domingo, 5 de mayo de 2013

SOBRECOGIMIENTO



Isaías 6:3
“Santo, santo, santo, Señor de los ejércitos; toda la tierra está llena de su gloria”.

1 Juan 5:20
“Jesucristo. Este es el verdadero Dios, y la vida eterna”.

A lo largo de los siglos, los creyentes han experimentado confianza y temor a la vez en la presencia de Dios. Moisés, al oír la voz de Dios, “cubrió su rostro, porque tuvo miedo de mirar a Dios” (Éxodo 3:6). Este temor, manifestado también por otros creyentes como ­Isaías o Pedro, no es miedo, sino un sobrecogimiento al estar en contacto con lo que sobrepasa el mundo.

Esto es más que un objeto, una fuerza, una persona, un ser. Es Dios, aquel que creó el mundo, quien se reveló a Moisés, diciéndole: “Yo soy el que soy” (Éxodo 3:14), expresión insondable. Sin él todo quedaría en la nada.

Pero este Dios impresionante es un Dios de bondad cuya presencia llena de alegría al creyente. Atraído hacia Dios, el creyente puede testificar: “En cuanto a mí, el acercarme a Dios es el bien” (Salmo 73:28). La actitud del adorador puede resumirse en dos palabras: respeto y agradecimiento. Se inclina ante Dios por lo que Él es y le expresa su admiración por lo que ha hecho.

Nos sentimos impulsados a adorar cuando meditamos en el extraordinario hecho de que Dios, el Dios de eternidad, haya venido a tomar nuestra condición humana. Sí, Jesús, el unigénito Hijo de Dios, se hizo hombre. Sufrió, lloró, murió y volvió a la vida. Hizo todo eso para darnos la vida, una vida eterna en comunión con él. Su amor lo llevó a descender hasta nosotros para salvarnos.

“Gracia y Paz”
La Buena Semilla

COMO UN GEN MALO



Romanos 3:10
“No hay justo, ni aun uno”.

Santiago 4:1
“¿De dónde vienen las guerras y los pleitos entre vosotros? ¿No es de vuestras pasiones, las cuales combaten en vuestros miembros?”

El siglo XX ha sido paradójico; los progresos de la ciencia, y de la medicina en particular, jamás fueron tan brillantes, sin embargo decenas de millones de personas perecieron durante los múltiples conflictos que jalonaron este período. Los hombres aprenden a cuidar y a curar, pero se matan unos a otros. Entonces, ¿Dónde está el problema?

Muchos piensan que un régimen político bien adaptado, con buenas estructuras sociales o progresos técnicos, traerá un mundo mejor. Pero hay que admitir las cosas como son: los progresos materiales, que sólo son compartidos por una pequeña fracción de la población mundial, no trajeron una mejora sensible en las relaciones entre los hombres.

En su Palabra Dios nos muestra el fondo del problema: el mal, el pecado, entró en el corazón de cada ser humano como un gen malo. Caín, el primer ser humano que nació en la tierra, mató a su hermano Abel. Y desde entonces el ser humano no hizo progresos; hasta es incapaz de ello. “Engañoso es el corazón más que todas la cosas, y perverso” (Jeremías 17:9).

Entonces, ¿hay que desesperarse? No, porque si Dios hace esta terrible constatación, también ofrece el remedio. A los que creen en su Hijo Jesucristo y en la eficacia de su muerte expiatoria en la cruz, él les da no un corazón mejorado, sino un nuevo corazón. Amen.


“Gracia y Paz”
La Buena Semilla

EVITA EL YUGO DESIGUAL



2 Corintios 6:14-18
“No os unáis en yugo desigual con los incrédulos; porque ¿qué compañerismo tiene la justicia con la injusticia? ¿Y qué comunión la luz con las tinieblas? ¿Y qué concordia Cristo con Belial? ¿O qué parte el creyente con el incrédulo? ¿Y qué acuerdo hay entre el templo de Dios y los ídolos? Porque vosotros sois el templo del Dios viviente, como Dios dijo: Habitaré y andaré entre ellos, y seré su Dios, y ellos serán mi pueblo. Por lo cual, salid de en medio de ellos, y apartaos, dice el Señor, y no toquéis lo inmundo; y yo os recibiré, y seré para vosotros por Padre, y vosotros me seréis hijos e hijas, dice el Señor Todopoderoso”.

