domingo, 13 de enero de 2013

LA MUJER CRISTIANA Y EL MAQUILLAJE



Pintarse los ojos, o mejor dicho los párpados, es una práctica muy antigua conocida por los hebreos y por los egipcios miles de años antes de ellos… El pintarse los ojos sin duda fue copiado por los hebreos de sus vecinos egipcios, fenicios y mesopotámicos… El pintarse los ojos se menciona entre otras cosas, como algo que las mujeres pensaron para ganar admiración… Compara Jeremías 4:30 “…aunque pintes con antimonio tus ojos, en vano te engalanas…” y Ezequiel 23:40 “y por amor de ellos te lavaste, y pintaste tus ojos, y te ataviaste con adornos”.

Hemos visto que Pablo usa el término pudor, al referirse a la manera en que se debe vestir la mujer cristiana. La palabra en el griego es aídos, que indica un sentido de vergüenza sobre todo con relación a otros. En vista de esto, podemos decir que la pintura y maquillaje no proyectan un sentido de vergüenza con relación a otros.

La palabra atavío, usada en 1 Timoteo 2:9, proviene de la palabra griega cosmético. Básicamente, Pablo relata que el cosmético (lo que la mujer hace para embellecerse exteriormente) no debe ser el del exterior, sino el del interior. El uso de maquillajes y pinturas que alteran el aspecto del rostro, radicalmente violan el sentido de pudor, modestia y santidad de la mujer cristiana.

Observe a una mujer que se esté maquillando en una tienda. Observe la gran transformación no sólo en su cara sino en su actitud. El maquillaje no sólo le da un sentido de auto estima por querer verse mejor, sino que la transforma en una mujer vana, más orgullosa, más estirada, más egocéntrica, llena de humos. Su cosmético cambio. Lo que está adentro salió. En ella no hay pudor, sencillez, modestia… en ella no hay un espíritu afable o apacible. El uso de maquillajes está vinculado directamente con la vanidad y el orgullo y atropella las normas de modestia indicadas por Pablo y Pedro que solo escribían bajo la dirección del Espiritu de Dios.


Dios aborrece la vanidad y el orgullo:

• Proverbios 6:16-17… Seis cosas aborrece Jehová, Y aun siete abomina su alma: Los ojos altivos, la lengua mentirosa, Las manos derramadoras de sangre inocente.

• Salmo 24:4… “El limpio de manos y puro de corazón; El que no ha elevado su alma a cosas vanas, Ni jurado con engaño.

La palabra vanidad en el hebreo, conlleva el sentido de “cosas inútiles, cosas que no aprovechan o cosas vacías”. El maquillaje es algo vano, es inútil, no aprovecha para nada y por supuesto es algo vacío presentando una imagen falsa.

En contraste a 1 Timoteo 2:9, donde Dios aconseja a la mujer a ataviarse de “ropa decorosa, con pudor y modestia”, las mujeres Israelitas se vestían demostrando su orgullo y desvergüenza. Su intento era atraer la atención de los hombres, porque dijo el profeta que cuando andaban, “van danzando, y haciendo son con los pies” (Isaías 3:16).

Andaban moviéndose de manera que el hombre fuera seducido. Dios esperaba otra conducta de sus hijas. La desolación y estado deplorable de la nación, se debieron en parte a la extravagancia, inmodestia y vanidad de las mujeres israelitas en conducta y vestimenta. Dios recriminó a la mujer israelita y le dijo que todo este lujo y extravagancia le sería quitado. La vanidad y la forma de vestirse de la mujer cristiana, puede afectar a la iglesia del Señor, al igual como la vanidad de estas mujeres israelitas afectó a toda la nación.

El uso de pinturas hoy, en su mayor parte tiene el mismo sentido. Las mujeres se pintan para parecer más atractivas, más seductivas. Muchas mujeres podrán decir que se pintan simplemente para verse mejor o para sentirse mejor así mismas. Pero, la razón por la que la gran mayoría se pintan es para atraer al sexo opuesto. La mayoría lo hacen porque vivimos en una cultura que establece el uso de pinturas como una norma para que una mujer se sienta aceptada por los demás. Las mujeres son peores que los hombres en este sentido. Presionan a las mujeres que no se pintan. Las tildan de anticuadas o feas si no se pintan.

La razón principal por la que la mujer altera su fisonomía con pinturas, es para ser aceptada por una sociedad que pone un énfasis indebido sobre la belleza superficial y sin lugar a dudas para ser más atractiva al sexo masculino. Las mujeres cristianas no reciben su belleza de cosméticos, sino del Espíritu Santo que vive en ellas. No se deben pintar para atraer a los hombres porque ya tienen a su esposo en casa y no tienen por qué estar atrayendo a otros.

Ahora, no creo que toda hermana que se ponga maquillaje lo haga con el propósito de seducir al hombre, pero tampoco la forma en que se pinta agrada a Dios. Muchas lo hacen inocentemente porque es lo aceptable ante los ojos de la sociedad y porque nunca han recibido enseñanza al respecto.

La mujer que no se pinta, el mundo la mira con ojos raros. Muchas mujeres confiesan que cuando se están poniendo maquillajes y cierta clase de ropas que exponen indebidamente el cuerpo, se sienten más “sexys”, se sienten más seductoras. Muchas confiesan que literalmente han sentido un espíritu que se apoderaba de ellas al pintarse o lucir ciertas ropas no decentes.

Juzgue usted hermana: ¿Es correcto usar ornamentos y pinturas cuyo único propósito es atraer la atención del hombre hacia su persona? ¿Las pinturas tienen otro motivo? ¿Cuál será? ¿Las prendas, aretes, collares, etc., tienen otro propósito? No he podido dar con otro motivo para el uso de estas cosas fuera de la vanidad y el deseo de atraer la atención del sexo opuesto. ¿Estos son buenos motivos para una hija de Dios?

Pedro nos dijo: “Vuestro atavío no sea el externo de peinados ostentosos, de adornos de oro o de vestidos lujosos, sino el interno, el del corazón, en el incorruptible ornato de un espíritu afable y apacible, que es de gran estima delante de Dios”.

La Joyería es sensual; atrae atención sobre el cuerpo de la mujer y del hombre. Por ejemplo:

·      Aretes – atraen atención sobre las orejas.
·      Collares – atraen atención sobre el cuello.
·      Cadenas – atraen atención sobre el busto.
·   Pulseras – atraen atención sobre las muñecas, los tobillos o las piernas. (APARTE DE SER SÍMBOLOS DE ESCLAVITUD).

El atavío de la mujer no debe ser el externo, sino el interno. Peinados ostentosos (peinados con oro y plata entretejidos), adornos de oro y vestidos lujosos no deben caracterizar a la mujer cristiana, sino su espíritu afable y apacible. Este es el ornato de la mujer santa.

Por último sería bueno responder la pregunta que siempre nos hacen “¿Porqué no se pintan, ni usan joyería, ni usan pantalones las mujeres de tu iglesia?”. La respuesta es muy sencilla: “Porque representan a Cristo, su pureza y santidad”.

“Gracia y Paz”
Verdadera Vida Cristiana

LAS MATEMÁTICAS DIVINAS



Judas 1:2
“Misericordia, y paz, y amor os sean multiplicados”.

¿Te acuerdas de las matemáticas en la escuela? El multiplicando es el número que debe ser multiplicado. Aquí en este versículo tenemos tres cosas que deben ser multiplicadas para ti; La Misericordia, La Paz, y El Amor. El multiplicador es La Gracia de Dios que Él “derramó en nosotros abundantemente por Jesucristo nuestro Salvador”, Tito 3:6. Espero que tú puedas participar en Las Matemáticas Divinas, y recibir La Misericordia de Dios, que “es más grande que los cielos”, La Paz de Dios, “que sobrepasa todo entendimiento”, Filipenses 4:7. Y finalmente, Su Amor que se explica en lo siguiente: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que Dió a su hijo unigénito”, Juan 3:16.

¡Que las bendiciones de Dios te sean multiplicadas mientras que te sometas a Él, y de veras obedezcas a Su Hijo Jesucristo. Amén.

