martes, 8 de julio de 2014
ORACION
Si deseamos crecer espiritualmente debemos aprender a
mantenernos en la presencia de Dios, escuchar su voz y obedecer sus
instrucciones. Cuando la tentación toque a nuestra puerta, cuando esos
pensamientos pecaminosos vengan a nuestra mente, cuando las circunstancias a nuestro
alrededor sean propicias para actuar conforme a “los deseos de la carne”, entonces
arrodillémonos ante el trono de la gracia y humildemente confesar nuestra
debilidad al Señor y suplicarle que su Santo Espíritu tome control de nuestra
mente, de nuestro corazón y de nuestro espíritu. Entonces podremos “andar en el
Espíritu”.
ORACIÓN:
Padre santo, yo anhelo caminar en tu Espíritu siempre.
Reconozco que soy incapaz de hacerlo por mí mismo, pero sé que todo lo puedo en
Cristo que me fortalece. Ayúdame a rendirme a ti totalmente, y que tu Espíritu
controle cada área de mi vida. En el nombre de Jesús, Amén.
¡Gracia y Paz!
¿ESTÁS CUIDANDO TU CRECIMIENTO ESPIRITUAL?
¿Estás cuidando tu
crecimiento Espiritual?
Gálatas 5:16-23
“Digo, pues: Andad en el Espíritu, y no
satisfagáis los deseos de la carne. Porque el deseo de la carne es contra el
Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne; y éstos se oponen entre sí,
para que no hagáis lo que quisiereis. Pero si sois guiados por el Espíritu, no
estáis bajo la ley. Y manifiestas son las obras de la carne, que son:
adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, idolatría, hechicerías,
enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias,
homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas; acerca de las
cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales
cosas no heredarán el reino de Dios. Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo,
paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales
cosas no hay ley”
En esta escritura, el apóstol Pablo escribe una lista de
“las obras de la carne”, es decir las acciones que normalmente ejecuta el ser humano
guiado por “los deseos” de su naturaleza carnal. Producto de aquel primer
pecado de Adán y Eva, el cual los separó de su Creador, y que ha sido
transmitido de generación en generación a través de los siglos, todos hemos
nacido con esta tendencia hacia el pecado. La terrible consecuencia es “que los
que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios”. La muerte y
resurrección de Jesucristo no sólo nos ha justificado delante de Dios, sino que
también nos ha capacitado para rechazar esos deseos carnales y vivir una vida
agradable a nuestro Padre celestial por medio del poder del Espíritu Santo que
viene a morar en todos los que hemos aceptado a Jesús como nuestro suficiente salvador.
Dice Pablo que debemos andar en el Espíritu para no satisfacer
los deseos de la carne. Esto es muy fácil decirlo, pero muy difícil hacerlo,
simplemente porque nuestra naturaleza pecaminosa se opone rotundamente a todo
lo que proviene del Espíritu Santo. Pareciera imposible para nosotros, por
mucho que lo deseemos, andar en el Espíritu por nuestras propias fuerzas. De
hecho, la única manera de caminar en el Espíritu es estar conscientes de
nuestra incapacidad para lograrlo y entonces clamar a Dios por su ayuda.
“Andar en el Espíritu” implica que renunciemos a nuestros
propios deseos, rendirnos a la autoridad de Cristo, y permitir que el Espíritu
Santo controle nuestras acciones. Es morir a los deseos de la carne y vivir a
semejanza la vida que Jesucristo vivió. El apóstol Pablo entendió perfectamente
este concepto y así escribió en esta carta a los Gálatas: “Con Cristo estoy
juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora
vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se
entregó a sí mismo por mí” (Gálatas 2:20). Esta debe ser la meta ideal de todo
cristiano. Para ello debemos pasar por un proceso en el cual el Espíritu Santo
nos va puliendo, pero al mismo tiempo nosotros debemos hacer un esfuerzo para
rechazar los deseos que antes nos controlaban, y así dar lugar a que se
manifieste la vida de Cristo.
