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martes, 19 de abril de 2016

NO IMPORTA QUE TAN PROFUNDO HAYAS CAÍDO, DIOS TE PUEDE RESCATAR



Isaías 41:10
“No temas, estoy contigo. Yo soy tu Dios, no tengas miedo. Te fortaleceré, sí, te ayudaré. Te salvaré con mi mano victoriosa”.

Muchos estamos luchando en nuestras propias fuerzas, tratando de vencer los violentos ataques del enemigo, y lo que no queremos aceptar es que nos encontramos cansados y fatigados por una batalla que hemos librado en nuestras propias fuerzas. Oigamos la voz de Dios que nos dice:

–Yo los liberaré del temor que se apodera de su corazón. El enemigo solo puede rugir, y atacar su carne y su mente, pero nunca podrá separarlos de Mi amor y todo lo que Yo he puesto delante de ustedes. Yo les he prometido un futuro y una esperanza, y si ustedes aún no han llegado a ese lugar, crean que lo que Yo les prometí eso mismo realizaré–.

–Yo los levantaré y los sacaré de lugar donde han estado. Yo nunca los abandonaré. No están atrapados en una isla desierta. Están en la palma de Mi mano, debajo de Mis alas protectoras. Ustedes son Mis hijos y Yo soy su refugio–.

–Yo los fortaleceré. Siempre los sustentaré con la diestra de Mi justicia. Caminen por fe y no por lo que sienten o ven, y sigan confiando en Mí. Me verán moverme con imponentes señales y maravillas mientras derribo las fortalezas sobre la tierra. Yo Soy su Dios soberano y sí, Yo estoy en total control–.

Isaías 41:13
“Porque Yo soy el SEÑOR tu Dios, que sostiene tu diestra, Que te dice: 'No temas, Yo te ayudaré”.



viernes, 25 de marzo de 2016

“A EL OID”



Marcos 9:7

“Y vino una nube que les hizo sombra, y una voz de la nube, que decía: Este es mi Hijo amado: A EL OID”. 

En la Universidad donde estudie conocí a un maestro que me causo gran admiración. Todas sus palabras eran precisas, porque dibujaban en mi mente las situaciones exactas que describía.

Cuando hablamos con las personas y vemos que se expresan con excelencia y sabiduría, cometemos el grave error de también querer hablar y hablar sin poner atención a lo que nos están diciendo. Lo que debemos hacer es callar y poner atención. Debemos aguzar los oídos al máximo para asimilar lo que estamos escuchando.


Desafortunadamente a muchos así nos pasa cuando estamos a solas con Dios. Hablamos y hablamos sin escucharlo. Hablar con Él es conversar, dialogar, no querer hablar todo el tiempo como en un monólogo. Debemos derramar nuestro corazón delante de Él, pero debemos también saber escuchar su respuesta.

Me ha ocurrido muchas veces que cuando lo oigo al leer su Palabra, no quiero otra cosa más que estar callado. Busco apoderarme de todo lo que dice, como lo hacía María, la hermana de Lázaro, que atendía complacida a sus enseñanzas.

La Escritura de hoy nos enseña sobre la transfiguración de Jesús en la montaña alta. Junto con él estaban Pedro, Jacobo y Juan. Allí aparecieron también Moisés y Elías que conversaban con Jesús. Los discípulos se asustaron y Pedro, no sabiendo qué decir, dijo algunas palabras sin mucho sentido. Pero en ese momento Dios les ordenó que escuchen a su Hijo Amado.

Cuánto bien les hizo a los discípulos escuchar a Jesús. Esas vidas fueron totalmente impactadas y transformadas con sus enseñanzas. “¡A EL OID!” es un precioso mandato que tú y yo debemos obedecer.


¡Gracia y Paz!

Aprendiendo la Sana Doctrina

martes, 25 de febrero de 2014

¡ERES ESPECIAL PARA DIOS!



