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jueves, 10 de julio de 2014
20 CONSEJOS PARA SALVAR TU MATRIMONIO
20 consejos para
salvar tu matrimonio
Gerald Rogers es un ciudadano norte-americano que desde
hace varios años realiza charlas motivaciones. Tiene cuatro hijos, y llevaba un
matrimonio de 16 años con su esposa Jana. Pero, tristemente, su relación llegó oficialmente
a su fin.
Y en lugar de lamentarse y no hacer nada, Gerald decidió
sentarse frente a su computador y escribir todo lo que hará diferente la
próxima vez que esté casado, porque está convencido de que alguna vez de nuevo
tendrá ese estado civil que dice "amar".
Sin embargo no quería guardar sus pensamientos sólo para
él, por lo que aquí compartimos 20 recomendaciones que -afirma- están
orientadas a "aquellos esposos jóvenes cuyos corazones aún están llenos de
esperanza, y a esas parejas quienes quizá olvidaron cómo amar".
"Si tu matrimonio no es lo que tú querías que fuera,
toma 100% de tu responsabilidad y comprométete a aplicar estos consejos
mientras sea tiempo", anima Gerald. Y aunque su mensaje está dirigido
principalmente a los hombres, sostiene que también puede servirle a las
mujeres.
Los tips de este hombre divorciado han tenido tanto
éxito, que ya han sido compartidos casi 130 mil veces en su cuenta de facebook.
A continuación te mostramos un resumen de ellos: “CONSEJOS SOBRE EL MATRIMONIO
QUE ME HUBIERA GUSTADO TENER”.
1.- Nunca dejes de cortejar. Nunca dejen de salir. Nunca
jamás creas que la tienes asegurada. Nunca te olvides de que ella te eligió,
así que no puedes ponerte flojo con tu amor.
2.- Protege tu propio corazón y ámate a ti mismo. Pero
reserva un lugar especial en tu corazón donde nadie más que tu esposa pueda
entrar.
3.- Enamórate una y otra y otra vez. Siempre habrá
cambios, tanto en ella como en ti, y es por eso que ambos tendrán que
reelegirse todos los días. Cuida su corazón, sino ella puede dárselo a otro y
quizás nunca lo recuperes. Siempre lucha por ganar su amor tal como lo hiciste
cuando la cortejabas.
4.- Siempre ve lo mejor de ella. Enfócate en lo que amas
y no en lo que te molesta, y así te darás cuenta de que eres el hombre más
afortunado sobre la Tierra por tener a esa mujer como esposa.
5.- No es tu trabajo corregirla. Debes amarla tal como
es, sin esperar que ella cambie. Y si lo hace, ama en lo que se convierta.
6.- Hazte responsable de tus propias emociones. No es
trabajo de tu esposa hacerte feliz, tú debes buscar tu propia felicidad y
cuando la encuentres, tu alegría inundará tu relación de pareja.
7.- Nunca culpes a tu esposa si tú te frustras o enojas
con ella. Son tus emociones y es tu responsabilidad. Cuando te sientas así,
tómate tu tiempo y mira hacia tu interior.
8.- Déjala ser. Cuando esté triste o molesta, tu único
trabajo es abrazarla y apoyarla. Hazle saber que la escuchas, que ella es
importante y que tú eres el pilar sobre el cual siempre puede apoyarse. Así
confiará en ti y te abrirá su alma. Nunca escapes a estos momentos, quédate y
sé fuerte.
9.- Sé tonto. No te tomes todo tan seriamente. Ríe y haz
que ella se ría. La risa hace todo mucho más fácil.
10.- Llena todos los días su alma. Conoce las maneras en
que ella se siente importante, validada y apreciada. Pídele que haga una lista
con 10 cosas que la hacen sentir amada, memorízalas y aplícalas todos los días
para hacerla sentir como una reina.
11.- Hazte presente. No sólo le des tu tiempo, sino
también tu atención y tu alma. Trátala como si fuera tu cliente más valioso, al
que no puedes perder.
12.- Estimula su sexualidad. Déjala que se derrita en su
suavidad femenina, mientras sepa que puede confiar plenamente en ti.
