jueves, 2 de mayo de 2013

¿TIENES LA PAZ DE JESUCRISTO?



2 Corintios 4:8
“Estando atribulados en todo, mas no angustiados; en apuros, mas no desesperamos”.

Tenemos problemas en todos lados, mientras que sufrimos por el paso en este mundo. Jesús nos dijo que esto nos sucedería. Pero como dice nuestro versículo de hoy, no estemos desesperados; al contrario, regocijémonos en el Espíritu, porque sabemos que tendremos nuestro galardón en el cielo y tendremos la paz que sobrepasa todo entendimiento mientras que no nos fijemos en las cosas de este mundo pasajero, sino mirando sólo hacia Jesucristo, el autor y consumador de nuestra fe.

“Gracia y Paz”
Un Versículo de la Biblia cada Día

miércoles, 1 de mayo de 2013

“VENCE CON EL BIEN EL MAL”



Romanos 12:21
“No seas vencido de lo malo; mas vence con el bien el mal”.

La sabiduría del mundo es buscar la venganza; ojo por ojo. Combate el fuego con el fuego. Así no es el camino del Reino de Dios. Jesús dice que debemos bendecir a los que nos maldicen, y orar por los que nos hacen mal.

¡Que Salvador tan magnifico tenemos! ¡Qué contraste con muchas religiones belicosas que incitan a sus partidarios y seguidores a que agarren la espada, y que hagan violencia en el nombre de su religión.

Como cristianos que somos, representamos a Cristo aquí en la tierra, de modo que nuestra vida debe brillar como una luz, dirigiendo a la gente a nuestro Padre Celestial. Eso es vencer lo malo con el bien. ¿Quién sabe, si al hacer esto podamos ganar algunos para Cristo, de manera que ellos también tendrán una eternidad de gozo en la presencia del Padre Celestial, en lugar de tener las tormentas de la eternidad que esperan a aquellos que no se quieren rendir a Cristo para seguirlo.

“Gracia y Paz”
Un Versículo de la Biblia cada Día

¿QUIEN EDUCA A QUIEN, QUIEN MANDA A QUIEN?



Proverbios 22:6
“Instruye al niño en su camino, Y aun cuando fuere viejo no se apartará de él”.

Efesios 6:2-3
“Honra a tu padre y a tu madre, que es el primer mandamiento con promesa; para que te vaya bien, y seas de larga vida sobre la tierra”.


Nos quedamos sorprendidos, cuando se informa en periódicos o radio, que el sicario no superaba los 18 años. Cuando los cuerpos de los 3 o 4 ejecutados, correspondían a adolescentes de hasta 14 años de edad. Frente a lo anterior, el psiquiatra dominicano César Mella, hizo publicar el siguiente trabajo, que creo que a todos los que somos padres, o seremos abuelos algún día, nos debe interesar; el texto que me llegó suscrito por el doctor Mella, es el siguiente:

Yo me preguntaría y plantaría la siguiente pregunta: ¿cómo eduqué o estoy educando a mis hijos? ¿Qué valores inculco o inculqué a mis hijos? A los jóvenes de este siglo hay que llamarlos varias veces en la mañana para que se levanten, para llevarlos a la escuela y, digo llevarlos porque no tienen que tomar el camión o caminar larguísimas distancias para llegar a ella. Se levantan generalmente irritados porque se acuestan muy tarde, viendo televisión por cable, jugando playstation, hablando o enviando mensajes por teléfono o chateando por Internet. No se ocupan de que su ropa esté limpia y mucho menos en poner un dedo en nada que tenga que ver con arreglar algo en el hogar. Tienen los juegos y equipos digitales más modernos del mercado, Ipod, Blackberry y computadora no pueden faltar, como tampoco el pago por su actualización.

Hoy los hijos, muchas veces sin merecerlo, presumen el celular más novedoso. El Nextel más costoso. La Lap Top más equipada. Nada les costó. Si se descomponen, para eso estamos, no faltaba más, hay que pagar la reparación, a la brevedad y sin chistar. Idolatran amigos y a falsos personajes de Realitys de MTV. ¡Ah! pero viven encontrándole defectos a los padres, a quienes acusan a diario de que sus ideas y métodos están pasados de moda. Se cierran automáticamente a quien les hable de moral, honor y buenas costumbres, y mucho menos de religión. Lo consideran aburrido. Ya saben todo y, lo que no ¡Lo consultan en Internet!

Nos asombramos, porque los sicarios cobran cuotas sin trabajar por ellas, cuando a nuestros hijos los acostumbramos a darles todo incluso su cuota semanal o mensual sin que verdaderamente trabajen por ella, y todavía se quejan porque eso no les alcanza. Si son estudiantes, siempre inventan trabajos de equipo o paseos de campo, que lo menos que uno sospecha, es que regresarán con un embarazo, habiendo probado éxtasis, coca, marihuana o cuando mínimo alcoholizados. Y cuando les exiges lo más mínimo en el hogar o en la escuela, lejos de ser agradecidos te contestan, con desfachatez: "yo no pedí nacer, es tu obligación mantenerme o quien les manda andar de calientes".

Definitivamente estamos bastante mal, pues la tasa de que hagan su vida independiente se aleja cada vez más, pues aún graduados y con trabajo, hay que seguirlos manteniendo, pagándoles deudas, servicios y hasta los partos de sus hijos. Con lo anterior, me refiero a un estudio que indica que este problema es mayor en chicos de la sociedad de clase media o media alta (o de capas medias urbanas) que bien pudieran estar entre los 14 y los 28 años, si es correcto 28 años o más ¿lo pueden creer? y que para aquellos padres que tienen de dos a cuatro hijos constituyen un verdadero dolor de cabeza. ¿Entonces en qué estamos fallando? Yo sé, dirán que los tiempos y las oportunidades son diferentes, pues para los nacidos en los años cuarenta y cincuenta, el orgullo reiterado era levantarse de madrugada a ordeñar las vacas con el abuelo; que tenían que ayudar a limpiar la casa; no se frustraban por no tener vehículo, andaban a pie a donde fuera, siempre lustraban sus zapatos, los estudiantes no se avergonzaban de no tener trabajos gerenciales o ejecutivos, aceptaban trabajos como limpiabotas y repartidores de diarios. Lo que le pasó a nuestras generaciones, es que elaboramos una famosa frase que no dio resultado y mandó todo al diablo: ¡Yo no quiero que mis hijos pasen, los trabajos y carencias que yo pasé!

Nuestros hijos no conocen la verdadera escasez, el hambre. Se criaron en la cultura del desperdicio: agua, comida, luz, ropa, dinero. Muchos de los nuestros hijos, a los 10 años ya habían ido a Disney World mínimo dos veces, cuando nosotros a los 20 si bien nos iba conocíamos la Ciudad de México, con su hoy vetusto y atiborrado Metro. El "dame" y el "cómprame", siempre fue generosamente complacido convirtiendo a nuestros hijos en habitantes de una pensión, con sirviente(a) y todo incluido, que después intentamos que funcionara como hogar.

Es alarmante el índice de divorcios que se está generando, van a la conquista de su pareja y vuelven al hogar, sólo unos meses más tarde, divorciados porque la cosa no funcionó; ninguno de los dos quiere servir al otro en su nueva vida. Como nunca batallaron en la pensión con sirviente incluido, en la que se les convirtió el hogar paterno, a las primeras carencias en el propio, avientan el paquete y regresan a la casa para que la mamá y el papá continúen resolviéndoles la vida.

