viernes, 30 de mayo de 2014

1 pedro 3:12



1 pedro 2:21



1 Pedro 1:3



¿DE QUÉ DEPENDE TU FELICIDAD?



¿De qué depende tu felicidad?

Salmo 4:6-7
“Muchos son los que dicen: ¿Quién nos mostrará el bien? Alza sobre nosotros, oh Jehová, la luz de tu rostro. Tú diste alegría a mi corazón mayor que la de ellos cuando abundaba su grano y su mosto”.

La búsqueda de la felicidad es sin duda uno de los desafíos más grandes, si no el mayor, a los que se enfrenta toda persona durante su vida. El ser humano no se siente totalmente feliz mientras le falte algo que él considera que debe tener, ya sea en el aspecto material, emocional o espiritual. Por eso muchas personas se pasan toda la vida buscando “eso” que les falta, y cuando lo encuentran se dan cuenta que todavía no son lo felices que esperaban ser. Y, mientras tanto, en el proceso se encuentran circunstancias tanto positivas como negativas las cuales los llevan de arriba a abajo en el aspecto emocional.

Los sicólogos, que se habían centrado siempre en la curación y el alivio de las enfermedades mentales, comenzaron hace unos años el estudio de las personas normales y su potencial para la alegría, el gozo y la realización personal. David Lykken, profesor emérito de la Universidad de Minnesota, ha elaborado lo que él llama “La teoría del punto de felicidad”. Él llegó a la conclusión de que la mayoría de las personas regresan a su nivel anterior de felicidad de seis meses a un año después de acontecimientos dramáticos como la tristeza por perder a un ser querido, o la emoción de mudarse a la casa soñada. Lykken llama a ese punto de referencia original el “punto de felicidad”.

En el cristiano el “punto de felicidad” es muy diferente al del mundo, pues no depende de los altibajos normales de la experiencia humana. La Biblia nos dice que busquemos nuestra felicidad en el Dios inmutable y no en nuestras variables e inciertas circunstancias. En el pasaje de hoy, David alaba a Dios diciéndole: “Tú diste alegría a mi corazón mayor que la de ellos cuando abundaba su grano y su mosto”. Esta “alegría en el corazón” es muy diferente y mucho más profunda que la sensación de bienestar que proviene de las circunstancias favorables. Se refiere al gozo que proviene del Espíritu de Dios, el cual no depende de si nos va bien o nos va mal, sino que está relacionado exclusivamente con la presencia de Dios en nuestras vidas. Así lo dice David en el Salmo 16:11 “En tu presencia hay plenitud de gozo”. Nosotros tendremos la misma experiencia que el salmista cuando dejemos de decir: “Yo sería feliz si...” y empecemos a decir: “Yo soy feliz porque mi Padre celestial siempre está conmigo”. El gozo que se basa en el amor y la misericordia de nuestro Dios, independientemente de nuestras circunstancias, debería ser nuestro constante “punto de felicidad”.

El apóstol Pablo llegó a conocer el secreto de la verdadera felicidad, la que se siente lo mismo en la escasez que en la abundancia, cuando falta algo o cuando algo sobra. En su carta a los filipenses les dijo: “En gran manera me gocé en el Señor de que ya al fin habéis revivido vuestro cuidado de mí; de lo cual también estabais solícitos, pero os faltaba la oportunidad. No lo digo porque tenga escasez, pues he aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación. Sé vivir humildemente, y sé tener abundancia; en todo y por todo estoy enseñado, así para estar saciado como para tener hambre, así para tener abundancia como para padecer necesidad” (Filipenses 4:10-12). Y entonces completa el pensamiento con el secreto de su constante gozo y felicidad: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” (Filipenses 4:13).

Si estás pasando por momentos de tristeza en tu vida, acércate a Dios, alábale, clama a él, pídele que derrame la unción restauradora de su Espíritu en tu espíritu quebrantado. Mantente firme en tu relación con el Señor y pronto comenzarás a sentir su paz y su gozo inundando tu corazón.

