lunes, 19 de enero de 2015

¿SABES CUALES SON LAS MATEMATICAS DIVINAS?


Judas 1:2
“Misericordia, y paz, y amor os sean multiplicados”.

¿Quién se acuerda de las matemáticas en la escuela? El multiplicando es el número que debe ser multiplicado. En el versículo de hoy tenemos tres cosas que pueden ser multiplicadas para ti: La Misericordia, La Paz, y El Amor. El multiplicador es La Gracia de Dios que Él “derramó en nosotros abundantemente por Jesucristo nuestro Salvador” (Tito 3:6).

La paciencia de Dios es tan grande que tú puedes participar en las matemáticas Divinas, y recibir la MISERICORDIA de DIOS, que “es más grande que los cielos”, La PAZ de DIOS, “que sobrepasa todo entendimiento” (Filipenses 4:7). Y finalmente, SU AMOR que se explica en lo siguiente: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que Dio a su hijo unigénito” (Juan 3:16).

Si tú eres obediente y buscas día con día la presencia de Dios, podrás tener todas esas bendiciones, en el nombre de Jesús, Amén.


¡Gracia y Paz!

¿DAS RESPETO Y AMOR FRATERNAL A LOS DEMÁS?


Este mundo es un caos. En todos lados hay competencia y peleas por el poder. Cuántas discusiones suceden a diario porque alguien está tratando de ser más importante que otro, o faltándole el respeto. El verso de hoy nos dice que debemos tener respeto y amor fraternal. Los creyentes deberíamos valorar la razón por la cual Cristo murió. ¡Cuántas discusiones y peleas podríamos evitar, si tan solo observáramos este versículo!

El Salmo 133:1 Dice: “¡Mirad cuan bueno y cuan delicioso es habitar los hermanos juntos en armonía!” Tal vez las discusiones y peleas que tenemos son por falta de amor y respeto por los demás, o porque no hemos aprendido a ser humildes. Vivamos en amor fraternal con nuestros semejantes y de esta manera nos mostraremos como verdaderos seguidores de Jesús.


¡Gracia y paz!

Éxodo 20:3


Foto de: Evangelismo Biblico

¿CONOCES EL PODER DE LAS PALABRAS?


¿EN QUIÉN DEPOSITAS TU CONFIANZA?



Mateo 9:18-26
“Mientras él les decía estas cosas, vino un hombre principal y se postró ante él, diciendo: Mi hija acaba de morir; mas ven y pon tu mano sobre ella, y vivirá. Y se levantó Jesús, y le siguió con sus discípulos. Y he aquí una mujer enferma de flujo de sangre desde hacía doce años, se le acercó por detrás y tocó el borde de su manto; porque decía dentro de sí: Si tocare solamente su manto, seré sana; y al instante se detuvo el flujo de su sangre. Entonces Jesús, volviéndose y mirándola, le dijo: Ten ánimo, hija; tu fe te ha salvado. Y la mujer fue salva desde aquella hora. Al entrar Jesús en la casa del principal, viendo a los que tocaban flautas, y la gente que hacía alboroto, les dijo: Apartaos, porque la niña no está muerta, sino duerme. Y se burlaban de él. Pero cuando la gente había sido echada fuera, entró, y tomó de la mano a la niña, y ella se levantó. Y se difundió la fama de esto por toda aquella tierra”

La escritura de hoy nos habla de una mujer que padecía de flujo de sangre desde hacía doce años. Según Lucas, esta mujer “había gastado en médicos todo cuanto tenía, y por ninguno había podido ser curada” (Lucas 8:43). Sin embargo con solamente tocar el manto de Jesús, creyendo en el poder sanador del Señor, “al instante se detuvo el flujo de su sangre”. Pero no sólo fue sanada físicamente, sino aun más importante, sus pecados fueron perdonados y fue salva en aquel momento. Allí Jesús le dijo: “Ten ánimo, hija; tu fe te ha salvado”.

