domingo, 15 de julio de 2012

¿CUÁL ES LA ESPERANZA QUE BRINDA VERDADERO CONSUELO, GOZO, PAZ, Y BENDICIÓN?


Frecuentemente muchos “cristianos” dicen que tal o cual pastor les han cambiado sus vidas y la de sus familias. Dicen que Carlos Cash Luna, Benny Hinn, Pat Robertson, y otros les han transformado sus vidas y que ahora se sienten felices y en “sintonía” con el Señor. No obstante, la pregunta es: ¿cuál es el mensaje que ellos oyeron y que cambió sus vidas? ¿Acaso será la vana promesa de que pueden ser prosperados hasta hacerse ricos en este mundo presente si siembran su “semilla” fielmente? ¿Acaso es la promesa de que si cumplen con ser fieles diezmadores para su iglesia y su pastor serán multiplicados sus ingresos personales y familiares? Tenemos que ser muy claros en esto, pues de lo contrario ese cambio o transformación “espiritual” durará muy poco, cuando se den cuenta finalmente de que todo sigue igual o peor en sus vidas, mientras que sus líderes se van enriqueciendo día a día a costa del sudor de los fieles.

Definiendo la Esperanza que da gozo
Pablo escribió: “Y el Dios de esperanza os llene de todo gozo y paz creyendo, para que abundéis en esperanza por la virtud del Espíritu Santo” (Romanos 15:13). Aquí Pablo dice que el gozo viene por el creer para que podamos abundar en esperanza—¿pero creer en qué? Pues un poco antes, en el versículo 4, Pablo había escrito: “Porque las cosas que antes fueron escritas, para nuestra enseñanza fueron escritas; para que por la paciencia, y por la consolación de las Escrituras, tengamos esperanza”. Aquí Pablo recalca que la esperanza que produce gozo, paz, y consolación es aquella que viene por el creer en las cosas que fueron escritas para nuestra enseñanza. —¿Y qué cosas fueron escritas para nuestra enseñanza y consolación? La respuesta salta a la vista en los versículos 16, 19, 20, 29, cuando Pablo lo resume en una frase: el evangelio. Estas son sus palabras: “Para ser ministro de Jesucristo á los Gentiles, ministrando (enseñando, entregando) el evangelio de Dios, para que la ofrenda de los Gentiles sea agradable, santificada por el Espíritu Santo”… de manera que desde Jerusalén, y por los alrededores hasta Ilírico, he llenado todo del evangelio de Cristo. De esta manera me esforcé á predicar el evangelio…Y sé que cuando llegue á vosotros, llegaré con abundancia de la bendición del evangelio de Cristo”. Así que el evangelio de Cristo, que es el evangelio de Dios el Padre, condensa todo lo que fue escrito para ser enseñado a Judíos y Griegos para que diera verdadera esperanza y bendición a los creyentes. Así que el verdadero evangelio brinda las bendiciones duraderas que uno esperaría de un Dios amoroso. No es extraño, entonces, que Pablo aconsejara a permanecer en la esperanza del evangelio, con estas palabras: “Si empero permanecéis fundados y firmes en la fe, y sin moveros de la esperanza del evangelio que habéis oído…” (Col. 1:23).

¿Pero de qué se trata ese evangelio de Cristo?
En primer término debemos señalar lo dicho por Pablo sobre la misión central de Jesús en el verso 8, y que dice: “Digo, pues, que Cristo Jesús fue hecho ministro de la circuncisión por la verdad de Dios, para confirmar las promesas hechas á los padres”. Así que Cristo vino a ratificar las promesas hechas a los padres. Con esta introducción Pablo relaciona las cosas que fueron antes escritas para nuestra enseñanza con lo que Cristo vino a confirmar, es decir, las promesas que Dios hizo a los padres. Este es el evangelio de Cristo, y el evangelio de Pablo, y el evangelio cristiano para los gentiles también, para que ellos glorifiquen a Dios junto con los Judíos creyentes. Dicen los versos 9-11: “Y para que los Gentiles glorifiquen á Dios por la misericordia; como está escrito: Por tanto yo te confesaré entre los Gentiles, Y cantaré á tu nombre. Y otra vez dice: Alegraos, Gentiles, con su pueblo. Y otra vez: Alabad al Señor todos los Gentiles, Y magnificadle, todos los pueblos”. Por eso no me sorprende que Pablo haya seguido el ejemplo de Jesús de predicar el reino de Dios,  que es la misma esperanza de la promesa hecha a los padres: “Y ahora, por la esperanza de la promesa que hizo Dios á nuestros padres, soy llamado en juicio” (Hechos 26:6). O como él también lo dijera en Hechos 28:20: “porque por la esperanza de Israel estoy rodeado de esta cadena”.

¿Cuáles son las promesas hechas a los Padres y que compartimos por fe?
En Hechos 26:6 vimos que Pablo predicaba la esperanza de la promesa hecha a los padres, pero en Hechos 20:25 él había dicho que había estado predicando el reino de Dios: “Y ahora, he aquí, yo sé que ninguno de todos vosotros, entre quienes he pasado predicando el reino de Dios, verá más mi rostro”. Así que el Reino de Dios que predicó Pablo es la misma promesa hecha a los padres que lo llevó a juicio, y que Cristo vino primero a anunciar y a confirmar a sus paisanos, para que los que lloran puedan recibir consolación (Mateo 5:4).

El reino de Dios comprende las cosas que fueron escritas en las Escrituras para ser enseñadas y creídas por los potenciales creyentes a fin de que pudieran recibir verdaderamente consolación, esperanza, y gozo verdaderos y duraderos.

Recordemos que Dios hizo pactos con los padres, los cuales tenían que ver con una tierra (Génesis 12:3;13:15;15:18) y con un rey justo (Isaías 32:1) que restauraría todas las cosas a su estado original (Hechos 3:19-21). Esta era la esperanza de José de Arimatea, un fiel discípulo de Jesús (Marcos 15:43), y de los apóstoles del señor (Hechos 1:3,6,7).

