muerte de los que mueren en medio de los mares. ¿Hablarás delante del que te mate, diciendo: Yo soy Dios? Tú, hombre eres, y no Dios, en la mano de tu matador. De muerte de incircuncisos morirás por mano de extranjeros; porque yo he hablado, dice Jehová el Señor” (Ezequiel 28:6-10).

Es claro que el Señor DIOS no toma por inocente al que se enaltece, pensando en su corazón que es una especie de Dios, sentado en un trono con capacidad de DECLARAR, DECRETAR o DICTAR SENTENCIAS. Esa actitud irreverente, es usurpar la Soberanía absoluta de Dios. Tarde o temprano, la justicia del Señor Dios será manifestada sobre quien tal haga.

Como otros han notado, el pensamiento carismático-apostólico esta enraizado en la enseñanza de la Ley de la Atracción y de la Confesión Positiva, esbozada en libros como El Secreto, las creencias de la Nueva Era y en la doctrina Metafísica Práctica de Afirmaciones y Decretos.

Otra declaración de metafísica afirma: “Cuando uno decreta algo, lo está haciendo con autoridad sobre si mismo y sobre su propio mundo. Debemos tener en cuenta de que por ser hijos de Dios tenemos sus mismos poderes, y por lo tanto somos creadores. Esto significa que nosotros mismos decidimos que es lo que actúa en nuestro propio mundo”.

Así que la enseñanza carismático-apostólico-profética de las confesiones y decretos tiene su fundamento en la doctrina de Decretos y Afirmaciones de la Metafisica, No en la Biblia.

En un contraste muy marcado en la Biblia, El Único que puede Decretar, Declarar, y Establecer es el Único Dios Verdadero.

El mismo, hace la pregunta: “¿Quién encerró con puertas el mar, cuando se derramaba como saliendo del vientre; cuando puse yo nubes por vestidura suya, y por su faja oscuridad; y establecí sobre él mi decreto, y le puse puertas y cerrojo” (Job 38:8-10).

Los creyentes en Cristo podemos orar, pedir para que su mano intervenga. Ese es el patrón Bíblico.

En el Nuevo Testamento, nadie dijo “Yo decreto”, mas bien cuando fueron perseguidos clamaron a Dios.

“Y ellos, habiéndolo oído, alzaron unánimes la voz a Dios, y dijeron: Soberano Señor, tú eres el Dios que hiciste el cielo y la tierra, el mar y todo lo que en ellos hay” (Hechos 4:24).

“Para hacer cuanto tu mano y tu consejo habían antes determinado que sucediera. Y ahora, Señor, mira sus amenazas, y concede a tus siervos que con todo denuedo hablen tu palabra” (Hechos 4:28-29).

He aquí el resultado de la oración Bíblica al Único Rey Soberano:

“Cuando hubieron orado, el lugar en que estaban congregados tembló; y todos fueron llenos del Espíritu Santo, y hablaban con denuedo la palabra de Dios” (Hechos 4:31).

Esa es la manera Bíblica de orar, no es “Yo declaro, Yo decreto, Yo establezco” como enseña con arrogancia la “Metafísica Carismático-Apostólica”, es apelar al Señor, Amo, Creador y Rey soberano de toda criatura, para que EL DECLARE, EL DECRETE y EL ESTABLEZCA.

La Biblia afirma:

“Tú solo eres Jehová; tú hiciste los cielos, y los cielos de los cielos, con todo su ejército, la tierra y todo lo que está en ella, los mares y todo lo que hay en ellos; y tú vivificas todas estas cosas, y los ejércitos de los cielos te adoran” (Nehemías 9:6).

Solo Dios el creador, es el Señor soberano sobre todas sus criaturas.

Dios es Dios, y nosotros somos solo humanos. El único poder esta en la boca de Dios. aprendamos a orar y a expresarnos de una manera Bíblica y abandonemos las practicas que no lo son.


“Gracia y Paz”

Aprendiendo la Sana Doctrina