jueves, 12 de junio de 2014

¿SIENTES CELOS O ENVIDIA DE ALGUIEN?



¿Sientes celos o envidia de alguien?

Hechos 13:42-46
“Cuando salieron ellos de la sinagoga de los judíos, los gentiles les rogaron que el siguiente día de reposo les hablasen de estas cosas. Y despedida la congregación, muchos de los judíos y de los prosélitos piadosos siguieron a Pablo y a Bernabé, quienes hablándoles, les persuadían a que perseverasen en la gracia de Dios. El siguiente día de reposo se juntó casi toda la ciudad para oír la palabra de Dios. Pero viendo los judíos la muchedumbre, se llenaron de celos, y rebatían lo que Pablo decía, contradiciendo y blasfemando. Entonces Pablo y Bernabé, hablando con denuedo, dijeron: A vosotros a la verdad era necesario que se os hablase primero la palabra de Dios; mas puesto que la desecháis, y no os juzgáis dignos de la vida eterna, he aquí, nos volvemos a los gentiles”.

Este pasaje nos cuenta que los judíos se opusieron a la predicación de Pablo porque “se llenaron de celos” al ver la muchedumbre que se reunió “para oír la palabra de Dios”. En Génesis 30:1 leemos que “viendo Raquel que no daba hijos a Jacob, tuvo envidia de su hermana”. Entonces le pidió a Jacob que se llegara a su sierva Bilha, la cual concibió y dio a luz un hijo a Jacob. También los hermanos de José “le tenían envidia” (Génesis 37:11) porque su padre mostraba favoritismo hacia él, y por esa razón lo vendieron como esclavo a unos mercaderes. Poncio Pilato les preguntó a los judíos si querían que soltara al criminal Barrabás o a Jesús, “porque sabía que por envidia le habían entregado”, dice Mateo 27:18. Poco después se cometió la mayor injusticia de la historia de la humanidad. Estos ejemplos nos muestran la maldad que se desprende de la envidia o de los celos.

Los celos y la envidia son sinónimos. Cualquier ventaja que una persona tenga sobre otra en algún área específica puede dar lugar a ese sentimiento, ya sea una buena posición económica, o la inteligencia, la buena apariencia, la popularidad, un buen empleo, etc. La envidia es un resentimiento que surge por el deseo de tener esas y otras cosas. El diccionario define “envidia” de la siguiente manera: “Tristeza o pesar del bien ajeno. Sentimiento de hostilidad contra el que posee una cosa que nosotros no poseemos”. La envidia produce tristeza, pesar, infelicidad; afecta el estado espiritual y a la larga afecta también la salud física y mental. Proverbios 14:30 dice: “El corazón apacible es vida de la carne; mas la envidia es carcoma de los huesos”.

El apóstol Pablo, en su carta a los gálatas, les dice: “Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne. Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne” (Gálatas 5:16). Entonces menciona una larga lista de “las obras de la carne”, entre las cuales incluye “los celos y la envidia”. Ciertamente estos sentimientos pueden traer muy malas consecuencias en la persona que los siente y en aquellos que le rodean. Debemos estar muy alertas, pues ni el cristiano más consagrado es inmune a la sutil tentación de la envidia.

Medita en esta enseñanza, mira bien dentro de ti, y contesta esta pregunta: “¿Sientes envidia de alguien?” Si la respuesta es “sí”, debes confesarla ante el Señor con un corazón arrepentido, y empezar a orar por esa persona. Sabrás que estás arrancando de ti la envidia cuando comiences a regocijarte en el éxito y las buenas cualidades de esa persona.

ORACIÓN:
Padre santo, arranca de mi corazón todo sentimiento de celos o envidia, que sin duda afectan mi relación contigo. Ayúdame a gozarme en lo bueno que sucede a los demás, sabiendo que todo lo bueno proviene de ti. En el nombre de Jesús, Amén.

¡Gracia y Paz!

Dios te Habla

miércoles, 11 de junio de 2014

¡SOMOS SEGUIDORES DE JESÚS!



Muchas personas son fanáticas de un artista, siempre están al tanto de los nuevos discos y de todo lo que pasa con ese artista; si sale un disco nuevo ya están en la tienda buscándolo y lo compran; si sale en una revista ahí están comprando la revista; si lanzan un nuevo perfume o ropa con su fotografía, ahí están comprando esos artículos.

Pero cuando los que somos Cristianos solo hablamos de Dios y de sus maravillosas obras, dicen que somos fanáticos, que estamos locos; dicen que eso es “pecado”, que eso no está bien. Los que hemos sido llamados por el Señor y nos hemos rendido a los pies de Cristo, solo buscamos las cosas de Dios. Para nosotros el haber sido rescatados de las tinieblas en que vivíamos, significa nacer de nuevo, volver a vivir, buscar el rostro del Señor día con día, queremos aprender de Él todo lo que nos enseña en su Santa Palabra, la Biblia, lo buscamos en oración, en ayuno, en suplica, en vigilia; y todo esto no es suficiente, queremos más y más, nos congregamos en la Iglesia local, acudimos, si es preciso, a todos los eventos y servicios.