“Gracia y Paz”
Un Versículo de la Biblia cada Día

sábado, 12 de enero de 2013

CUANDO NOS ALEJAMOS DE DIOS



Lucas 15:20-32
“Y levantándose, vino a su padre. Y cuando aún estaba lejos, lo vio su padre, y fue movido a misericordia, y corrió, y se echó sobre su cuello, y le besó. Y el hijo le dijo: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti, y ya no soy digno de ser llamado tu hijo. Pero el padre dijo a sus siervos: Sacad el mejor vestido, y vestidle; y poned un anillo en su mano, y calzado en sus pies. Y traed el becerro gordo y matadlo, y comamos y hagamos fiesta; porque este mi hijo muerto era, y ha revivido; se había perdido, y es hallado. Y comenzaron a regocijarse. Y su hijo mayor estaba en el campo; y cuando vino, y llegó cerca de la casa, oyó la música y las danzas; y llamando a uno de los criados, le preguntó qué era aquello. El le dijo: Tu hermano ha venido; y tu padre ha hecho matar el becerro gordo, por haberle recibido bueno y sano. Entonces se enojó, y no quería entrar. Salió por tanto su padre, y le rogaba que entrase. Mas él, respondiendo, dijo al padre: He aquí, tantos años te sirvo, no habiéndote desobedecido jamás, y nunca me has dado ni un cabrito para gozarme con mis amigos. Pero cuando vino este tu hijo, que ha consumido tus bienes con rameras, has hecho matar para él el becerro gordo. El entonces le dijo: Hijo, tú siempre estás conmigo, y todas mis cosas son tuyas. Mas era necesario hacer fiesta y regocijarnos, porque este tu hermano era muerto, y ha revivido; se había perdido, y es hallado”.

Al igual que el padre del hijo pródigo, nuestro Padre celestial no nos obligará a permanecer con Él. Si no hacemos caso a la dirección de su Santo Espíritu e insistimos en seguir la senda del pecado, Él dejará que lo hagamos. Al examinar esta parábola, aprendemos lo que sucede cuando nos alejamos del plan de Dios.

Nuestro compañerismo con Dios es afectado seriamente. El hijo rebelde no tuvo más contacto con su padre; la relación entre ellos había dejado de ser importante para ese hijo. Si nos extraviamos y hacemos de nosotros mismos una prioridad mayor que la del Señor, también experimentaremos una desconexión con nuestro Padre celestial. Como cristianos, no podemos apartarnos de la senda sin cerrar primero nuestra mente y nuestro corazón a Dios.

Nuestros recursos —de tiempo, talentos y bienes— son dilapidados. El hijo derrochó su dinero en cosas frívolas, y terminó peor que los siervos de la casa de su padre. Dios nos ha dado dones espirituales y recursos materiales para construir su reino, y su Espíritu para guiarnos. Seguir nuestros propios planes malbarata lo que Él nos ha dado.

Nuestras necesidades más grandes no son satisfechas. Perseguir sueños que están fuera de los propósitos de Dios, conduce a la infelicidad. Solo en Cristo podemos encontrar verdadera satisfacción.

Si vivimos separados de Dios, nos vencerá el desaliento. Las malas decisiones pueden causar sentimientos de pesar para toda la vida, pero estos no tienen que dictar nuestro futuro. El Padre celestial nos dará la bienvenida con gran gozo y amor si nos arrepentimos y nos volvemos a Él.

“Gracia y Paz”
Meditación Diaria

¿ESTÁS TÚ ESPERANDO EN EL SEÑOR?



Salmo 62:1-8
“En Dios solamente está acallada mi alma; de él viene mi salvación. El solamente es mi roca y mi salvación; es mi refugio, no resbalaré mucho. ¿Hasta cuándo maquinaréis contra un hombre, Tratando todos vosotros de aplastarle como pared desplomada y como cerca derribada? Solamente consultan para arrojarle de su grandeza. Aman la mentira; con su boca bendicen, pero maldicen en su corazón. Alma mía, en Dios solamente reposa, porque de él es mi esperanza. El solamente es mi roca y mi salvación. Es mi refugio, no resbalaré. En Dios está mi salvación y mi gloria; en Dios está mi roca fuerte, y mi refugio. Esperad en él en todo tiempo, oh pueblos; derramad delante de él vuestro corazón; Dios es nuestro refugio”.

El ser humano es, por naturaleza, muy impaciente; especialmente en momentos de prueba y dificultad. Todo lo queremos resuelto inmediatamente, por lo tanto instintivamente rechazamos todo lo que esté relacionado con “esperar”. Pero esto es precisamente lo que nos dice el pasaje de hoy: “Esperad en él en todo tiempo”. Aun deseando seguir estas instrucciones de la Palabra de Dios, hay ocasiones en las que nos resulta prácticamente imposible luchar contra nuestros instintos y mantenernos inmóviles en medio de una tormenta, en lugar de actuar por nuestros propios medios. David tuvo que aprender a esperar en el Señor. Mientras su enemigo, el rey Saúl, lo buscaba para matarlo, David esperó durante casi quince años ocultándose en cavernas y muchas veces viviendo a la intemperie. Así, en medio de estas difíciles condiciones, él escribió el Salmo 62 del cual es parte el pasaje de hoy. Después de tantos siglos transcurridos, hoy nos lo muestra la Biblia como una instrucción maravillosa para nosotros.

En medio de tu problema, ¿esperas en el Señor, o actúas rápidamente con el fin de aliviar la presión? No importa cuan fuerte sea tu tormenta o cuan profunda sea tu aflicción, Dios está en control, y todo lo que él espera de ti es que seas paciente y esperes en él. En este Salmo 62, David muestra una actitud de espera en silencio pero en total confianza en su Dios. Dice el v.1: “En Dios solamente está acallada mi alma; de él viene mi salvación”. Pasaron los años, y Dios dirigió a David a través de aquellos tiempos tormentosos hasta un final feliz. Siendo un anciano, David escribió el Salmo 37, en el cual resume sus experiencias. “Encomienda a Jehová tu camino, y confía en él; y él hará”, dice el v.4. Y el v.7 dice: “Guarda silencio ante el Señor, y espera en él”.

Ciertamente no es fácil guardar silencio y esperar cuando estamos en medio de una prueba. Cuando la ansiedad o la desesperación nos envuelven, probablemente no queremos escuchar a nadie diciéndonos: “Ora”. Quizás nos parezca demasiado sencillo, y a veces hasta puede parecernos que no son sensibles a nuestro dolor. Sin embargo esto es exactamente lo que tenemos que hacer: orar y esperar confiadamente la respuesta de Dios. Cuando lo hacemos, sentimos su paz confortándonos. El apóstol Pablo fue otro siervo de Dios que experimentó pruebas muy duras en su vida. Y producto de su experiencia, estando preso en una cárcel romana, esperando ser ejecutado en cualquier momento, pudo escribir en su carta a los filipenses lo siguiente: “Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús” (Filipenses 4:6-7).

Esta seguridad, esta absoluta confianza en Dios sólo puede resultar de una íntima comunión con el Señor. Buscar su rostro en oración debe ser nuestra prioridad cada día de nuestras vidas. No una o dos veces a la semana, sino diariamente pasar un tiempo a solas con Dios. No a la carrera, sino tranquilamente meditando en su Palabra y orando en el Espíritu en busca de esa profunda paz que sólo nuestro Padre celestial puede darnos.

ORACIÓN:
Mi Padre amado, te ruego me des la fuerza para esperar en ti, aun cuando las circunstancias me ordenen a gritos que me apresure a actuar. Lléname de tu Espíritu para sentir esa paz inefable que sobrepasa todo entendimiento, aun en medio de situaciones terribles. En el nombre de Jesús, Amén.

“Gracia y Paz”
Dios te Habla

RELIGIOSO, PERO PERDIDO



Juan 3:1-6
“Había un hombre de los fariseos que se llamaba Nicodemo, un principal entre los judíos. Este vino a Jesús de noche, y le dijo: Rabí, sabemos que has venido de Dios como maestro; porque nadie puede hacer estas señales que tú haces, si no está Dios con él. Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios. Nicodemo le dijo: ¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? ¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre, y nacer? Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios. Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es”.

Nicodemo probablemente sería bienvenido en cualquier iglesia hoy. Parece ser el miembro ideal: con principios, bien informado, moralmente recto, cortés y humilde. Sin embargo, tenía dos grandes problemas, estaba ciego a la verdad y estaba muerto espiritualmente.

El hombre estaba perdido. Es decir, no tenía una relación con Dios por medio de Jesucristo. Como fariseo, Nicodemo era fiel a las estrictas regulaciones y leyes del judaísmo; por tanto, era realmente religioso. Pero el problema de la persona que está perdida no es las actitudes, la conducta o incluso el carácter. Podemos cambiar y controlar esas cosas a fuerza de voluntad, y muchas personas hacen eso. Pero lo que la gente necesita verdaderamente es un cambio de su naturaleza básica. Venimos a este mundo con la inclinación natural de alejarnos de Dios.

Jesús le dijo al ilustre rabí que toda su bondad exterior no podía borrar, sustituir o cambiar su naturaleza, sino que toda persona que desee ser aceptada por Dios debe nacer de nuevo. El Señor prometió que si Nicodemo lo recibía como Salvador, entonces empezaría a tener una vida completamente nueva. Su naturaleza pecaminosa sería transformada, para que pudiera tener una verdadera relación con Dios. En vez de tener la apariencia de ser un hombre religioso, Nicodemo sería un creyente verdadero.

