La seguridad absoluta no existe en este mundo, a menos
que vivamos bajo el amparo y protección de Dios. La Biblia nos dice en el Salmo
91:1 que “el que habita al abrigo del Altísimo, morará bajo la sombra del
Omnipotente”. Dios es el único que puede garantizarnos seguridad en cualquier
situación que se nos presente en la vida, porque él es omnisciente y es
omnipotente. Todo lo sabe y todo lo puede. Y la seguridad que él nos ofrece nos
cubre, no solamente en esta vida sino por toda la eternidad.
martes, 16 de septiembre de 2014
lunes, 15 de septiembre de 2014
¿CREES QUE REALMENTE ERES LIBRE?
¿CREES QUE REALMENTE ERES LIBRE?
Juan 8:31-32
“Dijo entonces Jesús a los judíos que habían
creído en él: Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente
mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres”
Cuando Jesús pronunció estas palabras estaba hablando con
un grupo de judíos que habían creído en él. Ellos le respondieron: “Linaje de
Abraham somos, y jamás hemos sido esclavos de nadie. ¿Cómo dices tú: Seréis
libres?” Desde el punto de vista humano, libertad es la capacidad de poder
escoger o actuar con poca o ninguna restricción o límites. Sin embargo, en el
aspecto espiritual y de acuerdo a los principios divinos esta definición es
realmente una descripción de rebeldía, donde la sumisión a una autoridad se
rechaza y cada uno hace lo que más le place. En realidad la verdadera libertad es aquella que nos
libera de la esclavitud del pecado y de la condenación eterna, y ésta sólo se
encuentra sometiéndonos a la voluntad de Dios. A esto se refirió Jesús.
En su carta a los Romanos el apóstol Pablo escribió: “¿No
sabéis que si os sometéis a alguien como esclavos para obedecerle, sois
esclavos de aquel a quien obedecéis, sea del pecado para muerte, o sea de la
obediencia para justicia? Pero gracias a Dios, que aunque erais esclavos del
pecado, habéis obedecido de corazón a aquella forma de doctrina a la cual
fuisteis entregados; y libertados del pecado, vinisteis a ser siervos de la
justicia” (Romanos 6:16-18). Esto significa que, queramos o no, somos siervos o
esclavos de alguien o de algo. El problema es que si somos esclavos del pecado
caminamos en dirección a la destrucción y a la desgracia, y finalmente a la
condenación eterna. Por el contrario si somos siervos de la verdad y la
justicia representadas por la palabra de Dios, entonces somos verdaderamente
libres y disfrutaremos de vidas bendecidas. Esto puede parecer una paradoja,
pero es absolutamente cierto y debemos creerlo por fe.
El primer paso para la verdadera libertad es reconocer en
que aspectos no somos libres, es decir identificar esas áreas de nuestras vidas
que están sometidas a la esclavitud de algún vicio o algún pecado específico.
Aquellos que no han recibido a Cristo como Salvador están atados a la
incredulidad. Ellos no pueden creer en Dios ni confiar en las promesas de las Santas
Escrituras porque tienen “el entendimiento entenebrecido”, dice Efesios 4:18.
El pecado les impide ver su condición de esclavos y por lo tanto no admiten que
necesitan un salvador que los libere.
Los cristianos tenemos que ser cuidadosos, pues también
podemos caer en algún tipo de esclavitud, especialmente en lo que se refiere a
alguna dependencia, las cuales a veces son tan sutiles que resultan difíciles
de identificar. Algo en apariencia tan simple como sentirse inferior, por
ejemplo, es un tipo de esclavitud que puede influir en la manera en que
reaccionamos ante las demás personas. Nuestras respuestas a los desafíos de la
vida pueden estar afectadas por este sentimiento, y nuestra habilidad de pensar
o actuar puede disminuir. También afectan nuestra capacidad de confiar en Dios
y obedecerle. Y a la larga estos sentimientos de inferioridad o rechazo pueden
limitar notablemente nuestra capacidad para ser testigos de Jesucristo. De
igual manera otros sentimientos, o pensamientos, o deseos, o hábitos pueden
considerarse cadenas que nos esclavizan de una manera u otra afectando nuestra
relación con Dios.
Dios quiere que caminemos en libertad. La Biblia nos
enseña que somos verdaderamente libres cuando sabemos cuál es nuestra posición
en Cristo, nuestra identidad en Cristo, y todas nuestras posesiones en Cristo.
