lunes, 1 de octubre de 2012

¿RENUNCIAR?


1 Reyes 19:10
“Porque los hijos de Israel han dejado tu pacto, han derribado tus altares, y han matado a espada a tus profetas, y sólo yo he quedado, y me buscan para quitarme la vida”.

¿Alguna vez has tenido ganas de abandonar todo? Elías sí. El Señor acababa de utilizarlo para mostrarle a la nación de Israel que Jehová es Dios (1 Reyes 18). Sin embargo, las amenazas de la reina Jezabel lo alarmaron tanto que huyó a Beerseba, 160 km. al sur (19:3). Después caminó 230 km. más en esa dirección, hasta llegar a Horeb, el monte de Dios.

Dios le preguntó dos veces a Elías qué hacía ahí (vv. 9, 13) y, en ambas ocasiones, le respondió con las mismas palabras: “Sólo yo he quedado, y me buscan para quitarme la vida” (vv. 10, 14). Estaba tan encerrado en sus miedos que se había olvidado de lo que Dios había hecho a través de él en el monte Carmelo. A pesar de su gran victoria, Elías se hundió en las profundidades del desánimo. ¡Qué fácil nos resulta hacer lo mismo!

Dios no aceptó la notificación de renuncia de Elías. En cambio, comisionó a su agotado siervo a llevar a cabo tres tareas importantes (vv. 15-17). Y, a propósito, Elías estaba equivocado cuando dijo que era el único fiel que quedaba. Dios tenía otras 7,000 personas que no se habían inclinado ante Baal (v. 18).

Quizá, al igual que Elías, estás desesperado por las circunstancias que atraviesas en tu vida. Deja que Dios te hable (v. 12). En lugar de permitirte renunciar, Él te mostrará lo que puedes hacer con Su fortaleza.

“Busqué a Jehová, y Él me oyó, y me libró de todos mis temores. Los que miraron a Él fueron alumbrados, y sus rostros no fueron avergonzados. Este pobre clamó, y le oyó Jehová, y le libró de todas sus angustias” (Salmo 34:4-6).

“Gracia y Paz”
Impacto Evangelístico 

¿ESTÁS PRESTANDO ATENCIÓN A DIOS?


Génesis 3:1-7
"Pero la serpiente era astuta, más que todos los animales del campo que Jehová Dios había hecho; la cual dijo a la mujer: ¿Conque Dios os ha dicho: No comáis de todo árbol del huerto? Y la mujer respondió a la serpiente: Del fruto de los árboles del huerto podemos comer; pero del fruto del árbol que está en medio del huerto dijo Dios: No comeréis de él, ni le tocaréis, para que no muráis. Entonces la serpiente dijo a la mujer: No moriréis; sino que sabe Dios que el día que comáis de él, serán abiertos vuestros ojos, y seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal. Y vio la mujer que el árbol era bueno para comer, y que era agradable a los ojos, y árbol codiciable para alcanzar la sabiduría; y tomó de su fruto, y comió; y dio también a su marido, el cual comió así como ella. Entonces fueron abiertos los ojos de ambos, y conocieron que estaban desnudos; entonces cosieron hojas de higuera, y se hicieron delantales".

Sabemos que tenemos un Dios amoroso que desea guiar a sus hijos hacia firmes y sabias decisiones. Sin embargo, muchas veces pedimos a Dios su dirección pero no siempre seguimos su consejo. ¿Qué podemos esperar cuando ignoramos sus instrucciones? En el pasaje de hoy encontramos a Eva enfrentando un conflicto entre lo que Dios le había dicho y lo que la serpiente le estaba asegurando. Tristemente, ella decidió basar su decisión en las palabras del tentador y como resultado la comunión que había entre ella y Adán con su Creador quedó interrumpida. Como consecuencia el pecado entró al mundo. Este error pone de manifiesto la trampa en la que caemos con frecuencia al tomar decisiones día a día, cuando escuchamos las voces equivocadas. Eva conocía perfectamente lo que Dios esperaba de ella, sin embargo cayó en la seducción de la oferta de Satanás. Ella valoró cada opción considerando los deseos de su propio corazón y desdichadamente escogió la que más le atraía en lugar de la que más le convenía. Aquel fruto “era agradable a los ojos”.