También nos habla este pasaje acerca de un principal de la sinagoga, el cual se llegó a Jesús, y postrándose ante él, le dijo: “Mi hija acaba de morir”. Y le rogaba que fuese a su casa, diciendo: “Pon tu mano sobre ella, y vivirá”. Entonces “se levantó Jesús, y le siguió con sus discípulos”. Al llegar a la casa se encontraron a un grupo que tocaban flauta, y hacían alboroto, lamentándose y llorando en señal de luto porque la niña había muerto, como era costumbre en aquellos tiempos. Pero Jesús les dio su propio diagnóstico: “Apartaos, porque la niña no está muerta, sino duerme”. Seguidamente “tomó de la mano a la niña, y ella se levantó”.

Una pequeña historia cuenta que un viejo médico de campo examinó detenidamente a su paciente, perplejo se rascó la cabeza, y le preguntó: “¿Ha tenido esto antes?” El paciente contestó que sí. Entonces, el médico frunció el ceño y le dijo: “Bueno, pues lo tiene otra vez”. Obviamente no tenía la más mínima idea de cuál era el problema. No hay nada más frustrante que un problema para el cual no se encuentra un diagnóstico. ¡Qué alivio es encontrar un médico calificado que pueda decir confiadamente: “Este es su problema y este tratamiento le va a ayudar”!

Jesús siempre identificó correctamente la condición de todo aquel que acudió a él en busca de ayuda. Cualquiera fuese su problema, independientemente de todas las opiniones previas, su diagnóstico siempre fue acertado y los resultados de su intervención perfectos. Vemos la mujer del flujo de sangre y la hija del principal de la sinagoga de las que nos habla el pasaje de hoy. Marcos capítulo 10 nos relata la sanidad de Bartimeo, quien era físicamente ciego, y en Juan capítulo 3 leemos acerca de Nicodemo, el cual era espiritualmente ciego. En Lucas capítulo 7 Jesús sanó al siervo de un centurión, y también resucitó al hijo de la viuda de Naín. Tenemos la historia del endemoniado gadareno (Marcos 5), y de muchos leprosos, paralíticos y tantos otros enfermos a los que el Señor sanó.

Es importante acudir a un Medico cuando estás enfermo, pero más importante aún es saber en quien tienes depositada tu confianza. Jesucristo es el Gran Sanador. Cualquiera sea tu problema o tu necesidad, sea física, emocional o espiritual, él te invita a que lo busques, confíes en su diagnóstico, y te coloques bajo su sabio y amante cuidado. ¿Confiarás tu vida al Médico Divino, al único que puede sanarte de cualquier enfermedad, resolver cualquier problema, y, aun más importante, salvarte de la condenación eterna? Reflexiona en la enseñanza de hoy. Entonces contesta la pregunta. Tu respuesta es de suma importancia para tu vida.

Oración:
Amoroso Padre celestial, gracias por tu Hijo, quien vino a sanar, y a liberar, y a dar vida en abundancia a todos los que en él creen. Hoy pongo mi vida en tus manos, y me someto totalmente a tu dirección y tu cuidado. En el nombre de Jesús, Amén.

¡Gracia y Paz!

Dios te Habla

domingo, 18 de enero de 2015

¿SABES USAR EL PODER DE LA PALABRA?


¿SABES USAR EL PODER DE LA PALABRA?

Mateo 4:1-11
“Entonces Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto, para ser tentado por el diablo. Y después de haber ayunado cuarenta días y cuarenta noches, tuvo hambre. Y vino a él el tentador, y le dijo: Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan. El respondió y dijo: Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios. Entonces el diablo le llevó a la santa ciudad, y le puso sobre el pináculo del templo, y le dijo: Si eres Hijo de Dios, échate abajo; porque escrito está: A sus ángeles mandará acerca de ti; y, en sus manos te sostendrán, para que no tropieces con tu pie en piedra. Jesús le dijo: Escrito está también: No tentarás al Señor tu Dios. Otra vez le llevó el diablo a un monte muy alto, y le mostró todos los reinos del mundo y la gloria de ellos, y le dijo: Todo esto te daré, si postrado me adorares. Entonces Jesús le dijo: Vete, Satanás, porque escrito está: Al Señor tu Dios adorarás, y a él sólo servirás. El diablo entonces le dejó; y he aquí vinieron ángeles y le servían.”

