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martes, 8 de agosto de 2017

Gálatas 5:19-21


¿NO PUEDES Resistir la presión del entorno? 

“Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas; acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios” (Gálatas 5:19-21)

Resistir la presión del medio social requiere tener mucha fuerza. La sociedad actual ha cambiado la escala de valores. Lo malo, ya no es malo. Hoy, todo es relativo para que todos tengan sus espacios y derechos sin importar lo amoral o las tendencias inmorales. Porque para la sociedad actual, la inmoralidad ya no existe.

Ver a jóvenes fieles en la iglesia cada día, adorando a Dios, me llena de esperanza al ver que la batalla no está perdida para ellos, porque su caminar es fuerte y seguro.
Este pasaje bíblico traza el contraste de forma muy clara, de cuál es la manera de vivir que debe haber en el creyente lleno del Espíritu de Dios y la del que está dominado por la naturaleza humana.

Hay grandes diferencias humanas en aquellos que ha tomado la decisión de vivir en el espíritu, alejando sus conflictos morales de vivir en la carne.


¡Gracia y Paz!

Pan de Vida

miércoles, 11 de noviembre de 2015

NO MIENTAS...


Juan 8:44
"Ustedes son de su padre el diablo y quieren hacer los deseos de su padre. El fue un asesino desde el principio, y no se ha mantenido en la verdad porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira, habla de su propia naturaleza, porque es mentiroso y el padre de la mentira”.

sábado, 21 de febrero de 2015

¿CONOCES LAS CONSECUENCIAS DE LA SOBERBIA?



Daniel 5:18-21
“El Altísimo Dios, oh rey, dio a Nabucodonosor tu padre el reino y la grandeza, la gloria y la majestad. Y por la grandeza que le dio, todos los pueblos, naciones y lenguas temblaban y temían delante de él. A quien quería mataba, y a quien quería daba vida; engrandecía a quien quería, y a quien quería humillaba. Mas cuando su corazón se ensoberbeció, y su espíritu se endureció en su orgullo, fue depuesto del trono de su reino, y despojado de su gloria. Y fue echado de entre los hijos de los hombres, y su mente se hizo semejante a la de las bestias, y con los asnos monteses fue su morada. Hierba le hicieron comer como a buey, y su cuerpo fue mojado con el rocío del cielo, hasta que reconoció que el Altísimo Dios tiene dominio sobre el reino de los hombres, y que pone sobre él al que le place”.

Estas palabras fueron pronunciadas por el profeta Daniel a Belsasar, rey de Babilonia, cuando éste le llamó con el fin de que interpretara una escritura que había aparecido en la pared de uno de los salones del palacio (Daniel 5:1-5). Daniel entonces le contó acerca del reinado de su padre Nabucodonosor muchos años antes, y de la actitud de soberbia del mismo, y las consecuencias de esa actitud.

En el capítulo 4:29-32 de este libro, vemos la descripción de este evento al cual se estaba refiriendo Daniel. Dios le había dado a Nabucodonosor el reino y la gloria. Y un día, paseándose en el palacio real, mientras contemplaba todas sus riquezas, el rey dijo en voz alta: “¿No es ésta la gran Babilonia que yo edifiqué para casa real con la fuerza de mi poder, y para gloria de mi majestad?” Inmediatamente después que Nabucodonosor pronunció estas palabras llenas de orgullo y soberbia se escuchó la voz de Dios que le decía: “A ti se te dice, rey Nabucodonosor: El reino ha sido quitado de ti; y de entre los hombres te arrojarán, y con las bestias del campo será tu habitación, y como a los bueyes te apacentarán; y siete tiempos pasarán sobre ti, hasta que reconozcas que el Altísimo tiene el dominio en el reino de los hombres, y lo da a quien él quiere”.

En el Nuevo Testamento encontramos otra historia que refleja una actitud similar con sus correspondientes malas consecuencias. Se trata del rey Herodes Agripa, el cual “echó mano a algunos de la iglesia para maltratarles. Y mató a espada a Jacobo, hermano de Juan. Y viendo que esto había agradado a los judíos, procedió a prender también a Pedro” (Hechos 12:1-3). Más adelante la Biblia dice que “un día señalado, Herodes, vestido de ropas reales, se sentó en el tribunal y les arengó. Y el pueblo aclamaba gritando: ¡Voz de Dios, y no de hombre!” El rey no los corrigió, ni se mostró en desacuerdo con los halagos de la multitud, sino todo lo contrario, se envaneció y se llenó de orgullo. Y “al momento un ángel del Señor le hirió, por cuanto no dio la gloria a Dios; y expiró comido de gusanos” (Hechos 12:23).

Quizás estos ejemplos puedan parecer extremos en cuanto a los resultados de la soberbia de esos dos hombres, pero siempre debemos aprender de lo que leemos en la Biblia. En mayor o menor grado la persona soberbia tendrá que sufrir malas consecuencias. La Biblia lo resume en Santiago 4:6: “Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes”. La humildad es una característica que está relacionada con la obediencia y la sumisión a la voluntad de Dios. El ejemplo por excelencia lo tenemos en Jesús, el cual dejó su gloria y “se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz”. Por eso Dios “le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre” (Filipenses 2:7-9). Y en Mateo 11:29, Jesús nos exhorta a imitarle cuando dice: “Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón”.

