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miércoles, 24 de enero de 2018

Gálatas 5:22-23


Gálatas 5:22-23
“La clase de fruto que el Espíritu Santo produce en nuestra vida es: amor, alegría, paz, paciencia, gentileza, bondad, fidelidad, humildad y control propio. ¡No existen leyes contra esas cosas!”.

Una vida espiritual madura y verdadera es aquella que da los frutos que el Espíritu Santo produce. Nuestra meta diaria de búsqueda de Dios tiene que ver con vivir llenos y de acuerdo a estos frutos. El fruto es algo que se produce naturalmente cuando permanecemos unidos a la fuente de vida y poder que es Jesús. Y Él dijo en Juan 14:16 que no nos dejaría huérfanos, o solos, sino que enviaría a otro consolador, al Espíritu Santo, para que esté siempre con nosotros.

Si queremos experimentar todo este fruto del Espíritu Santo, lo único que necesitamos es rendirnos a Dios, renunciar a todo lo que no le agrada, y tendremos la manifestación de su gloria.

Él Espíritu Santo nos provee de poder, que es lo que necesitamos para vivir la vida cristiana victoriosa de milagros, prodigios, dones, sabiduría de Dios y frutos que llenan todo nuestro ser. Buscando su presencia con hambre, y estando enfocados en experimentar su poderosa comunión, es que nos transformará a la imagen de Cristo. Nuestra mayor fuente de poder es el Espíritu Santo, nuestro más grande aliado. Él nos habla lo que el Padre y el Hijo dicen y nos trae el reino de Dios a nuestra vida. Tu amistad con Él, producirá todo tipo de frutos gloriosos en ti, y que bendecirán a muchos.

¡Gracia y Paz!


Esteban Correa

jueves, 2 de febrero de 2017

Mateo 7:17


Mateo 7:17
"Así, todo buen árbol da buenos frutos, pero el árbol malo da frutos malos".

La principal característica de Dios es el AMOR, y por amor dio a su Único Hijo para rescate de muchos, es por ello que el principal fruto del Espíritu Santo es el AMOR de Dios que es derramado en nosotros, así que no tenemos excusas, de ese amor se derivan los otros 8 frutos del Espíritu: Paciencia, Bondad, Alegría, Dominio propio, Mansedumbre, Fe, Paz. Nosotros no podemos hacer esto solos, nace en el espíritu, y el Espíritu Santo está listo para ayudarnos a tener ese carácter del varón perfecto que es Cristo Jesús, Mujer; pídele al Señor que te guie y entra ya en el proceso para vivir "en" y "con" los frutos del Santo Espíritu de Dios y seas el reflejo de Jesucristo aquí en la tierra, para tu casa, la sociedad, tú país, y hasta en lo último de la tierra a donde Dios te envié y puedas dar testimonio de nuestro Señor y Salvador Jesucristo y ganar almas para su Reino.

Oración
Querido Dios hoy te pido que nos ayudes a dar buenos frutos agradables a tu paladar, frutos dignos de arrepentimiento que puedan tocar y ser ejemplo para que otros vengan a ti. Que tu grande y precioso amor, tu gozo y tu paz fluyan de nuestros corazones, en el nombre del Señor Jesucristo, Amén.

Gálatas 5:25
"Si vivimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu"



¡Gracia y Paz!

VALOR DE LA PRUDENCIA



CULTIVEMOS PRUDENCIA

La Prudencia es una virtud que todos deberíamos cultivar para evitar inconvenientes, dificultades o daños. La prudencia significa, cautela, precaución, sensatez, mesura. Es la fuente de la interrelación entre personas, relaciones de parejas, etc. y el gran secreto para cultivar esta virtud es mantener nuestra boca cerrada frente a los intercambios de opiniones agresivas y discusiones que prenden la mecha de las míseras pasiones humanas, ira, rabias, resentimientos, pleitos, agresiones, ataques violentos, especialmente el que causa un daño físico en el que terminan lastimándose los involucrados.

La vida o la muerte, la guerra o la paz,  muchas veces dependen de un arrebato que sale del corazón por nuestros labios. Por eso es tan importante permitir que  Dios tome el control de nuestras vidas, nos regale sabiduría, que nos permita y ayude a controlar nuestras pasiones y expresiones verbales.

Reflexionemos y tratemos de cultivar prudencia.

La Biblia nos exhorta:
“El necio no se deleita en la prudencia, sino sólo en revelar su corazón” (Proverbios 18:2).

“No te dejes llevar por el enojo, que sólo abriga el corazón del necio” (Eclesiastés 7:9).

“La respuesta amable calma el enojo, pero la agresiva echa leña al fuego” (Proverbios 15:1).

Dios nos bendiga ricamente.

¡Gracia y Paz!
Nancy Urbina

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miércoles, 25 de enero de 2017

Gálatas 5:22-23


El fruto del Espíritu Santo es la manifestación de una vida cristiana transformada. Como creyentes maduros debemos entender los atributos del fruto en todos sus aspectos:

–AMOR– "Y nosotros hemos conocido y creído el amor de Dios. Dios es amor. Y el que permanece en amor, permanece en Dios, y Dios en él" (1 Juan 4:16). A través de Jesucristo, nuestra meta más grande es hacer todas las cosas en amor. "El amor es sufrido, es benigno; El amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece. No hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor. No se goza de la injusticia, más se goza de la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor nunca deja de ser" (1 Corintios 13:4-8).

