miércoles, 28 de mayo de 2014
martes, 27 de mayo de 2014
¿TIENES BUENA VISIÓN ESPIRITUAL?
¿Tienes buena
visión espiritual?
Génesis 13:8, 9
“Entonces Abram dijo a Lot: No haya ahora
altercado entre nosotros dos, entre mis pastores y los tuyos, porque somos
hermanos. ¿No está toda la tierra delante de ti? Yo te ruego que te apartes de
mí. Si fueres a la mano izquierda, yo iré a la derecha; y si tú a la derecha,
yo iré a la izquierda”.
Hace muchos siglos, dos hombres se pararon sobre una
elevada colina desde donde se divisaba una gran llanura fértil que se extendía
por varios kilómetros frente a ellos. Sus nombres eran Abram y Lot, su sobrino
quien, con su familia, había salido junto con Abram y su esposa con rumbo a la
tierra de Canaan (Génesis 12:4). Ambos se establecieron en un punto intermedio
entre su hogar y el destino final. Ahora había llegado el momento de separarse
porque la tierra que compartían “no era suficiente para que habitasen juntos,
pues sus posesiones eran muchas, y no podían morar en un mismo lugar” (Génesis
13:6). Estaban a punto de tomar una decisión que afectaría sus vidas y sus
familias en el futuro. Abram instó a Lot a ver a su alrededor para que hiciera
la elección más conveniente para él. “Y alzó Lot sus ojos, y vio toda la
llanura del Jordán, que toda ella era de riego... Entonces Lot escogió para sí
toda la llanura del Jordán” (Génesis 13:10, 11).
Ahora bien, “Jehová había dicho a Abram: Vete de tu
tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré”
(Génesis 12:1). La Biblia nos dice que Abram “creyó a Dios” (Romanos 4:3). Su
confianza estaba puesta en el Dios todopoderoso y en él esperaba. Por eso Dios
se acercó a Abram y le dijo: “Alza ahora tus ojos, y mira desde el lugar donde
estás hacia el norte y el sur, y al oriente y al occidente. Porque toda la
tierra que ves, la daré a ti y a tu descendencia para siempre” (Génesis
13:14-15).
Es importante señalar que antes de que llegaran al
acuerdo final, cada uno de ellos “alzó sus ojos”. Aunque ambos miraron, cada
uno vio cosas diferentes. Lot vio la realidad agrícola: los fértiles campos y la
abundante irrigación. Abram pudo ver más allá, porque él “esperaba la ciudad
que tiene fundamentos, cuyo arquitecto y constructor es Dios”, dice Hebreos
11:10. Lot plantó sus tiendas a las puertas de Sodoma y permaneció allí. Los
reyes de Sodoma y Gomorra sostuvieron en ese tiempo una guerra contra reinos
vecinos. Estos reyes fueron vencidos en una batalla en Sidim, y Lot y su
parentela fueron hechos prisioneros (Génesis 14:12). Por otro lado, la promesa
de Dios a Abram se cumple en nuestro Señor Jesucristo, y en nosotros, su
pueblo, descendientes de Abram. Así escribió el apóstol Pablo en Gálatas 3:29:
“Y si vosotros sois de Cristo, ciertamente linaje de Abraham sois, y herederos
según la promesa”.
La característica fundamental de Abram era su fe, producto
de su estrecha comunión con el Señor. Abram pudo ver lo “invisible” porque
confió en Dios de todo corazón. Uno de los aspectos más importantes en la vida
del cristiano es el discernimiento espiritual, por medio del cual podemos “ver”
y entender los planes que Dios tiene en nuestras vidas y de esta manera, si
seguimos sus instrucciones, vamos a obtener la victoria. Por eso es sumamente
importante que nos concentremos en la manera en que nosotros podemos mejorar
nuestra visión espiritual, nuestro discernimiento espiritual, nuestro
entendimiento espiritual.
¿Deseas tener buena visión espiritual? Aumenta tu tiempo
diario de oración y lectura de la Biblia. A medida que profundizas en tu
relación con Dios, tu visión espiritual irá mejorando y podrás disfrutar
abundantemente de las riquezas y maravillas de la gloria de Dios.
ORACIÓN:
Mi amante Padre celestial, te ruego me ayudes a acercarme
cada día más a ti, y que tu luz redentora ilumine mis ojos espirituales para
poder ver con claridad tus planes en mi vida, y así poder seguir tus
instrucciones que me llevarán a la victoria. En el nombre de Jesús, Amén.
¡Gracia y Paz!