La persona soberbia no tiene en cuenta para nada la autoridad de Dios, pues su orgullo le hace pensar que no necesita del Señor. Tampoco agradece sus bendiciones pues cree que todo se lo merece. Por eso su vida va dirigida al fracaso.

Reflexiona en esta enseñanza y hazte el firme propósito de conocer la voluntad de Dios leyendo su palabra y orando diariamente. Entonces sé humilde y obedece sus instrucciones. Y sobretodo agradece todas sus bendiciones.

ORACIÓN:
Bendito Padre celestial, te ruego me ayudes a asimilar esta enseñanza y a aplicarla a mi vida, de manera que yo pueda actuar con humildad siempre, obedeciéndote y agradeciéndote todas tus bondades para conmigo. En el nombre de Jesús, Amén.

¡Gracia y Paz!

Dios te Habla

jueves, 22 de enero de 2015

¿HAY ALGO QUE ESTÉS DESEANDO DEMASIADO?


Génesis 25:28-34
“Y amó Isaac a Esaú, porque comía de su caza; mas Rebeca amaba a Jacob. Y guisó Jacob un potaje; y volviendo Esaú del campo, cansado, dijo a Jacob: Te ruego que me des a comer de ese guiso rojo, pues estoy muy cansado. Por tanto fue llamado su nombre Edom. Y Jacob respondió: Véndeme en este día tu primogenitura. Entonces dijo Esaú: He aquí yo me voy a morir; ¿para qué, pues, me servirá la primogenitura? Y dijo Jacob: Júramelo en este día. Y él le juró, y vendió a Jacob su primogenitura. Entonces Jacob dio a Esaú pan y del guisado de las lentejas; y él comió y bebió, y se levantó y se fue. Así menospreció Esaú la primogenitura”.

Es muy probable que, en algún momento, a nuestras mentes hayan llegado preguntas como estas: ¿Por qué Dios no me bendice a mí como bendice a otras personas que yo conozco? ¿Por qué Dios no me bendice de la manera en que yo quiero que me bendiga, de la manera en que yo necesito que me bendiga, de la manera en que yo pensé él me iba a bendecir?

La Palabra de Dios nos enseña que en muchas ocasiones nos perdemos bendiciones que el Señor desea darnos por causa de decisiones que tomamos movidos por nuestra propia “sabiduría”, las cuales ponen de manifiesto una muy desarrollada “miopía espiritual”. Estamos mirando el momento actual y no el mañana, mirando lo que parece muy prometedor pero que en realidad no lo es. Hay ocasiones en que una mala decisión puede causar que echemos por la borda todo nuestro futuro por el placer de un momento dado. Quizás en ese momento todo parecía bien pero después, cuando es demasiado tarde, miramos atrás y deseamos que nuestra decisión hubiera sido más sabia.

Esaú era el primogénito de Isaac. ¿Y qué significaba para los judíos ser el primogénito? El primogénito era aquel que tenía los mayores honores y privilegios; todos sus hermanos y hermanas estaban sujetos a su autoridad, a menudo tenía el honor de servir como sacerdote en las reuniones familiares, el nombre de la familia y la línea de descendientes venía a través de él, y en cuanto al aspecto económico al primogénito correspondía una doble porción en la herencia de la familia que a los demás hermanos. Así que la primogenitura era la cosa más valiosa, más preciada, más anhelada por cualquier persona en la familia hebrea. Poseer este derecho otorgaba los privilegios, las oportunidades, y el reconocimiento que nada más en la vida podía darle. Y en esta familia en particular el primogénito estaría en la línea de la genealogía del salvador del mundo, el Señor Jesucristo. Esaú vendió este privilegio por un plato de potaje. Él pudo haber preparado alguna otra cosa para comer, pero en aquel momento eso era lo que él quería. Y lo quería inmediatamente.

Muchas veces sacrificamos el futuro por un momento en el que estamos controlados por los apetitos de la carne. Dios nos ha dado apetitos, pero éstos deben ser controlados. Y si no podemos por nosotros mismos, entonces debemos buscar la dirección del Espíritu Santo. En la sociedad en que vivimos podemos conseguir casi todo por lo que estemos dispuestos a pagar, pero debemos ser muy cuidadosos. Esaú perdió su prometedor futuro porque quiso satisfacer su apetito inmediatamente, y en ese momento él estaba dispuesto a pagar cualquier cosa.

¿Cuál es el plato de potaje que Satanás con frecuencia te pone delante? Y te dice: “Tú necesitas esto”, “Tú quieres esto”, “Tú tienes que disfrutar de esto”, “¡Y lo puedes tener ahora mismo!” Bien pudiera ser un “guisado” delicioso, pero quizás tenga un precio que tú no desearías pagar. Por eso debes tener extremo cuidado y buscar en Dios la sabiduría que necesitas para tomar una decisión que traiga buenas consecuencias a tu vida.