El pueblo de Israel también escuchó, a través de su líder Moisés, las instrucciones de Dios en relación a la tierra prometida: “Jehová te bendecirá con abundancia en la tierra que Jehová tu Dios te da por heredad para que la tomes en posesión, si escuchares fielmente la voz de Jehová tu Dios, para guardar y cumplir todos estos mandamientos que yo te ordeno hoy” (Deuteronomio 15:4-5). Está absolutamente claro que las bendiciones de Dios dependían de que ellos obedecieran. Sin embargo, ellos decidieron hacer lo que estimaron conveniente. Por eso, a pesar de que fueron liberados de la esclavitud de Egipto, no pudieron disfrutar de la Tierra Prometida sino que murieron en el desierto. En Números 14:21-23 Dios declaró: “Mas tan ciertamente como vivo yo, y mi gloria llena toda la tierra, todos los que vieron mi gloria y mis señales que he hecho en Egipto y en el desierto, y me han tentado ya diez veces, y no han oído mi voz, no verán la tierra de la cual juré a sus padres; no, ninguno de los que me han irritado la verá”.

Cuando seguimos similares patrones en nuestra vida, en efecto estamos diciendo: "Señor, gracias por tu consejo, pero voy a hacer las cosas a mi manera". Y aunque no digamos estas palabras en voz alta, realmente nuestras acciones están comunicando este mensaje. Debemos ser muy cuidadosos al responder al llamado de Dios, pues la desobediencia siempre trae malas consecuencias. Dios se ha hecho a sí mismo accesible y disponible. Él desea que busquemos su consejo al momento de tomar decisiones, y una vez sabemos cual es su voluntad debemos seguirla fielmente, pues él conoce perfectamente todas las circunstancias que nos rodean, en el presente y en el futuro, y su deseo es bendecirnos abundantemente.

Lee la palabra de Dios cada día de tu vida, pon atención a sus mandamientos y obedece. Entonces el Señor te bendecirá abundantemente.

ORACIÓN:
Padre santo, te pido perdón por las tantas veces en que no he escuchado tu voz por estar poniendo atención a otras voces, o cuando, aún habiendo escuchado tus instrucciones, decidí en cambio seguir mis propios caminos. En este momento te ruego que eches fuera de mí todo espíritu de desobediencia y rebeldía, y que sea tu Santo Espíritu guiándome en cada una de las decisiones que yo tenga que tomar. En el nombre de Jesucristo, Amén.

“Gracia y Paz”
Dios te Habla

FUERTE Y FIRME POR LA ORACIÓN


Nehemías 1:5-6
“Y dije: Te ruego, oh Jehová, Dios de los cielos, fuerte, grande y temible, que guarda el pacto y la misericordia a los que le aman y guardan sus mandamientos; esté ahora atento tu oído y abiertos tus ojos para oír la oración de tu siervo, que hago ahora delante de ti día y noche, por los hijos de Israel tus siervos; y confieso los pecados de los hijos de Israel que hemos cometido contra ti; sí, yo y la casa de mi padre hemos pecado”.

(Lea por favor Nehemías 1:1-11)

Nehemías era un hombre que vivía sobre sus rodillas. Cada vez que necesitaba orientación, fuerzas, ayuda o protección, su primera respuesta era la oración. Por su humilde dependencia de Dios, Él pudo usarlo poderosamente para llevar a cabo sus propósitos.
Este principio sigue siendo cierto para los creyentes hoy. El Señor puede usarnos de la manera más impresionante si lo buscamos y nos ponemos a su disposición.

Para seguir el ejemplo de Nehemías, de dependencia en la oración, debemos primero reconocer a Dios como el Soberano del universo (v.5). Aunque Él es nuestro Padre tierno y Amigo fiel, no debemos olvidar que es también nuestro sublime y exaltado Creador cuya santidad está más allá de nuestra comprensión. Nunca pensemos en Dios como “el de allá arriba”, ni vengamos a su presencia de una manera frívola.

Nehemías respetaba la avasallante santidad de Dios, y por eso se acercaba a Él con confesión, reconociendo su pecado, el de su padre y el de Israel (vv. 6, 7). No podemos ocultar, negar o recrearnos en el pecado, y esperar que el Señor escuche y responda nuestras oraciones. La pureza de corazón y el poder de Dios están unidos. Necesitamos la sensibilidad para reconocer cuándo nos hemos desviado, y la disposición para encarar de inmediato al pecado.

La razón por la que Nehemías se mantenía tan fuerte y tan firme, no se debía a sus capacidades naturales, sino a una relación de dependencia del Señor mediante la oración. No se apresure a enfrentar el día sin apartar tiempo para entrar en el trono de Dios para buscar su dirección.

“Gracia y Paz”
Meditación Diaria

VIVIENDO PARA LA ETERNIDAD


Salmos 34:14
“Apártate del mal, y haz el bien; Busca la paz, y síguela”.

¡Que raras han de parecer estas palabras a los que les encanta la “vida loca,” la fiesta y los placeres de su vida social. El mandamiento en este versículo es como si uno dijera a los lobos y los tigres que dejen de matar y de comer carne y sangre, y que empiecen a comer la grama o el zacate, la hierba o el pasto. Es contra su naturaleza.