Dios te Habla
lunes, 26 de mayo de 2014
¿QUÉ LUGAR OCUPA EL DINERO EN TU VIDA?
¿Qué lugar ocupa
el dinero en tu vida?
1 Timoteo 6:9-10
"Porque los que quieren enriquecerse
caen en tentación y lazo, y en muchas codicias necias y dañosas, que hunden a
los hombres en destrucción y perdición; porque raíz de todos los males es el
amor al dinero, el cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe, y fueron
traspasados de muchos dolores".
El concepto general que prevalece en la sociedad en que
vivimos es que valemos de acuerdo a las posesiones y el dinero que tengamos
acumulados. Y siguiendo ese concepto, la mayoría de las personas se enfrascan
en una loca carrera en busca de lo que llaman “tranquilidad económica”, pero
lamentablemente, lejos de obtener el resultado anhelado, muchos han conseguido
el fracaso y el sufrimiento, y en muchas ocasiones hasta la muerte. La
tentación de amar el dinero es sumamente fuerte. El mundo está saturado de un
sentimiento de avaricia y ambición por las cosas materiales, y el enemigo de
nuestras almas lo sabe muy bien. Con dinero se pueden conseguir prácticamente
todas las cosas materiales que se desean, por eso es fácil que el ser humano
llegue a sentir tanto amor por el dinero.
El pasaje de hoy nos alerta acerca de este sentimiento.
No tiene nada de malo esforzarse en el trabajo con el fin de tener un mejor
salario o luchar para tener un negocio próspero y exitoso. El problema radica
en sentir amor por el dinero. Cuando alguien ama el dinero es capaz de hacer
cualquier cosa para conseguirlo y nunca está satisfecho. Dice Eclesiastés 5:10:
“El que ama el dinero, no se saciará de dinero; y el que ama el mucho tener, no
sacará fruto. También esto es vanidad”. La codicia ha llevado a muchas personas
a cometer actos repulsivos, incluyendo el robo y el asesinato. Resultado:
desgracia y sufrimiento para muchos.
La Biblia es muy clara en cuanto al dinero. La Palabra de
Dios no dice que es necesario ser pobre para ser un buen cristiano, pero
advierte del peligro espiritual que viene con la riqueza. Cuando alguien tiene
tantos recursos económicos que puede hacer u obtener todo lo que le place,
puede llegar a sentirse como si fuera Dios, capaz de hacer cualquier cosa. Esto
es el principio de la desgracia en la vida de una persona, al igual que lo fue
en la vida de Eva y Adán cuando quisieron ser iguales a Dios. Hay muchas
personas que han llegado a la “cumbre” en el aspecto económico, sin embargo la
mayoría son personas infelices y frustradas.
La Biblia nos cuenta en Lucas capítulo 18 acerca de un
hombre que se acercó a Jesús y le preguntó qué debía hacer “para heredar la
vida eterna”. El Señor le dijo que cumpliera los mandamientos. Y el hombre le
contestó que él los había guardado desde su juventud. Entonces Jesús le dijo:
“Aún te falta una cosa: vende todo lo que tienes, y dalo a los pobres, y
tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme”. Y cuando él oyó esto, “se puso muy
triste, porque era muy rico” (Lucas 18:23). Es decir, para él sus riquezas eran
más importantes que la vida eterna.
Como cristianos no podemos permitir que el dinero ocupe
el primer lugar en nuestras vidas. Cualquier cosa que no glorifique a Dios
comienza a pervertirse y se convierte en impedimento para recibir la bendición
del cielo. Una manera de actuar que manifiesta verdadero amor a Dios es
precisamente separar una ofrenda para la obra de su Reino, cuando lo hacemos de
corazón, se cumplirá la promesa de Dios de que él abrirá las ventanas de los
cielos, y derramará sobre nosotros “bendición hasta que sobreabunde”. Es fácil
dar de lo que nos sobra, pero cuando contribuimos para la obra del Señor, con
una parte de lo que tiene valor para nosotros, estamos demostrando con hechos
el amor que hay en nuestro corazón para Aquel quien nos lo ha dado todo.
Debemos poner a Dios siempre en primer lugar, y él se
encargará de proveer para todas nuestras necesidades, según nos prometió Jesús
en Mateo 6:33: “Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas
estas cosas os serán añadidas”. Si antes que cualquier otra cosa tú buscas el
rostro del Señor cada día de tu vida, él suplirá todas las cosas que tú puedes
conseguir con dinero y otras más que son imposibles de comprar como la paz, el
gozo y la tranquilidad espiritual.