ORACIÓN:
Mi bendito Padre, ayúdame a entender que tú eres la fuente de todo lo que yo necesito en la vida para ser feliz. Yo rechazo todo intento de Satanás de confundirme con las cosas del mundo, y confió en que tu presencia llena mi vida de paz y de gozo. Por Cristo Jesús, Amén.

¡Gracia y Paz!
Dios te Habla



Bendicion Aronica


jueves, 29 de mayo de 2014

¿PUEDES PERMANECER CALLADO?


¿Puedes permanecer callado?

Marcos 15:1-5
“Muy de mañana, habiendo tenido consejo los principales sacerdotes con los ancianos, con los escribas y con todo el concilio, llevaron a Jesús atado, y le entregaron a Pilato. Pilato le preguntó: ¿Eres tú el Rey de los judíos? Respondiendo él, le dijo: Tú lo dices. Y los principales sacerdotes le acusaban mucho. Otra vez le preguntó Pilato, diciendo: ¿Nada respondes? Mira de cuántas cosas te acusan. Mas Jesús ni aun con eso respondió; de modo que Pilato se maravillaba”.

Callar no es precisamente una cualidad intrínseca del ser humano. Desde muy pequeños, los niños muestran una marcada tendencia a tratar de captar la atención de los demás ya sea llorando, o gritando o, cuando aprenden a pronunciar palabras, hablando sin cesar. Cuando somos adultos, ya no lloramos o gritamos como los pequeños, sin embargo todavía nos resulta difícil callarnos, sobre todo cuando nos insultan o nos acusan injustamente. Por eso, en el pasaje de hoy, Pilato se maravilló cuando Jesús permaneció callado ante las acusaciones de que era objeto por parte de los sacerdotes judíos. Seguir el ejemplo de Jesús no es nada fácil, sin embargo la Biblia nos exhorta a mantener una actitud pasiva y prudente en situaciones en las que nuestra naturaleza carnal nos impulsa a defendernos de acusaciones falsas o de alguna calumnia de la que hemos sido víctimas. Por ejemplo, Proverbios 19:11 dice: “El buen juicio hace al hombre paciente; su gloria es pasar por alto la ofensa”.

En Mateo 12:34, Jesús les dice a un grupo de judíos: “¡Generación de víboras! ¿Cómo podéis hablar lo bueno, siendo malos? Porque de la abundancia del corazón habla la boca”. Ciertamente un corazón lleno de ira y amargura producirá palabras que no glorificarán el nombre de Dios. Por eso, en su carta a los efesios, el apóstol Pablo les dice: “Quítense de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritería y maledicencia, y toda malicia. Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo” (Efesios 4:31-32). Pablo nos advierte que debemos despojarnos de “toda amargura”, pues hay un peligro muy grande cuando permitimos que ésta se acumule en el corazón y eche raíces. Hebreos 12:15 nos alerta de la siguiente manera: “Mirad bien, no sea que alguno deje de alcanzar la gracia de Dios; que brotando alguna raíz de amargura, os estorbe, y por ella muchos sean contaminados”. De igual manera debemos librarnos de enojo, ira, gritería y maledicencia, ya que nada de esto proviene de Dios.

En la corte judicial de un pequeño pueblo había un abogado que solía hacer comentarios despectivos y usaba en ocasiones lenguaje provocativo dirigido al juez en funciones de dicho tribunal. En lugar de tomar medidas enérgicas contra el abogado y mandarle a callar, el juez sonreía y se quedaba callado. La gente se preguntaba cómo podía ser tan paciente. En una ocasión, durante una cena, alguien le preguntó al juez: “¿Por qué usted no hace algo respecto a ese insolente abogado?” El juez puso su tenedor en el plato, y con una leve sonrisa contestó: “Tengo una vecina que tiene un perro. Siempre que hay luna llena, el perro ladra sin cesar toda la noche”. Luego, el juez reanudó su comida tranquilamente. Una persona le preguntó: “Pero señor juez, ¿qué tiene que ver eso del perro y la luna con ese abogado?” Él contestó: “Pues que la luna simplemente ¡sigue brillando!”