Este mensaje es para los que tienen hijos y que pueden todavía moldearlos, edúquenlos con principios y responsabilidades. háganles el hábito del ser agradecidos. Háganles el hábito de saber ganarse el dinero con honestidad, la comida, la ropa, el costo de la estancia en la casa en la cual no aportan para el pago de servicios. Háganles saber lo que cuesta cada plato de comida, cada recibo de luz, agua, renta. Háganles sentir en su casa, cómo se comportarían ustedes en casa ajena cuando van de visita. Por ese domingo o cuota semanal o mensual, edúquenlos en la cultura de la correspondencia y el agradecimiento. Que los sábados o domingos laven el carro, ayuden a limpiar la casa, NO SU CUARTO, esa debe ser obligación de siempre sin pago de por medio. Háganles la costumbre de limpiar sus zapatos, de que paguen simbólicamente, por todo lo que gratuitamente reciben, implántenles la ideología de ameritar una especie de beca escolar que ustedes pagan, y por la que ellos no pagan ni un centavo, eso puede generar una relación en sus mentes trabajo=bienestar.

Que entiendan que asistir a la escuela, es un compromiso con la vida, que no es ningún mérito asistir a ella. De la responsabilidad con que cumplan ese compromiso, dependerá su calidad de vida futura. Todos los niños deben desde temprano aprender a lavar, planchar y cocinar, para que entiendan la economía doméstica en tiempos que podrían ser más difíciles. Cuida lo que ven y ves con ellos en la televisión, y evita caer en el vicio social llamado telenovelas, los videojuegos violentos, la moda excesiva y toda la electrónica de la comunicación, que han creado un marco de referencia muy diferente al que nos tocó. Cuando ocupes corregirlos, aconséjalos, platica con ellos, no los ofendas, no los reprendas en público. Si lo haces, nunca lo olvidarán. Nunca te lo perdonarán.

Estamos comprometidos a revisar los resultados, si fuimos muy permisivos, o sencillamente hemos trabajado tanto, que el cuidado de nuestros hijos queda en manos de las empleadas domésticas y en un medio ambiente cada vez más deformante. Ojalá que este mensaje llegue a los que tienen la oportunidad de cambiar o hacer algo al respecto. Ya los abuelos pagaron. Nosotros estamos pagando con sangre la transición. Que cada quien tome lo que la corresponda. Que haga lo que pueda y quiera. Recuerda que para que triunfe el mal, solo se necesita que la gente buena lo permita

"Gracia y Paz"
Vida y Familia

COMO LA GALLINA



Mateo 23:37-38
“¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas, y apedreas a los que te son enviados! ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina junta sus polluelos debajo de las alas, y no quisiste! He aquí vuestra casa os es dejada desierta”.

En este pasaje Dios le habla a la ciudad amada. Nunca existió un pueblo que Dios haya levantado y escogido para sí, como lo ha sido Jerusalén. Pero la palabra y la sentencia dirigida hacia ellos es muy especial.  Dos veces les llama, como si quisiera que su atención se centrara en lo que habrá de decirles.

Este pueblo rechazó a Dios y su rechazo lo manifestó matando a los profetas y apedreando a aquellos que Dios les enviaba. Más hoy la Iglesia de Dios, al igual que Jerusalén escogida por Dios, debe aprender a actuar en base a aquellos ejemplos que nos quedaron como lecciones valiosas para nuestras vidas, para que no cometamos los mismos errores que ellos cometieron. De esta cuenta, la Iglesia hoy en día, debe decir “bienvenido” a todo aquel verdadero mensajero que venga de parte de Dios, a todo maestro genuino que traiga una voz y un mensaje de parte de Dios.

Quiero tomar una ilustración para poder enfocar el mensaje de hoy, una anécdota al respecto: Un granjero tenía una gallina con varios pollitos, de repente vino una tormenta eléctrica y el granjero corrió a tomar a los de su familia y entró en su refugio con ellos. En su apresuramiento por resguardarse con los suyos, al granjero se le olvidó la gallina. Ya adentro, los hijos del granjero le hicieron ver su falta, pero ya era tarde para salir por la gallina y los pollitos. Los hijos estaban acongojados por la gallina. Al fin de la tormenta ellos salieron y lo primero que hicieron fue ir a buscar a la gallina. De repente encontraron una masa de lo que había sido antes carne, ahora toda quemada. Alrededor plumas medio quemadas, algunas partes de miembros que dejaban saber que esa era su gallina. Los niños rompieron a llorar, pero se acordaron de los pollitos y nuevamente iniciaron la búsqueda. El granjero se dispuso a levantar los restos de la gallina y sucedió que bajo aquellos restos quemados encontró sanos y salvos a los pollitos. La gallina los había protegido de la muerte, aún a costa de su propia vida!

Jesucristo comparó a Israel con los pollitos y a la gallina con Israel. Como el Israel de Dios que la Iglesia ha llegado a ser, según Gálatas 6:16, Dios vela por guardarnos, preservarnos y cuidarnos. De hecho Jesucristo sufrió el sacrificio que como la gallina de la ilustración, estuvo dispuesto a morir por amor a nosotros. ¡Imagínate tener la sobreprotección del Altísimo, del Dios Todopoderoso, del Creador de los Cielos y la Tierra y que se levante como Guerrero, como Escudero, como Abogado Defensor nuestro, como Ciudad Fortificada! ¡Quién se podrá levantar en contra nuestra, si Él marcha delante como poderoso gigante! ¿Qué enemigo podrá hacernos frente a nosotros? ¡Ningún arma forjada prevalecerá en contra de los pollitos de la gallina! ¡Aleluya!

Pero… Israel no quiso ser protegida. ¡Qué terrible cosa es no querer nada con Dios! El hombre llega a rechazar a Dios con sus actitudes: Se le habla de Dios, de su Palabra, de Su Plan de Salvación, de Su Evangelio y no le gusta, aún, se molesta, lo niega. Está huyendo y rechazando la Gracia que Dios le ofrece. Está viendo pasar delante de sí, los años de su existencia y no corre a refugiarse en su mamá gallina, en su Creador y Formador. ¿Qué puede depararle si persiste en esta conducta? La respuesta está al final del pasaje citado: La casa es dejada desierta.

Cuando señala el Señor Jesucristo que aquella casa habría de ser dejada desierta, en primera instancia se refería al templo en su tiempo presente, a aquel mismo templo del cual el dijo que no quedaría piedra sobre piedra de él (Mateo 24:1-3), luego, cuando se habla de que sería dejado el templo desierto, no se refería a que ya no iban a acudir personas, sino que la presencia de Dios le abandonaría por completo. Esto lo confirma en el versículo 39, del mismo pasaje de Mateo 23, cuando dice: “Porque os digo que desde ahora no me veréis, hasta que digáis: Bendito el que viene en el nombre del Señor”. Y esto viene a significar una dirección clara que nos enfila hacia su segunda venida, pero ese es otro tema.

Apliquemos: ¿De qué sirve templo sin Dios en él? ¿Para qué culto si no hay Dios a quién adorar? Pero también: ¿De qué sirve la vida si dejamos a Dios fuera de ella? Ninguna de estas cosas tendría sentido ni propósito, si falta el elemento básico y esencial que es Dios. El hombre no es nada ni nadie sin Dios. El rechazar sistemáticamente a Dios, hace que totalmente nos abandone, que nos quedemos huecos, vacíos, la vida entonces se vuelve vana e insípida.

Amemos a Dios, amemos su presencia, anhelemos su amistad, compañerismo y comunión. Esto es lo que debe ser el todo del hombre. Ya lo expresó el hombre más sabio que ha habido en esta tierra, exceptuando claro al Señor Jesucristo. Y lo dice como una conclusión final después de que él mismo argumenta que se ha dado a la tarea de estudiar los misterios y secretos de la vida. El concluyó que:

“El fin de todo el discurso oído es este: Teme a Dios, y guarda sus mandamientos; porque esto es EL TODO del hombre” (Eclesiastés 12:13)

“Gracia y Paz”
Palabra Miel

LA GRACIA DE DIOS ESTÁ DISPONIBLE PARA TODOS



Efesios 2:1-10
“Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados, en los cuales anduvisteis en otro tiempo, siguiendo la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia, entre los cuales también todos nosotros vivimos en otro tiempo en los deseos de nuestra carne, haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos, y éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás. Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos), y juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús, para mostrar en los siglos venideros las abundantes riquezas de su gracia en su bondad para con nosotros en Cristo Jesús. Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe. Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas.”