¿Hay acaso algún “plato de potaje” en tu vida en estos momentos? ¿Algo que deseas mucho que está frente a ti, al alcance de tu mano? Tráelo en oración delante del Señor. Él es el único que puede saciar tu apetito de tal manera que cuando Satanás te lo ofrezca puedas decirle: No gracias. No lo necesito. No tengo hambre. ¡Estoy lleno de la paz y el gozo de mi Señor!

Oración:
Amado Dios y Padre celestial, tú conoces mis apetitos y mis debilidades. Te ruego me fortalezcas espiritualmente y me des sabiduría para poder discernir sabiamente al momento de tomar decisiones que puedan afectar mi futuro. Ayúdame a rechazar todo aquello que parezca muy atractivo pero que no esté de acuerdo a tú voluntad. En el nombre de Jesús, Amén.

¡Gracia y Paz!

Dios te Habla

lunes, 13 de octubre de 2014

¿TIENES RENCOR EN TU CORAZÓN?



¿TIENES RENCOR EN TU CORAZÓN?

Efesios 4:30-32
“Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención. Quítense de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritería y maledicencia, y toda malicia. Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo”.

En el capítulo 4 de la carta a los Efesios, el apóstol Pablo enfatiza en las cualidades que deben caracterizar a una persona convertida a Cristo. Puesto que el nuevo cristiano es una nueva criatura debe ser evidente en su vida un cambio en relación a su vida anterior. En la escritura de hoy, Pablo los exhorta a “quitarse” ciertas cosas de su carácter de la misma manera que se quitarían una prenda de vestir que no piensan usar nunca más. Y completa la idea en el versículo 24 donde dice: “Y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad”.

La amargura, el enojo, la ira, son sentimientos que entristecen al Espíritu Santo, lo cual afecta nuestra relación con Dios y por lo tanto nuestro crecimiento espiritual. También nuestra relación con aquellos que nos rodean se afecta negativamente. Hebreos 12:15 dice: “Mirad bien, no sea que alguno deje de alcanzar la gracia de Dios; que brotando alguna raíz de amargura, os estorbe, y por ella muchos sean contaminados". Y si no “quitamos” de nosotros prontamente estos sentimientos negativos, irán creciendo, echarán raíces en nuestros corazones y se convertirán en algo peor, que es el rencor.

El diccionario define el rencor como “Resentimiento arraigado y tenaz”. Esto quiere decir que echa raíces y que es muy difícil de eliminar. El rencor es una barrera que nos impide vivir en paz con los demás. Por lo tanto, dice este versículo, no podremos alcanzar la gracia de Dios. El rencor poco a poco se convierte en una auto tortura que no deja dormir en paz, y afecta no solamente el aspecto espiritual, sino también el emocional y hasta el aspecto físico, pues el estrés que se produce afecta la presión arterial y el corazón, y causa problemas en el sistema digestivo, dolores de cabeza, y otras consecuencias en la salud. Y lo más interesante de todo es que la persona que siente rencor sufre mucho más que aquella que es el blanco de ese rencor, pues lo más probable es que ésta ni se acuerda de lo sucedido. Debemos, pues, eliminar el rencor de nuestros corazones. ¿Cómo lo hacemos?

El rencor es producto de un espíritu no perdonador. La única manera de eliminar el rencor de nuestro corazón es perdonando a la persona que nos hirió. El perdón es un acto de la voluntad. Debemos querer perdonar, pero al mismo tiempo tenemos que reconocer que somos débiles y que quizás no podamos perdonar por nuestras propias fuerzas. Sin embargo, el Señor está siempre dispuesto a ayudarnos, cuando clamamos a él de corazón. El primer paso es reconocer delante de Dios la existencia del rencor y confesar ante él nuestro deseo de librarnos de ese sentimiento negativo que tanto entristece su Espíritu.

Un principio bíblico puede ayudarnos en este propósito. Cuando Jesús les enseñó a sus discípulos la oración modelo, hizo énfasis en la necesidad de perdonar, diciéndoles: “Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial; mas si no perdonáis a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas” (Mateo 6:14-15). Simplemente, si queremos disfrutar plenamente del perdón de Dios, debemos perdonar a los que nos han ofendido. Estar consciente de esto puede ayudarte a perdonar a quien te ofendió.

Pero el Señor nos exhorta a ir aun más allá del perdón. En Mateo 5:44, Jesús nos dice: “Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen”. Bendice a la persona que te ofendió. Ora por ella. Es posible que no tengas deseos de elevar a esa persona en oración, pero tienes que hacerlo si quieres ser obediente. Dios recompensará tu obediencia, el sentimiento de rencor desaparecerá, y la paz y el gozo del Señor llenarán tu corazón. Entonces podrás dormir en paz.

ORACIÓN:
Padre santo, te ruego limpies mi corazón de todo rencor o amargura que esté afectando mi relación contigo y con los que me rodean. Por favor, capacítame para perdonar a los que me han herido, así como tú me has perdonado a mí. En el nombre de Jesús te lo pido, Amén.

¡Gracia y Paz!
Dios te Habla


viernes, 3 de octubre de 2014

¿TIENES PROBLEMAS CON LA IRA?



Efesios 4:26, 27
“Airaos, pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo, ni deis lugar al diablo”.

