martes, 20 de mayo de 2014

¿NO TIENES PAZ?


¿No tienes Paz?

Juan 16:33
“Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo”.

En este pasaje, Jesús se encontraba conversando con sus discípulos acerca del futuro que se aproximaba. Dentro de poco él sería arrestado, juzgado y crucificado. Ellos también, más tarde, pasarían por situaciones terribles. Serían aborrecidos, perseguidos, falsamente condenados e incluso torturados. Y lo peor de todo: ya el Señor no estaría con ellos. Pero en medio de tantas malas noticias, Jesús les estaba dando ánimo. Les anunciaba la venida del Espíritu Santo, y con él el poder para hacer frente al enemigo y todos sus ataques. Allí Jesús les aseguró que si confiaban, aun en medio de tanta aflicción, ellos tendrían paz simplemente porque él había vencido al mundo.

Casi ochocientos años antes del nacimiento de Jesús el profeta Isaías profetizó: “Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz” (Isaías 9:6). Al nacer Jesús se cumplió esta profecía. Por eso, cuando la multitud de ángeles anunciaba su nacimiento a los pastores, al unísono decían: “¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres!” La palabra original en griego que se traduce como paz significa “atados juntos”, la cual nos ofrece una luz fascinante acerca del único recurso seguro de paz. Romanos 5:1 dice: “Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo”, es decir que cuando, por medio de la fe, creemos que Jesús murió en la cruz por nosotros y que después resucitó venciendo a la muerte, somos justificados y tenemos paz con Dios. Esto significa que nosotros hemos sido “atados juntos” con un Dios totalmente santo después de haber estado separados de él por causa del pecado. Por lo tanto, el elemento clave de la paz eterna es la presencia de Dios en nuestras vidas. La Biblia no nos promete una vida sin problemas o dificultades, pero sí nos asegura que aún en medio de difíciles situaciones podemos sentir paz y obtener la victoria. Nuestra victoria es principalmente espiritual, pero afecta profundamente lo natural. Esto tenemos que creerlo de todo corazón y rechazar todo pensamiento negativo que el enemigo ponga en nuestras mentes.

En su carta a los filipenses, el apóstol Pablo escribió: “Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús” (Filipenses 4:6-7). Esta paz proviene de la firme confianza en nuestro Padre celestial, cuyo amor y misericordia permanecen inmutables. Esta paz es un sentimiento interno de quietud y contentamiento que está por encima de las circunstancias de la vida. Esta paz es la presencia de gozo en medio de la infelicidad. Es una paz profunda, inexplicable que nace de adentro hacia fuera, independientemente de la situación en la que nos encontremos. Pablo nos exhorta a buscar esa paz en medio de circunstancias difíciles por medio de la oración, en lugar de afanarnos y llenarnos de ansiedad.

En muchos de sus Salmos, David expresa su búsqueda de la presencia de Dios a toda hora, en todo lugar, en todas las circunstancias. Esa constante búsqueda del rostro del Señor siempre resulta en una paz inefable, que no se puede entender pero que se siente en lo más profundo del corazón. Por eso, al llegar la noche, David podía decir: “En paz me acostaré, y asimismo dormiré; porque sólo tú, Señor, me haces vivir confiado” (Salmo 4:8).

La paz verdadera no es meramente pintar nuestro dolor con lindos colores. Una persona que tiene la genuina presencia de Dios soportará una avalancha de dolor y dificultad, y aún en esas circunstancias tendrá una paz interna que sobrepasará todo entendimiento humano. Si tú no sientes esta paz, búscala acercándote al Señor cada día para pasar un tiempo de oración, escudriñando su Palabra, meditando en ella y poniéndola en práctica.

ORACIÓN:
Padre amado, gracias por la paz que viene a nosotros por medio de tu santa presencia. Ayúdame a mantenerme bien cerca de ti para disfrutar de esa paz que sobrepasa todo entendimiento. En el nombre de Jesús, Amén.

¡Gracia y Paz!
Dios te Habla




lunes, 19 de mayo de 2014

¿QUÉ TE IMPIDE TENER VERDADERA COMUNIÓN CON CRISTO?


¿Qué te impide tener verdadera comunión con Cristo?

Hebreos 12:1-2a
“Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe...”