En el invierno del año 2000 hubo una tormenta de hielo que golpeó el sureste de los Estados Unidos y dejó sin energía eléctrica muchas áreas en esa parte del país. Debido a las peligrosas condiciones de las carreteras, la mayoría de las personas se quedaron en casa ese domingo por la mañana. Habían escuchado las predicciones de la tormenta e hicieron preparativos para quedarse con sus familias. La mayoría de los negocios cerraron. Muchas iglesias cancelaron sus reuniones. Pero una Iglesia Bautista del Sur, decidió a último momento seguir adelante con el servicio dominical. Con unas pocas velas, una escasa congregación cantó himnos a capela.

El pastor, inspirado por el Espíritu Santo, predicó acerca del sacrificio de Cristo en la cruz del Calvario con voz más fuerte de lo normal. Al final del breve culto, cuando hizo la invitación, lo que pudo haber sido algo rutinario se convirtió en un poderoso testimonio sobre la gracia de Dios. Del último banco se pararon dos hombres vagabundos, que habían entrado al templo en busca de un poco de calor. Caminaron lentamente hasta el frente donde, llorando, entregaron sus vidas a Cristo. Allí declararon que durante muchos años habían estado sometidos al alcohol, a las drogas y a la pobreza, viviendo en la calle y durmiendo en cajas de cartón. A partir de ese momento la vida de ambos empezó a cambiar. Después se hicieron miembros de la iglesia y allí sirvieron al Señor en diferentes ministerios.

Aquí se manifestó de una manera preciosa la “Gracia de Dios”. “Gracia” es el regalo inmerecido de Dios a favor nuestro por medio de Jesucristo, quien murió en la cruz por nuestros pecados. Debido al pecado original en el huerto del Edén, todos los seres humanos hemos sido declarados pecadores y por lo tanto “destituidos de la gloria de Dios” (Romanos 3:23). El pasaje de hoy dice que todos estábamos “muertos en nuestros pecados”, por lo tanto no era posible que pudiéramos hacer algo para ganar la salvación de nuestras almas. Romanos 3:24 afirma que todos los que creen en él, son “justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús” ¡Qué precioso regalo! ¡Salvación y vida eterna!

Esta es la gracia de Dios, la cual está disponible para todas las personas. Así dice Tito 2:11: “Porque la gracia de Dios se ha manifestado para salvación a todos los hombres”. Para recibir este regalo, sólo es necesario creer de corazón “que Jesús es el Señor, y que Dios le levantó de los muertos”, dice Romanos 10:9-10. Y Juan 3:16 declara que “de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna”.

Si no has aceptado a Jesucristo como tu salvador personal, ahora mismo ríndete a los pies de Cristo confesando tus pecados y pidiendo al Señor que entre en tu vida y tome control de ella. Si ya lo has hecho, entonces eleva al cielo una alabanza de gratitud a nuestro amante Dios por su preciosa y sublime gracia.

ORACIÓN:
Padre del cielo, cuan grande y maravillosa es tu gracia. ¡Qué difícil de entender, pero que real y efectiva es! Gracias por el regalo de la vida eterna a través de Jesucristo. Te alabo con todo mi corazón. En el nombre de Jesús, Amén.

“Gracia y Paz”
Dios te Habla

EL DÍA DEL TRABAJO



Génesis 3:17, 19
“Con el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra… Con dolor comerás de ella todos los días de tu vida”.

Eclesiastés 9:10
“Todo lo que te viniere a la mano para hacer, hazlo según tus fuerzas”.

El origen del día del trabajo se remonta al 1º de mayo del año 1886, fecha en la cual más de 400.000 trabajadores se sublevaron en Chicago para conseguir la jornada laboral de ocho horas. Ese día pasó a ser el símbolo de las reivindicaciones de los trabajadores. En Francia, desde 1947, ese día no se trabaja pero es remunerado, como en muchos otros países.

El creyente no debería olvidar el origen del esfuerzo ligado al trabajo. Dios había colocado al hombre en el huerto de Edén “para que lo labrara y lo guardase” sin esfuerzo (Génesis 2:15). Sólo después de la desobediencia de nuestros primeros padres el trabajo se volvió duro, y el suelo empezó a ser estéril para todas las generaciones que siguieron (Génesis 3:17-19). ¡Cuántos suspiros y sudor debidos al trabajo, a los que se agregaron los sufrimientos causados por el espíritu de dominio y egoísmo del hombre, hasta el punto de reducir a sus semejantes a la esclavitud!

El creyente trata de trabajar sosegadamente para suplir sus necesidades y las de su familia, y para ayudar a los más pobres (2 Tesalonicenses 3:12-13; Hechos 20:35), sin ociosidad ni pereza (Romanos 12:11). Trabaja concienzuda y honestamente, no “como los que quieren agradar a los hombres, sino… de corazón haciendo la voluntad de Dios; sirviendo de buena voluntad, como al Señor y no a los hombres” (Efesios 6:6-7).

Feliz día del Trabajo a Todos…


“Gracia y Paz”
La Buena Semilla

martes, 30 de abril de 2013

¿CONOCES LAS CONSECUENCIAS DEL NOVIAZGO PRECOZ?



“Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora” (Eclesiastés 3:1).

El noviazgo es una etapa en la vida de los seres humanos, para unos feliz y dichosa, pero para otros llena de altibajos, tormentosa y hasta funesta. Por lo tanto es bueno que podamos proyectarnos hacia dónde nos puede conducir el noviazgo en sí.

Ciertamente las Escrituras no legislan de forma específica lo relacionado con el noviazgo. Esto ha quedado en manos de los novios, la familia y la Iglesia. Pero sí existen principios bíblicos por los que podemos guiarnos, para que éste hermoso período sea de bendición en nuestras vidas y no se convierta en un penoso recuerdo.

Creo que absolutamente nadie se embarcaría en una relación de carácter sentimental a sabiendas de que va a salir herido tanto emocional como físicamente, pero en realidad esto está ocurriendo en un número cada vez más considerable de parejas de jóvenes que manifiestan que se han comprometido en una relación de “noviazgo”. Consecuentemente, creo que es necesario trazar las posibles consecuencias que un noviazgo podría traer, entre ellas:

Besos, caricias y manoseo: Se ha tomado como algo ya normal el que dos personas que inician una relación de “novios” tengan expresiones de amor y el afecto que dicen sentir el uno hacia el otro, con acciones como los besos, las caricias y el manoseo que les conducirán invariablemente a la excitación sexual. Para muchas personas esto es algo “normal”, pero para los creyentes en Jesús, es una transgresión a lo dictaminado por Dios en su Palabra y por lo tanto considerado como un pecado. La Biblia en Colosenses 3:5 nos dice: “Haced morir, pues, lo terrenal en vosotros: fornicación, impureza, pasiones desordenadas, malos deseos y avaricia, que es idolatría”. Este tipo de acciones deberían ser sólo y exclusivamente para expresarse dentro de los límites de un matrimonio ya constituido.