Este pasaje es una advertencia del apóstol Pablo a la iglesia de Corinto para que no tengan ningún tipo de comunión con los no creyentes. Es un desafío para que se mantengan puros, alejados del mundo y sus costumbres. Pablo les dice: “No os unáis en yugo desigual con los incrédulos”. Sin duda esto se remonta al viejo mandamiento de Deuteronomio 22:10 que dice: “No ararás con buey y con asno juntamente”. Existen cosas que son fundamentalmente incompatibles, que nunca se pensó unir naturalmente. Cuando Dios liberó a los israelitas de Egipto, él esperaba que este pueblo se mantuviese puro, sin mezclarse con las naciones que les rodeaban. En el Monte Sinaí, por medio de Moisés, Dios les dice: “Ahora, pues, si diereis oído a mi voz, y guardareis mi pacto, vosotros seréis mi especial tesoro sobre todos los pueblos; porque mía es toda la tierra. Y vosotros me seréis un reino de sacerdotes, y gente santa” (Éxodo 19:5-6). “Santo” significa “apartado por Dios para Dios”. La esencia del plan de Dios para su pueblo en los tiempos del Antiguo Testamento y en la actualidad, se resume en una palabra: “Apartaos”.

El río Brule, que está en la frontera entre Michigan y Wisconsin, fluye por muchos kilómetros con agua clara y cristalina. En un punto determinado, el río Iron, que es cenagoso y de aguas turbias con sedimentos de minerales y barro, se junta con el Brule. Al unirse estos dos ríos, las aguas claras del Brule fluyen junto con las aguas cenagosas del Iron por una corta distancia. Al poco tiempo las aguas se mezclan en una corriente. Ahora fíjate lo que sucede: las aguas claras del Brule no limpian las aguas del Iron, sino todo lo contrario. Las aguas cenagosas del Iron contaminan toda la corriente.

De la misma manera, entrar en una estrecha relación con el mal corrompe la pureza del creyente y afecta su comunión con el Señor. Unirse a una persona incrédula, ya sea en el matrimonio o en una íntima amistad o en los negocios, es contrario a la voluntad de Dios para la vida de sus hijos. Muchos matrimonios de creyentes con no creyentes se han llevado a cabo bajo la teoría de que la persona cristiana traerá a la incrédula a los pies del Señor. La experiencia demuestra todo lo contrario. Por regla general es la persona creyente quien se aleja de Dios. Conservarse puro y lograr que un incrédulo cambie es tan difícil como mantener las aguas del Brule y del Iron separadas en el mismo canal.

Aprendamos de esta enseñanza: No hay nada común entre la justicia y la injusticia; entre la luz y las tinieblas; entre Cristo y Belial (Satanás); o el templo de Dios y los ídolos. Todo lo contrario, son totalmente opuestos. Entiende esto, y sigue las instrucciones del pasaje de hoy: “Salid de en medio de ellos, y apartaos, dice el Señor, y no toquéis lo inmundo” Ciertamente Jesús se relacionó con pecadores de todo tipo, pero siempre con un propósito: mostrarles el camino de la salvación. Nunca intimó con ninguno de ellos. Esta debe ser nuestra actitud. Hablarles del Señor a los incrédulos, dondequiera que se presente la oportunidad, pero recordando siempre que aunque estamos en el mundo, no somos del mundo, como dijo Jesús en Juan 17:14. Y allí mismo oró al Padre diciendo: “No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal”.

Si eres Seguidor de Cristo, ¡evita el yugo desigual! Recuerda que tienes un lugar separado en el pueblo de Dios. Nunca consideres ningún tipo de vínculo con una persona incrédula, pues como dice la Biblia: “¿Andarán dos juntos, si no estuvieren de acuerdo?” (Amós 3:3).

ORACIÓN:
Bendito Dios, te ruego me des sabiduría y entendimiento espiritual para escoger correctamente aquellas personas con quien me voy a relacionar, y rechazar todo yugo que pueda afectar mi comunión contigo. Te lo pido en el nombre de Jesús, Amén.

“Gracia y Paz”
Dios te Habla

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¡HE GANADO UNA HORA!



Jeremías. 46:17
“Dejó pasar el tiempo señalado”.

1 Reyes 18:21
“¿Hasta cuándo claudicaréis vosotros entre dos pensamientos?”

Apocalipsis 2:21
“Le he dado tiempo para que se arrepienta, pero no quiere arrepentirse”.

«¡Tomando el tren de las seis de la tarde, he ganado una hora!», declaró satisfecho un hombre de negocios. «¿En qué empleó esa hora?», le preguntó su interlocutor.

Esta pregunta merece un momento de reflexión. Efectivamente, en nuestra sociedad tan ajetreada, la programación del tiempo es una preocupación constante. Pero con la ansiedad de no perder el tiempo, ¿En qué empleamos esas horas que ahorramos con tanto esmero? Cada hora de nuestra vida es un don de Dios que no debemos malgastar. Un solo instante de nuestra existencia puede ser decisivo. El tiempo de nuestra vida nos es dado ante todo para restablecer una relación con nuestro Creador.

Hablamos mucho del ocio como momentos de los cuales podemos disponer a nuestro antojo para todo tipo de distracciones. Seamos agradecidos por los momentos de descanso que disfrutamos, pero tomémonos el tiempo para hacer un balance, para preguntarnos sobre nuestra relación efectiva con Cristo, sobre la utilidad y el objetivo de nuestra vida.