Nadie entrará al cielo por sus buenas obras y su buena conducta. Cuando estemos delante de Dios, lo único que importará será si nuestra vieja naturaleza fue cambiada. Necesitaremos mostrar a Dios el Espíritu Santo que recibimos cuando Jesús vino a nuestra vida.

“Gracia y Paz”
Meditación Diaria

SANTIDAD Y JUSTICIA GRATUITA



Isaías 12:2
He aquí Dios es salud mía; aseguraréme, y no temeré; porque mi fortaleza y mi canción es JAH Jehová, el cual ha sido salud para mí.

Dios es mi salvación; confiaré, y no temeré, porque Él Señor es mi fuerza y mi canción, y ya es mi salvación. ¡Qué bonito es este sencillo testimonio de Isaías! Dios es mi salvación. Es posible vivir muchos años en este mundo sin darse cuenta de que somos rebeldes contra la ley y la voluntad de nuestro creador. Pero cuando Dios empieza a hablar a nuestro corazón, y se revela en su santidad y justicia, empezamos a darnos cuenta cuan miserables somos; luego sabemos que necesitamos perdón por nuestros pecados, y necesitamos una santidad y justicia que no viene de nosotros, sino nos es DADA gratuitamente cuando nos arrepentimos de nuestros pecados, y aceptamos a Jesús como nuestro Salvador. Nuestra salvación es un don que recibimos cuando de verdad encontramos a Jesús. ¿Ya lo ves? ¡DIOS ES MI SALVACIÓN!

“Gracia y Paz”
Un Versículo de la Biblia cada Día

viernes, 11 de enero de 2013

CRISTO VIENE POR UNA IGLESIA SANTA



Hebreos 12:14
“Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor”

La Biblia dice que la iglesia es como una virgen ataviada y adornada para su marido y que no tiene ni mancha ni arruga, que es una Iglesia santa por la que viene Jesucristo, no viene por denominaciones o determinado grupo.

La Biblia dice que todo aquel que ha aceptado a Cristo, que ha nacido de nuevo y viva una vida santa ese es hijo de Dios, y participará en el levantamiento de la iglesia.

¿Y cómo hacer para estar entre los que serán tomados? La Biblia dice que debe permanecer en el Señor, debe ser de Él, pues si no permanece cuando el Señor venga lamentablemente se quedará, así haya predicado toda la vida, si ha diezmado y ofrendado, si ha asistido toda la vida a la iglesia y ha levantado templos, así haya hecho muchas obras de caridad se quedará.

No somos salvos por las obras o por el ministerio que haya desarrollado a favor de la humanidad, la Biblia dice que debemos estar en Cristo para no ser avergonzados el día de su venida. “Y ahora hijitos, permaneced en Él, para que cuando se manifieste, tengamos confianza, para que en su venida no nos alejemos de Él avergonzados”, 1 Juan 2:28. Hay que estar en Él, ser de Él, vivir con Él, para que cuando se manifieste tengamos confianza.

“A fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha”, Efesios 5:27. “Bienaventurado y santo el que tiene parte en la primera resurrección; la segunda muerte no tiene potestad sobre éstos, sino que serán sacerdotes de Dios y de Cristo, y reinarán con Él mil años”, Apocalipsis 20:6. “Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor”, Hebreos 12:14. Nos damos cuenta que no es la posición social, cultural, intelectual, de familia, apellido o sector donde vivamos la que nos garantiza que vamos a pasar la eternidad con Dios, la que nos garantiza es “la santidad, sin la cual nadie vera al Señor”.

“Velad, pues, en todo tiempo orando que seáis tenidos por dignos de escapar de todas estas cosas que vendrán, y de estar en pie delante del Hijo del Hombre”, Lucas 21:36. La tarea del cristiano es velar, no puede estar haciendo otra cosa, tiene que estar a la expectativa, no se puede dormir, no se puede entretener en otra cosa, debe estar velando las 24 horas del día y debe estar orando y pidiendo a Dios diciendo: “Señor ayúdame a perseverar, que las pruebas, las dificultades, los problemas no me dobleguen, que el mal genio no me doblegue, que mi carácter sin refrenar y sin domar por tu Espíritu no me vaya a dejar cuando vengas; que cuando suene la trompeta, yo sea hallado digno de partir de este mundo”.

Porque si no somos hallados dignos no podremos partir de este mundo y nos quedaremos aquí con los que no obedecieron, bajo el dominio del anticristo, bajo el dominio de Satanás, con esos quedarán aquellos que no obedecieron, pero también leemos: “Por tanto, también vosotros estad preparados; porque el Hijo del Hombre vendrá a la hora que no pensáis”,  Mateo 24:44. Tal vez usted no crea que a esta hora el Señor puede venir, que en este mismo momento puede sonar la trompeta, ojala fuera en este momento, ojala fuera el momento bienaventurado, cuando partiríamos de aquí a la presencia del Señor, su alma, mi alma volarían.

A veces preguntamos y ¿cuándo vendrá? La Biblia en Marcos 13:32-33 nos dice: “Pero de aquel día y de la hora nadie sabe, ni aun los ángeles que están en el cielo, ni el Hijo, sino el Padre. Mirad, velad y orad; porque no sabéis cuándo será el tiempo”. La Biblia dice que nadie lo sabe así que si alguien le dice que la venida es en el mes entrante o si le dan una fecha dígale mentiroso, hereje… eso no lo sabe nadie, eso es sorpresivo, Él viene en cualquier momento, puede ser en la mañana o al medio día, al anochecer o a cualquier hora, por eso hay que estar preparados. “Velad y orad; porque no sabéis cuándo será el tiempo”.

“Gracia y Paz”
Verdadera Vida Cristiana

NUESTRAS RIQUEZAS EN CRISTO



Filipenses 4:19, 20
“Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús. Al Dios y Padre nuestro sea gloria por los siglos de los siglos. Amén”.

Como creyentes, somos en verdad ricos por las riquezas y la gracia que tenemos en Cristo. Hemos sido escogidos, redimidos, justificados, unidos con Dios y hechos ciudadanos del cielo. Pero la lista no termina aquí.

Jesús dijo a sus discípulos que su partida era necesaria para que el tercer miembro de la Trinidad viniera a morar en cada creyente (Juan 16:7). Cuando somos salvos, recibimos el Espíritu Santo, que nos sella como hijos de Dios, nos consuela en nuestro dolor y nos enseña a vivir rectamente.

Gracias a la obra santificadora del Espíritu, nos asemejamos cada vez más a Jesús, lo cual es otra bendición del Señor. Su Espíritu nos transforma a fondo y produce el fruto espiritual en nuestra vida (Gálatas 5:22, 23). También nos capacita para decidir vivir santamente y romper con los hábitos pecaminosos.

Otra bendición maravillosa que tenemos los cristianos, es el acceso al trono de la gracia. Podemos entrar a la presencia de Dios en cualquier momento, por medio de la oración y la adoración. La resurrección y la glorificación son también tesoros que tendrán los hijos de Dios. Así como el cuerpo de nuestro Salvador fue resucitado, también lo serán nuestros cuerpos; en el cielo serán hechos perfectos, y estaremos libres de la presencia del pecado por toda la eternidad.

La riqueza que tenemos en Cristo sobrepasa cualquier cosa que ofrezca este mundo. No se deje seducir por la mentalidad terrenal, que valora la comodidad y el placer más que todo lo demás. Por el contrario, valore quién es usted en Cristo y lo que le ha sido dado. Si lo hace, el gozo y la paz serán suyos.

“Gracia y Paz”
Meditación Diaria

¿CONOCES TÚ AL DIOS ALTÍSIMO?



Génesis 14:19-20
“Y le bendijo, diciendo: Bendito sea Abram del Dios Altísimo, creador de los cielos y de la tierra; y bendito sea el Dios Altísimo, que entregó tus enemigos en tu mano. Y le dio Abram los diezmos de todo”.

A través de las Sagradas Escrituras vemos que Dios siempre se ha revelado a su pueblo mostrando su gracia y su misericordia en diferentes circunstancias y con diferentes nombres. Los nombres de Dios revelan quien es él y lo que él puede hacer en determinadas situaciones en favor del que le ama. Por ejemplo, en Génesis 22 vemos a Jehová JIREH (Dios proveerá); Éxodo 15: Jehová RAFA (Dios Sanador); en el pasaje de hoy, Abram estaba conociendo a Jehová como “el Dios Altísimo” (Jehová ELYON) en una circunstancia especial de su vida. Con el fin de que la fe de Abram creciera, Dios quería enseñarle algo que nosotros también necesitamos aprender para vivir en victoria cada día de nuestras vidas.