El camino al descubrimiento de estas verdades lo encontramos sólo a través de
la poderosa Palabra de Dios. Medita en este capítulo 8 del Evangelio de San
Juan. Pide al Señor que te dé discernimiento para descubrir las cadenas
espirituales que te impiden actuar libremente, y la fuerza espiritual para
rechazarlas en el nombre de Jesucristo. Aplica a tu vida la verdad que
encuentras en la Santa Palabra de Dios y serás verdaderamente libre.
¡Gracia y Paz!
Dios te Habla
ORACIÓN
LA VERDADERA LIBERTAD ES AQUELLA QUE NOS LIBERA DE LA
ESCLAVITUD DEL PECADO Y DE LA CONDENACIÓN ETERNA, Y ÉSTA SÓLO SE ENCUENTRA
SOMETIÉNDONOS A LA VOLUNTAD DE DIOS.
domingo, 14 de septiembre de 2014
¿SABES PORQUE ESTÁS AQUÍ EN LA TIERRA?
¿Sabes porque estás
aquí en la tierra?
Estás aquí para servir a Dios y Dios quiere que le sirvas
sirviendo a los demás. Muchos quieren servir al Señor pero no quieren servir a
los demás y la única manera de servir a Dios es sirviendo a los demás. En las Santas Escrituras encontramos
una palabra para definir esto, se llama «ministerio».
Al igual que muchas otras palabras, muchos malentienden “Ministerio”. Cuando hablamos
de «ministro» la mayoría de las personas piensan en un pastor o en algún servidor
de la iglesia local, pero la Biblia dice que todos los creyentes somos
ministros. Desde luego que no todos los creyentes podemos ser pastores, pero definitivamente
todos los creyentes somos Ministros.
Nuestro ministerio es sencillamente ayudar a otros. Debemos
usar nuestros talentos, capacidades, antecedentes y experiencias para ayudar a
los demás. ¿Sabes cómo se llama eso? Ministerio.
¿Y sabes que es lo que somos? MINISTROS. En la Biblia la palabra «servicio» y
«ministerio» son la misma. Por lo tanto, todos fuimos llamados a ministrar.
Pero tú dices: «No estoy llamado para el ministerio» ¡Claro que sí fuiste
llamado! PORQUE SI fuiste llamado para
la salvación, también fuiste llamado al servicio.
“Mi casa y yo serviremos a Yahweh”
Las buenas nuevas son que Dios no solo nos creó para el
servicio sino que nos dejó un modelo. Entonces Jesucristo vino al mundo en forma
de hombre y dijo: «Esto es lo que quiero que hagas con tu vida», «Así es como
debes hacerlo. Observa cómo lo hago». Fuiste creado para ser como Cristo, y
¿qué hizo Cristo mientras estuvo aquí en la tierra? Sirvió. Fíjate en el siguiente versículo: Mateo 20:28: “como
el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su
vida en rescate por muchos”. Jesús fue fiel en el cumplimiento de su servicio.
No se dio por vencido. No se rindió. Fue perseverante. Y si vas a servir como
Jesús deberás servirle durante toda tu vida.
Quizás algún día nos jubilaremos de nuestro empleo, pero
nunca nos jubilaremos de nuestro ministerio cristiano.
Mateo 25:40
“Y respondiendo el Rey, les dirá: De cierto
os digo: En cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí
lo hicisteis”.
¡Gracia y Paz!
sábado, 13 de septiembre de 2014
¿TIENES UNA ÍNTIMA COMUNIÓN CON EL SEÑOR?
¿TIENES UNA ÍNTIMA COMUNIÓN CON EL SEÑOR?
Apocalipsis 3:20
“He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si
alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él
conmigo”
En aquellos tiempos el desayuno y el almuerzo se tomaban
de manera muy similar a los tiempos actuales. Cada miembro del hogar desayunaba
un poco a la carrera a medida que iban saliendo para el trabajo o la escuela.
El almuerzo lo tomaban en cualquier lugar donde se encontraban a esa hora. Pero
la cena era algo muy distinto. Todos juntos se sentaban a la mesa, y como no
había televisión, ni cine, ni teléfonos celulares ni nada que hacer por la
noche, ese era el momento en que la familia podía compartir y hablar acerca de
las actividades del día, tranquilamente, sin apuros. Era un rato de verdadera
comunión. En el pasaje de hoy, cuando Jesús habla de cenar con aquel que abra
la puerta de su corazón, realmente está hablando de una íntima comunión. Está
mostrando su deseo de relacionarse con cada uno de nosotros de una manera
sincera, profunda, especial.
