lunes, 21 de julio de 2014

YAHWEH EXHORTA A ISRAEL Y A JUDÁ AL ARREPENTIMIENTO



Yahweh exhorta a Israel y a Judá al arrepentimiento

Jeremías 3:6-11
“Me dijo Jehová en días del rey Josías: ¿Has visto lo que ha hecho la rebelde Israel? Ella se va sobre todo monte alto y debajo de todo árbol frondoso, y allí fornica. Y dije: Después de hacer todo esto, se volverá a mí; pero no se volvió, y lo vio su hermana la rebelde Judá. Ella vio que por haber fornicado la rebelde Israel, yo la había despedido y dado carta de repudio; pero no tuvo temor la rebelde Judá su hermana, sino que también fue ella y fornicó. Y sucedió que por juzgar ella cosa liviana su fornicación, la tierra fue contaminada, y adulteró con la piedra y con el leño. Con todo esto, su hermana la rebelde Judá no se volvió a mí de todo corazón, sino fingidamente, dice Jehová. Y me dijo Jehová: Ha resultado justa la rebelde Israel en comparación con la desleal Judá.

Estas escrituras revelan el nivel de rebeldía y desobediencia del pueblo elegido de Dios, sin embargo, por la Gracia y Misericordia infinitas de Dios este pueblo es llamado, una vez más, al arrepentimiento. Sabemos que desde el éxodo hasta la época actual Dios siempre ha exhortado a su pueblo a que se vuelvan a Él.

Obviamente esta exhortación no es solo para el pueblo judío literal, es decir, para los nacidos en Israel, sino que en el corazón de Dios está que “todos procedamos al arrepentimiento”. Al decir “todos” estamos hablando de los judíos literales, los que nacieron en Israel y de los gentiles los que no nacimos en aquella nación.

Quiero hacer mucho énfasis en que esta exhortación no fue solo para los israelitas y judíos de aquella época. Esta exhortación es aplicada también a los tiempos actuales, vuelvo a decir, tanto a los judíos literales no creyentes, como a nosotros los judíos espirituales que decimos ser cristianos, pero que vivimos en desobediencia.

Romanos 9:6-8
“No que la palabra de Dios haya fallado; porque no todos los que descienden de Israel son israelitas, ni por ser descendientes de Abraham, son todos hijos; sino: En Isaac te será llamada descendencia. Esto es: No los que son hijos según la carne son los hijos de Dios, sino que los que son hijos según la promesa son contados como descendientes”.

Aquí, el Apóstol Pablo está diciendo que los hijos de Abraham son los que creemos en el Señor Jesucristo y no los judíos literales y físicos. Y lo mismo, pero en otras palabras, les repite a los de Galaxia:

Gálatas 3:28-29
“Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús. Y si vosotros sois de Cristo, ciertamente linaje de Abraham sois, y herederos según la promesa”.

No puede ser más claro, para con Dios no existe ningún favoritismo en cuanto a la raza, ya que todos somos una sola raza, porque todos venimos de Adán. Los judíos literales no tienen ningún favoritismo de parte de Dios, están en la misma condición que todos los que no nacimos en Israel: sin Cristo están bajo la condenación; en Cristo, son parte del verdadero Israel porque  son parte de la verdadera Iglesia de Cristo. De hecho, el verdadero Israel es la iglesia, los verdaderos hijos de Abraham son los creyentes, el verdadero Judío es el creyente y la verdadera Jerusalén no es la que existe allá en el medio oriente, sobre la cual los judíos y los musulmanes se estas peleando desde tiempos ancestrales.

No es judío el que lo es exteriormente, sino el que lo es interiormente. El verdadero judío es el verdadero cristiano.

Veamos ahora la siguiente escritura:

Romanos 2:25-29
“Pues en verdad la circuncisión aprovecha, si guardas la ley; pero si eres transgresor de la ley, tu circuncisión viene a ser incircuncisión. Si, pues, el incircunciso guardare las ordenanzas de la ley, ¿no será tenida su incircuncisión como circuncisión? Y el que físicamente es incircunciso, pero guarda perfectamente la ley, te condenará a ti, que con la letra de la ley y con la circuncisión eres transgresor de la ley. Pues no es judío el que lo es exteriormente, ni es la circuncisión la que se hace exteriormente en la carne; sino que es judío el que lo es en lo interior, y la circuncisión es la del corazón, en espíritu, no en letra; la alabanza del cual no viene de los hombres, sino de Dios”.