Los sacerdotes judíos insultaron y acusaron a Jesús. Él simplemente calló. Y su gloria siguió brillando y seguirá alumbrando por la eternidad. Debemos aprender a callar en lugar de hablar algo ofensivo. Y si es absolutamente necesario que hablemos en nuestra defensa, debemos hacerlo con mansedumbre, controlando las emociones y recordando que “la blanda respuesta quita la ira; mas la palabra áspera hace subir el furor” (Proverbios 15:1). Ciertamente podríamos evitar muchos problemas si aprendiéramos a hablar con suavidad, y a callarnos cuando no tuviéramos algo bueno que decir de la otra persona.

ORACIÓN:
Padre santo, te ruego llenes mi corazón de tu amor y de tu paz, de manera que siempre que yo hable lo haga con palabras que edifiquen y no ofendan aun en momentos en que me han herido u ofendido de alguna manera. Y dame la fuerza para permanecer callado cuando sea prudente hacerlo. En el nombre de Jesús, Amén.

¡Gracia y Paz!
Dios te Habla



miércoles, 28 de mayo de 2014

¿ERES TÚ UN INSTRUMENTO DEL SEÑOR?


¿Eres tú un instrumento del Señor?

1 Samuel 16:6-13
“Y aconteció que cuando ellos vinieron, él vio a Eliab, y dijo: De cierto delante de Yahweh está su ungido. Y Yahweh respondió a Samuel: No mires a su parecer, ni a lo grande de su estatura, porque yo lo desecho; porque Yahweh no mira lo que mira el hombre; pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Yahweh mira el corazón. Entonces llamó Isaí a Abinadab, y lo hizo pasar delante de Samuel, el cual dijo: Tampoco a éste ha escogido Yahweh. Hizo luego pasar Isaí a Sama. Y él dijo: Tampoco a éste ha elegido Yahweh. E hizo pasar Isaí siete hijos suyos delante de Samuel; pero Samuel dijo a Isaí: Yahweh no ha elegido a éstos. Entonces dijo Samuel a Isaí: ¿Son éstos todos tus hijos? Y él respondió: Queda aún el menor, que apacienta las ovejas. Y dijo Samuel a Isaí: Envía por él, porque no nos sentaremos a la mesa hasta que él venga aquí. Envió, pues, por él, y le hizo entrar; y era rubio, hermoso de ojos, y de buen parecer. Entonces Yahweh dijo: Levántate y úngelo, porque éste es. Y Samuel tomó el cuerno del aceite, y lo ungió en medio de sus hermanos; y desde aquel día en adelante el Espíritu de Yahweh vino sobre David. Se levantó luego Samuel, y se volvió a Ramá”.

Se cuenta una historia de un famoso violinista que anunció un concierto en que tocaría utilizando, como de costumbre, uno de los famosos (y muy valiosos) violines Stradivarius. Mucha gente acudió al concierto no sólo por escuchar al violinista, sino también por ver el violín. El concierto resultó un éxito extraordinario. La gente aplaudió hasta el cansancio. Pero al final, ante el asombro de todos, el violinista tomó el violín y lo tiró al piso, y después lo rompió pisoteándolo. La gente no podía creer lo que estaba viendo. “¿Cómo es posible que este hombre haya roto un instrumento tan valioso?”, se preguntaban, mirándose unos a otros. Entonces el violinista tomó el micrófono e hizo la siguiente aclaración: “El violín con que he tocado no es un Stradivarius de trescientos mil dólares. Es un violín común y corriente que me costó sólo sesenta y cinco dólares. He hecho esto para que vean que lo importante no es el violín, sino el violinista”.