Y antes de venir a Cristo y recibirle en tu corazón, es contra la tu naturaleza dejar la profanidad, la decepción, la vanidad, la suciedad, la mentira, y todas las otras disfunciones y perversiones que componen la vida en la sociedad de hoy. Es como decirle a algunas estrellas del cine y de Hollywood que dejen ya las drogas y el alcohol. Dirán, ¿Qué nos queda? La respuesta es: VIDA. Verdadera vida en el Hijo de Dios: una vida útil y con propósito y beneficio, realizando la razón de tu nacimiento aquí en este planeta, que es, para honrar a Dios, para conocerle y tener un propósito en la vida, y gozar de las cosas que Él nos tiene preparadas en la eternidad.

Te ruego y te animo a que atiendas este asunto sin demora. Tu bienestar aquí y tu felicidad en el futuro depende de esto. Entre más esperes para hacer esta decisión, más difícil será, y más probabilidad que la demores hasta que sea demasiado tarde.

La eternidad está a la vuelta de la esquina. “Busca la paz, y síguela.” En el nombre de Jesús, Amén.

“Gracia y Paz”

sábado, 29 de septiembre de 2012

¿TENEMOS SED?



Salmo 63:1
“Dios, Dios mío eres tú; de madrugada te buscaré; mi alma tiene sed de ti”.

Isaías 44:3
“Derramaré aguas sobre el sequedal”.  

“Si alguno tiene sed, venga a mí y beba” (Juan 7:37). Estas palabras fueron pronunciadas por Jesús ante una gran multitud durante una fiesta religiosa en Jerusalén. El Salvador del mundo llevaba entonces, como lo hace aún hoy, la buena nueva de salvación. Quizás usted sienta una sed que hasta ahora nada ha podido saciar… sed de paz, de amor, de seguridad. A usted precisamente se dirige este llamado de Jesús.

Una mujer, insatisfecha con su vida, dijo un día a Jesús: “Dame esa agua, para que no tenga yo sed” (Juan 4:15). Quería recibir el “don de Dios” ofrecido por aquel que acababa de decirle: “El que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás”. Entonces, no pudiendo esconder nada a Jesús, quien conocía su vida, tuvo que reconocer la verdadera razón de su sed espiritual: ¡había pecado! Después de este encuentro, que transformó su vida, fue a decir a los habitantes de su ciudad: “Venid, ved a un hombre que me ha dicho todo cuanto he hecho” (4:29).

Sí, acudir a Jesús para reconocer y confesar sus pecados es ir a la fuente del agua de la vida. Ir a él es creer en su sacrificio que borra los pecados y purifica la conciencia del creyente. A todos los que depositan su confianza en él, Jesucristo les da alegría y paz desde ahora. Leamos la Palabra de Dios, la Biblia, y así seremos alimentados, refrescados. “Mi alma tiene sed de ti… será saciada mi alma… Está mi alma apegada a ti” (Salmo 63:1, 5, 8).

“Gracia y Paz”
La Buena Semilla

DIOS QUIERE HABLARTE, ¿SABES PARA QUÉ?


Gálatas 1:11-17
"Mas os hago saber, hermanos, que el evangelio anunciado por mí, no es según hombre; pues yo ni lo recibí ni lo aprendí de hombre alguno, sino por revelación de Jesucristo. Porque ya habéis oído acerca de mi conducta en otro tiempo en el judaísmo, que perseguía sobremanera a la iglesia de Dios, y la asolaba; y en el judaísmo aventajaba a muchos de mis contemporáneos en mi nación, siendo mucho más celoso de las tradiciones de mis padres. Pero cuando agradó a Dios, que me apartó desde el vientre de mi madre, y me llamó por su gracia, revelar a su Hijo en mí, para que yo le predicase entre los gentiles, no consulté en seguida con carne y sangre, ni subí a Jerusalén a los que eran apóstoles antes que yo; sino que fui a Arabia, y volví de nuevo a Damasco".

A través de toda la Biblia vemos que Dios anhela comunicarse con la humanidad. Dios tiene planes para cada ser humano y su deseo es que los conozcamos para que lleguemos a la meta que él ha dispuesto para nosotros. El primer paso en este proceso es, por supuesto, la revelación en nuestras vidas de la voluntad de Dios. Esta puede llegarnos por medio de la Palabra de Dios, por medio de otras personas, a través de las circunstancias que nos rodean o de cualquier otra manera determinada por Dios. En el pasaje de hoy, el apóstol Pablo nos cuenta su propia experiencia en este aspecto. Primeramente nos dice que Dios le mostró su voluntad “por revelación de Jesucristo”. Este fue el principio para que Pablo entendiera y aceptara la verdad. Su encuentro con Jesús en el camino a Damasco (Hechos capítulo 9) cambió su vida de una manera radical para siempre.