13.- No seas tonto, pero tampoco temas ser uno. Cometerás
errores, pero intenta que éstos no sean demasiado grandes y aprende de ellos.
No se supone que seas perfecto, pero sólo trata de no ser tan bobo.
14.- Dale su espacio. Las mujeres son buenas para
entregar y entregar, y a veces necesitan que se les recuerde que se tomen el
tiempo para ellas mismas, sobre todo si tienen niños. Ellas necesitan ese
espacio para renovarse, recentrarse y reencontrarse.
15.- Sé vulnerable. Puedes perder tu entereza de vez en
cuando, y compartir tus miedos y sentimientos.
16.- Sé totalmente transparente. Si quieres que ella
confíe en ti, debes compartirlo todo, en especial lo que no quieres compartir.
Quítate la máscara y así podrás experimentar el amor en toda su dimensión.
17.- Nunca dejen de crecer juntos. Cuando dejas de
trabajar los músculos, éstos se atrofian. Lo mismo ocurre con las relaciones.
Busquen metas comunes, sueños y visiones en las que pueden trabajar como un
equipo.
18.- No te preocupes por el dinero. Si es posible trabajen
juntos y busquen la forma de equilibrar las fuerzas de ambos para ganarlo.
19.- Perdona de inmediato y concéntrate en el futuro.
Aferrarse a los errores del pasado que tú o ella hayan cometido, es una pesada
ancla que siempre detendrá a tu matrimonio. El perdón es libertad.
20.- Siempre elige el amor. En definitiva, éste es el
único consejo que necesitas. Si éste es el principio que te guía, nada
amenazará la felicidad de tu matrimonio.
Efesios 5:28
“Así los maridos deben amar a sus esposas
como a sus propios cuerpos. El que ama a su esposa, a sí mismo se ama”.
¡Gracia y Paz!
Edificando Matrimonios conforme al Propósito de Dios
Editado por Carlos Martínez M.
Fuente: La Estrella del Oriente
ORACIÓN
La Palabra de Dios nos alerta en cuanto al peligro de
tomar el camino ancho y espacioso, pues ese lleva a la perdición y a la muerte,
y nos exhorta a tomar el camino estrecho y angosto de la entrega y obediencia
al Señor, el cual es menos atractivo, pero conduce a la vida eterna. Si has
elegido el camino angosto, ¡Gloria a Dios! ¡Tomaste la decisión correcta! De lo
contrario, detente, recapacita, y cambia tu dirección antes de que sea
demasiado tarde. Dios siempre está dispuesto a recibir con los brazos abiertos
a los que se vuelven a él arrepentidos.
ORACIÓN:
Amoroso Padre Celestial, perdóname todas mis debilidades
y flaquezas. Dame fortaleza para resistir el mal que aún mora en mí. Gracias te
doy Señor por tu infinita Gracia y Misericordia y por proveerme el camino de tu
Hijo Cristo Jesús que me conduce hasta ti. Dame sabiduría y la templanza
necesaria para apartarme de todos los demás caminos y a concentrarme en caminar
sólo por ese camino estrecho que lleva a la vida eterna. En el nombre de Jesús,
Amén.
¡Gracia y Paz!
¿ESTÁS ELIGIENDO BIEN LA PUERTA?
¿Estás eligiendo bien
la puerta?
Mateo 7:13-14
“Entrad por la puerta estrecha; porque ancha
es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los
que entran por ella; porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que
lleva a la vida, y pocos son los que la hallan”
Es muy común oír decir que para ir al cielo debemos
portarnos bien, hacer obras de caridad, no decir mentiras, etc. Sin embargo la
Biblia dice en Efesios 2:8-9: “Porque por gracia sois salvos por medio de la
fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se
gloríe”. O sea, nuestra entrada al cielo no depende de las buenas obras que
hagamos. Por mucho que tratemos, debido a nuestra naturaleza pecaminosa,
nosotros no somos capaces de hacer nada para ganarnos el cielo. El cielo es un
regalo de Dios; eso es lo que quiere decir “don de Dios”. Y seguidamente
aclara: “no por obras, para que nadie se gloríe”. El pecado original en el
huerto del Edén nos hizo a todos pecadores. Así dice Romanos 3:23: “Por cuanto
todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios”. Y Romanos 6:23 dice
que “la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en
Cristo Jesús Señor nuestro”. Precioso regalo de Dios, quien nos amó tanto que
“ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda,
mas tenga vida eterna” (Juan 3:16).