Una de las armas preferidas del diablo es atacar nuestras mentes con pensamientos de condenación que vienen como dardos envenenados, tratando de interferir en el proceso de santificación del Espíritu Santo en nuestras vidas. Esta batalla se gana aferrándose a la poderosa Palabra de Dios con firmeza. Nunca debemos entrar en “conversaciones” con el enemigo. ¡El Señor ha hablado y ya no necesitamos escuchar ninguna otra voz! Precisamente la causa de que Eva cayera en pecado fue su disposición a escuchar al enemigo y entrar en “razonamientos” con él. La actitud que debemos imitar es la de Jesús en la escritura de hoy. Allí el Señor se enfrentó a Satanás con la Palabra de Dios, y ante cada tentación puesta delante de él por el enemigo simplemente respondió diciendo: “Escrito está”, y el diablo tuvo que irse sin lograr sus propósitos. Cada acusación de Satanás y cada tentación que él nos presente tienen una respuesta poderosa y decisiva en la Palabra de Dios.

Si el enemigo ataca tu mente con pensamientos de condenación, simplemente di en voz alta: “Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu” (Romanos 8:1).

Si el enemigo te recuerda algún pecado cometido, y quiere hacerte sentir culpable, di sin temor: “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad” (1 Juan 1:9). Si el Señor nos promete esto, ¿quién es el enemigo para decir otra cosa?

Si el enemigo te presenta la tentación de un placer sexual ilegítimo, responde inmediatamente: “Deléitate asimismo en Jehová, y él te concederá las peticiones de tu corazón” (Salmo 37:4). Es decir, busca al Señor y confía en él.

Si llevas mucho tiempo esperando y el diablo quiere llenarte de ansiedad, dile: “Los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas y levantarán alas como las águilas” (Isaías 40:31). Y no olvides este consejo: “Encomienda a Jehová tu camino, y confía en él; y él hará” (Salmo 37:5). Sigue esperando y confiando en Dios. A su debido tiempo él actuará.

Si estás en medio de pruebas, una tras otra, y comienzas a desanimarte, di con autoridad: “Yo sé que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien” (Romanos 8:28).

Si te sientes débil y piensas que no puedes seguir adelante, proclama a toda voz: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” (Filipenses 4:13).

La Biblia está llena de respuestas como estas para cada situación de la vida. Por eso es tan importante escudriñarla cada día en busca de ese conocimiento con el cual podemos enfrentarnos a Satanás y a todas sus mentiras y obtener la victoria. No podremos ser verdaderamente libres hasta que conozcamos profundamente la Palabra de Dios. Así lo dijo Jesús a un grupo de judíos que habían creído en él: “Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres.” (Juan 8:31-31).

Hazte el propósito de pasar tiempo diariamente orando y leyendo la Biblia. Conoce la verdad, y aplícala a todas las situaciones y circunstancias de tu vida.

Oración:
Gracias Señor porque tu Palabra tiene el poder y la autoridad para rechazar y destruir todo intento del diablo de afectar mi relación contigo. Por favor ayúdame a conocerla y a aplicarla en mi vida. En el nombre de Jesús, Amén.

¡Gracia y Paz!

Dios te Habla

sábado, 17 de enero de 2015

¿TE ES DIFÍCIL RECONOCER LA VOZ DEL SEÑOR?


Juan 10:1-6
“De cierto, de cierto os digo: El que no entra por la puerta en el redil de las ovejas, sino que sube por otra parte, ese es ladrón y salteador. Más el que entra por la puerta, el pastor de las ovejas es. A éste abre el portero, y las ovejas oyen su voz; y a sus ovejas llama por nombre, y las saca. Y cuando ha sacado fuera todas las propias, va delante de ellas; y las ovejas le siguen, porque conocen su voz. Más al extraño no seguirán, sino huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños. Esta alegoría les dijo Jesús; pero ellos no entendieron qué era lo que les decía”.