Antes de este encuentro, Pablo (entonces conocido como Saulo de Tarso) era enemigo acérrimo de los cristianos y, según él mismo dice, “perseguía sobremanera a la iglesia de Dios, y la asolaba”. Esto no fue obstáculo para que el Señor lo llamara a servirle. También tenía él un profundo conocimiento del judaísmo y era sumamente celoso de las tradiciones de sus padres. Pero no lo llamó Dios por sus “méritos” sino, dice Pablo, “cuando le agradó a Dios, me llamó por su gracia”. Finalmente Pablo nos habla del propósito del llamado del Señor para él. Dice: “para que yo le predicase entre los gentiles”. Inmediatamente después de su revelación en el camino a Damasco, Jesús habló a un discípulo llamado Ananías y le informó acerca de los planes que él tenía para el apóstol Pablo. El Señor le dijo: “Ve, porque instrumento escogido me es éste, para llevar mi nombre en presencia de los gentiles, y de reyes, y de los hijos de Israel” (Hechos 9:15). La historia nos muestra como este plan de Dios se llevó a cabo de una manera preciosa en aquel que llegó a ser uno de los más grandes evangelistas de todos los tiempos.

Generalmente podemos identificar tres objetivos claros que Dios tiene cuando nos habla. Su propósito es que nosotros:

• Entendamos y aceptemos su verdad.
• Seamos transformados conforme a esta verdad.
• Seamos capacitados para comunicar esta verdad a otros.

No siempre los propósitos de Dios son tan ambiciosos como los que tenía con Pablo, pero cualesquiera sean estos, son siempre importantes para el establecimiento de su reino. Este fue el caso de Ananías, al cual el Señor le encomendó la simple tarea de poner las manos encima de Saulo para que éste recuperara la vista (Hechos 9:11-12). En apariencia una encomienda insignificante, pero ¡qué trascendencia tan profunda tuvo el que aquel hombre pudiese ver de nuevo, y así dedicar el resto de su vida al servicio del Señor! En el caso de Ananías se cumplen también los tres puntos en el llamado de Dios: Primero él entendió y aceptó la verdad revelada por el Señor, después su concepto de Saulo fue transformado conforme a esta verdad, y por último fue capacitado por el Espíritu Santo para cumplir su misión.

No pienses que tú no mereces que Dios te hable. Él tiene un propósito determinado para tu vida y desea revelártelo. Pide al Señor que te dé discernimiento espiritual para entender y aceptar su verdad, sabiendo que este es el primer paso para llegar a ser un instrumento en sus planes.

ORACIÓN:
Padre santo, yo anhelo escuchar cuando me hablas, y así poder unirme a los planes que tienes para mi vida. Dame discernimiento espiritual para entender con claridad tus instrucciones, y aumenta mi fe para obedecerte en todo para que tú seas glorificado en mi vida. En el nombre de Jesús, Amén.

“Gracia y Paz”
Dios te Habla

LA OBEDIENCIA A MEDIAS ES DESOBEDIENCIA


1 Samuel 15:22-23
“Y Samuel dijo: ¿Se complace Jehová tanto en los holocaustos y víctimas, como en que se obedezca a las palabras de Jehová? Ciertamente el obedecer es mejor que los sacrificios, y el prestar atención que la grosura de los carneros. Porque como pecado de adivinación es la rebelión, y como ídolos e idolatría la obstinación. Por cuanto tú desechaste la palabra de Jehová, él también te ha desechado para que no seas rey”.

(Lea por favor 1 Samuel 15:1-23)

Cuando Dios le llama a hacer algo específico, ¿cómo responde usted? La mayoría de nosotros no le levantaría el puño y le gritaría: “¡No voy a hacerlo!” En vez de eso, luchamos con la idea durante algún tiempo. A veces discutimos, diciéndole todas las razones de por qué no surtirá efecto el plan de Él. Otras veces, empezaremos a dudar de que escuchamos bien, y luego negaremos que incluso nos llamó. O podríamos reaccionar como Jonás, y simplemente correr en la otra dirección (Juan 1:2-3).

Pero hay otra respuesta que muchas veces es tan sutil, que ni siquiera la reconocemos como desobediencia. Sustituir el plan de Dios por el nuestro es una manera de parecer obedientes, evitando así hacer lo que no nos gusta. Fue así como respondió Saúl a la orden del Señor. A sus ojos, reservarse algunos animales para ofrecerlos en sacrificio al Señor parecía una idea mejor que la de Dios.