Isaías 41:9-10
“Porque te tomé de los confines de la tierra, y de tierras lejanas te llamé, y te dije: Mi siervo eres tú; te escogí, y no te deseché. No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia"

"¡Brenda! ¡Brenda!" Los gritos frenéticos procedían de una madre que comenzaba a llenarse de pánico mientras buscaba a su hija de cuatro años, perdida en la cafetería de un congestionado centro comercial. Los gritos de la madre captaron la atención de muchas personas que almorzaban allí en aquel momento. Algunos se unieron en la búsqueda de la niña, mientras otros parecían molestos con los insistentes gritos de la joven madre. Unos minutos más tarde un oficial de la policía trajo la niña a su mamá. Madre e hija se abrazaron llorando, aliviadas porque la triste experiencia había terminado.

Al igual que esa madre a su niña, Dios nos llama insistentemente mientras nosotros vamos a la deriva, sintiendo el vacío y la soledad que seguramente la niña sintió. El pasaje de hoy dice que desde el principio Dios está llamando a la humanidad con el fin de librarla de la condenación eterna. A través de toda la Biblia vemos el amor de Dios hacia nosotros por medio de su constante invitación a que vengamos a él. En el Antiguo Testamento, a través de los profetas, muchas veces el Señor llamó al pueblo de Israel a que se acercaran a él y escucharan sus instrucciones. Por ejemplo, en Isaías 55:1-3, Dios les hace una invitación por medio del profeta Isaías: “A todos los sedientos: Venid a las aguas; y los que no tienen dinero, venid, comprad y comed.” Esta es una exhortación a todos aquellos que tienen sed, pero no se trata de sed física, sino sed y hambre espiritual, es decir alimento para el alma. Y Dios ofrece satisfacer esa sed y esa hambre completamente de gratis. Allí mismo dice: “Inclinad vuestro oído, y venid a mí; oíd, y vivirá vuestra alma”. Lamentablemente, una vez más, aquel pueblo rebelde y desobediente ignoró la invitación y por ello se perdieron de muchas bendiciones. Así les dijo el Señor: “¡Oh, si hubieras atendido a mis mandamientos! Fuera entonces tu paz como un río, y tu justicia como las ondas del mar” (Isaías 48:18).

Siglos más tarde Dios envió a su Hijo con un mensaje de reconciliación y con la encomienda de dar su vida para pagar el precio de nuestros pecados. Y mientras estuvo en la tierra, Jesús mostró su amor por un mundo alejado de Dios y expresó siempre su deseo de bendecirlo. Por ejemplo, Mateo 9:36 dice que “al ver las multitudes, tuvo compasión de ellas; porque estaban desamparadas y dispersas como ovejas que no tienen pastor”. Y las amó, y las llamó al arrepentimiento, y les ofreció la vida eterna. Dice Mateo 11:28: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar”. Y este llamado a la salvación y a la eterna comunión continúa hasta el último libro de la Biblia, donde Jesús dice: “He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo” (Apocalipsis 3:20).

Dios llama. Él manda mensajes específicos a las personas para ayudarles a entender que son pecadores, separados de él, perdidos por la eternidad sin él, y su llamado es un llamado a reconciliarse con él recibiendo a su hijo Jesucristo como Salvador personal. Él nos llama con un amor indescriptible, así como aquella madre llamaba a su hijita extraviada. Cuando comprendamos que estamos perdidos y que necesitamos ayuda, cuando escuchemos su voz y vayamos a él disfrutaremos de una vida llena de gozo y de paz.

ORACIÓN:
Amado Dios, ayúdame a entender cuánto te necesito y a escucharte cuando me llamas. Dame discernimiento espiritual para ver lo que tú quieres que yo vea y un oído fino para escuchar lo que tú quieres que yo escuche. En el nombre de Jesús, Amén.

(Lectura: Isaías 41:4-10)


“Gracia y Paz”

Dios te Habla

jueves, 20 de febrero de 2014

¿ESTÁS ESCUCHANDO A DIOS?



Hechos 9:3-9
"Mas yendo por el camino, aconteció que al llegar cerca de Damasco, repentinamente le rodeó un resplandor de luz del cielo; y cayendo en tierra, oyó una voz que le decía: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? El dijo: ¿Quién eres, Señor? Y le dijo: Yo soy Jesús, a quien tú persigues; dura cosa te es dar coces contra el aguijón. El, temblando y temeroso, dijo: Señor, ¿qué quieres que yo haga? Y el Señor le dijo: Levántate y entra en la ciudad, y se te dirá lo que debes hacer. Y los hombres que iban con Saulo se pararon atónitos, oyendo a la verdad la voz, mas sin ver a nadie. Entonces Saulo se levantó de tierra, y abriendo los ojos, no veía a nadie; así que, llevándole por la mano, le metieron en Damasco, donde estuvo tres días sin ver, y no comió ni bebió".