Cuando creemos y aceptamos a Jesucristo como nuestro
Salvador, él viene a morar en nuestros corazones en la forma del Espíritu
Santo. Dice Gálatas 4:5 que en ese momento recibimos “la adopción de hijos”. Es
decir pasamos a ser hijos de Dios. Esto nos indica la naturaleza de nuestra
relación con el Señor. Él desea relacionarse con nosotros como lo hace un
Padre, y nosotros debemos responder como hijos amorosos y obedientes. Dios ha
tomado la iniciativa de invitarnos a ser parte de su familia. Cuando decimos sí
a la invitación, y recibimos a Jesús como nuestro Salvador personal, estamos
dando el primer paso. Pero después de eso tenemos la responsabilidad de buscar
y mantener una íntima comunión con él.
Nuestra parte consiste en aprender a ser buenos oyentes y
percatarnos cuando el Señor esté hablando, con el fin de seguir sus
instrucciones. Proverbios 1:33 dice: “Mas el que me oyere, habitará
confiadamente y vivirá tranquilo, sin temor del mal”. Es por eso que
necesitamos pasar tiempo meditando en la Palabra de Dios. Aquí se ha volcado el
corazón del Señor al haber inspirado a hombres y mujeres a través de los
siglos. “Toda la Escritura es inspirada por Dios”, dice 2 Timoteo 3:16. Sin
embargo, muchos que dicen estar interesados en conocer a Dios, relegan a un
plano secundario el estudio de su Palabra. Otros dicen: “Yo leo la Biblia, pero
no la entiendo”. ¿Crees tú que Dios inspiró a sus siervos a escribir la Biblia
para que no pudiéramos entenderla? Si somos constantes en la lectura de las
Escrituras, el Espíritu de Dios que mora en el corazón de cada creyente, nos
dará discernimiento e inteligencia espiritual para entender el mensaje de
nuestro Padre celestial. Jesús declara en Juan 7:38: “El que cree en mí, como
dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva”. Muchos dicen
“creer” en Jesús. Y algunos hasta dicen “yo creo a mi manera”. Pero el Señor
dice muy claramente que debemos creer en él “como dice la Escritura”. Por eso
es necesario leer la Biblia diariamente.
Es posible que hayamos respondido afirmativamente a la
invitación del pasaje de hoy, y hayamos abierto “la puerta” a Jesús. Pero
quizás le hemos dicho: “Pasa y siéntate”, y lo hemos dejado sentado en la sala.
No lo hemos atendido como se merece, no le hemos conocido profundamente, no
hemos establecido una comunión íntima con él, y por lo tanto no hemos permitido
que el agua de vida que él nos ofrece fluya y corra en nosotros libremente.
Está ahí, pero no corre, está estancada. Para vivir la vida en abundancia que
Jesús nos ofrece, es necesario mantener una profunda relación con él. Hazte hoy
el firme propósito de buscar el rostro del Señor cada día, leer su palabra,
meditar en ella, pasar tiempo en oración, deleitarte en adorarle y en servirle,
y disfrutarás plenamente de la paz y el gozo que provienen de su santa presencia.
ORACIÓN:
Padre santo, una vez más te doy gracias por tu iniciativa
de buscar una relación conmigo. Yo anhelo vivir muy cerca de ti, sentir tu
dulce presencia en mi vida y disfrutar de tu paz y de tu amor. Te ruego me
ayudes a mantener una íntima comunión con tu Hijo Jesucristo. En su santo
nombre te lo pido, Amén.
¡Gracia y Paz!
Dios te Habla
¿ESTÁS CAMINANDO EN LA DIRECCIÓN CORRECTA?
¿ESTÁS CAMINANDO EN LA DIRECCIÓN CORRECTA?
Salmo 25:4-5
“Muéstrame, oh Señor, tus caminos; enséñame
tus sendas. Encamíname en tu verdad, y enséñame, porque tú eres el Dios de mi
salvación; en ti he esperado todo el día”
La tendencia natural del ser humano es sentirse
totalmente capaz de seguir su propia dirección en la vida y obtener el éxito.
