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lunes, 20 de abril de 2015

¡ERES IMPORTANTE PARA DIOS!



Génesis 1:26-27
“Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra. Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó”.

Un conocido autor cristiano escribió: “No hay gente corriente. Tú nunca has hablado con un simple mortal”. Es cierto, cada ser humano es una creación especial de Dios. Él nos creó a su imagen y semejanza. Él nos hizo para que pudiéramos disfrutar de su creación, pudiéramos amar, y reír, y conocerle a él personalmente.

¡Ciertamente tú eres especial! Créelo o no, nadie en todo el mundo es exactamente como tú. Tu apariencia física, tu voz, tu personalidad, tu inteligencia, tus gustos, todo esto hace de ti un ser único. Hasta tus huellas digitales te diferencian de cualquier otro ser humano nacido en el presente o en el pasado o en el futuro. Y, ¿qué decir del ADN? Esta es una molécula que contiene la información genética que determina las características hereditarias de los seres vivientes. Muchos consideran su descubrimiento “el acontecimiento biológico más importante de los últimos cien años”.

Sin duda el salmista estaba haciendo referencia a este “descubrimiento” cuando, más de trescientos años antes del nacimiento de Jesucristo, escribió el Salmo 139. Dice el versículo 13: “Porque tú formaste mis entrañas; tú me hiciste en el vientre de mi madre” Y el v.16: “Mi embrión vieron tus ojos, y en tu libro estaban escritas todas aquellas cosas que fueron luego formadas, sin faltar una de ellas”. ¡Qué maravilla que desde el vientre de tu madre todas tus características habían sido determinadas! ¡Y Dios estaba consciente de todo! No eres el producto casual de alguna línea de ensamblaje en una factoría cósmica. En verdad eres un ser excepcional, creado por la gracia de Dios con un propósito específico. Sobre esto escribió el apóstol Pablo en su carta a los efesios: “Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras” (Efesios 2:10). Esta es una razón por la que Dios tiene un profundo interés en ti como persona. Él te hizo, te conoció desde antes de tu nacimiento, y desde entonces tiene planes específicos para ti, planes concebidos en amor para tu bienestar y tu prosperidad, según declara Jeremías 29:11.

A medida que profundizamos en el conocimiento de Dios y en su interés por nuestra felicidad, realmente comenzamos a entender lo terrible que es el pecado. El Señor nos ama entrañablemente, sin embargo con mucha frecuencia desobedecemos sus instrucciones, caminamos en nuestros propios caminos y le volvemos la espalda. Entonces sus planes para nuestras vidas son bloqueados y dejamos de recibir sus bendiciones. Pero aun en estas circunstancias somos especiales para Dios, y él continúa amándonos de la misma manera. Él nos sigue mirando como su preciosa creación que somos, a pesar de habernos alejado de su presencia. Por eso Dios ha provisto la manera de perdonarnos y eliminar los obstáculos que nos separan de él. Dice 1 Juan 1:9 que “si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad”.

Dios no es un insensible e indiferente soberano de los cielos. Él comparte nuestras tristezas, se preocupa por nosotros y nos considera suficientemente importantes para darnos su amor. De hecho, nos ama tanto que dio a su único hijo para que muriera por nuestros pecados. ¡Esto es verdadero amor! La Biblia dice: “En esto se mostró el amor de Dios para con nosotros, en que Dios envió a su Hijo unigénito al mundo, para que vivamos por él. En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados” (1 Juan 4:9-10).

Como tú y yo somos especiales para Dios, él quiere que nos alejemos del pecado y nos acerquemos a él para darnos una vida llena de paz y felicidad. ¿Puede haber algo más especial? Actúa cada día de tu vida con el deseo de agradar a Aquel para el cual tienes tanto valor.

ORACIÓN:
Gracias, Padre celestial, por haberme hecho una criatura especial por tu infinito amor y misericordia. Por favor, perdona mis pecados y ayúdame a acercarme cada vez más a ti, para poder disfrutar plenamente de los planes que tú tienes para mi vida. En el nombre de Jesús, Amén.

¡Gracia y Paz!

Dios te Habla

lunes, 4 de agosto de 2014

¿CÓMO HAS ESCUCHADO LA VOZ DE DIOS?



¿CÓMO HAS ESCUCHADO LA VOZ DE DIOS?

1 Reyes 19:11-13
“El le dijo: Sal fuera, y ponte en el monte delante de Jehová. Y he aquí Jehová que pasaba, y un grande y poderoso viento que rompía los montes, y quebraba las peñas delante de Jehová; pero Jehová no estaba en el viento. Y tras el viento un terremoto; pero Jehová no estaba en el terremoto. Y tras el terremoto un fuego; pero Jehová no estaba en el fuego. Y tras el fuego un silbo apacible y delicado. Y cuando lo oyó Elías, cubrió su rostro con su manto, y salió, y se puso a la puerta de la cueva. Y he aquí vino a él una voz, diciendo: ¿Qué haces aquí, Elías?”

El capítulo 19 del Primer libro de los Reyes nos muestra al profeta Elías en una situación muy difícil. Había recibido un mensaje de Jezabel, la mujer del rey Acab, amenazándolo de muerte después de que ella se enteró de lo que Elías había hecho con los cuatrocientos cincuenta profetas de Baal, a los cuales él “había matado a espada” (v.1-2). Elías sintió mucho miedo y huyó para salvar su vida. “Y se metió en una cueva, donde pasó la noche” (v.9). Estando Elías parado en el monte, vio la grandeza y la majestad de Dios en el viento y en el terremoto y en el fuego, pero realmente no descubrió nada hasta que todo estuvo en calma y en silencio. Entonces escuchó la dulce y apacible voz del Señor.

El Aeropuerto Internacional de Denver es el aeropuerto más grande de los Estados Unidos y el tercer aeropuerto más grande del mundo. Este aeropuerto fue inaugurado en febrero de 1995, sustituyendo al viejo Aeropuerto Stapleton, el cual fue clausurado cuando inauguraron el nuevo. Tres meses después de la clausura de este aeropuerto, varios cientos de personas dieron una gran fiesta para celebrar algo que no habían disfrutado durante años: el silencio. Uno de los vecinos dijo: “Tal parece como si nos hubiésemos mudado para otro lugar. Ahora podemos sostener una conversación, escuchar la televisión, y trabajar en el patio sin que los oídos estén a punto de estallar por tanto ruido”.

El mundo actual está lleno de ruidos de todo tipo. Hay demasiados aviones, automóviles, cortadoras de hierba, televisores, teléfonos, etc., etc. Es muy fácil que nos sintamos atormentados en medio del bullicio que nos rodea. En estas condiciones resulta sumamente difícil escuchar la voz de Dios, mucho menos llegar a conocerle íntimamente. El Salmo 46:10 dice: “Estad quietos, y conoced que yo soy Dios”. El Señor nos exhorta a permanecer tranquilos y en silencio si queremos conocerlo. No podremos conocer a nuestro Padre celestial si no acallamos primeramente el escándalo y las distracciones de este mundo, y disponemos el corazón para escuchar la dulce voz de su Espíritu.

Cuando huimos de esos ruidos y nos apartamos para pasar un tiempo de tranquilidad, meditando en la palabra de Dios, buscando su rostro en oración, dejando que el Espíritu Santo nos lleve a niveles espirituales profundos, allí, en silencio, podremos escuchar la voz del Señor y llegar a conocerlo íntimamente. Allí está la respuesta de Dios para ti. Allí está la paz que tú necesitas. Búscala cada día de tu vida.

ORACIÓN:
Padre santo, cuánto anhelo y cuánto necesito escuchar tu voz y sentir tu paz en mi corazón. Ayúdame a encontrar ese momento y ese lugar en el que, en silencio y quietud, yo pueda irte conociendo más y más cada día. Te lo pido en el nombre de Jesús, Amén.

¡Gracia y Paz!

