viernes, 21 de febrero de 2014

"LA GLORIA DE DIOS, LA PERDICIÓN DEL HOMBRE, Y EL EVANGELIO DE CRISTO"



“Como pastor, me estremezco y no puedo dormir de noche cuando pienso en la posibilidad de que miles de personas que se sentaron frente a mí los domingos por la mañana hayan pensado que eran salvas cuando en realidad no lo eran. Miles de personas que han situado sus vidas en un camino religioso que hace promesas grandiosas a un costo mínimo”.

“Se nos ha enseñado que todo lo que se requiere es una decisión, tal vez hasta una aceptación solo intelectual de Jesús y que, luego, no debemos preocuparnos por sus demandas, sus normas ni su gloria. Que tenemos un boleto para el cielo y que podemos vivir como se nos dé la gana en la tierra. Se nos tolerará el pecado durante el camino”.

“Hoy en día, gran parte de la evangelización moderna se construye sobre la idea de conducir a la gente por este camino, y las multitudes van en tropel detrás de estas premisas, pero al final es un camino construido sobre arena que se hunde y corre el riesgo de desilusionar a millones de almas”.

“La proclama bíblica del Evangelio nos llama a una respuesta muy diferente y nos conduce por un camino muy distinto. Aquí, el Evangelio nos demanda y nos permite apartarnos del pecado, tomar la cruz, morir a nosotros mismos y seguir a Jesús. Estos son los términos y las frases que vemos en la Biblia”.

“Entonces, la salvación consiste en una profunda lucha en nuestra alma contra la pecaminosidad de nuestro corazón, la profundidad de nuestra depravación y la tremenda necesidad que tenemos de Su gracia. Jesús ya no es más alguien a quien debemos aceptar o invitar, sino alguien que es infinitamente digno de nuestra entrega inmediata y absoluta. Por eso debemos evitar las caricaturas baratas del cristianismo que no exaltan la revelación de Dios en Su Palabra. Por eso es que tú y yo no podemos conformarnos con nada menos que un Evangelio centrado en Dios, que exalte a Cristo y que nos lleve a negarnos a nosotros mismos”.

“Gracia y Paz”

David Platt

jueves, 20 de febrero de 2014

¿ESTÁS ESCUCHANDO A DIOS?



Hechos 9:3-9
"Mas yendo por el camino, aconteció que al llegar cerca de Damasco, repentinamente le rodeó un resplandor de luz del cielo; y cayendo en tierra, oyó una voz que le decía: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? El dijo: ¿Quién eres, Señor? Y le dijo: Yo soy Jesús, a quien tú persigues; dura cosa te es dar coces contra el aguijón. El, temblando y temeroso, dijo: Señor, ¿qué quieres que yo haga? Y el Señor le dijo: Levántate y entra en la ciudad, y se te dirá lo que debes hacer. Y los hombres que iban con Saulo se pararon atónitos, oyendo a la verdad la voz, mas sin ver a nadie. Entonces Saulo se levantó de tierra, y abriendo los ojos, no veía a nadie; así que, llevándole por la mano, le metieron en Damasco, donde estuvo tres días sin ver, y no comió ni bebió".

La Biblia nos enseña que Dios desea hablarnos. Él desea que conozcamos el plan que tiene para la vida de cada uno de nosotros. La manera en que él nos hable dependerá de las circunstancias. Por ejemplo, después de la muerte de Moisés, Dios encomendó al joven Josué la tarea de guiar al pueblo de Israel a tomar posesión de la tierra prometida. Con este fin le dio instrucciones, y Josué escuchó atentamente. Así le dijo Dios: “Solamente esfuérzate y sé muy valiente, para cuidar de hacer conforme a toda la ley que mi siervo Moisés te mandó; no te apartes de ella ni a diestra ni a siniestra, para que seas prosperado en todas las cosas que emprendas” (Josué 1:7).

Hay ocasiones en las que Dios tiene que lidiar con corazones rebeldes, como fue el caso de Saulo de Tarso, fariseo y perseguidor de cristianos. En el pasaje de hoy vemos como Dios llamó la atención de Saulo en el camino a Damasco tirándole a tierra y dejándole temporalmente ciego. Claro que esta es una situación única en la Biblia, pero nos demuestra que cuando el Señor necesita comunicar algo, él lo hará de una manera u otra. Desde aquel momento la vida de Saulo de Tarso cambió radicalmente y llegó a ser el gran evangelista que ahora conocemos como el apóstol Pablo.

En Números capítulo 22, Dios hizo que el asna de Balaan le hablara a su amo cuando fue necesario reprenderlo (vv.28-30). Y cuando los fariseos se quejaron con Jesús porque sus discípulos le alababan mientras él hacia su entrada triunfal en Jerusalén, el Señor les respondió: “Os digo que si éstos callaran, las piedras clamarían” (Lucas 19:40). Ciertamente tenemos que entender que Dios está muy interesado en hablarnos, y que lo mejor que hacemos es tratar de escucharlo. Alguien dijo que hay dos maneras en que Dios nos habla: con un susurro o con un grito. Con seguridad ninguno de nosotros escogería el “grito” como la manera en que Dios nos hable, pero a veces nuestra insensibilidad a su voz obliga al Señor a usar métodos que demandan nuestra total atención.

Principalmente Dios nos habla por medio de su Palabra, y a través de ella nos comunica su voluntad. El Espíritu Santo entonces la usa para hablar a nuestro corazón. Dios también usa a otras personas para bendecirnos y dirigirnos. Y aún en nuestras decepciones, Dios nos comunica que nuestros aparentes fracasos de hoy pueden hacernos triunfar mañana. Así dijo el apóstol Pablo en su carta a los Romanos: “Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados” (Romanos 8:28).