Básicamente, esta revelación de Dios como el Altísimo significa en primer lugar que Jehová Dios está por sobre todos los demás dioses. De igual manera él está por sobre todos nuestros problemas y dificultades y tiene todo el poder y la sabiduría para ayudarnos a resolverlos. Aunque las circunstancias adversas “digan” lo contrario, Dios es más poderoso que ellas. Él puede cambiarlas en un instante de manera que nos favorezcan a nosotros. Aunque el diagnóstico del médico sea pesimista, nuestro Dios está sobre toda palabra humana y puede enviar su sanidad. Si una relación no anda bien, Dios tiene el poder de obrar en corazones llenos de resentimiento y transformarlos, y llenarlos de su paz, y restaurar esa relación. Aunque la situación económica sea sumamente mala, él puede resolverla pues él es el dueño del oro y la plata y de todas las riquezas del mundo (Hageo 2:8). El es el Rey y Señor del Universo y está por sobre todas las cosas. No existe nada en este mundo que esté por encima del “Dios Altísimo”. La seguridad absoluta en este concepto diferencia a los que viven sobre las dificultades de la vida de aquellos que sucumben bajo la presión de los problemas.

Cuando el rey David era un jovencito, su padre le asignó la tarea de cuidar sus ovejas. Día tras día, noche tras noche, él cumplió sus responsabilidades con mucha dedicación. Sin duda en muchas ocasiones David se recostaría sobre la hierba para contemplar la inmensidad del cielo, el sol, las nubes. Por la noche, la luna y las estrellas le parecerían tan cercanas que casi podría alcanzarlas, mientras hablaba al Dios de sus padres. Así se inspiró al escribir: “Los cielos cuentan la gloria de Dios, y el firmamento anuncia la obra de sus manos” (Salmo 19:1). La enormidad de la creación lo cautivaba tanto que el joven David instintivamente sabía que Dios lo había creado todo y que él podía confiar en el “Dios Altísimo” con toda su vida.

Dios recompensó esa confianza librándolo en muchas ocasiones de situaciones muy difíciles. Por eso, justo antes de enfrentarse al gigante Goliat, David pudo decirle al rey Saúl: “Tu siervo era pastor de las ovejas de su padre; y cuando venía un león, o un oso, y tomaba algún cordero de la manada, salía yo tras él, y lo hería, y lo libraba de su boca; y si se levantaba contra mí, yo le echaba mano de la quijada, y lo hería y lo mataba. Fuese león, fuese oso, tu siervo lo mataba; y este filisteo incircunciso será como uno de ellos, porque ha provocado al ejército del Dios viviente. Añadió David: Jehová, que me ha librado de las garras del león y de las garras del oso, él también me librará de la mano de este filisteo” (1 Samuel 17:34-37). Poco después aquel enorme gigante estaba muerto a los pies del joven pastor de ovejas. No por sus fuerzas, sino por la fuerza y el poder del Dios todopoderoso.

Debes comenzar cada día con este pensamiento de fe: ¡Mi Dios está por sobre todos mis problemas y dificultades, y él tiene el poder para convertirlas en bendiciones para mi vida! Si ponemos nuestra confianza en el “Dios Altísimo”, su manto de protección nos cubrirá. De esta manera lo declara la Biblia en el Salmo 91:1: “El que habita al abrigo del Altísimo morará bajo la sombra del Omnipotente”.

ORACIÓN:
Gracias Dios mío por cambiar mi perspectiva de la vida. Ahora sé que cuando confío en ti puedo enfrentarme a todas las dificultades que se presenten con la absoluta seguridad de que tú estás por encima de todas ellas. ¡Te alabo porque tú eres mi Dios Altísimo! En el nombre de Jesús, Amén.

“Gracia y Paz”
Dios te Habla

miércoles, 9 de enero de 2013

¿CÓMO PUEDO AFINAR MI OÍDO ESPIRITUAL?



Juan 10:22-28
“Celebrábase en Jerusalén la fiesta de la dedicación. Era invierno, y Jesús andaba en el templo por el pórtico de Salomón. Y le rodearon los judíos y le dijeron: ¿Hasta cuándo nos turbarás el alma? Si tú eres el Cristo, dínoslo abiertamente. Jesús les respondió: Os lo he dicho, y no creéis; las obras que yo hago en nombre de mi Padre, ellas dan testimonio de mí; pero vosotros no creéis, porque no sois de mis ovejas, como os he dicho. Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen, y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano”.

En una ocasión un joven se acercó a un renombrado profesor de música, y le dijo: “Profesor, yo llevo mucho tiempo tratando de aprender a tocar la guitarra pero apenas he progresado. Tengo amigos que tienen un oído tan fino que escuchan una canción solamente una vez y pueden tocarla, y lo hacen muy bien. ¿Existe algún ejercicio o alguna técnica que yo pueda utilizar para mejorar mi oído?” El profesor le contestó: “Práctica, muchacho, mucha práctica”.

Un viejo refrán dice: “La práctica hace al maestro”. Ciertamente la práctica es muy importante en todos los aspectos de la vida. Aun los animales, por medio de la práctica desarrollan un buen oído. En los tiempos de Jesús, a través del trato diario, los pastores llegaban a tener tal relación con sus ovejas que las llamaban por nombre y éstas entendían. Las ovejas de un redil eran capaces de reconocer la voz de su pastor por encima de las voces de otros pastores cuyos rediles apacentaban en los alrededores.

Jesús usa esta alegoría para contestar la pregunta que le hacen los judíos en el pasaje de hoy. Se estaba celebrando en Jerusalén la fiesta de la dedicación, y mientras Jesús caminaba por el pórtico de Salomón se le acercaron unos cuantos judíos, los cuales le preguntaron: “¿Hasta cuándo nos turbarás el alma? Si tú eres el Cristo, dínoslo abiertamente.” En otras palabras: “¿Hasta cuándo nos vas a tener en suspenso? Si tú eres el Mesías, dínoslo claramente." Sin duda había dos posibles razones detrás de esta pregunta. Estaban aquellos genuinamente interesados en conocer la verdad; estaban deseosos de saber si por fin había llegado el Mesías prometido. Pero también estaban los que querían hacer caer a Jesús en una trampa para que dijera algo que después ellos pudieran tergiversar y usar para acusarlo ante las autoridades religiosas.

Jesús les contestó que ya él se los había dicho, pero que ellos no creían. No sólo lo había afirmado con palabras, sino también por medio de sus obras, o sea las señales y los milagros que hacía en nombre del Padre, los cuales pasaban desapercibidos a aquellos que tenían sus ojos ciegos y sus oídos sordos. “Vosotros no creéis, porque no sois de mis ovejas”, les dice el Señor. “Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen”. He aquí la gran diferencia: sus ovejas, aquellas cuyo corazón estaba dispuesto a creer, escucharon su voz y le siguieron porque su oído espiritual estaba afinado, y fueron receptivas a su mensaje de salvación. A estas, les dice Jesús, “yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano”.

Nuestro Padre celestial anhela comunicarse con sus hijos y vivir en comunión con ellos. Para ello él nos habla constantemente de diferentes maneras, principalmente a través de su Palabra, pero también se comunica desde su Espíritu a nuestro espíritu. Si queremos escuchar su voz tenemos que afinar nuestros oídos espirituales. Para ello debemos buscar su rostro en oración cada día, leer su Palabra, meditar en ella y esforzarnos en aplicarla en nuestro diario vivir.

Cuando hagamos de esto un hábito día tras día de nuestras vidas, nuestro oído espiritual se irá afinando y seremos capaces de escuchar claramente la voz de nuestro Señor y reconocerla en medio de tantas otras voces que vienen del mundo, y del enemigo de nuestras almas. Cuando escuchemos su voz, y le sigamos disfrutaremos de todas sus promesas y sus bendiciones.

ORACIÓN:
Bendito Padre celestial, por favor ayúdame a hacer todo lo necesario para afinar mi oído espiritual, de manera tal que cuando tú me hables yo pueda reconocer tu voz, y aumenta mi fe para obedecer tus instrucciones siempre. Te lo pido en el nombre de Jesús, Amén.

“Gracia y Paz”
Dios te Habla

UNA CIUDAD CON FUNDAMENTOS



Hebreos 13:14
Porque no tenemos aquí ciudad permanente, mas buscamos la por venir.

Tal vez tienes un buen trabajo hoy, y mañana lo pierdes; puedes tener buena salud hoy, y mañana te enfermas; puedes tener mucho dinero hoy, y luego viene un desastre y todo se desaparece. Lo único constante en este mundo es el cambio; de eso, puedes estar seguro.