El pasaje de hoy, nos muestra un momento sumamente importante en la historia del pueblo de Israel. Dios había decidido desechar a Saúl como rey, y ordenó al profeta Samuel que fuera a ver a un hombre llamado Isaí, el cual tenía varios hijos, uno de los cuales sería el próximo rey de Israel. Dios le enseñaría lo que debía hacer, y le dijo: “Me ungirás al que yo te dijere” (1 Samuel 16:3). Lo primero que advierte el Señor a Samuel es que no se deje llevar por la apariencia, sino que prestara atención a su dirección, pues para él lo más importante no era el aspecto físico sino el corazón. Uno a uno fueron pasando delante del profeta los hijos de Isaí. Siete en total, y en todos los casos Samuel dijo: “Tampoco a éste ha escogido Yahweh.” Finalmente enviaron por el menor de todos, un jovencito que estaba apacentando las ovejas de su padre. La Biblia dice que éste era también de buen parecer, pero en él había algo más, algo muy especial que los demás no tenían: su corazón era conforme al corazón de Dios (1 Samuel 13:14). Cuando aquel joven hizo su entrada, “entonces Yahweh dijo: Levántate y úngelo, porque éste es”. Como rey de Israel, años más tarde, David llegó a ser un instrumento poderoso en las manos del Señor.

Dios considera a cada uno de sus hijos un instrumento en potencia, sin importarle la apariencia física, raza o nacionalidad, inteligencia, educación, o posición social o económica. Lo más importante para el Señor es un corazón dispuesto a adorarle y servirle. Entonces, en sus manos, nos convertimos en un poderoso instrumento por medio del cual él puede hacer maravillas que asombren al mundo. Dispón hoy tu corazón a servir a Dios, pídele que te use para su honra y gloria, y en sus divinas manos llegarás a ser el Stradivarius que él, el Maestro de maestros, ha dispuesto que seas.

ORACIÓN:
Padre mío, te doy gracias por no tener en cuenta mi apariencia ni mis debilidades. Hoy dispongo mi corazón a servirte, y te ruego que me capacites y me uses como instrumento que glorifique tu nombre delante de los demás. En el nombre de Jesús, Amén.

¡Gracia y Paz!

Dios te Habla

2 Timoteo 4.2


2 Timoteo 3:17



2 Timoteo 3:16


martes, 27 de mayo de 2014

¿TIENES BUENA VISIÓN ESPIRITUAL?


¿Tienes buena visión espiritual?

Génesis 13:8, 9
“Entonces Abram dijo a Lot: No haya ahora altercado entre nosotros dos, entre mis pastores y los tuyos, porque somos hermanos. ¿No está toda la tierra delante de ti? Yo te ruego que te apartes de mí. Si fueres a la mano izquierda, yo iré a la derecha; y si tú a la derecha, yo iré a la izquierda”.

Hace muchos siglos, dos hombres se pararon sobre una elevada colina desde donde se divisaba una gran llanura fértil que se extendía por varios kilómetros frente a ellos. Sus nombres eran Abram y Lot, su sobrino quien, con su familia, había salido junto con Abram y su esposa con rumbo a la tierra de Canaan (Génesis 12:4). Ambos se establecieron en un punto intermedio entre su hogar y el destino final. Ahora había llegado el momento de separarse porque la tierra que compartían “no era suficiente para que habitasen juntos, pues sus posesiones eran muchas, y no podían morar en un mismo lugar” (Génesis 13:6). Estaban a punto de tomar una decisión que afectaría sus vidas y sus familias en el futuro. Abram instó a Lot a ver a su alrededor para que hiciera la elección más conveniente para él. “Y alzó Lot sus ojos, y vio toda la llanura del Jordán, que toda ella era de riego... Entonces Lot escogió para sí toda la llanura del Jordán” (Génesis 13:10, 11).

Ahora bien, “Jehová había dicho a Abram: Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré” (Génesis 12:1). La Biblia nos dice que Abram “creyó a Dios” (Romanos 4:3). Su confianza estaba puesta en el Dios todopoderoso y en él esperaba. Por eso Dios se acercó a Abram y le dijo: “Alza ahora tus ojos, y mira desde el lugar donde estás hacia el norte y el sur, y al oriente y al occidente. Porque toda la tierra que ves, la daré a ti y a tu descendencia para siempre” (Génesis 13:14-15).