ORACIÓN:
Padre Santo, te ruego que controles mis deseos de vivir
bien y de progresar económicamente, de manera que nunca llegue a amar el
dinero. Por favor, guarda mi corazón para amarte a ti antes que a cualquier
otra cosa en esta vida. Por Cristo Jesús, Amén.
¡Gracia y Paz!
Dios te Habla
domingo, 25 de mayo de 2014
¿CÓMO ESTAS REPRESENTANDO A CRISTO?
¿CÓMO ESTAS
REPRESENTANDO a Cristo?
2 Corintios 5:17-21
“De modo que si alguno está en Cristo, nueva
criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas. Y todo
esto proviene de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por Cristo, y nos dio
el ministerio de la reconciliación; que Dios estaba en Cristo reconciliando
consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados, y nos
encargó a nosotros la palabra de la reconciliación. Así que, somos embajadores
en nombre de Cristo, como si Dios rogase por medio de nosotros; os rogamos en
nombre de Cristo: Reconciliaos con Dios. Al que no conoció pecado, por nosotros
lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él”.
En este pasaje, el apóstol Pablo les dice a los
cristianos de Corinto que Dios nos ha encargado “la palabra de la
reconciliación” a todos los que hemos creído en Jesucristo como nuestro
Salvador. O sea “somos embajadores en nombre de Cristo”. El diccionario de la
Real Academia Española define la palabra “embajador” como “Diplomático que
representa al Estado que lo nombra”. Otra acepción es: “Persona, entidad o cosa
que por ser característico de un lugar o país, se considera representativo de
ellos”. Es decir, ambos significados denotan que un embajador debe mostrar
características similares a aquello que representan. Un diplomático debe
expresar fielmente la política de su país ante las demás naciones del mundo. Y
cuando este término se aplica a una persona, entidad o casa de un cierto país,
igualmente sus características deben representar con la mayor exactitud posible
aquellas cualidades de su país de origen. La pregunta es: “¿Estamos
representando bien a nuestro Señor?”
Lo primero que leemos en el pasaje de hoy es que aquel en
el cual vive Cristo es “una nueva criatura”. Para él todo lo viejo ha pasado.
La vida anterior ha muerto, las viejas costumbres ya no existen, la anterior
manera de pensar ha sido transformada, las cosas que antes eran “importantes”
ahora se tienen “por basura, para ganar a Cristo”, como dijo Pablo en
Filipenses 3:8. Mira tu interior, medita en tus acciones. ¿Ha habido un cambio
profundo en tu manera de pensar y de actuar? ¿Eres realmente una “nueva
criatura”? Este es el primer requisito para ser embajador de Cristo. Después
sigue un proceso de acercamiento al Señor en el cual nos reunimos diariamente
con él, y pasamos tiempo de comunión por medio de la lectura de la Biblia y la
oración. De esta manera conocemos cada vez más sus principios y preceptos, y el
Espíritu Santo va tomando control de nuestro ser. Cuando seguimos y obedecemos
fielmente sus instrucciones, entonces llegaremos a parecernos a Jesús.
De la condición de embajador de Jesucristo nace también
la conciencia de la autoridad, que Pablo define precisamente al decir “en
nombre de Cristo.” Cuando Pablo tiene que exhortar, mandar o prohibir lo hace
consciente de estar investido de la autoridad misma del Señor, la cual le fue
dada “para edificación, y no para destrucción”, según nos dice en 2 Corintios
13:10. De igual manera el Señor nos ha revestido de autoridad y poder para
llevar a cabo su encomienda, al igual que lo hizo con aquellos setenta a los
que envió a predicar el evangelio, a los cuales dijo: “He aquí os doy potestad
de hollar serpientes y escorpiones, y sobre toda fuerza del enemigo, y nada os
dañará” (Lucas 10:19).
Así es que, si has aceptado a Jesucristo como Salvador y
Señor, tienes el título de “Embajador de Cristo”, tienes las instrucciones
escritas en su Palabra, y tienes la autoridad y el poder para llevarlas a cabo.
Depende solamente de ti el hacer buen uso de este enorme privilegio, y
representar al Señor dignamente donde quiera que te encuentres.
ORACIÓN:
Bendito Dios, es mi deseo servir y representar a tu Hijo
de manera tal que tu nombre sea glorificado. Pero reconozco que con mis propias
fuerzas es imposible que yo pueda hacerlo. Por favor, capacítame para que yo
pueda representarlo honrosamente con mi testimonio en todo momento. En el
nombre de Jesús, Amén.
¡Gracia y Paz!