Masturbación: Desde pequeños se tiene la tendencia a tocarse los genitales, en parte por exploración y en parte porque produce placer. En el “noviazgo”, en donde hay besos, abrazos y caricias cada vez más subidas de tono, invariablemente producirá una excitación sexual creciente y para muchos una forma de satisfacer esa demanda de deseo sexual es la masturbación. La masturbación debe verse como la auto-manipulación de los órganos genitales para producir un placer orgásmico y puede llegar a ser un hábito arraigado, que encierra el inconveniente de la dependencia psicológica que recorta la libertad de la persona. La masturbación es un indicio de que el joven tiende a la depresión, tiene problemas familiares o de ajuste social. Quien se masturba está atrayendo sobre sí mismo complejos de culpabilidad; fomenta su egoísmo y se prepara físicamente como un fuerte candidato de eyaculación precoz en la vida de casado.

Pérdida de la virginidad y el llegar a ser sexualmente activO: La atmósfera de erotismo que rodea al noviazgo actualmente, los bombardeos gráfico-sexuales a través de los medios de comunicación, los bailes mundanos modernos, los programas de televisión, las películas sensuales y hasta pornográficas de Hollywood y muchas modas juveniles que tienden a la exhibición del cuerpo que son impuestas por gente sin temor a Dios, invitan constantemente a la pérdida de la virginidad y a ser sexualmente activos. Resulta, para nuestro criterio, increíble que hoy en día prácticamente se haya degradado la virginidad a planos en que se desprecia, se ridiculiza y hasta se demerite a alguien que quiera llegar virgen al matrimonio.

Embarazo en la adolescencia: Los adolescentes por lo general enfrascados en un noviazgo sin límites ni barreras, llegan a un punto en que no pueden controlar sus impulsos y acaban teniendo relaciones sexuales (“haciendo el amor”) con la falsa esperanza (ignorancia) de que a ellos no les va a pasar nada. Sin embargo, tienen una probabilidad de embarazo más alta de lo que ellos piensan. Los problemas de este tipo de embarazo son realmente serios: La embarazada ve su condición como una desgracia, una maldición o peor, un castigo de Dios.  Acude al muchacho que por lo general oscila entre los 14 a 18 años, el cual no quiere ni puede aceptar la responsabilidad de sus hechos. Ella le planteará el problema a sus amigas, quienes le aconsejarán (al igual que su novio) que lo aborte. Y por último se enterarán sus padres quienes en el mejor de los casos, pensarán en un matrimonio obligado y en el peor de ellos, en la posibilidad del aborto o en echar a la calle a esta “mala hija”,  “prostituta”, “maldita” y demás términos por el estilo. Si la joven decide tener el hijo, las dificultades serán muchas. No podrá seguir sus estudios y en la mayoría de los casos se verá seriamente limitada por unos ingresos muy escasos.

Enfermedades de transmisión sexual: Los adolescentes que por lo común mantienen relaciones sexuales, constituyen el grupo más vulnerable para adquirir todo tipo de enfermedades transmitidas sexualmente, entre muchas: la clamidiasis, el herpes genital, la sífilis, la gonorrea y el sida. La mejor manera de proceder en relación con las ETS es la prevención. Los jóvenes y adolescentes de ambos sexos deben conocer los peligros de las ETS y ser apercibidos del alto riesgo de infección a través de la actividad sexual fuera de los cauces del vínculo sagrado del matrimonio. Es necesario recalcar que los preservativos, si bien disminuyen el riesgo de contraer enfermedades, conllevan cierto margen de error. La única forma ciento por ciento segura para evitar el contagio es la abstinencia sexual (antes de casarse) y la fidelidad (al estar casado).

El matrimonio: Se hace necesario apuntar que un “noviazgo” bien establecido nos llevará al matrimonio en el que la visión de la sexualidad lejos de ser algo de naturaleza sucia e inferior, tiene su origen en nuestro Creador y es algo hermoso y trascendente, que puede ser una bendición para la constitución de hogares bien fundamentados y estables donde el milagro de la transmisión de la vida colme los legítimos deseos de gozo que todos los seres humanos tenemos.

Dejo a continuación algunos consejos para los adolescentes y jóvenes que están atravesando esta etapa tan crucial en sus vidas y que quieren agradar a Dios:

Deben, en lugar de buscar lazos sentimentales y emocionales, disfrutar de buenos amigos, de sana actitud, de trato agradable y respetuoso, que no sean mal intencionados ni morbosos.

Participen de actividades de grupo: recreativas, deportivas, sociales, de entretenimiento. Gocen su juventud de una manera sana, verán que en esa convivencia encontrarán afecto sin necesidad de comprometer sus sentimientos peligrosamente en un noviazgo infructífero.

Prepárense para la vida. Este punto es de suma importancia, por que de ello dependerá todo su futuro, ya que lo oportuno y vital en sus primeros años de juventud es prepararse: capacítense, estudien, gradúense, trabajen, construyan el futuro nido de amor. Todo es a su debido tiempo.

No se apresuren a caer en una relación comprometedora, nunca se van a quedar solos. Hombres y mujeres siempre habrán para elegir el mas conveniente y en el momento oportuno; sobre todo, el que Dios les tenga destinado. Así que busca a tu novio o novia dentro de la iglesia, que comparta tu fe, y desea siempre que sea más espiritual que tu.

Por último yo le digo a todo joven y señorita: Cuídense de las relaciones sexuales fuera del matrimonio. Esto marcaría sus vidas para siempre. Jamás volverían a ser los mismos. Un enorme sentido de culpabilidad, indignación, repulsión, suciedad y carga vendría sobre ustedes de saber que le han fallado a Dios y a sus padres. Recuerden que el pecado siempre trae consecuencias, pero hacer la voluntad de Dios trae bendición sobre nosotros. Amén.

La Palabra de Dios nos dice:

“Honroso sea en todos el MATRIMONIO, y el lecho sin mancilla; pero a los fornicarios y a los adúlteros los juzgará Dios” (Hebreos 13:4).

“Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas” (Mateo 6:33).

“Y todo lo que hacéis, sea de palabra o de hecho, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús….” (Colosenses 3:17)

“Huye también de las pasiones juveniles, y sigue la justicia, la fe, el amor y la paz, con los que de corazón limpio invocan al Señor” (2 Timoteo 2:22).

“No os unáis en yugo desigual con los incrédulos; porque ¿qué compañerismo tiene la justicia con la injusticia? ¿Y qué comunión la luz con las tinieblas? ¿Y qué concordia Cristo con Belial? ¿O qué parte el creyente con el incrédulo?” (2 Corintios 6:14-15).



“Gracia y Paz”
Noviazgo y Matrimonio

¿ESTÁ TU VIDA ESPIRITUAL EN ASCENSO?



Colosenses 3:1-10
“Si, pues, habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra. Porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios. Cuando Cristo, vuestra vida, se manifieste, entonces vosotros también seréis manifestados con él en gloria. Haced morir, pues, lo terrenal en vosotros: fornicación, impureza, pasiones desordenadas, malos deseos y avaricia, que es idolatría; cosas por las cuales la ira de Dios viene sobre los hijos de desobediencia, en las cuales vosotros también anduvisteis en otro tiempo cuando vivíais en ellas. Pero ahora dejad también vosotros todas estas cosas: ira, enojo, malicia, blasfemia, palabras deshonestas de vuestra boca. No mintáis los unos a los otros, habiéndoos despojado del viejo hombre con sus hechos, y revestido del nuevo, el cual conforme a la imagen del que lo creó se va renovando hasta el conocimiento pleno”.