Habrá ocasiones en las que fallemos. Quizás en algunos
momentos de debilidad cometamos errores que pongan de manifiesto nuestra vieja
naturaleza. Pero estos son momentos que Dios puede usar para instruirnos y
capacitarnos para seguir adelante con más conocimiento y poder. Sin embargo es
necesario que estemos prestos a escuchar la voz del Espíritu Santo. Nada debe
distraernos, ni debemos tratar de arreglar las cosas por nosotros mismos.
Dejemos que Jesús nos muestre el camino. Demos el primer paso sometiéndonos a
la voluntad de Dios para que Él nos dé discernimiento espiritual.
Si deseamos crecer espiritualmente debemos aprender a
mantenernos en la presencia de Dios, escuchar su voz y obedecer sus
instrucciones. Cuando la tentación toque a nuestra puerta, cuando esos
pensamientos pecaminosos vengan a nuestra mente, cuando las circunstancias a nuestro
alrededor sean propicias para actuar conforme a “los deseos de la carne”, entonces
arrodillémonos ante el trono de la gracia y humildemente confesar nuestra
debilidad al Señor y suplicarle que su Santo Espíritu tome control de nuestra
mente, de nuestro corazón y de nuestro espíritu. Entonces podremos “andar en el
Espíritu”.
ORACIÓN:
Padre santo, yo anhelo caminar en tu Espíritu siempre.
Reconozco que soy incapaz de hacerlo por mí mismo, pero sé que todo lo puedo en
Cristo que me fortalece. Ayúdame a rendirme a ti totalmente, y que tu Espíritu
controle cada área de mi vida. En el nombre de Jesús, Amén.
¡Gracia y Paz!
Dios te Habla
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lunes, 7 de julio de 2014
¿AÚN VIVES CON TEMOR?
¿Aún vives con
temor?
2 Timoteo 1:7
“Porque no nos ha dado Dios espíritu de
cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio”
Hay cristianos que nunca han conocido verdaderamente el
amor de Dios. Ellos viven un cristianismo legalista donde las reglas son las
que gobiernan la “relación” con Dios. Si cumplen ciertas leyes, “Dios no les
castiga”. Viven practicando una religión bajo temor. La Biblia enseña
claramente que el cristiano no debe vivir bajo el temor pues el temor no
proviene de Dios. Así dice el pasaje de hoy.
Por la obra de la sangre de Jesús derramada en la cruz
del Calvario, los creyentes hemos pasado de la esclavitud del pecado y el temor
a la condición de hijos de Dios, lo cual nos hace sus herederos. Así dice
Gálatas 4:7: “Así que ya no eres esclavo, sino hijo; y si hijo, también
heredero de Dios por medio de Cristo”. Es decir, nuestra vida entra en contacto
directo con el amor y el poder del Padre Celestial. Se origina entonces una
relación sublime y perfecta que no se puede comparar con nada. El amor de Dios
es más que un sentimiento, es una manifestación especial de la bondad, el
cuidado y la protección del Padre celestial para con sus hijos. Es por eso que
si caminamos bajo ese precioso amor no puede haber temor en nuestras vidas. El
apóstol Juan, en su primera carta, lo afirma de esta manera: “En el amor no hay
temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor; porque el temor lleva en
sí castigo. De donde el que teme, no ha sido perfeccionado en el amor” (1 Juan
4:18).
El temor asustadizo que nos oprime y nos hace vivir en
una esclavitud espiritual nunca proviene del Señor. En Cristo siempre hay
verdadera libertad. El temor abre las puertas a la influencia del mal y nos
hace vivir bajo condenación y castigo continuo. El amor, por el contrario,
espanta las fuerzas del mal que no resisten la manifestación de la esencia
misma de Dios, pues “Dios es amor”, dice 1 Juan 4:8. Todo lo que viene de Dios
rechaza el temor que viene del enemigo. La fe, que es don de Dios, no permite
que el temor nos controle.