Omar Khayyam dijo: “Las esperanzas de este mundo, como la nieve en el desierto, vienen, se quedan por unos breves minutos, y se van”. Pero las mansiones que Jesús nos está preparando, nunca se oxidan, deslustran, ni se corrompen, sino que se quedan a través de la eternidad. Y Jesús, él que es “de todo hermoso”, nunca cambiará. Los Cantares dicen, “su paladar, dulcísimo: y todo él codiciable. Tal es mi amado, tal es mi amigo, Oh doncellas de Jerusalén” (Cantares 5:16).

“Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos” (Hebreos 13:8). ¿Estarás tú esperando “aquella ciudad con fundamentos, el artífice y hacedor de la cual es Dios”? (Hebreos 11:10).


“Gracia y Paz”
Un Versículo de la Biblia cada Día

martes, 8 de enero de 2013

RETÉN LO QUE TIENES



Apocalipsis 3:11
“He aquí, yo vengo pronto; retén lo que tienes, para que ninguno tome tu corona”.

Retén, es un verbo que se deriva del griego κρατέω (krateo), κρατέω significa: Aferrarse a, asir, tomar, agarrar, mantener firme. Pero la connotación que Juan utiliza en Apocalipsis es la de: “detener, retener, mantener firme, aferrarse a”.

El verbo que utiliza Juan se encuentra en modo “imperativo” lo cual señala una orden o mandato, la cual apela a la voluntad de aquel a quien se le habla. Es decir que el que recibe la orden decide si la llevara a cabo o no. Por supuesto que esto no le quita la fuerza al término al ser pronunciada como una orden.

Pero también el verbo se encuentra en tiempo presente, lo que se concibe como una acción continua o repetida, algo que debe seguir haciéndose siempre, y no por un lapso de tiempo. Este mandato se está expresando en forma positiva como un mandamiento o mandato general. “Retén lo que tienes”.

El retener tiene la implicación de guardar (Marcos 9:10). Esto habla de algo tan fuerte y poderoso como el poder que la muerte ejerce al retener a una persona, lo cual no fue posible en el caso de Jesús, quien verdaderamente libró una batalla contra la muerte, la cual no le pudo retener y le tuvo que soltar (Hechos 2:24). Retener es poder lograr que a pesar del paso de los años no cambien en nosotros ni en nuestras próximas generaciones las cosas que se han aprendido (Marcos 7). Es detener algo con tal fuerza que no se deja que se escape ni lo más mínimo (Apocalipsis 7:1). La exhortación que la Escritura nos da es a retener de esta forma la fe (profesión) que tenemos, depositando nuestra confianza en el sumo sacerdote (Jesús) quien es nuestra ayuda y sostén (Hebreos 4:14-16).

El apóstol Pablo en la segunda carta enviada a los Tesalonicenses (v. 1) les exhorta y utiliza el verbo κρατέω (kratéo) en modo imperativo para ordenarles y darles el mandato que se mantengan firmes y retengan la doctrina que han aprendido (v. 15). Debido a que se han levantado falsas doctrinas en cuanto a la manifestación del hombre de pecado (2:1-12). Pero la orden es mantenerse firme y retener, a no dejarse mover fácilmente, del modo de pensar, a no ser conturbados ni por espíritu o palabra, ni por carta (2:2).

También se puede ver que el retener, muchas veces implicará luchas, problemas, dificultades, las cuales hay que enfrentar sin soltar o perder lo que se tiene. Un buen ejemplo es la iglesia de Pérgamo (Apocalipsis 2:13-15), en donde se narra que a pesar de la persecución y de la muerte de Antipas (el testigo fiel) ellos retenían la fe.

En el caso del apóstol Juan en su carta de Apocalipsis también utiliza en modo imperativo el verbo κρατέω (kratéo) en su mensaje a la iglesia a Filadelfia (3:7-13).

La carta se escribe al ángel (pastor) de la iglesia en Filadelfia (v. 7). El Señor le dice que Él conoce sus obras y que ha puesto una puerta abierta delante de él la cual nadie la puede cerrar. ¿Por qué? Porque aunque tiene poca fuerza ha guardado la palabra y no ha negado el nombre del Señor (v. 8). Y añade que a aquellos que se dicen ser judíos pero que no lo son, sino son de la sinagoga de Satanás, vendrán y se postrarán a sus pies para que reconozcan que Dios le ha amado (v. 9). Y todo esto lo confirma de nuevo, por cuanto ha guardado la palabra, y le promete que también él será guardado de la hora de la prueba que ha de venir sobre la tierra (v. 10).

Pero luego viene la orden, “retén lo que tienes”. Y esto es lo llamativo, que a pesar de la puerta abierta, y la humillación de sus enemigos, él DEBE guardar lo que han recibido, lo que tiene, porque si no lo puede perder. Recibido y oído se refiere al consejo de la Palabra de Dios, todos aquellos mandamientos y enseñanzas que hemos recibido y estamos llamados a ponerlos por obra.

La Palabra deja claro que el Señor llegará pronto, pero que hasta ese momento si no se retiene firme lo que se tiene, se puede perder. Vendré sobre ti como ladrón, se refiere a que será cuando nadie lo espera, de manera súbita e inesperada. Por lo tanto no podemos vivir la vida cristiana de una manera descuidada sino debemos estar vigilantes y listos porque cuando menos lo esperamos nos llamará a su presencia.

El mundo necesita hijos verdaderos de Dios. Hombres y mujeres dispuestos a ser ejemplo, que acepten y entiendan los planes de Dios, comprometidos y fieles hasta la muerte, dispuestos a transformar su entorno, que no dependan de las circunstancias sino del poder de Dios, que no se dejen amedrentar ante la oposición, aun estando bajo amenazas de muerte, sino que sigan fieles y comprometidos hasta el final.

Hombres y mujeres conforme a la voluntad de Dios es lo que se necesita hoy. Personas que permanezcan firmes a los postulados bíblicos, que no vendan ni pierdan sus principios ante la fama, reconocimiento o cualquier otra tentación. Que tengan claro que el único propósito en sus vidas es proclamar el Evangelio de Jesucristo y agradar en todo a su Señor.

Amados, estamos viviendo en tiempos peligrosos y decisivos, en medio de conflictos y luchas constantes frente al mundo, la carne y el diablo. Los cuales buscan de manera sutil desviarnos de la sincera fidelidad a Cristo.

2 Juan 1:8, dice: “Mirad por vosotros mismos, para que no perdáis el fruto de vuestro trabajo, sino que recibáis galardón completo”. Por esto amados hermanos, debemos retener con firmeza lo que tenemos, no despreciando la bendición y privilegios que Dios nos ha dado, sigamos fielmente hasta la muerte, no nos desviemos ni miremos para atrás. Recordemos que “Bienaventurados los que oyen la Palabra de Dios, y la guardan” (Lucas 11:28). Amén.

“Gracia y Paz”
Verdadera Vida Cristiana

LA BIBLIA Y LA INCINERACIÓN



Los pastores de nuestros tiempos deben estar muy bien preparados, especialmente en las Sagradas Escrituras, deben conocer muy bien la Biblia, porque las costumbres, las enseñanzas en nuestras iglesias, los innumerables libros que se publican casi a diario cuyo mensaje es de sospechosa inspiración, hacen que el hombre de Dios, que tenga una congregación grande o pequeña, deba responder a una avalancha de interrogantes que muchas veces rayan en la misma hechicería.

En estos últimos años se comenzó a practicar la cremación de los cuerpos. Muchos alegan que ello abarata el sepelio y que al mismo tiempo evita el uso de grandes espacios en los cementerios en donde ya no hay más lugar. Pero existe otro factor que tal vez ha pasado inadvertido para la gran mayoría, y que indudablemente ha contribuido sobremanera a la popularización de esta costumbre. Por increíble que parezca, el occidente se ha vuelto a las supersticiones del hinduismo en busca de esperanza. La religión que sólo ha servido para destruir a India, se ha infiltrado en todos los estratos de la sociedad occidental. Afirmando que no es religión, sino ciencia, está transformando las mentes de los occidentales, la ciencia, la medicina, los medios de comunicación, la política y la iglesia.

Son numerosos los occidentales que se han integrado al hinduismo y comenzaron a seguir a gurúes de India como resultado de la simple iniciación en una clase de yoga. El yoga es en muchos aspectos el corazón del hinduismo. No hay hinduismo sin yoga y no hay yoga sin hinduismo.

En la religión hindú el fuego es considerado una entrada sagrada hacia el mundo espiritual. Por eso, la cremación del cuerpo es fundamental en esta creencia, la cual tiene que tener lugar dentro de las seis primeras horas de la muerte de la persona. Mientras se lleva a cabo la ceremonia de cremación, se repiten “mantras” para purificar el cuerpo e indicarle al alma que puede continuar hacia el mundo espiritual. Luego se deben arrojar las cenizas en agua que fluye.