Dios te Habla
viernes, 23 de mayo de 2014
¿ERES OIDOR, O HACEDOR DE LA PALABRA?
¿Eres oidor, o
hacedor de la Palabra?
Santiago 1:22-25
“Sed hacedores de la palabra, y no tan
solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos. Porque si alguno es oidor de
la palabra pero no hacedor de ella, éste es semejante al hombre que considera
en un espejo su rostro natural. Porque él se considera a sí mismo, y se va, y
luego olvida cómo era. Mas el que mira atentamente en la perfecta ley, la de la
libertad, y persevera en ella, no siendo oidor olvidadizo, sino hacedor de la
obra, éste será bienaventurado en lo que hace”.
Todos estamos muy consientes de la importancia que tiene
el que nos escuchen bien cuando queremos dar una orden o transmitir alguna
instrucción. Lo vemos, por ejemplo, en la relación entre una madre y su hijo
adolescente. Frecuentemente se escuchan estas exclamaciones: “¿Me estás escuchando?”
“¿No oíste lo que te dije?” “¿Estás entendiendo bien?” En lo más profundo de
nuestro ser sentimos la necesidad de que nos escuchen atentamente. Los padres,
en particular, acentuamos esta importancia. También los maestros, los médicos,
los pastores y en general cualquier persona que tiene la responsabilidad de
enseñar o dirigir.
La razón es sencilla: si no nos oyen, nuestras
instrucciones no pueden ser seguidas. O sea, el primer paso para ejecutar una
orden es oírla. Para poner en práctica una enseñanza es imprescindible haberla
escuchado antes y haberla entendido. En más de una ocasión, al dirigirse a la
multitud, Jesús advirtió: “El que tiene oídos para oír, oiga”. Es decir: “Todo
el que puede oír, escuche atentamente”. Lamentablemente muchas veces, no
obstante de que oímos las instrucciones o las advertencias, no somos capaces de
prestar atención a lo que realmente se nos dice. Nuestros propios intereses nos
alejan de esas instrucciones hacia nuestros deseos, e inconscientemente creamos
una pared mental que nos impide recibir el mensaje con claridad.
Pero hay algo más. Aún cuando logremos escuchar y
entender las instrucciones, muchas veces nos detenemos en ese punto. Hay, en
ocasiones, un abismo inmenso entre el oír y el hacer. Cualquiera sea la razón,
tenemos que estar consientes de que para Dios es tan importante que escuchemos
sus instrucciones como que las llevemos a la práctica. Por ejemplo, en Mateo
21:28-31, Jesús cuenta esta parábola: “Pero ¿qué os parece? Un hombre tenía dos
hijos, y acercándose al primero, le dijo: Hijo, ve hoy a trabajar en mi viña.
Respondiendo él, dijo: No quiero; pero después, arrepentido, fue. Y acercándose
al otro, le dijo de la misma manera; y respondiendo él, dijo: Sí, señor, voy. Y
no fue. ¿Cuál de los dos hizo la voluntad de su padre? Dijeron ellos: El
primero”. Esta parábola nos enseña la importancia de hacer la voluntad del
Padre, aunque al principio hayamos pensado hacer lo contrario. Esto es mucho
mejor ante los ojos de Dios que mostrar disposición a obedecer, pero finalmente
llevar a cabo nuestra propia voluntad.
La Biblia dice en Romanos 10:17: “La fe es por el oír, y
el oír, por la palabra de Dios”. Es sumamente importante leer y escuchar la
palabra de Dios, pues nuestra fe se fortalece cuando conocemos al Señor
íntimamente. Y cuando dedicamos tiempo a la oración cada día de nuestras vidas,
profundizamos más en esta relación con Dios, llegamos a conocer su voluntad, la
fe se fortalece aun más y entonces nos resulta mucho más fácil obedecerle, pues
el Señor nos da la motivación y la fuerza y el valor que necesitamos para
seguir sus instrucciones. Así dice Filipenses 2:13: “Dios es el que en vosotros
produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad”.
La Escritura de hoy nos exhorta a que no solamente oigamos
las instrucciones de Dios sino que las obedezcamos. Entonces seremos
bienaventurados. De lo contrario nos estamos engañando a nosotros mismos, y nos
perderemos las bendiciones que el Señor tiene preparadas para nosotros.
No te limites a oír la Palabra de Dios, sino también haz
lo que ella dice. Busca discernimiento espiritual para oír bien las
instrucciones y entenderlas, y fortalece tu fe para llevarlas a cabo leyendo
diariamente la Biblia, meditando en sus enseñanzas y dedicando un tiempo a la
oración.