¿Alguna vez has visto un niño que se ha extraviado de su madre en medio de una multitud? Aunque ella esté fuera de su vista, si el pequeño puede oír su voz la reconoce inmediatamente. Es como si fuera un radar interior que examina los sonidos a su alrededor, eliminando los desconocidos y detectando aquella voz familiar. En los tiempos de Jesús, los pastores llegaban a tener tal relación con sus ovejas que las llamaban por sus nombres y éstas entendían. Las ovejas eran capaces de reconocer la voz de su pastor por encima de las voces de otros pastores cuyos rebaños apacentaban en los alrededores.

En la escritura de hoy, Jesús se dirige a un grupo de judíos y les cuenta una parábola en la cual expone la diferencia entre el verdadero pastor de ovejas y aquel que finge serlo, una clara alusión al marcado contraste entre él y los fariseos, los cuales afirmaban ser los pastores legítimos del pueblo de Israel. Aquí vemos que sólo el verdadero pastor puede acercarse al rebaño sin causar alarma alguna, “porque conocen su voz” y las ovejas le siguen. Al igual que un niño reconoce a su madre por la voz, las ovejas inmediatamente reconocen a su pastor por su voz. Y el pastor también conoce a sus ovejas y las llama por sus nombres. Ahora bien, si un extraño se acerca a las ovejas, estas de inmediato presienten el peligro y huyen de él, porque no conocen su voz.

Más adelante en este mismo capítulo, Jesús abunda más en esta analogía, y refiriéndose al aspecto espiritual se llama a sí mismo el “buen pastor”, aludiendo a todos aquellos que han creído en él como el Mesías prometido, el Salvador de sus almas. Dice el Señor: “Yo soy el buen pastor; el buen pastor su vida da por las ovejas” (Juan 10:11). Entonces establece una gran diferencia entre él y otros que se llaman falsamente “pastores”, cuando dice: “Mas el asalariado, y que no es el pastor, de quien no son propias las ovejas, ve venir al lobo y deja las ovejas y huye, y el lobo arrebata las ovejas y las dispersa” (Juan 10:12). Por último, Jesús se refiere a aquellos que han llegado a tener una relación tan íntima con él como las ovejas con su pastor. Dice en Juan 10:27-28: “Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen, y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano”.

Aquellos que han creído y han aceptado a Jesucristo como salvador son ahora sus ovejas, y a medida que le vayan conociendo, reconocerán su voz y le seguirán, porque confían en él y saben que “nada les faltará, y en lugares de delicados pastos los hará descansar”, como proféticamente lo dijo David en el Salmo 23 muchos siglos antes del nacimiento de Jesús. Al mismo tiempo, el Señor las conoce y les da vida eterna, y nunca perecerán y nadie podrá arrebatarlas de su mano.

¡Qué maravillosa seguridad y qué preciosas promesas para las ovejas del buen pastor! Para aquellos que buscan su rostro en oración y escudriñan su palabra día tras día, de modo que llegan a reconocer con facilidad su voz y se dejan guiar por él. ¿Te es difícil reconocer la voz del Señor? Si es así, busca una relación íntima con él. Dedica tiempo a meditar en su palabra y a orar cada día de tu vida. ¡No hay otra manera! Verás como poco a poco tu oído espiritual se irá afinando y te resultará fácil escuchar y reconocer la voz de tu pastor. Cuando tú escuches esa voz que habla a tu corazón, y obedezcas las instrucciones fielmente, entonces recibirás todas las bendiciones que él promete.

Oración:
Bendito y amado Padre, te doy gracias por Jesucristo, tu Hijo, quien dio su vida en la cruz para darme salvación y vida eterna. Por favor ayúdame a reconocer su voz por encima de todas las demás voces de este mundo, y a seguirle adonde quiera que él me guíe. En su santo nombre te lo ruego, Amén.