En una ocasión, los discípulos se encontraron en medio
del mar azotados por una violenta tormenta que amenazaba con hundir la barca
(Mateo 14:28-31). Sin saber qué hacer, llenos de temor estaban cuando Jesús se
les acercó andando sobre el mar y les dijo: “¡Confiad; yo soy, no temáis!” Tan
pronto ellos reconocieron a Jesús, y confiaron en él, los vientos se calmaron,
y vino la paz, y el temor desapareció. Fue entonces que el impetuoso Pedro le
dijo a Jesús: “Señor, si eres tú, manda que yo vaya a ti sobre las aguas”. Y el
Señor le dijo: “Ven.” Pedro descendió de la barca y “andaba sobre las aguas
para ir a Jesús”. Pero de pronto tuvo miedo y comenzó a hundirse. Entonces
gritó: "¡Señor, sálvame!" Inmediatamente Jesús, extendiendo la mano,
asió de él, y le dijo: “¡Hombre de poca fe! ¿Por qué dudaste?” La falta de fe
resulta en temor; por el contrario cuando confiamos plenamente en que Dios está
con nosotros, el temor desaparece.
A través de toda la Biblia, Dios nos dice con toda
claridad que él estará con nosotros siempre, cada día de nuestras vidas, hasta
el fin del mundo. Y Romanos 8:31 dice que “si Dios es por nosotros, ¿quién
contra nosotros?” Esto debe ser suficiente para calmar nuestros temores, pero
tenemos que creerlo, tenemos que confiar en el amor y la protección de nuestro
Dios. Medita en el pasaje de hoy. Dios no te ha dado “espíritu de cobardía”,
sino todo lo contrario, en ti reside un espíritu “de poder, de amor y de
dominio propio”. Créelo de todo corazón, confía en la verdad de la Palabra de
Dios y vivirás una vida de paz y tranquilidad.
Si sientes temor en tu vida, es imprescindible que te
liberes de él. Cristo ha pagado por ti un precio muy alto para que ahora puedas
vivir bajo una libertad espiritual completa. El salmista dijo: “Busqué al
Señor, y él me oyó, y me libró de todos mis temores. Los que miraron a él
fueron alumbrados, y sus rostros no fueron avergonzados” (Salmo 34:4-5). Haz
como el salmista, busca al Señor cada día de tu vida, conócele íntimamente y
permite que su amor inunde todo tu ser, porque en la medida que eres
perfeccionado en el amor de Dios más se fortalecerá tu fe y dejarás de vivir
bajo el temor.
ORACIÓN:
Gracias, mi Dios, porque a través de la sangre de Cristo,
puedo vivir bajo tu amor y no bajo el temor del enemigo. Te ruego aumentes mi
fe para vivir cada día en la libertad de tu Espíritu. En el nombre de Jesús,
Amén.
¡Gracia y Paz!
Dios te Habla
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sábado, 5 de julio de 2014
ORACION
Cuando las cosas están bien, es fácil ser amigo. Sin
embargo, en medio de las pruebas y las dificultades, sólo aquellos que han sido
tocados por la gracia, el amor y el consuelo del Señor serán capaces de
permanecer cerca, y ser instrumento de consolación para los que sufren.
ORACIÓN:
Mi amoroso Padre, gracias por el consuelo y la paz que
recibo de ti en mis momentos de aflicción. Te ruego me capacites para ser un
instrumento en tus manos para llevar ese consuelo y esa paz a los que tanto
necesitan de ti. En el nombre de Jesús, Amén.
¿CÓMO CUMPLES TU FUNCIÓN EN EL CUERPO DE CRISTO?
¿Cómo cumples tu
función en el cuerpo de Cristo?
1 Corintios 12:12-13
“Porque así como el cuerpo es uno, y tiene
muchos miembros, pero todos los miembros del cuerpo, siendo muchos, son un solo
cuerpo, así también Cristo. Porque por un solo Espíritu fuimos todos bautizados
en un cuerpo, sean judíos o griegos, sean esclavos o libres; y a todos se nos
dio a beber de un mismo Espíritu”.