Es importante señalar que antes de que llegaran al acuerdo final, cada uno de ellos “alzó sus ojos”. Aunque ambos miraron, cada uno vio cosas diferentes. Lot vio la realidad agrícola: los fértiles campos y la abundante irrigación. Abram pudo ver más allá, porque él “esperaba la ciudad que tiene fundamentos, cuyo arquitecto y constructor es Dios”, dice Hebreos 11:10. Lot plantó sus tiendas a las puertas de Sodoma y permaneció allí. Los reyes de Sodoma y Gomorra sostuvieron en ese tiempo una guerra contra reinos vecinos. Estos reyes fueron vencidos en una batalla en Sidim, y Lot y su parentela fueron hechos prisioneros (Génesis 14:12). Por otro lado, la promesa de Dios a Abram se cumple en nuestro Señor Jesucristo, y en nosotros, su pueblo, descendientes de Abram. Así escribió el apóstol Pablo en Gálatas 3:29: “Y si vosotros sois de Cristo, ciertamente linaje de Abraham sois, y herederos según la promesa”.

La característica fundamental de Abram era su fe, producto de su estrecha comunión con el Señor. Abram pudo ver lo “invisible” porque confió en Dios de todo corazón. Uno de los aspectos más importantes en la vida del cristiano es el discernimiento espiritual, por medio del cual podemos “ver” y entender los planes que Dios tiene en nuestras vidas y de esta manera, si seguimos sus instrucciones, vamos a obtener la victoria. Por eso es sumamente importante que nos concentremos en la manera en que nosotros podemos mejorar nuestra visión espiritual, nuestro discernimiento espiritual, nuestro entendimiento espiritual.

¿Deseas tener buena visión espiritual? Aumenta tu tiempo diario de oración y lectura de la Biblia. A medida que profundizas en tu relación con Dios, tu visión espiritual irá mejorando y podrás disfrutar abundantemente de las riquezas y maravillas de la gloria de Dios.

ORACIÓN:
Mi amante Padre celestial, te ruego me ayudes a acercarme cada día más a ti, y que tu luz redentora ilumine mis ojos espirituales para poder ver con claridad tus planes en mi vida, y así poder seguir tus instrucciones que me llevarán a la victoria. En el nombre de Jesús, Amén.


¡Gracia y Paz!
Dios te Habla



lunes, 26 de mayo de 2014

¿QUÉ LUGAR OCUPA EL DINERO EN TU VIDA?


¿Qué lugar ocupa el dinero en tu vida?

1 Timoteo 6:9-10
"Porque los que quieren enriquecerse caen en tentación y lazo, y en muchas codicias necias y dañosas, que hunden a los hombres en destrucción y perdición; porque raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe, y fueron traspasados de muchos dolores".

El concepto general que prevalece en la sociedad en que vivimos es que valemos de acuerdo a las posesiones y el dinero que tengamos acumulados. Y siguiendo ese concepto, la mayoría de las personas se enfrascan en una loca carrera en busca de lo que llaman “tranquilidad económica”, pero lamentablemente, lejos de obtener el resultado anhelado, muchos han conseguido el fracaso y el sufrimiento, y en muchas ocasiones hasta la muerte. La tentación de amar el dinero es sumamente fuerte. El mundo está saturado de un sentimiento de avaricia y ambición por las cosas materiales, y el enemigo de nuestras almas lo sabe muy bien. Con dinero se pueden conseguir prácticamente todas las cosas materiales que se desean, por eso es fácil que el ser humano llegue a sentir tanto amor por el dinero.

