jueves, 26 de marzo de 2015
¡CUÍDATE DE HACER ORACIONES EGOÍSTAS!
¿Qué significa orar
egoístamente? La oración egoísta es la que hace quien solo
quiere impresionarse así mismo, diciendo cosas que solamente él las cree para
justificarse, y esta actitud lo convierte en un "Fariseo"
Cristo Jesús lo describe de la manera siguiente:
Lucas 18:10-14
"Dos hombres subieron al templo a orar: uno era
fariseo y el otro publicano. El fariseo, puesto en pie, oraba consigo mismo de
esta manera: "Dios, te doy gracias porque no soy como los otros hombres:
ladrones, injustos, adúlteros, ni aun como este publicano; ayuno dos veces a la
semana, diezmo de todo lo que gano". Pero el publicano, estando lejos, no
quería ni aun alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo:
"Dios, sé propicio a mí, pecador". Os digo que este descendió a su casa
justificado antes que el otro, porque cualquiera que se enaltece será humillado
y el que se humilla será enaltecido".
El fariseo mientras -oraba consigo mismo-, también estaba
pendiente, de las palabras que decía el otro hombre, (el publicano). Indudablemente
que el fariseo al salir de allí, le contó a alguien más, lo que escuchó del
publicano. Por esa razón Jesucristo dice que nuestras oraciones personales
deben de ser en SECRETO, sin más testigos, solamente entre nosotros y nuestro
Padre Celestial.
Algo importante para preguntarnos: ¿De qué le valió al
fariseo ayunar dos veces a la semana, y dar los diezmos de todo lo que ganaba?,
si Jesucristo dijo bien claro que "el publicano" descendió a su casa
justificado antes que el otro; "porque cualquiera que se enaltece, será
humillado; y el que se humilla será enaltecido".
¡Gracia y Paz!
By Juan F. Roa
¡LA ORACIÓN CONSTANTE TRAE PAZ Y SOSIEGO A NUESTRAS ALMAS!
1 Tesalonicenses 5:17
"Orad sin cesar".
¿Es posible orar “sin cesar”? ¿Veinticuatro horas
diarias, siete días a la semana? Si pensamos que para orar necesitamos estar en
una postura de cabeza inclinada y ojos cerrados, tenemos que decir que no, que
no es posible “orar sin cesar”. Pero evidentemente el apóstol Pablo no quiso
decir esto cuando escribió esta carta a los tesalonicenses. Pablo les estaba
enseñando que se puede vivir en un estado permanente de conciencia de la
presencia de Dios. Esto es orar. Orar no es solamente pedir, es también
escuchar a Dios. Orar es conectarnos espiritualmente con el Señor y mantener
una comunión constante con él, de manera que cada pensamiento esté accesible a
la presencia de Dios. Si cuando llega a nuestra mente un pensamiento
pecaminoso, lo rechazamos inmediatamente, y pensamos, por ejemplo, en un
versículo bíblico que niegue ese concepto pecaminoso, estamos orando. Y esto es
posible hacerlo en cualquier momento y en cualquier lugar, ya sea en el
trabajo, o mientras conducimos el automóvil, haciendo compras, etc.
Un célebre pianista, quien practicaba en su instrumento
varias horas por día, acostumbraba decir: "Si un día descuido mi práctica
de piano me doy cuenta enseguida; si lo descuido dos días seguidos, mis amigos
lo notan; y si lo descuido tres días, el público es quien se da cuenta".
Tal era la experiencia de ese artista. En efecto, solamente mediante un
ejercicio ininterrumpido le era posible conservar la ligereza y la habilidad en
sus dedos, manteniendo el nivel adquirido con paciencia y perseverancia. Este
concepto se aplica también a la oración. El creyente que la descuida, aunque
sea por corto tiempo, experimentará una sensible pérdida que afectará su vida
espiritual. Si la descuida por un poco más de tiempo, sus amigos cristianos
percibirán en su lenguaje o su conducta notas disonantes, inconsecuencias, una
falta de delicadeza a las que no están acostumbrados. Finalmente, si descuida
por mucho tiempo la oración diaria, su comportamiento cambiará lo suficiente
como para que cada uno de los que están a su alrededor se dé cuenta de ello.