Cuando Jesús predicaba el Evangelio aquí en la tierra,
había en el mundo dos grandes grupos de personas. Por un lado los judíos,
circuncisos; por otro lado el resto de las naciones, paganos e incircuncisos, a
menudo designados en la Biblia con el nombre de “gentiles”. Después de la
muerte y resurrección de Jesucristo, nació un tercer grupo compuesto por
aquellos que creyeron, a quienes Dios separó de los dos grupos precedentes para
hacer de ellos un pueblo santo. Así dice Efesios 2:14-16: “Porque él es nuestra
paz, que de ambos pueblos hizo uno, derribando la pared intermedia de
separación, aboliendo en su carne las enemistades, la ley de los mandamientos
expresados en ordenanzas, para crear en sí mismo de los dos un solo y nuevo
hombre, haciendo la paz, y mediante la cruz reconciliar con Dios a ambos en un
solo cuerpo, matando en ella las enemistades”. Estos son los redimidos en
Cristo, el único nombre por medio del cual todo aquel que cree es salvo y tiene
vida eterna. Pablo se refiere a estos tres grupos cuando escribe en 1 Corintios
10:32: “No seáis tropiezo ni a judíos, ni a gentiles, ni a la iglesia de Dios”.
Pero “el cuerpo no es un solo miembro, sino muchos”, dice
1 Corintios 12:14, y cada miembro tiene una función específica dentro del
cuerpo de Cristo, así como el ojo tiene su función, y la oreja tiene la suya en
el cuerpo humano. Continúa el apóstol Pablo: “Y si dijere la oreja: Porque no
soy ojo, no soy del cuerpo, ¿por eso no será del cuerpo? Si todo el cuerpo
fuese ojo, ¿dónde estaría el oído? Si todo fuese oído, ¿dónde estaría el
olfato? Mas ahora Dios ha colocado los miembros cada uno de ellos en el cuerpo,
como él quiso. Porque si todos fueran un solo miembro, ¿dónde estaría el
cuerpo? Pero ahora son muchos los miembros, pero el cuerpo es uno solo” (1 Corintios
12:16-20).
El diccionario define la palabra “cuerpo” como “agregado
de personas que forman un pueblo, república, comunidad o asociación”. El
“cuerpo” al que se refiere Pablo está compuesto exclusivamente por los que han
aceptado a Cristo como Salvador. Al participar de la santa cena, los cristianos
recordamos la muerte de Cristo, que es la base de ese nuevo grupo, de ese “solo
cuerpo”. Al partir el pan, Jesús dijo a sus discípulos: “Tomad, comed; esto es
mi cuerpo que por vosotros es partido; haced esto en memoria de mí” (1
Corintios 11:24). Y en 1 Corintios 10:17 dice: “Siendo uno solo el pan,
nosotros, con ser muchos, somos un cuerpo; pues todos participamos de aquel
mismo pan”.
Los cristianos debemos estar conscientes de que cada uno
de nosotros es un miembro del cuerpo de Cristo, y cada uno tiene su función o
responsabilidad para que el cuerpo funcione coordinadamente, y logre el
propósito para el cual fue creado: glorificar el nombre de Dios en este mundo
corrupto y pecaminoso. El autor de la Epístola a los Hebreos exhorta a los
cristianos de origen judío a dejar las enseñanzas del judaísmo, y a seguir
adelante con la doctrina de Cristo, diciéndoles: “Vamos adelante a la
perfección” (Hebreos 6:1). Esta debe ser la meta de todos los que hemos llegado
a formar parte del cuerpo de Cristo.
Identifica tu función en este cuerpo (tu iglesia local),
y pídele a Dios que te capacite para llevarla a cabo plenamente. Busca cada día
una íntima comunión con Cristo, y sigue fielmente sus instrucciones pues él “es
la cabeza del cuerpo que es la iglesia, él que es el principio, el primogénito
de entre los muertos, para que en todo tenga la preeminencia” (Colosenses
1:18).