Es evidente, entonces, que lo que da verdadera esperanza, gozo y bendición es la promesa del reino de Dios, la cual significará la felicidad de los pobres en espíritu, la consolación de los que lloran, la herencia de la tierra renovada para los mansos, la saciedad para los hambrientos y sedientos de justicia, la misericordia para los misericordiosos, la comunión con Dios para los limpios de corazón, la filiación divina para los pacificadores, y la bienaventuranza para los que son perseguidos por su fe (Mateo 5:3-11).

El Mensaje de esperanza y gozo es ignorado por los evangelistas famosos de hoy
Desafortunadamente el divino mensaje de esperanza y de gozo del reino de Dios es poco o casi nada predicado en las iglesias de hoy. De hecho, los evangelistas contemporáneos lo ignoran por completo, y lo que es peor, lo han sustituido por uno trucado, vano, y de dicha temporal y pasajera llamado: “El evangelio de la prosperidad”. Este evangelio es satánico, engañoso y efímero, que hace “feliz” a unos pocos, y desgraciados a la mayoría. Ahora bien, de hecho podemos decir que hay un evangelio de la prosperidad, pero no para hoy, sino para la era del reino, la Edad donde todos los fieles alcanzarán las bendiciones prometidas por el Señor según sus obras presentes. En la Parábola de la Diez Minas Jesús expone claramente esta verdad de la retribución venidera según las obras presentes (Lucas 19). Hoy estamos sembrando en este mundo para cosechar en la parusía del Señor Jesucristo, el Amo de esta tierra que aparecerá para tomarnos cuenta de lo que hemos producido para él durante su ausencia.

(Lectura: Romanos 15)

“Gracia y Paz”
(Mario A Olcese)

EL PRIMER ATAQUE CONTRA LA FAMILIA


Después que Dios creó la primera pareja y los unió en la primera ceremonia de matrimonio, hubo perfecta armonía, compañerismo y alegría. Adán tenía una esposa con quien tener comunión, ambos ejercían el dominio en conjunto. Eva tenía a su marido para protegerla, proveer y cuidar de ella. Todo estaba bien en el Edén, por el momento.

La perfección no duró mucho tiempo –una serpiente estaba suelta en el Jardín del Edén, astuta y animada por Satanás. Se puso en marcha el primer ataque contra la familia en primer lugar, atacando en contra de Dios y Su creación perfecta.

En el primer asalto registrado contra la humanidad, Satanás trató de revertir el modelo de Dios sobre el matrimonio. El diablo en un acto estratégico de traición –minó no sólo la primera familia, sino todo el sistema de Dios de gobierno terrenal.

Piense en esto: Dios es la cabeza del hombre, el hombre es la cabeza de la mujer, y la humanidad en conjunto preside el reino animal. En esencia, el patrón era Dios, hombre, mujer, animales. Satanás, literalmente, volteó todo el sistema de cabeza. Un animal (la serpiente), llegó a la mujer (Eva), le aconsejó actuar con independencia de su marido (Adán), y desobedecer al Creador (Dios).

Desde un punto de vista militar, el plan de Satanás era brillante y obtuvo una victoria inmediata. Y su estrategia no terminó con los primero padres –él utilizó las mismas tácticas en los primeros hijos también. El primer hijo de Adán, Caín mató a su hermano menor, Abel, incurrió en maldición de Dios sobre su vida. Satanás se las arregló para inyectar veneno entre los cónyuges, hermanos, y en todas las relaciones humanas.

Eso es un récord impresionante para Satanás –él es un enemigo astuto y hábil. Fue, y sigue siendo, un destructor de hogares. Nos tienta, nos ofrece la oportunidad de una alternativa de pecado al designio de Dios, y nos tomamos lo que él tiene para ofrecer, en detrimento de nuestras relaciones. Satanás ha sabido desde el principio lo que muchos cristianos ingenuos son lentos para entender –la familia es clave en el plan de Dios. Destruya la familia y la sociedad se desmorona.

Hay muchas familias para que Satanás lleve a cabo en solitario su campaña de destrucción, por lo que solicita la ayuda de la sociedad secular moderna. Después de todo, el “mundo entero está bajo el poder del maligno” (1 Juan 5:19). A través de filosofías impías e ideologías, sigue atacando a los roles tradicionales de hombres y mujeres dentro de la familia. Grupos de intereses especiales y organismos de gobierno parecen empeñados en la disolución de la familia tradicional, abogando por la normalización de la homosexualidad, "matrimonio" del mismo sexo y (en algunas culturas hoy en día) los programas de esterilización. El divorcio se ha hecho fácil, leyes y derechos fiscales penalizan el matrimonio, y el bienestar del gobierno recompensa el parto fuera de matrimonio. Todas esas tendencias (y muchos más como estas) son ataques directos contra la santidad de la familia.

Aunque muchos líderes cristianos han estado apasionadamente expresando su preocupación acerca de la disolución de la familia desde hace décadas, las cosas se han hecho cada vez peor, no mejor, en la sociedad en general. Los comentaristas seculares sociales han comenzado últimamente la afirmación de que la familia nuclear tradicional ya no es ni siquiera “realista” Un artículo publicado por la revista online Salón, dijo esto: “El ‘ideal’ de la familia –un padre y una madre, unidos entre sí por el matrimonio legal, criando hijos biológicos– es una reliquia terca, un símbolo nacional que aún no ha regresado como gastada y poco realista”. La familia nuclear simplemente no funcionará en la sociedad del siglo 21, de acuerdo a muchos de estos autoproclamados “expertos”.

Sé que esas voces se equivocan, sin embargo, porque he sido testigo de miles de padres en nuestra iglesia que han puesto en práctica lo que enseña la Biblia acerca de la familia, y ellos y sus familias han sido grandemente bendecidos por ello.

