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viernes, 27 de marzo de 2015
¿CÓMO EVITAS EL PECADO?
Salmo 116:5-8
“Clemente es Yahweh, y justo; sí,
misericordioso es nuestro Dios. Yahweh guarda a los sencillos; estaba yo
postrado, y me salvó. Vuelve, oh alma mía, a tu reposo, porque Yahweh te ha
hecho bien. Pues tú has librado mi alma de la muerte, mis ojos de lágrimas, y
mis pies de resbalar”.
El monte Matterhorn, forma parte de la gran cadena
montañosa de los Alpes en el centro de Europa. Esta montaña tiene 4,478 metros
de altura (14,688 pies). Es muy popular entre los alpinistas profesionales por
su forma peculiar de pirámide, y sus escarpadas laderas. En una ocasión dos
excursionistas alemanes querían escalar este monte, y con ese fin contrataron a
tres experimentados guías para que los acompañaran en su intento. Antes de
comenzar el empinado ascenso, se ataron entre sí en este orden: guía,
alpinista, guía, alpinista, guía. A menos de la mitad del camino, el último
hombre perdió pie. Lo sostuvieron los otros cuatro porque cada uno pudo asirse
de las concavidades que habían excavado en el hielo. Pero entonces el siguiente
hombre resbaló y arrastró a los dos que estaban por encima de él. En ese
momento, el único del que se pudieron agarrar fue el primer guía, el cual había
perforado el hielo profundamente, por lo que se mantuvo firme mientras que los
que estaban debajo de él pudieron volver a afirmar los pies en el hielo, y
continuar la escalada hasta llegar a la cima.
Cuando estamos en el proceso de ascender en nuestra vida
espiritual, de vez en cuando resbalamos. Esto forma parte del proceso de
santificación. Es un recorrido difícil en el que a veces caminamos con firmeza
y otras veces resbalamos, como sucedió a los alpinistas de la historia. Para esas
ocasiones en las que caemos, Dios ha provisto la manera de levantarnos y
sanarnos por grande y dolorosa que haya sido nuestra caída. Dice 1 Juan 1:9 que
“si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros
pecados, y limpiarnos de toda maldad”. Es decir, si hemos resbalado, si hemos
caído en pecado y nos arrepentimos de haberlo hecho, sólo debemos confesarlo
ante el Señor, y él nos perdona y nos limpia de toda maldad.
El rey David resbaló en diversas ocasiones, cayendo en
pecado, incluyendo adulterio y homicidio, mintiendo y desobedeciendo las
instrucciones de Dios, pero en cada ocasión se arrepintió de corazón y clamó a
Dios por su perdón, como nos muestra el conocido Salmo 51:1-2: “Ten piedad de
mí, oh Dios, conforme a tu misericordia; conforme a la multitud de tus piedades
borra mis rebeliones. Lávame más y más de mi maldad, y límpiame de mi pecado”.
Y más adelante él clama por un cambio profundo en su vida: “Crea en mí, oh
Dios, un corazón limpio, y renueva un espíritu recto dentro de mí” (Salmo 51:10).
Habiendo sido lavado de sus pecados, y después de un cambio radical en su
caminar, David pudo decir en el Salmo 31:1: “En ti, oh Yahweh, he confiado; no
sea yo confundido jamás”. Y más adelante dice: “Porque tú eres mi roca y mi
castillo; por tu nombre me guiarás y me encaminarás” (Salmo 31:3).
Cuando caminamos por este mundo tenemos la tendencia a
apartar nuestra mirada del camino y mirar hacia los lados porque “algo ha llamado
nuestra atención”. Entonces es fácil resbalar o tropezar y caer. Por eso el
apóstol Pablo nos exhorta a mirar hacia arriba, hacia el cielo, hacia las cosas
espirituales, y no hacia las cosas de este mundo. Dice Colosenses 3:1-3: “Si,
pues, habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está
Cristo sentado a la diestra de Dios. Poned la mira en las cosas de arriba, no
en las de la tierra. Porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con
Cristo en Dios”. Cuando nuestra mirada está enfocada en “las cosas de arriba”,
cuando mantenemos “los ojos puestos en Jesús, el autor y consumador de la fe”
(Hebreos 12:1-2), entonces Dios toma control de nuestro caminar, y nos lleva
con firmeza y nos guía por el camino que él ha preparado para nosotros.