ORACIÓN:
Padre santo, gracias por el inmenso privilegio que me das
de pertenecer al cuerpo de Cristo, habiendo sido lavado por su sangre, redimido
y justificado. Te ruego me capacites para ejercer plenamente mi función como
miembro de este cuerpo para que tu propósito se cumpla y tu nombre sea
glorificado. En el nombre de Jesús, Amén.
¡Gracia y Paz!
Dios te Habla
viernes, 4 de julio de 2014
¿SABES DAR CONSUELO A LOS DEMÁS?
¿Sabes dar consuelo
a los demás?
2 Corintios 1:3-4
“Bendito sea el Dios y Padre de nuestro
Señor Jesucristo, Padre de misericordias y Dios de toda consolación, el cual
nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que podamos también nosotros
consolar a los que están en cualquier tribulación, por medio de la consolación
con que nosotros somos consolados por Dios”.
Todos tenemos días en los que parece nada nos sale bien.
En ocasiones pasan semanas y hasta meses y nada de lo que planeamos resulta de
la manera que esperábamos. Y no importa cuán fuertes seamos, todos
experimentamos momentos de frustración y desaliento, y a veces nos envuelve un
cierto sentimiento de derrota. Es entonces cuando nos damos cuenta de lo
débiles que somos. Sin embargo, cuando llegamos a este punto, es que
descubrimos el increíble poder de Dios y el apoyo y el consuelo que él nos
ofrece.
En momentos muy difíciles de su vida, el apóstol Pablo
clamó a Dios para que lo librara de su aflicción y el Señor le dijo: “Bástate
mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad” (2 Corintios 12:9).
Es precisamente en medio de nuestra debilidad, cuando reconocemos que no
podemos salir airosos de la prueba por nosotros mismos, que Dios manifiesta su
poder. Él nunca dice: “Date por vencido. De todas formas vas a ser derrotado”.
Todo lo contrario, su Palabra nos recuerda que “somos más que vencedores por
medio de aquel que nos amó” (Romanos 8:37).
De Génesis a Apocalipsis la Biblia nos habla de la
infinita gracia y misericordia de Dios, y de su amor que “excede a todo
conocimiento” (Efesios 3:19). Romanos 15:4 dice: “Porque las cosas que se
escribieron antes, para nuestra enseñanza se escribieron, a fin de que por la
paciencia y la consolación de las Escrituras, tengamos esperanza”. Es decir, lo
que está escrito en la palabra de Dios por su propia inspiración, está a
nuestra disposición. El Señor quiere que sepamos que, no importa cuán difícil
sea la situación en la que estemos, su gracia está siempre presente y es más
que suficiente para que sintamos su consuelo, su paz, su gozo y su poder
perfeccionándose en nuestra debilidad, resultando en esperanza para nuestras
vidas.
En Juan 14:16, Jesús prometió a sus discípulos: “Yo rogaré
al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre”.
Jesús estaría en este mundo por un tiempo limitado. Una vez cumpliese su misión
de morir para pagar por nuestros pecados, y resucitara, ascendería al cielo con
el Padre. Por eso el Espíritu Santo vino y está con nosotros para siempre. Pero
su función no es solamente consolarnos a nosotros, sino también capacitarnos
para que seamos instrumentos para consolar a aquellos que están sufriendo las
mismas aflicciones que nosotros hemos sufrido.
Cuando las cosas están bien, es fácil ser amigo. Sin
embargo, en medio de las pruebas y las dificultades sólo aquellos que han sido
tocados por la gracia, el amor y el consuelo del Señor serán capaces de
permanecer cerca, y ser instrumento de consolación para los que sufren.
Asegúrate que tu aflicción y tu dolor no hayan sido en
vano. Dios siempre tiene un propósito al permitirlos en tu vida. Si somos
atribulados, dice el pasaje de hoy, es para la consolación y la salvación de
otros. Esto forma parte del plan de Dios en tu vida. Él quiere fortalecer tu
espíritu por medio de la prueba, y a la vez capacitarte para que consueles a
los que sufren cerca de ti, y que seas un instrumento para la salvación de los
incrédulos.