–GOZO– "El gozo de Jehová es vuestra fuerza" (Nehemías 8:10). "Puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de Él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios" (Hebreos 12:2).

–PAZ– "Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo" (Romanos 5:1). "Y el Dios de esperanza os llene de todo gozo y paz en el creer, para que abundéis en esperanza por el poder del Espíritu Santo" (Romanos 15:13).

–PACIENCIA– Somos "fortalecidos con todo poder, conforme a la potencia de Su gloria, para toda paciencia y longanimidad con gozo" (Colosenses 1:11). "Con toda humildad y mansedumbre, soportándoos con paciencia los unos a los otros en amor" (Efesios 4:2).

–BENIGNIDAD– (gentileza) Debemos vivir "en pureza, en ciencia, en longanimidad, en bondad, en el Espíritu Santo, en amor sincero, en palabra de verdad, en poder de Dios, con armas de justicia a diestra y a siniestra" (2 Corintios 6:6-7).

–BONDAD– "Por lo cual, asimismo oramos siempre por vosotros, para que nuestro Dios os tenga por dignos de Su llamamiento, y cumpla todo propósito de bondad y toda obra de fe con Su poder" (2 Tesalonicenses 1:11). "Porque el fruto del Espíritu es en toda bondad, justicia y verdad" (Efesios 5:9).

–FE– (fidelidad) "Yahweh, Tú eres mi Dios; te exaltaré, alabaré Tu nombre, porque has hecho maravillas; Tus consejos antiguos son verdad y firmeza" (Isaías 25:1). "Para que os dé, conforme a las riquezas de Su gloria, el ser fortalecidos con poder en el hombre interior por Su Espíritu; para que habite Cristo por la fe en vuestros corazones" (Efesios 3:16-17).

–MANSEDUMBRE– "Hermanos, si alguno fuere sorprendido en alguna falta, vosotros que sois espirituales, restauradle con espíritu de mansedumbre, considerándote a ti mismo, no sea que tú también seas tentado" (Gálatas 6:1). "Con toda humildad y mansedumbre, soportándoos con paciencia los unos a los otros en amor" (Efesios 4:2).

–TEMPLANZA– (auto-control) "Vosotros también, poniendo toda diligencia por esto mismo, añadid a vuestra fe virtud; a la virtud, conocimiento; al conocimiento, dominio propio; al dominio propio, paciencia; a la paciencia, piedad; a la piedad, afecto fraternal; y al afecto fraternal, amor" (2 Pedro 1:5-7).

¡Gracia y Paz!
Carlos Martínez M.
Todo sobre Dios

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domingo, 2 de octubre de 2016

Mateo 12:33


"Un buen árbol produce buenos frutos, y un mal árbol produce malos frutos. Para saber si un árbol es bueno o malo, sólo hay que fijarse en sus frutos. Lo mismo sucede con las personas: para saber si son buenas o malas, Sólo hay que fijarse en las cosas que hacen" (Mateo 12:33).

martes, 12 de julio de 2016

LLENOS DE ESPERANZA, GOZO Y PAZ... (Romanos 15:13)



Romanos 15:13
"Y el Dios de esperanza os llene de todo gozo y paz en el creer, para que abundéis en esperanza por el poder del Espíritu Santo".

Usar la palabra “Esperanza” como el mundo la usa es muy sencillo, refiriéndose a ella como expectativa o deseo, pero no como certeza. Un ejemplo de esto podría ser: –"¡no sé cómo me irá en el examen, pero espero sacar buenas calificaciones!"– Cuando se usa de esta manera el término "esperanza" expresa incertidumbre. En cambio, en la Biblia podemos ver con claridad que a la esperanza se le describe como todo lo opuesto a desear algo con duda e incertidumbre. En su Santa Palabra el Señor nos enseña que esperar en él significa certeza absoluta.

Un reconocido evangelista dice en uno de sus libros: "la esperanza cristiana se resume en estas pocas palabras: Es una total confianza de que algo pasará, porque Dios lo ha prometido".

Salmo 91:2
"Diré yo a Jehová: Esperanza mía, y castillo mío; Mi Dios, en quien confiaré".

Otras de las incertidumbres que nos rodean a muchos seres humanos son: ¿Podré mantenerme sano?, ¿Mi esposo/a me amará toda la vida?, ¿La crisis mundial afectará mis finanzas?, ¿Podré mantener mi trabajo?, ¿Mis hijos llegarán a graduarse?, ¿Algún día tendré casa propia? Nadie puede saber con exactitud todas las respuestas sobre su presente y menos sobre su futuro, sin embargo, tenemos que estar seguros de las promesas de Dios, él nos ama profundamente, dio la vida de su Hijo unigénito para que tú y yo seamos salvos, nos está preparando una morada en el cielo, no permitirá que nada ni nadie nos separe de su amor, y pronto resolverá todos nuestros problemas por la eternidad. La lista de sus promesas puede seguir y seguir.

Como creyentes que somos, es necesario que andemos por la vida con esperanza, porque tenemos la certeza y la confianza de que Dios cumplirá todas las cosas que nos ha prometido.

Salmo 71:5
"Porque tú, oh Señor Jehová, eres mi esperanza, Seguridad mía desde mi juventud".