No dejemos pasar la ocasión para acudir al Salvador y consagrarle nuestra vida. Jesucristo, el Hijo de Dios, dijo: “Estuve muerto; mas he aquí que vivo por los siglos de los siglos” (Apocalipsis 1:18).

Sólo es necesario un instante para acercarse con humildad a Jesús. Si tu crees en él, no habrás ganado una hora, ¡Sino la vida eterna!


“Gracia y Paz”
La Buena Semilla

¿ESTAS VIVIENDO EN TU ZONA DE CONFORT?



2 Timoteo 2:3
“Tú, pues, sufre penalidades como buen soldado de Jesucristo”.

A lo largo del Nuevo Testamento se confirma el hecho de que aunque seamos creyentes habremos de sufrir. No se ve lo que muchos pregonan, cuando dicen que cuando una persona viene a Cristo, todos sus problemas serán solucionados. En la Biblia se ve algo distinto a esto, se ve lo contrario, se ve algo diferente; no podemos compartir ese tipo de “evangelio”. En realidad el verdadero Evangelio le asegura al creyente cierta dosis de sufrimiento, este es el Evangelio de Jesucristo.

El pasaje en la segunda epístola dirigida a Timoteo es categórica: “Tú, pues…” lo hace algo individual, de aplicación personal. Claro que fue dirigida a Timoteo, pero es aplicable a cada uno de nosotros. Haz lo tuyo, piensa que el apóstol se dirige a ti. Luego te dice: “SUFRE”. Si notamos, no lo está dando como algo que probablemente llegue a sucedernos, sino que lo da por seguro. El cristiano habrá de sufrir. Pablo incluso, como que hasta lo demanda de nosotros: Sufre, le dice a Timoteo. Como que incluso, él mismo, tiene que estar dispuesto a hacerlo. Hoy en día, ¿quién es el que busca sufrir? Definitivamente, nadie lo hace; pero según  Pablo es lo que deberíamos de hacer.

El sufrimiento puede ser muy diferente de uno a otro. Algunos pueden sufrir una enfermedad, otros pueden sufrir por problemas, otros por enemistad contra él… y así podemos anotar un grande etcétera. Pero el sufrir mencionado por Pablo es muy singular: Sufrir penalidad a causa de Cristo! Es decir, pasar penas, por amor a lo que Cristo hizo con nosotros. ¡Aleluya! Quien este dispuesto a hacer esto por Cristo, en verdad hace manifiesto su amor por su Señor. Y tengo que reconocer, que este no es el tipo de evangelio popular que se esta predicando a las masas.

Pablo compara las penalidades que sufre el soldado con las penas que puede sufrir un cristiano. Pensemos entonces en las penas que puede pasar alguien que se enlista en la milicia, pero no en las penas dentro del cuartel, sino en las penas allá en el frente de batalla, en la línea de fuego, enfrentando un ejército enemigo, en el campo de combate, en la línea de acción cuerpo a cuerpo. Esto es realmente extremo. Si más bien hoy en día los creyentes piden a Dios que sean resueltos todos sus conflictos, que se puede esperar de asegurarle a alguien que tenga que sufrir a semejanza de las penas que pasa un soldado en guerra.

El cuadro que el apóstol Pablo le quiere pintar a Timoteo es serio, aún preocupante debido a lo que se pudiese llegar a esperar. Normalmente todo mundo, incluyendo los “cristianos” quieren vivir en confort, lo mejor que el dinero pueda llegar a alcanzar, mientras más, mejor. Vidas cómodas, atesorando, acumulando, comprando, invirtiendo, produciendo, ganando, gozando de lo mejor de lo mejor, viajando, visitando, conociendo, siendo servidos, mandando, disfrutando. Se nos ha llenado la cabeza de humo, de pensamientos que distan del mensaje del Evangelio y queremos vivir vidas placenteras y creemos que ese es el sendero que conduce a las mansiones eternas. ¡Qué ilusos hemos sido, no te parece! Creo que es tiempo ya de despertar de ese ensueño en el que hemos caído, poner los pies sobre la tierra y no dejarnos sorprender si el día de mañana (por mandato divino) las penas, el sufrimiento o el dolor nos sacan súbitamente de nuestra zona de confort para llevarnos al frente de batalla.