Esta es una característica que se ha transmitido de generación en generación a
partir del momento en que Adán y Eva decidieron seguir las instrucciones de
Satanás y apartarse del camino que les había indicado su Creador. Las
consecuencias, como todos sabemos, fueron desastrosas. De manera similar sufrió
el pueblo de Israel debido a su desobediencia. Por medio del profeta Jeremías,
Dios les recuerda lo que él les ordenó el día que los sacó de la esclavitud en
Egipto. Dice Jeremías 7:23: “Esto les mandé, diciendo: Escuchad mi voz y yo
seré vuestro Dios y vosotros seréis mi pueblo, y andaréis en todo camino que yo
os envíe para que os vaya bien”. Sin embargo los israelitas no siguieron sus
instrucciones, por lo que Dios seguidamente añadió: “Pero no oyeron ni
inclinaron su oído; antes caminaron en sus propios consejos, en la dureza de su
corazón malvado, y fueron hacia atrás y no hacia adelante”.
Los golpes y fracasos que sufrimos en la vida nos llevan
a reconocer que somos incapaces de determinar cuál es la dirección correcta que
debemos seguir. Esto crea las condiciones para comenzar a depender de Dios y
caminar en sus caminos. El rey David pecó fallándole al Señor de una manera
terrible. Primero cometió adulterio con una mujer casada. Después trató de
ocultar su acción y llegó hasta el homicidio, planeando la muerte del esposo de
esta mujer. Pero más tarde se arrepintió de todo corazón y clamó a Dios por su
perdón. En el pasaje de hoy David reconoce su incapacidad de caminar en la
dirección correcta y expresa su dependencia del Señor al pedirle que le muestre
sus caminos. Entonces le dice: “Encamíname en tu verdad, y enséñame, porque tú
eres el Dios de mi salvación”. Al final de su vida, siendo muy anciano, David
escribió el Salmo 37 donde derrama su experiencia en el caminar con el Señor.
En el versículo 5 nos da un sabio consejo: “Encomienda al Señor tu camino, y
confía en él; y él hará”. Este es básicamente el proceso mediante el cual los
hijos de Dios maduran espiritualmente, y llegan a conocer íntimamente al Señor.
Conocer a Dios implica caminar en su verdad. Esto es,
conocer su palabra y aplicarla en nuestras vidas. Por medio de la lectura
diaria de la Biblia aprendemos lo que Dios desea que nosotros sepamos: sus
mandamientos, la manera en que él se ha manifestado en tantas ocasiones
diferentes a través de los siglos, los testimonios de cientos de hombres y
mujeres que confiaron en él y salieron victoriosos por medio del poder divino,
las enseñanzas de Jesús, los principios morales y los valores espirituales que
un hijo de Dios debe cultivar, expuestos en las diferentes epístolas. En fin,
la Palabra de Dios contiene todo lo que necesitamos para vivir una vida
victoriosa, si la obedecemos. David lo entendió perfectamente, por eso en el
Salmo 86:11 escribió: “Enséñame, oh Señor, tu camino; caminaré yo en tu verdad”.
Entonces clama: “Afirma mi corazón para que tema tu nombre”. Un corazón firme
es aquel que confía plenamente en la dirección y en el amor de Dios. Aquel en
el cual el Espíritu Santo ha producido su fruto. Como resultado sentimos el
temor reverente al nombre del Señor y deseamos alabarle de todo corazón y
glorificar su nombre con nuestro testimonio.
David se desvió del camino recto y caminó en dirección
opuesta a Dios por un tiempo. Pero recapacitó, y el Señor en su inmensa
misericordia escuchó su clamor, lo perdonó, y le mostró el camino de la verdad.
La vida de David es un testimonio de la victoria que nos espera cuando
rectificamos la dirección que llevábamos y dejamos que Dios nos dirija. La
Biblia nos cuenta que David “murió en buena vejez, lleno de días, de riquezas y
de gloria” (1 Crónicas 29:28).
Haz del pasaje de hoy tu oración constante. Pide al Señor
que te enseñe sus caminos, que te encamine en su verdad, que te guíe en la
dirección correcta.
¡Gracia y Paz!
Dios te Habla
viernes, 12 de septiembre de 2014
ORACIÓN
Jeremías 29:11
“Porque yo sé los planes que tengo para
vosotros planes de bienestar y no de calamidad, para daros un futuro y una
esperanza”
¿CONOCES LOS PLANES QUE DIOS TIENE PARA TU VIDA?
¿CONOCES LOS PLANES QUE DIOS TIENE PARA TU VIDA?
Jeremías 29:11
“Porque yo sé los planes que tengo para
vosotros planes de bienestar y no de calamidad, para daros un futuro y una
esperanza”
Uno de los descubrimientos más maravillosos en la vida de
una persona es conocer que está en este mundo porque Dios tiene un propósito
para su vida. En el libro “Una vida con propósito” se encuentra escribió lo
siguiente: “Fuiste creado por Dios y para Dios, y hasta que lo entiendas, tu
vida no tendrá ningún sentido”. La escritura de hoy nos dice que Dios tiene
planes para nosotros, y que sus planes son buenos, pues él desea darnos un
futuro de esperanza, de bienestar y de felicidad.