En un mundo lleno de incertidumbre, los cristianos debemos descansar sobre una esperanza con cimientos profundos, Amén

¡Gracia y Paz!


Lukas AmisToweer

viernes, 26 de febrero de 2016

¡GRACIAS! (REPITELO VARIAS VECES)



1 Tesalonicenses 5:18

“Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para vosotros en Cristo Jesús”.

martes, 26 de enero de 2016

¡PERDONAR ES AMAR!



Proverbios 17:9

“El que perdona la ofensa cultiva el amor; el que insiste en la ofensa divide a los amigos”.

viernes, 30 de octubre de 2015

EN LA VIDA TODOS SOMOS SEMBRADORES…



Gálatas 6:7

“No se dejen engañar, de Dios nadie se burla; pues todo lo que el hombre siembre, eso también segará”.

sábado, 10 de octubre de 2015

Gálatas 5:22-23


El fruto del Espíritu Santo es una manifestación de una vida cristiana transformada. Como creyentes maduros debemos entender los atributos del fruto en todos sus aspectos:

–Amor– "Y nosotros hemos conocido y creído el amor de Dios. Dios es amor. Y el que permanece en amor, permanece en Dios, y Dios en él" (1 Juan 4:16). A través de Jesucristo, nuestra meta más grande es hacer todas las cosas en amor. "El amor es sufrido, es benigno; El amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece. No hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor. No se goza de la injusticia, más se goza de la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor nunca deja de ser" (1 Corintios 13:4-8).

–Gozo– "El gozo de Jehová es vuestra fuerza" (Nehemías 8:10). "Puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de Él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios" (Hebreos 12:2).

–Paz– "Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo" (Romanos 5:1). "Y el Dios de esperanza os llene de todo gozo y paz en el creer, para que abundéis en esperanza por el poder del Espíritu Santo" (Romanos 15:13).

–Paciencia– Somos "fortalecidos con todo poder, conforme a la potencia de Su gloria, para toda paciencia y longanimidad con gozo" (Colosenses 1:11). "Con toda humildad y mansedumbre, soportándoos con paciencia los unos a los otros en amor" (Efesios 4:2).

–Benignidad– (gentileza) Debemos vivir "en pureza, en ciencia, en longanimidad, en bondad, en el Espíritu Santo, en amor sincero, en palabra de verdad, en poder de Dios, con armas de justicia a diestra y a siniestra" (2 Corintios 6:6-7).

–Bondad– "Por lo cual, asimismo oramos siempre por vosotros, para que nuestro Dios os tenga por dignos de Su llamamiento, y cumpla todo propósito de bondad y toda obra de fe con Su poder" (2 Tesalonicenses 1:11). "Porque el fruto del Espíritu es en toda bondad, justicia y verdad" (Efesios 5:9).

–Fe– (fidelidad) "Yahweh, Tú eres mi Dios; te exaltaré, alabaré Tu nombre, porque has hecho maravillas; Tus consejos antiguos son verdad y firmeza" (Isaías 25:1). "Para que os dé, conforme a las riquezas de Su gloria, el ser fortalecidos con poder en el hombre interior por Su Espíritu; para que habite Cristo por la fe en vuestros corazones" (Efesios 3:16-17).

–Mansedumbre– "Hermanos, si alguno fuere sorprendido en alguna falta, vosotros que sois espirituales, restauradle con espíritu de mansedumbre, considerándote a ti mismo, no sea que tú también seas tentado" (Gálatas 6:1). "Con toda humildad y mansedumbre, soportándoos con paciencia los unos a los otros en amor" (Efesios 4:2).

–Templanza– (auto-control) "Vosotros también, poniendo toda diligencia por esto mismo, añadid a vuestra fe virtud; a la virtud, conocimiento; al conocimiento, dominio propio; al dominio propio, paciencia; a la paciencia, piedad; a la piedad, afecto fraternal; y al afecto fraternal, amor" (2 Pedro 1:5-7).

¡Gracia y Paz!
Carlos Martínez M.
Todo sobre Dios
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lunes, 23 de febrero de 2015

¿NO SABES CÓMO SER PACIENTE?


Santiago 5:10-11
“Hermanos míos, tomad como ejemplo de aflicción y de paciencia a los profetas que hablaron en nombre del Señor. He aquí, tenemos por bienaventurados a los que sufren. Habéis oído de la paciencia de Job, y habéis visto el fin del Señor, que el Señor es muy misericordioso y compasivo”

Era la hora punta y todo el mundo parecía estar movido por un sentido de urgencia para llegar a su destino. Justo cuando la luz del semáforo cambió de rojo a verde en una transitada intersección, el auto de Roberto se paró en medio del congestionado tráfico. El trató por todos los medios de encender el motor del automóvil, pero todos sus esfuerzos fueron en vano. Inmediatamente todos los que se encontraban detrás de él, comenzaron a tocar las bocinas de sus vehículos lo que hizo la situación mucho peor. Ante la incapacidad de poder resolver el problema, Roberto hizo una corta oración. Después se bajó del auto, caminó hacia el vehículo que se encontraba detrás del suyo, y amablemente le dijo al chofer: “Lo siento mucho, caballero, pero no puedo hacer que mi auto camine. Si usted fuera tan amable de intentarlo, yo me quedaré en el suyo y continuaré tocando la bocina por usted”.