El pecado de Saúl nos parece evidente, pero con frecuencia no estamos conscientes de la manera como reaccionamos a sustituciones similares.

Quizás Dios le está llamando a servir de una forma particular, pero, por temor, decide servir en un área menos difícil. O tal vez dedica mucho tiempo a su trabajo, para que el Señor no note que está descuidando a su familia. A veces, hemos mezclado tanto nuestros planes con los de Él, que ya no somos capaces de ver la diferencia.

Al ofrecer un “mejor” plan, estamos resistiendo callada y sutilmente el llamado de Dios de vivir plenamente dedicados a Él. No hay manera de que nuestro plan sea mejor que el que Dios tiene para nosotros. Quienes tratan de alterarlo tienen vidas sin poder, porque la obediencia a medias es desobediencia.

“Gracia y Paz”
Meditación Diaria

EL ALIMENTO DEL ESPÍRITU


Romanos 10:17
Luego la fe es por el oir; y el oir por la palabra de Dios.

Leemos en capítulo 11 de Hebreos de los héroes de la fe, y pensamos, “Me gustaría ser como ellos. Me gustaría vivir en la presencia de Dios, y andar en poder, amor, y la plenitud del Espíritu. ¿Pero cómo llego a ser una persona de mucha fe, y vivir en la presencia de Dios y gozar del compañerismo estrecho con nuestro Padre Celestial? En el versículo de hoy, tenemos la llave que abre la puerta de la fe.

No me acuerdo bien quien dijo: “Antes yo pedía a Dios, Señor, ayúdame a tener más fe, y andar en tu presencia (Creo que fue D. L. Moody), Entonces encontré este versículo que dice que “La fe viene por el oír; y el oír por la palabra de Dios”. Luego empecé a leer y estudiar con diligencia La Palabra, y desde entonces mi fe viene creciendo”. La Biblia es la palabra de Dios, y a la medida que la leemos, nuestra fe va creciendo, porque “La fe viene por el oír, y el oír por la palabra de Dios”.

Del mismo modo que necesitamos alimentarnos para vivir, nosotros los cristianos, o cualquier persona que quiera tener fe, ha de alimentar su espíritu por medio de la Palabra de Dios plasmada en las Sagradas Escrituras.

“Gracia y Paz”
Un Versículo de la Biblia cada Día

viernes, 28 de septiembre de 2012

JESÚS, LA FUENTE DE AGUA VIVA


Apocalipsis 21:6
"Y díjome: Hecho es. Yo soy Alpha y Omega, el principio y el fin. Al que tuviere sed, yo le daré de la fuente del agua de vida gratuitamente".

Este mundo es de mi Padre Celestial. El es Alpha y Omega. Nada estaba antes que Él, y nada después. El pecador lo pone todo al revés. El dice, “El asunto se trata de mí; yo soy el centro, y el importante”.

Hace mucho que algunos astrónomos pensaban que este mundo era el centro del universo, y que todo revolvía alrededor del mundo. ¿Qué pensarías de una persona que todavía cree esto? Es una locura. Pero aunque sea ridículo, es precisamente esto que hace el pecador en el mundo espiritual. Desafía a su Creador, y el interés propio es la regla de su conducta, y vive como si todo debería servir a sus propios intereses. La frustración es inevitable, y cuando viene la desilusión, el fin siempre es un desastre. A veces pasan sus días amargados, y a veces salen de esta vida en una explosión de violencia. Es precisamente esta idea de servirse a sí mismo sin que le importen las leyes y la Palabra de Dios, que hace de este mundo lo que es. Y todos hemos vivido así, como si fuéramos el rey del universo.

Pero ahora, LAS BUENA NUEVAS. Dios nos ama, y nos ofrece el perdón por nuestros pecados. Jesús murió para expiar nuestra culpabilidad; él pago el precio por nuestros pecados, y extiende sus brazos hacia nosotros y dice, “Al que tuviere sed, yo le daré de la fuente del agua de vida gratuitamente”.

¡Bendito Salvador! El cambiará tu motivación y te dará UN CORAZON NUEVO. “Las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas.” 2 Corintios 5:17.

“Gracia y Paz”
Un Versículo de la Biblia cada Día

jueves, 27 de septiembre de 2012

GUARDADOS PARA UN PROPÓSITO


David oró, “Guárdame, Dios, porque en ti he confiado” (Salmo 16:1). La palabra Hebrea que David usa para guardar en este verso, está llena de significado. Dice en esencia, “Pon un cerco alrededor mío, una pared de espinas que me protejan. Guárdame y cuídame. Observa todos mis movimientos, mis entrar y mis salir”.