Un piloto estaba volando por encima del desierto de Arabia, cuando se dio cuenta que su avión necesitaba combustible, por lo que aterrizó en un oasis en el cual había una estación de servicio, y allí llenó el tanque de su avioneta. De nuevo despegó, y al poco tiempo se encontraba volando sobre un área montañosa. Entonces escuchó un ruido detrás de él como si alguien estuviera arañando y royendo algo. Parecía que un animal se había introducido en el fuselaje del pequeño avión. El piloto se alarmó mucho, pues sabia que si un animal se comía los alambres eléctricos podía provocar un grave accidente. Pero era imposible aterrizar en aquel terreno tan escarpado. Entonces se le ocurrió una idea. Puso el avión en dirección de ascenso y aceleró al máximo, elevándose más y más hacia el cielo hasta que cesaron los ruidos. Mas tarde, cuando aterrizó en un aeropuerto, encontró una enorme rata del desierto que se había colado en el avión sin que él se diera cuenta cuando se detuvo a echar combustible. No estando acostumbrada a la altura del desierto, la rata no pudo sobrevivir cuando el avión se elevó a una altura mucho mayor.

Lo mismo sucede en nuestra vida espiritual. A medida que “nos elevamos” espiritualmente, y nos acercamos más a Dios, nuestra naturaleza pecaminosa y los malos hábitos del pasado dejan de existir. Los viejos patrones de vida no pueden sobrevivir en el nuevo nivel espiritual. Por eso, en el pasaje de hoy, el apóstol Pablo exhorta a los cristianos de la iglesia de Colosas a que busquen “las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios”. Y enfatiza en ello con una serie de instrucciones dirigidas a revelar en ellos la vida de Cristo. Con ese fin les dice: “Poned la mira en las cosas de arriba...”; “Haced morir, pues, lo terrenal en vosotros...”; “Dejad también vosotros todas estas cosas: ira, enojo, malicia, blasfemia, palabras deshonestas de vuestra boca.”; “No mintáis los unos a los otros...”

Ciertamente es nuestra responsabilidad actuar como hizo aquel piloto para salvar su vida. En primer lugar busquemos “las cosas de arriba”, fijando en ellas nuestra mirada, y “acelerando al máximo”, elevando nuestro nivel espiritual cada día de nuestras vidas. Quizás no siempre podamos lograrlo por nuestras propias fuerzas, pero si somos constantes en esta búsqueda, el Espíritu Santo nos recordará todo lo que Jesús dijo (Juan 14:26), y nos dará las fuerzas para llevarlas a la práctica (Efesios 6:10). Entonces podremos decir como dijo Pablo: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” (Filipenses 4:13).

Para ello es imprescindible vivir una vida de comunión con Dios por medio de la oración y la lectura de la Palabra diariamente, meditando en ella, y aplicándola en nuestro diario vivir.

ORACIÓN:
Bendito Padre celestial, te ruego me des fuerzas y me capacites para actuar conforme a lo que me enseña tu Palabra, haciendo morir lo terrenal en mí, y dejando todo aquello que no glorifica tu nombre. Fortaléceme por medio de tu Espíritu, para que la imagen de tu Hijo se vea reflejada en mi testimonio. En el nombre de Jesús, Amén.

“Gracia y Paz”
Dios te Habla

lunes, 29 de abril de 2013

VERDADEROS ADORADORES




“Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren. Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren” (Juan 4:23-24).

“Gracia y Paz”

¿CONFIESAS TÚ TUS PECADOS?



1 Juan 1:9
“Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad”.

El pasaje de hoy nos ofrece una de las promesas más maravillosas de la Biblia. Si confesamos nuestros pecados, entonces Dios perdona nuestros pecados y nos limpia de toda maldad. Está expresada de manera muy clara, sin embargo hay muchos cristianos que no entienden esta verdad en su totalidad y por lo tanto no la aplican a sus vidas. Debemos tener en cuenta que esta carta del apóstol Juan (la primera de tres cartas que él escribió) no fue escrita para los no creyentes con el fin de hablarles de la salvación de sus almas, sino que está dirigida a los creyentes para ayudarles a caminar con el Señor. También nos ayuda a conocer la diferencia entre nuestra relación con Dios y nuestra comunión con él.

Nuestra relación con Dios fue establecida desde el día en que genuinamente abrimos nuestro corazón aceptando a Jesucristo como salvador. En ese momento, por medio de la sangre derramada en la cruz del Calvario, fuimos perdonados, justificados y hechos hijos de Dios (Juan 1:12; Gálatas 4:4-7). El Espíritu Santo viene a morar en nosotros y comienza el proceso de santificación en nuestras vidas, el cual tiene como fin eliminar los hábitos y costumbres del pasado que no glorifican a Dios, fortalecer nuestra fe, darnos crecimiento espiritual, transformarnos y pulirnos, con el fin de que lleguemos a ser “conformes a la imagen de su Hijo” (Romanos 8:29).

Durante este proceso, debido a la debilidad de nuestra naturaleza carnal, en ocasiones caeremos en pecado. Entonces el Espíritu Santo nos redarguye, y nos sentimos mal, y nos arrepentimos de haber pecado. Y venimos ante Dios, y le pedimos perdón, y salimos con un verdadero sentido de haber sido perdonados, satisfechos con nuestra condición espiritual. Pero cuando menos lo esperamos nos encontramos repitiendo el mismo pecado de nuevo, y necesitando otra vez el mismo perdón. Nuestra relación con Dios, como hijos suyos, está sellada por el Espíritu Santo, pero nuestra comunión con el Señor sí puede ser afectada negativamente por los pecados que permanecen en nuestras vidas. Por eso es necesario arrepentirnos de nuestros pecados y confesarlos. Un pecado no confesado es un pecado cuya raíz permanece en nuestro corazón y en cualquier momento puede brotar, y va a afectar nuestra comunión con Dios, y va a contaminar a los que nos rodean. Así lo advierte Hebreos 12:15: “Mirad bien, no sea que alguno deje de alcanzar la gracia de Dios; que brotando alguna raíz de amargura, os estorbe, y por ella muchos sean contaminados”

El pecado constituye un obstáculo en nuestro caminar con el Señor, y hay que eliminarlo de nuestras vidas. En la carta a los Hebreos se expresa de esta manera: “Despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe” (Hebreos 12:1-2). Es necesario despojarnos de todo aquello que interfiera en nuestra comunión con Dios, y enfocarnos en Jesús y las enseñanzas que él nos dejó.

Si nos quebrantamos de corazón y confesamos nuestros pecados de manera clara y específica, Dios nos perdona y nos limpia de toda maldad. Esta es la manera de tener una comunión profunda y libre de obstáculos con Jesucristo, quien es la fuente de tu fortaleza y quien te guiará, te protegerá y te proveerá cada día de tu vida. La confesión diaria es esencial en tu comunión con Dios, y debe formar parte de tu tiempo de oración. Esto debes hacerlo diariamente si quieres mantener una comunión viva y eficaz con tu Padre celestial.

ORACIÓN:
Padre santo, te doy gracias por tu misericordia al perdonarme a pesar de mis fallas. Confieso delante de ti todos mis pecados y te pido perdón por todos ellos. Ayúdame a ser fiel a tu palabra y, como dices en tu palabra, enséñame a velar por mi salvación con temor y temblor para que mi comunión contigo sea cada día más profunda y significativa. En el nombre de Jesús, Amén.

“Gracia y Paz”
Dios te Habla

ORACIÓN



Padre eterno, hoy te agradezco por la vida que me das, agradezco tu misericordia y tu perdón, se que eres clemente, compasivo, lento para la ira y grande en amor. Tal vez durante este día me enfrentare con circunstancias, eventos y personas que me causen molestia, desagrado o incluso ira. Dios, tú conoces mi naturaleza pecaminosa, ayúdame a buscar tu rostro, ayúdame a caminar a tu lado. Forma en mi un espíritu semejante al tuyo, que perdone, que sea clemente, compasivo, lento para la ira y grande en amor. Abre mis ojos y ayúdame a comprender que puedo mejor cada día, sin necesidad de caer en la arrogancia, los enojos, los gritos e insultos, la inclemencia y el rencor, por favor ayúdame a vivir en los frutos de tu Santo Espíritu, en el nombre de Jesús, Amen.