La Iglesia cristiana es el verdadero Israel, es decir, los que hemos sido circuncidados del corazón, los creyentes en Cristo Jesús, somos los verdaderos judíos, la nación santa, el verdadero pueblo de Dios. En la actualidad, los judíos literales, los que por su nacionalidad se dicen ser Judíos, pero que no creen en Jesús, ellos son incircuncisos y por lo tanto, aunque crean ser el “pueblo verdadero de Dios”, lamentablemente no lo son. Ellos verán la ira de Dios.

Los verdaderos hijos de Dios no son los que nacen de carne ni de sangre, ni de voluntad de varón, sino de Dios.

Solo los que han nacido de nuevo y tienen fe en Cristo serán salvos y heredarán las promesas de Dios.


¡Gracia y Paz!

ÉXODO 30:9



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¿HAY DESEOS DE VENGANZA EN TU VIDA?



¿HAY DESEOS DE venganza EN TU VIDA? 

1 Samuel 26:5-9
“Y se levantó David, y vino al sitio donde Saúl había acampado; y miró David el lugar donde dormían Saúl y Abner hijo de Ner, general de su ejército. Y estaba Saúl durmiendo en el campamento, y el pueblo estaba acampado en derredor de él. Entonces David dijo a Ahimelec heteo y a Abisai hijo de Sarvia, hermano de Joab: ¿Quién descenderá conmigo a Saúl en el campamento? Y dijo Abisai: Yo descenderé contigo. David, pues, y Abisai fueron de noche al ejército; y he aquí que Saúl estaba tendido durmiendo en el campamento, y su lanza clavada en tierra a su cabecera; y Abner y el ejército estaban tendidos alrededor de él. Entonces dijo Abisai a David: Hoy ha entregado Dios a tu enemigo en tu mano; ahora, pues, déjame que le hiera con la lanza, y lo enclavaré en la tierra de un golpe, y no le daré segundo golpe. Y David respondió a Abisai: No le mates; porque ¿quién extenderá su mano contra el ungido de Jehová, y será inocente?”

El rey Saúl había escogido tres mil hombres de su ejército, y había salido a buscar a David con el fin de matarlo. Este pasaje nos cuenta que una noche David y uno de sus hombres, Abisai, se llegaron hasta el lugar donde Saúl había acampado, y descubrieron que el rey y sus hombres dormían. Viendo que estaban totalmente indefensos, Abisai pidió permiso a David para matar a Saúl, diciendo que esta oportunidad había venido de Dios. David pudo haber consentido fácilmente. Lo cierto es que Saúl lo estaba buscando a él para matarlo, así que perfectamente podía considerar el acto como defensa propia. Pero no sólo eso, sino que ya David en una ocasión anterior había perdonado la vida a Saúl cuando pudo haberlo matado (1 Samuel 24). En aquel momento Saúl lloró cuando se enteró de la misericordia de David, y decidió abandonar la persecución, y hasta dijo que David era apto para ser el próximo rey de Israel.

Pero ahora Saúl había reanudado su inflexible acoso. Y de nuevo David lo tenía indefenso frente a él. Bien pudo haber razonado: “Lo perdoné una vez. Dios me está dando esta segunda oportunidad”. Además, Abisai insistía en matarlo. ¡Qué fantástica oportunidad de librarse de aquel que tanto lo odiaba! Sin embargo, David rechazó esos pensamientos porque creía firmemente que no estaba bien matar al hombre que Dios había ungido para que fuese rey de Israel. Y le respondió a Abisai: “No le mates; porque ¿quién extenderá su mano contra el ungido de Jehová, y será inocente?”

Cuando nos tratan injustamente, nos ofenden o nos causan daño, es fácil aprovechar cualquier oportunidad para vengarnos de alguna manera, y después tratar de justificar la acción sobre la base de ese maltrato de que fuimos víctimas, e incluso hasta aseguramos que Dios fue el que facilitó la oportunidad. Sin embargo, estos no son los principios que deben guiar a un hijo de Dios que verdaderamente desea agradar a su Padre celestial. En el Sermón del Monte, Jesús dijo a sus discípulos: “Oísteis que fue dicho: Amarás a tu prójimo, y aborrecerás a tu enemigo. Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen” (Mateo 5:43-44).