Por todo esto podemos afirmar que hay una sola manera y
un solo camino para llegar al cielo: el Señor Jesucristo. Así lo dijo Jesús a
sus discípulos poco tiempo antes de dar su vida en la cruz del calvario: “Yo
soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí” (Juan
14:6). Y hay también una sola puerta que lleva a la vida. En Juan capítulo 10,
Jesús dice: “Yo soy la puerta; el que por mí entrare, será salvo; y entrará, y
saldrá, y hallará pastos”. Y entonces agrega: “Yo he venido para que tengan
vida, y para que la tengan en abundancia”.
En la escritura de hoy, parte del Sermón del monte, Jesús
nos habla de dos puertas, una ancha y otra estrecha; y nos habla también de dos
caminos, uno espacioso y otro angosto. Estas son las alternativas que se
presentan ante cada ser humano en este mundo. La puerta ancha y el camino
espacioso representan la vida cómoda y placentera tan preferida por nuestra
naturaleza carnal, pero que “lleva a la perdición”, nos advierte el Señor.
Proverbios 16:25 lo define de esta manera: “Hay camino que parece derecho al
hombre, pero su fin es camino de muerte”. Por el contrario la puerta estrecha y
el camino angosto implican incomodidades, dificultades, sacrificios de parte de
quienes escojan esta alternativa. Pero su final es “la vida”. Y el pasaje finaliza
diciendo que “pocos son los que la hallan”.
Hace años, un barco que pasaba por debajo de un puente en
St. Petersburgh, Florida, golpeó accidentalmente una de sus columnas y ésta se
quebró, haciendo que parte del puente cayera al vacío. Era de noche y varios
automóviles que en ese momento trataban de cruzar el puente, sin percatarse de
lo que había sucedido, cayeron al mar. Un automovilista que venía a corta
distancia se dio cuenta y pudo frenar a tiempo. Enseguida se bajó de su auto, y
comenzó a hacer señas a los que se acercaban para que se detuvieran, pero
ninguno hizo caso, quizás pensando que él estaba pidiendo ayuda. Continuaron su
camino y este hombre, con horror, pudo ver como uno a uno esos vehículos caían
al vacío. Finalmente algunos se dieron cuenta y comenzaron a detenerse antes de
llegar al enorme hueco en el puente. Muchos fueron los que murieron aquella
noche sólo por no hacer caso a la voz que los alertaba del peligro.
La Palabra de Dios nos alerta en cuanto al peligro de
tomar el camino ancho y espacioso, pues ese lleva a la perdición y a la muerte,
y nos exhorta a tomar el camino estrecho y angosto de la entrega y obediencia
al Señor, el cual es menos atractivo, pero conduce a la vida eterna. Si has
elegido el camino angosto, ¡Gloria a Dios! ¡Tomaste la decisión correcta! De lo
contrario, detente, recapacita, y cambia tu dirección antes de que sea
demasiado tarde. Dios siempre está dispuesto a recibir con los brazos abiertos
a los que se vuelven a él arrepentidos.
ORACIÓN:
Amoroso Padre Celestial, perdóname todas mis debilidades
y flaquezas. Dame fortaleza para resistir el mal que aún mora en mí. Gracias te
doy Señor por tu infinita Gracia y Misericordia y por proveerme el camino de tu
Hijo Cristo Jesús que me conduce hasta ti. Dame sabiduría y la templanza
necesaria para apartarme de todos los demás caminos y a concentrarme en caminar
sólo por ese camino estrecho que lleva a la vida eterna. En el nombre de Jesús,
Amén.
¡Gracia y Paz!