A medida que la sociedad continúa con su loca búsqueda para eliminar a la familia, y mientras toda nuestra cultura por lo tanto, se deshace más y más, se vuelve más importante que nunca para los cristianos el comprender lo que la Biblia enseña acerca de la familia, y ponerlo en práctica en sus hogares. Es muy posible que el ejemplo que demos ante el mundo a través de hogares y familias fuertes y saludables a la larga serán una de las pruebas más poderosas, atractivas y vivas que cuando la Biblia habla, habla con la autoridad de Dios, que nos ha creado y cuyo diseño de la familia es perfecto.

Tenga en mente esta serie de pensamientos y aquí le dejo una pregunta para el hilo de comentarios: ¿De qué manera cree usted que las familias “cristianas” han mostrado dudas sobre el plan de Dios para la familia?

“Gracia y Paz” 
(John F. Macarthur)

¿POR QUÉ DEBES ORAR?


Mateo 6:5-8
“Y cuando ores, no seas como los hipócritas; porque ellos aman el orar en pie en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para ser vistos de los hombres; de cierto os digo que ya tienen su recompensa. Mas tú, cuando ores, entra en tu aposento, y cerrada la puerta, ora a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público. Y orando, no uséis vanas repeticiones, como los gentiles, que piensan que por su palabrería serán oídos. No os hagáis, pues, semejantes a ellos; porque vuestro Padre sabe de qué cosas tenéis necesidad, antes que vosotros le pidáis.”

Jesús estaba conversando con sus discípulos acerca de la oración, cuando les dio estas instrucciones. En la actualidad, hay muchas personas que se basan en el último versículo de este pasaje para cuestionar la necesidad de orar. “Si Dios ya lo sabe”, dicen, “¿qué necesidad hay de orar?” Otros afirman que no hay que orar por las cosas materiales, pues estas están cubiertas de todos modos. Estos se apoyan en las palabras de Jesús en Lucas 12:29-30: “Vosotros, pues, no os preocupéis por lo que habéis de comer, ni por lo que habéis de beber, ni estéis en ansiosa inquietud. Porque todas estas cosas buscan las gentes del mundo; pero vuestro Padre sabe que tenéis necesidad de estas cosas”. Entonces, ¿para qué orar?

Lo cierto es que no oramos para informarle a Dios de nuestras necesidades, pues él lo sabe todo. Tampoco la oración persigue el fin de influenciar a Dios y cambiar sus planes. En realidad el propósito es que la oración ejerza una influencia sobre nosotros, puesto que somos nosotros los que necesitamos este beneficio y no Dios. Él no necesita que le digan las cosas, pero nosotros sí necesitamos decírselas, esa es la cuestión. El creyente que descuida el aspecto de la oración, que no dedica un tiempo diariamente a darle gracias a Dios porque él suple a diario su alimento, el lugar en el que vive, su ropa, las necesidades básicas e incluso los lujos de la vida, crea un sentido de autosuficiencia que inevitablemente endurece su corazón.

Cuando actuamos de esta manera, poco a poco sucumbimos al engaño satánico de que nosotros mismos podemos suplir todas estas necesidades y nos dejamos arrastrar por una increíble vanidad, creyendo que es nuestra sabiduría y nuestras habilidades las que hacen posible que podamos conseguir todas estas cosas sin contar con Dios para nada. Y cuando empezamos a pensar de esta manera, el orgullo se apodera de nosotros y es como si estuviésemos ciegos, con una ceguera que oscurece nuestro discernimiento espiritual y endurece nuestros corazones. La Biblia nos muestra un ejemplo de esta actitud en Daniel capítulo 5. Dice el versículo 18 que Dios le dio al rey Nabucodonosor “el reino y la grandeza, la gloria y la majestad”. Y por esto todos los pueblos y naciones “temblaban y temían delante de él”. Producto de ello, el rey se llenó de orgullo, y se olvidó de dar gracias a Aquel que le había dado todo. Y el versículo 20 dice que “cuando su corazón se ensoberbeció, y su espíritu se endureció en su orgullo, fue depuesto del trono de su reino, y despojado de su gloria”. Una actitud soberbia y orgullosa siempre traerá malas consecuencias. Por el contrario, cuando humildemente reconocemos nuestra dependencia del Señor, y día tras día venimos a él en oración con corazones agradecidos, seremos abundantemente bendecidos.

¿Por qué debes orar? Porque Dios nos ha facilitado este medio para llegarnos a su santa presencia, para que podamos conocerle íntimamente, para que su Santo Espíritu obre en nuestras vidas, para llenarnos de su gozo y de su paz. La oración es esencial para nuestra supervivencia. La oración fue el arma más poderosa usada por Jesús durante su vida terrenal. Y si Jesús, el Hijo de Dios, necesitó de la oración, cuánto más cada uno de nosotros, débiles e incapaces seres humanos. El precio de no orar es demasiado alto y las consecuencias pueden ser terribles.

ORACIÓN:
Padre santo, ayúdame a reconocer la necesidad de vivir en comunión contigo. Pon en mi corazón un ferviente deseo de buscar tu rostro en oración cada día de mi vida, para que yo pueda recibir de ti la fortaleza, la sabiduría y el valor para vivir una vida victoriosa. En el nombre de Jesús, Amén.

“Gracia y Paz”
Dios Te Habla

EL PELIGRO DE DESLIZARSE


Proverbios 14:15-16
“El simple todo lo cree; Mas el avisado mira bien sus pasos. El sabio teme y se aparta del mal; Mas el insensato se muestra insolente y confiado”.

Una hermosa tarde, mi mejor amigo y yo encontramos un bote abandonado flotando en el río. Tenía los remos rotos, pero eso no pareció ser un impedimento para un par de adolescentes. Subimos al bote, y nos dejamos llevar por la corriente. No estoy seguro de cuánto tiempo pasó mientras estuvimos flotando a la deriva, pero supimos que estábamos en problemas cuando oímos un estruendo. Más adelante el agua se precipitaba sobre una represa. Aterrorizados, echamos mano de los remos rotos y nos pusimos a remar con fuerza contra la corriente. Nos las arreglamos para llegar bien cerca de la orilla, y saltamos, pero el bote cayó en la represa. Lo que comenzó como una diversión sencilla terminó casi en una tragedia.