Como un hijo o hija de Dios, vive con la seguridad de que en cada situación el Señor te hablará para guiarte (Juan 16:13), para consolarte (Juan 14:16), para protegerte (Génesis 19:17-26), o para expresarte su infinito amor (1 Juan 3:1-2). No permitas que las voces del mundo te impidan escuchar la voz del Señor. Busca su rostro diariamente por medio de la oración y la lectura de su Palabra. Pide a Dios que te de un oído fino para escuchar su voz, y discernimiento espiritual para entender y aceptar su verdad, sabiendo que este es el primer paso para llegar a ser un instrumento en los planes que él tiene para tu vida, los cuales redundarán en bendiciones para ti y tu familia. Cuando fallamos en escuchar su suave susurro, Dios tiene otras formas para atraer nuestra atención. ¿Le estás escuchando?

ORACIÓN:
Padre mío, yo anhelo escucharte claramente cada vez que tú me hables. Por favor dame un oído espiritual afinado de manera que me resulte fácil distinguir tu voz aunque me hables con un susurro. En el nombre de Jesús, Amén.

“Gracia y Paz”
Dios te Habla

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miércoles, 19 de febrero de 2014

PLATÍCA CON DIOS



Para platicar con Dios y saber qué quiere decirnos, invariablemente debemos de leer su Santa Palabra.

Jesús dijo: “Ustedes estudian con diligencia las Escrituras porque piensan que en ellas hallan la vida eterna. ¡Y son ellas las que dan testimonio en mi favor!” (Juan 5:39).

· Sin Jesús, no hubiese historia que contar.
· Las profecías del Antiguo Testamento se cumplen en Él.
· Él es el plan de redención.
· Él es quién salva.
· Es a través de Él que Dios retomará posesión de la Tierra que creó.

Por lo tanto, la mejor manera de leer la Biblia es conociendo la persona de Jesús – personal y contextualmente. Es por esta razón que te recomiendo que comieses a leer y estudiar la Biblia en los Evangelios (Mateo, Marcos, Lucas y Juan).

¡Toma nota!
· Siempre ora antes de leer la Biblia y exponerte a la Palabra de Dios.
· Pídele a Dios que abra tu corazón y agudice tu mente para que puedas aprender lo que Él te quiere enseñar a través de Su Palabra.
· Siempre ora DESPUÉS de leer la Biblia.
· Agradece el tiempo que estuviste con Él y pídele que grabe en tu mente y en tu corazón lo que leíste, pero, lo más importante, pídele que te recuerde vivir lo que leas diariamente.


“Gracia y Paz”

LA PACIENCIA, UNA CUALIDAD ADMIRABLE



Santiago 1:2-4
“Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas, sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia. Más tenga la paciencia su obra completa, para que seáis perfectos y cabales, sin que os falte cosa alguna”.

De acuerdo a la Palabra de Dios, la vida de todo cristiano se debe caracterizar por la paciencia, porque es importante para desarrollar el carácter maduro y estable que el Señor desea que se produzca en Su pueblo. “El amor es sufrido, es benigno…no se irrita” (1 Corintios 13:4-5).

La paciencia es la capacidad de absorber problemas y tensiones sin quejarse, y no verse afectado por los obstáculos, los retrasos y los fracasos.

Dios permite que tengamos dificultades, inconvenientes e incluso sufrimientos, con un fin específico: nos ayudan a desarrollar la actitud apropiada para que crezca nuestra paciencia. Cuando el cristiano ve que esas pruebas se resuelven en su provecho, permitiéndole alcanzar resultados convenientes y de refuerzo para su carácter, se prepara el escenario para el desarrollo de un espíritu paciente.

A continuación, el Espíritu Santo de Dios podrá desarrollar el fruto de la paciencia en su vida. “Pero el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia…” (Gálatas 5:22).

Sobre la falta de paciencia que caracteriza a nuestra generación, Billy Graham comentó: “Esta es una época altiva, neurótica y llena de impaciencia. Nos apresuramos cuando no hay necesidad – sólo por apresurarnos. Esta época acelerada ha producido más problemas y menos moralidad que las generaciones anteriores, y nos ha provocado males nerviosos. La impaciencia ha producido una secuela de hogares destruidos, úlceras, etc., y ha preparado la escena para más guerras mundiales”.

Un poco de introspección y análisis de la impaciencia por nuestra parte puede ser conveniente y útil. ¿Qué me hace ser impaciente? ¿Soy inmaduro? ¿Soy quisquilloso? “Pero el alimento sólido es para los que han alcanzado madurez, para los que por el uso tienen los sentidos ejercitados en el discernimiento del bien y el mal” (Hebreos 5:14).

¿Soy egoísta, legalista o exigente? ¿Soy capaz de dejar margen para las equivocaciones y las imperfecciones de los demás, recordando que Dios está actuando también sobre ellos? “…Que seáis pacientes para con todos. Mirad que ninguno pague a otro mal por mal; antes seguid siempre lo bueno unos para con otros, y para con todos” (1 Tesalonicenses 5:14-15).

¿Me irrito con facilidad “porque alguien se está saliendo con la suya”? “No te impacientes a causa de los malignos” (Salmo 37:1)

¿Soy envidioso o celoso? “Tened también vosotros paciencia, y afirmad vuestros corazones. Hermanos, no os quejéis unos contra otros, para que no seáis condenados” (Santiago 5:8-9).

¿Soy materialista? ¿Estoy dominado por el espíritu de este mundo? “Si, pues, habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba…” (Colosenses 3:1) ¿He superado realmente la “mentalidad secular”? “…pues he aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación” (Filipenses 4:11)

¿Estoy siendo insensible a los esfuerzos de Dios para ocuparse de mí, permitiendo que sufra circunstancias adversas, irritaciones y tensiones, con el fin de que, por medio de Su gracia, aprenda a trascender el yo y a crecer en amor y estatura espiritual?


“Gracia y Paz”
Edición: Carlos Martínez M.