Como nos enfrentamos a este tipo de situaciones dice mucho de nosotros mismos. ¿Cómo reaccionarías tú si te encontraras en medio de un tráfico congestionado de automóviles y ya se te ha hecho tarde para llegar al trabajo? ¿Qué harías si tu vuelo es retrasado por problemas mecánicos o por mal tiempo? ¿Cómo actuarías tú si se acaba el papel de la caja registradora justamente cuando te van a cobrar? Suponte que apenas tienes el tiempo exacto para llegar a una cita muy importante, y vas a pasar por unas vías de ferrocarril en el momento en que baja la barrera que indica que va a pasar un tren. ¿Puedes respirar profundo y esperar cinco o diez minutos tranquilamente?

La manera de reaccionar en situaciones como estas depende fundamentalmente de la paciencia de cada persona. “Paciencia”, según el diccionario de la Real Academia Española, es “la capacidad de padecer o soportar algo sin alterarse”. Otra definición de paciencia es: “Facultad de esperar con calma cuando algo se desea mucho”. Lamentablemente nuestra naturaleza carnal carece de estas habilidades, y por regla general tenemos la tendencia a irritarnos ante la tardanza o la adversidad. Proverbios 14:29 nos muestra el espíritu que hay detrás de esta actitud. Dice así: “El que tarda en airarse es grande de entendimiento; mas el que es impaciente de espíritu enaltece la necedad”. Solamente una estrecha comunión con el Señor puede darnos el entendimiento y la capacidad para actuar pacientemente en medio de un problema inesperado, un contratiempo o una contrariedad imprevista, pues la paciencia es fruto del Espíritu Santo, dice Gálatas 5:22. En el Salmo 40:1, David nos muestra la actitud correcta en medio de las pruebas: “Pacientemente esperé a Jehová, y se inclinó a mí, y oyó mi clamor”. Y Hebreos 6:15 nos dice que Abraham, “habiendo esperado con paciencia, alcanzó la promesa”.

No pierdas el control la próxima vez que tus planes sean interrumpidos o cambiados repentinamente. Pide al Señor paciencia para mantenerte en calma y con gozo en medio de una de estas situaciones. Recuerda siempre que los planes que Dios tiene para ti no se deshacen por las tardanzas ni las dificultades. Muchas veces es exactamente lo contrario, para que los planes de Dios se lleven a cabo es necesario esperar a su tiempo, y esto, por regla general a nosotros nos parece una espera demasiado larga. El pasaje de hoy menciona “la paciencia de Job”. Todos conocemos la miseria y los sufrimientos por los que pasó este hombre. Pero él actuó con gran paciencia y al final Dios lo recompensó aumentando al doble todo lo que había perdido (Job 42:10).

Hazte el firme propósito de reaccionar con paciencia en situaciones de demora o tardanza. Ponte a orar, repite algún versículo de la Biblia, o entona un himno o un corito de alabanza al Señor. El Espíritu Santo tomará control de la situación, y te resultará fácil esperar pacientemente. Y el plan de Dios en tu vida se llevará a cabo sin problemas.

ORACIÓN:
Padre amado, te ruego me llenes de tu paz y de tu gozo cuando las cosas no suceden de la manera o con la rapidez que yo deseo, y que tu Santo Espíritu produzca en mí la paciencia que necesito para esperar tus bendiciones. Por Cristo Jesús te lo pido. Amén.

¡Gracia y Paz!
Dios te Habla


domingo, 4 de enero de 2015

¿ERES PACIENTE Y TOLERANTE?


¿ERES PACIENTE Y TOLERANTE?

"Todo hombre prudente procede con sabiduría; más el necio manifestará necedad" (Proverbios 13:16)

La paciencia y tolerancia ante el actuar de los demás, son parte del actuar diario del creyente que maneja su vida con sabiduría. El hombre insensato mostrará precisamente su insensatez como el vendedor ambulante muestra públicamente sus mercancías para que los demás las vean.

La prudencia y el amor van de la mano en el creyente, hay hombres cuyas palabras son como golpes de espada, más la lengua de los sabios son como la medicina. Las palabras manejadas con reflexión traen salud a los oídos de quienes le escuchan. Las palabras usadas con humildad, son lámparas en el camino y recompensas espirituales en tu vida.

¡Gracia y Paz!

Pan de Vida

martes, 9 de diciembre de 2014

¿TÚ REFLEJAS LA LUZ DE JESÚS?



¿Tú reflejas la Luz de Jesús?

Que interesante seria conocer en qué “hora del día” vamos. Sin embargo, como esto solo le concierne al Señor, ni hablar. Pero sí podemos hacer que cada nuevo día que Dios nos permita vivir, sea mejor que el anterior.

Proverbios 4:18
“La senda de los justos se asemeja a los primeros albores de la aurora: su esplendor va en aumento hasta que el día alcanza su plenitud”.

Somos la luz del mundo (Mateo 5:14) y no podemos dejar que el resplandor de esa luz se apacigüe  y menos que llegue a apagarse. Sabemos que estamos en medio de una generación que llama a lo malo bueno y a lo bueno malo, que tiene las tinieblas por luz y la luz por tinieblas (Isaías 5:20). Una generación que anda en completa oscuridad; va totalmente descarriada en una larga noche de terror y tinieblas. Nosotros que hemos conocido la verdad tenemos que resplandecer como luminarias para el mundo (Filipenses 2:15), en medio de tanta tenebrosidad.