En relación a la ira, un artículo de una importante revista dice: “La ira puede mover las pasiones contra el mal y operar con la fuerza y la eficacia de un instinto si está asociada con un carácter santo. En este caso es buena y es eficaz, pero si está relacionada con la maldad se vuelve pecaminosa. Bajo la inspiración de una naturaleza santa puede brillar con una potencia maravillosa contra el mal, la falsedad y el deshonor; pero bajo el control de un espíritu malvado puede llegar a causar daños irreparables en muchas vidas”. La ira es, sin duda, un sentimiento que puede ser un arma de doble filo.

La escritura de hoy establece claramente que, en ciertas circunstancias, la ira tiene un lugar en la vida del cristiano. De hecho, la falta de ira podría ser una indicación de debilidad espiritual. La Biblia nos dice en el Salmo 145:8: “Clemente y misericordioso es el Señor, lento para la ira, y grande en misericordia”. El salmista afirma que aunque la bondad y la misericordia de Dios retardan la manifestación de su ira, llega un momento en que el Señor expresa su coraje ante la maldad, la injusticia y el pecado del hombre. El Salmo 106 nos habla acerca de la rebeldía del pueblo de Israel. Dice el versículo 29 que ellos “provocaron la ira de Dios con sus obras, y se desarrolló la mortandad entre ellos”.

También Jesús, en ocasiones se llenó de ira. Por ejemplo, en Mateo 21:12-13 dice: “Y entró Jesús en el templo de Dios, y echó fuera a todos los que vendían y compraban en el templo, y volcó las mesas de los cambistas, y las sillas de los que vendían palomas; y les dijo: Escrito está: Mi casa, casa de oración será llamada; mas vosotros la habéis hecho cueva de ladrones”. Jesús se encoleriza ante la actitud blasfema de aquellos mercaderes y sin ocultar su ira los echa del templo (en Juan capítulo 2 dice que usó un azote de cuerdas). ¡Sin duda Jesús estaba muy molesto! Sin embargo, el versículo siguiente dice: “Y vinieron a él en el templo ciegos y cojos, y los sanó”. Es decir, inmediatamente después de haberse airado, y habiendo echado a los mercaderes del templo, vinieron a Jesús unos ciegos y unos cojos, y él los sanó. Una vez mostró su ira cuando había que enojarse, Jesús de inmediato está en control de sus emociones y dispuesto a mostrar su amor y su compasión por aquellos que venían a él en busca de sanidad.

Una ira santa producida por injusticia o maldad, acompañada de un deseo sincero de que se haga la voluntad de Dios es tanto sana como efectiva. Pero airarse contra alguien por un resentimiento personal o envidia constituye un pecado. Y puede traer muy malas consecuencias. Por eso no debemos permitir que se acumulen en nuestro corazón resentimientos contra alguien que nos ha ofendido, los cuales pueden crear raíces de amargura que afectan nuestro comportamiento hacia los que nos rodean. La Biblia nos alerta acerca de esto en Hebreos 12:15: “Mirad bien, no sea que alguno deje de alcanzar la gracia de Dios; que brotando alguna raíz de amargura, os estorbe, y por ella muchos sean contaminados”. Para evitar esto, el pasaje de hoy nos aconseja: “No se ponga el sol sobre vuestro enojo”. Es decir, antes que termine el día debemos deshacernos de todo sentimiento de enojo.

Si no puedes controlar tus emociones y sientes que la ira te está empujando a pecar, arrodíllate y clama al Señor buscando su fortaleza y el dominio propio que viene de su Santo Espíritu. Recuerda: “No des lugar al diablo”. Dios tomará control de la situación, llenándote de su paz y su gozo, mientras se encarga de aquellos que conspiran para hacerte daño. Así lo expresa Romanos 12:19: “No os venguéis vosotros mismos, amados míos, sino dejad lugar a la ira de Dios; porque escrito está: Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor”.

ORACIÓN:
Padre santo, reconozco que muchas veces no puedo controlar mis emociones y me dejo invadir por sentimientos de ira que no glorifica tu nombre. Te ruego arranques de mi corazón todo enojo o rencor y me llenes con tu paz y tu amor, para que mi testimonio glorifique tu santo nombre. En Cristo Jesús, Amén.

¡Gracia y Paz!
Dios te Habla

miércoles, 1 de octubre de 2014

¿HAY EN TU VIDA ALTIVEZ Y ARROGANCIA?




¿HAY EN TU VIDA ALTIVEZ Y ARROGANCIA?

2 Crónicas 7:14, 15
“Si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra. Ahora estarán abiertos mis ojos y atentos mis oídos a la oración en este lugar”.

La palabra “humillación” generalmente causa un efecto negativo en nosotros. A todos nos molesta enormemente ser humillados sobre todo si estamos frente a un grupo de personas. “¡Qué vergüenza! ¡Cómo han podido hacerme esto a mí! ¡Me han herido! ¡Me han ofendido!”, exclamamos con dolor y muchas veces con coraje. En mayor o menor grado todos reaccionamos de esta manera. Es lo común en los seres humanos. Sin embargo, Dios nos pide que nos humillemos como requisito para escuchar nuestras oraciones y perdonar nuestros pecados y sanar nuestra tierra. ¿Acaso Dios quiere herirnos u ofendernos? ¡Desde luego que no! Él nos ama con amor eterno, y sólo quiere lo mejor para nosotros. Esto nos dice su palabra.