Vida Mujer

¿ERES TÚ UNA MUJER VIRTUOSA?



Proverbios 18:22
"El que halla esposa halla el bien, y alcanza la benevolencia de Jehová".

Desde el principio de la creación el Señor estableció esta verdad: "No es bueno que el hombre esté solo; le haré ayuda idónea para él" (Génesis 2:18).

Pero eres mucho más que una compañera idónea, “eres la que con tus manos edificas la casa, mientras que la necia con las suyas la derriba” (Proverbios 14:1). El perfume embriagante de tu presencia, llena de gracia y frescura el hogar.

Ese lugar que puede estar adornado con los más exquisitos adornos que el dinero permite comprar, si no estás tú, pasa a ser un frío y lúgubre mausoleo donde todo palidece. Y ese modesto hogar donde el Soberano Dios te puso a ti, aún lo más simple brilla con inusitada gracia y esplendor.

Dichoso el hombre que después de una agotadora jornada pueda llegar a su hogar, y encontrar a su esposa afanada en agradar a su amado y transformar ese lugar en un manantial, donde ella se mueve como entre alelíes y las abejas revolotean con un beso de miel. Eres el sol, la luz y el viento que vuelan por ese lírico paisaje de amor.

Pero eres mucho más, eres la sabia administradora que puede multiplicar con gracia y sabiduría el escaso presupuesto que dispones, en delicados manjares que llenan de satisfacción a aquellos que con amor deseas agradar.

Eres la madre, y en esta condición tan especial, me hundo en un mar profundo sin poder tocar fondo para encontrar palabras y describir la grandeza de tu amor, lleno de un perfume enervante de tu núbil candor.

Con cuanta dedicación y desvelos cuidas a los retoños que Dios te da. Creo que no existe otra labor más fatigante y abrumadora, que esa que el Creador te encomendó, de guiar a los tuyos como un faro en medio del tortuoso mar.

No deja de maravillarme el hecho que cuando rendida y extenuada caes en un sueño profundo, que ni el rugir de los poderosos motores de un avión te pueden despertar, pero basta un simple quejido de tu niño para levantarte de un brinco y correr a su lado para derramar en libación tu amor.

Te admiro mujer, por tu fortaleza y dedicación. Cuanta paciencia y consagración te ha otorgado el Creador, que sabes sostener la arquitectura del silencio y del olvido en los agrestes caminos de la ruta estival.

El mundo es un mercado donde los hombres compran honores, voluntades y conciencias. Pero tú, mujer cristiana, eres como un manantial de aguas cristalinas y espumeantes sobre los pedregales, que se van suavizando en sus aristas con tu gracia tan especial.

Pero sabe que este mundo un día estará en mies en un granero celestial. Y allí, cuando los ángeles recojan los frutos de la cruz y el Señor nos traslade a Su gloria divinal.

Entonces muchos grandes predicadores se apresurarán a buscar las mejores coronas que el Rey de reyes repartirá. Pero seguramente escucharán avergonzados por su falta de humildad: "No, ésta, la más especial, es para la mujer que supo ser esposa, madre y arquitecta de su propio hogar.

Sí, mujer cristiana, tú que has llevado tu cruz en silencio y sin publicidad, te está aguardada una corona muy especial.

Ya viene el día, porque el Señor así lo prometió, que todas las cosas habrán de salir a la luz. Y tu abnegación, consagración y santidad, no serán olvidadas por el Creador.

¡Oh! Mujer cristiana cuan hermosas recompensas te esperan en la gloria. Eres un lirio del alba donde el rocío de la gracia divina brilla como cristalinas diademas y eres la tenue brisa que refresca el mustio camino de este mundo.

Amado Hermano: Tú que has sido bendecido con la compañía de una esposa, regocíjate con ella en tu juventud y en tu vejez, "como cierva amada y graciosa gacela. Sus caricias te satisfagan en todo tiempo, y en su amor recréate siempre" (Proverbios 5:19). Porque esto es lo que agrada al Señor en verdad y eternamente.

“Gracia y Paz”

Edición: Carlos Martínez M.


Jack Fleming

"EL CRISTIANO Y EL PSEUDO-CRISTIANO"



1 Juan 3:4-10
“Cualquiera que hace pecado, traspasa también la ley; pues el pecado es transgresión de la ley. Y sabéis que él apareció para quitar nuestros pecados, y no hay pecado en él. Cualquiera que permanece en él, no peca; cualquiera que peca, no le ha visto, ni le ha conocido. Hijitos, no os engañe ninguno: el que hace justicia, es justo, como él también es justo. El que hace pecado, es del diablo; porque el diablo peca desde el principio. Para esto apareció el Hijo de Dios, para deshacer las obras del diablo. Cualquiera que es nacido de Dios, no hace pecado, porque su simiente está en él; y no puede pecar, porque es nacido de Dios. En esto son manifiestos los hijos de Dios, y los hijos del diablo: cualquiera que no hace justicia, y que no ama á su hermano, no es de Dios”.


“Gracia y Paz”

¿CUAL ES EL VERDADERO PROBLEMA CON LA TENTACIÓN?



La tentación no tiene favoritismos de ninguna clase. De hecho, la tentación es común para todos: niños, adolescentes, adultos, hombres o mujeres. La tentación no mira estatus social, económico o espiritual. De manera que no te sorprendas cuando seas tentado.

Es importante señalar que la tentación no es pecado. Jesús fue tentado varias veces y no significa que haya pecado. Mientras te corra sangre por las venas ten por seguro que vas a ser tentado así que no te sientas culpable por eso.

El problema con la tentación es que atrapa tu mente, imaginación, sentimientos, y voluntad. Una vez que los atrapa; determinas que entablarás en ella. Es como si tu cuerpo te dijera “hazlo”… Y por lo regular al principio las consecuencias de la tentación no se manifiestan inmediatamente; y llegas a creer que te has salido con la tuya. Comienzas ha engañarte con frases como: “Ves, no me pasó nada”.