Dejemos que la luz de Jesús se manifieste plenamente sin temor alguno: “Tu vida será más radiante que el sol de mediodía, y la oscuridad será como el amanecer” (Job 11:17).

Oración:
Amado Señor, permite que tu luz irradie sin cesar mi vida para que cada hora que pase, me lleve a la plenitud completa, compartiendo los destellos de tu gloria con todos aquellos que andan en tinieblas. En el nombre de Jesús, Amen

¡Gracia y Paz!

Dora C.

jueves, 16 de octubre de 2014

PADRE, CAMBIA MI CORAZÓN...



Dios nos pide que cambiemos el odio por amor, la tristeza por alegría, la enemistad por la paz, el desasosiego por la paciencia, la maldad por bondad, la rudeza por amabilidad, la deslealtad por fidelidad, la soberbia por humildad y el descontrol o desenfreno, por control propio.

Ese cambio es muy difícil para nosotros, pero es el fruto del Espíritu de Dios en nosotros. Pídele a tu Padre celestial, que te llene con Su Espíritu y podrás cambiar y ser obediente a lo que Dios te pide. No temas a ese cambio.

¡Gracia y Paz!

Siguiendo a Jesús

miércoles, 13 de agosto de 2014

¿PUEDES AMAR DE LA MANERA EN QUE JESÚS NOS AMA?



¿PUEDES AMAR DE LA MANERA EN QUE JESÚS NOS AMA?

1 Corintios 13:1-7
“Si yo hablase lenguas humanas y angélicas, y no tengo amor, vengo a ser como metal que resuena, o címbalo que retiñe. Y si tuviese profecía, y entendiese todos los misterios y toda ciencia, y si tuviese toda la fe, de tal manera que trasladase los montes, y no tengo amor, nada soy. Y si repartiese todos mis bienes para dar de comer a los pobres, y si entregase mi cuerpo para ser quemado, y no tengo amor, de nada me sirve. El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor, no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta”.

La Biblia nos habla en Hechos capítulo 7 de un hombre llamado Esteban, el cual siendo apedreado por una turba de judíos enfurecidos, en medio del terrible dolor de las pedradas, puesto de rodillas, moribundo, clamó a gran voz diciendo: “Señor, no les tomes en cuenta este pecado”. Varios años antes, mientras sufría el indescriptible dolor de la crucifixión, nuestro Señor Jesucristo pronunció palabras similares cuando clamó al cielo diciendo: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen” (Lucas 23:34). ¿Cómo es posible que alguien pueda perdonar a quien le ha causado heridas tan profundas y dolorosas?

La clave está en tener un corazón lleno del verdadero amor que viene de Dios. La escritura de hoy define las características de este amor. Dice que ese amor “todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta”. Jesús exhortó a sus discípulos a amar y a perdonar de esta manera. En Mateo 5:43-44 el Señor dice: “Oísteis que fue dicho: Amarás a tu prójimo, y aborrecerás a tu enemigo. Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen”. Es muy fácil amar a nuestros hijos, o al esposo o esposa, o a los amigos, o a los que son buenos con nosotros, pero, ¿amar a los que nos han herido? Jesús nos exhorta a amar de esta manera porque primeramente él dio el ejemplo. Y si queremos ser como Jesús, una de las cosas que debemos imitar es amar como él amó.

Pero, ¿cómo podemos ser capaces de amar de este modo? ¿Cómo puedo yo amar de la manera en que Jesús amó? Lamentablemente tenemos que aceptar la realidad de que por nuestras propias fuerzas es totalmente imposible. Es absolutamente necesario que el Espíritu Santo produzca ese amor en nosotros, y entonces seremos capaces de manifestarlo a los demás así como lo hizo Esteban. La Biblia dice que, mientras estaba siendo apedreado, “Esteban, lleno del Espíritu Santo, puestos los ojos en el cielo, vio la gloria de Dios, y a Jesús que estaba a la diestra de Dios” (Hechos 7:55). Esteban era un ser humano. Esto quiere decir que es posible para nosotros lograrlo.

Para ello es necesario seguir varios pasos. El primero es aceptar a Jesucristo como Salvador. Cuando lo hacemos, el Espíritu Santo viene a morar en nuestros corazones. El segundo paso es permitir que él haga su obra en nuestras vidas. Esto se consigue estableciendo una íntima comunión con Dios por medio de la oración y la lectura de su Palabra día tras día, meditando en ella, esforzándonos en ponerla en práctica en nuestro diario vivir en toda oportunidad que se presente. Así, poco a poco, el Espíritu Santo irá produciendo su fruto de amor y misericordia en nuestras vidas, según nos dice Gálatas 5:22-23. Sólo entonces podremos tener el amor de Dios en nuestros corazones y transmitirlo a los que nos rodean. No existe otra manera.

La humanidad está muy necesitada del amor de Dios. Si queremos ver un mundo mejor, el cambio tiene que empezar en cada uno de nosotros, después nuestra familia, los vecinos, nuestros amigos y todos los que están a nuestro alrededor. El amor es tan importante en la vida del ser humano que el apóstol Juan afirma: “El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es amor” (1 Juan 4:8). Y Jesús dice en Juan 13:35: “En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros”. Jesús nos ofrece su amor y su ayuda. No rechacemos tan precioso regalo.