Miremos a Pedro, consideremos cómo vivió, cómo padeció y lo que sufrió, incluso en su misma muerte glorificó a Cristo (según cuenta la tradición murió también en una cruz al ser ajusticiado por causa de la predicación del evangelio, nada más que él pidió ser crucificado de manera invertida, pues llegó a considerarse indigno de morir a semejanza de su Señor y Salvador), qué ejemplo, qué vida. Consideremos también a Pablo, desde su conversión sufre el desprecio de los mismos cristianos, no le creían que su conversión hubiese sido cierta. Luego él describe en 2 Corintios 6:4, 5, 10 que estuvo “en tribulaciones, en necesidades, en angustias; en azotes, en cárceles, en tumultos, en trabajos, en desvelos, en ayunos… como entristecidos… como pobres… como no teniendo nada”, ¡¡que penas!! Y yo le puedo decir que hoy por hoy este tipo de testimonios son muy escasos. Hoy se predica de la “grandeza” que el creyente puede llegar a ser en Dios. Todo se centra en “confesión positiva” y “prosperidad”; en la riqueza que puede llegar a poseer, de las fórmulas para alcanzar el éxito, para tener dinero mediante “pactos”, de la gran vida que puede tener “ya…”; pero ¿quién le dice al creyente sobre las penas que debe pasar como buen soldado de Cristo que se supone que es?

Y por último, consideremos a Jesucristo mismo. Si alguien tuvo que tener que vivir como rey en la tierra, era él. Si alguien no tuvo por qué haber sufrido en vida también fue él. Pero vemos todo lo contrario, vino a servir, vino a sufrir, vino a pasar penas, vino a ofrecerse como sacrificio voluntario, ¡¡¡él vino a morir por nosotros!!! Esto tiene que hacernos pensar, tiene que sacudirnos, llevarnos al punto de caer de rodillas ante el Señor, y decirle: “Perdóname, porque he pecado contra ti, deseando pasarla muy bien en la tierra y  pretender que ese es el camino al cielo”.

En el deseo que pongamos los pies sobre la tierra, que seamos sensatos y que no nos sorprenda el sufrimiento que nos pueda sobrevenir, pensemos que el camino al cielo no está cubierto de pétalos de rosas nada más, como que también de cuando en cuando vamos a tener que pisar con nuestros pies descalzos muchas espinas dejadas en nuestro sendero.


“Gracia y Paz”
Aprendiendo la Sana Doctrina

sábado, 4 de mayo de 2013

¿CUAL ES NUESTRO COMPROMISO CON DIOS?



Un compromiso significa una obligación contraída por medio de un acuerdo, promesa o contrato, entre dos o mas personas. Cuando nos convertimos a Cristo le prometemos muchas cosas, por ejemplo cambiar, orar, ir a la iglesia. Le pedimos por la salvación de de nuestros familiares y por todas las almas que necesitan salvación, y eso esta muy bien.

Pero muchas veces nos olvidamos de lo que prometemos y dejamos de hacer nuestra parte, y nos echamos hacia atrás a esperar a que Dios nos de lo que le hemos pedido. Y cuando pasa el tiempo y vemos que nuestras peticiones no son contestadas le reclamamos a Dios, entonces El nos recuerda que nuestro pacto con El no fue solamente para El darnos a nosotros, sino para que nosotros también le demos a El.

Ana oro por mucho tiempo y lloro amargamente por un hijo, y Dios se lo dio, pero si leemos bien notaremos que ese hijo le fue dado cuando ella hizo pacto con Dios. Ana le prometió a Dios que si El le daba un hijo ella se lo iba a dedicar a El todos los días de su vida. (1 Samuel 1:11) Dios le otorgo su petición y ella cumplió lo que le prometió a Jehová. (1 Samuel 1:19-2:11)

Ya es tiempo de que comencemos a cumplirle a Dios lo que le prometemos para que podamos ver cumplido lo que pedimos. Oremos no solamente por nuestras peticiones, también oremos por las peticiones de los demás. Entreguémosle nuestros hijos a Dios y también los que no son nuestros hijos.

Dios no es hombre, para que mienta; Ni hijo de hombre para que se arrepienta: El dijo, ¿y no hará?; Habló, ¿y no lo ejecutará? (Números 23:19)

Si El nos ha prometido la salvación para nuestros hijos y seres queridos El cumplirá. Solo tenemos que esperar en El, porque El ha prometido y hará.

No hay que olvidar que el compromiso auténtico tiene dos características: sinceridad y exigencia. Sólo cuando la persona es sincera y exigente con ella misma, es auténticamente comprometida, auténticamente amante y auténticamente libre. De esta misma manera, la verdadera libertad es la que compromete, la que transforma, la que consume. Si queremos sanar nuestro corazón y los corazones de los que nos rodean tenemos que asumir un compromiso como el de Dios: serio, claro y fuerte. No nos queda otro camino más que el compromiso auténtico, sincero y exigente.


“Gracia y Paz”
Para Meditar y Compartir

viernes, 3 de mayo de 2013

¿PUEDES IDENTIFICAR A LOS FALSOS PASTORES?