Un verdadero cristiano no puede prescindir de la oración
como tampoco un músico puede descuidar impunemente el ejercicio de su arte. Una
vida sin oración, interrumpe el fluir del Espíritu Santo y las bendiciones que
provienen de una íntima relación con Dios. El carácter se amarga, la paciencia
desaparece y no hay gozo ni paz en el alma. La oración constante, por el
contrario, trae paz y sosiego a nuestras almas. Cuando venimos a Dios en
oración trayendo a él nuestras cargas y preocupaciones, su paz llena nuestros
corazones. El apóstol Pablo, en su carta a los Filipenses, escribió: "Sean
conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con
acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará
vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús" (Filipenses
4:6-7).
En una ocasión, un joven le preguntó a su pastor cuánto
tiempo debía dedicar a la oración. El pastor le contestó: “Debes orar tres
veces al día, y todo el tiempo en el medio también”. Probablemente no fue este
un número pensado al azar, sino basado en el ejemplo de Daniel, el cual, aun
arriesgando su vida, solía orar de rodillas tres veces al día (Daniel 6:10).
Realmente el pastor estaba tratando de enseñar al joven la importancia de
dedicar tiempo a la oración, sin que las circunstancias que nos rodean lo
impidan. Muchos cristianos citan con bastante frecuencia la falta de tiempo y
el cansancio de un largo día de trabajo como obstáculos para mantener una vida
de constante oración. Pero si tú te sobrepones a esto, y perseveras en la
oración, el Espíritu Santo se manifestará con libertad y producirá su fruto en
tu vida.
No descuides tu vida de oración. Hazte el firme propósito
de dedicar cada día un tiempo para leer la Biblia y orar, y no permitas que el
enemigo te sugiera excusas para dejar de orar un solo día. Si eres constante en
esta práctica recibirás grandes bendiciones en todos los aspectos de tu vida.
ORACIÓN:
Bendito Dios, yo quiero vivir en constante comunión
contigo disfrutando de tu presencia en mi vida. Pon en mi corazón una sed de ti
que se traduzca en ansias de buscar tu rostro en oración, cada mañana, cada
medio día, cada noche, día tras día, cualesquiera que sean las circunstancias
que este yo viviendo. Te lo pido en el nombre de Jesús, Amén.
¡Gracia y Paz!
Dios te Habla
miércoles, 25 de marzo de 2015
¿QUÉ BENDICIONES NOS DA LA PALABRA DE DIOS?
Romanos 15:4 dice que todo lo que está escrito en la
Biblia es para nuestra enseñanza, y el resultado que Dios espera de nuestro
aprendizaje es que “tengamos esperanza”. Según el diccionario la palabra
“esperanza” significa “Confianza en que ocurrirá o se logrará lo que se desea”.
También dice el pasaje que esto se logra “por medio de la paciencia”. Es decir,
a veces puede parecernos que Dios “se tardando mucho” en resolver nuestro
problema, pero lo cierto es que él siempre está trabajando, y si nos mantenemos
firmes y somos pacientes, la tan esperada solución llegará en el tiempo del
Señor. Esta debe ser siempre nuestra esperanza.
2 Timoteo 3:16-17 dice que “toda la Escritura es
inspirada por Dios… a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente
preparado para toda buena obra". La palabra “perfecto” en este versículo
realmente significa “maduro”. La persona madura espiritualmente es aquella que
ha entendido la importancia de establecer una íntima comunión con Dios. Esta
madurez espiritual, desde luego, requiere un proceso más o menos largo en el
cual el Espíritu Santo hace su obra en la vida del creyente. A medida que se
lleva a cabo este proceso tendremos que enfrentarnos a situaciones difíciles
que pondrán a prueba nuestra fe. Dios usa estas situaciones con el fin de
madurarnos espiritualmente, pero el resultado depende de la manera en que
nosotros reaccionamos ante esas pruebas.