Empiezas a creer que eres más inteligente que los demás, porque aparentemente no te pasó nada, llegas a pensar que puedes empujar los límites un poquito más. Pero al final terminarás destruyéndote; ¿Sabes por qué? Porque el pecado siempre mata.
En Alaska las personas tienen una forma muy peculiar de cazar lobos. Lo que hacen es tomar un cuchillo de cacería sumergir la navaja en sangre y después la dejan congelarse. Repiten este proceso varias veces hasta que crean una paleta/helado de sangre, pero dentro de la paleta está la navaja del cuchillo. Entierran el mango del cuchillo en el hielo. Y como la nariz del lobo es 10,000 veces más poderosa que la del ser humano; desde kilómetros de lejos el lobo puede olfatear sangre congelada. El lobo llega al cuchillo cubierto con sangre y comienza a lamerlo, y la sangre congelada le sabe tan rica, sabrosa y es tan agradable que desea más y más, y la primera vez que la navaja corta su lengua, apenas si se da cuenta, pero el lobo continúa lamiendo y lamiendo hasta que comienza a tomarse su propia sangre y muere desangrado.

El pecado es así… comienza tan dulce, divertido y placentero, pero terminas una muerte física, emocional o espiritual.

¿Entonces que debemos hacer?, cada uno de nosotros nos conocemos muy bien, sabemos a que cosas somos débiles, sabemos que cosas pueden provocar que caigamos o que cosas hacen que seamos mas sensibles a acceder, por ello como dice la Palabra: “…ninguno se crea mejor de lo que realmente es. Sean realistas al evaluarse a ustedes mismos, háganlo según la medida de fe que Dios les haya dado” (Romanos 12:3 NTV).

A veces creemos que esta vez seremos fuerte para no caer y jugamos con fuego, creyendo que “ya lo superamos” o que “lo vamos a superar”, pero Dios no necesita que le demuestres que puede superarlo enfrentándote a esa tentación, al contrario, su Palabra nos motiva a huir de la tentación: “Huye de las malas pasiones de la juventud, y esmérate en seguir la justicia, la fe, el amor y la paz, junto con los que invocan al Señor con un corazón limpio” (2 Timoteo 2:22).

El pecado siempre te llevará más lejos de donde quisieras ir, te costará más de lo que estés dispuesto a pagar y de sus consecuencias te lamentaras por el resto de tu vida.


“Gracia y Paz”
Edición: Carlos Martínez M. 
Jorge Cota. 

ORACIÓN



Padre santo, perdóname si con mis actitudes y mi silencio ante los demás he negado a tu Hijo en tantas ocasiones. Yo deseo ser un fiel seguidor de Cristo y vivir para Él de manera evidente. Te ruego me ayudes a reconocer cuando estoy actuando de esa manera, cuando quiero que nadie sepa que soy cristiano. Por favor dame la fuerza y el valor para testificar y confesar a mi Señor, bajo cualquier circunstancia, delante de todo el mundo. En el nombre de Jesús, Amén.

¿HABRÁS TÚ NEGADO A JESÚS EN ALGUNA OCASIÓN?



Mateo 26:69-75
“Pedro estaba sentado fuera en el patio; y se le acercó una criada, diciendo: Tú también estabas con Jesús el galileo. Mas él negó delante de todos, diciendo: No sé lo que dices. Saliendo él a la puerta, le vio otra, y dijo a los que estaban allí: También éste estaba con Jesús el nazareno. Pero él negó otra vez con juramento: No conozco al hombre. Un poco después, acercándose los que por allí estaban, dijeron a Pedro: Verdaderamente también tú eres de ellos, porque aun tu manera de hablar te descubre. Entonces él comenzó a maldecir, y a jurar: No conozco al hombre. Y en seguida cantó el gallo. Entonces Pedro se acordó de las palabras de Jesús, que le había dicho: Antes que cante el gallo, me negarás tres veces. Y saliendo fuera, lloró amargamente”.

La actitud de Pedro negando a Jesús ha sido, a través de los siglos, el clásico ejemplo de deslealtad a un amigo. Sin embargo, Pedro no fue el único que traicionó el amor y la lealtad del Señor. Otro de los discípulos, Judas Iscariote, hizo algo aun peor: lo entregó a sus enemigos por unas cuantas monedas. Dice Mateo 26:14-16: “Entonces uno de los doce, que se llamaba Judas Iscariote, fue a los principales sacerdotes, y les dijo: ¿Qué me queréis dar, y yo os lo entregaré? Y ellos le asignaron treinta piezas de plata. Y desde entonces buscaba oportunidad para entregarle”. Pero la negación y la deslealtad entre los discípulos de Jesús no se limitan a estos dos. Allí en el huerto de Getsemaní, cuando se llevaban arrestado a Jesús, dice la Biblia que “todos los discípulos, dejándole, huyeron” (Mateo 26:56).

El evangelista Billy Sunday solía contar una historia acerca de un cristiano que consiguió un empleo en un aserradero cuyos trabajadores tenían la reputación de ser ateos y blasfemos. Un amigo, al oír que el hombre iba a trabajar allí le dijo: “Si esos leñadores se enteran de que eres cristiano, te van a hacer la vida imposible”. Después de un año, el hombre regresó a casa de visita. Mientras caminaba por la ciudad se encontró con el amigo que le había dicho que los trabajadores del aserradero lo ridiculizarían y lo perseguirían. “¿Y qué? – le preguntó el amigo - ¿Te molestaron mucho por ser cristiano?” “En absoluto – contestó el hombre – no me han dado ningún problema. Ni siquiera se imaginan que soy cristiano”.