Es muy difícil poner en práctica esta enseñanza, pues nuestra naturaleza carnal nos impulsa a hacer lo contrario, como quería Abisai. Pero, al igual que David, nosotros podremos lograrlo si deseamos agradar al Señor. Lo más importante es poner en primer lugar, antes que nuestros sentimientos y nuestros impulsos carnales, los principios de la palabra de Dios, y nuestra disposición a obedecer su voluntad. El apóstol Pablo nos dejó este consejo en su carta a los romanos: “No os venguéis vosotros mismos, amados míos, sino dejad lugar a la ira de Dios; porque escrito está: Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor” (Romanos 12:19).

Si estás luchando con un sentimiento de venganza en relación a alguien que te ha hecho daño, haz tuya esta enseñanza, y glorifica el nombre de Dios siguiendo sus preceptos y obedeciendo su voluntad. Déjalo en manos del Señor. Ten la completa seguridad de que él recompensará con creces tu obediencia.

ORACIÓN:
Padre amado, es mi anhelo agradarte siempre, pero cuando se trata de controlar los deseos de vengarme de alguien que me ha herido, me resulta muy difícil obedecer tu palabra. Por favor dame las fuerzas para sobreponerme a estos sentimientos y mostrar tu amor y tu misericordia. En el nombre de Jesús, Amén.

¡Gracia y Paz!

Dios te Habla

sábado, 19 de julio de 2014

ESPARCE AMOR EN EL TRAYECTO DE TU VIDA...



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¿QUÉ SON LA MISERICORDIA Y LA GRACIA DE DIOS?




¿Qué son la Misericordia y la Gracia de Dios?

Efesios 2:4-9
“Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos), y juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús, para mostrar en los siglos venideros las abundantes riquezas de su gracia en su bondad para con nosotros en Cristo Jesús. Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe”.

El amor de Dios es tan grande que no tuvo en cuenta que estábamos “muertos en pecados” y que le habíamos dado la espalda, y derramó su gracia sobre nuestras vidas enviando a su Hijo a morir por nosotros. Romanos 6:23 dice que “la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro”. Aquí vemos dos características fundamentales de la personalidad de Dios: su misericordia y su gracia. La misericordia de Dios se manifiesta cuando él no nos da lo que merecemos: la muerte espiritual y el castigo eterno. Su gracia se pone de manifiesto cuando nos da lo que no merecemos: el perdón y la vida eterna a través de Cristo. Esta pequeña historia ilustra estos dos conceptos:

Agustín de Hipona fue un hombre nacido en el norte de Africa a mediados del siglo IV. Durante su juventud vivió una vida lujuriosa e inmoral, la cual narra con vergüenza en su libro “Confesiones”. Este libro es un relato autobiográfico de su jornada espiritual; es una obra maestra de investigación psicológica del corazón del hombre ante Dios. En su libro, Agustín narra que en medio de aquella vida de placeres sexuales y codicia había un constante vacío imposible de llenar. Un día conoció a Jesús, abrió su corazón al Señor y su vida cambió totalmente. Después de su conversión, Agustín renunció a todas sus posesiones, fundó un monasterio y se retiró por tres años a orar y meditar en la Palabra de Dios. Allí escribió varios libros y algunos poemas. A continuación un párrafo de uno de sus libros:

"Alabado y glorificado seas, Dios mío, fuente inagotable de gracia y misericordia. Yo cada día me iba haciendo más miserable y tú cada día te ibas acercando más a mí. Ya tu mano diestra y poderosa me iba a asir para sacarme del lodo y lavar todas las manchas, y yo no lo sabía. Ninguna cosa me estimulaba más para salir de los deleites carnales en que estaba atrapado, que el miedo a la muerte y a tu juicio final".

El siguiente poema fue escrito por este hombre de Dios:

Busqué al Señor y luego supe
que él movía mi alma para buscarlo,
buscándome él a mí.
No fui yo quien te encontró, oh Salvador verdadero,
no... yo fui encontrado por ti.

Tú extendiste tu mano y tomaste la mía;
caminé y no me hundí en el furioso mar de la tormenta.
No fue tanto que yo me asiera de ti,
como que tú, amado Señor, me asiste a mí.

Ahora siento una infinita paz
y sólo amor es mi respuesta a ti, Señor;
aunque la espalda te di, tú me salvaste
porque siempre me amaste, Señor.