Dios te Habla
miércoles, 9 de julio de 2014
ORACION
Busca el rostro del Señor cada día en oración, escudriña
su Palabra, medita en ella y obedécela aplicándola en tu vida diaria. Así
establecerás una íntima comunión con Dios y podrás afirmar que tú habitas bajo
su abrigo, y por lo tanto disfrutarás de su protección y de sus bendiciones.
ORACIÓN:
Dios de amor, de misericordia y de poder, yo quiero
disfrutar de tus promesas de cuidado y protección para tus hijos. Por favor,
ayúdame a vivir bajo tu sombra y tu abrigo cada día de mi vida. Aumenta mi fe y
dame fuerzas para obedecer tu palabra y permanecer siempre en tus caminos. En
el nombre de Jesús, Amén.
¡Gracia y Paz!
¿CAMINAS TÚ AL ABRIGO DEL ALTÍSIMO?
¿Caminas tú al
abrigo deL ALTÍSIMO?
Salmo 91:1-11
“El que habita al abrigo del Altísimo morará
bajo la sombra del Omnipotente. Diré yo a Yahweh: Esperanza mía, y castillo
mío; mi Dios, en quien confiaré. El te librará del lazo del cazador, de la
peste destructora. Con sus plumas te cubrirá, y debajo de sus alas estarás
seguro; Escudo y adarga es su verdad. No temerás el terror nocturno, ni saeta
que vuele de día, Ni pestilencia que ande en oscuridad, ni mortandad que en
medio del día destruya. Caerán a tu lado mil, y diez mil a tu diestra; mas a ti
no llegará. Ciertamente con tus ojos mirarás y verás la recompensa de los
impíos. Porque has puesto a Yahweh, que es mi esperanza, al Altísimo por tu
habitación, No te sobrevendrá mal, ni plaga tocará tu morada. Pues a sus
ángeles mandará acerca de ti, que te guarden en todos tus caminos”
Desde Génesis hasta Apocalipsis, la Biblia nos enseña que
cuando buscamos el rostro del Señor, y nos esforzamos por vivir bajo sus
reglas, podremos siempre estar seguros de que contaremos con su cuidado y su
protección. En el Salmo 91 encontramos unas cuantas promesas de Dios para los
que “habitan al abrigo del Altísimo”. Aquellos que han decidido vivir bajo la
voluntad y la dirección del Señor pueden decir, como el salmista: “Esperanza
mía, y castillo mío; mi Dios, en quien confiaré”.
La siguiente historia nos da una prueba evidente de la
verdad que envuelve esta escritura:
Diana, una joven universitaria y consagrada cristiana,
estaba de vacaciones en su pueblo durante el verano. Aquella tarde fue a
visitar unas amigas y mientras conversaban acerca de sus respectivas
experiencias durante el pasado año, el tiempo pasó rápidamente y la noche llegó
sin apenas darse cuenta. Ahora Diana tenía que regresar sola a su casa.
Mientras caminaba en la soledad y oscuridad de la noche Diana oraba pidiendo a
Dios que la protegiera de cualquier peligro. Llegó frente a un callejón por el
cual solía cortar camino para llegar a su casa y después de vacilar por unos
segundos decidió cruzar por allí. Cuando iba aproximadamente por la mitad del
callejón notó que había un hombre parado al final como si estuviera esperando
por ella. Se sintió un poco nerviosa y de nuevo oró a Dios pidiendo su
protección. Inmediatamente una sensación de profunda paz y seguridad la
envolvió totalmente. Sintió como si alguien estuviese caminando junto a ella.
Cuando llegó al final del callejón, le pasó por al lado a aquel hombre y
continuó su camino llegando a su casa sin problemas. Al día siguiente leyó en
el periódico que una joven había sido violada en aquel callejón unos veinte
minutos después que ella pasó por allí. Sintiéndose impactada por esta tragedia
y al pensar que bien pudo haber sido ella, comenzó a llorar dándole gracias al
Señor por su protección y pidiéndole que ayudara a aquella pobre muchacha.