¡Gracia y Paz!

Dios te Habla

viernes, 16 de enero de 2015

¡AMA A TUS ENEMIGOS!


¡AMA A TUS ENEMIGOS!

"Oísteis que fue dicho: Amarás a tu prójimo, y aborrecerás a tu enemigo. Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen; para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y que hace llover sobre justos e injustos" (Mateo 5:43-45).

Los cristianos debemos amar a otros como Dios los ama. Esta es la norma del amor Divino. Dios nos ama porque Él escogió amarnos, no porque no lo merecíamos, sino sólo por Su gracia.

El amor no es un sentimiento sobre otra persona. El amor divino es una elección. Es algo posible y los cristianos debemos expresarlo con acciones piadosas. Debemos actuar siempre sobre lo que sabemos es correcto.

Jesús nos dio el ejemplo cuando oro por aquellos que lo estaban crucificando: "Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen" (Lucas 23:24).

La parábola del Buen Samaritano nos enseña a ver como vecinos a todos los hombres (Lucas 10:29.

Jesús definió a nuestros enemigos como aquellos que nos maldicen, nos odian, y egoístamente nos usan. Esta clase de personas son las que nos necesitan para enseñarles el amor. Recordemos que Él nos amó cuando éramos sus enemigos.

Jesús dijo en este contexto: "Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto" (Mateo 5:48). La palabra "perfecto" implica integridad y madurez como hijos de Dios. Esta madurez no la vamos a conseguir en nuestras propias fuerzas, la obtendremos en la medida que busquemos la presencia de Dios y obedezcamos su Palabra. De igual manera, no podremos amar a nuestros enemigos en nuestras propias fuerzas, necesitamos buscar a Cristo, quien nos dará la capacidad para lograrlo.


¡Gracia y Paz!

Mateo 3:1-3



Mateo 3:1-3

"En aquellos días llegó Juan el Bautista predicando en el desierto de Judea, diciendo: Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado. Porque este es aquel a quien se refirió el profeta Isaías, diciendo: VOZ DEL QUE CLAMA EN EL DESIERTO: “PREPARAD EL CAMINO DEL SEÑOR, HACED DERECHAS SUS SENDAS".

¿ERES TOLERANTE ANTE EL PECADO?


¿ERES TOLERANTE ANTE EL PECADO?

Apocalipsis 2:19-20
“Yo conozco tus obras, y amor, y fe, y servicio, y tu paciencia, y que tus obras postreras son más que las primeras. Pero tengo unas pocas cosas contra ti: que toleras que esa mujer Jezabel, que se dice profetisa, enseñe y seduzca a mis siervos a fornicar y a comer cosas sacrificadas a los ídolos”.

En la revelación que diera Jesucristo al apóstol Juan para las siete iglesias en Asia, se encuentra este mensaje a la iglesia de Tiatira. Aquí se mencionan unas cuantas buenas cualidades de esta iglesia, además de las buenas obras que habían hecho. La primera parte de la carta es realmente halagadora; sin embargo hay algo que, por sobre todas las cosas, resulta inadmisible para el Señor: Tolerar las cosas que están en contra de los principios de la Palabra de Dios.

El pasaje de hoy no dice que todos los miembros de esta iglesia practicaban la fornicación o comían cosas sacrificadas a los ídolos, sino que “toleraban” estas cosas. Quizás por temor, o por apatía o negligencia se mantenían indiferentes al pecado de algunos. Esta es una actitud que vemos con frecuencia en los tiempos actuales. Muchos cristianos viven con un constante temor de actuar o hablar en contra de los principios y conceptos que el mundo proclama, pues quienes lo hacen son generalmente acusados de “intolerantes” o “insensibles” o “radicales” o algo por el estilo. Esta situación ha ido empeorando con el tiempo, al punto que ha habido personas que han sido despedidas de sus empleos simplemente por haber expresado su sentir u opinión en relación a un cierto modo de comportamiento.