Esta es una manera de negar a Jesús tal y como lo negaron sus discípulos. También nosotros negamos a Jesús cuando no testificamos ante los demás lo que él ha hecho en nuestras vidas. Lo negamos cuando participamos en conversaciones o chistes de doble sentido, o cuando vemos programas en la televisión que contaminan nuestros espíritus, o cuando decimos una mentira. Negamos al Señor cuando tenemos la oportunidad de visitar a un enfermo o de consolar a alguien en desgracia, y no lo hacemos. Lo negamos cuando no hablamos a los inconversos de su sacrificio en la cruz del Calvario y la vida eterna que él nos ofrece. En fin, negamos a Jesús cuando no actuamos de acuerdo al ejemplo que él nos legó y a las instrucciones que nos dejó en la Palabra de Dios.

El Señor desea que no seas solo un Creyente, sino que seas un genuino Seguidor y que vivas para él de manera evidente; que no te avergüences de confesarlo delante de todos los que te rodean. De aquí su declaración: “A cualquiera, pues, que me confiese delante de los hombres, yo también le confesaré delante de mi Padre que está en los cielos. Y a cualquiera que me niegue delante de los hombres, yo también le negaré delante de mi Padre que está en los cielos” (Mateo 10:32-33).

Piensa por un momento. ¿Habrás tú negado a Jesús en alguna ocasión? Si la respuesta es SÍ, ahora mismo arrepiéntete y confiesa ante Dios tu pecado, y él te perdonará, según dice 1 Juan 1:9. Entonces esfuérzate en conocer cada vez más al Señor por medio de la lectura de la Biblia y la oración diariamente. Y cada vez que tengas una oportunidad háblales de él a los que te rodean.

ORACIÓN:
Padre santo, perdóname si con mis actitudes y mi silencio ante los demás he negado a tu Hijo en tantas ocasiones. Yo deseo ser un fiel seguidor de Cristo y vivir para Él de manera evidente. Te ruego me ayudes a reconocer cuando estoy actuando de esa manera, cuando quiero que nadie sepa que soy cristiano. Por favor dame la fuerza y el valor para testificar y confesar a mi Señor, bajo cualquier circunstancia, delante de todo el mundo. En el nombre de Jesús, Amén.

“Gracia y Paz”

Dios te Habla

martes, 18 de febrero de 2014

¿CUÁNTAS VECES DEBO PERDONAR?



Mateo 18:21-22
“Pedro se acercó a Jesús y le preguntó: —Señor, ¿cuántas veces tengo que perdonar a mi hermano que peca contra mí? ¿Hasta siete veces? No te digo que hasta siete veces, sino hasta setenta y siete veces —le contestó Jesús—”

En una ocasión a Jesús se le presentó la oportunidad de enseñar sobre este asunto y como de costumbre confrontó directamente el error que había en el corazón de sus discípulos.

La enseñanza judía era que uno debía perdonar a su prójimo tres veces. Un maestro judío enseñaba “El que pide perdón a su prójimo no debe repetirlo más de tres veces”. Otro enseñaba “Si uno comete una ofensa una vez, se le perdona, Si comete una ofensa una segunda vez, se le perdona, Si uno comete una ofensa una tercera vez, se le perdona; pero la cuarta vez, ya no se le perdona”.

Sobre esta base entonces vemos a Pedro muy animado y seguro de si mismo planteando a Cristo un estándar nuevo en su pensamiento sobre el perdón. Es como si le estuviera diciendo, Señor los maestros enseñan que hay que perdonar tres veces, pero yo tengo una enseñanza nueva que puede cambiar al mundo y hacerlo mucho más compasivo… A partir de hoy voy a perdonar siete veces al que me cause algún daño… A simple vista parecería algo tremendo y digno de imitar… Quizás a los ojos de los demás discípulos el desafío de Pedro era tremendo, sin embargo Jesús elevó el desafió no un número determinado de veces, sino al nivel del perdón de Dios. “No te digo que hasta siete veces, sino hasta setenta y siete veces —le contestó Jesús—”.

Nuestra manera de perdonar tiene que cambiar, si el estándar para nuestras vidas es la vida de Cristo, entonces necesitamos crecer en nuestro perdón.

¿Pero como le vamos hacer para perdonar tanto?

Lucas 17:3-5
“Así que, ¡cuídense! »Si tu hermano peca, repréndelo; y si se arrepiente, perdónalo. Aun si peca contra ti siete veces en un día, y siete veces regresa a decirte "Me arrepiento", perdónalo. Entonces los apóstoles le dijeron al Señor: —¡Aumenta nuestra fe!”.


DIOS QUIERE QUE NUESTRO PERDÓN A OTROS SEA ILIMITADO

Para eso necesitamos crecer en nuestra fe.

Al igual que los apóstoles nosotros también podemos sorprendernos de los que Dios nos llama a desarrollar en nuestros corazones. Perdonar cada vez que me pidan perdón, y ¿si no esta verdaderamente arrepentido?, ¿y si lo vuelve a hacer?, ¿si nuevamente me trata mal, o me falta el respeto, o me ofende?

Estas son las preguntas que muchos de nosotros nos hacemos al momento de otorgar el perdón a otros y lo hacemos porque no somos incondicionales en nuestro perdón, sino que lo condicionamos a las obras que el otro hace.


“Si me pide perdón y cambia, entonces si”

Primero no podemos saber si alguien esta arrepentido ya que los frutos del arrepentimiento se muestran con el tiempo, con el cambio de actitud, de estilo de vida, en el trato diferente que hay.

Que alguien venga llorando y se ponga de rodillas no significa que esté arrepentido y que va a cambiar, simplemente significa que hay culpa y su culpa lo ha llevado a quebrantarse.