Si tú has aceptado a Jesucristo como tu Salvador, estás a
salvo en él; tu vida está guardada por Dios. Busca el rostro del Señor
diariamente, mantén tus ojos fijos en él, y puedes tener la absoluta seguridad
de que él guardará tus “pies de resbalar”.
ORACIÓN:
Bendito Padre celestial, no tengo palabras para
agradecerte tu perdón y tu misericordia para conmigo en momentos en los que te
he fallado. Por favor, ayúdame a mantenerme firme en tus caminos y a acercarme
cada vez más a ti. En el nombre de Jesús, Amén.
¡Gracia y Paz!
Dios te Habla
jueves, 26 de marzo de 2015
¡CUÍDATE DE HACER ORACIONES EGOÍSTAS!
¿Qué significa orar
egoístamente? La oración egoísta es la que hace quien solo
quiere impresionarse así mismo, diciendo cosas que solamente él las cree para
justificarse, y esta actitud lo convierte en un "Fariseo"
Cristo Jesús lo describe de la manera siguiente:
Lucas 18:10-14
"Dos hombres subieron al templo a orar: uno era
fariseo y el otro publicano. El fariseo, puesto en pie, oraba consigo mismo de
esta manera: "Dios, te doy gracias porque no soy como los otros hombres:
ladrones, injustos, adúlteros, ni aun como este publicano; ayuno dos veces a la
semana, diezmo de todo lo que gano". Pero el publicano, estando lejos, no
quería ni aun alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo:
"Dios, sé propicio a mí, pecador". Os digo que este descendió a su casa
justificado antes que el otro, porque cualquiera que se enaltece será humillado
y el que se humilla será enaltecido".
El fariseo mientras -oraba consigo mismo-, también estaba
pendiente, de las palabras que decía el otro hombre, (el publicano). Indudablemente
que el fariseo al salir de allí, le contó a alguien más, lo que escuchó del
publicano. Por esa razón Jesucristo dice que nuestras oraciones personales
deben de ser en SECRETO, sin más testigos, solamente entre nosotros y nuestro
Padre Celestial.
Algo importante para preguntarnos: ¿De qué le valió al
fariseo ayunar dos veces a la semana, y dar los diezmos de todo lo que ganaba?,
si Jesucristo dijo bien claro que "el publicano" descendió a su casa
justificado antes que el otro; "porque cualquiera que se enaltece, será
humillado; y el que se humilla será enaltecido".
¡Gracia y Paz!
By Juan F. Roa
¡LA ORACIÓN CONSTANTE TRAE PAZ Y SOSIEGO A NUESTRAS ALMAS!
1 Tesalonicenses 5:17
"Orad sin cesar".
¿Es posible orar “sin cesar”? ¿Veinticuatro horas
diarias, siete días a la semana? Si pensamos que para orar necesitamos estar en
una postura de cabeza inclinada y ojos cerrados, tenemos que decir que no, que
no es posible “orar sin cesar”. Pero evidentemente el apóstol Pablo no quiso
decir esto cuando escribió esta carta a los tesalonicenses. Pablo les estaba
enseñando que se puede vivir en un estado permanente de conciencia de la
presencia de Dios. Esto es orar. Orar no es solamente pedir, es también
escuchar a Dios. Orar es conectarnos espiritualmente con el Señor y mantener
una comunión constante con él, de manera que cada pensamiento esté accesible a
la presencia de Dios. Si cuando llega a nuestra mente un pensamiento
pecaminoso, lo rechazamos inmediatamente, y pensamos, por ejemplo, en un
versículo bíblico que niegue ese concepto pecaminoso, estamos orando. Y esto es
posible hacerlo en cualquier momento y en cualquier lugar, ya sea en el
trabajo, o mientras conducimos el automóvil, haciendo compras, etc.