Entonces sintió que debía ir a la policía pues ella
podría ayudar a identificar al violador. Después de contarles su historia, allí
le preguntaron si ella estaría dispuesta a tratar de reconocer a aquel hombre
entre un grupo de sospechosos. Ella asintió e inmediatamente señaló al hombre
que ella había visto la noche antes en el callejón. Cuando le dijeron al hombre
que había sido identificado, no le quedó otro remedio que confesar. El oficial
le dio las gracias a Diana por su ayuda y le preguntó si habría algo que ellos
pudieran hacer por ella. Ella le pidió que le hicieran al hombre una pregunta.
Realmente ella sentía una enorme curiosidad por saber el por qué él no la había
atacado a ella. Cuando el policía le preguntó, el hombre contestó: “Porque con
ella iban dos hombres muy altos, uno a cada lado”.
“A sus ángeles mandará acerca de ti, que te guarden en
todos tus caminos”. Al igual que Diana, tú puedes hacer tuyas las promesas de
Dios, si vives bajo su manto protector. Busca el rostro del Señor cada día en
oración, escudriña su Palabra, medita en ella y obedécela aplicándola en tu
vida diaria. Así establecerás una íntima comunión con Dios y podrás afirmar que
tú habitas bajo su abrigo, y por lo tanto disfrutarás de su protección y de sus
bendiciones.
ORACIÓN:
Dios de amor, de misericordia y de poder, yo quiero
disfrutar de tus promesas de cuidado y protección para tus hijos. Por favor,
ayúdame a vivir bajo tu sombra y tu abrigo cada día de mi vida. Aumenta mi fe y
dame fuerzas para obedecer tu palabra y permanecer siempre en tus caminos. En
el nombre de Jesús, Amén.
¡Gracia y Paz!
Dios te Habla
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martes, 8 de julio de 2014
ORACION
Si deseamos crecer espiritualmente debemos aprender a
mantenernos en la presencia de Dios, escuchar su voz y obedecer sus
instrucciones. Cuando la tentación toque a nuestra puerta, cuando esos
pensamientos pecaminosos vengan a nuestra mente, cuando las circunstancias a nuestro
alrededor sean propicias para actuar conforme a “los deseos de la carne”, entonces
arrodillémonos ante el trono de la gracia y humildemente confesar nuestra
debilidad al Señor y suplicarle que su Santo Espíritu tome control de nuestra
mente, de nuestro corazón y de nuestro espíritu. Entonces podremos “andar en el
Espíritu”.
ORACIÓN:
Padre santo, yo anhelo caminar en tu Espíritu siempre.
Reconozco que soy incapaz de hacerlo por mí mismo, pero sé que todo lo puedo en
Cristo que me fortalece. Ayúdame a rendirme a ti totalmente, y que tu Espíritu
controle cada área de mi vida. En el nombre de Jesús, Amén.
¡Gracia y Paz!
¿ESTÁS CUIDANDO TU CRECIMIENTO ESPIRITUAL?
¿Estás cuidando tu
crecimiento Espiritual?
Gálatas 5:16-23
“Digo, pues: Andad en el Espíritu, y no
satisfagáis los deseos de la carne. Porque el deseo de la carne es contra el
Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne; y éstos se oponen entre sí,
para que no hagáis lo que quisiereis. Pero si sois guiados por el Espíritu, no
estáis bajo la ley. Y manifiestas son las obras de la carne, que son:
adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, idolatría, hechicerías,
enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias,
homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas; acerca de las
cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales
cosas no heredarán el reino de Dios. Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo,
paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales
cosas no hay ley”
En esta escritura, el apóstol Pablo escribe una lista de
“las obras de la carne”, es decir las acciones que normalmente ejecuta el ser humano
guiado por “los deseos” de su naturaleza carnal. Producto de aquel primer
pecado de Adán y Eva, el cual los separó de su Creador, y que ha sido
transmitido de generación en generación a través de los siglos, todos hemos
nacido con esta tendencia hacia el pecado. La terrible consecuencia es “que los
que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios”. La muerte y
resurrección de Jesucristo no sólo nos ha justificado delante de Dios, sino que
también nos ha capacitado para rechazar esos deseos carnales y vivir una vida
agradable a nuestro Padre celestial por medio del poder del Espíritu Santo que
viene a morar en todos los que hemos aceptado a Jesús como nuestro suficiente salvador.