La cremación es la forma típica como los hindúes se deshacen de los cadáveres. Muchos hindúes devotos son incinerados en las colinas de la ciudad santa de Varanasi. Los muelles de Varanasi están hechos con concreto y losas de mármol, sobre los cuales se erigen las piras para el crematorio. Las cenizas son luego arrojadas al río Ganges o colocadas en urnas. Vemos entonces que el aumento en las cremaciones también se deben en parte a la infiltración de las religiones orientales en nuestro medio.

Sin embargo, hay cristianos que aunque ignoran las raíces ocultistas de esta costumbre, de ninguna manera se sienten tranquilos con tan drástica solución. Por lo tanto, a continuación cotejaremos las Escrituras y averiguaremos si está bien o no la costumbre de la cremación del cuerpo.


Los que fueron quemados

Pero, ¿qué quiere decir «cremación?» Simplemente se refiere a la «práctica de quemar o incinerar los cadáveres». Es más fácil sepultar las cenizas, esparcirlas por allí, arrojarlas al mar, que darle sepultura a todo un cuerpo. En la Biblia se mencionan varios casos de personas que fueron quemadas, incineradas, pero cuando se entere de quiénes fueron, creo que no le gustará ser una de ellas. Y dice la Escritura: “El que tomare mujer y a la madre de ella, comete vileza; quemarán con fuego a él y a ellas, para que no haya vileza entre vosotros” (Lv. 20:14).

Esta es la incineración colectiva de un hombre y dos mujeres, madre e hija. Lo notable es que en los versículos anteriores y posteriores, se mencionan otros pecados cuyo castigo también era la pena capital, pero en esos otros casos, aunque se habla de la muerte, no se dice nada de quemar a los culpables, de incinerarlos. Este es un caso de pecado extremo, algo que la Biblia llama “vileza”, por eso Dios ordena un castigo tan violento. Eran tan despreciables, que no debían quedar ni siquiera sus cuerpos.

El otro caso de incineración mencionado en la Biblia es el del horripilante culto demoníaco, donde se ofrecían seres humanos a los demonios, especialmente bebés, quemándolos vivos. La Biblia se refiere frecuentemente a esa práctica cuando dice: “...pues aun a sus hijos y a sus hijas quemaban en el fuego a sus dioses” (Dt. 12:31b).

Encontramos otro caso en el capítulo 7 de Josué donde dice: “Y el que fuere sorprendido en el anatema, será quemado, él y todo lo que tiene, por cuanto ha quebrantado el pacto de Jehová, y ha cometido maldad en Israel... Y todos los israelitas los apedrearon, y los quemaron después de apedrearlos” (Jos. 7:15, 25b). Esto ocurrió con Acán y su familia. Es muy llamativa la descripción de que fueron apedreados y luego quemados después de muertos, no porque la familia fuese pobre y no dispusiera de lo necesario para que se les diera sepultura, sino porque en la Biblia la incineración del cuerpo es una muestra de desprecio total hacia la persona por haber cometido un acto de extrema maldad. Pero... ¿Qué cosa tan mala había cometido Acán? Había codiciado, guardado, ocultado y provocado 36 bajas innecesarias entre el pueblo de Israel que pudieron haberse evitado: “Y los de Hai mataron de ellos a unos treinta y seis hombres, y los siguieron desde la puerta hasta Sebarim, y los derrotaron en la bajada; por lo cual el corazón del pueblo desfalleció y vino a ser como agua” (Jos. 7:5). En el caso de Acán, fueron quemados él, su familia y sus posesiones. Esta familia murió por haber sido condenada a muerte. La incineración cabe perfectamente en el molde de una persona condenada a la pena capital.

Otro ejemplo lo tenemos en el triste caso del rey Saúl, un individuo que teniendo todas las oportunidades de vivir para Dios se vendió al enemigo. Cuando él y sus hijos cayeron muertos habiéndose suicidado en una triste y vergonzosa derrota frente a los filisteos, sus cuerpos fueron quemados. No olvidemos que la incineración recayó sobre una persona que se hizo despreciable a Dios y a los hombres y quien se entregó enteramente a Satanás, siendo dominado por los demonios de una manera total.

Así que la incineración realmente corresponde a los condenados a la pena capital o bien a los suicidas. Es verdaderamente triste lo que el escritor sagrado dice de Saúl y su final: “Mas oyendo los de Jabes de Galaad esto que los filisteos hicieron a Saúl, todos los hombres valientes se levantaron, y anduvieron toda aquella noche, y quitaron el cuerpo de Saúl y los cuerpos de sus hijos del muro de Bet-sán; y viniendo a Jabes, los quemaron allí” (1 S. 31:11, 12).

Para quienes alegan que la Biblia no prohíbe explícitamente la incineración, porque esta práctica apareció desde los días anteriores a Josué, o que el cuerpo presente una vez muerto no tiene valor alguno, o que la sepultura es muy costosa, me parece que los ejemplos bíblicos presentados aquí, son suficientes para llevarlos a una conclusión más definida. No todas las prácticas económicas y cómodas deben ser aceptadas por los cristianos, sino aquellas que la Biblia no condena y que están en perfecta concordancia con sus enseñanzas. Aquellos que dejan estipulado en su testamento que su cuerpo sea incinerado, o bien son incrédulos o cristianos resentidos, fracasados, dolidos y hasta ofendidos con Dios. Estas personas, de manera consciente o inconsciente, aunque en la mayoría de los casos en forma inconsciente, piensan que Dios no ha sido justo con ellos por haberles enviado la enfermedad o pobreza que arruinó sus vidas, la que tal vez ellos mismos malgastaron en buena parte.

En fin, es como quedar uno a uno con Dios. Es como decirle: «Tú me diste esa enfermedad y yo tomaré represalia, no quiero ni siquiera el cuerpo que me diste». La incineración es la actitud violenta de una persona contra algo que es propiedad de Dios, para destruirla. En el fondo el pecador piensa que Dios es el único culpable de toda su desdicha, a menos que acuda a Cristo arrepentido de sus pecados, sea regenerado y viva una vida cristiana de auténtica madurez.

La cuestión de la cremación no es tan sencilla como parece, aunque a primera vista luzca como algo completamente correcto al considerar que cada persona tiene derecho a decidir sobre su propio cuerpo. Si el cuerpo nos perteneciera, podríamos hacer lo que quisiéramos con él, pero no nos pertenece, porque es una vivienda que Dios nos ha prestado. La Biblia habla mucho de la sepultura, pero no menciona para nada la cremación del cuerpo, excepto cuando éste NO ES TEMPLO DEL ESPÍRITU SANTO.

Cuando Dios habló de la muerte física del hombre dijo: “Con el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra, porque de ella fuiste tomado; pues polvo eres, y al polvo volverás” (Gn. 3:19). Dios no dice que el hombre es polvo y a ceniza volverá, sino que la implicación aquí es que el cuerpo se irá descomponiendo hasta tornarse en su elemento original, en polvo. Una de las funciones del fuego es quemar lo que no sirve, pero no podemos decir esto del cuerpo que Dios nos ha dado por la sencilla razón de que Dios nunca ha hecho algo que no sirva. La rebelión de nuestros primeros padres no tomó al Creador por sorpresa, él sabía de antemano lo que iba a ocurrir y desde un principio diseñó sus cuerpos para que sirvieran de morada a su Espíritu Santo.

Muchos argumentan que el cuerpo presente, una vez que su habitante lo abandona, no tiene valor alguno. Me basta un solo argumento para echar abajo esta hipótesis y es la resurrección. Si hubo un cuerpo que sin duda no valía nada más que el total desprecio, fue el de Job cubierto de sarna maligna, dolorosa y horripilante. Sin embargo, veamos lo que dice Job de su cuerpo: “Yo sé que mi Redentor vive, y al fin se levantará sobre el polvo; y después de deshecha esta mi piel, en mi carne he de ver a Dios; al cual veré por mí mismo, y mis ojos lo verán, y no otro, aunque mi corazón desfallece dentro de mí” (Job 19:25-27).

Nuestro cuerpo no es para ser quemado, sino para ser resucitado. No puede estar en la categoría de algo que no vale nada porque es nuestra habitación y la morada del Espíritu de Dios el día de nuestra regeneración. Cuando colocamos el cuerpo en un ataúd y luego lo depositamos en una fosa que llamamos «sepultura», estamos colocando la semilla bajo tierra para que luego germine en la resurrección de los justos, transformado en un cuerpo nuevo maravilloso que Dios nos dará a cambio del presente. Pablo lo explica así con gran elocuencia: “Pero dirá alguno: ¿Cómo resucitarán los muertos? ¿Con qué cuerpo vendrán? Necio, lo que tú siembras no se vivifica, si no muere antes... Así también es la resurrección de los muertos. Se siembra en corrupción, resucitará en incorrupción. Se siembra en deshonra, resucitará en gloria; se siembra en debilidad, resucitará en poder” (1 Co. 15:35, 36, 42, 43).