Dios tiene un plan general para toda la humanidad. Es su
deseo librarnos de la condenación que cayó sobre nosotros cuando Adán y Eva
pecaron. Con ese fin envió a su Hijo Jesucristo, “para que todo aquel que en él
cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3:16). Cuando creemos en
Jesucristo, y lo aceptamos como nuestro Salvador somos librados de la
condenación del pecado y tenemos vida eterna. Este es el propósito fundamental
de Dios en nuestras vidas. Y una vez somos justificados, él desea conformarnos
a la imagen de su Hijo para que vivamos junto a él por la eternidad, dice
Romanos 8:29.
Además, Dios tiene un plan específico y personal para
cada ser humano. Su plan para ti es diferente a su plan para mí. Ambos proceden
de Dios, pero hechos a la medida de nuestras personalidades exclusivas, y de
las circunstancias que envuelven nuestras vidas. Pero no solamente Dios tiene
un plan para ti, sino que está muy interesado en que tú sepas cuál es ese plan.
En su carta a los efesios, el apóstol Pablo dice: “Mirad, pues, con diligencia
cómo andéis, no como necios sino como sabios, aprovechando bien el tiempo,
porque los días son malos. Por tanto, no seáis insensatos, sino entendidos de
cuál sea la voluntad del Señor” (Efesios 5:15-17). Es tu responsabilidad
conocer cuál es la voluntad de Dios, cual es su plan en tu vida. Para ello
debes andar como sabio, no como necio o insensato. Debes buscar la sabiduría
que viene de Dios por medio de una vida de comunión con él, leyendo su palabra
diariamente y pasando tiempo en oración cada día de tu vida.
Ahora bien, muchas veces hemos estado orando por mucho
tiempo y no hemos tenido respuesta. Si esto te está sucediendo en estos
momentos, debes analizar tu vida para descubrir la posible razón. Quizás sea
una de las siguientes:
Tu propia voluntad
puede estar estorbando la voluntad de Dios para tu vida. Si tú decides
lo que quieres que ocurra en tu vida, es posible que le estés diciendo a Dios
con tus acciones que no te interesa su plan. Entonces él espera que cambies tu
actitud para actuar.
El pecado no
confesado en tu vida puede ser un obstáculo. Ese pecado puede estar
endureciendo tu corazón hasta el punto de la sordera espiritual, la cual te
impide oír las instrucciones del Señor. ¿Hay algo que se interpone entre tú y
Dios hoy, que necesita ser eliminado? Piénsalo bien.
Una simple duda
puede afectar tu relación con Dios. La duda es totalmente opuesta a la
fe. Y “sin fe es imposible agradar a Dios”, dice Hebreos 11:6. Cree de todo
corazón que Dios desea lo mejor para ti, y quiere revelarte sus planes para tu
vida.
La influencia negativa
de otras personas puede estar alejándote del plan de Dios. Como en el
caso de Job, debemos ser precavidos de los que parecen bien intencionados pero
realmente son “amigos” terriblemente equivocados que nos ofrecen orientación
totalmente errónea.
El afán puede
estar afectando tu relación con Dios. ¿Estás tan afanado en tus propios
planes que te impide tener un momento a solas con el Señor? La Biblia nos dice
en Filipenses 4:6-7: “Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras
peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la
paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y
vuestros pensamientos en Cristo Jesús”.
Busca el rostro del Señor cada día, ora, lee su palabra,
medita en ella. El Espíritu Santo te capacitará para escuchar su voz y, cuando
sigas sus instrucciones, podrás disfrutar de la vida abundante que Dios ha
planeado para ti.
ORACIÓN:
Padre santo, gracias te doy por los planes que tú tienes
para mí. Dame un oído fino y un corazón receptivo para escuchar y obedecer tus
instrucciones, y que esos planes se hagan realidad en mi vida. En el nombre de
Jesús, Amén.
¡Gracia y Paz!
Dios te Habla
martes, 9 de septiembre de 2014
¿TE SIENTES COMO EL HIJO PRODIGO?
¿TE SIENTES COMO EL HIJO PRODIGO?