Para entender el propósito que Dios tiene cuando requiere que nos humillemos delante de él, es necesario remontarnos al principio de la creación cuando Adán y Eva vivían en constante comunión con su Creador. Eran tiempos felices, y Adán y Eva recibían día tras día todo lo que necesitaban física, material, emocional y espiritualmente en el huerto del Edén, conforme a lo que Dios les había prometido. Pero también el Señor les había advertido que del árbol de la ciencia del bien y del mal no debían comer, "porque el día que de él comieres, ciertamente morirás” (Génesis 2:17). Desde un principio Dios estableció que la relación entre él y el hombre sería una relación de amor mutuo. Él les mostraría su amor a ellos bendiciéndolos y supliendo todas sus necesidades, y ellos corresponderían a su amor por medio de la obediencia. Así dijo Jesús en Juan 14:21: “El que tiene mis mandamientos, y los guarda, ése es el que me ama”.

Además, Adán y Eva no tenían conocimiento del bien o del mal, por lo tanto en cada decisión que tomaban dependían totalmente de Dios. Era una relación perfecta, planeada por Dios. Por eso el Señor les prohibió que comieran del árbol de la ciencia del bien y del mal. Pero la serpiente (Satanás) era muy astuta, y se las ingenió para interrumpir el plan de Dios. Sutilmente engañó a Eva y esta comió del fruto prohibido, y dio a Adán, el cual también comió. Al comer de la fruta prohibida, Adán y Eva desobedecieron a Dios creando una separación con aquel que se los había dado todo, y rompiendo la dependencia que tenían de él.

Desde ese momento un espíritu de arrogancia y de soberbia se apoderó de ellos, y se consideraron a sí mismos como dioses capaces de dirigir sus vidas y tomar sus propias decisiones. Ese espíritu de orgullo ha pasado de generación en generación hasta nuestros días, y constituye un obstáculo en nuestra relación con Dios. Nos consideramos autosuficientes, no consultamos con nuestro Padre celestial antes de tomar decisiones, no dependemos de él en la manera en que él desea que lo hagamos con el fin de bendecirnos abundantemente.

Es necesario deshacernos de ese espíritu, es imprescindible que bajemos de ese pedestal que se creó aquel nefasto día en que la desobediencia apareció en el Edén. Se requiere que reconozcamos nuestra soberbia y vengamos arrepentidos delante del Señor. Eso es “humillarse”, simplemente bajar al nivel que nos corresponde, reconociendo nuestra miseria y bajeza ante la infinita santidad y majestuosidad del Rey del Universo. Eso es todo lo que Dios requiere para perdonar nuestros pecados, que seamos humildes, nos arrepintamos y busquemos su dirección dependiendo de él como al principio de la Creación. Para mantener este comportamiento y por lo tanto una íntima comunión con el Señor, es necesario que cada día de tu vida busques su rostro en oración, leas su santa palabra y medites en ella.

ORACIÓN:
Padre santo, reconozco que he sido altivo y arrogante y me he considerado autosuficiente al punto de ignorarte al tomar decisiones por mi propia cuenta. Te ruego me perdones y arranques de mí todo vestigio de soberbia. Ayúdame a humillarme delante de ti y reconocer que para vivir en victoria tengo que depender totalmente de ti. En el nombre de Jesús, Amén.

¡Gracia y Paz!

Dios te Habla

lunes, 21 de julio de 2014

¿HAY DESEOS DE VENGANZA EN TU VIDA?



¿HAY DESEOS DE venganza EN TU VIDA? 

1 Samuel 26:5-9
“Y se levantó David, y vino al sitio donde Saúl había acampado; y miró David el lugar donde dormían Saúl y Abner hijo de Ner, general de su ejército. Y estaba Saúl durmiendo en el campamento, y el pueblo estaba acampado en derredor de él. Entonces David dijo a Ahimelec heteo y a Abisai hijo de Sarvia, hermano de Joab: ¿Quién descenderá conmigo a Saúl en el campamento? Y dijo Abisai: Yo descenderé contigo. David, pues, y Abisai fueron de noche al ejército; y he aquí que Saúl estaba tendido durmiendo en el campamento, y su lanza clavada en tierra a su cabecera; y Abner y el ejército estaban tendidos alrededor de él. Entonces dijo Abisai a David: Hoy ha entregado Dios a tu enemigo en tu mano; ahora, pues, déjame que le hiera con la lanza, y lo enclavaré en la tierra de un golpe, y no le daré segundo golpe. Y David respondió a Abisai: No le mates; porque ¿quién extenderá su mano contra el ungido de Jehová, y será inocente?”