En la Biblia se han escrito historias reales de hombres y
mujeres, que, habiendo pasado por pruebas muy grandes, pusieron su confianza en
Dios y al final resultaron victoriosos. Por ejemplo, en Génesis 37 comienza la
historia de un joven judío llamado José, el cual, por envidia y celos, fue
vendido por sus hermanos como esclavo. Fue llevado a Egipto donde un oficial
del ejército de Faraón lo compró para que le sirviera. Como José actuaba de
forma que agradaba a Dios, el Señor lo prosperó, y al cabo de un tiempo su amo
lo nombró mayordomo de todos sus bienes. La esposa del oficial se enamoró de
José e intentó seducirlo, pero él se negó a acceder a sus deseos, diciéndole:
“¿Cómo, pues, haría yo este grande mal, y pecaría contra Dios?” (Génesis 39:9).
Ella entonces, por despecho, lo acusó de que había intentado violarla, y el
joven fue echado a la cárcel. En medio de tanta injusticia y sufrimientos, José
permaneció fiel al Señor en todo momento, y su esperanza estuvo siempre puesta
en el Todopoderoso.
Llegado Su tiempo, Dios movió las circunstancias
favorablemente para José, y este fue liberado de la cárcel y llevado ante Faraón,
el cual había tenido un sueño que nadie en Egipto había podido interpretar. Por
la gracia de Dios José pudo interpretarlo, quedando Faraón tan impresionado que
lo nombró el segundo hombre más poderoso de todo Egipto, y le dijo: “Solamente
en el trono seré yo mayor que tú” (Génesis 41:40). Entonces hubo un hambre muy
grande en todo el mundo, y en su posición de poder, José pudo alimentar a su
padre y sus hermanos que estaban muriendo de hambre en su tierra. Esta es una
historia larga (Génesis capítulo 37 al 50), pero cuando la leemos vemos
claramente el propósito para el cual fue escrita, como nos dice el pasaje de
hoy: confiemos, esperemos pacientemente, pongamos nuestra esperanza en Dios y
él obrará en nuestro favor.
Cuando pasamos tiempo diariamente leyendo la Biblia y
orando, el poder de la palabra de Dios se hace realidad en nuestras vidas, y
nos fortalece, y nos da paciencia y esto resulta en esperanza aun en medio de
las pruebas. Si estás atravesando por una situación difícil, ya sea porque has
sido víctima de alguna injusticia o por cualquier otro motivo, recuerda la
historia de José, y actúa de la manera que él lo hizo. Si te mantienes firme en
el Señor, y basas tu esperanza en su amor y en su palabra él te recompensará
como hizo con José y con tantos otros que confiaron en él.
ORACIÓN:
Padre Celestial, gracias por tu poderosa palabra que me
alienta, me fortalece y me da esperanza en medio de las aflicciones de este
mundo. Te pido que pongas en mi corazón un deseo ferviente de pasar tiempo cada
día leyendo tu santa Palabra y orando. En el nombre de Jesús, Amén.
¡Gracia y Paz!
Dios te Habla
Deuteronomio 30:20
El amor y la obediencia constituyen el gran tema del libro
de Deuteronomio. Si este asunto fue de tanta importancia para los Israelitas,
¡cuánto más importante es para ti y para mí en este día de la Gracia, en el que
hemos recibido tanta más luz, más conocimiento. Siendo que se nos ha dado tanto
más, nuestra responsabilidad es aún mayor el día de hoy.
¡Gracia y Paz!