Dios te Habla

jueves, 5 de diciembre de 2013

¿PUEDES IDENTIFICAR LA VOZ DE DIOS?


1 Reyes 19:11-13
"Y he aquí Jehová que pasaba, y un grande y poderoso viento que rompía los montes, y quebraba las peñas delante de Jehová; pero Jehová no estaba en el viento. Y tras el viento un terremoto; pero Jehová no estaba en el terremoto. Y tras el terremoto un fuego; pero Jehová no estaba en el fuego. Y tras el fuego un silbo apacible y delicado. Y cuando lo oyó Elías, cubrió su rostro con su manto, y salió, y se puso a la puerta de la cueva. Y he aquí vino a él una voz, diciendo: ¿Qué haces aquí, Elías?”

El profeta Elías había recibido amenazas de muerte de parte de Jezabel, mujer del rey Acab, debido a que él había matado a todos los profetas de Baal. Temiendo por su vida, Elías huyó y se metió en una cueva. Este pasaje nos cuenta que allí Elías oyó el ruido del intenso viento, después sintió el poder del terremoto y tras el terremoto presenció el ardiente fuego, pero en ningún momento escuchó la voz de Dios. Entonces hubo “un silbo apacible y delicado”, y Elías salió, y se puso a la puerta de la cueva. Fue entonces que escuchó la voz del Señor, quien le dio instrucciones claras de lo que tenía que hacer.

El libro Cantar de los Cantares describe la pasión de dos amantes que buscan comprenderse entre sí y profundizar su amor. En el capítulo 5, versículo 2, la novia dice: “Yo dormía, pero mi corazón velaba. Es la voz de mi amado que llama: Ábreme, amada mía...” De manera similar nuestro amante Padre celestial está siempre hablando, llamando y buscando entrar en nuestras vidas. Dios espera encontrar nuestros corazones despiertos, aun cuando estamos dormidos. Sin embargo, nuestros intranquilos corazones se inclinan a buscar nuevos amantes. ¡Son tantas las voces que llenan nuestra mente! ¿Alguna vez has estado solo, escuchando esas voces interiores? ¿Te resultó fácil identificar la voz de tu Padre?

En Juan capítulo 10, la Biblia habla de los pastores de ovejas de aquellos tiempos y su relación con sus ovejas. Dice que cuando el pastor sacaba sus ovejas del corral, “va delante de ellas; y las ovejas le siguen, porque conocen su voz” (v.4) ¿Y por qué razón conocen su voz? Porque adquirieron el hábito de escucharlo por medio de la práctica diaria durante toda su vida. “Mas al extraño no seguirán, sino huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños” (v.5). Más adelante (v.11), Jesús dice: “Yo soy el buen pastor; el buen pastor su vida da por las ovejas”. Y finaliza diciendo: “Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen, y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano” (v.27-28).

En Apocalipsis 3:20 el Señor hace una invitación a su iglesia: “He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo”. En aquellos tiempos el desayuno y el almuerzo se tomaban de manera similar a los tiempos actuales. Cada miembro del hogar desayunaba un poco a la carrera a medida que iban saliendo para el trabajo. El almuerzo lo tomaban en cualquier lugar donde se encontraban a esa hora. Pero la cena era algo muy distinto. Todos juntos se sentaban a la mesa y como no había televisión, ni cine, ni otras actividades nocturnas, aquel era el momento en que la familia podía sentarse a compartir y conversar acerca de las actividades del día, tranquilamente, sin apuros. Era un rato de verdadera comunión. Cuando el Señor habla de cenar con aquel que abra la puerta de su corazón, realmente está hablando de una íntima comunión. Está mostrando su deseo de relacionarse con cada uno de nosotros de una manera sincera, profunda, especial.

El Salmo 46:10 nos dice: “Estad quietos y conoced que yo soy Dios”. No podemos conocer a nuestro Dios sin antes cerrar la puerta al ruido y las distracciones de este mundo, y buscar la quietud y la tranquilidad. Es necesario desarrollar el hábito de aquietarnos, para oír a Dios cuando nos habla. Es imprescindible separar un tiempo diariamente, en el que podamos aislarnos del bullicio y la constante inquietud del mundo y entregarnos por completo a buscar el rostro del Señor y tratar de escuchar su voz. A través de esta práctica diaria llegará un momento en que nos resultará fácil identificar la voz de Dios.

ORACIÓN:
Padre amado, te ruego afines mi oído espiritual para que yo pueda reconocer tu voz cuando me hablas y así conocer tu voluntad en mi vida. Y dame la fuerza y el valor para obedecerla siempre. En el nombre de Jesús, Amén.

“Gracia y Paz”

Dios te Habla

viernes, 29 de noviembre de 2013

¿CREES TÚ QUE ACTÚAS CON SABIDURÍA?



Santiago 3:13–18
“¿Quién es sabio y entendido entre vosotros? Muestre por la buena conducta sus obras en sabia mansedumbre. Pero si tenéis celos amargos y contención en vuestro corazón, no os jactéis, ni mintáis contra la verdad; porque esta sabiduría no es la que desciende de lo alto, sino terrenal, animal, diabólica. Porque donde hay celos y contención, allí hay perturbación y toda obra perversa. Pero la sabiduría que es de lo alto es primeramente pura, después pacífica, amable, benigna, llena de misericordia y de buenos frutos, sin incertidumbre ni hipocresía. Y el fruto de justicia se siembra en paz para aquellos que hacen la paz”.

En el verano de 1986, dos barcos chocaron en el Mar Negro del lado de la costa de Rusia, arrojando cientos de pasajeros a las heladas aguas y causando una trágica pérdida de vidas humanas. La noticia del desastre fue más lamentable aun cuando una investigación reveló que el accidente fue causado por terquedad humana. Los dos capitanes estaban concientes de la presencia del otro barco, y ambos pudieron haber cambiado el rumbo para prevenir el choque. Pero ninguno quiso ceder. Cuando se dieron cuenta del error de sus acciones, fue demasiado tarde. ¿Cómo es posible que, sabiendo ambos las posibles consecuencias de su terca actitud, continuaran el rumbo que finalmente los llevó a tan terrible tragedia?

La respuesta a esta pregunta la encontramos en el pasaje de hoy. Según el apóstol Santiago, la buena conducta es reflejo de sabiduría “que desciende de lo alto”. La actitud de los dos capitanes de la historia evidentemente no fue guiada por sabiduría de lo alto, sino lo que dio lugar a su comportamiento fue sabiduría “terrenal, animal, diabólica”. La raíz del problema está en el corazón. Dice el texto bíblico que “donde hay celos y contención, allí hay perturbación y toda obra perversa”. Los celos y los sentimientos de contienda o ambición personal en el corazón, generalmente dan lugar a la soberbia, y ésta a la terquedad característica del tipo de actitud que mostraron los capitanes de los dos barcos. Asimismo, la ambición personal y la soberbia condujeron a que Lucifer cayera del cielo, porque quiso ser “semejante al Altísimo” (Isaías 14:14), y a que Adán y Eva cayeran en pecado en el huerto del Edén, cuando la serpiente sedujo a la mujer diciéndole: “Seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal” (Génesis 3:5).

La soberbia nos separa de Dios, y crea una barrera que nos impide disfrutar de su gracia, de su amor y de todas sus bendiciones. “Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes”, dice Santiago 4:6. Tenemos el caso del rey Saúl, el cual después que desobedeció las órdenes que Dios le había dado con el fin de castigar a Amalec y su pueblo, fue confrontado por el profeta Samuel (1 Samuel 15). Pero Saúl se mantuvo en actitud arrogante tratando de justificar su comportamiento, en vez de reconocer su error humildemente. Resultado: fue desechado por Dios, y quitado del trono de Israel. Aquí se cumplió lo que dice Proverbios 16:18: “Antes del quebrantamiento es la soberbia, y antes de la caída la altivez de espíritu.”