El rey Saúl había escogido tres mil hombres de su ejército, y había salido a buscar a David con el fin de matarlo. Este pasaje nos cuenta que una noche David y uno de sus hombres, Abisai, se llegaron hasta el lugar donde Saúl había acampado, y descubrieron que el rey y sus hombres dormían. Viendo que estaban totalmente indefensos, Abisai pidió permiso a David para matar a Saúl, diciendo que esta oportunidad había venido de Dios. David pudo haber consentido fácilmente. Lo cierto es que Saúl lo estaba buscando a él para matarlo, así que perfectamente podía considerar el acto como defensa propia. Pero no sólo eso, sino que ya David en una ocasión anterior había perdonado la vida a Saúl cuando pudo haberlo matado (1 Samuel 24). En aquel momento Saúl lloró cuando se enteró de la misericordia de David, y decidió abandonar la persecución, y hasta dijo que David era apto para ser el próximo rey de Israel.

Pero ahora Saúl había reanudado su inflexible acoso. Y de nuevo David lo tenía indefenso frente a él. Bien pudo haber razonado: “Lo perdoné una vez. Dios me está dando esta segunda oportunidad”. Además, Abisai insistía en matarlo. ¡Qué fantástica oportunidad de librarse de aquel que tanto lo odiaba! Sin embargo, David rechazó esos pensamientos porque creía firmemente que no estaba bien matar al hombre que Dios había ungido para que fuese rey de Israel. Y le respondió a Abisai: “No le mates; porque ¿quién extenderá su mano contra el ungido de Jehová, y será inocente?”

Cuando nos tratan injustamente, nos ofenden o nos causan daño, es fácil aprovechar cualquier oportunidad para vengarnos de alguna manera, y después tratar de justificar la acción sobre la base de ese maltrato de que fuimos víctimas, e incluso hasta aseguramos que Dios fue el que facilitó la oportunidad. Sin embargo, estos no son los principios que deben guiar a un hijo de Dios que verdaderamente desea agradar a su Padre celestial. En el Sermón del Monte, Jesús dijo a sus discípulos: “Oísteis que fue dicho: Amarás a tu prójimo, y aborrecerás a tu enemigo. Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen” (Mateo 5:43-44).

Es muy difícil poner en práctica esta enseñanza, pues nuestra naturaleza carnal nos impulsa a hacer lo contrario, como quería Abisai. Pero, al igual que David, nosotros podremos lograrlo si deseamos agradar al Señor. Lo más importante es poner en primer lugar, antes que nuestros sentimientos y nuestros impulsos carnales, los principios de la palabra de Dios, y nuestra disposición a obedecer su voluntad. El apóstol Pablo nos dejó este consejo en su carta a los romanos: “No os venguéis vosotros mismos, amados míos, sino dejad lugar a la ira de Dios; porque escrito está: Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor” (Romanos 12:19).

Si estás luchando con un sentimiento de venganza en relación a alguien que te ha hecho daño, haz tuya esta enseñanza, y glorifica el nombre de Dios siguiendo sus preceptos y obedeciendo su voluntad. Déjalo en manos del Señor. Ten la completa seguridad de que él recompensará con creces tu obediencia.

ORACIÓN:
Padre amado, es mi anhelo agradarte siempre, pero cuando se trata de controlar los deseos de vengarme de alguien que me ha herido, me resulta muy difícil obedecer tu palabra. Por favor dame las fuerzas para sobreponerme a estos sentimientos y mostrar tu amor y tu misericordia. En el nombre de Jesús, Amén.

¡Gracia y Paz!

Dios te Habla

jueves, 12 de junio de 2014

¿SIENTES CELOS O ENVIDIA DE ALGUIEN?



¿Sientes celos o envidia de alguien?

Hechos 13:42-46
“Cuando salieron ellos de la sinagoga de los judíos, los gentiles les rogaron que el siguiente día de reposo les hablasen de estas cosas. Y despedida la congregación, muchos de los judíos y de los prosélitos piadosos siguieron a Pablo y a Bernabé, quienes hablándoles, les persuadían a que perseverasen en la gracia de Dios. El siguiente día de reposo se juntó casi toda la ciudad para oír la palabra de Dios. Pero viendo los judíos la muchedumbre, se llenaron de celos, y rebatían lo que Pablo decía, contradiciendo y blasfemando. Entonces Pablo y Bernabé, hablando con denuedo, dijeron: A vosotros a la verdad era necesario que se os hablase primero la palabra de Dios; mas puesto que la desecháis, y no os juzgáis dignos de la vida eterna, he aquí, nos volvemos a los gentiles”.

Este pasaje nos cuenta que los judíos se opusieron a la predicación de Pablo porque “se llenaron de celos” al ver la muchedumbre que se reunió “para oír la palabra de Dios”. En Génesis 30:1 leemos que “viendo Raquel que no daba hijos a Jacob, tuvo envidia de su hermana”. Entonces le pidió a Jacob que se llegara a su sierva Bilha, la cual concibió y dio a luz un hijo a Jacob. También los hermanos de José “le tenían envidia” (Génesis 37:11) porque su padre mostraba favoritismo hacia él, y por esa razón lo vendieron como esclavo a unos mercaderes. Poncio Pilato les preguntó a los judíos si querían que soltara al criminal Barrabás o a Jesús, “porque sabía que por envidia le habían entregado”, dice Mateo 27:18. Poco después se cometió la mayor injusticia de la historia de la humanidad. Estos ejemplos nos muestran la maldad que se desprende de la envidia o de los celos.