2 Pedro 2:1-3
“Pero hubo también falsos profetas entre el pueblo, como habrá entre vosotros falsos maestros, que introducirán encubiertamente herejías destructoras, y aun negarán al Señor que los rescató, atrayendo sobre sí mismos destrucción repentina. Y muchos seguirán sus disoluciones, por causa de los cuales el camino de la verdad será blasfemado, y por avaricia harán mercadería de vosotros con palabras fingidas. Sobre los tales ya de largo tiempo la condenación no se tarda, y su perdición no se duerme”.

Este pasaje es parte de la segunda carta del apóstol Pedro a los cristianos exiliados que vivían en varios lugares del Asia Menor. El propósito fundamental era alertarlos acerca de los falsos maestros que comenzaban a levantarse entre ellos de la misma manera que muchos años antes se levantaron falsos profetas dentro del pueblo de Israel. Estos falsos maestros están más interesados en obtener beneficios propios que en decir la verdad. Y con este fin se presentan ante la iglesia con muy buenas credenciales tratando de ocultar sus verdaderas intenciones. Si se les permite, ellos “introducirán encubiertamente herejías destructoras, y aun negarán al Señor que los rescató”, dice el pasaje de hoy. También Jesús advirtió a sus discípulos acerca de estos falsos maestros cuando les dijo: “Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces” (Mateo 7:15). Es decir, aparentan ser muy buenos y mansos pero en sus corazones guardan propósitos muy diferentes a los planes y objetivos que el Señor tiene para su iglesia.

Han transcurrido casi 2,000 años de esta advertencia del Señor y en la actualidad todavía encontramos, formando parte del liderazgo de la iglesia de Cristo, muchos falsos pastores y maestros con características similares a las pronunciadas por Jesús. Y lo peor de todo es que “muchos seguirán sus disoluciones, por causa de los cuales el camino de la verdad será blasfemado.” Y todos estos correrán la misma suerte que aquellos a los que ciegamente siguen. Así se refirió Jesús a los fariseos cuando dijo a sus discípulos: “Dejadlos; son ciegos guías de ciegos; y si el ciego guiare al ciego, ambos caerán en el hoyo” (Mateo 15:14).

Ciertamente debemos tener en cuenta estas advertencias, pues pueden librarnos del mal que a ellos les espera. Es responsabilidad de cada creyente identificar a estos falsos pastores. ¿Cómo podemos identificarlos? Jesús nos lo dice en Mateo 7:16: “Por sus frutos los conoceréis”. Lo primero que debemos hacer es comparar lo que predica el Pastor con lo que está escrito en la Biblia. Jesús dijo a sus discípulos que sus palabras “son espíritu y son vida” (Juan 6:63), y que si permanecían en su palabra, “conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres” (Juan 8:32). Quien no siga fielmente estos principios no está predicando la verdad, y bien sabemos de quien viene la mentira.

Es muy importante discernir quien está en control del culto. ¿Es el Espíritu Santo o es el hombre? Hay pastores que han llegado a envanecerse tanto que quieren ejercer control absoluto, y por lo tanto no permiten que el Espíritu se mueva con la libertad que debe moverse para bendecir y ministrar (2 Corintios 3:17). También hay otras señales que pueden mostrarnos su carácter. Por ejemplo, ¿es el Pastor suficientemente honesto y transparente como para dar a conocer con toda claridad a la congregación su salario y demás beneficios? Son las ofrendas las que cubren estos y otros gastos de la iglesia, y los miembros tienen todo el derecho a conocerlos. Otros aspectos importantes del carácter son el amor y la humildad. ¿Están estos presentes en el comportamiento del Pastor? ¿Se refleja en él el carácter de Cristo?

Si diariamente leemos la Biblia y tenemos un tiempo de oración, pidiendo al Señor sabiduría y discernimiento espiritual, podremos fácilmente identificar a los falsos pastores. Debemos entonces buscar la voluntad de Dios en cuanto al próximo paso que debemos dar. No todas las iglesias ni todas las circunstancias son exactamente iguales. Solamente el Espíritu Santo puede ayudarnos a tomar una decisión que esté de acuerdo a la voluntad de Dios.

ORACIÓN:
Bendito Dios, te suplico me des sabiduría y discernimiento para poder identificar a los falsos pastores y maestros, y actuar conforme a tu voluntad. En el nombre de Jesús, Amén.

“Gracia y Paz”
Dios te Habla

jueves, 2 de mayo de 2013

SALMO 23




El hermoso salmo 23, que todos conocemos, esta lleno de maravillosas promesas de Dios para nosotros. Te invito a que juntos las analicemos:

Salmo 23
“Jehová es mi pastor; nada me faltará. En lugares de delicados pastos me hará descansar; Junto a aguas de reposo me pastoreará. Confortará mi alma; Me guiará por sendas de justicia por amor de su nombre. Aunque ande en valle de sombra de muerte, No temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo; Tu vara y tu cayado me infundirán aliento. Aderezas mesa delante de mí en presencia de mis angustiadores; Unges mi cabeza con aceite; mi copa está rebosando. Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida, Y en la casa de Jehová moraré por largos días”.