El pasaje de hoy nos alerta acerca de este sentimiento. No tiene nada de malo esforzarse en el trabajo con el fin de tener un mejor salario o luchar para tener un negocio próspero y exitoso. El problema radica en sentir amor por el dinero. Cuando alguien ama el dinero es capaz de hacer cualquier cosa para conseguirlo y nunca está satisfecho. Dice Eclesiastés 5:10: “El que ama el dinero, no se saciará de dinero; y el que ama el mucho tener, no sacará fruto. También esto es vanidad”. La codicia ha llevado a muchas personas a cometer actos repulsivos, incluyendo el robo y el asesinato. Resultado: desgracia y sufrimiento para muchos.

La Biblia es muy clara en cuanto al dinero. La Palabra de Dios no dice que es necesario ser pobre para ser un buen cristiano, pero advierte del peligro espiritual que viene con la riqueza. Cuando alguien tiene tantos recursos económicos que puede hacer u obtener todo lo que le place, puede llegar a sentirse como si fuera Dios, capaz de hacer cualquier cosa. Esto es el principio de la desgracia en la vida de una persona, al igual que lo fue en la vida de Eva y Adán cuando quisieron ser iguales a Dios. Hay muchas personas que han llegado a la “cumbre” en el aspecto económico, sin embargo la mayoría son personas infelices y frustradas.

La Biblia nos cuenta en Lucas capítulo 18 acerca de un hombre que se acercó a Jesús y le preguntó qué debía hacer “para heredar la vida eterna”. El Señor le dijo que cumpliera los mandamientos. Y el hombre le contestó que él los había guardado desde su juventud. Entonces Jesús le dijo: “Aún te falta una cosa: vende todo lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme”. Y cuando él oyó esto, “se puso muy triste, porque era muy rico” (Lucas 18:23). Es decir, para él sus riquezas eran más importantes que la vida eterna.

Como cristianos no podemos permitir que el dinero ocupe el primer lugar en nuestras vidas. Cualquier cosa que no glorifique a Dios comienza a pervertirse y se convierte en impedimento para recibir la bendición del cielo. Una manera de actuar que manifiesta verdadero amor a Dios es precisamente separar una ofrenda para la obra de su Reino, cuando lo hacemos de corazón, se cumplirá la promesa de Dios de que él abrirá las ventanas de los cielos, y derramará sobre nosotros “bendición hasta que sobreabunde”. Es fácil dar de lo que nos sobra, pero cuando contribuimos para la obra del Señor, con una parte de lo que tiene valor para nosotros, estamos demostrando con hechos el amor que hay en nuestro corazón para Aquel quien nos lo ha dado todo.

Debemos poner a Dios siempre en primer lugar, y él se encargará de proveer para todas nuestras necesidades, según nos prometió Jesús en Mateo 6:33: “Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas”. Si antes que cualquier otra cosa tú buscas el rostro del Señor cada día de tu vida, él suplirá todas las cosas que tú puedes conseguir con dinero y otras más que son imposibles de comprar como la paz, el gozo y la tranquilidad espiritual.

ORACIÓN:
Padre Santo, te ruego que controles mis deseos de vivir bien y de progresar económicamente, de manera que nunca llegue a amar el dinero. Por favor, guarda mi corazón para amarte a ti antes que a cualquier otra cosa en esta vida. Por Cristo Jesús, Amén.

¡Gracia y Paz!
Dios te Habla



domingo, 25 de mayo de 2014

¿CÓMO ESTAS REPRESENTANDO A CRISTO?


¿CÓMO ESTAS REPRESENTANDO a Cristo?

2 Corintios 5:17-21
“De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas. Y todo esto proviene de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por Cristo, y nos dio el ministerio de la reconciliación; que Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados, y nos encargó a nosotros la palabra de la reconciliación. Así que, somos embajadores en nombre de Cristo, como si Dios rogase por medio de nosotros; os rogamos en nombre de Cristo: Reconciliaos con Dios. Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él”.