Dice Pablo que debemos andar en el Espíritu para no satisfacer
los deseos de la carne. Esto es muy fácil decirlo, pero muy difícil hacerlo,
simplemente porque nuestra naturaleza pecaminosa se opone rotundamente a todo
lo que proviene del Espíritu Santo. Pareciera imposible para nosotros, por
mucho que lo deseemos, andar en el Espíritu por nuestras propias fuerzas. De
hecho, la única manera de caminar en el Espíritu es estar conscientes de
nuestra incapacidad para lograrlo y entonces clamar a Dios por su ayuda.
“Andar en el Espíritu” implica que renunciemos a nuestros
propios deseos, rendirnos a la autoridad de Cristo, y permitir que el Espíritu
Santo controle nuestras acciones. Es morir a los deseos de la carne y vivir a
semejanza la vida que Jesucristo vivió. El apóstol Pablo entendió perfectamente
este concepto y así escribió en esta carta a los Gálatas: “Con Cristo estoy
juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora
vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se
entregó a sí mismo por mí” (Gálatas 2:20). Esta debe ser la meta ideal de todo
cristiano. Para ello debemos pasar por un proceso en el cual el Espíritu Santo
nos va puliendo, pero al mismo tiempo nosotros debemos hacer un esfuerzo para
rechazar los deseos que antes nos controlaban, y así dar lugar a que se
manifieste la vida de Cristo.
Habrá ocasiones en las que fallemos. Quizás en algunos
momentos de debilidad cometamos errores que pongan de manifiesto nuestra vieja
naturaleza. Pero estos son momentos que Dios puede usar para instruirnos y
capacitarnos para seguir adelante con más conocimiento y poder. Sin embargo es
necesario que estemos prestos a escuchar la voz del Espíritu Santo. Nada debe
distraernos, ni debemos tratar de arreglar las cosas por nosotros mismos.
Dejemos que Jesús nos muestre el camino. Demos el primer paso sometiéndonos a
la voluntad de Dios para que Él nos dé discernimiento espiritual.
Si deseamos crecer espiritualmente debemos aprender a
mantenernos en la presencia de Dios, escuchar su voz y obedecer sus
instrucciones. Cuando la tentación toque a nuestra puerta, cuando esos
pensamientos pecaminosos vengan a nuestra mente, cuando las circunstancias a nuestro
alrededor sean propicias para actuar conforme a “los deseos de la carne”, entonces
arrodillémonos ante el trono de la gracia y humildemente confesar nuestra
debilidad al Señor y suplicarle que su Santo Espíritu tome control de nuestra
mente, de nuestro corazón y de nuestro espíritu. Entonces podremos “andar en el
Espíritu”.
ORACIÓN:
Padre santo, yo anhelo caminar en tu Espíritu siempre.
Reconozco que soy incapaz de hacerlo por mí mismo, pero sé que todo lo puedo en
Cristo que me fortalece. Ayúdame a rendirme a ti totalmente, y que tu Espíritu
controle cada área de mi vida. En el nombre de Jesús, Amén.
¡Gracia y Paz!
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lunes, 7 de julio de 2014
¿AÚN VIVES CON TEMOR?
¿Aún vives con
temor?
2 Timoteo 1:7
“Porque no nos ha dado Dios espíritu de
cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio”
Hay cristianos que nunca han conocido verdaderamente el
amor de Dios. Ellos viven un cristianismo legalista donde las reglas son las
que gobiernan la “relación” con Dios. Si cumplen ciertas leyes, “Dios no les
castiga”. Viven practicando una religión bajo temor. La Biblia enseña
claramente que el cristiano no debe vivir bajo el temor pues el temor no
proviene de Dios. Así dice el pasaje de hoy.