ORACIÓN:
Padre santo, alabado y glorificado sea tu nombre. Te
ruego, Señor, que afines mi oído espiritual para poder escuchar y entender con
claridad tus instrucciones, y dame la fuerza y el valor para llevarlas a la
práctica de manera que tu nombre sea glorificado en mi vida. En el nombre de
Jesucristo, Amén.
“Gracia y Paz”
Dios te Habla
jueves, 22 de mayo de 2014
¿CÓMO NACER DE NUEVO?
¿Cómo nacer de
nuevo?
Juan 3:1-7
“Había un hombre de los fariseos que se
llamaba Nicodemo, un principal entre los judíos. Este vino a Jesús de noche, y
le dijo: Rabí, sabemos que has venido de Dios como maestro; porque nadie puede hacer
estas señales que tú haces, si no está Dios con él. Respondió Jesús y le dijo:
De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el
reino de Dios. Nicodemo le dijo: ¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo?
¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre, y nacer?
Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y
del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios. Lo que es nacido de la
carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es. No te maravilles
de que te dije: Os es necesario nacer de nuevo”.
Cuenta este pasaje que en una ocasión, siendo de noche,
un hombre llamado Nicodemo se acercó a Jesús. Este hombre era un fariseo,
principal entre los judíos, miembro del Sanedrín, el cual era además reconocido
como un gran maestro entre su pueblo. Como judío, Nicodemo esperaba a un Mesías
que viniese a liberar a Israel del yugo del imperio romano y estableciera su
reino sobre la tierra, donde el pueblo judío sería el primero entre las
naciones y todos sus enemigos serían destruidos. Los fariseos se habían
declarado contrarios a Jesús y sus enseñanzas, y muchos buscaban eliminarlo.
Sin embargo, Nicodemo estaba muy intrigado por los milagros de Jesús y la
autoridad con que él hablaba. Admitía que había venido de parte de Dios por las
señales que hacía y aceptaba que era un maestro por sus grandes conocimientos
de las Escrituras. Pero, “¿habrá algo más en este hombre?”, se preguntaba
constantemente.
Jesús, reconociendo en el corazón de Nicodemo un genuino
deseo de conocer la verdad, le respondió de una manera que lo dejó estupefacto.
“De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el
reino de Dios”, le dijo. “Nacer de nuevo” no es una frase fácil de entender,
mucho menos en aquellos tiempos en los que este concepto espiritual era
totalmente desconocido. Es una descripción idónea del proceso que se lleva a
cabo en nosotros cuando aceptamos a Jesucristo como nuestro Salvador y Señor.
No se trata simplemente de un cambio en la manera de ser o en la forma de
hablar, más bien el viejo estilo de vida termina y comienza una nueva vida en
el Espíritu que es completamente diferente. Por consiguiente tiene sentido
decir que hemos “nacido de nuevo”. Así les dijo el apóstol Pablo a los
cristianos de Éfeso: “Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en
vuestros delitos y pecados” (Efesios 2:1). Esto significa que ya no somos
aquellos que una vez vivimos en tinieblas y en pecado, sino más bien una nueva
creación que existe para la gloria de Dios. De esta manera lo describe Pablo en
2 Corintios 5:17: “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las
cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas”.
Es muy importante que entiendas el profundo significado
de la enseñanza de Jesús a Nicodemo. Dios no se conforma con que simplemente
cambies en algunos aspectos. Es su deseo rehacerte totalmente. En esto hay una
gran diferencia. El viejo “yo” muere en este proceso, y la vida de Cristo se
manifiesta en su lugar. Pablo da testimonio de esto en su carta a los Gálatas,
al decir “Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive
Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de
Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí” (Gálatas 2:20).
Al aceptar a Jesucristo como salvador el Espíritu Santo
viene a morar en nosotros y así comienza este proceso de nacer de nuevo. Somete
tu vida totalmente al control del Señor, y permite que el Espíritu Santo lleve
a cabo en ti el maravilloso milagro del nuevo nacimiento.
ORACIÓN:
Mi amante Padre celestial, gracias por el sacrificio de
tu Hijo Jesús en la cruz del Calvario, quien dio su vida para que nosotros
tuviésemos nueva vida. Te ruego me ayudes a morir a la carne y a vivir de
manera que tu nombre sea glorificado. Por Cristo Jesús, Amén.
¡Gracia y Paz!
Dios te Habla
miércoles, 21 de mayo de 2014
¿ERES CONSTANTE EN LA ORACIÓN?
¿Eres constante en
la Oración?
1 Tesalonicenses 5:17
“Orad sin cesar.”