Pero si su corazón esta o no arrepentido eso sólo lo sabe Dios y como tal es Él quien deberá emitir juicio en el momento adecuado pero nosotros no. Nuestra parte es perdonar y confiar en Dios. No querer perdonar a otros es igual que decir no quiero ser como Dios. Es por esto que los discípulos le pidieron a Cristo que les diera más fe. Ayúdanos a creer que podemos llegar a cumplir con esa expectativa.


EL PERDÓN ESTA LIGADO A NUESTRA RELACIÓN CON DIOS Y A NUESTRA UNIÓN CON CRISTO.

Juan 15:5
“Yo soy la vid y ustedes son las ramas. El que permanece en mí, como yo en él, dará mucho fruto; separados de mí no pueden ustedes hacer nada”.

La clave está en que Cristo sea el Señor de nuestra vida, y en que Cristo viva en nosotros. El perdón es fruto de nuestra relación con Dios y es una muestra de amor por los demás.

Hechos 7:59-60
“Mientras lo apedreaban, Esteban oraba. —Señor Jesús —decía—, recibe mi espíritu. Luego cayó de rodillas y gritó: —¡Señor, no les tomes en cuenta este pecado! Cuando hubo dicho esto, murió”.

Dios nos llama a perdonar como él lo hace pero solo podemos hacerlo dándole el control.

Una de las causas de nuestra falta de perdón es que nos ponemos en el lugar de victimas, ocupamos el asiento de la victima y llevamos al que nos causo dolor al banquillo de los acusados para que se le encare y se le castigue como merece. Sin embargo Dios nos llama a tener otra actitud frente a esto.


EL PERDÓN NOS TRAE PAZ

Filipenses 4:7
“La falta de perdón en nuestras vidas, va generando un sinnúmero de emociones negativas, que nos llevan a la amargura y por medio de esta nos hace estar mal con todo el mundo”.

La falta de perdón, nos quita la paz y nos mantiene presos de sentimientos negativos y amargos hacia otras personas. Estamos tan acostumbrados a ser heridos y a herir a otras personas que nuestro concepto del perdón se ve minimizado por nuestra incapacidad de perdonar. Así es que herimos a otras personas, esperamos que nos perdonen, nos desilusionamos por su falta de perdón y nos rehusamos a perdonarlos. Para cuando somos adultos, tenemos que desaprender acerca del resentimiento y la amargura y aprender de nuevo acerca del perdón. La única forma de salir de este circulo vicioso es aprendiendo a perdonar y con esto a recibir la paz que tanto necesita nuestro corazón.


AL PERDONAR NOS LIBERAMOS DE UNA CARGA Y PODEMOS DISFRUTAR DE NUESTRA VIDA

Juan 3:16
“Porque tanto amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito, para que todo el que cree en él no se pierda, sino que tenga vida eterna”.

Aquí la palabra mundo se refiere a las personas que habitan el mundo, es decir a nosotros mismos. Fue el amor de Dios por nosotros mismos el que lo motivó a entregar su hijo a favor de todos los que creemos, para que por medio de esa fe Dios nos de la vida eterna.

Las preguntas para Pedro y también para nosotros no es ¿cuántas veces tengo que perdonar a mi hermano?, sino ¿qué impide que yo perdone a mi hermano, considerando que Dios me perdonó a mi? ¿Qué me impide perdonar como Dios lo hace?

Porque aunque no nos damos cuenta todos tenemos algo que nos impide crecer en nuestro corazón perdonador. Puede ser que en el pasado fuimos muy heridos por otras personas y esto nos quito la fe en la gente, en creer que podían cambiar. Quizás perdonamos mucho a otros y esto produjo abuso de su parte y terminamos desconfiados de las demás personas. Quizás nos enseñaron que el perdón es algo que no podemos otorgar a otros, sino que solo Dios lo puede hacer.

Sea cual sea la situación o el porqué, Jesús nos llama a perdonar más que tres o siete veces. El nos llama a ser perfectos en el perdón.

Efesios 4:31-32
“Abandonen toda amargura, ira y enojo, gritos y calumnias, y toda forma de malicia. Más bien, sean bondadosos y compasivos unos con otros, y perdónense mutuamente, así como Dios los perdonó a ustedes en Cristo”.

El perdón nunca debe estar ausente en nuestras relaciones, al contrario debe ser nuestra marca, lo que nos distingue tanto como el amor unos por otros el perdonarnos unos a otros tiene que estar presente en cada momento de nuestra vida. Esto es señal de madurez, es señal de un hombre más cercano a Jesús. Es ser como Dios en el amor.

Perdón es un signo de la gracia de Dios en nuestras vidas y somos llamados a entregar esa gracia a todo el que Dios ponga en nuestro camino. ¿Es fácil?, ¡no! pero unidos a Cristo podremos pasar la prueba.

Empecemos hoy mismo a aplicar el perdón a quien nos ha causado daño… y gocémonos de  ver cómo Dios se glorifica en nuestras vidas.


“Gracia y Paz”



Cristian Escobar

MANDATO DE DIOS



Marcos 10:14
"Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis, porque de los tales es el Reino de Dios".

Jesús nos manda que dejemos venir a los niños a El. Para nosotros sus Padres, significa que debemos darles toda la ayuda posible para que ellos conozcan personalmente al Señor Jesucristo.

Deuteronomio 6:6-7
"Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón, y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes".

Esta no sólo es una sugerencia, ¡ES UN MANDATO DE DIOS! Si no enseñamos a nuestros hijos la Palabra de Dios, somos desobedientes a Su mandamiento.


“Gracia y Paz”

SI DIOS TE HA DADO UN HIJO, ALÉGRATE Y TIEMBLA POR LA GRAN RESPONSABILIDAD QUE HA PUESTO EN TUS MANOS



Proverbios 22:6
“Instruye al niño en su camino, Y aun cuando fuere viejo no se apartará de él”.