Yo les pregunto a los que nos llaman “Fanáticos” y “locos” ¿qué es más “pecado”? Ser fanáticos de un ser humano pecador, mentiroso y mortal, o de Dios quien por medio de Jesucristo es infinitamente misericordioso, santo, fiel y eterno.

A todos esos amigos y amigas que nos llaman “fanáticos”, les invito al “Club de fans de Jesucristo”, donde no hay acepción de personas y todos somos “presidentes”, “representantes” y seguidores leales.

1 Corintios 1:18
“Porque la palabra de la cruz es necedad para los que se pierden, pero para nosotros los salvos es poder de Dios”.



¡Gracia y Paz!

AUNQUE EL DIABLO SE ENOJE



¿ESTÁS APROVECHANDO BIEN TU TIEMPO?


¿Estás aprovechando bien tu tiempo?

Efesios 5:15-17
“Mirad, pues, con diligencia cómo andéis, no como necios sino como sabios, aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos. Por tanto, no seáis insensatos, sino entendidos de cuál sea la voluntad del Señor"

Con mucha frecuencia escuchamos decir a alguien: “¡El tiempo se ha ido volando!” o “¡Es increíble, pero ya está aquí el fin de año de nuevo! o cualquier otra expresión similar que describe la manera en que han pasado los días, las semanas y los meses sin apenas darnos cuenta. Es lamentable, pues debíamos estar conscientes de que entre todos los maravillosos regalos que Dios nos ha dado, está el tiempo. No sabemos cuánto tiempo nos queda en este mundo, pero tenemos que entender que cada día es un regalo de Dios. La pregunta es: ¿Qué haremos con nuestros días? El Salmo 90:12 dice: “Enséñanos de tal modo a contar nuestros días, que traigamos al corazón sabiduría”. Cuando pedimos diariamente a Dios que nos dé sabiduría, aprenderemos a tomar decisiones que nos llevarán a “aprovechar bien el tiempo”.

Si analizamos como usamos nuestro tiempo cada día, probablemente nos daremos cuenta que la mayoría lo usamos en el mantenimiento de la vida. Comemos, bebemos, dormimos, hacemos rutinariamente los quehaceres diarios, incluyendo trabajar o estudiar, vemos televisión o llevamos a cabo alguna que otra actividad o entretenimiento. Y así se va un día tras otro, y pasa un año tras otro, y se nos va la vida sin apenas darnos cuenta. Sobre esto el apóstol Santiago escribió: “¿Qué es vuestra vida? Ciertamente es neblina que se aparece por un poco de tiempo, y luego se desvanece” (Santiago 4:14). Y David nos dice en el Salmo 39:5: “He aquí, diste a mis días término corto, y mi edad es como nada delante de ti. Ciertamente es completa vanidad todo hombre que vive”.

Un famoso escritor escribió: “El promedio actual de longevidad es de 25,550 días. Ese es aproximadamente el tiempo que vivirás, si eres una persona común y corriente. ¿No te parece que es muy poco tiempo como para desperdiciarlo?” De esta manera lo expresa el Salmo 90:10: “Los días de nuestra edad son setenta años; y si en los más robustos son ochenta años, con todo, su fortaleza es molestia y trabajo, porque pronto pasan, y volamos”. Al entender esta realidad podemos aprender que el tiempo que usemos en el reino de Dios es lo único que tendrá valor eterno y lo que nos permitirá vivir la vida en abundancia que nos ha prometido el Señor (Juan 10:10).

El pasaje de hoy nos exhorta a que no andemos “como necios sino como sabios, aprovechando bien el tiempo”. Esto es algo que debemos tener en cuenta siempre. ¿Qué, pues, debemos hacer? Colosenses 3:23, 24 dice: “Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres; sabiendo que del Señor recibiréis la recompensa de la herencia, porque a Cristo el Señor servís”. Cuando aun las pequeñas cosas las hacemos para agradar al Señor, cuando somos un testimonio agradable a él y un instrumento que él pueda usar para ayudar a este mundo perdido, estamos invirtiendo el tiempo que Dios nos ha dado de una manera sabia, lo cual nos traerá una recompensa no sólo mientras vivimos sino por toda la eternidad.