¿Cómo podemos impedir que los celos, la contienda, la ambición personal y la soberbia den lugar a situaciones trágicas en nuestras vidas? Debemos recurrir a “la sabiduría que es de lo alto”, la cual, dice el pasaje de hoy, “es primeramente pura, después pacífica, amable, benigna, llena de misericordia y de buenos frutos, sin incertidumbre ni hipocresía”. Eso dará lugar a un estado de paz y armonía en nuestros corazones, no de guerra y destrucción. Y podremos actuar como sabios y entendidos.

Lee la Biblia y busca el rostro del Señor en oración día tras día, y pídele que te dé sabiduría de lo alto, y él te la dará abundantemente. Así dice Santiago al principio de su epístola: “Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada” (Santiago 1:5).

ORACIÓN:
Padre santo, gracias por todo lo recibo de ti sin merecerlo; perdóname por los celos, la contienda, la ambición personal y la soberbia que aún tengo en mi vida, perdóname si por causa de estos defectos he actuado con soberbia y altivez lastimando a otros y dando muy mal testimonio de Cristo; por favor dame la sabiduría que es de lo alto y la inteligencia espiritual para discernir tu voluntad en mi vida y actuar siempre en obediencia a tus principios, y no de acuerdo a mis pasiones y deseos. En el nombre de Jesús, Amén.


“Gracia y Paz”
Dios te Habla


martes, 5 de noviembre de 2013

¿QUÉ ESTOY ESPERANDO?



Salmo 39:7
“Y ahora, Señor, ¿qué esperaré? Mi esperanza está en ti”.  

Hebreos 4:7.
“Si oyereis hoy su voz, no endurezcáis vuestros corazones”.

Quizás tu estés esperando días mejores. A veces la vida es muy difícil, y a menudo adoptamos la actitud desilusionada de los que dicen: «Con un poco de suerte, todo irá mejor mañana…».

¿Una vida sin problemas? Todos alimentamos las mismas esperanzas: tener salud, prosperidad material, felicidad familiar, éxito… ¿Qué espero de la vida? Más allá de las dificultades y de las alegrías del momento presente, me gustaría tener éxito. No pedí nacer, pero tampoco quiero morir. Entonces, ¡que la vida me dé toda la felicidad que me debe!

Pero, ¿merecemos esa felicidad? ¿Sabes tu que existe otra esperanza? La Biblia la califica como buena, dichosa, segura y gloriosa. Es la esperanza que Dios nos da en Jesucristo. ¡Para el que cree en Jesucristo y en la salvación que él ofrece mediante su sacrificio, todo se vuelve nuevo y seguro!

Amado Amigo(a) no esperes más tiempo para volverte a Dios. Hoy es el momento preciso para hacerlo, pues el mañana no nos pertenece. Cada instante lejos de Dios es un instante perdido para siempre. Dios mismo te está esperando. ¡Di sí a su amor! ¡Ve a él! Pon en sus manos toda tu vida. ¡Él quiere llenarla!

¿Qué responderás tu? ¿Es demasiado simple aceptar el don de Dios? “No sabéis lo que será mañana” (Santiago 4:4). “No te jactes del día de mañana; porque no sabes qué dará de sí el día” (Proverbios 27:1).


“Gracia y Paz”

La Buena Semilla

jueves, 31 de octubre de 2013

¿NECESITAS CUIDADO Y PROTECCIÓN?



Salmo 121
“Alzaré mis ojos a los montes; ¿De dónde vendrá mi socorro? Mi socorro viene de Jehová, que hizo los cielos y la tierra. No dará tu pie al resbaladero, ni se dormirá el que te guarda. He aquí, no se adormecerá ni dormirá el que guarda a Israel. Jehová es tu guardador; Jehová es tu sombra a tu mano derecha. El sol no te fatigará de día, ni la luna de noche. Jehová te guardará de todo mal; él guardará tu alma. Jehová guardará tu salida y tu entrada desde ahora y para siempre”.

Una vieja leyenda de los indios Cherokee cuenta que cuando un varón se encuentra en esa etapa de su vida en que está pasando de la adolescencia a la adultez, se lleva a cabo el siguiente ritual: Al anochecer, el padre lleva al jovencito al bosque con los ojos vendados y lo deja solo. El muchacho tiene la obligación de sentarse en el tronco de un árbol toda la noche y no puede quitarse la venda hasta que los rayos del sol brillen en la mañana. El joven no puede pedir auxilio a nadie y una vez que sobrevive la noche, ya es un hombre. Como es natural, durante este proceso el muchacho está aterrorizado pues durante toda la noche ha estado escuchando toda clase de ruidos. Bestias salvajes que han rondado a su alrededor, quizás incluso algún ser humano que pudo haberle hecho daño. Ha escuchado el viento soplar y la hierba crujir, y él se ha mantenido sentado estoicamente en el tronco de un árbol sin quitarse la venda, pues es la única manera en que puede llegar a ser un hombre. El joven no puede hablar con los otros muchachos acerca de esta experiencia, pues cada uno debe entrar en la masculinidad por su propia cuenta. Finalmente, después de la horrible noche el sol aparece, y al quitarse la venda es entonces cuando descubre a su padre sentado junto a él. Su padre ha velado toda la noche para proteger a su hijo de cualquier peligro.

Muy interesante esta leyenda. Ella nos muestra el amor y la preocupación de un padre por la seguridad de su hijo. La Biblia también nos habla de un Padre que nos ama tanto que dio a su único hijo “para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3:16). Cuando recibimos a su Hijo Jesucristo como nuestro Salvador somos “hechos hijos de Dios”, dice Juan 1:12. Nuestro Padre celestial nos ama y nos protege constantemente, tanto de día como de noche, cualesquiera sean las circunstancias que nos rodean. El pasaje de hoy nos dice que él nunca se “adormecerá ni dormirá” mientras nos guarda. Él es nuestro guardador, nuestro protector, nuestro defensor, nuestro proveedor. Podemos tener la absoluta seguridad de que él estará con nosotros “todos los días, hasta el fin del mundo” (Mateo 28:20). Por todo esto, no debemos temer, sino debemos estar tranquilos y confiados sabiendo que él nunca nos abandonará. Así dice Deuteronomio 31:6: “Esforzaos y cobrad ánimo; no temáis, ni tengáis miedo de ellos, porque Jehová tu Dios es el que va contigo; no te dejará, ni te desamparará”.

¿Sientes temor en medio de la oscura noche? ¿Te da miedo sentirte solo (o sola) en circunstancias difíciles? ¿Te da ansiedad la incertidumbre de tu situación? Quizás el salmista estaba experimentando sentimientos similares. Y entonces miró a los montes, allí donde estaba el templo de Jehová, y se preguntó a sí mismo: “¿De dónde vendrá mi socorro?” Y desde lo más profundo de su corazón salió la respuesta que quedó plasmada para siempre en este pasaje: “Mi socorro viene de Jehová, que hizo los cielos y la tierra”.

Confía en que tu Padre celestial está a tu lado, a toda hora, en todo momento. Confía en que él hizo los cielos y la tierra, por lo tanto tiene el poder para resolver tu problema por grande que sea. Confía en que él te ama y quiere lo mejor para ti. Tu socorro viene de él, y llegará a ti en el momento oportuno, de la manera exacta en que tú lo necesitas.

ORACIÓN:
Mi amante Padre celestial, gracias te doy por tu protección y tu cuidado. Ayúdame a mantener mi confianza en ti, aún en medio de las condiciones más terribles sabiendo que tú estás siempre a mi lado y nunca me desampararás. En el nombre de Jesús, Amén.


“Gracia y Paz”

Dios te Habla

viernes, 13 de septiembre de 2013

¿ERES TÚ LUZ PARA OTROS?



Efesios 5:8
"Porque en otro tiempo erais tinieblas, mas ahora sois luz en el Señor; andad como hijos de luz".