No quiero decir con esto que Dios no podrá levantar a los muertos cuyos cuerpos fueron quemados, porque él es todopoderoso. Pero la enseñanza bíblica es que el cuerpo del cristiano, una vez muerto, debe ser puesto en una tumba con tanto cuidado y esmero como siembra el agricultor la semilla que desea que germine y dé fruto abundante. Ningún hombre puede ser juez de su propio cuerpo, él no lo hizo, es hechura de Dios. No tenemos el derecho de alegar que «nuestro cuerpo no sirve para nada». Detrás de cada cuerpo está su hacedor, Dios mismo. No podemos postularnos como jueces para juzgar la obra de Dios. Nuestro cuerpo es corona de la creación de Dios.

Es tan importante nuestro cuerpo que Pablo dice: “Porque es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo” (2 Co. 5:10). Evidentemente nuestro cuerpo tiene una función más después de la muerte, después que lo hayamos abandonado. No quiero decir que resucitaremos exactamente en el mismo cuerpo, sino que Dios todavía hará referencia a él, tal como si lo tuviéramos ante su presencia.

En este cuerpo hemos habitado durante todo el tiempo de nuestra peregrinación, en él hemos amado y odiado, trabajado y en ocasiones hasta holgazaneado, sufrido y disfrutado, reído y llorado, nos hemos deprimido y hemos encontrado fortaleza, hemos ayudado y consolado. No podemos decidir cuánto vale nuestro cuerpo, esto le corresponde a Dios. Son de tanto valor nuestros cuerpos que dice el Señor Jesucristo: “No os maravilléis de esto; porque vendrá hora cuando todos los que están en los sepulcros oirán su voz; y los que hicieron lo bueno, saldrán a resurrección de vida; mas los que hicieron lo malo, a resurrección de condenación” (Jn. 5:28, 29).

Otro argumento más en pro de la incineración, es que un entierro resulta muy costoso, y parece tan correcto y hasta cristiano que un hijo de Dios se preocupe por los que quedan para darle sepultura. Una de las personas que realmente no se había preparado para la sepultura y que murió demasiado joven fue Jesús. Él no poseía ni un centavo en ningún banco, no tenía propiedad alguna, no contaba con algo que pudiera venderse para obtener lo necesario a fin de darle sepultura. Sin embargo, la Biblia dice que no solamente fue sepultado, sino que fue enterrado como sólo lo eran los reyes y hombres prominentes: “Y se dispuso con los impíos su sepultura, mas con los ricos fue en su muerte...” (Is. 53:9). “Después de todo esto, José de Arimatea, que era discípulo de Jesús, pero secretamente por miedo de los judíos, rogó a Pilato que le permitiese llevarse el cuerpo de Jesús; y Pilato se lo concedió. Entonces vino, y se llevó el cuerpo de Jesús. También Nicodemo, el que antes había visitado a Jesús de noche, vino trayendo un compuesto de mirra y de áloes, como cien libras. Tomaron, pues, el cuerpo de Jesús, y lo envolvieron en lienzos con especias aromáticas, según es costumbre sepultar entre los judíos. Y en el lugar donde había sido crucificado, había un huerto, y en el huerto un sepulcro nuevo, en el cual aún no había sido puesto ninguno. Allí, pues, por causa de la preparación de la pascua de los judíos, y porque aquel sepulcro estaba cerca, pusieron a Jesús” (Jn. 19:38-42).

Como podemos notar, Jesús no tenía riquezas, ni se le ocurrió jamás dejar un testamento para que incineraran su cuerpo al morir. Y si de capacidad económica se habla, permítame citarle lo que yo llamo la “declaración de bienes del Señor”: “Viéndose Jesús rodeado de mucha gente, mandó pasar al otro lado. Y vino un escriba y le dijo: Maestro, te seguiré adondequiera que vayas. Jesús le dijo: Las zorras tienen guaridas, y las aves del cielo nidos; mas el Hijo del Hombre no tiene dónde recostar su cabeza” (Mt. 8:18-20).

Si hubo en el mundo una persona pobre, ese era Jesús, no tenía absolutamente nada, excepto a Dios a su lado. Sin embargo, a su muerte, el Señor puso en el corazón de gente buena y compasiva, el deseo de hacer lo mejor para que su cuerpo recibiera digna sepultura. Sin que el Señor Jesucristo se hubiera preocupado jamás por su sepultura, su cuerpo fue colocado en una tumba completamente nueva, como si se tratara de un hombre rico, ¡y hasta se encontraba en un huerto!

Pero alguien dirá: «¡Claro, claro, se trataba del propio Señor Jesucristo, el Mesías, el salvador del mundo!» Pero... ¿Acaso Jesús no fue despreciado, burlado, ridiculizado, rechazado y luego muerto? Aunque murió por nuestros pecados no habiendo pecado jamás, fue considerado como un criminal más. Cuando un cristiano muere sin bienes de fortuna y necesita sepultura, Dios siempre tiene preparado a un José o a un Nicodemo para que hagan el trabajo correspondiente sepultando su cuerpo.

Es notable que cuando una persona pobre muere y se hace un llamado por ayuda a través de la radio o la televisión, inmediatamente hay respuesta. El argumento de que un entierro es muy caro no tiene base. Nunca debemos preocuparnos demasiado por no ser carga a la hora de la sepultura, aunque siempre es prudente y hasta cristiano que uno tome las precauciones para este viaje sin par, cuando por única y última vez abandonamos la morada y partimos para la eternidad.


Porque no a la incineración

* La Biblia dice que nuestro cuerpo es obra de Dios. Usted puede ser blanco o de color, alto o bajo, puede tener ojos celestes, verdes, pardos o negros, sin embargo es creación divina: “Entonces Jehová Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente” (Gn. 2:7). Nuestro cuerpo es una verdadera maravilla. Es la pieza maestra de la creación divina y fue hecho como “tabernáculo” para que habitáramos en él, mientras Dios así lo quiera.

* Dios nos lo dio para su servicio. Nuestro cuerpo es uno de los medios dados por Dios para usarlo en su gloria y servicio: “¿No sabéis que vuestros cuerpos son miembros de Cristo...?” (1 Co. 6:15). “...Pero el cuerpo no es para la fornicación, sino para el Señor, y el Señor para el cuerpo” (1 Co. 6:13). “...Glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios” (1 Co. 6:20).

El cristiano que realmente sirve a Dios tiene muchas memorias gratas de su cuerpo. El hombre y la mujer cristianos saben que su cuerpo es para el servicio del Señor. La Biblia no dice que nuestro cuerpo es descartable, sino que al cesar en sus funciones debe ser tratado como una semilla, no como la paja. La paja es para el fuego y la semilla para ser guardada en el granero, en el alfolí, y luego ser depositada bajo tierra a fin de que germine y se multiplique. Así también ocurrirá con nuestro cuerpo. Su belleza, apariencia y resistencia se aumentarán cuando recibamos un cuerpo glorificado y eterno.

* Los hombres y mujeres de Dios fueron sepultados. A medida que leemos la Biblia vemos aparecer figuras muy prominentes en las filas de los patriarcas, jueces, profetas, apóstoles y otros. Basta recordar a personas como Abraham, Sara, Moisés, Jacob, Isaac, Raquel, José, etc. Muchos de ellos no sólo fueron sepultados dignamente, sino que también fueron embalsamados. Algunos hasta dieron instrucciones detalladas respecto al lugar en donde debían sepultar su cuerpo, cómo sepultarlo, y otros detalles.

Veamos algunos ejemplos: “Fue la vida de Sara ciento veintisiete años; tantos fueron los años de la vida de Sara. Y murió Sara en Quiriat-arba, que es Hebrón, en la tierra de Canaán; y vino Abraham a hacer duelo por Sara, y a llorarla. Y se levantó Abraham de delante de su muerta, y habló a los hijos de Het, diciendo: Extranjero y forastero soy entre vosotros; dadme propiedad para sepultura entre vosotros, y sepultaré a mi muerta de delante de mí” (Gn. 23:1-4). Los versículos 15 y 16 del capítulo 23 de Génesis nos dicen que Abraham compró un terreno por valor de cuatrocientos siclos de plata, de un tal Efrón hijo de Zohar, donde finalmente sepultó a su esposa Sara. Prácticamente todo el capítulo 23 de Génesis trata del asunto de la muerte y sepultura de Sara, la esposa de Abraham. Abraham no estaba preocupado por su bolsita de cenizas, sino por darle digna sepultura al cuerpo de esta mujer santa.