La oración es una herramienta poderosa que el Señor nos
ha dado para que la utilicemos para nuestro beneficio. Es el medio que tenemos
para hablar con Dios, es decir, para comunicarnos con él. Desde la Creación, el
plan de Dios fue tener una relación íntima con el ser humano. A través de los
siglos él no ha cambiado, y en su Palabra nos exhorta a buscar esa relación por
medio de la oración.
Hay un poder sobrenatural en la oración, pero es necesario
que lo creamos para que sea efectivo. Jesús les dijo a sus discípulos en Marcos
11:24: “Por tanto, os digo que todo lo que pidiereis orando, creed que lo
recibiréis, y os vendrá”. Cuando pedimos, debemos hacerlo principalmente con el
fin de que se haga la voluntad de Dios en nuestras vidas, y no teniendo como
fin fundamental satisfacer nuestros propios deseos. Entonces esta promesa se
convertirá en realidad, y recibiremos conforme a los propósitos de Dios, quien
conoce nuestras necesidades más íntimas. Así les dijo Jesús a sus discípulos:
“Vuestro Padre sabe de qué cosas tenéis necesidad, antes que vosotros le pidáis”
(Mateo 6:8). Si pedimos creyendo esto de corazón, siempre vamos a recibir más
de lo que esperábamos y de mucha mejor calidad, pues nuestro Dios “es poderoso
para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o
entendemos”, dice Efesios 3:20.
Nuestra relación con los demás también se fortalece a
través de nuestra comunión con Dios. Es la voluntad del Señor que nos amemos
unos a los otros. Este amor podemos expresarlo intercediendo unos por los
otros. Santiago 5:16 dice: “Confesaos vuestras ofensas unos a otros, y orad
unos por otros, para que seáis sanados. La oración eficaz del justo puede mucho”.
Oración eficaz es aquella que tiene poder, que produce resultados. Tenemos que
creer lo que decimos cuando oramos. No debemos orar de manera automática sin
una dirección o propósito específico.
La frecuencia con que oramos define nuestra comunión con
el Señor. Ya sea para hacerle una petición, o adorarlo, o alabarlo, o
arrepentirnos de algún pecado, o para darle gracias, cada vez que oramos
fortalecemos nuestra relación con nuestro Padre celestial. En el pasaje de hoy,
el apóstol Pablo nos exhorta a orar “sin cesar” porque él llegó a entender
profundamente la importancia y el poder de la oración. Cuando Pablo dice: “Orad
sin cesar”, no se refiere específicamente al acto de orar de rodillas, o con
los ojos cerrados, o cuando estamos en el templo; esto no podemos hacerlo en todo
momento. Su consejo, realmente, es una exhortación a que vivamos en constante
comunión con Dios. Tenemos un ejemplo de esto en Mateo 17, donde Jesús liberó a
un muchacho reprendiendo a un demonio que lo atormentaba, después que los
discípulos trataron infructuosamente. Entonces el Señor les dijo: “Este género
no sale sino con oración y ayuno”. Sin embargo, en aquel momento Jesús no hizo
ninguna oración. Él vivía en constante comunión con el Padre.
Busquemos esa íntima comunión con nuestro Padre celestial,
no solamente teniendo un tiempo de oración y leyendo su Palabra cada día, sino
también cuando manejamos el automóvil, mientras andamos de compras, durante el
día en el trabajo, o en cualquier otro lugar. Basta con sólo unas palabras como
“Te amo Padre”, o “Ayúdame Señor”, o “Gracias Jesús”, o una corta intercesión
como “Dios mío, bendice a Fulana”. Lo importante es que nuestra mente esté
ocupada constantemente por pensamientos que agraden al Señor y glorifiquen su
nombre.
ORACIÓN:
Querido Padre celestial, te ruego me ayudes a mantenerme
en constante comunión contigo. Que mis pensamientos, mis palabras y mis
acciones reflejen las enseñanzas de tu Hijo Jesucristo y en todo momento tu
nombre sea glorificado a través de mi testimonio. En el nombre de Jesús, Amén.
¡Gracia y Paz!
Dios te Habla
martes, 20 de mayo de 2014
¿PORQUE TANTO ODIO DE LOS FARISEOS CONTRA JESÚS?
¿Porque tanto odio
de los fariseos contra Jesús?