La fuerza de la luz es tan potente que su sola presencia, en un instante elimina toda oscuridad y tinieblas. La luz y la oscuridad no son compatibles, es decir no pueden existir las dos al mismo tiempo en un mismo lugar. En el mundo espiritual sucede lo mismo. La Biblia identifica el pecado con la oscuridad, y el reino de muerte y de maldad de Satanás con las tinieblas. En Efesios 6:12, el apóstol Pablo escribe: “Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes”. Por otro lado, Jesús dijo: “Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida” (Juan 8:12).

Aquí vemos el contraste entre las tinieblas y la luz en el mundo espiritual. Cristo pagó un precio muy alto en la cruz del Calvario para que podamos tener “la luz de la vida”, o sea vivir libres en el reino de la luz. El que vive lejos del Señor vive en las tinieblas, practicando las costumbres de las tinieblas y siguiendo el rumbo destructor de las tinieblas. El que ha creído que Jesucristo es el Hijo de Dios, y que vino al mundo con el propósito de dar su vida para que nosotros pudiésemos salir de las tinieblas a la luz, ése puede disfrutar de la luz y las bendiciones del Señor. Jesús dijo: “Yo, la luz, he venido al mundo, para que todo aquel que cree en mí no permanezca en tinieblas” (Juan 12:46). ¡Gloria a Dios!

Ahora bien, los que hemos conocido la luz de Dios, los que recibimos su protección y sus bendiciones tenemos responsabilidades. He aquí las palabras de Jesús para nosotros: “Vosotros sois la luz del mundo; una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder. Ni se enciende una luz y se pone debajo de un almud, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en casa. Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos” (Mateo 5:14-16).

Millones y millones de seres humanos en el mundo viven actualmente en las tinieblas, incluyendo muchos de tus vecinos, compañeros de trabajo y aún familiares tuyos. Muchos de ellos viven envueltos en falsas doctrinas, o pendientes del horóscopo, o de que les "tiren la suerte" con cartas, o consultan espiritistas o se gastan un dineral llamando a las "líneas psíquicas", todo esto con el fin de conocer las circunstancias presentes y futuras de sus vidas que ellos no pueden ver. Pero lo cierto es que seguirán sin ver nada, más bien aumentará su confusión y su oscuridad espiritual, pues todas estas cosas (aunque algunos creen que es juego) pertenecen al reino de las tinieblas. El resultado, generalmente, es desgracia y maldición para la familia.

La pregunta es: ¿y tú que vas a hacer? ¿De qué manera piensas afectar sus vidas positivamente? ¿Vas a continuar impasible? ¿O vas a actuar y andar como “hijo o hija de luz", como dice el pasaje de hoy?

La luz que está en ti, cuando es activada por el poder del Espíritu Santo, puede alumbrar esas almas y sacarlas de las tinieblas en que viven. Sólo tienes que tomar la decisión de ser instrumento de salvación para honra y gloria de nuestro Padre celestial. Si aun no lo has hecho, ¡decídete hoy! Dios está esperando.

ORACIÓN:
Gracias, Dios mío, porque en tu luz hay verdadera libertad espiritual. Gracias por sacarme de las tinieblas en que yo vivía. Te ruego que me capacites y me des el poder de tu Espíritu para ser un instrumento que tú uses para traer luz a la vida de aquellos que no te conocen y viven en tinieblas. En el nombre de Jesús, Amén.

“Gracia y Paz”

Dios te Habla

miércoles, 7 de agosto de 2013

¿ESTÁS USANDO EL PODER QUE HAY EN TI?


Mateo 5:13-16
“Vosotros sois la sal de la tierra; pero si la sal se desvaneciere, ¿con qué será salada? No sirve más para nada, sino para ser echada fuera y hollada por los hombres. Vosotros sois la luz del mundo; una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder. Ni se enciende una luz y se pone debajo de un almud, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en casa. Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos”.

Hace varios años un fuego destruyó un edificio en cuyo interior había varias toneladas de hielo. Investigaciones posteriores concluyeron que, aunque el edificio contenía miles de galones de agua, en realidad no causó ningún efecto en el fuego, pues el agua no se encontraba en estado líquido. Muchos cristianos tienen un problema similar. No obstante de ser bendecidos con toneladas de recursos para testificar, y para servir y para enfrentarse a todo tipo de problemas, actúan como si estuvieran en estado de “congelación” y no pueden utilizar esos recursos.

En el pasaje de hoy, Jesús dice que nosotros somos sal y luz, pero nos advierte del peligro de que la sal puede desvanecerse y la luz puede apagarse o permanecer oculta. La sal como condimento no es útil a menos que esté en contacto con la comida y se mezcle con ella. Entonces dará sabor a los alimentos insípidos o realzará el sabor de aquellos que tienen poco sabor. Jesús nos llama a “condimentar” la sociedad en su nombre mezclándonos con aquellos que no han probado el “sabor” del evangelio. La luz se hizo para que fuese visible a todos. Los “Cristianos anónimos”, los “creyentes secretos”, como muchos, tienen que dejarse ver y deben resplandecer con la luz de Cristo entre aquellos que viven en tinieblas. Este es el corazón del evangelio de Cristo.

Justo antes de la ascensión a los cielos, Jesús comisionó a los discípulos para que predicaran el evangelio por todo el mundo. Con ese fin les dio autoridad y poder diciendo: “Estas señales seguirán a los que creen: En mi nombre echarán fuera demonios; hablarán nuevas lenguas; tomarán en las manos serpientes, y si bebieren cosa mortífera, no les hará daño; sobre los enfermos pondrán sus manos, y sanarán” (Marcos 16:17, 18). El poder para hacer todas estas cosas nos ha sido dado a los cristianos por medio del Espíritu Santo que mora en nosotros. Así les prometió Jesús a los apóstoles en Hechos 1:8: “Recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra”. Después de recibir esta promesa, los discípulos se retiraron a un lugar aparte, y allí “perseveraban unánimes en oración y ruego”, dice Hechos 1:14. Hasta que, habiendo permanecido juntos en ese mismo espíritu, por primera vez se manifestó el Espíritu Santo, llenando con su poder a todos los que allí se encontraban. A partir de ese momento, los apóstoles predicaron con denuedo la Palabra de Dios, sanaron enfermos, echaron fuera demonios e hicieron muchas señales que glorificaron el nombre de Dios.

Si tú has aceptado a Jesucristo como tu salvador, tienes dentro de ti ese poder maravilloso, dice Efesios 1:13-14. Depende de ti que esté “congelado” si vives una vida de indiferencia espiritual, o activado si te entregas con pasión a la búsqueda de una íntima comunión con el Señor por medio de la constante oración y la lectura de la Biblia cada día de tu vida. Entonces podrás utilizarlo para predicar el evangelio, para hablar a otros de la salvación a través del sacrificio de Cristo, para alumbrar a los incrédulos por medio de tu testimonio, para sanar enfermos y echar fuera demonios en el nombre de Jesús, para enfrentarte a los problemas de la vida y obtener la victoria, para que en todo lo que hagas sea glorificado el nombre del Señor.

ORACIÓN:
Padre santo, te doy gracias por el poder que has depositado en mí. Te ruego me ayudes a desarrollarlo al máximo para que yo pueda usarlo cada día de mi vida para llevar adelante tus planes y que tu nombre sea honrado y glorificado. En el nombre de Jesús, Amén.

“Gracia y Paz”
Dios te Habla

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martes, 6 de agosto de 2013

¿HAS DECIDIDO ESPERAR EN EL SEÑOR?



Salmo 25:4-5
“Muéstrame, oh Jehová, tus caminos; enséñame tus sendas. Encamíname en tu verdad, y enséñame, porque tú eres el Dios de mi salvación; en ti he esperado todo el día”.

Una vez hemos tomado la decisión de esperar en el Señor, debemos ser muy cuidadosos, pues el enemigo puede atacarnos, especialmente en estas áreas:

La primera es la tentación de volver atrás, y de nuevo enfrascarnos en la tarea de llevar a cabo nuestros propios planes. Esto nos llevaría en una dirección que está fuera de la voluntad de Dios para nuestras vidas, y por lo tanto nos alejaría de las bendiciones que el Señor ha preparado para nosotros al final del camino.