Lucas 15:11-24
“También dijo: Un hombre tenía dos hijos; y
el menor de ellos dijo a su padre: Padre, dame la parte de los bienes que me
corresponde; y les repartió los bienes. No muchos días después, juntándolo todo
el hijo menor, se fue lejos a una provincia apartada; y allí desperdició sus
bienes viviendo perdidamente. Y cuando todo lo hubo malgastado, vino una gran
hambre en aquella provincia, y comenzó a faltarle. Y fue y se arrimó a uno de
los ciudadanos de aquella tierra, el cual le envió a su hacienda para que apacentase
cerdos. Y deseaba llenar su vientre de las algarrobas que comían los cerdos,
pero nadie le daba. Y volviendo en sí, dijo: ¡Cuántos jornaleros en casa de mi
padre tienen abundancia de pan, y yo aquí perezco de hambre! Me levantaré e iré
a mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti. Ya no soy
digno de ser llamado tu hijo; hazme como a uno de tus jornaleros. Y
levantándose, vino a su padre. Y cuando aún estaba lejos, lo vio su padre, y
fue movido a misericordia, y corrió, y se echó sobre su cuello, y le besó. Y el
hijo le dijo: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti, y ya no soy digno
de ser llamado tu hijo. Pero el padre dijo a sus siervos: Sacad el mejor
vestido, y vestidle; y poned un anillo en su mano, y calzado en sus pies. Y
traed el becerro gordo y matadlo, y comamos y hagamos fiesta; porque este mi
hijo muerto era, y ha revivido; se había perdido, y es hallado. Y comenzaron a
regocijarse.”
Jesús les refirió esta parábola a un grupo de fariseos y
publicanos que le criticaban porque él trataba con los “pecadores”. Se trata de
un joven que le pidió a su padre su parte de la herencia, y se fue lejos, y
“allí desperdició sus bienes viviendo perdidamente”. Aquel joven decidió
alejarse de su padre que le amaba, y se dedicó a dar rienda suelta a los deseos
de la carne. Esta ilustración nos muestra lo que sucede cuando pecamos. El
pecado nos aleja de nuestro Padre celestial, y por lo tanto de sus bendiciones,
de su paz, de su gozo. Generalmente todo comienza con un pensamiento que está
fuera de la voluntad de Dios. Después surge el deseo de llevarlo a cabo.
Finalmente, la decisión de ponerlo en práctica. Quizás por un tiempo todo
parecerá estar bien, pero, al igual que este necio joven, en algún momento
descubriremos que nuestra conducta nos lleva a la desgracia.
Es entonces que se presentan dos alternativas. Una es
continuar en el mismo camino de pecado, lo cual siempre conduce a la
desesperación, y en muchos casos al suicidio. La otra es reconocer que hemos
pecado, arrepentirnos y venir a Dios con un corazón contrito y humillado. Esta
parábola nos describe una actitud como ésta. Dice que llegó un momento en que
el joven “volviendo en sí”, es decir reconociendo su grave error, recapacitó y
cambió totalmente la dirección de su vida, emprendiendo el regreso a su hogar.
Tan pronto su padre lo vio de lejos, “corrió, y se echó sobre su cuello, y le
besó”. Inmediatamente ordenó una gran comida para celebrar el regreso de su
hijo amado diciendo: “Hagamos fiesta; porque este mi hijo muerto era, y ha
revivido; se había perdido, y es hallado. Y comenzaron a regocijarse”.
Restauración completa: perdonado, justificado y recibido de vuelta en la
familia con gozo y alegría.
Muchas veces Dios permite que lleguemos a un punto tan
bajo en el que solamente podemos mirar hacia arriba. Él desea perdonarnos,
anhela restaurarnos y que volvamos a vivir cerca de él, pero es necesario una
actitud humilde de nuestra parte que nos lleve a reconocer y confesar nuestro
pecado. 1 Juan 1:9 dice que “si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo
para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad”. El hijo pródigo
actuó de esta manera. Reconoció su pecado y lo confesó al decir: “Me levantaré
e iré a mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti”.
Entonces se levantó de su miseria, y con un corazón arrepentido regresó donde
su padre.
La enseñanza de esta parábola es muy clara. Jesús nos
muestra el amor y la infinita misericordia de nuestro Padre celestial. ¿Caíste
en pecado? ¿Puedes hacer lo que hizo el hijo pródigo? Tu Padre celestial te
espera con los brazos abiertos, para perdonarte y restaurarte.
ORACIÓN:
Padre santo, te doy gracias por tu amor perdonador y
restaurador. Hoy me acerco a ti en busca de tu misericordia y tu gracia. Me
arrepiento de haberte fallado y confieso ante ti mi pecado. Por favor
perdóname. En el nombre de Jesús, Amén.