Aprendamos a utilizar el tiempo de la mejor manera posible. Para ello es necesario consultar con el autor del tiempo. El rey David proclamó: “Señor, en tu mano están mis tiempos” (Salmo 31:15). Depositemos nuestro tiempo en las manos de Dios. Comencemos con dedicar un tiempo preferencial todos los días a buscar el rostro del Señor en oración, a leer su palabra y a meditar en ella. Jesús nos exhorta a hacer de esto una prioridad en nuestras vidas. En Mateo 6:33 dice: “Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas”. Si sigues estas instrucciones, comprobarás que el tiempo te rendirá mucho más, y Dios te recompensará supliendo todas tus necesidades tanto materiales como espirituales.

ORACIÓN:
Mi amoroso Yahweh Dios, te ruego me ayudes a administrar mi tiempo de manera que todo lo que yo haga esté de acuerdo a los planes que tú tienes para mi vida y la vida de mi familia. Ayúdame a comenzar cada día en tu presencia para que seas tú quien controle todo mi tiempo y así seas glorificado en mi vida. En el nombre de Jesús, Amén.

¡Gracia y Paz!

Dios te Habla

martes, 10 de junio de 2014

¿AÚN DICES MENTIRAS?



¿Aún dices mentiras?

Colosenses 3:9-10
“No mintáis los unos a los otros, puesto que habéis desechado al viejo hombre con sus malos hábitos, y os habéis vestido del nuevo hombre, el cual se va renovando hacia un verdadero conocimiento, conforme a la imagen de aquel que lo creó”.

Un entrenador de fútbol universitario renuncia después de admitir que falsificó sus credenciales académicas y atléticas. Un oficial militar de carrera confiesa haber llevado puestas condecoraciones de combate que no se ganó. Un solicitante de un empleo reconoce que cuando dijo que tenía experiencia en la "supervisión de alimentos y bebidas" en realidad lo que hacía era café todas las mañanas en la oficina. Con frecuencia oímos de muchos otros que son públicamente avergonzados cuando en algún momento se descubre que mintieron en el pasado. Lo cierto es que más tarde o más temprano habrá malas consecuencias para aquellos que mienten.

A veces pensamos que una pequeña “mentirita” no tiene importancia y que seguramente no tendrá consecuencias, pero nos olvidamos que cuando ignoramos los principios de la Palabra de Dios estamos exponiéndonos a sufrir los resultados que trae consigo la desobediencia. Gálatas 6:7 dice: “No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará”. Es decir, si sembramos una mentira con seguridad no vamos a segar algo bueno, sino todo lo contrario. El pasaje de hoy dice claramente: “No mintáis los unos a los otros”, sin diferenciar una mentira de otra. Aun esas pequeñas mentiras por lo general crecen a medida que tratamos de evitar que se descubran. Y a una mentira sigue otra y otra, y por regla general el resultado final es un enorme enredo lleno de malas consecuencias.

Ahora bien, la razón fundamental por la que no debemos mentir es porque hemos confiado en Jesucristo como nuestro Salvador, por lo cual el “viejo hombre” con todas sus miserias y pecados, incluyendo las mentiras, ha sido desechado dando lugar a un “nuevo hombre”. De esta manera continúa el pasaje de hoy: “…puesto que habéis desechado al viejo hombre con sus malos hábitos, y os habéis vestido del nuevo hombre..." Es el plan de Dios que este “nuevo hombre” poco a poco, bajo la acción del Espíritu Santo, se vaya “renovando hacia un verdadero conocimiento, conforme a la imagen de aquel que lo creó”. Así termina este pasaje.

Sin duda, en este proceso, muchas veces vendrán a nosotros pensamientos o impulsos pertenecientes a hábitos o costumbres del pasado, entre ellos las mentiras. La enseñanza de hoy nos exhorta a rechazar esos impulsos, y decir siempre la verdad, pues la verdad viene de Dios, mientras que la mentira proviene de Satanás. En Juan 8:44, Jesús les dice a un grupo de judíos: “Vosotros sois de vuestro padre el diablo, y los deseos de vuestro padre queréis hacer. El ha sido homicida desde el principio, y no ha permanecido en la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira, de suyo habla; porque es mentiroso, y padre de mentira”. Es evidente que cuando mentimos no agradamos al Señor, sino que estamos complaciendo los deseos del diablo. Debemos esforzarnos y luchar contra todo aquello que no sea verdad. No siempre resulta fácil hacerlo, pero si permitimos que se manifieste en nosotros el poder del Espíritu Santo y con él la verdad y la justicia de nuestro Señor, entonces podremos vivir una vida santa y veraz, digna de un hijo o hija de Dios.

Busca el rostro del Señor cada día en oración, lee la Biblia, medita en sus enseñanzas y esfuérzate en ponerlas en práctica. El Espíritu Santo producirá en ti su fruto, y poco a poco las mentiras dejarán de formar parte de tu vida, y el nombre de Dios será glorificado.