También hay ocasiones en las que, aun siguiendo el camino señalado por Dios, podemos cometer el error de ser impacientes. La impaciencia puede hacer que nos adelantemos al perfecto tiempo del Señor, y de esta manera interferir en sus planes. Dios pudo haber destruido las murallas de Jericó en un instante si hubiese querido, pero decidió hacerlo en siete días, después que el pueblo de Israel siguió sus instrucciones. Al séptimo día las murallas cayeron y Dios les entregó la ciudad de Jericó tal y como él lo había planeado (Josué capítulo 6). ¿Qué hubiera sucedido si Josué se impacienta y decide llevar a cabo el quinto día las instrucciones del séptimo día? Realmente no sabemos qué hubiera sucedido, sin embargo sí podemos saber lo que no hubiera sucedido. Con toda seguridad los planes de Dios no se hubieran llevado a cabo.

La inseguridad o el temor también pueden hacernos fallar y echar por el suelo los preciosos planes de Dios para nuestras vidas. Por eso debemos rechazar estos sentimientos en el nombre de Jesús. Cuando los israelitas llegaron frente a la Tierra Prometida, después de atravesar el desierto, Moisés, por orden de Dios, envió doce hombres a reconocer la tierra. A su regreso, diez de los doce espías dieron un informe totalmente negativo. Su temor y la inseguridad que sentían les hicieron verse a sí mismos como langostas delante de los habitantes de aquella tierra. De esta manera se expresaron frente al pueblo de Israel, transmitiendo a ellos el miedo que sentían de seguir adelante. Este fue el primer paso hacia la desgracia que cayó después sobre este pueblo.

Otra área sensible es la presión de otras personas. La gente tiende a tratar de imponer sus opiniones sobre nosotros, y a veces nos resulta difícil resistir. “Esta es la decisión correcta”, suelen decir. O “tengo la absoluta seguridad que esto es lo que debes hacer”. Sin embargo, por mucha lógica que parezca tener estos consejos, es la opinión de Dios la que debe prevalecer siempre. ¿Significa esto que no debemos escuchar los consejos de personas maduras espiritualmente? No, pero no debemos marchar adelante movidos por esos consejos hasta que tengamos confirmación del Señor. Los israelitas hicieron caso a aquellos hombres en lugar de mantenerse firmes en continuar adelante con el plan que Dios les había indicado por medio de Moisés. Resultado: ninguno de ellos pudo disfrutar de las bendiciones que el Señor tenía preparadas en la Tierra Prometida. Tiempo después, por medio del profeta Isaías, Dios le dijo a este pueblo rebelde: “¡Oh, si hubieras atendido a mis mandamientos! Fuera entonces tu paz como un río, y tu justicia como las ondas del mar” (Isaías 48:18).

El rey David pasó por difíciles experiencias en su vida. En muchos de sus salmos mostró su impaciencia con Dios, clamando que lo librara de sus enemigos, y exigiendo que los destruyera inmediatamente. Con el tiempo, David aprendió a reconocer y a esperar el tiempo del Señor, y siendo un anciano escribió este valioso consejo que puede sernos de gran utilidad: “Guarda silencio ante Jehová, y espera en él” (Salmo 37:7).

Si deseas disfrutar plenamente de las preciosas bendiciones que Dios tiene preparadas para ti, continúa esperando en él, y buscando cada día su dirección y el camino que debes seguir. Persiste en la oración y la lectura de la Palabra y el Señor te mostrará su camino.

ORACIÓN:
Mi amante Padre celestial, te ruego me reveles con absoluta claridad tus planes para mi vida, y me muestres el camino que tú deseas que yo siga. Por favor, dame la fuerza y el valor para obedecerte siempre y ayúdame a esperar en ti confiadamente. Te lo pido en el nombre de Jesús, Amén.

“Gracia y Paz”
Dios te Habla

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lunes, 5 de agosto de 2013

¿LO DEJARÍAS TODO POR SEGUIR A JESÚS?



Mateo 4:18-22
“Andando Jesús junto al mar de Galilea, vio a dos hermanos, Simón, llamado Pedro, y Andrés su hermano, que echaban la red en el mar; porque eran pescadores. Y les dijo: Venid en pos de mí, y os haré pescadores de hombres. Ellos entonces, dejando al instante las redes, le siguieron. Pasando de allí, vio a otros dos hermanos, Jacobo hijo de Zebedeo, y Juan su hermano, en la barca con Zebedeo su padre, que remendaban sus redes; y los llamó. Y ellos, dejando al instante la barca y a su padre, le siguieron”.

Lucas 5:27-28
“Después de estas cosas salió, y vio a un publicano llamado Leví, sentado al banco de los tributos públicos, y le dijo: Sígueme. Y dejándolo todo, se levantó y le siguió”.

Cuando Jesús llamó a sus discípulos para que se unieran a su ministerio, ellos inmediatamente lo dejaron todo y le siguieron. En el primer pasaje, Mateo nos cuenta que Simón Pedro y su hermano Andrés, que eran pescadores, “dejando al instante las redes, le siguieron” De igual manera Juan y Jacobo, hijos de Zebedeo, “dejando al instante la barca y a su padre, le siguieron”. Después, Lucas nos habla de un cobrador de impuestos llamado Leví, al cual Jesús simplemente le dijo: “Sígueme”. Y este hombre, “dejándolo todo, se levantó y le siguió”. Cuando ellos escucharon la invitación del Maestro, debieron haber sentido algo muy fuerte en sus corazones que los movió a dejar todo lo que tenían y seguir a aquel hombre que no les ofrecía beneficios económicos, ni comodidades, ni bienes materiales, sino solamente sacrificios y dedicación a su causa. ¡Qué impactante debió haber sido la voz del Señor! Sin duda una mezcla divina de una autoridad irresistible y un amor verdaderamente imposible de describir.

Ellos no solamente debían tomar la decisión de dejar los bienes materiales, sus medios de sustento, sus trabajos y hasta sus familias por seguir a Jesús, sino que también debían considerar los peligros a los que se expondrían por su causa. Recientemente habían conocido la suerte que corrió Juan el Bautista, quien había sido encarcelado (Marcos 1:14), para posteriormente morir decapitado en manos de sus captores. Así es que bien sabían ellos que estaban arriesgando sus vidas al responder el divino llamado. Y aun así, ellos decidieron seguir al Señor. Ciertamente Jesús no les brindó un jardín de rosas, pero les ofreció algo mucho más profundo y trascendental: su paz inefable y la seguridad de su protección, su ayuda, su consuelo y su provisión en los momentos difíciles que encontrarían en sus vidas. Así dijo Jesús a sus discípulos: “Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo” (Juan 16:33).

Más adelante la Biblia nos cuenta que un joven rico se acercó a Jesús, interesado en saber qué debía hacer para heredar la vida eterna, pero después de conversar con el Señor salió triste y decepcionado (Marcos 10:17-22). Al ver esto, los discípulos se asombraron y se preguntaban: “¿Quién, pues, podrá ser salvo?” Entonces Jesús les dijo: “Para los hombres es imposible, mas para Dios, no; porque todas las cosas son posibles para Dios”. Entonces Pedro le dijo: “He aquí, nosotros lo hemos dejado todo, y te hemos seguido”. Al escuchar esto, el Señor dijo una preciosa promesa para aquellos discípulos, la cual ha permanecido vigente a través de los siglos hasta nuestros tiempos, para todos aquellos, que habiendo escuchado su llamado han tomado la decisión de dejarlo todo para seguirlo: “De cierto os digo que no hay ninguno que haya dejado casa, o hermanos, o hermanas, o padre, o madre, o mujer, o hijos, o tierras, por causa de mí y del evangelio, que no reciba cien veces más ahora en este tiempo; casas, hermanos, hermanas, madres, hijos, y tierras, con persecuciones; y en el siglo venidero la vida eterna” (Marcos 10:29-30).