Eso es exactamente lo que sucede con muchas personas hoy. Lo que comienza como una diversión, termina en un naufragio porque las personas se dejan llevar por la corriente, sin pensar antes o darse cuenta de que se están alejando de la seguridad que ofrece el plan de Dios. Según la actitud prevaleciente en la sociedad moderna, Dios no hace falta mientras la corriente esté tranquila. En otras palabras, cuando hay buenos ingresos, la familia está libre de riesgos y la salud es estable, ir con la corriente parece bien. Pero, en realidad, una persona a la deriva está siendo arrastrada a corrientes contrarias a Cristo y la iglesia.

El pasaje de hoy enseña que el sabio ve el futuro, y evita el desastre. Dicho de otra manera: Dejarse llevar por la corriente es una insensatez. En muchos aspectos de la vida —matrimonio, familia, finanzas, etc.— necesitamos tener un plan de navegación claro para tener éxito (Proverbios 3:6).

“Gracia y Paz”
Meditación Diaria

APRENDIENDO LOS ESTATUTOS DE DIOS


Salmos 119:71
“Bueno me es haber sido humillado, Para que aprenda tus estatutos”.

¿En alguna ocasión has dicho, “me hizo bien estar afligido; estar enfermo, perder dinero, o sufrir”? ¿Por qué diría El Rey David semejante cosa? La última parte del versículo nos explica; “Para que aprenda tus estatutos”.

A veces es necesario que Dios permita el castigue que recibimos. A veces necesitamos una aflicción para ganar nuestra atención; y si el problema o la aflicción es motivo para volver a Dios, entonces valió la pena y podemos decir con David, “Fue bien que Dios me castigó, para que yo aprendiera, y me volviera a Él.

Dios no es un padre permisivo e indulgente. “Os haré pasar bajo la vara, y os haré entrar en los vínculos del pacto, y apartaré de entre vosotros a los rebeldes y a los que se rebelaron contra mí…” Ezequiel 20:37-38.

“Gracia y Paz”
Un Versículo de la Biblia cada Día

viernes, 13 de julio de 2012

¿CUÁN PODEROSA ES LA SANGRE DE CRISTO?

Hebreos 10:1-4
“Porque la ley, teniendo la sombra de los bienes venideros, no la imagen misma de las cosas, nunca puede, por los mismos sacrificios que se ofrecen continuamente cada año, hacer perfectos a los que se acercan. De otra manera cesarían de ofrecerse, pues los que tributan este culto, limpios una vez, no tendrían ya más conciencia de pecado. Pero en estos sacrificios cada año se hace memoria de los pecados; porque la sangre de los toros y de los machos cabríos no puede quitar los pecados.”
 
 
 
En este pasaje, el autor de la carta a los Hebreos menciona los sacrificios de animales en el Antiguo Testamento, a los cuales se refiere como “la sombra de los bienes venideros.” Es decir, señala hacia el futuro, a la Persona y al sacrificio de Cristo. Dice que aquellos sacrificios no eran “la imagen misma de las cosas”, o sea eran una pobre sustitución de lo que habría de venir: el perdón de pecados y la reconciliación del hombre con Dios. Por eso los sacrificios se repetían año tras año, poniendo de manifiesto la ineficacia de la sangre de los toros y de los machos cabríos para quitar los pecados del hombre. Más adelante leemos en esta epístola que nuestro Señor Jesucristo murió en la cruz del Calvario y resucitó al tercer día, y ahora está sentado a la diestra de Dios. Su sangre derramada tiene el poder de lavar los pecados de aquellos que aceptan este magnánimo sacrificio, ya que Cristo, “con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados” (Hebreos 10:11-14).

En una ocasión, en un servicio de adoración de una iglesia a la que la habían invitado, una joven sintió fuertemente en su corazón el llamado de Dios. Ella respondió positivamente y aceptó a Jesucristo como su Salvador. Aquella mujer tenía un pasado muy oscuro. Había estado envuelta en drogas, alcohol y prostitución. Pero el cambio en su vida fue inmediato y evidente en todos los aspectos. Con el pasar del tiempo, ella se convirtió en una miembro fiel de la iglesia y comenzó a servir como maestra de niños.

Tiempo después, el comportamiento de esta joven captó la atención del hijo del pastor de la iglesia, y nació entre ellos una relación amorosa. Cuando comenzaron a hablar de casarse, surgieron problemas en la iglesia. Muchos de los miembros consideraban que el hijo del pastor no debía casarse con una mujer que tuviera ese tipo de pasado. Un espíritu de rumor, chisme y juicio comenzó a hacerse sentir fuertemente en la iglesia, a tal punto que el pastor citó a todos los miembros a una reunión para discutir el asunto.

A medida que en la reunión se expresaban los distintos puntos de vista, las tensiones se hacían cada vez más fuertes. Al mismo tiempo aquella joven, centro de la discusión, se iba sintiendo cada vez más incómoda acerca de todas las cosas que habían salido a relucir de su pasado. Hasta que, visiblemente afectada, comenzó a llorar. Fue entonces que, no pudiendo soportar más el dolor por el que su prometida estaba pasando, el hijo del pastor se puso de pie y comenzó a hablar: “Yo creo que no es el pasado de mi futura esposa lo que se está juzgando aquí en esta noche. Realmente lo que ustedes están debatiendo es la capacidad de la sangre de Jesucristo para lavar los pecados. Hoy, ustedes han juzgado la sangre de Jesús. La pregunta es: ¿Es capaz esta sangre de limpiar los pecados o no?” Por un minuto, hubo silencio absoluto, hasta que todas aquellas personas fueron dándose cuenta que habían estado denigrando el poder de la sangre de nuestro Señor Jesucristo, y muchos comenzaron a sollozar.