Este pasaje comienza: “Por tanto...” En otras palabras, “de acuerdo a lo que acabo de decir...” En el capítulo anterior, el autor de la carta a los Hebreos mencionó a un grupo de hombres y mujeres que, habiéndose encontrado en sus vidas en situaciones sumamente difíciles, confiaron en Dios y por medio de la fe resultaron vencedores. Así es que, considerando lo que ellos hicieron, es decir siguiendo su ejemplo, “despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia”. El objetivo fundamental del cristiano es correr “la carrera que tenemos por delante” siguiendo los pasos del Señor, o sea avanzar en la vida "puestos los ojos en Jesús", como nuestro Guía, nuestro Maestro, nuestro Señor. Ahora bien, con el fin de marchar adelante hacia nuestra meta espiritual, antes tenemos que despojarnos del pecado y de todo aquello que constituya un peso o un obstáculo que dificulte ese objetivo.

En la novela de Julio Verne “La isla misteriosa”, se habla de cinco hombres que se escaparon de un campo de prisioneros durante la Guerra de Secesión norteamericana en 1865, mediante un globo que lograron robarse. Al elevarse en el aire se dieron cuenta que el viento los llevaba hacia el océano. Mientras observaban como la tierra firme desaparecía en el horizonte, se preguntaban cuánto tiempo lograría permanecer el globo en el aire. De momento se dan cuenta que el globo estaba descendiendo y que se aproximaba a la superficie del mar. Entonces los hombres deciden que deben arrojar algo del peso a bordo, pues si seguían bajando se estrellarían contra las aguas. Con mucho pesar arrojaron zapatos, abrigos y armas, y con cierto alivio sienten que el globo se eleva de nuevo.

Sin embargo, al poco tiempo descubren que el globo se acerca una vez más de forma peligrosa a las crestas de las olas, así que deciden lanzar al mar los alimentos, y el globo se eleva de nuevo. Lamentablemente esto también fue sólo una solución temporal y la nave comienza a descender nuevamente. Finalmente echaron fuera las cuerdas y la canasta donde se sentaban. Al hacerlo, notaron como el globo se elevó otra vez. A los pocos minutos divisaron tierra. Los cinco saltaron al agua y nadaron hasta la isla. Estaban vivos debido a que fueron capaces de discernir que para continuar adelante era necesario despojarse de toda carga que impedía al globo desplazarse. Las cosas que antes pensaban que eran “necesarias” eran las mismas cargas que casi les cuesta la vida.

Así nos sucede muchas veces en nuestra vida espiritual. Hay “cargas” que nos impiden crecer, “pesos” que resultan un obstáculo para que nos concentremos en seguir a Cristo y tratar de imitarlo y servirle. El pasaje de hoy nos enseña que tenemos que despojarnos de ese peso al igual que del pecado. ¿Y cuál es ese peso? Ese peso es todo aquello que nos impide pasar tiempo de oración, o leer la Biblia, o asistir a un servicio de adoración, o visitar a un enfermo, o servir al Señor de cualquier otra manera. Bien pudiera ser la televisión, o el Cine, o el Internet, o el trabajo (cuando es en exceso), o quizás dormir demasiado, o salir mucho de paseo. En ocasiones el obstáculo proviene de las amistades, o quizás la familia; cualquiera que sea, tenemos que despojarnos de todo aquello que nos impida avanzar en esta “carrera que tenemos por delante” de la manera en que Dios espera que lo hagamos.

Piensa en las cosas que quizás están frenando tu crecimiento espiritual. Si las eliminas, ¿dispondrías de más tiempo para las cosas que de verdad son importantes? ¿Cómo sería tu vida sin ellas? Pídele a Dios que te muestre cómo podrías mejorar tu relación con él. Pídele discernimiento para hacer cambios y eliminar aquellas cosas que afectan tu vida espiritual.

ORACIÓN:
Padre santo, te ruego me ayudes a identificar las cosas que constituyen un peso o una carga en mi vida y que están afectando mi crecimiento espiritual. Dame la fuerza y el valor para despojarme de ellas y marchar adelante en victoria. En el nombre de Jesús, Amén.

¡Gracia y Paz!

Dios te Habla

¿QUÉ HACES CUANDO LLEGA UNA TORMENTA A TU VIDA?


¿Qué haces cuando llega una tormenta a tu vida?