De Raquel se dice: “Así murió Raquel, y fue sepultada en el camino a Efrata, la cual es Belén. Y levantó Jacob un pilar sobre su sepultura; esta es la señal de la sepultura de Raquel hasta hoy” (Gn. 35:19, 20).

De Isaac dice la Biblia: “Y fueron los días de Isaac ciento ochenta años. Y exhaló Isaac el espíritu, y murió, y fue recogido a su pueblo, viejo y lleno de días; y lo sepultaron Esaú y Jacob sus hijos” (Gn. 35:28, 29). En este caso no sólo se destaca la sepultura de Isaac, sino también que sus dos hijos, Esaú y Jacob, quienes en otra época fueran enemigos a muerte, se ocuparon del asunto con gran esmero.

Y leemos sobre Jacob: “Les mandó luego, y les dijo: Yo voy a ser reunido con mi pueblo. Sepultadme con mis padres en la cueva que está en el campo de Efrón el heteo, en la cueva que está en el campo de Macpela, al oriente de Mamre en la tierra de Canaán, la cual compró Abraham con el mismo campo de Efrón el heteo, para heredad de sepultura. Allí sepultaron a Abraham y a Sara su mujer; allí sepultaron a Isaac y a Rebeca su mujer; allí también sepulté yo a Lea... Y cuando acabó Jacob de dar mandamientos a sus hijos, encogió sus pies en la cama, y expiró, y fue reunido con sus padres” (Gn. 49:29-31, 33). ¿Puede usted imaginarse a los hijos de Jacob, metiendo su viejo cuerpo en un horno para luego incinerarlo?

Y sigue diciendo la Escritura: “Entonces se echó José sobre el rostro de su padre, y lloró sobre él, y lo besó. Y mandó José a sus siervos los médicos que embalsamasen a su padre; y los médicos embalsamaron a Israel. Y le cumplieron cuarenta días, porque así cumplían los días de los embalsamados, y lo lloraron los egipcios sesenta días... Entonces José subió para sepultar a su padre; y subieron con él todos los siervos de Faraón, los ancianos de su casa, y todos los ancianos de la tierra de Egipto, y toda la casa de José, y sus hermanos, y la casa de su padre... Subieron también con él carros y gente de a caballo, y se hizo un escuadrón muy grande. Y llegaron hasta la era de Atad, que está al otro lado del Jordán, y endecharon allí con grande y muy triste lamentación; y José hizo a su padre duelo por siete días. Y viendo los moradores de la tierra, los cananeos, el llanto en la era de Atad, dijeron: Llanto grande es este de los egipcios... Hicieron, pues, sus hijos con él según les había mandado; pues lo llevaron sus hijos a la tierra de Canaán, y lo sepultaron en la cueva del campo de Macpela...” (Gn. 50:1-3, 7-13).

Muchas veces se menciona que este fue un evento especial, porque fue la triste tarea de sepultar los restos de este gran hombre llamado Jacob. Hubiera sido más fácil llevar sus cenizas a Canaán, pero ni a Jacob ni a sus hijos jamás se les cruzó siquiera la idea de tal posibilidad. Esta sepultura de paso era un vínculo de amor entre sus hijos y un testimonio elocuente para Canaán, aunque ellos no sabían que no era un duelo egipcio, sino de Israel.

Cualquier persona que haya concurrido alguna vez a un sepelio verdaderamente cristiano, sabe cuán importante es el cuerpo presente y la asistencia de todos los hermanos para acompañar a los familiares de la persona que acaba de partir. Familiares, amigos y hermanos en la fe tienen la oportunidad de mostrar por última vez su aprecio y respeto, no a una bolsita con cenizas, sino a un cuerpo entero cargado de recuerdos y vivencias.

Al seguir examinando la Escritura, encontramos que José, otro gigante de la fe, también fue sepultado: “Y murió José a la edad de ciento diez años; y lo embalsamaron, y fue puesto en un ataúd en Egipto” (Gn. 50:26). Luego dice en Éxodo 13:19: “Tomó también consigo Moisés los huesos de José…”, al salir con el pueblo de Israel de Egipto, de acuerdo con el juramento que le hicieron antes de su muerte, de que al sacarlos Dios de Egipto su cuerpo no quedaría allí.

Todos estos casos son claros testimonios para nosotros. Tenemos la oportunidad de examinar, no solamente la vida y conducta de cada uno de estos personajes bíblicos, sino también su muerte: “Estimada es a los ojos de Jehová la muerte de sus santos” (Sal. 116:15). Dice en Lucas 16, que cuando ese mendigo (que representa al hombre temeroso de Dios) murió “…fue llevado por los ángeles al seno de Abraham…” (Lc. 16: 22). En Hebreos 1:14, hablando de los ángeles, la Biblia dice: “¿No son todos espíritus ministradores, enviados para servicio a favor de los que serán herederos de la salvación?”

Pero... ¿Por qué se da tanta importancia a la sepultura cuidadosa y adecuada del cuerpo de los que han sido fieles a Dios? ¿Por qué ninguno de los grandes hombres y mujeres de Dios fueron incinerados? Lázaro, de quien se dice que era amigo de Jesús, al morir no fue incinerado, sino sepultado. Fue por eso que cuando Jesús llegó cuatro días después de su muerte, Marta su hermana, le dijo que su cuerpo ya estaba descomponiéndose. Por supuesto que si hubieran sepultado una bolsita con cenizas, no habría existido ese temor de descomposición, y sin duda tampoco se habría materializado esa gran resurrección, no porque el Señor Jesucristo no tuviera poder para hacerlo, sino porque nunca se incineraba el cuerpo de un santo.

Cuando Jesús murió, la tierra tembló y muchos sepulcros se abrieron, al punto que la Biblia dice: “Y se abrieron los sepulcros, y muchos cuerpos de santos que habían dormido, se levantaron; y saliendo de los sepulcros, después de la resurrección de él, vinieron a la santa ciudad, y aparecieron a muchos” (Mt. 27:52, 53). La Escritura enfatiza que se abrieron los sepulcros, no las botellas o bolsitas con cenizas. ¿Por qué? Porque los sepulcros que se abrieron en esa ocasión contenían “cuerpos de santos”, que es lo mismo que decir cuerpos de salvos.

De Moisés se dice: “Y murió allí Moisés siervo de Jehová, en la tierra de Moab, conforme al dicho de Jehová. Y lo enterró en el valle, en la tierra de Moab, enfrente de Bet-peor; y ninguno conoce el lugar de su sepultura hasta hoy” (Dt. 34:5, 6). Como no hubo quien sepultara el cuerpo de Moisés, dice la Biblia que Dios mismo se encargó de este trabajo, no tuvieron que incinerarlo. El fuego es siempre un elemento de destrucción. Dios lo usó muchas veces para destruir a los impíos. Sodoma y Gomorra fueron acabadas por el fuego. Según el capítulo 3 de la segunda epístola de Pedro, el mundo presente será destruido por el fuego. El infierno es fuego que nunca se apaga y allí irán a parar todos los impíos. Por eso dice la Biblia: “A algunos que dudan, convencedlos. A otros salvad, arrebatándolos del fuego; y de otros tened misericordia con temor, aborreciendo aun la ropa contaminada por su carne” (Jud. 22, 23).

El fuego siempre ha sido un elemento de juicio divino. Satanás, el Anticristo y el falso profeta, serán echados al lago de fuego. Los paganos ofrecían a sus hijos, “haciéndolos pasar por fuego”. El fuego es un elemento de destrucción violenta y dolorosa. Por eso dice en 1 Corintios 3:15, que algunos se salvarán “…aunque así como por fuego”.

Conclusión

·      Los cristianos jamás deben considerar la cremación del cuerpo como algo normal.
·      Deben ser los primeros en ofrecer sepultura cristiana.
·      Deben recordar que el hombre en su condición tripartita: “…espíritu, alma y cuerpo…” (1 Ts. 5:23), es la corona de la creación de Dios.
·      Deben tener bien presente que los casos principales de cuerpos incinerados, pertenecían a hombres y mujeres apartados de Dios e involucrados hasta con el mismo Satanás.
·      Los cristianos jamás deberían dejar testamento o instrucciones a sus familiares de que sus cuerpos sean incinerados.
·      Deben recordar que sus cuerpos son moradas del Espíritu Santo.
·      Deben entregar su cuerpo al Señor al igual que su alma y espíritu.
·      Deben recordar que si bien el cuerpo presente no es más que un tabernáculo, una tienda temporal, es diseño divino, no humano.
·      El cuerpo muerto del cristiano debe ser un elemento de reflexión a la hora del velorio.
·      Finalmente, deben recordar que un día ellos volverán para retomar sus cuerpos ya transformados.


“Gracia y Paz”
Aprendiendo la Sana Doctrina