¿Alguna vez has sentido lo mismo que este hombre?

Así se manifiesta la misericordia de Dios, al no darnos lo que merecemos. La gracia de Dios, por el contrario se revela al darnos lo que no merecemos. Todo por su infinito amor. Así dice Romanos 5:8: “Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros”.

¡A él sea la gloria y el imperio por los siglos de los siglos!

ORACIÓN:
Alabado seas, Dios de eterna bondad. Te doy gracias en este día porque no tuviste en cuenta mis miserias y mis pecados para derramar sobre mí tu misericordia y tu divina gracia. Por favor, ayúdame a corresponder a tu infinito amor, por medio de mi entrega y mi obediencia a ti. En el nombre de Jesús, Amén.


¡Gracia y Paz!

Dios te Habla

viernes, 18 de julio de 2014

¿TE SIENTES INSIGNIFICANTE?



¿Te sientes insignificante?

Salmo 8:3-4
“Cuando veo tus cielos, obra de tus dedos, la luna y las estrellas que tú formaste, digo: ¿Qué es el hombre, para que tengas de él memoria, y el hijo del hombre, para que lo visites?”

Para nuestra limitada inteligencia la inmensidad del universo es imposible de captar. Entre los millones de galaxias del cosmos flota una nubecilla en forma de espiral compuesta por miles de millones de estrellas. Una de ellas es nuestro sol, alrededor del cual giran nueve pequeños puntos llamados planetas; el tercero en distancia al sol es la Tierra. Sobre este diminuto planeta se encuentra una minúscula partícula de polvo. Ese eres tú, un pequeño punto. Existen además miles de millones de puntitos parecidos, todos seres humanos como tú. Normalmente cada uno de esos puntitos se siente muy importante y exige su derecho a vivir, a trabajar, a descansar y a ser reconocido. Sin embargo, en ocasiones se da cuenta de que está perdido en la infinita extensión del universo, se siente incapaz en medio de un problema o en su centro de trabajo o como un paciente más en el hospital.

David estaba consciente de su pequeñez al escribir en el pasaje de hoy “¿Qué es el hombre, para que tengas de él memoria?” Pero al mismo tiempo sabía que el Dios todopoderoso que creó el universo lo conocía personalmente y se preocupaba por él. Así continúa el Salmo 8: “Le has hecho poco menor que los ángeles, y lo coronaste de gloria y de honra. Le hiciste señorear sobre las obras de tus manos; todo lo pusiste debajo de sus pies” (v.5, 6). Y cualquier ser humano que confía en Dios puede decir exactamente lo mismo. Así termina este precioso Salmo: “¡Oh Jehová, Señor nuestro, cuán grande es tu nombre en toda la tierra!” (v.9).

Así de confiado estaba David en el cuidado y la protección de su Dios. Ciertamente ese Dios maravilloso también nos conoce íntimamente a cada uno de nosotros y nos ama profundamente. A pesar de lo insignificante que somos, para él tenemos mucho valor. Jesús lo aseguró a sus discípulos diciéndoles en Mateo 6:26: “Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que ellas?” Y en Lucas 12:7 el Señor les dice: “¿No se venden cinco pajarillos por dos cuartos? Con todo, ni uno de ellos está olvidado delante de Dios. Pues aun los cabellos de vuestra cabeza están todos contados. No temáis, pues; más valéis vosotros que muchos pajarillos”.

Es realmente maravilloso saber que un Dios tan grande, tan majestuoso, tan poderoso, nos ama tanto que nos considera de tanto valor. Ciertamente es nuestro deber, como sus hijos, proclamar al mundo su grandeza y su infinito amor. Su propia creación nos da la pauta a seguir. El Salmo 19 dice: “Los cielos cuentan la gloria de Dios, y el firmamento anuncia la obra de sus manos. Un día emite palabra a otro día, y una noche a otra noche declara sabiduría. No hay lenguaje, ni palabras, ni es oída su voz. Por toda la tierra salió su voz, y hasta el extremo del mundo sus palabras”. En China o en España; en una choza en África o en medio de los rascacielos en Nueva York, la creación de Dios revela su poder y su gloria. Nadie la puede ignorar.