David plenamente creyó que Dios guarda a los justos. Y las Escrituras dicen que David fue ayudado y cuidado en todos sus caminos. Este hombre bendecido manifesto, “Por cierto no se adormecerá ni se dormirá el que guarda a Israel. Jehová es tu guardador, Jehová es tu sombra a tu mano derecha. El sol no te fatigará de día ni la luna de noche. Jehová te guardará de todo mal, él guardará tu alma” (Salmo 121:4-7).

La misma palabra Hebrea para guardar aparece en este pasaje también. Una vez más, David está hablando de un cerco divino de Dios, la pared de protección sobrenatural. Él nos está asegurando, “Dios tiene su ojo sobre ti dondequiera que vayas”.

Verdaderamente, el Señor está con nosotros en todo lugar: en el trabajo, en la iglesia, mientras estamos de compras. Él está con nosotros en nuestros carros, en los autobuses, en los trenes subterráneos. Y mientras hace eso, David dice, Dios nos guarda de todo mal. En corto, Dios está cuidando todo. Él ha prometido inutilizar cualquier arma que posiblemente se forme contra sus hijos.

Tiempo tras tiempo Dios ha probado que es un guardador de su pueblo. Pero, ¿para qué propósito? ¿Por qué está tan empeñado el Señor en guardarnos? Encontramos una idea en las palabras de Moisés: “Jehová nos mandó que cumplamos todos estos estatutos, y que temamos a Jehová nuestro Dios, para que nos vaya bien todos los días y para que nos conserve la vida, como hasta hoy” (Deuteronomio 6:24). Moisés dice que Dios les dio los mandamientos con una razón: para guardarlos y cuidarlos. Pero, ¿para qué? Por la misma razón que Dios quiere salvarnos y protegernos a nosotros.

Piense en todas las maneras que Dios guardó a Israel, su pueblo escogido. Él los guardó de las diez plagas en Egipto. Él los libró del ejército de Faraón en el Mar Rojo. Él los sanó de las mordidas mortales de las serpientes en el desierto. Y las personas testificaron del poder guardador de Dios a sus hijos y a sus nietos. “El Señor nos libró de todos nuestros enemigos. Él nos dio comida y agua, y mantuvo nuestras ropas sin que se gastaran. Él guardó a Israel en todo”. 

¿Pero ese era todo el testimonio de Israel? ¿Fueron esas personas guardadas y protegidas para terminar muriéndose en el desierto? Moisés testificó, “Y nos sacó de allá para traernos y darnos la tierra que prometió a nuestros padres” (Deuteronomio 6:23). Moisés le estaba diciendo a Israel, “Miren a todas las maneras milagrosas que Dios usó para sacarlos de la esclavitud. ¿Por qué creen que hizo todo eso? ¿Por qué creen que él los eligió y les puso marca de especial desde la fundación del mundo? ¿Por qué él los libró de la esclavitud? ¿Por qué los bendijo cuando merecían ser abandonados?”.

El Señor lo ha preservado a usted para poder llevarlo a un lugar. Él quiere lograr algo en su vida que va más allá de los milagros. El Señor guardó a los Israelitas y les puso una muralla alrededor para un propósito específico: Para llevarlos a un lugar donde serían usados. Él los estaba guiando a la Tierra Prometida, un lugar de destino.

“Gracia y Paz”
(David Wilkerson)

TRAER A OTROS A JESÚS


Juan 1:35-42
“El siguiente día otra vez estaba Juan, y dos de sus discípulos. Y mirando a Jesús que andaba por allí, dijo: He aquí el Cordero de Dios. Le oyeron hablar los dos discípulos, y siguieron a Jesús. Y volviéndose Jesús, y viendo que le seguían, les dijo: ¿Qué buscáis? Ellos le dijeron: Rabí (que traducido es, Maestro), ¿dónde moras? Les dijo: Venid y ved. Fueron, y vieron donde moraba, y se quedaron con él aquel día; porque era como la hora décima. Andrés, hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que habían oído a Juan, y habían seguido a Jesús. Este halló primero a su hermano Simón, y le dijo: Hemos hallado al Mesías (que traducido es, el Cristo). Y le trajo a Jesús. Y mirándole Jesús, dijo: Tú eres Simón, hijo de Jonás; tú serás llamado Cefas (que quiere decir, Pedro)”.

Andrés es el discípulo conocido por traer personas a Jesús. Inmediatamente después de encontrarse con el Señor, presentó al Mesías a su hermano Simón. En otra ocasión, cuando una gran multitud tenía hambre, encontró a un muchacho que tenía cinco panes y dos peces, y lo trajo a Jesús (Juan 6:8-9). Cuando unos griegos quisieron conocer a Cristo, Andrés y Felipe lo presentaron a ellos (12:20-22). Este discípulo nunca perdió su entusiasmo por el Salvador.