La Biblia nos enseña que Dios desea hablarnos. Él desea que conozcamos el plan que tiene para la vida de cada uno de nosotros. La manera en que él nos hable dependerá de las circunstancias. Por ejemplo, después de la muerte de Moisés, Dios encomendó al joven Josué la tarea de guiar al pueblo de Israel a tomar posesión de la tierra prometida. Con este fin le dio instrucciones, y Josué escuchó atentamente. Así le dijo Dios: “Solamente esfuérzate y sé muy valiente, para cuidar de hacer conforme a toda la ley que mi siervo Moisés te mandó; no te apartes de ella ni a diestra ni a siniestra, para que seas prosperado en todas las cosas que emprendas” (Josué 1:7).

Hay ocasiones en las que Dios tiene que lidiar con corazones rebeldes, como fue el caso de Saulo de Tarso, fariseo y perseguidor de cristianos. En el pasaje de hoy vemos como Dios llamó la atención de Saulo en el camino a Damasco tirándole a tierra y dejándole temporalmente ciego. Claro que esta es una situación única en la Biblia, pero nos demuestra que cuando el Señor necesita comunicar algo, él lo hará de una manera u otra. Desde aquel momento la vida de Saulo de Tarso cambió radicalmente y llegó a ser el gran evangelista que ahora conocemos como el apóstol Pablo.

En Números capítulo 22, Dios hizo que el asna de Balaan le hablara a su amo cuando fue necesario reprenderlo (vv.28-30). Y cuando los fariseos se quejaron con Jesús porque sus discípulos le alababan mientras él hacia su entrada triunfal en Jerusalén, el Señor les respondió: “Os digo que si éstos callaran, las piedras clamarían” (Lucas 19:40). Ciertamente tenemos que entender que Dios está muy interesado en hablarnos, y que lo mejor que hacemos es tratar de escucharlo. Alguien dijo que hay dos maneras en que Dios nos habla: con un susurro o con un grito. Con seguridad ninguno de nosotros escogería el “grito” como la manera en que Dios nos hable, pero a veces nuestra insensibilidad a su voz obliga al Señor a usar métodos que demandan nuestra total atención.

Principalmente Dios nos habla por medio de su Palabra, y a través de ella nos comunica su voluntad. El Espíritu Santo entonces la usa para hablar a nuestro corazón. Dios también usa a otras personas para bendecirnos y dirigirnos. Y aún en nuestras decepciones, Dios nos comunica que nuestros aparentes fracasos de hoy pueden hacernos triunfar mañana. Así dijo el apóstol Pablo en su carta a los Romanos: “Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados” (Romanos 8:28).

Como un hijo o hija de Dios, vive con la seguridad de que en cada situación el Señor te hablará para guiarte (Juan 16:13), para consolarte (Juan 14:16), para protegerte (Génesis 19:17-26), o para expresarte su infinito amor (1 Juan 3:1-2). No permitas que las voces del mundo te impidan escuchar la voz del Señor. Busca su rostro diariamente por medio de la oración y la lectura de su Palabra. Pide a Dios que te de un oído fino para escuchar su voz, y discernimiento espiritual para entender y aceptar su verdad, sabiendo que este es el primer paso para llegar a ser un instrumento en los planes que él tiene para tu vida, los cuales redundarán en bendiciones para ti y tu familia. Cuando fallamos en escuchar su suave susurro, Dios tiene otras formas para atraer nuestra atención. ¿Le estás escuchando?

ORACIÓN:
Padre mío, yo anhelo escucharte claramente cada vez que tú me hables. Por favor dame un oído espiritual afinado de manera que me resulte fácil distinguir tu voz aunque me hables con un susurro. En el nombre de Jesús, Amén.

“Gracia y Paz”
Dios te Habla

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