Jehová es mi pastor: ¡ESO ES RELACIÓN!

Nada me faltará: ¡ESO ES PROVISIÓN!

En lugares de delicados pastos me hará descansar: ¡ESO ES SERENIDAD!

Junto a aguas de reposo me pastoreará: ¡ESO ES OPTIMISMO!

Confortará mi alma: ¡ESO ES SANIDAD!

Me guiará por sendas de justicia: ¡ESO ES GUÍA!

Por amor de su nombre: ¡ESO ES PROPÓSITO!

Aunque ande en valle de sombra de muerte: ¡ESO ES PRUEBA!

No temeré mal alguno: ¡ESO ES PROTECCIÓN!

Porque tú estarás conmigo: ¡ESO ES FIDELIDAD!

Tu vara y tu cayado me infundirán aliento: ¡ESO ES DISCIPLINA!

Aderezas mesa delante de mí en presencia de mis angustiadores: ¡ESO ES ESPERANZA!

Unges mi cabeza con aceite: ¡ESO ES CONSAGRACIÓN!

Mi copa está rebosando: ¡ESO ES ABUNDANCIA!

Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida: ¡ESO ES BENDICIÓN!

Y en la casa de Jehová moraré: ¡ESO ES SEGURIDAD!

Por largos días: ¡ESO ES ETERNIDAD!

“Gracia y Paz”
Verdades Bíblicas

¿SIRVES AL SEÑOR CON HUMILDAD?



Efesios 3:8-10
“A mí, que soy menos que el más pequeño de todos los santos, me fue dada esta gracia de anunciar entre los gentiles el evangelio de las inescrutables riquezas de Cristo, y de aclarar a todos cuál sea la dispensación del misterio escondido desde los siglos en Dios, que creó todas las cosas; para que la multiforme sabiduría de Dios sea ahora dada a conocer por medio de la iglesia a los principados y potestades en los lugares celestiales”.

Leslie Weatherhead, conocido teólogo y predicador inglés del siglo pasado, narra una conversación que sostuvo con un joven estudiante que había decidido ingresar en el ministerio de la iglesia. Le preguntó cuando se había sentido movido a tomar esa decisión. El muchacho respondió que después de un servicio en la capilla de la escuela. Weatherhead le preguntó quién había sido el predicador, y el joven respondió que no tenía idea de quien fue; sólo sabía que Jesucristo le había hablado esa mañana. Esa fue una verdadera predicación, pues el que sirve a Cristo, nunca debe constituirse en el centro de las miradas, sino debe hacer que las miradas se dirijan al Señor.

En el pasaje de hoy el apóstol Pablo les dice a los efesios que a él le ha sido dada la gracia de “anunciar entre los gentiles el evangelio de las inescrutables riquezas de Cristo”. Pero Pablo no se enorgullecía de haber recibido este privilegio, al contrario, se sentía movido a una profunda humildad. Por eso dice: “Soy menos que el más pequeño de todos los santos”. Lamentablemente esta cualidad va resultando cada vez más difícil de encontrar entre los predicadores, pastores o líderes cristianos en los tiempos actuales. Los que más abundan son aquellos que, envanecidos y llenos de orgullo, modifican la verdad de las Sagradas Escrituras con el fin de predicar sutilmente sus propias ideas y conclusiones o aquellas que ellos piensan van a ser mejor recibidas por la audiencia.

El verdadero líder es imitador de Cristo en todo: sus pensamientos, sus palabras, sus acciones, todo lo que hace va encaminado a darle la gloria a Dios. Este era el objetivo principal en la vida de Pablo. Por eso, con toda autoridad, él exhortó a los corintios de la siguiente manera: “Sed imitadores de mí, así como yo de Cristo” (1 Corintios 11:1). Un líder confiable siempre hablará conforme a lo que dice la Biblia, que es la Palabra de Dios y nos muestra claramente su voluntad; mostrará a todos el único camino, la verdad y la vida, que es Cristo Jesús, y no hablará de sí mismo. Un pastor que actúe de esta manera no tiene que preocuparse por decir sus “buenas cualidades” pues el Espíritu Santo se encargará de hacerlo saber a todos.