PUESTOS LOS OJOS EN JESÚS
PUESTOS LOS OJOS EN JESÚS
Mantén siempre puestos tus ojos en el autor y consumador
de la Fe, Nuestro Señor Jesucristo, porque vivimos por Él y para Él. Dejemos de
afanarnos en buscar honra y gloria, pues son cosas que pertenecen a Él.
Nuestra ocupación constante debe de ser el hacer el bien a los demás y dar un buen
testimonio para que el incrédulo no tenga excusas y pueda creer; pues si decimos
que amamos al Señor y no hacemos lo que Él dice, ¿quién podrá creernos, y a quién
vamos a convencer?
Nuestro testimonio debe de ser limpio y aceptable delante
de los ojos de Dios y de los hombres, creo que es la mejor manera de taparle la
boca a nuestro adversario el diablo.
"Mirad, pues, con diligencia cómo andéis, no como
necios sino como sabios, aprovechando bien el tiempo, porque LOS DÍAS SON
MALOS. Por tanto, no seáis insensatos, sino entendidos de cuál sea la voluntad
del Señor. No os embriaguéis con vino, en lo cual hay disolución; antes bien
"sed llenos del Espíritu", hablando entre vosotros con salmos, con
himnos y cánticos espirituales, cantando y alabando al Señor en vuestros
corazones; dando siempre gracias por todo al Dios y Padre, en el nombre de
nuestro Señor Jesucristo" (Efesios 5:15-20).
¡Gracia y Paz!
Juan F. Roa
martes, 24 de marzo de 2015
Proverbios 23:22
Proverbios 23:22
"Presta atención a tus padres, pues
ellos te dieron la vida; y cuando lleguen a viejos, no los abandones".
SI EL HIJO LOS LIBERA, SERÁN USTEDES VERDADERAMENTE LIBRES
Estoy aprendiendo lo peligroso que es ser esclavos de un
pecado. El Señor me recuerda constantemente que es muy fácil ser esclavo sin
siquiera notar que lo soy. Yo pensaba que este versículo (Juan 8:36) se aplicaba
para los que tienen “grandes pecados”, pero finalmente se que no hay tamaños de
pecado, pues si fallo en uno es como si fallara en todos: “Porque el que cumple
con toda la ley pero falla en un solo punto ya es culpable de haberla
quebrantado toda” (Santiago 2:10).
Sin embargo, Dios en su bondad nos recuerda tanto en este
pasaje, como en tantos otros que se encuentran en su Palabra, que podemos
dominar el pecado, no en nuestras fuerzas, sino en Sus fuerzas, con Su poder y
Su gracia. “Por tanto, también nosotros, que estamos rodeados de una multitud
tan grande de testigos, despojémonos del lastre que nos estorba, en especial
del pecado que nos asedia, y corramos con perseverancia la carrera que tenemos
por delante. Fijemos la mirada en Cristo, el iniciador y perfeccionador de
nuestra fe, quien por el gozo que le esperaba, soportó la cruz, menospreciando
la vergüenza que ella significaba, y ahora está sentado a la derecha del trono
de Dios. Así, pues, consideren a aquel que perseveró frente a tanta oposición
por parte de los pecadores, para que no se cansen ni pierdan el ánimo” (Hebreos
12:1-3).
¡Gracia y Paz!
¿QUÉ TAN FIRME ES TU FE?
¿QUÉ TAN FIRME ES TU FE?
Salmo 125:1
“Los que confían en el Señor son como el
monte de Sion, que no se mueve, sino que permanece para siempre”.
La escritura de hoy dice que aquel que ha puesto su
confianza en Dios es tan firme como ese monte. Él está afianzado en la Palabra
de Dios y tiene seguridad absoluta en el amor que Dios tiene para él. La Biblia
dice que absolutamente nada en este mundo “nos podrá separar del amor de Dios,
que es en Cristo Jesús Señor nuestro” (Romanos 8:38-39). El creer esto de todo
corazón es uno de los factores que determinan la firmeza de un creyente.