¡Gracia y Paz!
Dios te Habla
lunes, 8 de septiembre de 2014
¿TIENES TU CONFIANZA PRIMERO EN EL SEÑOR?
¿TIENES TU CONFIANZA PRIMERO EN EL SEÑOR?
Jeremías 17:5-8
“Así dice el Señor: Maldito el hombre que en
el hombre confía, y hace de la carne su fortaleza, y del Señor se aparta su
corazón. Será como arbusto en el yermo y no verá el bien cuando venga; habitará
en pedregales en el desierto, tierra salada y sin habitantes. Bendito es el
hombre que confía en el Señor, cuya confianza es el Señor. Será como árbol
plantado junto al agua, que extiende sus raíces junto a la corriente; no temerá
cuando venga el calor, y sus hojas estarán verdes; en año de sequía no se angustiará
ni cesará de dar fruto”
Norma y Luis habían estado felizmente casados por más de
cinco años. Hacía tres años había nacido un niño que había traído aún más
felicidad a esta pareja. Económicamente habían prosperado mucho, se llevaban
muy bien, se amaban, en fin todo parecía indicar que era el matrimonio ideal.
Un día, de manera inesperada, llegó la noticia bomba a oídos de Norma: Luis le
había sido infiel por más de un año, con Marta, su mejor amiga desde que ambas
eran unas adolescentes.
El negocio de Ernesto había progresado enormemente. Ahora
podía darse el lujo de tomarse unos días de vacaciones de vez en cuando con su
familia. Realmente necesitaba el descanso después de muchos años de trabajar
duramente 14 o 15 horas diarias, 7 días a la semana. Por suerte podía estar
tranquilo, pues sabía que podía dejarlo todo en manos de su “mano derecha” y
amigo José Luis, el cual había demostrado que era muy eficiente en el manejo
del negocio. Pero un día, Ernesto recibió una llamada de su contador, citándolo
a una reunión urgente. Allí se enteró que su “hombre de confianza”, le había
estado robando por medio de facturas falsificadas a nombre de clientes que no
existían.
Lamentablemente, situaciones como estas no suceden de
manera esporádica, sino todo lo contrario; con frecuencia nos encontramos en la
vida grandes decepciones, generalmente producto de haber puesto nuestra
confianza en alguien que después nos traicionó. Pero, ¿cómo podemos evitar
estos desengaños? Ciertamente no es posible para nosotros saber qué hay en el
corazón de las demás personas. Alguien puede estar fingiendo fidelidad, pero en
realidad sus intenciones son otras. O quizás sus propósitos fueron buenos al
principio, y después en algún momento cayó en tentación. El pasaje de hoy nos
da una clara advertencia que debemos tener en cuenta siempre: Aquel que confía
en una persona sin tener en cuenta la dirección de Dios es “maldito”, es decir
está predestinado a sufrir malas consecuencias. ¿Qué, pues debemos hacer?
En Hechos capítulo 10, la Biblia nos habla acerca de una
situación que puede servirnos como una gran enseñanza. Cuenta que en la ciudad
de Cesarea “había un hombre llamado Cornelio, centurión de la compañía llamada
la Italiana, piadoso y temeroso de Dios”, el cual oraba cuando se le ordenó en
una visión que enviara hombres a buscar al apóstol Pedro a la cercana ciudad de
Jope, quien le diría lo que él tenía que hacer en aquel momento. Cuando estos
hombres llegaron donde Pedro, él estaba orando, y allí el Espíritu le dijo: “He
aquí, tres hombres te buscan. Levántate, pues, y desciende y no dudes de ir con
ellos, porque yo los he enviado”. En otras palabras: “No te preocupes. Puedes
confiar en ellos”. ¡Qué maravillosa seguridad envuelven estas palabras! ¡Si
nosotros pudiésemos estar tan seguros al poner nuestra confianza en alguien!
El pasaje de hoy dice también: “Bendito es el hombre que
confía en el Señor, cuya confianza es el Señor”. Puedes confiar plenamente en
Dios porque él ha demostrado con creces su amor por nosotros, porque todo lo
sabe y todo lo puede, porque es fiel y nunca nos falla y porque él ha prometido
que “no te dejará, ni te desamparará” (Deuteronomio 31:6). No nos dice esta
enseñanza que debemos desconfiar de todos los que nos rodean, sino que debemos
confiar primeramente en el Señor, y buscar en él el discernimiento espiritual
para saber en quién y hasta qué punto podemos depositar nuestra confianza en un
momento determinado. Y, de alguna manera, el Espíritu Santo, como hizo con
Pedro, nos lo hará saber.