Los celos y la envidia son sinónimos. Cualquier ventaja que una persona tenga sobre otra en algún área específica puede dar lugar a ese sentimiento, ya sea una buena posición económica, o la inteligencia, la buena apariencia, la popularidad, un buen empleo, etc. La envidia es un resentimiento que surge por el deseo de tener esas y otras cosas. El diccionario define “envidia” de la siguiente manera: “Tristeza o pesar del bien ajeno. Sentimiento de hostilidad contra el que posee una cosa que nosotros no poseemos”. La envidia produce tristeza, pesar, infelicidad; afecta el estado espiritual y a la larga afecta también la salud física y mental. Proverbios 14:30 dice: “El corazón apacible es vida de la carne; mas la envidia es carcoma de los huesos”.

El apóstol Pablo, en su carta a los gálatas, les dice: “Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne. Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne” (Gálatas 5:16). Entonces menciona una larga lista de “las obras de la carne”, entre las cuales incluye “los celos y la envidia”. Ciertamente estos sentimientos pueden traer muy malas consecuencias en la persona que los siente y en aquellos que le rodean. Debemos estar muy alertas, pues ni el cristiano más consagrado es inmune a la sutil tentación de la envidia.

Medita en esta enseñanza, mira bien dentro de ti, y contesta esta pregunta: “¿Sientes envidia de alguien?” Si la respuesta es “sí”, debes confesarla ante el Señor con un corazón arrepentido, y empezar a orar por esa persona. Sabrás que estás arrancando de ti la envidia cuando comiences a regocijarte en el éxito y las buenas cualidades de esa persona.

ORACIÓN:
Padre santo, arranca de mi corazón todo sentimiento de celos o envidia, que sin duda afectan mi relación contigo. Ayúdame a gozarme en lo bueno que sucede a los demás, sabiendo que todo lo bueno proviene de ti. En el nombre de Jesús, Amén.

¡Gracia y Paz!

Dios te Habla

martes, 10 de junio de 2014

¿AÚN DICES MENTIRAS?



¿Aún dices mentiras?

Colosenses 3:9-10
“No mintáis los unos a los otros, puesto que habéis desechado al viejo hombre con sus malos hábitos, y os habéis vestido del nuevo hombre, el cual se va renovando hacia un verdadero conocimiento, conforme a la imagen de aquel que lo creó”.

Un entrenador de fútbol universitario renuncia después de admitir que falsificó sus credenciales académicas y atléticas. Un oficial militar de carrera confiesa haber llevado puestas condecoraciones de combate que no se ganó. Un solicitante de un empleo reconoce que cuando dijo que tenía experiencia en la "supervisión de alimentos y bebidas" en realidad lo que hacía era café todas las mañanas en la oficina. Con frecuencia oímos de muchos otros que son públicamente avergonzados cuando en algún momento se descubre que mintieron en el pasado. Lo cierto es que más tarde o más temprano habrá malas consecuencias para aquellos que mienten.

A veces pensamos que una pequeña “mentirita” no tiene importancia y que seguramente no tendrá consecuencias, pero nos olvidamos que cuando ignoramos los principios de la Palabra de Dios estamos exponiéndonos a sufrir los resultados que trae consigo la desobediencia. Gálatas 6:7 dice: “No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará”. Es decir, si sembramos una mentira con seguridad no vamos a segar algo bueno, sino todo lo contrario. El pasaje de hoy dice claramente: “No mintáis los unos a los otros”, sin diferenciar una mentira de otra. Aun esas pequeñas mentiras por lo general crecen a medida que tratamos de evitar que se descubran. Y a una mentira sigue otra y otra, y por regla general el resultado final es un enorme enredo lleno de malas consecuencias.

Ahora bien, la razón fundamental por la que no debemos mentir es porque hemos confiado en Jesucristo como nuestro Salvador, por lo cual el “viejo hombre” con todas sus miserias y pecados, incluyendo las mentiras, ha sido desechado dando lugar a un “nuevo hombre”. De esta manera continúa el pasaje de hoy: “…puesto que habéis desechado al viejo hombre con sus malos hábitos, y os habéis vestido del nuevo hombre..." Es el plan de Dios que este “nuevo hombre” poco a poco, bajo la acción del Espíritu Santo, se vaya “renovando hacia un verdadero conocimiento, conforme a la imagen de aquel que lo creó”. Así termina este pasaje.

Sin duda, en este proceso, muchas veces vendrán a nosotros pensamientos o impulsos pertenecientes a hábitos o costumbres del pasado, entre ellos las mentiras. La enseñanza de hoy nos exhorta a rechazar esos impulsos, y decir siempre la verdad, pues la verdad viene de Dios, mientras que la mentira proviene de Satanás. En Juan 8:44, Jesús les dice a un grupo de judíos: “Vosotros sois de vuestro padre el diablo, y los deseos de vuestro padre queréis hacer. El ha sido homicida desde el principio, y no ha permanecido en la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira, de suyo habla; porque es mentiroso, y padre de mentira”. Es evidente que cuando mentimos no agradamos al Señor, sino que estamos complaciendo los deseos del diablo. Debemos esforzarnos y luchar contra todo aquello que no sea verdad. No siempre resulta fácil hacerlo, pero si permitimos que se manifieste en nosotros el poder del Espíritu Santo y con él la verdad y la justicia de nuestro Señor, entonces podremos vivir una vida santa y veraz, digna de un hijo o hija de Dios.