Indudablemente somos insignificantes cuando nos comparamos con la inmensidad del universo, pero desde la perspectiva de Dios tenemos mucho valor. Y esto es lo que verdaderamente importa. ¿Puedes tú tener la misma seguridad y confianza que tenía David? Así lo reafirma él en el Salmo 62:1, 6: “Sólo en Dios halla descanso mi alma; de él viene mi salvación. Sólo él es mi roca y mi salvación; él es mi protector y no habré de caer”.

Es un verdadero privilegio ser hijos del Dios creador del universo. Pero al mismo tiempo tenemos la responsabilidad de transmitir el mensaje de su amor y las buenas nuevas de salvación en Cristo Jesús a aquellos que ahora mismo en este mundo se enfrentan a un futuro de condenación eterna. ¿Estas listo para hablarle a alguien que ha visto las estrellas y anhela conocer al que las hizo? ¿Puedes tú decirle que el creador de todas ellas y del universo completo le ama tanto que entregó a su único Hijo por la salvación de su alma? Dios está contando contigo.

ORACIÓN:
Padre santo, no alcanzo a comprender la inmensidad del universo, mucho menos tu infinita grandeza. Te ruego me capacites para discernir lo que tú quieres decirnos por medio de tu creación; y ayúdame a transmitirlo al mundo que no te conoce. En el nombre de Jesús, Amén.

¡Gracia y Paz!

Dios te Habla

jueves, 17 de julio de 2014

¿ESTÁ TU CORAZÓN DISPUESTO....




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¿SABES QUÉ ES LA INMUNIDAD CELESTIAL?




¿Sabes qué es la inmunidad Celestial?

Romanos 8:31-39
“¿Qué, pues, diremos a esto? Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros? El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas? ¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica. ¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió; más aun, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros. ¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada? Como está escrito: Por causa de ti somos muertos todo el tiempo; Somos contados como ovejas de matadero. Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro”

Hace unos años, un diplomático de una nación extranjera, que residía en los Estados Unidos, donde prestaba servicio en la Embajada de su país, arremetió con su auto contra la cerca que rodeaba una propiedad privada, causó lesiones al dueño de la casa y ocasionó daños por una considerable cantidad de dinero. El hombre, que estaba borracho, fue arrestado, pero posteriormente fue puesto en libertad pues estaba protegido por la ley internacional de inmunidad diplomática.

Todos aquellos que hemos recibido a Jesucristo como Salvador, tenemos una clase de inmunidad diferente. Este privilegio no está relacionado con los tribunales legales de este mundo, pero sí nos protege de algo mucho más grave: la condenación eterna. Nuestros pecados, sin lugar a dudas, nos traerán consecuencias, pero no nos impiden entrar al cielo, pues ya Cristo pagó por nosotros esa deuda, y aún más, el pasaje de hoy nos afirma que él está a la diestra de Dios intercediendo por nosotros, como nuestro abogado que es, defendiéndonos de las acusaciones del diablo. Dice 1 Juan 2:1-2: “Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo. Y él es la propiciación por nuestros pecados”. Esta inmunidad también nos garantiza absoluta protección mientras estemos en este mundo. Así lo afirma el pasaje de hoy: “Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros?”

¿Quiere esto decir que esta inmunidad es una licencia para pecar? “En ninguna manera. Porque los que hemos muerto al pecado, ¿cómo viviremos aún en él?”, dice el apóstol Pablo en Romanos 6:2. En el plan de salvación de Dios, la gracia redentora de Cristo no sólo nos garantiza la vida eterna, sino también nos transforma interiormente por medio del Espíritu Santo que mora en nosotros, por lo que ya no practicamos más el pecado sino que lo rechazamos, y todo aquello que antes nos resultaba atractivo ha dejado de serlo pues hemos encontrado un gozo y una felicidad mucho mayor en la presencia de Dios. Así dice Pablo en Filipenses 3:7-8: “Pero cuantas cosas eran para mí ganancia, las he estimado como pérdida por amor de Cristo. Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo”.

La inmunidad que Cristo nos otorga demuestra en primer lugar cuánto nos ama Dios, y nos da una razón para vivir para él y amarlo para siempre. Si tú gozas de esta inmunidad disfruta sus beneficios acercándote cada día al trono de la gracia de Dios en busca de sus bendiciones, de su paz, de su dirección, de su provisión, y del gozo inefable que se siente en su santa presencia.