La experiencia de conversión de Andrés lo motivó a dejar que otros conocieron a Aquel que había cambiado su vida (1:36-37). ¿Qué me dice de usted? Si su vida espiritual se ha vuelto oxidada y lánguida, es el momento de recordar lo que Cristo ha hecho por usted, y para pedirle que renueve su entusiasmo.

Asimismo, Andrés deseaba conocer al Salvador y pasar tiempo con Él (vv. 38, 39). El ejemplo del discípulo es un buen recordatorio de que la dulce comunión con el Señor no se supone que termina con el tiempo devocional. También debe estimular el deseo de compartir con otros el gozo que encontramos en nuestra relación con Cristo.

Por último, Andrés era motivado por su convicción de que Jesús era el Mesías (v. 41). Había encontrado la respuesta para un mundo perdido, y quería que los demás lo supieran.

Jesús le dijo a Andrés que sería “pescador de hombres” en vez de peces (Lucas 5:10). Como nosotros somos, también, seguidores de Cristo, tenemos la misma tarea. Nuestras oportunidades son diferentes, pero todos tenemos la responsabilidad de desarrollar el hábito permanente de traer a otros a Jesús.

“Gracia y Paz”
Meditación Diaria

HASTA LO ÚLTIMO


Hechos 1:8
“… me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra”.

Era el primer día de clases en el Instituto Bíblico de Moscú, donde estaba enseñando a pastores rusos. Empecé pidiendo a los alumnos que dijeran sus nombres y dónde servían, pero uno de ellos me dejó estupefacto cuando declaró abiertamente: «¡De todos los pastores, yo soy el más fiel a la Gran Comisión!». Por un instante, quedé desconcertado, hasta que él, sonriendo, agregó: «La Gran Comisión dice que debemos llevar el evangelio hasta lo último de la tierra. ¡Pastoreo una iglesia al norte del Círculo Ártico, en una aldea llamada “Lo Último de la Tierra”!». Todos nos reímos, y continuamos con la clase.

Las palabras de aquel pastor, que servía en la Península de Yamal (que significa «lo último de la tierra»), transmiten un importante mensaje. En el último mensaje de Jesús a sus discípulos, dijo: «… y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra» (Hechos 1:8). Cada rincón de nuestro mundo, por más remoto que sea, debe ser alcanzado con el mensaje de la cruz. El Salvador murió por el mundo, y esto incluye personas que están cerca y lejos.

Cada uno de nosotros tiene la oportunidad de llevar el evangelio a las personas de «lo último de la tierra» donde vivimos. Independientemente de dónde estés, puedes hablar a alguien sobre el amor de Cristo. 

¿A quién podrías testificarle hoy?

Cualquier lugar puede ser apropiado para testificar de Cristo.

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LEA: Hechos 1:1-8

Biblia en un año: Joel 1–3
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“Gracia y Paz”
Nuestro Pan Diario

VIDA ESPIRITUAL ABUNDANTE

Romanos 12:11
“En lo que requiere diligencia, no perezosos; fervientes en espíritu, sirviendo al Señor”.

Nuestra sociedad está obsesionada con cosas como los deportes, la recreación, el entretenimiento y la gratificación emocional, y está pagando las consecuencias de esa inclinación desequilibrada. Cuando tales afanes exceden sus funciones razonables, se convierten en marcas evidentes de la sociedad frívola. “El ejercicio corporal para poco aprovecha, pero la piedad para todo aprovecha, pues tiene promesa de esta vida presente, y de la venidera” (1 Timoteo 4:8)

La única vida productiva, que además es la única vida que satisface en verdad al ser humano, es la vida autodisciplinada. Esto también es cierto en la vida cristiana. Aunque nuestra dirección y poder espirituales vienen del Señor, Él solo puede obrar en la raza humana con eficacia por medio de vidas que estén sujetas a Él (1 Corintios 9:25-27).

La primera disciplina que refleja una vida abundante es la diligencia: NO SER PEREZOSOS SINO DILIGENTES (v.11). En el contexto de Romanos 12, diligencia se aplica a todo lo que los cristianos hagan en su vida espiritual. Todo lo que sea digno de hacerse en el servicio del Señor merece que sea hecho con entusiasmo, cuidado e interés. Jesús dijo a sus discípulos: “Me es necesario hacer las obras del que me envió, entre tanto que el día dura; la noche viene, cuando puede trabajar” (Juan 9:4). No existe lugar alguno para la ociosidad y la indolencia en el trabajo para el Señor. “Todo lo que te viniera a la mano hacer”, aconsejó el sabio Salomón, “hazlo según tus fuerzas”. Todo lo que hagamos para el Señor debe hacerse para esta vida presente (Eclesiastés 9:10).