Un célebre pianista, quien practicaba en su instrumento
varias horas por día, acostumbraba decir: "Si un día descuido mi práctica
de piano me doy cuenta enseguida; si lo descuido dos días seguidos, mis amigos
lo notan; y si lo descuido tres días, el público es quien se da cuenta".
Tal era la experiencia de ese artista. En efecto, solamente mediante un
ejercicio ininterrumpido le era posible conservar la ligereza y la habilidad en
sus dedos, manteniendo el nivel adquirido con paciencia y perseverancia. Este
concepto se aplica también a la oración. El creyente que la descuida, aunque
sea por corto tiempo, experimentará una sensible pérdida que afectará su vida
espiritual. Si la descuida por un poco más de tiempo, sus amigos cristianos
percibirán en su lenguaje o su conducta notas disonantes, inconsecuencias, una
falta de delicadeza a las que no están acostumbrados. Finalmente, si descuida
por mucho tiempo la oración diaria, su comportamiento cambiará lo suficiente
como para que cada uno de los que están a su alrededor se dé cuenta de ello.
Un verdadero cristiano no puede prescindir de la oración
como tampoco un músico puede descuidar impunemente el ejercicio de su arte. Una
vida sin oración, interrumpe el fluir del Espíritu Santo y las bendiciones que
provienen de una íntima relación con Dios. El carácter se amarga, la paciencia
desaparece y no hay gozo ni paz en el alma. La oración constante, por el
contrario, trae paz y sosiego a nuestras almas. Cuando venimos a Dios en
oración trayendo a él nuestras cargas y preocupaciones, su paz llena nuestros
corazones. El apóstol Pablo, en su carta a los Filipenses, escribió: "Sean
conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con
acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará
vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús" (Filipenses
4:6-7).
En una ocasión, un joven le preguntó a su pastor cuánto
tiempo debía dedicar a la oración. El pastor le contestó: “Debes orar tres
veces al día, y todo el tiempo en el medio también”. Probablemente no fue este
un número pensado al azar, sino basado en el ejemplo de Daniel, el cual, aun
arriesgando su vida, solía orar de rodillas tres veces al día (Daniel 6:10).
Realmente el pastor estaba tratando de enseñar al joven la importancia de
dedicar tiempo a la oración, sin que las circunstancias que nos rodean lo
impidan. Muchos cristianos citan con bastante frecuencia la falta de tiempo y
el cansancio de un largo día de trabajo como obstáculos para mantener una vida
de constante oración. Pero si tú te sobrepones a esto, y perseveras en la
oración, el Espíritu Santo se manifestará con libertad y producirá su fruto en
tu vida.
No descuides tu vida de oración. Hazte el firme propósito
de dedicar cada día un tiempo para leer la Biblia y orar, y no permitas que el
enemigo te sugiera excusas para dejar de orar un solo día. Si eres constante en
esta práctica recibirás grandes bendiciones en todos los aspectos de tu vida.
ORACIÓN:
Bendito Dios, yo quiero vivir en constante comunión
contigo disfrutando de tu presencia en mi vida. Pon en mi corazón una sed de ti
que se traduzca en ansias de buscar tu rostro en oración, cada mañana, cada
medio día, cada noche, día tras día, cualesquiera que sean las circunstancias
que este yo viviendo. Te lo pido en el nombre de Jesús, Amén.
¡Gracia y Paz!
Dios te Habla
miércoles, 25 de marzo de 2015
¿QUÉ BENDICIONES NOS DA LA PALABRA DE DIOS?
Romanos 15:4 dice que todo lo que está escrito en la
Biblia es para nuestra enseñanza, y el resultado que Dios espera de nuestro
aprendizaje es que “tengamos esperanza”. Según el diccionario la palabra
“esperanza” significa “Confianza en que ocurrirá o se logrará lo que se desea”.