La Biblia dice que “si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad” (1 Juan 1:9). Dice, “limpiarnos de toda maldad”, no dice de “alguna” maldad o “de parte” de nuestra maldad. No importa cuán negro y turbulento haya sido tu pasado. Si tú te arrepientes y confiesas tus pecados de todo corazón delante de Dios, la sangre de Cristo es poderosa para perdonarte y limpiarte de todos tus pecados y hacerte una nueva criatura.

ORACION:
Padre santo, gracias por la preciosa sangre de Cristo derramada en la cruz. Confieso mis pecados y te pido perdón. Ahora sé que he sido justificado ante ti, y limpiado de una vez y por siempre. En el nombre de Jesús, Amén.
“Gracia y Paz”
Dios Te Habla

PROTECCIÓN DEL ORGULLO

“Y para que la grandeza de las revelaciones no me exaltase desmedidamente, me fue dado un aguijón en mi carne, un mensajero de Satanás que me abofetee, para que no me enaltezca sobremanera; respecto a lo cual tres veces he rogado al Señor, que lo quite de mí. Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo. Por lo cual, por amor a Cristo me gozo en las debilidades, en afrentas, en necesidades, en persecuciones, en angustias; porque cuando soy débil, entonces soy fuerte”.
Una de las razones por la que Dios permite la adversidad en nuestras vidas es para vencer nuestro orgullo. Pablo experimentó esta clase de intervención divina por la presencia de lo que él llamo “un aguijón en mi carne” (2 Corintios 12:7). El Señor utilizó el dolor en la vida de Pablo para preservar su utilidad como siervo de Cristo.

Usualmente no entendemos lo que está en juego cuando dejamos que el orgullo eche raíces en nosotros. Eso afecta la manera como Dios se relaciona con nosotros, porque Él “resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes” (Santiago 4:6). Si el cristiano deja que el orgullo se arraigue y crezca, el Señor le pondrá en un rincón sin llegar a percatarse de todo lo que Dios quiso hacer en y por medio de él. En esencia, desaprovechará su llamamiento y se volverá inútil para el reino. Y aunque el mundo lo siga viendo como un triunfador, a los ojos de Dios su ministerio carecerá de valor porque lo realizará motivado por sus propios intereses y con sus propias capacidades.

¿Puede usted ver cuánto estuvo en juego para Pablo, y para los creyentes a lo largo de la historia? El apóstol fue el instrumento escogido por Dios para formar iglesias y escribir epístolas que se convertirían en una parte significativa del Nuevo Testamento. Cuando entendió la razón para su “aguijón”, reaccionó con absoluta confianza y gratitud por la protección del Señor.

A cada uno de nosotros se nos ha dado oportunidades para servir y áreas de influencia, pero el orgullo obstaculiza el propósito del Señor para nuestras vidas. Si llegan problemas, pruebas y aflicción a su vida, humíllese de inmediato para que Él pueda usarle poderosamente.

“Gracia y Paz”
Meditación Diaria

ADORNANDO LA DOCTRINA DEL SEÑOR

Efesios 4:1
“Yo pues, preso en el Señor, os ruego que andéis como es digno de la vocación con que sois llamados”

¿Qué es la vocación con que fuimos llamados? 1 Corintios 1:9 dice que, “fuisteis llamados a la comunión con su Hijo Jesucristo nuestro Señor”. Nuestro verso de hoy dice que debemos andar dignos de esta vocación, o sea que debemos vivir de tal manera que adornamos la doctrina del Señor, viviendo una vida limpia y pura, seguidores de lo bueno, lo honesto y lo decente. “Andemos como de día, honestamente; no en glotonerías y borracheras, no en lujurias y lascivias, no en contiendas y envidia, sino vestíos del Señor Jesucristo, y no proveáis para los deseos de la carne” Romanos 13:13.

“Gracia y Paz”
Un Versículo de la Biblia cada Día

jueves, 12 de julio de 2012

PERMÍTELE A DIOS TRABAJAR EN TU VIDA.

Oseas 11:4
“… por el gran amor que te tengo te llevé de la mano como a un niño, te enseñé a caminar, te di de comer y te ayudé en tus problemas; pero no te diste cuenta de todos estos cuidados”.


Así como Dios hizo con su pueblo, el pueblo de Israel, que a pesar de su infidelidad a él, en vez de darle la gloria por todo lo que hizo por ellos, ellos prefirieron irse tras dioses ajenos.

Dios siempre tubo misericordia hacia su pueblo, Dios siempre estuvo con ellos en todo momento y así como estuvo con ellos, Dios está ahora mismo contigo, en ese dolor, en esa depresión, en esa inseguridad que a pesar de todos tus logros hay un vacio dentro de ti, Dios te dice yo estoy contigo, acércate a mí, yo NO te he dejado solo, tú te has apartado de mi.

Oseas 11:10-11 “Yo rugiré como un león, y ustedes me obedecerán. Desde Egipto y desde Asiria, sus descendientes volverán a mí; vendrán temblando de miedo, como las aves que vienen del oeste, y yo los llevaré a sus casas para que vuelvan a habitarlas. Yo soy el Dios de Israel, y les juro que así será”.

Oye bien lo que Jehová te está diciendo…. por mucho que te hayas alejado de sus caminos, aun con el conocimiento que tienes de su palabra, Dios te dice que él te va a volver a traer con cuerdas de amor para que habites en su casa. Él rugirá a tu favor, no sé cómo ni cuándo, pero lo que te digo es que todo lo que Dios ha establecido para tu vida se cumplirá, porque Dios no es mentirosos, ni hijo de hombre para que se arrepienta.

1 pedro 5:10 “Pero después de que ustedes hayan sufrido por un poco de tiempo, Dios hará que todo vuelva a estar bien y que ustedes nunca dejen de confiar en él; les dará fuerzas para que no se desanimen, y hará que siempre estén seguros de lo que creen. Recuerden que Dios nos ha elegido por medio de Jesucristo, para que formemos parte de su maravilloso reino”.