ORACIÓN:
Amante Padre celestial, confieso que soy totalmente incapaz de amar a los demás como tú me has amado. Por favor pon tu amor en mi corazón para que yo pueda amar a todos los que me rodean, aún a aquellos que me han hecho daño. En el nombre de Jesús, Amén.

¡Gracia y Paz!

Dios te Habla

jueves, 29 de mayo de 2014

¿PUEDES PERMANECER CALLADO?


¿Puedes permanecer callado?

Marcos 15:1-5
“Muy de mañana, habiendo tenido consejo los principales sacerdotes con los ancianos, con los escribas y con todo el concilio, llevaron a Jesús atado, y le entregaron a Pilato. Pilato le preguntó: ¿Eres tú el Rey de los judíos? Respondiendo él, le dijo: Tú lo dices. Y los principales sacerdotes le acusaban mucho. Otra vez le preguntó Pilato, diciendo: ¿Nada respondes? Mira de cuántas cosas te acusan. Mas Jesús ni aun con eso respondió; de modo que Pilato se maravillaba”.

Callar no es precisamente una cualidad intrínseca del ser humano. Desde muy pequeños, los niños muestran una marcada tendencia a tratar de captar la atención de los demás ya sea llorando, o gritando o, cuando aprenden a pronunciar palabras, hablando sin cesar. Cuando somos adultos, ya no lloramos o gritamos como los pequeños, sin embargo todavía nos resulta difícil callarnos, sobre todo cuando nos insultan o nos acusan injustamente. Por eso, en el pasaje de hoy, Pilato se maravilló cuando Jesús permaneció callado ante las acusaciones de que era objeto por parte de los sacerdotes judíos. Seguir el ejemplo de Jesús no es nada fácil, sin embargo la Biblia nos exhorta a mantener una actitud pasiva y prudente en situaciones en las que nuestra naturaleza carnal nos impulsa a defendernos de acusaciones falsas o de alguna calumnia de la que hemos sido víctimas. Por ejemplo, Proverbios 19:11 dice: “El buen juicio hace al hombre paciente; su gloria es pasar por alto la ofensa”.

En Mateo 12:34, Jesús les dice a un grupo de judíos: “¡Generación de víboras! ¿Cómo podéis hablar lo bueno, siendo malos? Porque de la abundancia del corazón habla la boca”. Ciertamente un corazón lleno de ira y amargura producirá palabras que no glorificarán el nombre de Dios. Por eso, en su carta a los efesios, el apóstol Pablo les dice: “Quítense de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritería y maledicencia, y toda malicia. Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo” (Efesios 4:31-32). Pablo nos advierte que debemos despojarnos de “toda amargura”, pues hay un peligro muy grande cuando permitimos que ésta se acumule en el corazón y eche raíces. Hebreos 12:15 nos alerta de la siguiente manera: “Mirad bien, no sea que alguno deje de alcanzar la gracia de Dios; que brotando alguna raíz de amargura, os estorbe, y por ella muchos sean contaminados”. De igual manera debemos librarnos de enojo, ira, gritería y maledicencia, ya que nada de esto proviene de Dios.

En la corte judicial de un pequeño pueblo había un abogado que solía hacer comentarios despectivos y usaba en ocasiones lenguaje provocativo dirigido al juez en funciones de dicho tribunal. En lugar de tomar medidas enérgicas contra el abogado y mandarle a callar, el juez sonreía y se quedaba callado. La gente se preguntaba cómo podía ser tan paciente. En una ocasión, durante una cena, alguien le preguntó al juez: “¿Por qué usted no hace algo respecto a ese insolente abogado?” El juez puso su tenedor en el plato, y con una leve sonrisa contestó: “Tengo una vecina que tiene un perro. Siempre que hay luna llena, el perro ladra sin cesar toda la noche”. Luego, el juez reanudó su comida tranquilamente. Una persona le preguntó: “Pero señor juez, ¿qué tiene que ver eso del perro y la luna con ese abogado?” Él contestó: “Pues que la luna simplemente ¡sigue brillando!”

Los sacerdotes judíos insultaron y acusaron a Jesús. Él simplemente calló. Y su gloria siguió brillando y seguirá alumbrando por la eternidad. Debemos aprender a callar en lugar de hablar algo ofensivo. Y si es absolutamente necesario que hablemos en nuestra defensa, debemos hacerlo con mansedumbre, controlando las emociones y recordando que “la blanda respuesta quita la ira; mas la palabra áspera hace subir el furor” (Proverbios 15:1). Ciertamente podríamos evitar muchos problemas si aprendiéramos a hablar con suavidad, y a callarnos cuando no tuviéramos algo bueno que decir de la otra persona.

ORACIÓN:
Padre santo, te ruego llenes mi corazón de tu amor y de tu paz, de manera que siempre que yo hable lo haga con palabras que edifiquen y no ofendan aun en momentos en que me han herido u ofendido de alguna manera. Y dame la fuerza para permanecer callado cuando sea prudente hacerlo. En el nombre de Jesús, Amén.