También dice el pasaje que esto se logra “por medio de la paciencia”. Es decir,
a veces puede parecernos que Dios “se tardando mucho” en resolver nuestro
problema, pero lo cierto es que él siempre está trabajando, y si nos mantenemos
firmes y somos pacientes, la tan esperada solución llegará en el tiempo del
Señor. Esta debe ser siempre nuestra esperanza.
2 Timoteo 3:16-17 dice que “toda la Escritura es
inspirada por Dios… a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente
preparado para toda buena obra". La palabra “perfecto” en este versículo
realmente significa “maduro”. La persona madura espiritualmente es aquella que
ha entendido la importancia de establecer una íntima comunión con Dios. Esta
madurez espiritual, desde luego, requiere un proceso más o menos largo en el
cual el Espíritu Santo hace su obra en la vida del creyente. A medida que se
lleva a cabo este proceso tendremos que enfrentarnos a situaciones difíciles
que pondrán a prueba nuestra fe. Dios usa estas situaciones con el fin de
madurarnos espiritualmente, pero el resultado depende de la manera en que
nosotros reaccionamos ante esas pruebas.
En la Biblia se han escrito historias reales de hombres y
mujeres, que, habiendo pasado por pruebas muy grandes, pusieron su confianza en
Dios y al final resultaron victoriosos. Por ejemplo, en Génesis 37 comienza la
historia de un joven judío llamado José, el cual, por envidia y celos, fue
vendido por sus hermanos como esclavo. Fue llevado a Egipto donde un oficial
del ejército de Faraón lo compró para que le sirviera. Como José actuaba de
forma que agradaba a Dios, el Señor lo prosperó, y al cabo de un tiempo su amo
lo nombró mayordomo de todos sus bienes. La esposa del oficial se enamoró de
José e intentó seducirlo, pero él se negó a acceder a sus deseos, diciéndole:
“¿Cómo, pues, haría yo este grande mal, y pecaría contra Dios?” (Génesis 39:9).
Ella entonces, por despecho, lo acusó de que había intentado violarla, y el
joven fue echado a la cárcel. En medio de tanta injusticia y sufrimientos, José
permaneció fiel al Señor en todo momento, y su esperanza estuvo siempre puesta
en el Todopoderoso.
Llegado Su tiempo, Dios movió las circunstancias
favorablemente para José, y este fue liberado de la cárcel y llevado ante Faraón,
el cual había tenido un sueño que nadie en Egipto había podido interpretar. Por
la gracia de Dios José pudo interpretarlo, quedando Faraón tan impresionado que
lo nombró el segundo hombre más poderoso de todo Egipto, y le dijo: “Solamente
en el trono seré yo mayor que tú” (Génesis 41:40). Entonces hubo un hambre muy
grande en todo el mundo, y en su posición de poder, José pudo alimentar a su
padre y sus hermanos que estaban muriendo de hambre en su tierra. Esta es una
historia larga (Génesis capítulo 37 al 50), pero cuando la leemos vemos
claramente el propósito para el cual fue escrita, como nos dice el pasaje de
hoy: confiemos, esperemos pacientemente, pongamos nuestra esperanza en Dios y
él obrará en nuestro favor.
Cuando pasamos tiempo diariamente leyendo la Biblia y
orando, el poder de la palabra de Dios se hace realidad en nuestras vidas, y
nos fortalece, y nos da paciencia y esto resulta en esperanza aun en medio de
las pruebas. Si estás atravesando por una situación difícil, ya sea porque has
sido víctima de alguna injusticia o por cualquier otro motivo, recuerda la
historia de José, y actúa de la manera que él lo hizo. Si te mantienes firme en
el Señor, y basas tu esperanza en su amor y en su palabra él te recompensará
como hizo con José y con tantos otros que confiaron en él.