“Gracia y Paz”

ÉL LO TIENE TODO CONTROLADO

Isaías 49:14-15
“Pero Sion dijo: Me dejó Jehová, y el Señor se olvidó de mí. ¿Se olvidará la mujer de lo que dio a luz, para dejar de compadecerse del hijo de su vientre? Aunque olvide ella, yo nunca me olvidaré de ti”.



Todos hemos pasado por esos momentos en la vida en donde sentimos que las cosas se nos van de las manos. En donde pensamos quizá que todo está bajo control y de un momento a otro nos damos cuenta que lo hemos perdido totalmente y que estamos a la deriva.

Y es que esos momentos son los idóneos que el enemigo utiliza para lanzar toda clase de ataques a nuestra mente. Decirnos que estamos solos, hacernos sentir desprotegidos y sobre todo con un sentimiento de impotencia muy fuerte que nos lleva muchas veces a caer en la depresión.

Pero aun, en medio de esos momentos tormentosos que ningún de nosotros quisiéramos pasar debemos de saber que a pesar que el panorama pinta muy feo, Dios no permitirá que eso nos venza.

Y es que nosotros no estamos solos y pese a que lo sabemos muchas veces aun así, tendemos a sentirnos abandonados. Nuestras fuerzas flaquean y no hay mucho ánimo para levantarse de esa situación en la que hemos caído.

Mas sin embargo, Dios jamás nos ha dejado solos, Dios jamás ha perdido el control de nuestra vida. Aunque aparentemente nosotros sentimos que el control esta perdido, hay alguien que lo tiene todo controlado y que no permitirá que pases por situaciones que no puedas soportar.

Dios tiene una medida y sabe hasta dónde tú puedes soportar, sabe hasta dónde tienes la capacidad de soportar esas situaciones que vienen a tu vida. Si estas pasando algo que tú crees que es imposible de superar, tienes que comprender que si lo estás viviendo es porque Dios te ha dotado de la capacidad para salir adelante y que además eso mismo te servirá para madurar espiritualmente, aumentar tu fe y sobre todo un día le serás de bendición a otros que pasaran por lo mismo.

Hoy quiero animarte a que no creas que todo está perdido, a que no creas que a Dios ya no le importas, a que no creas toda clase de mentiras que el enemigo quiere hacerte creer. Al contrario, cree en que Dios no se ha olvidado de ti, cree en lo que su Palabra dice, porque El jamás miente, El está contigo aunque no lo puedas ver, El está a tu lado aunque muchas veces no lo sientas.

Y es que a veces no podemos percibir a Dios en nuestras vidas porque estamos segados e insensibles por todo lo que estamos viviendo, pero eso no significa que El se halla alejado de tu vida o se haya olvidado de ti.

¡Dios jamás se alejara de ti!, porque El no se aleja de nadie, somos nosotros quienes nos alejamos de Él, por lo que ¡Vuelve a Él!, ríndete delante de su presencia y comienza a creer lo que Dios puede y quiere hacer en tu vida.

¿Sabes? A pesar del mal momento que estás viviendo, Dios quiere recordarte lo mucho que te ama y asegurarte que El ha estado allí y te sacara de cualquier situación que estés pasando, porque su anhelo es tenerte cerca y que puedas experimentar de su presencia fresca.

¿Por qué no haces a un lado el afán al que esa situación te ha llevado y le das un tiempo al Señor?, hoy te invito a que oremos de la siguiente manera:

ORACIÓN:
“Dios mío, te doy gracias por todo lo que haces, te doy gracias por mi vida y a pesar de que muchas veces las cosas no salen como yo quisiera, se y tengo la convicción de que tu si tienes el control. Confío en que todo saldrá bien, confío en que tú me sacaras nuevamente de esta situación en la que he caído, yo anhelo hacer tu voluntad y a pesar de lo que muchas veces me cuesta, tú conoces a perfección mi corazón y sabes que mi deseo es agradarte. Señor perdóname por las veces que me he alejado de ti, perdóname por las veces que a mi mente ha venido duda o reproches, ayúdame a creer, enséñame a confiar totalmente en ti y en lo que estás haciendo, no permitas que mi fe decaiga y que a pesar de cualquier circunstancia siempre mis ojos este fijos en ti. Gracias mi Dios, porque sé que en ti puedo descansar, porque sé que en ti encuentro paz y sobre todo porque sé que en ti estoy seguro, tu jamás me has defraudado y sé que jamás lo harás, por lo que a ti sea la Gloria, la Honra y la Alabanza de todo lo que estas a punto de hacer en mi vida. Gracias mi Señor, en el Nombre de Jesús, Amen y Amen”.
“Gracia y Paz”
Devocional Diario

¿NO SABES CUÁL ES EL CAMINO QUE DEBES TOMAR?

Salmo 25:12
"¿Quién es el hombre que teme al Señor? Él le enseñará el camino que ha de escoger".


Desde muy temprano en nuestra vida hasta la vejez nos encontramos en un continuo proceso de tomar decisiones. Muchas de las decisiones que tomamos son simples y poco trascendentales, pero hay algunas que son complejas, difíciles y muy serias, y traerán consecuencias que afectarán profundamente nuestras vidas y las de otras personas que tienen alguna relación con nosotros. Ante la necesidad de tomar una decisión importante, siempre se aconseja reunir la mayor cantidad posible de información acerca de la situación, meditar detenidamente en las cosas positivas o negativas que puedan resultar de la decisión, y después de pensarlo muy bien entonces decidir lo que se va a hacer. Pero aún así no hay ninguna garantía de que los resultados van a ser los mejores. Lo cierto es que prácticamente cada decisión que tomamos es un riesgo que corremos, simplemente porque nuestra capacidad mental es muy limitada, y no somos capaces de ver más allá del minuto en que estamos viviendo.