¡Gracia y Paz!
Dios te Habla



viernes, 16 de mayo de 2014

¿ERES AGRADECIDO POR LAS BENDICIONES DE CADA DÍA?


¿Eres agradecido por las bendiciones de cada día?

Colosenses 3:12-15
“Vestíos, pues, como escogidos de Dios, santos y amados, de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia; soportándoos unos a otros, y perdonándoos unos a otros si alguno tuviere queja contra otro. De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros. Y sobre todas estas cosas vestíos de amor, que es el vínculo perfecto. Y la paz de Dios gobierne en vuestros corazones, a la que asimismo fuisteis llamados en un solo cuerpo; y sed agradecidos”.

En este pasaje, parte de su carta a los colosenses, el apóstol Pablo enumera una serie de cualidades que deben formar parte del carácter de un verdadero cristiano. Menciona el amor, la paz, la paciencia, la benignidad, la mansedumbre, todas ellas partes del fruto del Espíritu. Les habla también del perdón y la misericordia, atributos intrínsecos del carácter de Dios. Y por último les dice: “y sed agradecidos”. Una actitud de gratitud hacia Dios y hacia los demás es característica de crecimiento y madurez espiritual.

Una señora caminaba con su hijita de cuatro años por un mercado al aire libre, cuando la niña se detuvo frente a una de las mesas en la que se mostraban varias cajas llenas de naranjas. Mientras ella las contemplaba, el vendedor tomó una naranja de la mesa y se la regaló a la niña. “¿Qué se le dice a este señor tan amable?”, preguntó la madre a la hija. La niña miró la naranja, luego se la dio de nuevo al hombre, y le dijo: “¡Pélala!” Bien pudiera parecer una gracia al provenir de una niña pequeña, pero ¡cuántas veces hemos actuado de esta manera con Dios! Quizás no lo hemos expresado con palabras, pero nuestra actitud ante las bendiciones del Señor refleja lo que nuestro corazón está diciendo: “¡Esto es bueno, pero yo quiero más!”

Es posible que en alguna ocasión te preguntes: “¿Y por qué tengo que dar gracias?” Bien pudiera ser que acabas de perder el empleo, o quizás las noticias del médico no son muy buenas, o a lo mejor alguna relación en la que tenías puesta toda tu ilusión se rompió y tu corazón está destrozado. Las razones por las que podríamos considerar que es difícil dar gracias son tantas como los problemas que nos afectan cada día. Sin embargo, si escudriñamos la Biblia podemos encontrar muchas razones para estar agradecidos aun durante las situaciones más oscuras de nuestras vidas.

A pesar de nuestras pruebas podemos ser agradecidos, primeramente porque “a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien”, dice Romanos 8:28. Podemos dar gracias por la inalterable bondad y misericordia de Dios, como dice el Salmo 106:1: “Alabad a Jehová, porque él es bueno; porque para siempre es su misericordia”. También porque podemos tener la seguridad de que “somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó” (Romanos 8:37). Porque Dios ha prometido: “No te desampararé, ni te dejaré” (Hebreos 13:5). Porque “si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros?” (Romanos 8:31). Y sobretodo porque ni siquiera la muerte tiene autoridad sobre nosotros, pues Jesucristo venció en la cruz y nos ha dado vida eterna. Dice 1 Corintios 15:57: “Mas gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo”.

Quizás muchas veces pasemos por alto el hecho de que nuestro Padre nos provee de todo lo que necesitamos, en todos los aspectos (material, físico y espiritual), como afirma Filipenses 4:19: “Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús”. De igual manera ignoramos su protección y cuidado. ¿De cuántos accidentes nos habrá librado el Señor? Hay muchas más razones por las que debemos dar gracias a Dios. Debemos estar siempre consientes de ellas, y en vez de quejarnos por lo que no tenemos, en lugar de molestarnos por las injusticias y los golpes de la vida, en vez de pedir más para nosotros, agradezcamos a Dios y a los demás. En vez de decir: “¡Pélala!”, como dijo aquella niña, digamos: “Gracias”. Muchas veces no es fácil, pues está en contra de nuestra naturaleza humana, pero si disponemos nuestros corazones a ser agradecidos y pedimos al Señor que nos ayude, llegará a ser una actitud normal en nosotros, para la gloria de Dios.

ORACIÓN:
Padre santo, ayúdame a reconocer todas las bendiciones que diariamente recibo de ti y capacítame para ser agradecido aún en momentos en que las cosas no estén marchando bien. En el nombre de Jesús, Amén.

¡Gracia y Paz!

Dios te Habla

lunes, 12 de mayo de 2014

¿ESTÁS COMPARTIENDO EL AMOR DE DIOS?


¿Estás compartiendo el amor de Dios?

Juan 13:34-35
“Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros. En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros”.

Un conocido ministro cristiano escribió: “Una vez que el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo, nosotros deliberadamente comenzamos a identificarnos con los intereses y propósitos de Jesucristo en las vidas de otros”. De esta manera lo expresó el apóstol Pablo en su carta a los Romanos: “Y la esperanza no avergüenza; porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado” (Romanos 5:5). Y Jesús, en Juan 15:12,13 nos dice: “Este es mi mandamiento: Que os améis unos a otros, como yo os he amado. Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos”.