Algo que debemos entender es que ningún ser humano está capacitado para ser este tipo de líder. Hay personas que poseen el arte de hablar con elocuencia, y son capaces de persuadir a multitudes a seguir en una cierta dirección. Sin embargo esto no los hace el tipo de líder que puede servir a Dios de la manera que él espera. Es necesario que sea el Espíritu Santo quien guíe a esa persona. El Espíritu Santo es nuestro Consolador, nuestro Maestro, nuestro Consejero y nuestro Guía. En Juan 14:26, poco tiempo antes de su partida, Jesús dijo a sus discípulos: “El Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho”. El poder del Espíritu Santo está a nuestra disposición de la misma manera que estuvo a la disposición de aquellos primeros discípulos que predicaron la sana doctrina del evangelio de Cristo. Ese poder nos ayuda a discernir la voluntad de Dios, nos da fuerza y valor para obedecerla y nos capacita para predicar con denuedo la palabra de Dios, si decidimos ser humildes y dejarnos guiar por él.

Es nuestra responsabilidad desarrollar una íntima comunión con Dios por medio de la lectura de la Biblia y la oración diariamente, de manera que el Espíritu Santo tome control de nuestras vidas.

ORACIÓN:
Amante Padre celestial, yo anhelo ser un instrumento en tus manos y servirte de manera que tu nombre sea siempre glorificado. Te ruego me capacites por medio de tu Santo Espíritu para poder ser ese siervo humilde y útil que tú deseas. En el nombre de Jesús, Amén.

“Gracia y Paz”
Dios te Habla

¿CUÁNDO LEES LA BIBLIA LA ENTIENDES?



1 Corintios 2:12−3:3
“Y nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que proviene de Dios, para que sepamos lo que Dios nos ha concedido, lo cual también hablamos, no con palabras enseñadas por sabiduría humana, sino con las que enseña el Espíritu, acomodando lo espiritual a lo espiritual. Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente. En cambio el espiritual juzga todas las cosas; pero él no es juzgado de nadie. Porque ¿quién conoció la mente del Señor? ¿Quién le instruirá? Mas nosotros tenemos la mente de Cristo. De manera que yo, hermanos, no pude hablaros como a espirituales, sino como a carnales, como a niños en Cristo. Os di a beber leche, y no vianda; porque aún no erais capaces, ni sois capaces todavía, porque aún sois carnales; pues habiendo entre vosotros celos, contiendas y disensiones, ¿no sois carnales, y andáis como hombres?”.

“No entiendo la Biblia”, es un comentario que oigo con frecuencia, incluso de creyentes. No es ningún misterio que quienes no tienen a Cristo, sean incapaces de comprender los conceptos bíblicos, pero ¿por qué los que sí le conocen tienen problemas para entenderla? Algunas personas piensan que la respuesta es haber estudiado en un seminario, pero he conocido a pastores y maestros que no entienden realmente la Palabra de Dios. Conocen los hechos, pero carecen de interés por la Biblia o por el Señor.

La clave no es la educación sino la obediencia. Cuando nos dejamos guiar por lo que leemos, el Santo Libro cobra vida, y comenzamos a escuchar y entender la voz de Dios. Pero si no hemos obedecido lo que Dios nos ha revelado anteriormente, ¿por qué habría de darnos sus verdades más profundas? “Los secretos del SEÑOR son para los que le temen” (Salmo 25:14). ¿Quiénes son “los que le temen”? Los que obedecen sus mandamientos, a quienes se les ha prometido “buen entendimiento” (111:10).

Un estilo de vida carnal significa desobediencia ante el Señor. Esto nubla nuestros ojos, oídos y manera de pensar. No obstante que, como creyentes, tenemos pleno acceso a la mente de Cristo, el apego a nuestras actitudes pecaminosas puede impedirnos aprovechar los ricos tesoros de la sabiduría que se encuentran en su Palabra.

Al leer la Biblia diariamente, examina lo que Dios dice. Luego, bajo la dependencia del Espíritu Santo, comprométete a hacer lo que Él te pida. Si tu escuchas su voz, Él te dirá verdades más profundas, y tu entendimiento crecerá.

“Gracia y Paz”
Meditación Diaria

ORAR A DIOS EN EL NOMBRE DE JESÚS



Juan 16:23-27
“De cierto os digo, que todo cuanto pidiereis al Padre en mi nombre, os lo dará… pedid, y recibiréis, para que vuestro gozo sea cumplido… pues el Padre mismo os ama, porque vosotros me habéis amado, y habéis creído que yo salí de Dios”.

En Juan 16, el Señor anunció a sus discípulos que iba a dejarlos para regresar al cielo después de haber dado su vida en sacrificio por nuestra salvación. Como es comprensible, la tristeza llenó el corazón de los discípulos cuando se dieron cuenta de que iban a quedarse solos en la tierra. Fue entonces cuando el Señor les reveló los recursos de la oración. Como esta promesa concerniría igualmente a todos los creyentes, salvos por haber creído en el Señor Jesús, nos fue transmitida mediante la Palabra de Dios.