En este pasaje, el apóstol Pablo les dice a los cristianos de Corinto que Dios nos ha encargado “la palabra de la reconciliación” a todos los que hemos creído en Jesucristo como nuestro Salvador. O sea “somos embajadores en nombre de Cristo”. El diccionario de la Real Academia Española define la palabra “embajador” como “Diplomático que representa al Estado que lo nombra”. Otra acepción es: “Persona, entidad o cosa que por ser característico de un lugar o país, se considera representativo de ellos”. Es decir, ambos significados denotan que un embajador debe mostrar características similares a aquello que representan. Un diplomático debe expresar fielmente la política de su país ante las demás naciones del mundo. Y cuando este término se aplica a una persona, entidad o casa de un cierto país, igualmente sus características deben representar con la mayor exactitud posible aquellas cualidades de su país de origen. La pregunta es: “¿Estamos representando bien a nuestro Señor?”

Lo primero que leemos en el pasaje de hoy es que aquel en el cual vive Cristo es “una nueva criatura”. Para él todo lo viejo ha pasado. La vida anterior ha muerto, las viejas costumbres ya no existen, la anterior manera de pensar ha sido transformada, las cosas que antes eran “importantes” ahora se tienen “por basura, para ganar a Cristo”, como dijo Pablo en Filipenses 3:8. Mira tu interior, medita en tus acciones. ¿Ha habido un cambio profundo en tu manera de pensar y de actuar? ¿Eres realmente una “nueva criatura”? Este es el primer requisito para ser embajador de Cristo. Después sigue un proceso de acercamiento al Señor en el cual nos reunimos diariamente con él, y pasamos tiempo de comunión por medio de la lectura de la Biblia y la oración. De esta manera conocemos cada vez más sus principios y preceptos, y el Espíritu Santo va tomando control de nuestro ser. Cuando seguimos y obedecemos fielmente sus instrucciones, entonces llegaremos a parecernos a Jesús.

De la condición de embajador de Jesucristo nace también la conciencia de la autoridad, que Pablo define precisamente al decir “en nombre de Cristo.” Cuando Pablo tiene que exhortar, mandar o prohibir lo hace consciente de estar investido de la autoridad misma del Señor, la cual le fue dada “para edificación, y no para destrucción”, según nos dice en 2 Corintios 13:10. De igual manera el Señor nos ha revestido de autoridad y poder para llevar a cabo su encomienda, al igual que lo hizo con aquellos setenta a los que envió a predicar el evangelio, a los cuales dijo: “He aquí os doy potestad de hollar serpientes y escorpiones, y sobre toda fuerza del enemigo, y nada os dañará” (Lucas 10:19).

Así es que, si has aceptado a Jesucristo como Salvador y Señor, tienes el título de “Embajador de Cristo”, tienes las instrucciones escritas en su Palabra, y tienes la autoridad y el poder para llevarlas a cabo. Depende solamente de ti el hacer buen uso de este enorme privilegio, y representar al Señor dignamente donde quiera que te encuentres.

ORACIÓN:
Bendito Dios, es mi deseo servir y representar a tu Hijo de manera tal que tu nombre sea glorificado. Pero reconozco que con mis propias fuerzas es imposible que yo pueda hacerlo. Por favor, capacítame para que yo pueda representarlo honrosamente con mi testimonio en todo momento. En el nombre de Jesús, Amén.

¡Gracia y Paz!

Dios te Habla

viernes, 23 de mayo de 2014

¿ERES OIDOR, O HACEDOR DE LA PALABRA?



¿Eres oidor, o hacedor de la Palabra?

Santiago 1:22-25
“Sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos. Porque si alguno es oidor de la palabra pero no hacedor de ella, éste es semejante al hombre que considera en un espejo su rostro natural. Porque él se considera a sí mismo, y se va, y luego olvida cómo era. Mas el que mira atentamente en la perfecta ley, la de la libertad, y persevera en ella, no siendo oidor olvidadizo, sino hacedor de la obra, éste será bienaventurado en lo que hace”.