“Gracia y Paz”

domingo, 28 de abril de 2013

“¿NO RECORDÁIS?”



Marcos 8:17-18
“¿Aún tenéis endurecido vuestro corazón? ¿Teniendo ojos no veis, y teniendo oídos no oís? ¿Y no recordáis?”

En dos ocasiones Jesús alimentó a la multitud multiplicando los panes (Marcos 6:34-44; 8:1-9), porque tuvo compasión de ella. Satisfizo dos clases de necesidades: –Sus necesidades espirituales: “eran como ovejas que no tenían pastor”. –Sus necesidades materiales: “ya hace tres días que están conmigo, y no tienen qué comer”.

Jesús recurrió a los discípulos para distribuir ese alimento a la multitud. Pero, rápido, quizás al día siguiente, esos mismos discípulos parecían no recordar lo que el Señor había hecho. Habían olvidado el poder y la gracia que manifestó al dar pan a la multitud. ¡Hablaban entre ellos como si aquel que sació a miles de personas no fuese capaz de dar pan al pequeño grupo de discípulos que se encontraba con él en la barca!

Falta de fe, olvido o desconocimiento de su amor y de su poder, ¡todo esto estaba en los discípulos! Y muy a menudo se halla también en nosotros. ¡Cuántas veces olvidamos todo lo que Jesús hizo! Estamos preocupados por nuestra vida y nuestro cuerpo (Mateo 6:25). Recordemos todo lo que Dios ha hecho por nosotros; y así, en todas las circunstancias, esto fortalecerá nuestra confianza en él y nuestro amor por él. “Bendice, alma mía, al Señor, y no olvides ninguno de sus beneficios” (Salmo 103:2). “Retén la forma de las sanas palabras que de mí oíste, en la fe y amor que es en Cristo Jesús” (2 Timoteo 1:13).


“Gracia y Paz”
La Buena Semilla

SEÑOR, ¿POR QUÉ TENGO QUE SUFRIR?



1 Pedro 5:10
“Mas el Dios de toda gracia, que nos llamó a su gloria eterna en Jesucristo, después que hayáis padecido un poco de tiempo, él mismo os perfeccione, afirme, fortalezca y establezca”.

Cuando estamos en medio de una crisis que ha traído a nuestras vidas dolor y sufrimiento, por regla general vienen a nuestras mentes preguntas como "¿Por qué?", “¿Por qué Dios permite tanto sufrimiento?” Y aquellos que han conocido a Jesucristo añaden “¿Por qué a mí… si yo soy cristiano?” Preguntas como éstas abundan mucho en el vocabulario de los creyentes. Quizás inconcientemente nos aferramos a la idea de que una vez que aceptamos a Cristo como nuestro salvador, los sufrimientos y tribulaciones van a desaparecer de nuestras vidas y que todo va a marchar siempre “a pedir de boca”. Lo cierto es que no es así. La experiencia nos enseña que mientras caminamos en este mundo, al igual que los no creyentes, los cristianos encontramos muchas pruebas, algunas de las cuales traen con ellas una gran dosis de dolor y pesar que afectan nuestras vidas profundamente. Realmente no debía sorprendernos, pues Jesús mismo les dijo a sus discípulos: “En el mundo tendréis aflicción, pero confiad, yo he vencido al mundo” (Juan 16:33).

Esta promesa del Señor implica una gran diferencia entre los inconversos y los creyentes cuando del resultado de las pruebas se trata. En los primeros, generalmente, hay una cierta dosis de desesperación pues no tienen a quien acudir, mientras que los segundos se encuentran bajo el cuidado amoroso de su Padre celestial, quien no sólo los consuela y los protege sino que además usa estas pruebas para darles crecimiento espiritual y fortalecer su fe. Así escribió el apóstol Pedro al dirigirse a un grupo de cristianos del Asia Menor que estaban atravesando por duras pruebas a causa de su obediencia a Cristo: “…aunque ahora por un poco de tiempo, si es necesario, tengáis que ser afligidos en diversas pruebas, para que sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro, el cual aunque perecedero se prueba con fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo” (1 Pedro 1:6-7).

Y en el pasaje de hoy, parte de la misma carta, Pedro les recuerda en primer lugar que poseen una herencia celestial en Jesucristo, y entonces les dice: “Después que hayáis padecido un poco de tiempo, él mismo os perfeccione, afirme, fortalezca y establezca”. Es decir, su sufrimiento no sería en vano, pues por medio de él Dios llevaría a cabo su propósito de limpiarlos, purificarlos y perfeccionarlos con el fin de disfrutar de la gloria junto a él. Esto es parte del proceso de santificación. El propósito final: Que seamos "hechos conformes a la imagen de su Hijo" (Romanos 8:29).

Nuestras pruebas no suceden por casualidad, y Dios nunca nos dejará en ellas más tiempo del estrictamente necesario. Nunca, más de lo que podamos resistir. Ya sea una tentación a la que nos enfrentemos o una dura prueba por la que estemos pasando, el Señor está atento a nuestra situación, y nunca nos abandonará. El apóstol Pablo nos lo asegura en 1 Corintios 10:13: “No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar”. Esta declaración debe ser motivo de aliento para todo aquel que ha puesto su confianza en Dios.

Si en estos momentos te encuentras en medio de una crisis dolorosa, piensa que nuestro Padre celestial, que te ama tanto, está en control y muy atento a tu sufrimiento, mientras te está preparando para cosas tan preciosas que no puedes siquiera imaginar. No preguntes “¿Por qué?”, sino más bien “¿Para qué?” Y busca el rostro del Señor en oración, alábalo y dale gracias por esa prueba ahora mismo. El Espíritu Santo te dará fuerzas y te llenará de la inefable paz de Dios.

ORACIÓN:
Mi amante Padre celestial, te doy gracias por todo lo que permites en mi vida, incluyendo las pruebas y los sufrimientos. Aumenta mi fe y dame fuerza y paciencia para esperar en ti sabiendo que todo resultará en bien para mí y los míos. En el nombre de Jesús, Amén.

“Gracia y Paz”
Dios te Habla

¿QUÉ ORDENA EL SEGUNDO MANDAMIENTO?




“No te harás imagen, ni ninguna semejanza de cosa que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra: No te inclinarás á ellas, ni las honrarás; porque yo soy Jehová tu Dios, fuerte, celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos, sobre los terceros y sobre los cuartos, á los que me aborrecen, Y que hago misericordia en millares á los que me aman, y guardan mis mandamientos” (Éxodo 20:4-6).

El segundo mandamiento prohíbe la adoración y fabricación de imágenes. En esta prohibición están incluidos los ídolos, imágenes y muñecos de oro, plata, yeso, etc. que se encuentran en los templos católicos. Este mandamiento trata con la adoración de Dios a través de las imágenes. El texto dice: “No te inclinarás ante ellas, ni las honrarás”. Es importante señalar que este mandamiento no prohíbe el arte, la pintura o la escultura, sino que prohíbe el uso de imágenes religiosas en la adoración de Dios.

Algunas personas creen que se prohíbe que hagamos imágenes de cualquier cosa. Si esto fuera así, entonces estaría prohibido sacar fotos, ver la televisión, el cine, los periódicos, revistas e incluso el uso del dinero, pues aún los billetes traen imágenes. Tal interpretación de este mandamiento es absurda. El mandamiento incluye cualquier semejanza de las cosas en el cielo, en la tierra y en las aguas debajo de la tierra para adorar al Señor.