ORACIÓN:
Querido Dios, ayúdame a vivir consciente de que las cosas viejas pasaron y todas han sido hechas nuevas. Dame el poder para mostrar el Cristo que vive en mí quien vivió una vida de total honestidad, integridad y verdad absoluta. En el nombre de Jesús, Amén.

¡Gracia y Paz!
Dios te Habla



lunes, 9 de junio de 2014

1 Tesalonisenses 5:14

¿LLORAS CON LOS QUE LLORAN?



¿Lloras con los que lloran?

Romanos 12:9-15
“El amor sea sin fingimiento. Aborreced lo malo, seguid lo bueno. Amaos los unos a los otros con amor fraternal; en cuanto a honra, prefiriéndoos los unos a los otros. En lo que requiere diligencia, no perezosos; fervientes en espíritu, sirviendo al Señor; gozosos en la esperanza; sufridos en la tribulación; constantes en la oración; compartiendo para las necesidades de los santos; practicando la hospitalidad. Bendecid a los que os persiguen; bendecid, y no maldigáis. Gozaos con los que se gozan; llorad con los que lloran”.

En este pasaje, el apóstol Pablo menciona una lista de deberes que todo cristiano debía tratar de cumplir. Nos habla de amarnos unos a los otros con amor fraternal, sin fingimiento. Nos exhorta a ser constantes en la oración, a ser fervientes en espíritu, a servir al Señor, a bendecir a los que nos persiguen; a gozarnos con los que se gozan y a llorar con los que lloran. ¡Qué maravilloso sería que pudiésemos cumplir a cabalidad todos estos deberes! Nuestro testimonio ante el mundo que nos rodea sería verdaderamente impactante y el nombre de nuestro Padre celestial sería glorificado donde quiera que estuviésemos. Lamentablemente nuestra naturaleza carnal nos impulsa a hacer lo contrario, y se requiere un esfuerzo de nuestra parte, un fuerte deseo en nuestros corazones de actuar conforme a lo que nos dice la palabra de Dios. También debemos estar consientes de que por nuestras propias fuerzas no podremos hacerlo, sino que necesitamos la ayuda del Espíritu Santo.

Hay ocasiones en que tenemos la oportunidad de confortar a alguien, ya sea un familiar, o una amistad o un hermano de la iglesia, que está pasando por una situación dolorosa. Por regla general intentamos consolarlo con palabras de aliento, tratando de levantar su ánimo. Sin embargo, el pasaje de hoy dice simplemente: “Llorad con los que lloran”. Realmente, en muchos casos, una de las maneras más efectivas en la que podemos ayudar a aquellos que están sufriendo es “llorando con ellos”. Jesús nos dio el ejemplo cuando visitó a María y a Marta después de la muerte de Lázaro. Sintiendo el dolor de ambas hermanas y de los amigos que las acompañaban, el Señor compartió sus lágrimas con ellos. Dice Juan 11:33-36: “Jesús entonces, al verla llorando, y a los judíos que la acompañaban, también llorando, se estremeció en espíritu y se conmovió, y dijo: ¿Dónde le pusisteis? Le dijeron: Señor, ven y ve. Jesús lloró. Dijeron entonces los judíos: Mirad cómo le amaba”.

Una pequeña historia nos cuenta de un niño que tenía un gran corazón. Al lado de su casa vivía un señor mayor cuya esposa había muerto hacía poco tiempo. Un día, el anciano lloraba sentado en el portal de su casa. El niño lo vio y se acercó a él, se subió a sus piernas y se quedó allí sentado en silencio por largo rato. Más tarde, su mamá le preguntó: “¿Qué le dijiste al señor?” Y el niño le contestó: “Nada, solamente lo ayudé a llorar”. A veces esto es lo mejor que podemos hacer por aquellos que están pasando por una profunda tristeza. A menudo, nuestros intentos de decir algo sabio y útil causan más bien el efecto contrario. Muchas veces transmitimos mucho más apoyo y comprensión si simplemente les damos un abrazo o nos sentarnos a su lado, los tomamos de la mano y lloramos con ellos.

Jesús comenzó el Sermón del Monte (Mateo capítulos 5, 6 y 7) con las “Bienaventuranzas” (llamadas así porque cada frase comienza con la palabra “Bienaventurados”, es decir “Felices son aquellos que…”). La segunda bienaventuranza que el Señor menciona dice: “Bienaventurados los que lloran, porque ellos recibirán consolación” (Mateo 5:4). Algunos comentaristas bíblicos coinciden en que el verdadero significado de esta expresión es: “Felices son aquellos que sufren por el sufrimiento del mundo y de los que les rodean, porque es a partir de este sufrimiento que encontrarán el consuelo y el gozo de Dios”. Ciertamente no le agrada al Señor que permanezcamos indiferentes ante el sufrimiento de los demás.