En este último versículo, así como en el pasaje de hoy está totalmente claro que amar a los demás no es una opción para el cristiano; es una orden, un mandamiento que nos dejó Jesús a todos los que habríamos de seguirlo, y que él espera que lo llevemos a la práctica. Por nuestras propias fuerzas, en muchas ocasiones nos resultará imposible obedecer este mandamiento, pero si hemos nacido de nuevo, con la ayuda del Espíritu Santo podremos amar aun a aquellos que nos han ofendido o nos han hecho daño. El apóstol Juan, en el cuarto capítulo de su primera carta enfatiza en el amor exhortando a los creyentes a amarse unos a otros. Dice: “Amados, amémonos unos a otros; porque el amor es de Dios. Todo aquel que ama, es nacido de Dios, y conoce a Dios. El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es amor” (1 Juan 4:7-8).

Debemos recordar que los cristianos somos luz en un mundo oscurecido por el pecado, y que esa luz no se puede esconder (Mateo 5:14). Así es que decidámonos a compartir con aquellos que nos rodean la paz y el amor del Señor que hemos recibido por medio del Espíritu Santo. Desde que el apóstol Pablo conoció a Jesús en el camino a Damasco, entregó a él su vida y se dedicó a darlo a conocer al mundo y a mostrar el amor que el Señor había depositado en su corazón. Por donde quiera que Pablo iba, Jesucristo siempre podía hacer uso de su vida. Muchas veces nos concentramos sólo en nuestras propias metas, por lo que Dios no puede usarnos de la manera que él desea. La motivación de la vida del apóstol Pablo fue la entrega y la devoción a Jesús. Y esta devoción la manifestaba por medio del amor a los demás, aunque en ocasiones no recibía el merecido pago. Así lo expresa en 2 Corintios 12:15: “Yo con el mayor placer gastaré lo mío, y aun yo mismo me gastaré del todo por amor de vuestras almas, aunque amándoos más, sea amado menos”. Tenemos que luchar contra la tendencia humana a ser devotos de las cosas que nos traen satisfacción y beneficios materiales, y preocuparnos más por recibir los beneficios espirituales que vienen de Dios.

La comunión con el Señor implica más que un tiempo diario a solas con él. Es necesario que como resultado de este tiempo devocional, en nuestros corazones se produzca el deseo de compartir la luz, la paz y el amor de Jesucristo con el mundo que nos rodea. Y que llevemos a la práctica este deseo producido por el Espíritu Santo, mostrando a todos con hechos, no sólo con palabras, el infinito amor de Dios. Cuando el amor de Dios es derramado en nuestros corazones, sentimos la paz inefable del Señor; cuando compartimos ese amor, sentimos además el gozo indescriptible del Espíritu Santo.

ORACIÓN:
Padre santo, te ruego perdones mi egoísmo y mi indiferencia cuando no comparto tu amor con los demás. Pon el fuego de tu Santo Espíritu en mi corazón para que dondequiera que me encuentre yo sea instrumento de tu paz y de tu amor, que mi testimonio sea agradable a ti y tu nombre sea glorificado. En el nombre de Jesús, Amén.

¡Gracia y Paz!

Dios te Habla

lunes, 31 de marzo de 2014

¿QUÉ ES EL FRUTO DEL ESPÍRITU?


¿Qué es el fruto del Espíritu?

Gálatas 5:22-23
“Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza...”

El fruto del Espíritu Santo es el resultado de la presencia del Espíritu Santo en nuestras vidas. La Biblia dice que cada uno recibimos al Espíritu Santo en el momento en que creemos en Jesucristo (Romanos 8:9; 1 Corintios 12:13; Efesios 1:13-14). Uno de los principales propósitos del Espíritu Santo al entrar en nuestras vidas, es el de cambiar nuestras vidas. Es el trabajo del Espíritu Santo conformarnos a la imagen de Cristo, haciéndonos más parecidos a Él.

El fruto del Espíritu Santo está en directo contraste con los hechos de la naturaleza pecaminosa en Gálatas 5:19-21 “Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas, acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios”. Gálatas 5:19-21 describe cómo es la gente, en mayor o menor grado, cuando no conocen a Cristo, y por lo tanto no están bajo la influencia del Espíritu Santo. Nuestra carne de pecado produce este tipo de fruto (Gálatas 5:19-21), y el Espíritu Santo produce el otro tipo de fruto (Gálatas 5:22-23).

La vida cristiana es una batalla entre las acciones de la naturaleza de pecado, y el fruto del Espíritu Santo. Como seres humanos caídos, aún estamos atrapados en un cuerpo que desea las cosas pecaminosas (Romanos 7:14-25). Debemos ser verdaderos seguidores de Cristo para tener al Espíritu Santo produciendo Su fruto en nosotros, y contar con Su poder para que conquistemos los actos de la naturaleza de pecado (2 Corintios 5:17; Filipenses 4:13). Un cristiano no podrá ser completamente victorioso en demostrar el fruto del Espíritu Santo, sin embargo es uno de los principales propósitos de la vida cristiana. El Espíritu Santo producirá más y más de Su fruto en nuestras vidas y nos ayudará a vencer nuestros opuestos deseos pecaminosos. Dios desea que nuestras vidas muestren el fruto del Espíritu... y con la ayuda de su Santo Espíritu, ¡esto es posible!


“Gracia y Paz”