¿Puedes escuchar la voz de Jesús invitándote a dejarlo todo y seguirlo? Lee de nuevo esta promesa del Señor y reflexiona en ella. Ahora, ¿sientes en tu corazón el deseo de seguir al Maestro y servirle por el resto de tu vida? ¿Lo dejarías todo por seguir a Jesús?

ORACIÓN:
Padre amado, gracias por la oportunidad que me brindas de servirte, formando parte del plan que tú tienes para la salvación de este mundo. Te ruego me ayudes a ponerte en primer lugar en mi vida, y dejar todo lo demás para seguir a tu Hijo Jesucristo. En su santo nombre te lo pido, Amén.

“Gracia y Paz”
Dios te Habla


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miércoles, 31 de julio de 2013

¿TIENES TÚ ALGÚN TIPO DE PREJUICIO DE LOS DEMÁS?



Juan 1:45-46
"Felipe halló a Natanael, y le dijo: Hemos hallado a aquél de quien escribió Moisés en la ley, así como los profetas: a Jesús, el hijo de José, de Nazaret. Natanael le dijo: ¿De Nazaret puede salir algo bueno? Respondió Felipe: Ven y ve".

El pasaje de hoy presenta una pregunta y una respuesta. Ambas provienen de hombres sinceros y de buenos principios. Natanael, un hombre devoto; Felipe, un honesto discípulo de Jesús. Pero Natanael reaccionó en este caso con prejuicio. Si Felipe le hubiera dicho que Jesús venía de Roma o de Jerusalén, probablemente Natanael hubiera reaccionado de manera diferente. Pero, ¿de Nazaret? ¿Podría salir algo bueno de esa ciudad pequeña e insignificante?

Según el diccionario, "prejuicio" es: "Juicio u opinión, generalmente negativo, que se forma de antemano y sin el conocimiento necesario". La Biblia nos dice en Mateo 7:1: “No juzguéis, para que no seáis juzgados” Es decir, no debemos prejuzgar, pues ni siquiera nos hemos tomado la molestia de reunir alguna información y analizarla antes de llegar a una conclusión. Muchas veces hemos sido víctimas de prejuicios, ya sea basados en nacionalidad, o raza, o sexo, o religión, o edad. Otras veces hemos sido nosotros los que hemos actuado con prejuicio. De cualquier manera el prejuicio es totalmente incorrecto, no agrada al Señor y debemos evitarlo.

El prejuicio tiene diferentes raíces. A veces tenemos prejuicios por ignorancia. No conocemos el asunto, ni tampoco nos interesamos por saber. Simplemente condenamos. Otras veces tenemos prejuicios porque fuimos educados así y las tradiciones controlan nuestra manera de actuar. A veces, el prejuicio nace del orgullo. Consideramos que nuestras opiniones son superiores a las de los demás, y no estamos dispuestos a ceder ni un milímetro. También podemos actuar con prejuicios porque no salimos del círculo de personas que piensan igual a nosotros, y no damos valor a aquellos que piensan de manera diferente. Muchas pueden ser las causas del prejuicio, pero una vez lo reconocemos debemos tratar de eliminarlo de nuestras vidas.

¿Cómo podemos eliminar el prejuicio? Felipe le dijo a Natanael: “Ven y ve”. O sea, “Experimenta por ti mismo. Analiza y emite un juicio a partir de tu experiencia personal y no a partir de lo que pensabas con anterioridad”. Cuando Natanael llegó con Felipe adonde Jesús se encontraba, y tuvo la oportunidad de conocer personalmente al Señor y escucharle hablar, entonces, dice Juan 1:49, “Respondió Natanael y le dijo: Rabí, tú eres el Hijo de Dios; tú eres el Rey de Israel”.

Trata siempre de conocer a la persona por la que has sentido algún prejuicio. Muchas veces una cierta actitud en una persona ha hecho que nos formemos un concepto equivocado de ella, y después de un tiempo de tratarla nos hemos dado cuenta del error. Quizás estaba pasando por una situación muy difícil, o quizás es muy tímida, o tiene algún trauma psicológico por problemas de la niñez. En fin, puede haber un sinnúmero de causas en el comportamiento de una persona que no tienen nada que ver con sus principios, o sus sentimientos, o sus intenciones. Pero por encima de todo esto envuélvete en el espíritu que nos describe Filipenses 2:3: “Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo”. Actuando de esta manera estarás rechazando todo prejuicio y permitiendo que el Espíritu Santo controle tus emociones, tus pensamientos y tu manera de actuar.

Si te encuentras en una situación en la que sientes que estás actuando con prejuicio, o si sientes que alguien está actuando contigo prejuiciosamente, pide al Señor que tome control de tu mente y tu corazón, y que te dé discernimiento espiritual para identificar y rechazar todo concepto equivocado. Ora por esa persona, y pide a Dios que te de la oportunidad de ministrarla en su nombre.

ORACIÓN:
Padre santo, te ruego que eches fuera de mí todo prejuicio o concepto mal fundado que tenga yo de las personas, y que tu Espíritu Santo me ayude a tratar a todos los que me rodean con amor y humildad, estimándolos como superiores a mí. Que todos puedan ver en mí el carácter y el corazón de Cristo. Te lo pido en el nombre de Jesús, Amén.

“Gracia y Paz”
Dios te Habla

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martes, 30 de julio de 2013

¿CÓMO ESTÁ TU SIEMBRA?



Gálatas 6:7-10
“No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará. Porque el que siembra para su carne, de la carne segará corrupción; mas el que siembra para el Espíritu, del Espíritu segará vida eterna. No nos cansemos, pues, de hacer bien; porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos. Así que, según tengamos oportunidad, hagamos bien a todos, y mayormente a los de la familia de la fe”

Si sembramos una semilla de naranja, con toda seguridad esperaremos que de la tierra brote una mata que producirá naranjas. Jamás pasará por nuestra mente la idea de que este árbol nos dará manzanas o mangos o cualquier otra fruta que no sea estrictamente naranjas. Este principio se aplica también en el terreno espiritual.

El pasaje de hoy nos afirma que todo lo que sembremos, eso mismo recogeremos. Podemos estar seguros de que todas nuestras acciones tendrán consecuencias acordes a nuestra manera de actuar. Si actuamos de acuerdo a los deseos de la carne, recogeremos corrupción, y con ello todas las correspondientes consecuencias destructivas. Por el contrario, si rechazamos esos deseos y actuamos conforme a lo que nos enseña la Palabra de Dios, obtendremos resultados totalmente distintos; la bendición y el favor de Dios se manifestarán en nuestras vidas, y comenzaremos a disfrutar plenamente desde ahora las maravillas de la vida eterna.

El crecimiento espiritual del creyente guarda una íntima relación con este principio de la siembra y la cosecha. Mientras más compartamos con los demás lo que recibimos del Señor, mayor será nuestro crecimiento y madurez espiritual, porque más nos dará el Señor. El autor de la carta a los Hebreos amonestó a sus lectores porque “debiendo ser ya maestros, después de tanto tiempo”, todavía eran bebés que aún tomaban leche espiritual en lugar de alimento sólido. (Hebreos 5:12). El problema principal de ellos era que lo que aprendían no lo ponían en práctica ni lo compartían con los que les rodeaban.

Un estudiante fue a ver a un profesor y se quejó de que no estaba progresando en sus estudios. Entonces le preguntó si debía buscar un tutor. “¿Un tutor? --respondió el sabio profesor-- Lo que necesitas es un pupilo”. El estudiante siguió el consejo, y a medida que enseñaba a su alumno, más entendía la materia hasta que llegó a dominarla completamente. Asimismo un maestro de Biblia dijo: “Nunca saqué mucho provecho de la Biblia hasta que empecé a dar clases en la Escuela Dominical. Entonces daba la Palabra en vez de limitarme a recibirla”. No hay mejor forma de aprender que enseñando a otros. Estudia la Palabra de Dios, no sólo para que te bendiga y te aproveche personalmente, sino para compartirla con aquellos que necesitan conocer a Dios y sus principios y decretos.