Sé tú un instrumento del Señor consolando a los que lloran, compartiendo tus lágrimas con ellos, mientras en silencio oras pidiendo que la paz de Dios se manifieste en sus corazones.

ORACIÓN:
Padre santo, te ruego pongas amor y compasión en mi corazón, para poder ser un instrumento tuyo consolando a aquellos que están pasando por un período de dolor y sufrimiento. En el nombre de Jesús te lo pido, Amén.

¡Gracia y Paz!
Dios te Habla




¿HASTA CUÁNDO, DIOS MÍO?



¿HASTA CUÁNDO, DIOS MÍO?

Habacuc 2:1-3
“Sobre mi guarda estaré, y sobre la fortaleza afirmaré el pie, y velaré para ver lo que se me dirá, y qué he de responder tocante a mi queja. Y Yahweh me respondió, y dijo: Escribe la visión, y declárala en tablas, para que corra el que leyere en ella. Aunque la visión tardará aún por un tiempo, mas se apresura hacia el fin, y no mentirá; aunque tardare, espéralo, porque sin duda vendrá, no tardará”.

El profeta Habacuc estaba profundamente abatido por las condiciones morales y espirituales que le rodeaban, mayormente causadas por el culto que rendía su pueblo a Baal y Astarot. La injusticia estaba a la orden del día y la corrupción iba en constante aumento (algo así como el mundo en el que vivimos actualmente). Habacuc anhelaba ver la justicia de Dios caer sobre los impíos, los cuales continuaban quebrantando las leyes de Dios. Por todo esto, de lo profundo de su angustia brotaba esta pregunta: “¿Hasta cuándo, oh Yahweh, clamaré, y no oirás?” (Habacuc 1:2). En el pasaje de hoy, Habacuc se retira a su torre vigía para esperar por la respuesta de Dios. Y allí escuchó del Señor: “Escribe la visión”. Así todo aquel que la leyera podría correr a dar a conocer a todos la buena noticia.

Al igual que Habacuc, cada uno de nosotros en algún momento ha lamentado una cierta situación en nuestras vidas. Nos hemos quejado, y hemos concebido la esperanza de un futuro mejor. En mayor o menor grado hemos tenido una visión, es decir un sueño o un anhelo que esperamos se convierta en realidad. Quizás esa visión está centrada en una mejor situación económica, o en alcanzar el éxito en los negocios, o en gozar de buena salud, o una carrera universitaria, o un matrimonio feliz, o quizás servir al Señor de alguna manera. Cuando el tiempo pasa y no llega lo que se espera, muchas personas se desesperan y tratan de lograr el cumplimiento de sus anhelos por medio de sus propios esfuerzos, o quizás se apoyan en la “suerte” para lograrlo. Otros, sin embargo, esperan confiadamente en el Señor la realización de la visión que él tiene para ellos. Para éstos, las palabras de Dios al profeta Habacuc tienen un significado extraordinario: “Espéralo, porque sin duda vendrá, no tardará”.

David era un “varón conforme al corazón de Dios”, según dice 1 Samuel 13:14. Era también David un siervo fiel del Señor. Sin embargo hubo situaciones en su vida en la que se sintió desamparado, frustrado y hasta abandonado por Dios. Por ejemplo, mientras era perseguido por el rey Saúl que lo buscaba para matarlo, David escribió el Salmo 13, el cual comienza de esta manera (V.1-2): “¿Hasta cuándo, Yahweh? ¿Me olvidarás para siempre? ¿Hasta cuándo esconderás tu rostro de mí? ¿Hasta cuándo pondré consejos en mi alma, con tristezas en mi corazón cada día? ¿Hasta cuándo será enaltecido mi enemigo sobre mí?” Estas y muchas otras preguntas se agolpaban en la mente de David mientras esperaba la acción de su Dios, la cual parecía no llegar nunca. Sin embargo, en este mismo Salmo, él encuentra ánimo al recordar el amor y la inmensa misericordia de Dios, y en el versículo 5 dice: “Mas yo en tu misericordia he confiado; mi corazón se alegrará en tu salvación”. David pasó aquella dura etapa de su vida, y llegó ser el rey de Israel, donde reinó durante cuarenta años de prosperidad económica y victorias militares, siempre bajo la dirección del Señor. David aprendió a confiar y a esperar en Dios, y siendo un anciano escribió en Salmo 37:7: “Guarda silencio ante Yahweh, y espera en él”.

Dios quiere que nosotros, sus hijos, nos realicemos en la vida conforme a lo que él nos ha llamado a hacer. Dios está interesado en definir y concretar aquellas visiones de sus hijos obedientes. Quizás tú estás pensando hoy que la visión que tienes, al no verla cumplida aún, nunca será una realidad. Esta enseñanza debe fortalecer tu fe y animarte a no bajar los brazos. Nunca olvides que si tu anhelo está en el corazón de Dios, sin duda se cumplirá, a su debido tiempo. Dios está llevando a cabo sus planes en tu vida. Él está preparando todas las circunstancias para convertir tu visión en una preciosa realidad. Sólo tienes que orar y esperar.