Por la obra de la sangre de Jesús derramada en la cruz
del Calvario, los creyentes hemos pasado de la esclavitud del pecado y el temor
a la condición de hijos de Dios, lo cual nos hace sus herederos. Así dice
Gálatas 4:7: “Así que ya no eres esclavo, sino hijo; y si hijo, también
heredero de Dios por medio de Cristo”. Es decir, nuestra vida entra en contacto
directo con el amor y el poder del Padre Celestial. Se origina entonces una
relación sublime y perfecta que no se puede comparar con nada. El amor de Dios
es más que un sentimiento, es una manifestación especial de la bondad, el
cuidado y la protección del Padre celestial para con sus hijos. Es por eso que
si caminamos bajo ese precioso amor no puede haber temor en nuestras vidas. El
apóstol Juan, en su primera carta, lo afirma de esta manera: “En el amor no hay
temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor; porque el temor lleva en
sí castigo. De donde el que teme, no ha sido perfeccionado en el amor” (1 Juan
4:18).
El temor asustadizo que nos oprime y nos hace vivir en
una esclavitud espiritual nunca proviene del Señor. En Cristo siempre hay
verdadera libertad. El temor abre las puertas a la influencia del mal y nos
hace vivir bajo condenación y castigo continuo. El amor, por el contrario,
espanta las fuerzas del mal que no resisten la manifestación de la esencia
misma de Dios, pues “Dios es amor”, dice 1 Juan 4:8. Todo lo que viene de Dios
rechaza el temor que viene del enemigo. La fe, que es don de Dios, no permite
que el temor nos controle.
En una ocasión, los discípulos se encontraron en medio
del mar azotados por una violenta tormenta que amenazaba con hundir la barca
(Mateo 14:28-31). Sin saber qué hacer, llenos de temor estaban cuando Jesús se
les acercó andando sobre el mar y les dijo: “¡Confiad; yo soy, no temáis!” Tan
pronto ellos reconocieron a Jesús, y confiaron en él, los vientos se calmaron,
y vino la paz, y el temor desapareció. Fue entonces que el impetuoso Pedro le
dijo a Jesús: “Señor, si eres tú, manda que yo vaya a ti sobre las aguas”. Y el
Señor le dijo: “Ven.” Pedro descendió de la barca y “andaba sobre las aguas
para ir a Jesús”. Pero de pronto tuvo miedo y comenzó a hundirse. Entonces
gritó: "¡Señor, sálvame!" Inmediatamente Jesús, extendiendo la mano,
asió de él, y le dijo: “¡Hombre de poca fe! ¿Por qué dudaste?” La falta de fe
resulta en temor; por el contrario cuando confiamos plenamente en que Dios está
con nosotros, el temor desaparece.
A través de toda la Biblia, Dios nos dice con toda
claridad que él estará con nosotros siempre, cada día de nuestras vidas, hasta
el fin del mundo. Y Romanos 8:31 dice que “si Dios es por nosotros, ¿quién
contra nosotros?” Esto debe ser suficiente para calmar nuestros temores, pero
tenemos que creerlo, tenemos que confiar en el amor y la protección de nuestro
Dios. Medita en el pasaje de hoy. Dios no te ha dado “espíritu de cobardía”,
sino todo lo contrario, en ti reside un espíritu “de poder, de amor y de
dominio propio”. Créelo de todo corazón, confía en la verdad de la Palabra de
Dios y vivirás una vida de paz y tranquilidad.
Si sientes temor en tu vida, es imprescindible que te
liberes de él. Cristo ha pagado por ti un precio muy alto para que ahora puedas
vivir bajo una libertad espiritual completa. El salmista dijo: “Busqué al
Señor, y él me oyó, y me libró de todos mis temores. Los que miraron a él
fueron alumbrados, y sus rostros no fueron avergonzados” (Salmo 34:4-5). Haz
como el salmista, busca al Señor cada día de tu vida, conócele íntimamente y
permite que su amor inunde todo tu ser, porque en la medida que eres
perfeccionado en el amor de Dios más se fortalecerá tu fe y dejarás de vivir
bajo el temor.
ORACIÓN:
Gracias, mi Dios, porque a través de la sangre de Cristo,
puedo vivir bajo tu amor y no bajo el temor del enemigo. Te ruego aumentes mi
fe para vivir cada día en la libertad de tu Espíritu. En el nombre de Jesús,
Amén.
¡Gracia y Paz!
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