Sería maravilloso que, al encontrarnos en una encrucijada en la vida, pudiésemos conocer con certeza cuál es el camino que debemos tomar para tener éxito. Sin embargo, el único que tiene este conocimiento es Dios en su infinita omnisciencia. Él todo lo sabe, el pasado, el presente y el futuro. Su conocimiento es perfecto en todos los sentidos. Ciertamente sería fantástico poder contar con él al momento de tomar una decisión, ¿verdad que sí? Pues bien, en el pasaje de hoy el salmista afirma que Dios siempre está dispuesto a darnos una dirección clara en relación a cada circunstancia de la vida. Dice que el Señor nos enseñará el camino que hemos de escoger. Pero para esto, se requiere una condición: temer al Señor.

No se refiere el salmista a ese sentimiento de miedo que provoca el deseo de huir de alguna persona, animal o cosa. Es más bien un temor santo y reverente hacia Dios y su Palabra. Es reconocer profunda y genuinamente la majestuosidad y soberanía de aquel quien es Rey de reyes y Señor de señores. Es estar consciente del amor tan grande de Dios, manifestado en el sacrificio de su Hijo. Es sentir en el corazón una mezcla de sincero amor, ternura y respeto por nuestro Padre celestial. Es un profundo deseo de agradarle en todo y tratar de no ofenderle en nada. Cuando sentimos este temor, dice la Biblia, el Señor nos guiará, y nos enseñará el camino que debemos seguir, nos mostrará la decisión que debemos tomar. Dice Proverbios 1:7: "El principio de la sabiduría es el temor de Jehová". Y el Salmo 112:1 declara que "bienaventurado es el hombre que teme al Señor, y en sus mandamientos se deleita en gran manera".

La Biblia nos muestra muy claramente el secreto del éxito en cada decisión que tenemos que tomar. Mantengamos una actitud reverente y de entrega incondicional a Dios. Escudriñemos su Palabra buscando en ella sabiduría de lo alto. Lleguémonos al Señor en oración pidiendo su dirección y esperemos en él. Unámonos al espíritu del salmista al orar a Dios: "Muéstrame, oh Señor, tus caminos; enséñame tus sendas. Encamíname en tu verdad, y enséñame, porque tú eres el Dios de mi salvación; en ti he esperado todo el día" (Salmo 25:4, 5).

¿Te encuentras en medio de una situación difícil? ¿Tienes que tomar una decisión importante? Examina tu corazón y analiza tu actitud hacia Dios a la luz de la enseñanza de hoy. Ya sabes que el Señor desea lo mejor para ti. Él quiere enseñarte el camino que te va a llevar al éxito. Acércate a él en oración y pídele que te muestre ese camino.
ORACION:
Mi bendito Padre celestial, te doy gracias por tu amor y tu deseo de enseñarme el camino que debo tomar para triunfar en esta vida. Por favor, pon en mí un espíritu de temor y reverencia para poder adorarte como tú mereces, y revélame claramente tu voluntad en la decisión que tengo que tomar. En el nombre de Jesús, Amén.
“Gracia y Paz”
Dios Te Habla

EL DESARROLLO DE LA FE MEDIANTE LA AFLICCIÓN

2 Corintios 11:23-30
“¿Son ministros de Cristo? (Como si estuviera loco hablo.) Yo más; en trabajos más abundante; en azotes sin número; en cárceles más; en peligros de muerte muchas veces. De los judíos cinco veces he recibido cuarenta azotes menos uno. Tres veces he sido azotado con varas; una vez apedreado; tres veces he padecido naufragio; una noche y un día he estado como náufrago en alta mar; en caminos muchas veces; en peligros de ríos, peligros de ladrones, peligros de los de mi nación, peligros de los gentiles, peligros en la ciudad, peligros en el desierto, peligros en el mar, peligros entre falsos hermanos; en trabajo y fatiga, en muchos desvelos, en hambre y sed, en muchos ayunos, en frío y en desnudez;  y además de otras cosas, lo que sobre mí se agolpa cada día, la preocupación por todas las iglesias. ¿Quién enferma, y yo no enfermo? ¿A quién se le hace tropezar, y yo no me indigno?  Si es necesario gloriarse, me gloriaré en lo que es de mi debilidad”.
No parece justo, ¿verdad? Pablo pasó su vida sirviendo a Cristo, pero aun así fue afligido constantemente. ¿Por qué permitió Dios que uno de sus siervos más fieles sufriera tanto? Ésta es una realidad que sigue ocurriendo en el presente. Pensamos que el Señor debe proteger de adversidades a sus fieles seguidores, pero no siempre es así.
Tal vez nuestro razonamiento está invertido. Pensamos que los cristianos fieles no merecen sufrir, pero desde la perspectiva de Dios, el sufrimiento es lo que produce cristianos fieles. Si todos tuviéramos vidas sin pruebas o sufrimientos, jamás conoceríamos a Dios, porque nunca lo necesitaríamos. Nos guste o no, las adversidades nos enseñan más acerca del Señor que la simple lectura de la Biblia.
No estoy diciendo que no necesitemos conocer la Palabra; ella es nuestro fundamento de fe. Pero si lo que creemos nunca es probado por la adversidad, entonces solo tenemos conocimiento intelectual. ¿Cómo sabremos que podemos confiar en el Señor en medio de las dificultades, si nunca hemos sido probados por la adversidad? Dios nos da oportunidades para poner en práctica las verdades de la Biblia en las dificultades que enfrentamos, y al hacerlo descubrimos que Él es fiel. Por ejemplo, ¿habría conocido Pablo la fortaleza en Cristo si nunca hubiera sido debilitado por el dolor, la persecución y las adversidades?
Dependiendo de la respuesta que usted dé a las pruebas, ellas pueden ser el mejor medio que Dios use para aumentar su fe, o una vía para el desánimo y la autocompasión. Si cree lo que dice la Biblia y aplica sus preceptos a su situación, su confianza en Dios crecerá y su fe se verá fortalecida por la adversidad.
“Gracia y Paz”
Meditación Diaria
Zacarías 9:17
“Porque ¡cuánta es su bondad, y cuánta su hermosura! El trigo alegrará á los mancebos, y el vino á las doncellas”.