Por ejemplo, recientemente un empleado fue despedido de su trabajo porque expresó su manera de pensar, basada en la Palabra de Dios, acerca de la homosexualidad. Después que un homosexual se quejó ante sus jefes, este hombre fue expulsado de su trabajo, acusado nada menos que de “intolerante”. O sea, fue despedido no porque estuviese haciendo un mal trabajo; él perdió su empleo simplemente por expresar la opinión de Dios en relación a este asunto. Lo curioso del caso es que aquellos que lo acusaron de intolerante, mostraron con él una mayor intolerancia.

La Palabra de Dios es muy clara en cuanto a la homosexualidad. Por ejemplo, en 1 Corintios 6:9 leemos: “¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No erréis; ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones”. En muchos otros pasajes, la Biblia expresa el sentir de Dios ante el comportamiento homosexual. Entonces, ¿cómo debemos actuar los cristianos cuando en nuestros centros de trabajo o estudio, o en cualquier lugar en que nos encontremos, veamos actitudes o comportamientos que claramente están en contra de lo que enseña la Palabra de Dios?

En su primera carta, el apóstol Pedro nos dice lo que debemos hacer: “Por tanto, no os amedrentéis por temor de ellos, ni os conturbéis, sino santificad a Dios el Señor en vuestros corazones, y estad siempre preparados para presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros” (1 Pedro 3:14-15). La palabra clave en este pasaje es “mansedumbre”. Esto es, controlando nuestras emociones, con respeto, con amor, expresemos la verdad del evangelio que es la razón de la esperanza que hay en nosotros. No le resultó fácil al apóstol Pablo predicar la verdad del evangelio entre los gentiles y todos aquellos que se oponían a su predicación. Pero en el poder del Espíritu Santo dijo: “Por tanto, yo te confesaré entre los gentiles, y cantaré a tu nombre” (Romanos 15:9).

Si te encuentras en una situación en la que el comportamiento de los que te rodean está en contra de la Palabra de Dios, ora y pide al Espíritu Santo que te dé sabiduría y discernimiento espiritual para hablar y actuar conforme a su voluntad.

Oración:
Padre santo, no quiero ser indiferente al pecado y la iniquidad que se mueven alrededor de mí. Por favor ayúdame a actuar siempre de manera que tu nombre sea glorificado. Por Cristo Jesús, Amén.

¡Gracia y Paz!

Dios te Habla

jueves, 15 de enero de 2015

EN EL MATRIMONIO SE REQUIERE UN TRATO DE AMOR Y RESPETO (Efesios 5:33)


EN EL MATRIMONIO SE REQUIERE UN TRATO DE AMOR Y RESPETO (Efesios 5:33). A la hora de resolver las diferencias que se presentan, el amor motivará a la pareja a pasar por alto errores pasados —y las heridas emocionales que se produjeron— y a centrarse en el problema que tengan (1 Corintios 13:4, 5; 1 Pedro 4:8). El respeto es fundamental, pues la persona que respeta a su cónyuge deja que este hable y se esfuerza de corazón por entender lo que quiere decir, y no solo lo que dice.

Examina estos pasos y observa de qué manera pueden ayudarte los principios bíblicos a resolver los problemas con amor y respeto.

1. Fija un momento para hablar del tema. “Para todo hay un tiempo señalado [...]; tiempo de callar y tiempo de hablar” (Eclesiastés 3:1, 7). Resuelve el problema cuando ya estén calmados y “Que no se ponga el sol sobre su enojo” (Efesios 4:26).

2. Expresa tu opinión con franqueza y respeto. “Hable verdad cada uno de ustedes con su prójimo” (Efesios 4:25). Recuerda que el objetivo al hablar de un problema no el de ganar una batalla ni vencer a un enemigo.