Porque les estaba arruinando el gran negocio que tenían. Su
negocio era la religión, ellos se hicieron pasar por siervos de Dios… se
vestían con largas ropas religiosas… hacían largas oraciones y ceremonias... pero
todo era un show para sacar dinero a la gente. Jesús los denunció como falsos
siervos de Dios, los llamó hipócritas, les dijo que solo eran avaros y
codiciosos. La gente empezó a darse cuenta y abrir los ojos y dejaron de asistir
a las reuniones de los fariseos y empezaron a seguir a Jesús y oír su mensaje
de paz y salvación y a recibir milagros. Los fariseos al verse descubiertos y
ser denunciados se llenaron de celos y odio y tramaron matar a Jesús.
Hoy día hay excelentes pastores y siervos de Dios, íntegros y
fieles. Pero también hay falsos lideres fariseos hipócritas, que solo les
interesa robar el dinero de los fieles. Jesús dijo que por sus frutos (sus obras y
conducta) los reconoceríamos. Dijo que un árbol bueno no puede dar fruto malo,
ni un árbol malo puede dar fruto bueno.
Debemos velar y orar para no ser engañados por falsos líderes
cristianos. Examinarlos y apartarnos de aquellos que predican una cosa y luego
hacen otra.
¡Gracia y Paz!
(By: Willy Hamel)
(By: Willy Hamel)
DIEZ VERDADES BÍBLICAS SOBRE EL MATRIMONIO
Diez Verdades Bíblicas
Sobre el Matrimonio
Santiago 1:2-3
“Tened por sumo gozo cuando os halléis en
diversas pruebas, sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia”.
Las dificultades al principio del matrimonio no son algo
de que sentirse orgullosos, pero son las pruebas que conllevan al crecimiento para
un matrimonio en armonía y conforme a la voluntad de Dios.
1. El matrimonio
es un compromiso de por vida.
“Así que no son ya más dos, sino una sola carne; por
tanto, lo que Dios juntó, no lo separe el hombre. Le dijeron: ¿Por qué, pues,
mandó Moisés dar carta de divorcio, y repudiarla? Él les dijo: Por la dureza de
vuestro corazón Moisés os permitió repudiar a vuestras mujeres; mas al
principio no fue así” (Mateo 19:6-8).
2. TU matrimonio
atravesará períodos difíciles, pero recuerdA que es un compromiso de por vida.
“Tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas
pruebas, sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia” (Santiago 1:2,
3).
3. Se un siervo de
Tu cónyuge, poniendo las necesidades de él o ella antes de las TUYAS.
“El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene
envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; no hace nada indebido, no
busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor” (1 Corintios 13:4, 5).
4. AprendE a
perdonar… y a olvidar.
“Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, os
perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial; mas si no perdonáis a los
hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas” (Mateo
6:14, 15).
5. AdmitE TUS equivocaCIONES,
y busCA la reconciliación con Tu cónyuge.
“Por tanto, si traes tu ofrenda al altar, y allí te
acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda delante
del altar, y anda, reconcíliate primero con tu hermano, y entonces ven y
presenta tu ofrenda” (Mateo 5:23, 24).
6. Hagan planes
juntos, pero no Te DECEPCIONES cuando las cosas no salgan como ustedes
planearon.
“No os conforméis a este siglo, sino transformaos por
medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea
la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta” (Romanos 12:2).
7. Comuníquese a
menudo, pero no traten de cambiar a su cónyuge. Más bien, traten de alentarse y
fortalecerse el uno al otro. TU no puedeS cambiar a Tu cónyuge, pero sí puedeS
cambiarTe a TI mismo.
“¿Por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano,
y no echas de ver la viga que está en tu propio ojo? ¿O cómo puedes decir a tu
hermano: hermano, déjame sacar la paja que está en tu ojo, no mirando tú la
viga que está en el ojo tuyo? Hipócrita, saca primero la viga de tu propio ojo,
y entonces verás bien para sacar la paja que está en el ojo de tu hermano” (Lucas
6:41, 42).
8. No dependaS de Tu
cónyuge para satisfacer todas sus necesidades. Sólo Dios puede hacer eso.
“Maldito el varón que confía en el hombre, y pone carne
por su brazo, y su corazón se aparta de Jehová” (Jeremías 17:5).
9. EL esposo debe
estar dispuesto a cumplir el papel que Dios le ha dado.
“Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a
la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella, para santificarla, habiéndola
purificado en el lavamiento del agua por la palabra, a fin de presentársela a
sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosas
semejante, sino que fuese santa y sin mancha. Así también los maridos deben
amar a sus mujeres como a sus mismos cuerpos. El que ama a su mujer, a sí mismo
se ama” (Efesios 5:25-28).
10. La esposa debe
estar dispuesta a cumplir con el papel que Dios le ha dado.