La paternidad es una difícil y delicada tarea, pero es una de las experiencias más plenas y gratificantes que podamos vivir. Dios tiene mucho que decir acerca de la manera en que podemos criar exitosamente a nuestros hijos para que sean individuos piadosos. Enseñándoles en todo momento la verdad acerca de la Palabra de Dios.

UNO: Demuéstrales amor, abrázalos y diles repetidamente lo mucho que los amas. Siéntete complacido de sus pequeños y grandes triunfos. Reconócelos y motívalos a seguir sumando logros. Acompáñalos a leer la Biblia; a escribir, contar etc. Establece un parámetro de castigos y recompensas y cúmplelas (Proverbios 22:6).

DOS: Se para ellos un "Súper Héroe"; permanece a su lado cuando te necesiten; juega con ellos, conviértete todas las noches en un “cazador de dragones y monstruos” y libera su cuarto de “ellos”. Ora con ellos Antes de que cierren sus ojos para dormir.

TRES: Asegura que como padre o madre te respete (Efesios 6:1-3); como amigo te extrañe; pero que te ame toda la vida (Colosenses 3:20).

CUATRO: Incúlcales el temor a Dios (Deuteronomio 6:5-9; Salmo 128:1); Incúlcale valores morales como el respeto al prójimo y a los mayores (Mateo 22:39); a respetarse entre ellos y al sexo opuesto; a no mentir; a respetar las leyes y normas de la sociedad, a ser pulcros, a no arrojar basura en la calle o desde el vehículo; y, en todo tiempo, respeta sus ideas y espacio de intimidad.

CINCO: Si acostumbran hacer berrinches, ponles carácter, y, si es necesario, dales una palmada en su trasero (Proverbios 13:2; 19:18; 29:17). Suprímeles lo que más les guste y explícales porque lo haces y que tengan claro que toda acción conlleva una consecuencia (Gálatas 6:7). Asegúrate de cumplirles cada promesa que les hagas, sea buena, (o menos buena) y si te equivocas, reconócelo y discúlpate.

SEIS: No los lastimes con malas palabras. Elimina de tu vocabulario palabras y frases como: tonto, bobo, no te soporto, me tienes hasta la coronilla, lo sabía... tenías que ser tu, no puedes, todo lo haces mal, eres bruto y otras similares (Colosenses 3:21; Efesios 6:4). No olvides que las conductas son aprendidas y todo lo que les hagas o digas quedará grabado en su ser interior, creándoles paradigmas y creencias que en su vida de adulto le impedirán tener una vida plena (1 Timoteo 3:4).

SIETE: Somos su espejo y ellos actúan por el ejemplo. Si tienes hábitos nocivos como el alcohol, el tabaquismo, drogas o juegos de azar; y los practicas en su presencia; ¿que crees que pasara? Recuerda… tus acciones hablan más fuerte que tus palabras (1 Corintios 11:1).

OCHO: Enséñale con honor a que familia pertenecen, cuales son sus raíces familiares, el significado de su nombre y apellidos; que sepan a donde pertenecen, y su lugar en la familia primaria.

NUEVE: Guíalos a través del bullicioso camino de la vida. Enséñales que son seres maravillosos; que son hijos de Dios; que todo lo que deseen lo pueden lograr con paciencia, perseverancia y fe (Romanos 2:7).

DIEZ: Es importante involucrar a los hijos en la familia y el ministerio de la iglesia cuando son jóvenes. Asistir a una iglesia bíblica de Sana Doctrina (Hebreos 10:25), permitirles ver y estudiar la Palabra, así como estudiarla con ellos. Platicar con ellos sobre el mundo a su alrededor cómo ellos lo ven, y enseñarles acerca de la gloria de Dios a través de la vida diaria.

Los hijos son el préstamo más hermoso que nuestro Padre Celestial nos hace. Ellos están llenos de preguntas e inquietudes, de miedos y curiosidad, de tenacidad y debilidades; pero sobre todo, los hijos son los que nos alegran el día cuando llegamos a casa abatidos, cansados y con la sensación de que hemos viajado hasta el fin del mundo. Ellos con solo vernos brincan de alegría, gritan y corren a recibirnos. Nos abrazan con toda su fuerza y nos dicen "Que bueno que llegaste papi..., mami, te extrañé... hoy pasé la lección... sí pude". Es en esos momentos cuando todo nuestro obscuro día desaparece para darle paso al más hermoso de los arcoiris y solo alcanzar a pensar y decirnos a nosotros mismos "Gracias Dios por bendecirme con mis hijos”.

No permitamos que las circunstancias de la vida nos impidan disfrutar de ese maravilloso regalo; pues muy pronto crecerán y entonces ellos también tendrá ocupaciones propias que no les permitirán atendernos o vernos. Por eso, disfrutemos su inocente y alegre compañía, de sus abrazos, besos y ternura; porque con el pasar del tiempo, ellos también serán Padres o Madres, pero nunca cambiará el hecho de que seguirán siendo nuestros hijos.

ORACIÓN:
Amante Padre Celestial, ayúdame a educar y comprender a mis hijos, a escuchar pacientemente lo que tengan que decir, a contestar con cariño todas sus preguntas. Hazme tan amable con ellos, como yo quisiera que lo fueran conmigo. No me permitas hablarles de mal modo, si no enseñándoles con amor. No permitas que me burle de sus errores, ni que los humille o avergüence delante de nadie. No permitas que los induzca a hacer cosas indebidas por seguir mi mal ejemplo. Te pido que me guíes para que pueda demostrarles, con todo lo que diga y haga, que la honestidad es fuente de felicidad. Reduce el egoísmo que hay dentro de mí. Haz que cesen mis críticas de las faltas ajenas, que cuando la ira trate de dominarme, me ayudes a contener mi lengua. Haz que tenga siempre a flor de labios una palabra de amor y estímulo para ellos. Ayúdame a tratarlos conforme a sus edades y no me permitas que siendo ellos apenas unos niños les exija el criterio y comportamiento de los adultos. No permitas que les robe las oportunidades de actuar por si mismos con responsabilidad, de pensar, de escoger y tomar sus decisiones de acuerdo a sus edades. Enséñame Señor a corregirlos con amor y a instruirlos con tu Hermosa Palabra; y, sobre todo, dame el valor para reconocer y de confesarte mis faltas para con ellos, cada vez que las cometa. Todo te lo pido en el precioso nombre de tu hijo Jesús, Amen.