3. Escucha a tu cónyuge y procura comprender sus sentimientos. El discípulo Santiago escribió que el cristiano debe ser “pronto para oír, tardo para hablar, tardo para airarse” (Santiago 1:19). Pocas cosas causan más desdicha en un matrimonio que el sentimiento de que el otro no entiende cómo uno se siente ante un problema en particular. Por esa razón, toma la determinación de no darle esa impresión a tu cónyuge, es decir, trátalo como quieras que te traten a ti (Mateo 7:12).

Respeta la dignidad de tu cónyuge, dándole la oportunidad de que exprese su opinión sin interrupciones. Luego, para asegurarte de que le has comprendido bien, dile con tus propias palabras lo que tú entendiste. Claro está, no le hables con sarcasmo ni agresividad. Permite que te corrija si hubo algo que no captaste bien. En vez de dominar la conversación, túrnate con tu conyugue en el uso de la palabra hasta que ambos entiendan lo que piensa y siente el otro sobre el asunto. Es cierto que se necesita humildad y paciencia para escuchar atentamente a tu cónyuge y procurar entender su opinión. Pero si tu lo honras de esa forma, será más probable que él haga lo mismo contigo (Mateo 7:2; Romanos 12:10).

4. Acuerden una solución. “Mejores son dos que uno, porque tienen buen galardón por su duro trabajo. Pues si uno de ellos cae, el otro puede levantar a su socio” (Eclesiastés 4:9, 10.) Es muy difícil que los problemas maritales se arreglen sin la colaboración y el apoyo mutuo de los cónyuges.

Es verdad que Dios ha nombrado al esposo cabeza de familia (1 Corintios 11:3; Efesios 5:23). Pero eso no le da derecho a ser un dictador. El esposo prudente no toma decisiones arbitrarias. No se trata de “pelear” por quién tiene razón. A veces solo se tienen distintas opiniones sobre cómo resolver un problema. La clave es ser razonable y flexible.

¡Gracia y Paz!
Edificando Matrimonios conforme al Propósito de Dios.

¿EL DIEZMO SALVA?


El diezmo como obra de la ley NUNCA justificará, como obligación NUNCA te devolverá lo que diste, como medio de salvación, TE ENGAÑARON; pero como un principio y una medida generosa SIEMPRE será de bendición para ti.

2 corintios 9:6-13
“Pero esto digo: El que siembra escasamente, también segará escasamente; y el que siembra generosamente, generosamente también segará. Cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre. Y poderoso es Dios para hacer que abunde en vosotros toda gracia, a fin de que, teniendo siempre en todas las cosas todo lo suficiente, abundéis para toda buena obra; como está escrito: Repartió, dio a los pobres; Su justicia permanece para siempre. Y el que da semilla al que siembra, y pan al que come, proveerá y multiplicará vuestra sementera, y aumentará los frutos de vuestra justicia, para que estéis enriquecidos en todo para toda liberalidad, la cual produce por medio de nosotros acción de gracias a Dios. Porque la ministración de este servicio no solamente suple lo que a los santos falta, sino que también abunda en muchas acciones de gracias a Dios; pues por la experiencia de esta ministración glorifican a Dios por la obediencia que profesáis al evangelio de Cristo, y por la liberalidad de vuestra contribución para ellos y para todos”


¡Gracia y Paz!
Por: Gregorio Makridis

¡PREDICA LA VERDAD!




¡DESPIÉRTATE, TÚ QUE DUERMES!


¡DESPIÉRTATE, TÚ QUE DUERMES!

Efesios 5:8-17
“Porque en otro tiempo erais tinieblas, mas ahora sois luz en el Señor; andad como hijos de luz (porque el fruto del Espíritu es en toda bondad, justicia y verdad), comprobando lo que es agradable al Señor. Y no participéis en las obras infructuosas de las tinieblas, sino más bien reprendedlas; porque vergonzoso es aun hablar de lo que ellos hacen en secreto. Mas todas las cosas, cuando son puestas en evidencia por la luz, son hechas manifiestas; porque la luz es lo que manifiesta todo. Por lo cual dice: Despiértate, tú que duermes, y levántate de los muertos, y te alumbrará Cristo. Mirad, pues, con diligencia cómo andéis, no como necios sino como sabios, aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos. Por tanto, no seáis insensatos, sino entendidos de cuál sea la voluntad del Señor.”