ORACIÓN:
Padre, gracias por la bendición que me has dado de poder, junto contigo, anhelar una visión para mi vida. Te pido que vayas delante de mí con la visión que tú me has dado, para que se realice en el momento escogido por ti. Dame paciencia y fe para esperar el tiempo indicado. Por Cristo Jesús, Amén.

¡Gracia y Paz!
Dios te Habla



jueves, 5 de junio de 2014

¿ESTÁS COLABORANDO EN EL REINO DEL SEÑOR?



¿Estás colaborando en el Reino del Señor?

Filipenses 4:1-3
“Así que, hermanos míos amados y deseados, gozo y corona mía, estad así firmes en el Señor, amados. Ruego a Evodia y a Síntique, que sean de un mismo sentir en el Señor. Asimismo te ruego también a ti, compañero fiel, que ayudes a éstas que combatieron juntamente conmigo en el evangelio, con Clemente también y los demás colaboradores míos, cuyos nombres están en el libro de la vida”.

Pat Fillmore fue una misionera pionera en Irian Jaya, Indonesia, donde sirvió durante más de 40 años. Allí fundó un ministerio por medio del cual enseñó a leer a una gran cantidad de nativos. Llevó todo tipo de medicamentos y técnicas médicas para el cuidado de los indígenas de aquel lugar. Mantuvo pistas de aterrizaje, construyó pozos sépticos, y reparó plantas y efectos eléctricos. Además, estableció y dirigió una magnífica escuela bíblica, y tradujo partes de la Biblia al idioma de la gente a quienes ministraba. Muchos de nosotros nos enteramos de la existencia de hombres y mujeres como Pat Fillmore de forma casual, al leer un libro o quizás al ver un documental en la televisión. Con toda seguridad hay miles de otros creyentes que llevan a cabo una obra misionera importante en el reino de Dios, aunque se pasen la vida entera sin que la gente de su generación los note. Pero estos cristianos, al igual que esos creyentes no mencionados en el pasaje de hoy, a los que Pablo llamó “los demás colaboradores míos”, pueden estar seguros de que sus “nombres están en el libro de la vida”.

Después que Saulo de Tarso tuvo el encuentro con Jesús en el camino a Damasco quedó completamente ciego. Fue entonces que el Señor llamó a un discípulo llamado Ananías, y le dijo en visión: “Ananías. Y él respondió: Heme aquí, Señor. Y el Señor le dijo: Levántate, y ve a la calle que se llama Derecha, y busca en casa de Judas a uno llamado Saulo, de Tarso; porque he aquí, él ora, y ha visto en visión a un varón llamado Ananías, que entra y le pone las manos encima para que recobre la vista” (Hechos 9:10-12). Ananías obedeció al pie de la letra la encomienda del Señor, y Saulo de Tarso recobró la vista. La gran importancia y la trascendencia de esta colaboración de Ananías en el plan de Dios es evidente, pues aquel Saulo fue más tarde conocido como el apóstol Pablo, uno de los más grandes evangelistas de todos los tiempos, escritor de tantas epístolas que aun en nuestros tiempos son de tanta edificación para el pueblo de Dios. Sin embargo, Ananías no vuelve a ser mencionado ni una vez más en toda la Biblia. Pero él fue un fiel colaborador del Señor y su nombre, sin duda alguna, “está en el libro de la vida”. Esto es lo verdaderamente importante.

Tal vez tú ayudes a transportar personas mayores a la iglesia, o quizás ayudes a distribuir comida en alguna misión, o des clases de Biblia a un grupo de niños, o limpies los baños de tu iglesia. A lo mejor nadie lo nota, pero eres un colaborador o colaboradora de Dios. Quizás tu trabajo pase desapercibido para los demás, pero nunca para el Señor. Así como Dios conoció de todo el pueblo de Israel a los “siete mil, cuyas rodillas no se doblaron ante Baal, y cuyas bocas no lo besaron” (1 Reyes 19:18), ten la seguridad que él reconoce tu labor.

Que no te desanime hacer un trabajo “sin importancia” para el Señor. Aunque los demás no se den cuenta, Dios está al tanto de nuestras más pequeñas acciones, y valora todas aquellas cosas que hacemos para agradarle y servirle. Si eres fiel en el servicio a Dios, y lo haces de corazón, no te preocupes si te parece poco lo que estás haciendo. Colosenses 3:23, 24 dice: “Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres; sabiendo que del Señor recibiréis la recompensa de la herencia, porque a Cristo el Señor servís”. Persevera en el servicio a Dios, y algún día escucharás de labios del Señor lo que el señor de la parábola de los talentos le dijo a uno de los siervos que obedeció y fue fiel: “Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor” (Mateo 25:23).