Entonces, no importa si es un crucifijo, un cristo, una medalla, un escapulario, una virgen o algún supuesto santo. También cualquier otro objeto que “sirva” para dar protección contra los peligros, accidentes, enfermedades o para hacer huir a los malos espíritus (brujerías y supersticiones tales como los amuletos, los signos del horóscopo, etc.). Todas estas cosas son prohibidas por Dios en el segundo mandamiento.

Igualmente prohíbe el uso de figuras y estatuas de Jesucristo como hombre, porque todas ellas se hacen en la semejanza del hombre ideal, tal y como es concebido por los hombres. En este punto debemos advertir acerca del peligro de que un mal uso del material didáctico en la escuela dominical se convierta en una transgresión de este mandamiento.

¿Para qué sirven las imágenes? ¿Qué dicen aquellos que hacen uso de las imágenes y estatuas en la adoración para defenderse y justificar el uso de estos objetos? ¿Cuál es su propósito? Su respuesta a estas preguntas siempre es la misma: dicen que las imágenes nos ayudan en la adoración de Dios. Los grupos católicos dicen que tales objetos nos ayudan a acordarnos de Dios y a estar conscientes de su presencia. En otras palabras dicen que los ídolos son una manera para dar sustancia y realidad a nuestro concepto de Dios. Dicen que sin imágenes, sin cuadros y sin estatuas, la adoración resulta más difícil. Las imágenes son una representación visible de Dios que nos ayudan a concentrarnos en El.

Los católicos dicen que no adoran a la imagen o al ídolo sino al “espíritu” que representa. Esta es la misma respuesta que dan todos los idólatras en todas partes del mundo. Dicen que no tienen la intención de venerar a la imagen, sino que están adorando a su dios a través o mediante el uso de la imagen. Debemos tomar en cuenta lo siguiente: siempre cuando los hombres han hecho imágenes o ídolos visibles de sus dioses, más tarde legan a pensar que las imágenes mismas se encuentran habitadas por dichos dioses. Siempre las imágenes llegan a ser el centro de la adoración en lugar de aquello que supuestamente representan. En vez de ayudar a los adoradores, las imágenes los han llegado a confundir. Todo esto resulta al final en que los adoradores se postran ante sus ídolos y los adoran.

Algunas veces la transgresión del segundo mandamiento se disculpa argumentando que no están adorando al ídolo, sino sólo lo están venerando. Sin embargo, las mismas personas que veneran no pueden explicar cuál es la diferencia entre adorar y venerar. La verdad es que por más que quisieran demostrarlo, en realidad adorar y venerar es lo mismo.

¿Por qué Dios prohíbe las imágenes? ¿Por qué prohíbe Dios la fabricación de ídolos o la adoración por medio de imágenes? Vamos a dar cuatro respuestas:

En primer lugar, Dios prohíbe cualquier intento de hacer una imagen o una representación visible de El, porque de ninguna forma es posible hacer una imagen verdadera de El; nada es capaz de representarlo. La naturaleza y el carácter de Dios no pueden ser representados por medio de ninguna imagen. En otras palabras, Dios como Espíritu, no tiene ninguna semejanza a las cosas materiales de este mundo. Cristo dijo: “Dios es espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren” (en Juan 4:24).

Aún más importante, Dios como un ser vivo, infinito y personal, prohíbe que hagamos una representación visible de El. Cualquier intento de representar al “Dios infinito” por medio de cosas “finitas” no sólo fracasa sino que es un grave pecado. Ofende fuertemente a Dios pues le ubica al nivel de una criatura y aún más bajo. Las imágenes deshonran a Dios porque empañan su gloria. “Porque habiendo conocido á Dios, no le glorificaron como á Dios, ni dieron gracias; antes se desvanecieron en sus discursos, y el necio corazón de ellos fue entenebrecido. Diciéndose ser sabios, se hicieron fatuos, Y trocaron la gloria del Dios incorruptible en semejanza de imagen de hombre corruptible, y de aves, y de animales de cuatro pies, y de serpientes” (Romanos 1:21-23).

En todo el universo ja mas se encontrará una imagen verdadera de Dios. Por lo tanto, no sólo hacer, sino concebir imágenes de Dios es en sí mismo un acto impío. Corrompe su majestad y gloria y se les imagina como no es. Dios se ha manifestado por medio de sus atributos. Su gloria consiste de la suma o la totalidad de estos atributos: su santidad, su justicia, su soberanía, su amor, su omnipotencia, su ira, etc. (Éxodo 33:18-19 y 34:5-8).

Todos aquellos que fabrican ídolos junto con aquellos que los respetan y veneran, manifiestan abiertamente que no conocen a Dios y que no saben nada de su gloria. Cualquier cristiano sabemos la realidad de la omnipresencia de Dios (que Dios está en todas partes), por lo tanto no podemos hacer ni mucho menos adorar a un ídolo. Por ejemplo ¿No sería ridículo postrarse ante un cuadro de cualquier presidente cuando uno estuviera en la presencia misma del ese presidente? La naturaleza espiritual de Dios y su omnipresencia dan por hecho que Dios no puede ser adorado ni honrado a través de ningún ídolo ni imagen. Nosotros los que creemos en el Dios Vivo no necesitamos hacer una representación física de él porque él es Espíritu y es omnipresente.

Además, no es posible representar ninguno de los atributos de Dios por medio de imágenes. Por ejemplo, la existencia eterna de Dios no puede ser representado por ningún ídolo. La santidad de Dios no puede representarse por ninguna imagen. La justicia de Dios no puede ser representada por ningún dibujo. Es imposible representar la soberanía de Dios por alguna semejanza. Su misericordia y su amor tampoco se pueden representar por medio de cosas visibles. En la profecía de Isaías, Dios pregunta: “¿A qué pues haréis semejante á Dios, ó qué imagen le compondréis?” (Isaías 40:18).

Solo aquellos que tienen desconocimiento, falsas doctrinas y conceptos erróneos de Dios pueden honrar las imágenes que supuestamente le representan. Solamente aquellos que no saben nada de la verdadera naturaleza y carácter de Dios son engañados y caen en este pecado. Dios toma a esos adoradores de ídolos e imágenes como una blasfemia, porque disminuyen su verdadera gloria. De hecho, Dios mismo dice que tales personas no le aman sino por el contrario, le aborrecen (Éxodo 20:5). Muchas personas se escandalizan con la idolatría de las tribus antiguas del mundo, quienes adoraban piedras, troncos, volcanes, supuestos extraterrestres, etc. sin darse cuenta que ellos cometen el mismo error.

En segundo lugar, Dios prohíbe las imágenes porque por medio de éstas, quienes las promueven,  enseñan mentiras. Cada imagen o representación de Dios no es sólo una mentira acerca de El, sino que también enseña mentiras acerca de El. Las imágenes no solo sugieren ideas falsas acerca de Dios, sino que imprimen en la mente humana errores de todo tipo respecto a su carácter y su voluntad. El apóstol Pablo explica cómo los idólatras cambian la verdad de Dios por una mentira (Romanos 1:25). Habacuc 2:18 dice lo mismo: “¿De qué sirve la escultura que esculpió el que la hizo? ¿la estatua de fundición, que enseña mentira, para que haciendo imágenes mudas confíe el hacedor en su obra?” Cada ídolo o imagen enseña mentiras porque representa a Dios de una manera falsa y se le blasfema. Cualquier persona que analice siquiera un poco debe darse cuenta de que Dios como un ser vivo, eterno, infinito y personal, no puede ser representado por ninguna clase de material. Las imágenes mienten porque pretenden representar a Dios cuando en realidad no lo hacen.