En algunas regiones de África Central, muchas personas han sido afectadas por una enfermedad conocida como “la enfermedad del sueño”. En una epidemia que ocurrió entre 1901 y 1904, murieron más de 100,000 personas en una sola provincia. Esta enfermedad es causada por un parásito que transporta una mosca llamada tse-tsé. Cuando la mosca pica a una persona le transfiere el parásito, el cual se multiplica lenta pero firmemente en la sangre de la víctima. Es un proceso que no produce dolor, sino que se manifiesta con un estado de somnolencia hasta que finalmente causa la muerte de la persona infectada.

En el aspecto espiritual hay una “enfermedad” que se manifiesta de manera similar. Nuestro enemigo el diablo muchas veces utiliza la técnica de “adormecernos” o insensibilizarnos en nuestra vida espiritual con el fin de afectar nuestra comunión con Dios, detener nuestro crecimiento espiritual y separarnos de la presencia del Señor lo que eventualmente produce la muerte espiritual que no es más que la separación de Dios. Con este fin nos incita a que utilicemos nuestro tiempo en cosas que no nos edifican espiritualmente. Un ejemplo es la televisión. ¿Cuántas horas pasamos frente al televisor viendo una novela, o un evento deportivo o cualquier otra cosa? No es que todo lo que vemos en la televisión sea pecaminoso, pero es cierto que a veces dedicamos demasiado tiempo a esta actividad, y por lo tanto no dejamos lugar para edificarnos espiritualmente.

También, en estos tiempos modernos, la aparición del Internet ha dado lugar a otra forma de “adormecernos” en nuestra actividad espiritual. Muchas veces nos envolvemos tanto en este medio que no nos percatamos de que el tiempo ha pasado, y ya no hay tiempo para leer la Biblia, u orar, o hacer una llamada a un hermano enfermo o participar en alguna actividad de la iglesia que glorifique el nombre de Dios. Pero, ¿qué podemos hacer para evitar este adormecimiento espiritual?

En primer lugar, tenemos que estar conscientes del peligro de caer en esa pereza espiritual. Antes de que se conociese la relación de la mosca tse-tsé con la enfermedad del sueño, nadie se preocupaba por espantar las moscas. Después de descubrir la causa, la actitud de todo el mundo cambió e incluso el gobierno comenzó a limpiar el área de alrededor de las casas. Cortaron los matorrales y rociaron los criaderos con insecticida. Así crearon un medio ambiente donde la mosca no podía desarrollarse. En el aspecto espiritual es necesario crear un medio ambiente de limpieza para el alma, buscando diariamente una comunión con el Señor por medio de la oración y el estudio de la palabra de Dios. Las “moscas” de la tentación y del pecado no nos infestarán si mantenemos nuestra vida limpia y fortalecida con el poder de la palabra de Dios. La escritura de hoy nos exhorta a andar como sabios, “aprovechando bien el tiempo”, y a no ser “insensatos, sino entendidos de cuál sea la voluntad del Señor”.

Hay un viejo dicho popular que dice: “Camarón que se duerme, se lo lleva la corriente”. Si no quieres que la corriente del pecado te lleve a la destrucción, despierta del sueño espiritual, y dale prioridad a la búsqueda de la voluntad de Dios y a obedecerla para que su luz redentora alumbre tu vida. Así dice el pasaje de hoy: “Despiértate, tú que duermes, y levántate de los muertos, y te alumbrará Cristo”.

Oración:
Amado Padre, por favor ayúdame a permanecer activo en las cosas de tu reino, y no permitas que las cosas de este mundo desvíen mi atención de lo que debe ser una prioridad: buscar tu voluntad y obedecerte. En el nombre de Jesús, Amén.

¡Gracia y Paz!

Dios te Habla