Marcos 6:45-51
"En seguida hizo a sus discípulos entrar en la barca e ir delante de él a Betsaida, en la otra ribera, entre tanto que él despedía a la multitud. Y después que los hubo despedido, se fue al monte a orar; y al venir la noche, la barca estaba en medio del mar, y él solo en tierra. Y viéndoles remar con gran fatiga, porque el viento les era contrario, cerca de la cuarta vigilia de la noche vino a ellos andando sobre el mar, y quería adelantárseles. Viéndole ellos andar sobre el mar, pensaron que era un fantasma, y gritaron; porque todos le veían, y se turbaron. Pero en seguida habló con ellos, y les dijo: ¡Tened ánimo; yo soy, no temáis! Y subió a ellos en la barca, y se calmó el viento; y ellos se asombraron en gran manera, y se maravillaban".

Poco después de separarse de Jesús, mientras trataban de llegar a la otra orilla del Mar de Galilea, una tormenta sorprendió a los discípulos en medio del mar, de manera que los fuertes vientos y las olas azotaban la barca, amenazando con hundirla. Remaban y remaban y la barca no avanzaba, más bien retrocedía, porque el viento era muy fuerte. Las fuerzas ya les faltaban, y a pesar de la experiencia de algunos de ellos como pescadores conocedores del mar, la situación no mejoraba sino más bien empeoraba cada minuto que pasaba.

¡Cuántas veces de repente ha llegado a nuestras vidas una tormenta emocional! Todo está marchando más o menos bien, hay buena salud, tenemos un buen trabajo, en el matrimonio felices y contentos, a nuestros hijos les va bien, en fin ¡hay un cielo claro, y navegamos en un mar sereno y tranquilo como un plato! ¡Y nos sentimos tan felices! De momento la terrible e inesperada noticia… Negros nubarrones aparecen de repente y el cielo claro comienza a oscurecerse, empieza a soplar un viento contrario, y aquel mar sereno comienza a agitarse. Y en medio de la oscuridad podemos escuchar los truenos y ver como los rayos caen alrededor de nosotros. ¡Y en un abrir y cerrar de ojos nos encontramos en medio de una tormenta que pretende hundirnos en la desesperación! ¿Qué hacer?

Rápidamente comenzamos a remar. ¡Tenemos que llegar a la otra orilla lo más pronto posible! ¡Hay que resolver esta situación! Y remamos, y remamos... Utilizamos todas nuestras fuerzas, nuestra inteligencia, nuestra experiencia. Acudimos al médico, o al abogado o al experto correspondiente, pero nada funciona. Sentimos que nos estamos hundiendo. ¡Y no sabemos qué hacer!

Los discípulos habían estado con Jesús hasta hacía apenas unas horas, lo habían visto hacer muchos milagros, y allí estaban ahora, en medio de aquella prueba, tratando de resolverla con sus propias fuerzas sin acordarse que cerca de ellos estaba aquel que podría resolverles el problema. Dice el pasaje de hoy que Jesús se acercó a ellos caminando sobre el mar y les dijo: "¡Tened ánimo; yo soy, no temáis!" En otras palabras, "¡Anímense, no tengan miedo, soy yo, confíen en mí!" Y dice la Biblia que cuando Jesús subió a la barca, el viento se calmó, y hubo paz.

En algún momento de nuestras vidas, tarde o temprano, vamos a encontrar aflicción, el sufrimiento va a llegar a nosotros, una tormenta emocional o espiritual se va a presentar. Pero en todos los casos hay una respuesta, una actitud, sólo una: Confiar en el Señor, buscarle de corazón, echarnos en sus brazos en medio del dolor y el sufrimiento, y de una manera milagrosa e inexplicable él nos dará la paz que tanto necesitamos, esa paz que "sobrepasa todo entendimiento", dice Filipenses 4:7.

Si hoy te encuentras en medio de una tormenta emocional o espiritual, y has agotado todos los recursos, no sigas luchando; reconoce tu incapacidad y permite que Jesús suba a tu barca. Tan pronto le des a él todo el control, experimentarás esa preciosa paz que solamente el Señor te puede dar. Sólo en él encontrarás la solución al problema.

ORACIÓN:
Bendito Dios, ¡ya no puedo luchar más! No tengo más fuerzas, pero tu Palabra me dice que cuando parezca que toda esperanza se ha perdido y que no hay solución posible, tú eres poderoso para cambiar las circunstancias y traer la tan ansiada paz. Por favor entra en mi vida y toma tú el control de mi situación. En el nombre de Jesús, Amén.

“Gracia y Paz”
Dios te Habla



sábado, 17 de mayo de 2014

¿YA APRENDISTE A DEPENDER DE DIOS?


¿Ya aprendiste a depender de Dios?