Las imágenes mienten porque limitan a Dios quitándole sus atributos. Limitar a Dios es lo mismo que negarlo; mienten porque distorsionan su carácter. Muy lejos de revelar el carácter verdadero de Dios, las imágenes le presentan de una manera equivocada; las imágenes mienten porque obscurecen la verdad acerca de Dios, es decir, ocultan al Dios verdadero en lugar de revelarlo; las imágenes mienten porque reducen a Dios a un nivel meramente humano; peor aún, “le encierran” en un pedazo de yeso y dan la idea de que puede ser controlado y manejado por los hombres; las imágenes mienten acerca de Dios porque niegan su verdad y su gloria.

Cabe señalar que el Nuevo Testamento enseña que Satanás está detrás de cada ídolo que los hombres han hecho (1 Corintios 10:19-20). Sea que los hombres se percaten de ello o no, la Biblia dice que es el “padre de mentiras” quien inspira la fabricación y la adoración de las imágenes mentirosas. El diablo quiere que los hombres crean que Dios es semejante a una piedra o a un muñeco de madera. Todas las personas que respetan y veneran las imágenes, honran y sirven al diablo y no a Dios. Su “sinceridad” y su ignorancia no les quita la culpa de estar transgrediendo el mandamiento divino.

En tercer lugar, Dios prohíbe las imágenes porque destruyen la naturaleza verdadera de la adoración. La naturaleza misma de la adoración no permite el uso de imágenes ¿Por qué? Porque Dios quiere que se postren ante El y no ante una imagen. Dios quiere que le adoremos con todo nuestro corazón; quiere la veneración que viene del alma y del espíritu, no un rito externo que no es más que el movimiento de nuestros labios o nuestro cuerpo. Millones de personas se han acercado a un ídolo y se han inclinado ante él; sin embargo, estas mismas personas jamás se han inclinado ante el Dios verdadero, ni tampoco se someterán a El.

Por otra parte, no es posible adorar a Dios a menos que lo hagamos en la manera que El ha señalado. No es posible adorar a Dios a menos que sea en espíritu y en verdad. Es por ello que la idolatría destruye la adoración verdadera. En Colosenses 2:20-23 el apóstol nos advierte respecto de aquellos que practican un “culto voluntario” en conformidad a mandamientos y doctrinas de hombres. La frase “culto voluntario” se refiere a lo que es de invención humana, o sea una forma de adoración que no ha sido autorizada por Dios. Todos aquellos que ofrecen a Dios su particular “culto voluntario”, en realidad no están adorando a Dios del todo. Y no hay duda de que el uso de imágenes en la adoración o cualquier práctica no autorizada por Dios es reprobado por la instrucción apostólica.

El cuarto motivo por el cual Dios prohíbe las imágenes es porque destruyen la naturaleza verdadera de la fe. La verdadera fe cristiana está basada en la revelación que Dios nos ha dado de sí mismo en su palabra escrita. Dios se ha manifestado no por medio de una imagen, sino por medio de un libro y por medio de una persona. El libro es la Biblia y la persona es el Señor Jesucristo. Amen.

El cristianismo verdadero consiste de una relación viva y personal con Dios (el Dios verdadero de la Biblia). Entramos a esta relación personal con Dios por medio de la fe en Cristo. El lado maravilloso de este segundo mandamiento es que creamos en Cristo, que creamos en Dios tal como se ha manifestado en la persona y la obra de Cristo. De acuerdo a 2 Corintios 4:4-6, Dios ha manifestado su verdad y su gloria en la persona y la obra de Cristo. Hebreos capítulo 1 nos dice que Cristo es el resplandor de su gloria y la misma imagen de su sustancia. En Juan 14 Cristo dijo a sus discípulos: “El que me ha visto a mí, ha visto al Padre”. Cristo es la única manifestación “visible” de Dios. Cristo es Dios hecho carne. Amen.

Ahora surge la pregunta ¿Cómo podemos ver a Jesucristo? La respuesta es que podemos verle a través de la Biblia con los ojos de la fe. Dios nos da entendimiento espiritual, ojos para ver, oídos para oír y un corazón para creer. La fe viene por el oír y el oír por la palabra de Dios (Romanos 10:17). La fe significa creer, confiar y someternos a Cristo, tal como lo vemos en la palabra de Dios. Las imágenes desvían la atención de los hombres fuera de la palabra de Dios y no les permiten ver la verdad acerca de la persona y obra de Cristo. Detrás de cada imagen está la incredulidad, está un corazón incrédulo que no cree la palabra de Dios, ni tampoco en Cristo. La verdadera fe en Cristo es el don de Dios; no es el resultado o el producto del uso de imágenes inventadas por los hombres.

Las imágenes mentales de Dios: No todas las imágenes falsas de Dios están solo en los templos católicos o paganos; también existen en las mentes y los corazones de los hombres incrédulos. Con frecuencia se oye decir frases como la siguiente: “Me gusta pensar en Dios como el gran arquitecto o artista, o yo no pienso en Dios como un juez, sino sólo como un padre amoroso”. Es importante señalar que quienes se sienten libres para pensar de Dios como a ellos les gusta, también están quebrantando el segundo mandamiento. No tenemos el derecho para pensar en Dios como nos guste.

La triste realidad es que todos los que no conocen al Dios verdadero fabrican o inventan un Dios falso en sus mentes. El mundo está lleno de personas que sostienen ideas falsas acerca de Dios, y esto es debido a que se niegan a creer lo que Dios ha dicho de sí mismo en su palabra. Es en este sentido que podemos hablar del dios de la imaginación del hombre. Cada uno debe preguntarse ¿Cuál es la imagen de Dios que tengo en mi mente? ¿Acaso no tendremos una imagen falsa de Dios en nuestros corazones? Cuántas personas preferirían que Dios fuera como ellos piensan y no como en realidad es.

¿Cuáles son algunas de las características de este “dios” imaginario, que existe solo en la mente de los hombres? Podemos decir que es un dios más semejante a un hombre que al Dios verdadero. Es un dios compuesto de puro amor, que ama a todos los hombres sin importar sus pecados, un dios que no castiga el pecado en el infierno, un dios impotente y frustrado que no es capaz de hacer su voluntad, un dios débil e indulgente que puede ser dirigido, manipulado y aún sobornado por los hombres. Es el dios que existe sólo para cumplir los caprichos y deseos de ellos, un dios de bolsillo que tiene que sujetarse al supuesto “libre albedrío” de los hombres; en fin, un dios que no es santo ni soberano y que es realmente indigno del nombre “dios”.

Aquí queda al descubierto la fuente y el origen de toda idolatría. A los hombres incrédulos y rebeldes, les gusta fabricar para sí mismos un dios semejante a ellos.

La idolatría y la ira de Dios: Todas las personas que adoran ídolos o que respetan las imágenes religiosas en cualquier sentido son señaladas por Dios como los objetos especiales de su ira y su castigo. Dios dice en Éxodo 5:20 que todos los idólatras le aborrecen y en Deuteronomio 7:9 Dios dice que dará el pago en su cara a quienes le aborrecen, destruyéndoles. Dice que no dilatará el castigo a quien odia, sino que en su cara le dará el castigo. Entonces, la idolatría es un pecado que despierta la ira de Dios en una forma especial.

Cuando en Éxodo 20 dice que visitará la maldad de la idolatría sobre ellos y sobre sus hijos hasta la tercera y cuarta generación, esta diciendo que hay una maldición especial que viene sobre los idólatras en forma perpetua. Es decir que es una maldición generacional la cual se extiende tan lejos como los propios idólatras alcanzan a ver. Esto resulta en dejar a sus descendientes a sí mismos para que cometan la misma idolatría, el mismo pecado; lo cual produce una maldición interminable.

¡Entonces con cuanta razón debemos guardar la advertencia Bíblica que dice: “Hijitos, guardaos de los ídolos. Amen” (1 Juan 5:21).


“Gracia y Paz”
Verdades Bíblicas