¡Es una promesa extraordinaria! Estemos en donde estemos, sea cual sea nuestra situación, podemos pedir a nuestro Padre celestial que nos ayude, que nos enseñe el camino y que nos dé una salida. Cuando oramos en el “nombre” de Jesús, es como si dijésemos a Dios: «Vengo a pedirte esto de parte del Señor Jesús». Esto supone, por supuesto, que él hubiese podido hacerlo en nuestro lugar, es decir, que nuestra petición sea de acuerdo con su voluntad. ¡Qué seguridad nos da esto para acercarnos a nuestro Dios! Él nos escucha, así como escuchaba a Jesús cuando estaba en la tierra. Jesús dijo: “Yo sabía que siempre me oyes” (Juan 11:42).

¡Tengamos plena confianza en la misericordia de nuestro Padre, quien llenará nuestro corazón de paz y alegría! De este modo no olvidaremos darle las gracias.

“Gracia y Paz”
La Buena Semilla

LA SABIDURÍA QUE VIENE DE LO ALTO



Santiago 1:5
“Y si alguno de vosotros tiene falta de SABIDURÍA, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada”.

Cuentan que, en la Edad Media, un hombre creyente fue injustamente acusado de asesinar a una mujer. En realidad, el verdadero autor era una persona influyente y por eso buscaron a un “chivo expiatorio” para encubrir al verdadero culpable.

El hombre fue llevado a juicio, conociendo que tendría poca oportunidad de escapar al veredicto: ¡LA HORCA!

El Juez, también cómplice, cuidó de que pareciera un juicio justo y le dijo al acusado:

- “Conociendo tu fama de hombre devoto del Señor, vamos a dejar en manos de Dios tu destino. Vamos a escribir en dos papeles separados las palabras culpable e inocente. Tu escogerás uno de ellos y será la mano de Dios la que decida tu destino”

Por supuesto, el juez corrupto había preparado dos papeles con la misma leyenda: “CULPABLE” y la pobre víctima se dio cuenta que era una trampa.

No había escapatoria.

El Juez conminó al hombre a tomar uno de los papeles doblados.

El hombre inspiró profundamente, quedó en silencio unos cuantos segundos con los ojos cerrados pensando, y cuando la sala comenzaba ya a impacientarse, abrió los ojos y con una extraña sonrisa, escogió y agarró uno de los papeles y, llevándolo a su boca, lo engulló rápidamente.

Sorprendidos e indignados, los presentes le reprocharon airadamente.

- “Pero… ¿qué hizo?… ¿Y ahora?… ¿Cómo vamos a saber el veredicto?”

- “Es muy sencillo” respondió el acusado. “Es cuestión de leer el papel que queda y sabremos qué decía el que yo escogí”

Con rezongos y disgustos mal disimulados, tuvieron que liberar al acusado, y jamás volvieron a molestarlo.

En los momentos de crisis, sólo la imaginación es más importante que el conocimiento. Y la aplicación del versículo de hoy en el devenir de nuestra vida y el caminar día tras día nos dejará buenos dividendos.


“Gracia y Paz”
Palabra de Miel

¿TIENES LA PAZ DE JESUCRISTO?



2 Corintios 4:8
“Estando atribulados en todo, mas no angustiados; en apuros, mas no desesperamos”.

Tenemos problemas en todos lados, mientras que sufrimos por el paso en este mundo. Jesús nos dijo que esto nos sucedería. Pero como dice nuestro versículo de hoy, no estemos desesperados; al contrario, regocijémonos en el Espíritu, porque sabemos que tendremos nuestro galardón en el cielo y tendremos la paz que sobrepasa todo entendimiento mientras que no nos fijemos en las cosas de este mundo pasajero, sino mirando sólo hacia Jesucristo, el autor y consumador de nuestra fe.

“Gracia y Paz”
Un Versículo de la Biblia cada Día

miércoles, 1 de mayo de 2013

“VENCE CON EL BIEN EL MAL”



Romanos 12:21
“No seas vencido de lo malo; mas vence con el bien el mal”.

La sabiduría del mundo es buscar la venganza; ojo por ojo. Combate el fuego con el fuego. Así no es el camino del Reino de Dios. Jesús dice que debemos bendecir a los que nos maldicen, y orar por los que nos hacen mal.

¡Que Salvador tan magnifico tenemos! ¡Qué contraste con muchas religiones belicosas que incitan a sus partidarios y seguidores a que agarren la espada, y que hagan violencia en el nombre de su religión.

Como cristianos que somos, representamos a Cristo aquí en la tierra, de modo que nuestra vida debe brillar como una luz, dirigiendo a la gente a nuestro Padre Celestial. Eso es vencer lo malo con el bien. ¿Quién sabe, si al hacer esto podamos ganar algunos para Cristo, de manera que ellos también tendrán una eternidad de gozo en la presencia del Padre Celestial, en lugar de tener las tormentas de la eternidad que esperan a aquellos que no se quieren rendir a Cristo para seguirlo.

“Gracia y Paz”
Un Versículo de la Biblia cada Día