ORACIÓN:
Padre santo, te ruego me ayudes a identificar toda ocasión que se presente para servirte aunque parezca algo insignificante. Pon en mi corazón un ferviente deseo de hacerlo todo para agradarte a ti, y no a los demás, de manera que tu nombre sea glorificado. Te lo pido en el nombre de Jesús, Amén.

¡Gracia y Paz!
Dios te Habla



miércoles, 4 de junio de 2014

Gálatas 6:7


Galatas 5:14



NINGUNA PERSONA QUE HAYA TENIDO...



Vivamos cada día como Dios nos manda, para que Él al vernos se sienta complacido de nuestro caminar, que pueda en algún momento decir lo mismo que dijo de Job: “Y Jehová dijo a Satanás: ¿No has considerado a mi siervo Job, que no hay otro como él en la tierra, varón perfecto y recto, temeroso de Dios y apartado del mal?” (Job 1:8).


¡Gracia y Paz!

¿CUÁNDO VAS ACEPTAR A CRISTO COMO TU SALVADOR?



¿Cuándo vas aceptar a Cristo como tu Salvador?

Romanos 5:6-10
"Porque Cristo, cuando aún éramos débiles, a su tiempo murió por los impíos. Ciertamente, apenas morirá alguno por un justo; con todo, pudiera ser que alguno osara morir por el bueno. Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros. Pues mucho más, estando ya justificados en su sangre, por él seremos salvos de la ira. Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, estando reconciliados, seremos salvos por su vida".

Hay ocasiones en las que una persona que no es creyente se encuentra frente a la decisión de aceptar o no a Cristo como su salvador personal, y decide que, aunque le gustaría contestar afirmativamente, preferiría antes poner en orden ciertas áreas de su vida. Quizás diga algo así como: “Me gustaría aceptar a Cristo como mi Salvador, pero primero tengo que eliminar ciertas cosas de mi vida que no están del todo bien”. Muchas personas piensan que deben posponer una decisión por Jesucristo hasta que, de alguna manera, hayan mejorado esas áreas que consideran “turbias”. El problema es que no han entendido correctamente el mensaje del Evangelio.

Lo cierto es que ninguno de nosotros merece la salvación que Jesús nos ofrece. No hay nada, absolutamente nada que pudiésemos hacer que nos haga merecedores del perdón y la aceptación de Dios. En primer lugar, estábamos “muertos en nuestros delitos y pecados”, dice Efesios 2:1. Y un muerto no puede hacer absolutamente nada. Por eso, Dios tomó la iniciativa para restaurar su relación con el hombre, la cual había sido dañada por el pecado original de Adán y Eva. Con ese fin envió a su único Hijo, “para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3:16). Y Colosenses 1:20 dice que “agradó al Padre que en él habitase toda plenitud, y por medio de él reconciliar consigo todas las cosas, así las que están en la tierra como las que están en los cielos, haciendo la paz mediante la sangre de su cruz”.

Nosotros no merecemos este acto de amor; Dios lo hizo por su propia iniciativa, motivado por su infinita gracia. Cualquier intento de “mejorar” sin primeramente permitir a Cristo que entre en tu vida es un error y un esfuerzo totalmente infructífero. Jesús no dijo: “Vayan y límpiense, descansen un poco, y entonces vengan a mí”. Todo lo contrario, él abrió sus brazos y dijo: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar” (Mateo 11:28). Y el pasaje de hoy dice que “siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros”. Jesús no esperó hasta que fuéramos merecedores de él. Él sabía que nunca podríamos serlo. Por eso se dio a sí mismo por toda la humanidad, y extendió una invitación a todos los pecadores para que vinieran a él tal como son, y encuentren paz y descanso para sus almas.

La Biblia dice que “si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo” (Romanos 10:9). Si no has dado el paso de fe aceptando a Jesucristo como tu Salvador, sólo tienes que creer “en tu corazón”, sin ninguna duda, con absoluta seguridad, que Jesús murió en la cruz del Calvario con el fin de pagar por tus pecados, y que “Dios le levantó de los muertos”. Entonces lo confiesas con tus labios, y “serás salvo”. Ahora mismo abre tu corazón y eleva al cielo una oración de arrepentimiento y entrega al Señor. Tan pronto lo hagas el Espíritu Santo viene a morar en ti, y entonces comienza su obra para transformarte en un verdadero hijo de Dios.