“Las casadas estén sujetas a sus propios maridos, como al
Señor; porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la
iglesia, la cual es su cuerpo, y él es su Salvador” (Efesios 5:22-24).
¡Gracia y Paz!
Edificando Matrimonios conforme al Propósito de Dios
¿NO TIENES PAZ?
¿No tienes Paz?
Juan 16:33
“Estas cosas os he hablado para que en mí
tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al
mundo”.
En este pasaje, Jesús se encontraba conversando con sus
discípulos acerca del futuro que se aproximaba. Dentro de poco él sería
arrestado, juzgado y crucificado. Ellos también, más tarde, pasarían por
situaciones terribles. Serían aborrecidos, perseguidos, falsamente condenados e
incluso torturados. Y lo peor de todo: ya el Señor no estaría con ellos. Pero en
medio de tantas malas noticias, Jesús les estaba dando ánimo. Les anunciaba la
venida del Espíritu Santo, y con él el poder para hacer frente al enemigo y
todos sus ataques. Allí Jesús les aseguró que si confiaban, aun en medio de
tanta aflicción, ellos tendrían paz simplemente porque él había vencido al
mundo.
Casi ochocientos años antes del nacimiento de Jesús el
profeta Isaías profetizó: “Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el
principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios
Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz” (Isaías 9:6). Al nacer Jesús se cumplió
esta profecía. Por eso, cuando la multitud de ángeles anunciaba su nacimiento a
los pastores, al unísono decían: “¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra
paz, buena voluntad para con los hombres!” La palabra original en griego que se
traduce como paz significa “atados juntos”, la cual nos ofrece una luz
fascinante acerca del único recurso seguro de paz. Romanos 5:1 dice:
“Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro
Señor Jesucristo”, es decir que cuando, por medio de la fe, creemos que Jesús
murió en la cruz por nosotros y que después resucitó venciendo a la muerte,
somos justificados y tenemos paz con Dios. Esto significa que nosotros hemos
sido “atados juntos” con un Dios totalmente santo después de haber estado
separados de él por causa del pecado. Por lo tanto, el elemento clave de la paz
eterna es la presencia de Dios en nuestras vidas. La Biblia no nos promete una
vida sin problemas o dificultades, pero sí nos asegura que aún en medio de
difíciles situaciones podemos sentir paz y obtener la victoria. Nuestra
victoria es principalmente espiritual, pero afecta profundamente lo natural.
Esto tenemos que creerlo de todo corazón y rechazar todo pensamiento negativo
que el enemigo ponga en nuestras mentes.
En su carta a los filipenses, el apóstol Pablo escribió:
“Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de
Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que
sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros
pensamientos en Cristo Jesús” (Filipenses 4:6-7). Esta paz proviene de la firme
confianza en nuestro Padre celestial, cuyo amor y misericordia permanecen
inmutables. Esta paz es un sentimiento interno de quietud y contentamiento que
está por encima de las circunstancias de la vida. Esta paz es la presencia de
gozo en medio de la infelicidad. Es una paz profunda, inexplicable que nace de
adentro hacia fuera, independientemente de la situación en la que nos
encontremos. Pablo nos exhorta a buscar esa paz en medio de circunstancias
difíciles por medio de la oración, en lugar de afanarnos y llenarnos de
ansiedad.
En muchos de sus Salmos, David expresa su búsqueda de la
presencia de Dios a toda hora, en todo lugar, en todas las circunstancias. Esa
constante búsqueda del rostro del Señor siempre resulta en una paz inefable,
que no se puede entender pero que se siente en lo más profundo del corazón. Por
eso, al llegar la noche, David podía decir: “En paz me acostaré, y asimismo
dormiré; porque sólo tú, Señor, me haces vivir confiado” (Salmo 4:8).
La paz verdadera no es meramente pintar nuestro dolor con
lindos colores. Una persona que tiene la genuina presencia de Dios soportará
una avalancha de dolor y dificultad, y aún en esas circunstancias tendrá una
paz interna que sobrepasará todo entendimiento humano. Si tú no sientes esta
paz, búscala acercándote al Señor cada día para pasar un tiempo de oración,
escudriñando su Palabra, meditando en ella y poniéndola en práctica.
ORACIÓN:
Padre amado, gracias por la paz que viene a nosotros por
medio de tu santa presencia. Ayúdame a mantenerme bien cerca de ti para
disfrutar de esa paz que sobrepasa todo entendimiento. En el nombre de Jesús,
Amén.
¡Gracia y Paz!
Dios te Habla
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