“Gracia y Paz”
Vida Cristiana

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ORACIÓN



Padre santo, te ruego me ayudes a entender el compromiso y los sacrificios que implican para seguir a tu Hijo Jesucristo, no quiero ser solo un discípulo que lo sigue a distancia, yo quiero tener una estrecha relación personal con Él. Por favor dame la fuerza y el valor para no fallar en este camino. Ayúdame a cargar con mi cruz cada día para que tu nombre sea glorificado en mi vida. En el nombre de Jesús, Amén.

¿ERES UN DISCÍPULO DE CRISTO?



Lucas 14:25-33
“Grandes multitudes iban con él; y volviéndose, les dijo. Si alguno viene a mí, y no aborrece a su padre, y madre, y mujer, e hijos, y hermanos, y hermanas, y aun también su propia vida, no puede ser mi discípulo. Y el que no lleva su cruz y viene en pos de mí, no puede ser mi discípulo. Porque ¿quién de vosotros, queriendo edificar una torre, no se sienta primero y calcula los gastos, a ver si tiene lo que necesita para acabarla? No sea que después que haya puesto el cimiento, y no pueda acabarla, todos los que lo vean comiencen a hacer burla de él, diciendo: Este hombre comenzó a edificar, y no pudo acabar. ¿O qué rey, al marchar a la guerra contra otro rey, no se sienta primero y considera si puede hacer frente con diez mil al que viene contra él con veinte mil? Y si no puede, cuando el otro está todavía lejos, le envía una embajada y le pide condiciones de paz. Así, pues, cualquiera de vosotros que no renuncia a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo”.

Cuando Jesús hizo esta declaración iba camino a Jerusalén donde le esperaba la muerte en la cruz del Calvario. Pero las multitudes que le seguían pensaban que él iba a establecer un imperio. Por esta razón les habló así. En la forma más clara posible les dijo que aquel que decidiera seguirlo no obtendría poderes ni gloria terrenales, sino que, por el contrario, debía estar dispuesto a renunciar a las cosas más preciadas de la vida, y a soportar todo tipo de sufrimiento. A esto se refirió cuando dijo que debemos “aborrecer” a nuestros seres queridos. Obviamente no se refiere Jesús a “odiar”, sino a poner en un plano secundario a los seres queridos y todo lo que sea de valor para nosotros. Y ser capaces de llevar nuestra cruz. En resumen, ser un discípulo de Cristo no es nada fácil, pues hay muchas cosas que amamos y deseamos, a las cuales debemos renunciar. De este pasaje aprendemos dos verdades fundamentales:

1. Es posible ser un discípulo de Jesús y sin embargo no ser su seguidor; conocer sus enseñanzas mas no llevarlas a la práctica. Una vez una persona le estaba hablando a un gran erudito acerca de un joven: "Fulano me dijo que fue alumno suyo", le dijo. La respuesta del maestro fue reveladora: "Puede que él haya asistido a mis clases, pero no fue uno de mis alumnos". Hay una gran diferencia entre un verdadero estudiante y otro que sólo asiste a las clases. Uno de los grandes problemas de la iglesia es que en ella hay muchos que han oído hablar de Jesús, pero lo siguen a distancia, es decir no tienen una relación con él. Lamentablemente pocos son verdaderos seguidores de Jesús, es decir pocos están dispuestos al sacrificio con el fin de servirle.

2. Antes de decidir seguir a Cristo, debemos calcular el costo de esta empresa. Jesús habla acerca de la necesidad de calcular los gastos para edificar una torre, probablemente la torre de una viña. Las viñas estaban equipadas con torres en las cuales se ponían guardias contra los ladrones que podían robarse la cosecha. Si el hombre no hace los cálculos necesarios antes de comenzar la construcción, y no puede acabarla, seguramente será objeto de burla por su fracaso. En la ceremonia de boda, el pastor establece lo que es el matrimonio, y luego dice: "Por lo tanto, el matrimonio no debe ser contraído por nadie irreflexivamente, sino con plena conciencia de la importancia del paso que van a dar". En primer lugar el hombre y la mujer deben considerar el costo, el compromiso, los sacrificios de la empresa que están a punto de comenzar. Y sobre todo deben conocerse bien ambos para saber qué esperar de esta relación.

Lo mismo sucede en el aspecto espiritual. No podemos hacer un compromiso si no conocemos al Señor. Y es necesario que estemos concientes de que ser un discípulo de Cristo requiere entrega y sacrificio. La gran diferencia en este caso es que si alguien siente temor o desaliento ante las altas demandas del Señor, debe recordar que no tendrá que cumplirlas solo. Aquel que lo llamó al camino difícil, recorrerá con él cada paso del mismo y lo ayudará a levantarse cuando tropiece, y compartirá con él sus cargas. Y, sobretodo, estará esperando al final para recibirlo y darle la recompensa prometida.

ORACIÓN:
Padre santo, te ruego me ayudes a entender el compromiso y los sacrificios que implican para seguir a tu Hijo Jesucristo, no quiero ser solo un discípulo que lo sigue a distancia, yo quiero tener una estrecha relación personal con Él. Por favor dame la fuerza y el valor para no fallar en este camino. Ayúdame a cargar con mi cruz cada día para que tu nombre sea glorificado en mi vida. En el nombre de Jesús, Amén.

“Gracia y Paz”

Dios te Habla