Todos estamos muy consientes de la importancia que tiene el que nos escuchen bien cuando queremos dar una orden o transmitir alguna instrucción. Lo vemos, por ejemplo, en la relación entre una madre y su hijo adolescente. Frecuentemente se escuchan estas exclamaciones: “¿Me estás escuchando?” “¿No oíste lo que te dije?” “¿Estás entendiendo bien?” En lo más profundo de nuestro ser sentimos la necesidad de que nos escuchen atentamente. Los padres, en particular, acentuamos esta importancia. También los maestros, los médicos, los pastores y en general cualquier persona que tiene la responsabilidad de enseñar o dirigir.

La razón es sencilla: si no nos oyen, nuestras instrucciones no pueden ser seguidas. O sea, el primer paso para ejecutar una orden es oírla. Para poner en práctica una enseñanza es imprescindible haberla escuchado antes y haberla entendido. En más de una ocasión, al dirigirse a la multitud, Jesús advirtió: “El que tiene oídos para oír, oiga”. Es decir: “Todo el que puede oír, escuche atentamente”. Lamentablemente muchas veces, no obstante de que oímos las instrucciones o las advertencias, no somos capaces de prestar atención a lo que realmente se nos dice. Nuestros propios intereses nos alejan de esas instrucciones hacia nuestros deseos, e inconscientemente creamos una pared mental que nos impide recibir el mensaje con claridad.

Pero hay algo más. Aún cuando logremos escuchar y entender las instrucciones, muchas veces nos detenemos en ese punto. Hay, en ocasiones, un abismo inmenso entre el oír y el hacer. Cualquiera sea la razón, tenemos que estar consientes de que para Dios es tan importante que escuchemos sus instrucciones como que las llevemos a la práctica. Por ejemplo, en Mateo 21:28-31, Jesús cuenta esta parábola: “Pero ¿qué os parece? Un hombre tenía dos hijos, y acercándose al primero, le dijo: Hijo, ve hoy a trabajar en mi viña. Respondiendo él, dijo: No quiero; pero después, arrepentido, fue. Y acercándose al otro, le dijo de la misma manera; y respondiendo él, dijo: Sí, señor, voy. Y no fue. ¿Cuál de los dos hizo la voluntad de su padre? Dijeron ellos: El primero”. Esta parábola nos enseña la importancia de hacer la voluntad del Padre, aunque al principio hayamos pensado hacer lo contrario. Esto es mucho mejor ante los ojos de Dios que mostrar disposición a obedecer, pero finalmente llevar a cabo nuestra propia voluntad.

La Biblia dice en Romanos 10:17: “La fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios”. Es sumamente importante leer y escuchar la palabra de Dios, pues nuestra fe se fortalece cuando conocemos al Señor íntimamente. Y cuando dedicamos tiempo a la oración cada día de nuestras vidas, profundizamos más en esta relación con Dios, llegamos a conocer su voluntad, la fe se fortalece aun más y entonces nos resulta mucho más fácil obedecerle, pues el Señor nos da la motivación y la fuerza y el valor que necesitamos para seguir sus instrucciones. Así dice Filipenses 2:13: “Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad”.

La Escritura de hoy nos exhorta a que no solamente oigamos las instrucciones de Dios sino que las obedezcamos. Entonces seremos bienaventurados. De lo contrario nos estamos engañando a nosotros mismos, y nos perderemos las bendiciones que el Señor tiene preparadas para nosotros.

No te limites a oír la Palabra de Dios, sino también haz lo que ella dice. Busca discernimiento espiritual para oír bien las instrucciones y entenderlas, y fortalece tu fe para llevarlas a cabo leyendo diariamente la Biblia, meditando en sus enseñanzas y dedicando un tiempo a la oración.

ORACIÓN:
Padre santo, alabado y glorificado sea tu nombre. Te ruego, Señor, que afines mi oído espiritual para poder escuchar y entender con claridad tus instrucciones, y dame la fuerza y el valor para llevarlas a la práctica de manera que tu nombre sea glorificado en mi vida. En el nombre de Jesucristo, Amén.

“Gracia y Paz”

Dios te Habla