ORACIÓN:
Mi Padre amante Celestial, te doy gracias porque puedo
depositar en ti toda mi confianza sin temor a que me vayas a fallar. Te ruego
me des discernimiento para ver más allá de una amistad o una relación al
momento de confiar en una persona. Te lo pido en el nombre de Jesús, Amén.
¡Gracia y Paz!
Dios te Habla
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miércoles, 3 de septiembre de 2014
martes, 2 de septiembre de 2014
¿SABES CUAL ES TEMPLO DEL ESPÍRITU SANTO?
¿SABES CUAL ES TEMPLO DEL ESPÍRITU SANTO?
1 Corintios 6:19-20
“¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo
del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no
sois vuestros? Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a
Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios”.
A medida que el momento de su muerte se acercaba, Jesús
se refirió con frecuencia al Consolador que él enviaría. Los discípulos
recibían esa noticia con mucha tristeza, pues amaban al Señor y no podían
aceptar que él no estuviese más junto a ellos. Sin embargo Jesús los alienta
diciéndoles: “Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuera, el Consolador
no vendría a vosotros; mas si me fuere, os lo enviaré” (Juan 16:7). Esta
promesa se cumplió el día de Pentecostés en el cual el Espíritu Santo se
manifestó de manera poderosa (Hechos capítulo 2). Ese día miles de judíos aceptaron
a Jesucristo como salvador, y así surgió la iglesia de Cristo, es decir un
grupo de creyentes que se reúnen para alabar y adorar al Señor,
independientemente de cuál sea el lugar de la reunión. En Hechos 2:46-47
leemos: “Y perseverando unánimes cada día en el templo, y partiendo el pan en
las casas, comían juntos con alegría y sencillez de corazón, alabando a Dios, y
teniendo favor con todo el pueblo. Y el Señor añadía cada día a la iglesia los
que habían de ser salvos”. Han pasado más de dos mil años, y aquellos que han
creído en Cristo continúan congregándose, sabiendo que el Señor está siempre
presente en la persona del Espíritu Santo.
En 1 Reyes 8:27-30, después de la construcción del nuevo
templo en Jerusalén, el rey Salomón manifestó: “He aquí que los cielos, los
cielos de los cielos, no te pueden contener; ¿cuánto menos esta casa que yo he
edificado?” Salomón afirma que Dios es demasiado grande para ser contenido
dentro de un edificio. No obstante, clamó al Señor diciendo: “Que estén tus
ojos abiertos de noche y de día sobre esta casa”, para que cuando un israelita
orase en ese lugar, Dios escuchara en los cielos y contestara la oración. Unos
cinco siglos después, como resultado de la muerte de Jesucristo en la cruz del
Calvario, su posterior resurrección y la venida del Espíritu Santo, aquel
templo de piedra fue reemplazado por uno de carne y hueso. Este es el cuerpo de
cada persona que ha aceptado a Jesucristo como salvador. Así lo afirma el
apóstol Pablo en 1 Corintios 3:16-17: “¿No sabéis que sois templo de Dios, y
que el Espíritu de Dios mora en vosotros? Si alguno destruyere el templo de
Dios, Dios le destruirá a él; porque el templo de Dios, el cual sois vosotros,
santo es”.
En resumen, “la iglesia de Cristo” es un grupo de
creyentes que se reúnen en un local o edificio para adorar a Dios. El “templo”
es el cuerpo de cada creyente, en el cual reside el Espíritu Santo. Por eso, en
la escritura de hoy, Pablo dice: “Glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y
en vuestro espíritu, los cuales son de Dios”. Es responsabilidad de cada
cristiano cuidar de ese templo (su cuerpo), glorificar a Dios con su
comportamiento y vivir una vida de santidad que honre su presencia en nosotros.
La manera de cuidar de este templo es manteniendo una vida de oración constante,
leyendo la Biblia, meditando en ella y aplicándola a nuestro diario vivir.
ORACIÓN:
Amante Padre celestial, gracias por haber establecido que
tu Santo Espíritu viniese a morar en el corazón de los que han creído en tu
Hijo Jesucristo. Te ruego me ayudes a estar consciente de este privilegio, y
que mi testimonio siempre honre la presencia de tu Santo Espíritu en mi vida.
En el nombre de Jesús, Amén.
¡Gracia y Paz!
Dios te Habla
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