ORACIÓN:
Mi amoroso Padre, gracias por el consuelo y la paz que
recibo de ti en mis momentos de aflicción. Te ruego me capacites para ser un
instrumento en tus manos para llevar ese consuelo y esa paz a los que tanto
necesitan de ti. En el nombre de Jesús, Amén.
¡Gracia y Paz!
Dios te Habla
jueves, 3 de julio de 2014
¿TE DIJERON QUE SEGUIR A CRISTO ERA FÁCIL?
¿Te dijeron que seguir a Cristo era fácil?
¡Te engañaron! Seguir a Cristo no es fácil, pero Dios te ha llamado y tiene un plan maravilloso para ti, no te rindas, no te des por vencido(a), recuerda que Dios está contigo, cuando sientas el mundo encima, mantente firme, persevera, no te rindas, no tires la toalla, Dios completará su plan en tu vida… si tú no te das por vencido(a). Recuerda lo que Dios nos dice en Filipenses 1:6: “…estoy seguro de que Dios, quien comenzó en ustedes la buena obra, la continuara hasta que quede completamente terminada el día que Cristo Jesús vuelva”, ¿lo crees? ¿Crees que Dios tiene un plan para tu vida a pesar de la adversidad y el dolor que estas experimentando en este momento? ¿Lo crees? Si lo crees… NO TE DES POR VENCIDO(A), ¡Continúa caminando, aunque signifique caminar herido.
Escucha aquí:
¿CÓMO ESTÁS VIVIENDO EL PROCESO DE LA OBRA QUE DIOS ESTÁ HACIENDO EN TU VIDA?
¿Cómo estás
viviendo el proceso de la obra que Dios está haciendo en tu vida?
Romanos 8:29
“Porque a los que antes conoció, también los
predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él
sea el primogénito entre muchos hermanos”.
A través de toda nuestra vida cristiana, Dios obra en
nosotros con el fin de hacernos “conformes a la imagen de su Hijo”. Quizás has
leído y escuchado este pasaje muchas veces, pero ¿te has detenido alguna vez a
meditar profundamente sobre lo que verdaderamente significa ser “conforme a la
imagen de su Hijo”?
Cuando recibimos a Jesucristo como Salvador y Señor de
nuestras vidas, él viene a morar en nuestros corazones en la persona del
Espíritu Santo (2 Corintios 1:21-22). Esto significa que cuando Dios Padre nos
mira desde el cielo, él ve la presencia de su Hijo en nosotros. Pero al mismo tiempo
hay muchas cosas en nuestras vidas que afectan negativamente esta imagen de
Cristo. Por lo tanto, a medida que crecemos en nuestra relación con el Señor,
Dios va eliminando esos obstáculos que afectan nuestra intimidad con él. Así es
que cada uno de nosotros puede ser llamado una “obra en progreso”, mientras
Dios continuamente, por medio de su Santo Espíritu, va puliendo nuestras vidas
para que reflejen mejor la imagen de Jesucristo.
Dios pule nuestras vidas hasta hacer de ellas una obra
maravillosa, así como lo hace un escultor con una piedra. Cuando él nos mira,
él ve a su Hijo Jesucristo en nosotros. Y es a través de la lectura de su palabra,
nuestro tiempo de comunión con él, las circunstancias, las dificultades y
aflicciones, nuestros errores, las personas que nos rodean, etc., como nos va
dando forma con el fin de que Jesucristo tome vida en nosotros. La diferencia
entre la escultura y el proceso espiritual es que en éste nosotros tenemos
parte activa. Este es el proceso de santificación en el cual Dios espera
nuestra participación. Lo primero que tenemos que entender es que no podemos
continuar pensando y actuando como antes, sino que debemos cambiar nuestra
manera de pensar y de actuar. En relación a esto, el apóstol Pablo escribe en
su carta a los Romanos: “No os conforméis a este siglo, sino transformaos por
medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea
la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta” (Romanos 12:2).