Busca el rostro del Señor cada día en oración, lee la Biblia, medita en sus enseñanzas y esfuérzate en ponerlas en práctica. El Espíritu Santo producirá en ti su fruto, y poco a poco las mentiras dejarán de formar parte de tu vida, y el nombre de Dios será glorificado.

ORACIÓN:
Querido Dios, ayúdame a vivir consciente de que las cosas viejas pasaron y todas han sido hechas nuevas. Dame el poder para mostrar el Cristo que vive en mí quien vivió una vida de total honestidad, integridad y verdad absoluta. En el nombre de Jesús, Amén.

¡Gracia y Paz!
Dios te Habla



martes, 6 de mayo de 2014

¿ERES UNA PERSONA ORGULLOSA Y SOBERBIA?


¿Eres una persona orgullosa y soberbia?

Proverbios 16:18
“Antes del quebrantamiento es la soberbia, y antes de la caída la altivez de espíritu”.

En casi todo lugar donde vayamos nos encontraremos con personas orgullosas, altivas y soberbias. Estas tres palabras se escriben diferentes pero tienen un significado similar. Las personas que tienen esta conducta de vida actúan como si fueran superiores a todos los demás y como si todo se lo merecieran. Por regla general se consideran a sí mismos el centro de atención. A simple vista estas personas pueden parecer grandes triunfadores, pero la realidad es que son personas fracasadas y con un alto grado de frustración. Una persona orgullosa y soberbia, generalmente expresa superioridad sobre los demás y se exalta a sí misma con el fin de impresionar a quienes les escuchan. Pero, como dice Jesús en Mateo 6:5 refiriéndose a los fariseos, “ya tienen su recompensa”. Esto es, una satisfacción superficial y pasajera, nada más. Después sufrirán las consecuencias de su orgullo, porque “cualquiera que se enaltece, será humillado…” (Lucas 14:11a). La característica opuesta al orgullo y la soberbia es la humildad. Y los resultados de una y otra actitud son totalmente opuestos. Conforme a lo que nos dice la Biblia, el que se humilla, el de corazón humilde, éste será enaltecido, es decir será exaltado. Continúa Lucas 14:11b: “... y el que se humilla, será enaltecido”.

El ejemplo máximo de humildad lo dio Jesús, “el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz” (Filipenses 2:6-8). Por eso “Dios le exaltó hasta lo sumo” (Filipenses 2:9). En el extremo opuesto está Satanás, cuyo orgullo y soberbia al querer ser semejante a Dios, lo llevó a su caída de los lugares celestiales. El profeta Isaías habla de este evento en Isaías 14:13-15, y le dice al diablo: “Tú que decías en tu corazón: Subiré al cielo; en lo alto, junto a las estrellas de Dios, levantaré mi trono, y en el monte del testimonio me sentaré, a los lados del norte; sobre las alturas de las nubes subiré, y seré semejante al Altísimo. Mas tú derribado eres hasta el Seol, a los lados del abismo”. Ciertamente se cumplió lo que dice el pasaje de hoy: “Antes de la caída la altivez de espíritu”.

La característica del cristiano debe ser la humildad de espíritu si queremos imitar a Jesús y llegar a crecer espiritualmente hasta “la medida de la estatura de la plenitud de Cristo” (Efesios 4:13). Si deseamos llegar a este estado espiritual en la vida, debemos aprender a despojarnos de toda forma de soberbia, orgullo y altivez. Debemos pedir a Dios el discernimiento espiritual que nos revele cuando estamos actuando con soberbia. Muchas veces nos resulta difícil identificar en nosotros mismos una actitud de este tipo, y más difícil aún reconocerla y confesarla. Pero es necesario hacerlo. Es imprescindible humillarnos delante de Dios y de aquellos ante los cuales hemos actuado con orgullo, si queremos profundizar en nuestra relación con el Señor. El orgullo y la soberbia crean una barrera entre nosotros y Dios; la humildad nos acerca a él. Este contraste lo expresa Proverbios 29:23 de la siguiente manera: "El orgullo del hombre lo humillará, pero el de espíritu humilde obtendrá honores".

Acércate hoy al trono de la gracia de Dios en oración. Pide al Señor que te revele esa área en la que estás actuando con orgullo y soberbia, y reconoce esta actitud como un verdadero pecado ante los ojos de Dios. Renuncia a ella en el nombre de Jesús, y pídele al Señor que la presencia de su Espíritu Santo coloque en su lugar un espíritu de humildad.

ORACION:
Padre Santo, escudriña lo profundo de mi corazón y quita de mí toda altivez, soberbia y orgullo que sólo pueden conducir a la destrucción. Ayúdame a caminar en humildad para agradarte a ti. En el nombre de Jesús, Amén.

¡Gracia y Paz!

Dios te Habla