Pero algo muy importante que debemos tener en cuenta
siempre es que nuestras propias fuerzas no son suficientes para mantenernos
firmes en todas las circunstancias y resistir los ataques del diablo. Quizás en
algún momento pensemos que estamos suficientemente firmes para resistir
cualquier ataque del enemigo, pero si nos descuidamos en nuestra comunión con
el Señor podemos debilitarnos espiritualmente y sin apenas darnos cuenta caer
en alguna tentación. Y tendremos que sufrir las consecuencias de nuestra caída.
Por eso Pablo advirtió a los cristianos de Corinto en su primera carta: “El que
piensa estar firme, mire que no caiga” (1 Corintios 10:12). En otras palabras,
“No se descuiden; manténganse en constante contacto con el Señor”. La verdadera
firmeza proviene del poder de Dios, y únicamente en él debemos fortalecernos.
Solamente cuando nos vestimos de la poderosa armadura de Dios, podemos tener la
seguridad de que permaneceremos firmes contra las trampas y los engaños de
Satanás. Dice Efesios 6:10-11: “Por lo demás, hermanos míos, fortaleceos en el
Señor, y en el poder de su fuerza. Vestíos de toda la armadura de Dios, para
que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo”.
A medida que escudriñemos la Palabra de Dios, y meditemos
en ella y seamos obedientes, iremos creando un fundamento espiritual que nos
hará permanecer firmes en las circunstancias más difíciles que se nos presenten.
Seremos como aquel hombre prudente que edificó su casa sobre la roca, y cuando
vinieron las lluvias, y los vientos, y los ríos crecieron, aquella casa no
cayó, sino que permaneció firme (Mateo 7:24-25). Las pruebas son parte de la
vida, todos hemos pasado o pasaremos a través de ellas. El enemigo está
constantemente tratando de hacernos caer, y tanto en las pruebas como en las
tentaciones, es nuestra fe lo que nos va a mantener firmes para resistir sus
ataques. El apóstol Pedro nos da esta advertencia en su primera carta: “Sed
sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda
alrededor buscando a quien devorar; al cual resistid firmes en la fe” (1 Pedro
5:8-9).
¿Estás enfrentando una prueba en estos momentos? Ya sabes
lo que tienes que hacer para mantenerte firme. Confía en Dios. Busca la
fortaleza en su Palabra. Arrodíllate a orar. Alguien dijo: “Vivir de rodillas
nos mantiene de pie”. Si te aprendes de esta enseñanza, y la pones en práctica,
por fuerte que sea la tormenta que llegue a tu vida permanecerás firme como el
monte de Sion.
ORACIÓN:
Mi amante Padre celestial, te ruego me ayudes a obedecer
tu Palabra, y a buscar en ti la fortaleza que necesito para mantenerme firme en
medio de la prueba, con la seguridad de que tú me darás la victoria. En el
nombre de Jesús, Amén.
¡Gracia y Paz!
Dios te Habla
¿SABES CUÁL ES LA FORMA CORRECTA DE ORAR?
¿SABES CUÁL ES LA FORMA CORRECTA DE ORAR?
Mateo 6:6
"Pero tú, cuando ores, entra en tu
aposento, y cuando hayas cerrado la puerta, ora a tu Padre que está en secreto,
y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará".
Nuestro amado Salvador Jesucristo dice que nuestra forma
de orar no debe de ser como lo hacen los hipócritas, con palabras
"grandilocuentes", ni como lo hacen los egoístas que oran para ellos
mismos, auto alabándose; y tampoco debe de ser con repeticiones interminables
ni palabrerías creyendo que de esa forma Dios nos oye.
Recuerdo que una vez un pastor me pidió que lo apoyara en
la ministración de la música y para tal fin me nombró "ministro de
alabanza"; uno de tantos títulos que en las organizaciones nos dan para
que sintamos que somos importantes.