En este proceso de santificación fallaremos y caeremos en
muchas ocasiones, mas con la ayuda de Dios nos levantaremos en cada ocasión y
continuaremos hacia adelante. Mientras crecemos en nuestro entendimiento de la
verdad bíblica y continuamente la apliquemos a nuestras vidas, y a medida que
profundizamos en nuestra comunión con Dios por medio de la constante oración,
la transformación se va llevando a cabo en nosotros. Esto no podemos hacerlo
por nosotros mismos, pues nuestra naturaleza carnal se niega a renunciar a sus
deseos y costumbres, pero si permitimos a Cristo vivir su vida a través de
nosotros poco a poco nos iremos pareciendo a él. De esto podemos estar seguros
pues la Biblia dice que “el que comenzó en vosotros la buena obra, la
perfeccionará hasta el día de Jesucristo” (Filipenses 1:6).
Decide hoy traer delante de la presencia de Dios todo
aquello que tienes que eliminar de tu vida para que puedas reflejar a todo el
mundo la imagen de Jesucristo. “Echa sobre el Señor tu carga, y él te
sustentará”, como dice el Salmo 55:22. Asimismo nos manda a hacer nuestro Padre
en Hebreos 12:1-2, donde dice: “Despojémonos de todo peso y del pecado que nos
asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos
los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe”. Obedece la palabra de Dios,
establece una íntima comunión con el Señor y cada día te irás pareciendo más a
Cristo.
ORACIÓN:
Amante Padre celestial, te ruego me ayudes a obedecer tu
palabra y a buscar tu rostro en oración cada día, para que logres tu propósito
en mi vida: que yo sea conforme a la imagen de tu Hijo. En el santo nombre de
Jesús, Amén.
¡Gracia y Paz!
miércoles, 2 de julio de 2014
ORACION
ORACIÓN:
Mi amante Padre celestial, gracias mi Dios, por tus
promesas de ayudarme y suplir mis necesidades. Aumenta mi fe, para que yo no
vacile ni un instante en acudir a tu trono de gracia en busca de ayuda en mis
necesidades, aún en las más simples e insignificantes. En el nombre de Jesús,
Amén.
Dios está al tanto de todas nuestras necesidades (aún las
más pequeñas e insignificantes) y las suple con amor “conforme a sus riquezas
en gloria en Cristo Jesús”. Sólo tenemos que creer. Así lo afirma Jesús en
Mateo 21:22 “Todo lo que pidiereis en oración, creyendo, lo recibiréis”.
Dios contesta nuestras oraciones, y sus promesas son una
realidad mayor que nuestros problemas. ¡Qué Padre tan maravilloso! Sólo tenemos
que acercarnos a él trayéndole nuestros problemas y confiar en su amor y su
poder, como nos dice Hebreos 4:16: “Acerquémonos, pues, confiadamente al trono
de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno
socorro”.
¡Gracia y Paz!
¿POR CUALES DE TUS NECESIDADES ORAS AL SEÑOR?
¿Por cuales de tus
necesidades oras al Señor?
Filipenses 4:19
“Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta
conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús”.
La Biblia dice que Dios suplirá todo lo que les falta a
sus hijos. Sin embargo, tenemos la tendencia a acudir a él sólo en aquellas
cosas que nos parecen muy “difíciles” o “complejas”, mientras nosotros nos
encargamos de las que son “fáciles” o “simples”, de acuerdo a nuestro criterio.
Y muchas veces el resultado es un rotundo fracaso. Debemos siempre recordar que
Jesús dijo: “Separados de mí nada podéis hacer” (Juan 15:5). Por lo tanto debemos
de solicitar su ayuda en oración aún en los problemas más pequeños.