Si no tienes esta inmunidad, ahora mismo eleva a Dios una oración de arrepentimiento y abre tu corazón para recibir a Cristo como tu Salvador, y su infinita gracia te hará acreedor de un pasaporte sellado por el Espíritu Santo, el cual te garantiza la entrada al cielo cuando llegue el momento de tu partida de este mundo. Y mientras tanto disfrutarás de una vida llena de gozo y de paz.

ORACIÓN:
Bendito Dios, gracias por la seguridad de vida eterna que me has ofrecido por medio del sacrificio de tu Hijo. Te ruego me ayudes a disfrutarla, pensando, hablando y actuando de manera que tu nombre sea siempre glorificado con mi testimonio. Te lo pido en el nombre de Jesús, Amén.

¡Gracia y Paz!

Dios te Habla

miércoles, 16 de julio de 2014

¿NO PUEDES CONTROLAR TUS PENSAMIENTOS?



¿No puedes controlar tus pensamientos?

Colosenses 3:1-2
“Si, pues, habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra”.

Te acuestas en la cama después de un largo día, cierras tus ojos y empiezan a llegar pensamientos a tu mente. En cuestión de minutos comienzas a sentirte mal recordando algunas oportunidades perdidas, errores del pasado, y situaciones que pudieron haberse convertido en triunfos y nunca lo fueron. En ocasiones la mente se concentra en el hecho de que no has tenido tanto éxito en la vida como algunos de tus vecinos o amigos. “Si tan sólo…”, piensas. A simple vista no parece haber ningún peligro en esta secuencia de pensamientos, sin embargo si dejas que esos pensamientos negativos te controlen empezarás a experimentar sentimientos negativos como confusión, temor, y culpa. Más tarde esos sentimientos negativos se desarrollan creando raíces que van profundizando, y producen ansiedad y tensión, y no puedes conciliar el sueño. Todos estos pensamientos y sentimientos negativos son totalmente opuestos a la paz y el gozo que provienen de Dios. Y por regla general el final de este proceso es la creación de un área de nuestra mente que está controlada por el enemigo y produce problemas espirituales y emocionales en nuestras vidas.

En su segunda carta a los corintios, el apóstol Pablo escribe acerca de este asunto. En 2 Corintios 10:3-5 les dice: “Pues aunque andamos en la carne, no militamos según la carne; porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas, derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo”. Cuando tenemos conocimiento de la palabra de Dios y permitimos que el Espíritu Santo la use como su espada, podremos destruir esas fortalezas espirituales, esas áreas en nuestra mente que el enemigo puede usar para manipularnos y desviarnos del camino que Dios ha señalado para nosotros. No debes permitir que esos pensamientos negativos que claramente están en desacuerdo con los planes de Dios para tu vida permanezcan en tu mente, sino debes traerlos a la presencia y la luz de Jesucristo y sujetarlos a la autoridad de su palabra.

Es necesario someter tus preocupaciones al Señor tan pronto éstas aparezcan en tu mente. Tienes, pues, que sobreponerte a esa tendencia natural de autosuficiencia e ir en contra de tu orgullo y de tus propios conceptos. Jesús nos invita a venir a él con todas nuestras cargas y preocupaciones, y nos promete que recibiremos descanso, no sólo físico o emocional, sino algo más profundo y reparador, descanso para el alma. En Mateo 11:28-29, Jesús dice: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas”.

Si tú crees que eres totalmente responsable de resolver cada problema que te encuentras, o de ordenar tu vida de acuerdo a tus propios conceptos, invariablemente vas a fallar. Pero cuando sometes tu mente y tu voluntad al Señor, podrás vivir con la confianza de que “el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo” (Filipenses 1:6).

Cuando depositas tu confianza en Dios, podrás dormir en paz aún en medio de problemas y dificultades. De la misma manera que lo expresó el salmista en el Salmo 4:8: “En paz me acostaré, y asimismo dormiré; porque solo tú, Señor, me haces vivir confiado”.

ORACIÓN:
Padre santo, te doy gracias por la seguridad que me das de que puedo vivir una vida de paz y sosiego, si traigo ante tu trono de gracia mis preocupaciones, mis pensamientos y mis cargas. En este momento los estoy poniendo todos a tus pies. En el nombre de Jesús, Amén.

¡Gracia y Paz!

Dios te Habla

LOS PADRES HAN SIDO AUTORIZADOS POR DIOS PARA GOBERNAR SU CASA...



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