Se conmueven nuestros corazones al considerar la bondad y la benevolencia de Dios. Nos ha dado abundancia de bendiciones materiales: la familia, casas, tierras, la libertad, y buenas comidas de todas clases. ¡Qué grande es su bondad para con nosotros! Pero éstas son bendiciones materiales y temporales. Piensa en su gracia hacia nosotros cuando, perdidos y moribundos en nuestros pecados, íbamos camino hacia una eternidad de castigo y oscuridad. Mandó a su hijo, su hijo amado y precioso, para ser nuestro sustituto en la cruz y sufrir la muerte que nosotros merecemos, para que nosotros, lavados en su sangre, y perdonados todos los pecados, gozáramos de dulce y bonito compañerismo con él, (por el cual nos crió) y que vamos a experimentar a través de la eternidad. ¡Qué grande es su bondad, y cuánta es su hermosura! Amén.

“Gracia y Paz”
Un Versículo de la Biblia cada Día

miércoles, 11 de julio de 2012

¿CÓMO ES TU TESTIMONIO?

2 Timoteo 1:8-10

“Por tanto, no te avergüences de dar testimonio de nuestro Señor, ni de mí, preso suyo, sino participa de las aflicciones por el evangelio según el poder de Dios, quien nos salvó y llamó con llamamiento santo, no conforme a nuestras obras, sino según el propósito suyo y la gracia que nos fue dada en Cristo Jesús antes de los tiempos de los siglos, pero que ahora ha sido manifestada por la aparición de nuestro Salvador Jesucristo, el cual quitó la muerte y sacó a luz la vida y la inmortalidad por el evangelio”.

Un testimonio es una declaración en la que una persona afirma o asegura algo de lo cual ha sido testigo. Cuando se trata de nuestra relación con el Señor, este pasaje nos enseña que nunca debemos avergonzarnos de dar testimonio acerca de lo que Dios, en su inmenso amor y misericordia, ha hecho en la vida de nosotros por medio de su Hijo Jesucristo.

En nuestro testimonio se destaca en primer lugar la manera en que actuamos. Nuestra conducta siempre dirá a los demás cómo es nuestra relación con Dios. Lo que hagamos testificará de la grandeza de Dios o de nuestra propia hipocresía, si proclamamos el nombre de Jesús con nuestros labios pero mostramos muy poca evidencia de su presencia en nuestras vidas. Jesús, refiriéndose a los falsos profetas, dijo a sus discípulos: “Por sus frutos los conoceréis” (Mateo 7:16). O sea, sus acciones mostrarán lo que hay en sus corazones. Y en su segunda carta a los Corintios, el apóstol Pablo escribió: “Nuestras cartas sois vosotros, escritas en nuestros corazones, conocidas y leídas por todos los hombres” (2 Corintios 3:2). Ciertamente somos cartas abiertas, y quien menos nos imaginamos puede estarlas leyendo en un cierto momento.

También testificamos con nuestra conversación. Las cosas que decimos sobre cualquier tema que estamos tratando, muestran a los demás una imagen clara de nuestra fe y nuestra relación con el Señor. Las palabras que pronunciamos pueden tener un impacto muy grande en la vida de una persona, ya sea para bien o para mal. En Mateo 12:37, Jesús les dice a un grupo de fariseos: “Porque por tus palabras serás justificado, y por tus palabras serás condenado”.

Las palabras que salen de tu boca, ¿alaban y glorifican el nombre de Dios, o todo lo contrario?

Los discípulos de Jesús fueron testigos de los milagros y las maravillas hechas por el Señor durante su ministerio en la tierra. Después de su resurrección, justo antes de ascender al cielo, Jesús les dejó la encomienda de testificar al mundo lo que ellos habían visto y oído. En Lucas 24:48 les dijo: “Vosotros sois testigos de estas cosas”. Cuando Pedro y Juan fueron encarcelados, y después llevados ante el concilio y el sumo sacerdote, fueron advertidos que no continuaran hablando ni enseñando en el nombre de Jesús. Y ellos respondieron: “Juzgad si es justo delante de Dios obedecer a vosotros antes que a Dios; porque no podemos dejar de decir lo que hemos visto y oído” (Hechos 4:19:20).

Ahora, nosotros tenemos el maravilloso privilegio de continuar con esa encomienda dada a los apóstoles, compartiendo nuestro testimonio y predicando el evangelio a otras personas. Nuestras experiencias personales no pueden ser refutadas por nadie, porque nosotros sabemos mejor que nadie lo que hemos pasado en la vida, y la manera en que Dios se ha manifestado en nuestros momentos difíciles. Esto significa que cada creyente tiene un arma muy poderosa en su arsenal espiritual. Cuando tú compartes lo que Cristo ha hecho en tu vida, nadie puede decirte: “Eso no es así” o “Eso no sucedió en realidad”. Nuestro testimonio de fe es la narración genuina e innegable del poder y el amor de Dios en acción.

Separa unos minutos para preparar un bosquejo de tu historia de fe. Tú nunca sabes cuando se te va a presentar la oportunidad de compartir con alguien el mensaje de salvación de Jesucristo, y cuando llegue ese momento, la mejor arma que vas a tener a tu disposición es el testimonio de lo que Cristo ha hecho en tu vida.

ORACION:
Padre santo, te doy gracias por lo que tú has hecho en todos los aspectos de mi vida. Te ruego me ayudes a dar al mundo un testimonio que honre y glorifique tu nombre, y que sirva para que otros vengan al conocimiento de tu Hijo Jesucristo. En su santo nombre te lo pido, Amén.

“Gracia y Paz”
Dios Te Habla