El problema fue que, al sustituir al director que estaba
antes a cargo de la banda, este se volcó en contra mía, pues no se conformaba
con ser un músico más del grupo musical; porque muchos son los que, si no
tienen un rango, un cargo o una posición dentro de la congregación, no les
gusta servir.
Este, ex-ministro de alabanza, no podía ocultar su
envidia y resentimiento y trató de hacerme la vida de cuadritos. Una de sus
estrategias fue decirle al pastor que <yo no oraba> con la banda como lo
hacía él.
La verdad era que <yo nunca oraba para que ellos me
vieran>; y llegó el momento que el pastor me llamó la atención diciéndome: –
Hermano Juan, muchos hermanos de la congregación, (esto lo dijo para no echar
de cabeza al ex-ministro de alabanza), se quejan de que usted "no es
espiritual", pues NO ORA como los demás y la verdad es que yo tampoco lo
he visto orar –
Yo ya sabía de dónde venía el asunto, por lo que le
respondí (al pastor): – ¿Y usted y los supuestos hermanos que le han chismeado
este asunto, cómo saben que yo no oro? ¿Duermen conmigo, se levantan conmigo,
desayunan conmigo, almuerzan conmigo, cenan conmigo, caminan todo el tiempo
conmigo? –
– Yo no necesito venir a orar aquí para que todos me
vean, pues ya en "secreto” lo he hecho ante mi Padre Celestial, y esto es
lo que no hacen muchos religiosos de esta congregación, que vienen a orar aquí
para que la gente los vea y no para ser oídos por Dios –.
El hermano pastor me contestó: – Hermano, a usted nada le
cuesta hacerlo, hágalo aunque sea para complacerlos y que cesen de decir esas
cosas contra usted –. O sea que… ¿tenía que agradar primero al “respetable”
público, antes que a Dios?.
Cristo dice que NO hagamos las cosas como la hacen ellos,
porque nuestro Padre sabe de qué cosas tenemos necesidad, antes de que nosotros
le pidamos.
Jesús quiere que cuando conversemos con nuestro Padre
Celestial, hagamos lo siguiente: Él quiere que cada uno de nosotros, (cuando
oremos), lo hagamos en <privado>, entrando a nuestro aposento y, cerrando
la puerta, conversemos <secretamente> con nuestro Padre Celestial y él
nos dará la respuesta recompensándonos en público.
¿Por qué debemos de orar
en secreto? Porque allí desnudamos nuestras almas, ante la presencia de
nuestro Creador. Porque allí en lo secreto
podemos decirle TODO lo que no podemos, lo que no nos atrevemos o no debemos
decirlo en público.
Porque así no damos lugar al diablo para que por medio de
algunos hermanos chismosos se divulgue el secreto de "la pata de la cual
cojeamos”. Cristo dice que tu izquierda no sepa lo que hace tu derecha.
¡Gracia y Paz!
Juan F. Roa
ORACION DE LA MAÑANA
Nuestro primer anhelo por la mañana debe ser acudir a la
presencia del Señor, el Altísimo. Cuando despertamos necesitamos de su luz, de su
espíritu y de su dirección, para hacer siempre lo correcto y para consagrar
nuestro caminar y entregar a sus pies nuestras acciones.
Después de nuestra oración, nuestro Pan Diario debe ser la
Palabra del Señor. Esas son las primeras tareas de la mañana, para obtener
firmeza en nuestra fe y desarrollar nuestra comunión con nuestro Padre
Celestial.
Nuestra oración debe ser: "Señor… úsame hoy para tu
servicio y mora en mi, para ser ejemplo de tu humildad en toda buena obra que
sea hecha en ti, en el nombre de Jesús, Amen".
Pero tengamos en cuenta que El Señor no toma en cuenta
las palabras solamente, sino también las intenciones de nuestro corazón.
¡Gracia y Paz!
Pan de Vida
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