La siguiente historia es una prueba evidente de ello:
Corie ten Boon fue una famosa predicadora holandesa que fue usada con poder por
Dios hace varias décadas. Durante la Segunda Guerra Mundial, Corie y su hermana
Betsie conjuntamente con el padre de ambas fueron arrestadas por los nazis,
acusados de esconder judíos en su hogar y fueron enviados a un campo de
concentración. Su padre y su hermana Betsie murieron en la prisión, y cuando
ella fue liberada regresó sola a su casa. Después de la guerra, Corie ten Boon
se dedicó a predicar la Palabra de Dios por todo el mundo. En una ocasión,
mientras predicaba acerca del poder de la oración, Corie contó esta anécdota
sucedida en los días de su cautiverio:
“Una mañana me desperté con un resfriado terrible y le
dije a Betsie: - ¿Qué puedo hacer? Ni siquiera tengo un pañuelo. - Ora - me
dijo ella - Me sonreí. Pero ella oró. – “Padre, Corie está resfriada y no tiene
un pañuelo. Por favor, suple uno para ella. En el nombre de Jesús, Amén”. No
pude evitar la risa, pero cuando ella dijo “Amén”, escuché que me llamaban. Fui
a la ventana, y allí estaba mi amiga, que trabajaba en el hospital de la
prisión. - ¡Rápido, rápido! Toma este paquetito, es un pequeño regalo para ti.
Abrí el paquetito y dentro había un pañuelo. - ¿Cómo se te ocurrió traerme
esto? ¿Cómo sabías que estoy resfriada? - No lo sabía, pero estaba doblando
pañuelos en el hospital y una voz en mi corazón me dijo: “Llévale uno a Corie
ten Boon”. - ¡Qué milagro! ¿Entienden lo que ese pañuelo me dijo en aquel
momento? Me dijo que en el cielo hay un Padre amoroso que oye cuando una de sus
hijas, en este pequeñísimo planeta, pide una cosa insignificante e imposible:
un pañuelo. Y ese Padre celestial dice a otra de sus hijas que le lleve uno a
Corie ten Boon”.
En Mateo 9:27-30 leemos una pequeña historia acerca de
dos ciegos que se acercaron a Jesús, pidiéndole que los sanara. El Señor
entonces les preguntó: “¿Creéis que puedo hacer esto?” Ellos inmediatamente
contestaron: “Sí, Señor”. Entonces Jesús les tocó los ojos diciéndoles:
“Conforme a vuestra fe os sea hecho”. Y ambos recobraron la vista. Sin lugar a
dudas, la clave de este milagro de nuestro Señor fue la fe de aquellos ciegos.
Ellos estaban seguros de que Jesús podía devolverles la vista a pesar de que
humanamente era totalmente imposible. Ahora bien, no es necesario que nos
encontremos en una situación que requiera un milagro divino. Dios está al tanto
de todas nuestras necesidades (aún las más pequeñas e insignificantes) y las
suple con amor “conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús”, como dice
el pasaje de hoy. Sólo tenemos que creer. Así lo afirma Jesús en Mateo 21:22
“Todo lo que pidiereis en oración, creyendo, lo recibiréis”.
Dios contesta la oración, y sus promesas son una realidad
mayor que nuestros problemas. ¡Qué Padre tan maravilloso! Sólo tenemos que
acercarnos a él trayéndole nuestros problemas y confiar en su amor y su poder,
como nos dice Hebreos 4:16: “Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la
gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro”.
No te cohíbas de traer ante tu Padre celestial aun el más pequeño de tus
problemas o necesidades. Él está esperando para darte la respuesta más
conveniente para ti. Cuando oramos con fe, y esperamos con paciencia, Dios
contestará nuestras oraciones, oportunamente, en su perfecto tiempo y de
acuerdo a lo que él sabe es lo mejor para nosotros.
ORACIÓN:
Mi amante Padre celestial, gracias mi Dios, por tus promesas
de ayudarme y suplir mis necesidades. Aumenta mi fe, para que yo no vacile ni un
instante en acudir a tu trono de gracia en busca de ayuda en mis necesidades,
aún en las más simples e insignificantes. En el nombre de Jesús, Amén.
¡Gracia y Paz!
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