El Señor recompensa a quienes sirven con diligencia. “Porque Dios no es injusto para olvidar vuestra obra y el trabajo de amor que habéis mostrado hacia su nombre, habiendo servido a los santos y sirviéndoles aún (Hebreos 6:10-12). ¡Para que el yuyal prospere en un jardín, el jardinero solo tiene que dejarlo de atender!

FERVIENTES EN ESPIRITU (v.11): Mientras que la diligencia tiene que ver más que todo con acciones, el ser fervientes en espíritu está relacionado con las actitudes. Fervientes viene de la palabra “hervir”. Habla no de ser fervoroso hasta el descontrol, sino más bien algo similar al motor a vapor que genera el calor suficiente para producir energía. Debemos tener entusiasmo, eso habla de compromiso con la obra. El fervor es una actitud que requiere aplomo y persistencia, no solo buenas intenciones.

SIRVIENDO AL SEÑOR (v.11): Así como el ser fervientes al Señor, mantenerse sirviendo al Señor es algo que tiene que ver con perspectivas y prioridades. Todas las cosas que hacemos deberían, primero que todo, ser consecuentes con la Palabra de Dios, y en segundo lugar, realizadas de verdad en su servicio y para su gloria. La devoción estricta al Señor elimina por completo toda clase de actividades infructuosas en las iglesias. Pablo nunca perdió de vista esa misión fundamental. El apóstol empieza su carta con la afirmación de que sería a Dios “en su espíritu en el evangelio de su Hijo” (Romanos 1:9). En Romanos 12, Pablo emplea tres palabras distintas para describir el servicio cristiano. En el versículo 1 utiliza latreia, que se traduce: “culto de adoración” y hace énfasis en su aspecto de un temor reverente. La segunda palabra es diakonia, que se aplica al servicio práctico. En el versículo 11 el apóstol emplea “douleuo”, que se refiere al servicio de un siervo o esclavo, cuya razón de existir consiste en hacer la voluntad de su amo.

Por encima de todo lo demás, Pablo se consideraba a sí mismo un siervo de Jesucristo. Esa es la descripción con la cual se identifica a sí mismo en esta carta (Romanos 1:1), así como en Filipenses 1:1; Tito 1:1.

Además, nosotros no servimos al Señor en nuestras fuerzas propias, así como tampoco venimos a él por nuestro poder. El propósito supremo que tenemos en nuestra vida es servir al Señor Jesucristo, y nuestro poder para cumplir con ese servicio también proviene de él; “para lo cual también trabajo, luchando según la potencia de él, la cual actúa poderosamente en mí (Colosenses 1:29).

Si Dios te ha dado la salvación y te ha dado el poder para servirle, ya no tienes excusa en ofrecer tu vida misma al servicio de tu amo, tu Rey y Salvador, no debes ser perezoso en el servicio, siendo diligente y ferviente, para dar honra al que vive y reina en nuestra vida.

“Gracia y Paz”
(Juan Carlos Estigarribia)

¿HAY UN MEDICO EN LA SALA?


Isaías 63:9
“En toda angustia de ellos él (el Señor) fue angustiado, y el ángel de su faz los salvó; en su amor y en su clemencia los redimió, y los trajo, y los levantó todos los días de la antigüedad”.  

El espectáculo fue interrumpido bruscamente y alguien preguntó: ¿Hay un médico en la sala? El breve silencio que siguió tradujo la conmoción de los asistentes. Luego continuó el espectáculo, borrando muy pronto el malestar que esta interrupción había causado. La mayoría, sin duda, se preguntó qué había sucedido, pero rápidamente la presentación volvió a comenzar y el incidente fue olvidado. Sin embargo la enfermedad, o quizá la muerte, se habían presentado en ese teatro. ¡Pero eso sólo concernía a otro, no a mí!

Estamos tan centrados en nosotros mismos que a menudo los problemas de los demás nos son indiferentes. Pero eso no debería ser así, sobre todo en los creyentes. Jesucristo nunca fue indiferente ante la miseria. Si leemos los primeros capítulos del evangelio según Marcos, lo vemos alimentar a las multitudes hambrientas, sanar a los enfermos, sin tomarse nunca un momento de descanso; siempre estaba disponible para llevar el consuelo a quienes encontraba a su paso.

Si usted se halla en un estado de malestar físico o espiritual, sepa que Jesús también se interesa en usted y que ninguna circunstancia de su vida le es indiferente. Así como pudo responder a todas las tristezas cuando vivía en la tierra, ese médico divino también puede hacerlo hoy desde el cielo. Dígale simplemente, en oración, que lo necesita. ¡Él jamás dejará de responderle!

“Gracia y Paz”
La Buena Semilla