Si Cristo es ya tu Salvador, disfruta entonces de esa linda relación que él estableció entre tú y Dios, y vive en paz, confiando que esa sangre preciosa derramada en la cruz del Calvario, te está lavando constantemente de todo pecado. Pero no permanezcas en este primer paso. Profundiza en tu relación con Jesús por medio de la lectura de la Biblia y la oración cada día de tu vida, y disfruta plenamente de la victoria que él obtuvo en la cruz para ti.

ORACIÓN:
Dios de amor y misericordia, gracias por establecer ese puente que es Cristo Jesús, que nos permite llegarnos a ti. Gracias porque no tuviste en cuenta mis pecados e inmundicias y enviaste a tu Hijo para que con su sangre pagara mi deuda y me reconciliara contigo. Ayúdame a disfrutar plenamente del gozo de mi salvación. En el nombre de Jesús, Amén.

¡Gracia y Paz!
Dios te Habla



martes, 3 de junio de 2014

¿SABES LO QUE SIGNIFICA SER UN BUEN DISCÍPULO DE JESÚS?



¿Sabes lo que significa ser un buen discípulo de Jesús?

Marcos 3:14-15
“Y estableció a doce, para que estuviesen con él, y para enviarlos a predicar, y que tuviesen autoridad para sanar enfermedades y para echar fuera demonios”

El discipulado no es un aprendizaje teórico; es una relación entre dos personas: el maestro y el discípulo. Jesús escogió a los doce “para que estuviesen con él”, dice este pasaje. Los invitó a compartir con él su vida para formar en ellos su carácter y prepararlos para la Gran Comisión que les dejaría encomendada antes de ascender al cielo para estar junto al Padre. Aquellos hombres convocados por Jesús iban a aprender por medio de la práctica diaria no solamente lo que Jesús decía, sino también lo que él sentía y lo que él hacía. Durante tres años caminaron con él, rieron y lloraron con él, compartieron momentos de gozo, y momentos de peligro y ansiedad, trabajaron y comieron con él día tras día. Para ellos era claramente visible el amor de Jesús por los enfermos y necesitados, su indignación con los hipócritas, su arduo trabajo y dedicación, su sabiduría y su vida santa e intachable.

Jesús les habló claramente a todos aquellos que le seguían, con el fin de que ellos supieran que si decidían ser sus discípulos no debían esperar ningún beneficio material, sino más bien dificultades y sufrimientos. En Lucas 9:23, Jesús expresó este concepto con toda claridad: “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame”. Además debían estar dispuestos a dejarlo todo por él, incluyendo sus familias. Dirigiéndose a una multitud que iba con él, Jesús les dice: “Si alguno viene a mí, y no aborrece a su padre, y madre, y mujer, e hijos, y hermanos, y hermanas, y aun también su propia vida, no puede ser mi discípulo. Y el que no lleva su cruz y viene en pos de mí, no puede ser mi discípulo” (Lucas 14:26-27). Ciertamente ser un discípulo de Cristo no es nada fácil, pues hay muchas cosas que nuestra humana naturaleza ama y desea, a las cuales debemos renunciar de la misma manera que hizo el Señor durante su caminar por este mundo.

Jesús derramó sobre sus discípulos el poder y la verdad de su palabra. Y les prometió la venida del Espíritu Santo diciéndoles: “Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho”. Más tarde, ellos recibirían el Espíritu Santo y con él el poder por medio del cual pondrían en práctica las enseñanzas del Señor, su vida, sus obras, sus planes. Si tú has aceptado a Jesucristo como Salvador, también has recibido el Espíritu Santo.

Jesús no puede enviarte a predicar con autoridad, a sanar a los enfermos y a echar fuera demonios si no vives en íntima comunión con él. Debes buscar su presencia diariamente, debes escudriñar y estudiar sus enseñanzas en la Biblia, debes oír su voz en oración, llenarte con su Espíritu Santo, adorarlo y obedecerlo. También debes encontrarte con Jesús en la iglesia local, junto a tus hermanos en los que él también habita, y poner en práctica el compañerismo, la lealtad y la unidad que Jesús predicó y llevó a cabo con sus discípulos.

Jesús te ha escogido para que “estés con él”, para que vivas con él, para que le conozcas íntimamente y seas capacitado para servirle. Cada día, cada hora, cada minuto, él camina a tu lado y comparte contigo su vida. Tu responsabilidad es mantener tu relación diaria con el Maestro, aprender de él y ponerlo en práctica. Procura ser un buen discípulo de Jesús, y disfrutarás la vida plena y abundante que él nos ofrece (Juan 10:10).

ORACIÓN:
Querido Padre, gracias por la oportunidad que me das de estar unido con tu Hijo por medio de tu Santo Espíritu. Ayúdame a obtener el máximo de esta experiencia, de manera que yo pueda llegar a ser un buen discípulo de Jesús, y un siervo fiel que glorifique tu nombre. Por Cristo Jesús, Amén.

¡Gracia y Paz!
Dios te Habla