ORACIÓN:
Padre Celestial, gracias por tu poderosa palabra que me
alienta, me fortalece y me da esperanza en medio de las aflicciones de este
mundo. Te pido que pongas en mi corazón un deseo ferviente de pasar tiempo cada
día leyendo tu santa Palabra y orando. En el nombre de Jesús, Amén.
¡Gracia y Paz!
Dios te Habla
Deuteronomio 30:20
El amor y la obediencia constituyen el gran tema del libro
de Deuteronomio. Si este asunto fue de tanta importancia para los Israelitas,
¡cuánto más importante es para ti y para mí en este día de la Gracia, en el que
hemos recibido tanta más luz, más conocimiento. Siendo que se nos ha dado tanto
más, nuestra responsabilidad es aún mayor el día de hoy.
¡Gracia y Paz!
PUESTOS LOS OJOS EN JESÚS
PUESTOS LOS OJOS EN JESÚS
Mantén siempre puestos tus ojos en el autor y consumador
de la Fe, Nuestro Señor Jesucristo, porque vivimos por Él y para Él. Dejemos de
afanarnos en buscar honra y gloria, pues son cosas que pertenecen a Él.
Nuestra ocupación constante debe de ser el hacer el bien a los demás y dar un buen
testimonio para que el incrédulo no tenga excusas y pueda creer; pues si decimos
que amamos al Señor y no hacemos lo que Él dice, ¿quién podrá creernos, y a quién
vamos a convencer?
Nuestro testimonio debe de ser limpio y aceptable delante
de los ojos de Dios y de los hombres, creo que es la mejor manera de taparle la
boca a nuestro adversario el diablo.
"Mirad, pues, con diligencia cómo andéis, no como
necios sino como sabios, aprovechando bien el tiempo, porque LOS DÍAS SON
MALOS. Por tanto, no seáis insensatos, sino entendidos de cuál sea la voluntad
del Señor. No os embriaguéis con vino, en lo cual hay disolución; antes bien
"sed llenos del Espíritu", hablando entre vosotros con salmos, con
himnos y cánticos espirituales, cantando y alabando al Señor en vuestros
corazones; dando siempre gracias por todo al Dios y Padre, en el nombre de
nuestro Señor Jesucristo" (Efesios 5:15-20).
¡Gracia y Paz!
Juan F. Roa
martes, 24 de marzo de 2015
Proverbios 23:22
Proverbios 23:22
"Presta atención a tus padres, pues
ellos te dieron la vida; y cuando lleguen a viejos, no los abandones".
SI EL HIJO LOS LIBERA, SERÁN USTEDES VERDADERAMENTE LIBRES
Estoy aprendiendo lo peligroso que es ser esclavos de un
pecado. El Señor me recuerda constantemente que es muy fácil ser esclavo sin
siquiera notar que lo soy. Yo pensaba que este versículo (Juan 8:36) se aplicaba
para los que tienen “grandes pecados”, pero finalmente se que no hay tamaños de
pecado, pues si fallo en uno es como si fallara en todos: “Porque el que cumple
con toda la ley pero falla en un solo punto ya es culpable de haberla
quebrantado toda” (Santiago 2:10).
Sin embargo, Dios en su bondad nos recuerda tanto en este
pasaje, como en tantos otros que se encuentran en su Palabra, que podemos
dominar el pecado, no en nuestras fuerzas, sino en Sus fuerzas, con Su poder y
Su gracia. “Por tanto, también nosotros, que estamos rodeados de una multitud
tan grande de testigos, despojémonos del lastre que nos estorba, en especial
del pecado que nos asedia, y corramos con perseverancia la carrera que tenemos
por delante. Fijemos la mirada en Cristo, el iniciador y perfeccionador de
nuestra fe, quien por el gozo que le esperaba, soportó la cruz, menospreciando
la vergüenza que ella significaba, y ahora está sentado a la derecha del trono
de Dios. Así, pues, consideren a aquel que perseveró frente a tanta oposición
por parte de los pecadores, para que no se cansen ni pierdan el ánimo” (Hebreos
12:1-3).
¡Gracia y Paz!
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