El principio de la siembra y la cosecha también se manifiesta en el aspecto material, de acuerdo a nuestra generosidad al dar. ¿Cuánto das de lo que recibes? El apóstol Pablo escribe en 2 Corintios 9:6: “Pero esto digo: El que siembra escasamente, también segará escasamente; y el que siembra generosamente, generosamente también segará”. La iglesia de Filipos se caracterizaba por su generosidad al aportar su contribución para la predicación del evangelio. En su carta a los Filipenses, Pablo les recuerda: “Y sabéis también vosotros, oh filipenses, que al principio de la predicación del evangelio, cuando partí de Macedonia, ninguna iglesia participó conmigo en razón de dar y recibir, sino vosotros solos; pues aun a Tesalónica me enviasteis una y otra vez para mis necesidades”. Y seguidamente les dice: “Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús” (Filipenses 4:15-19). Si deseas recoger buena cosecha, tienes que sembrar buena semilla.

Ten siempre presente que todas tus acciones producirán frutos, buenos o malos según sea la calidad de la semilla que siembres. Ora al Señor para que te ayude a actuar siempre conforme a su voluntad de manera que esos frutos glorifiquen su nombre en todos los aspectos. Entonces recibirás una linda cosecha de bendiciones.

ORACIÓN:
Bendito Padre celestial, te ruego que me capacites para actuar siempre de manera que los frutos que mis acciones produzcan sean para honrar y glorificar tu santo nombre. En el nombre de Jesús, Amén.


“Gracia y Paz”
Dios te Habla

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lunes, 29 de julio de 2013

¿ESTÁS CONSCIENTE DE LA PRESENCIA DE DIOS?



Salmo 5:1-3
“Escucha, oh Jehová, mis palabras; considera mi gemir. Está atento a la voz de mi clamor, Rey mío y Dios mío, porque a ti oraré. Oh Jehová, de mañana oirás mi voz; de mañana me presentaré delante de ti, y esperaré”

Muchas veces, los creyentes creemos que estamos muy bien, que nuestra relación con Dios es excelente, pero quizás no estemos disfrutando al máximo de una íntima comunión con el Señor ni estemos totalmente concientes de lo que estamos haciendo en el aspecto espiritual, aunque pensemos que estamos tratando de progresar en esta área.

Una pequeña historia cuenta que un hombre estaba dragando, o sea sacando lodo del fondo del mar usando una maquinaria instalada en su bote. Poco a poco el bote se iba llenando con el fango sacado del fondo, y llegó un momento en que el lodo se deslizaba y caía al agua por el lado contrario al que este hombre estaba dragando. Pero aún así él seguía extrayendo más y más lodo de manera automática. Mucho esfuerzo y muy poco provecho. Y el operador seguía dragando sin pensar.

Este hombre estaba sacando fango del fondo del mar con el fin de limpiarlo. Se suponía que cada vez que el bote estuviese lleno, él lo llevara a algún lugar para botar el fango y una vez vacío el bote regresara a continuar dragando más fango del fondo. Sin embargo, él llevaba a cabo esta operación sin pensar, como una rutina inconciente, como algo que tenía que hacer y simplemente lo hacía mecánicamente sin darse cuenta que mientras sacaba fango por un lado, por el otro lado el fango volvía a caer al mar, haciendo inútiles sus esfuerzos.

Los cristianos corremos el peligro de caer en una vida espiritual mecánica, haciendo las cosas como una rutina, en lugar de buscar cada día al Señor, de una manera conciente, dinámica, con expectativa, esperando algo nuevo de él. ¡Cuántas cosas preciosas que el Señor quiere que disfrutemos nos perdemos cada día! Por eso muchas veces debemos hacer un alto, y entregarnos de lleno a buscar una íntima comunión con el Señor. Lamentaciones 3:23 dice que las misericordias de Dios son nuevas cada mañana. Por eso al levantarnos en la mañana debemos dar gracias a Dios por el nuevo día y entregarnos a un tiempo de genuina adoración y lectura de la Palabra. David solía levantarse muy temprano a tener un tiempo de comunión con el Señor. En el Salmo 63:1 escribió: “Dios, Dios mío eres tú; de madrugada te buscaré; mi alma tiene sed de ti, mi carne te anhela”. Y en el pasaje de hoy, él se compromete a presentarse ante el Señor cada mañana. También el profeta Isaías expresó este mismo anhelo al escribir: “Con mi alma te he deseado en la noche, y en tanto que me dure el espíritu dentro de mí, madrugaré a buscarte” (Isaías 26:9).

Esta actitud refleja el deseo profundo de la presencia de Dios, el hambre y la sed de su compañía y el anhelo ferviente de crecer en intimidad con él. No significa ir al Señor cargados con peticiones para que él supla nuestras necesidades. Buscarle con fervor puede incluir necesidades y peticiones, pero la verdadera búsqueda va mucho más allá. Significa desarrollar una relación íntima en la que el foco principal no sea solamente suplir nuestras necesidades materiales, sino disfrutar plenamente de su santa presencia. Cuando ésta es la actitud de nuestro corazón, Dios nos promete que le hallaremos. Hallarle a él siempre resulta en que todas nuestras necesidades, físicas, materiales, emocionales y espirituales son suplidas. Habiendo experimentado esto, ya siendo un anciano, David escribió el Salmo 37, y allí dice: “Deléitate asimismo en el Señor, y él te concederá las peticiones de tu corazón”.

¿No sientes en tu corazón ese ferviente deseo de pasar tiempo a solas con tu Padre celestial? Entrégale a Dios en este día toda esa fría religiosidad que te ha impedido disfrutar plenamente de su compañía y comienza a deleitarte en él. Hazte el firme propósito de buscar el rostro del Señor cada día, y pasar un tiempo de comunión con él. Hazlo con fervor, con expectativa, con ansias en tu corazón de disfrutar de su presencia, sabiendo que “en su presencia hay plenitud de gozo”, dice el Salmo 16:11. Entonces experimentarás durante todo el día la paz y el gozo del Señor.

ORACIÓN:
Padre santo, yo anhelo vivir en constante comunión contigo. Ayúdame a levantarme cada día con una clara conciencia de tu presencia en mi vida y un corazón dispuesto a adorarte como sólo tú mereces. En el nombre de Jesús, Amén.


“Gracia y Paz”
Dios te Habla

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miércoles, 24 de julio de 2013

¿PUEDES TÚ VER AL SEÑOR?



Juan 21:1-7
“Después de esto, Jesús se manifestó otra vez a sus discípulos junto al mar de Tiberias; y se manifestó de esta manera: Estaban juntos Simón Pedro, Tomás llamado el Dídimo, Natanael el de Caná de Galilea, los hijos de Zebedeo, y otros dos de sus discípulos. Simón Pedro les dijo: Voy a pescar. Ellos le dijeron: Vamos nosotros también contigo. Fueron, y entraron en una barca; y aquella noche no pescaron nada. Cuando ya iba amaneciendo, se presentó Jesús en la playa; mas los discípulos no sabían que era Jesús. Y les dijo: Hijitos, ¿tenéis algo de comer? Le respondieron: No. El les dijo: Echad la red a la derecha de la barca, y hallaréis. Entonces la echaron, y ya no la podían sacar, por la gran cantidad de peces. Entonces aquel discípulo a quien Jesús amaba dijo a Pedro: ¡Es el Señor!”

Existe un poema que se canta en la lengua de los indios cherokees de los Estados Unidos y que dice así: “Un hombre susurró: “Dios, habla conmigo”. Y un ruiseñor comenzó a cantar, pero el hombre no oyó. El hombre miró alrededor y dijo: “Dios, déjame verte”. Y una estrella brilló en el cielo. Pero el hombre no la vio. El hombre comenzó a gritar: “Dios, muéstrame un milagro”. Y un niño nació. Pero el hombre no sintió el latir de la vida. Entonces el hombre comenzó a llorar y a desesperarse: “¡Dios, tócame y déjame saber que estás aquí conmigo!” Y una mariposa se posó suavemente en su hombro. El hombre espantó la mariposa con la mano y, desilusionado, continuó su camino, triste, solo y con miedo”. Lamentablemente esta historia se hace realidad en la vida de millones de seres humanos que caminan por este mundo buscando a Dios, pero sin darse cuenta que el Señor está a su lado, en medio de las circunstancias, deseando entablar una relación con ellos.

La Escritura de hoy nos cuenta acerca de una maravillosa experiencia que tuvieron los discípulos de Jesús junto al mar de Tiberias. Después de pasar la noche pescando, estos experimentados pescadores no lograron pescar nada. Ya comenzaba a amanecer cuando “se presentó Jesús en la playa; mas los discípulos no sabían que era Jesús”. Esta era la tercera vez que el Señor se manifestaba ante sus discípulos después de haber resucitado de entre los muertos. Pero ellos no le reconocieron. Entonces Jesús les preguntó si tenían algo de comer y ellos respondieron que no. Seguidamente les dice: “Echad la red a la derecha de la barca, y hallaréis”. Ellos obedecieron inmediatamente, y dice la Biblia que no podían sacarla por la gran cantidad de peces que pescaron. Fue entonces que Juan reconoció a Jesús y le dijo a Pedro: “¡Es el Señor!”

Hay ocasiones en las que se requiere un milagro para que reconozcamos la presencia del Señor entre nosotros, para que podamos “verlo” con nuestros ojos espirituales. Sin embargo, aquellos que hemos aceptado a Jesucristo como salvador, tenemos la promesa que él hizo a estos mismos discípulos después de su resurrección cuando les encomendó que predicaran el evangelio e hicieran discípulos por todo el mundo, y entonces les dijo “He aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo” (Mateo 28:19-20). Mientras ellos estuviesen ocupados en seguir sus instrucciones, el Señor estaría con ellos, bendiciéndolos, fortaleciéndolos, protegiéndolos y capacitándolos para llevarla a cabo.

Unos catorce siglos antes, Dios habló a Josué de manera similar diciéndole: “Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente; no temas ni desmayes, porque Jehová tu Dios estará contigo en dondequiera que vayas” (Josué 1:9). Como nuevo líder del pueblo de Israel, el joven Josué debía llevar a los israelitas hasta la tierra prometida y tomar posesión de ella. Mientras él se esforzara en cumplir el mandato, Dios estaría con él en todo momento.

Desde el momento en que fuimos salvos, y por tanto adoptados como hijos por Dios, podemos estar seguros de su presencia en nuestras vidas por medio de su Espíritu Santo. Pero sólo podremos experimentar su poder y sus bendiciones abundantemente cuando vivimos una vida de obediencia a su Palabra. ¿Quieres tú ver al Señor obrando en tu vida? Busca una comunión íntima con él por medio de la lectura de la Biblia y la oración diariamente; medita en su Palabra y aplícala a tu vida.

ORACIÓN:
Bendito Padre celestial, te ruego me capacites para vivir una vida de íntima comunión contigo. Por favor aumenta mi fe y dame la fuerza y el valor para obedecerte y servirte. Por Cristo Jesús, Amén.


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martes, 23 de julio de 2013

¿TE LIMITAS A OIR SOLAMENTE?



Santiago 1:22-25
“Sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos. Porque si alguno es oidor de la palabra pero no hacedor de ella, éste es semejante al hombre que considera en un espejo su rostro natural. Porque él se considera a sí mismo, y se va, y luego olvida cómo era. Mas el que mira atentamente en la perfecta ley, la de la libertad, y persevera en ella, no siendo oidor olvidadizo, sino hacedor de la obra, éste será bienaventurado en lo que hace”.

Todos estamos muy concientes de la importancia que tiene el que nos escuchen bien cuando queremos dar una orden o transmitir alguna instrucción. Lo vemos, por ejemplo, en la relación entre una madre y su hijo adolescente. Frecuentemente se escuchan estas exclamaciones: “¿Me estás escuchando?” “¿No oíste lo que te dije?” “¿Estás entendiendo bien?” En lo más profundo de nuestro ser sentimos la necesidad de que nos escuchen atentamente. Los padres, en particular, acentuamos esta importancia. También los maestros, los médicos, los pastores y en general cualquier persona que tiene la responsabilidad de enseñar o dirigir.

La razón es sencilla: si no nos oyen, nuestras instrucciones no pueden ser seguidas. O sea, el primer paso para ejecutar una orden es oírla. Para poner en práctica una enseñanza es imprescindible haberla escuchado antes y haberla entendido. En más de una ocasión, al dirigirse a la multitud, Jesús advirtió: “El que tiene oídos para oír, oiga”. Es decir: “Todo el que puede oír, escuche atentamente”. Lamentablemente muchas veces, no obstante de que oímos las instrucciones o las advertencias, no somos capaces de prestar atención a lo que realmente se nos dice. Nuestros propios intereses nos alejan de esas instrucciones hacia nuestros deseos, e inconcientemente creamos una pared mental que nos impide recibir el mensaje con claridad.

Pero hay algo más. Aún cuando logremos escuchar y entender las instrucciones, muchas veces nos detenemos en ese punto. Hay, en ocasiones, un abismo inmenso entre el oír y el hacer. Cualquiera sea la razón, tenemos que estar concientes de que para Dios es tan importante que escuchemos sus instrucciones como que las llevemos a la práctica. Por ejemplo, en Mateo 21:28-31, Jesús cuenta esta parábola: “Pero ¿qué os parece? Un hombre tenía dos hijos, y acercándose al primero, le dijo: Hijo, ve hoy a trabajar en mi viña. Respondiendo él, dijo: No quiero; pero después, arrepentido, fue. Y acercándose al otro, le dijo de la misma manera; y respondiendo él, dijo: Sí, señor, voy. Y no fue. ¿Cuál de los dos hizo la voluntad de su padre? Dijeron ellos: El primero”. Esta parábola nos enseña la importancia de hacer la voluntad del Padre, aunque al principio hayamos pensado hacer lo contrario. Esto es mucho mejor ante los ojos de Dios que mostrar disposición a obedecer, pero finalmente llevar a cabo nuestra propia voluntad.

La Biblia dice en Romanos 10:17: “La fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios”. Es sumamente importante leer y escuchar la palabra de Dios, pues nuestra fe se fortalece cuando conocemos al Señor íntimamente. Y cuando dedicamos tiempo a la oración cada día de nuestras vidas, profundizamos más en esta relación con Dios, llegamos a conocer su voluntad, la fe se fortalece aun más y entonces nos resulta mucho más fácil obedecerle, pues el Señor nos da la motivación y la fuerza y el valor que necesitamos para seguir sus instrucciones. Así dice Filipenses 2:13: “Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad”.

La Escritura de hoy nos exhorta a que no solamente oigamos las instrucciones de Dios sino que las obedezcamos. Entonces seremos bienaventurados. De lo contrario nos estamos engañando a nosotros mismos, y nos perderemos las bendiciones que el Señor tiene preparadas para nosotros.

No te limites a oír la Palabra de Dios, sino también haz lo que ella dice. Busca discernimiento espiritual para oír bien las instrucciones y entenderlas, y fortalece tu fe para llevarlas a cabo leyendo diariamente la Biblia, meditando en sus enseñanzas y dedicando un tiempo a la oración.

ORACIÓN:
Padre santo, alabado y glorificado sea tu nombre. Te ruego, Señor, que afines mi oído espiritual para poder escuchar y entender con claridad tus instrucciones, y dame la fuerza y el valor para llevarlas a la práctica de manera que tu nombre sea glorificado en mi vida. En el nombre de Jesucristo, Amén.


“Gracia y Paz”
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