Deuteronomio 8:1-10
“Cuidaréis de poner por obra todo mandamiento que yo os ordeno hoy, para que viváis, y seáis multiplicados, y entréis y poseáis la tierra que Jehová prometió con juramento a vuestros padres. Y te acordarás de todo el camino por donde te ha traído Jehová tu Dios estos cuarenta años en el desierto, para afligirte, para probarte, para saber lo que había en tu corazón, si habías de guardar o no sus mandamientos. Y te afligió, y te hizo tener hambre, y te sustentó con maná, comida que no conocías tú, ni tus padres la habían conocido, para hacerte saber que no sólo de pan vivirá el hombre, mas de todo lo que sale de la boca de Jehová vivirá el hombre. Tu vestido nunca se envejeció sobre ti, ni el pie se te ha hinchado en estos cuarenta años. Reconoce asimismo en tu corazón, que como castiga el hombre a su hijo, así Jehová tu Dios te castiga. Guardarás, pues, los mandamientos de Jehová tu Dios, andando en sus caminos, y temiéndole”.

Este pasaje nos muestra al pueblo de Israel, con la Tierra Prometida finalmente a la vista después de deambular 40 años a través del desierto. Su líder Moisés se dirige a ellos y los desafía a recordar los eventos de aquellos años pasados. Durante todo ese tiempo, Dios los probó de diferentes maneras para saber lo que había en sus corazones y si obedecerían sus mandamientos, y sobre todo para darles una gran lección. Moisés les dice: “Te afligió, y te hizo tener hambre, y te sustentó con maná, comida que no conocías tú, ni tus padres la habían conocido, para hacerte saber que no sólo de pan vivirá el hombre, mas de todo lo que sale de la boca de Jehová vivirá el hombre”. Ciertamente los israelitas habían dependido de Dios en todo. No sólo en el suministro de comida, sino también en la protección y el cuidado en todos los aspectos.

Douglas Bourto-Christie, profesor de Teología en Loyola Marymount University, decidió caminar los últimos kilómetros para llegar a su retiro espiritual en un monasterio egipcio. Se bajó del autobús en una pequeña villa y, lleno de confianza, se dispuso a cruzar el desierto. Unas horas después se dio cuenta que estaba perdido. Finalmente encontró el camino, pero en lugar de hacer su entrada al monasterio orgulloso y seguro de sí mismo, llegó agotado, humillado y agradecido de estar vivo. Después dijo: “Esta experiencia me enseñó algo muy importante: al entrar en el desierto me vi obligado a renunciar a la ilusión de control”. Controlar nuestro propio destino es una fantasía a la que nos aferramos. Pero cuando Dios nos lleva por un “desierto” aprendemos que nuestra única esperanza descansa en él y que sólo de él debemos depender.

La tecnología relacionada al estudio de los huracanes, su dirección, trayectoria e intensidad ha avanzado extraordinariamente en los últimos años. Sin embargo, a pesar de los grandes conocimientos sobre estos fenómenos naturales acumulados durante años en modernísimas computadoras, los meteorólogos están limitados a dar un pronóstico de la trayectoria de un determinado huracán (el cual nunca es cien por ciento exacto), y un estimado de la intensidad de los vientos y la velocidad de traslación (las cuales varían con bastante facilidad). Y lo más importante: no pueden hacer absolutamente nada para cambiar ninguna de estas características del ciclón, a pesar de que darían parte de sus vidas por controlar la dirección del mismo y dirigirlo hacia el océano donde no ocasionara daño alguno. Simplemente no pueden.

¿Acaso está Dios tratando de enseñarnos algo? ¿Se dará cuenta el mundo que nada podemos hacer por nosotros mismos? Jesús dijo claramente a sus discípulos: “Separados de mí nada podéis hacer” (Juan 15:5). Si queremos vivir una vida de victoria, tenemos que aceptar nuestra total dependencia del único que puede dirigir nuestro destino a través del desierto y llevarnos hasta la Tierra Prometida que él tiene para cada uno de nosotros.

Si en estos momentos estás perdido en medio de un desierto de pesar e incertidumbre, quizás Dios te está enseñando a depender de él. Proverbios 3:5 nos indica claramente cuál debe ser siempre nuestra actitud: “Fíate del Señor de todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia”.

ORACIÓN:
Padre santo, gracias por lo que me enseñas a través de tu Palabra. Ayúdame a eliminar mis complejos de soberbia y autosuficiencia. Enséñame a depender de ti en todo, aún en aquellas cosas que yo considero “simples” y sin importancia. Hoy yo me rindo a ti, y quiero depender absolutamente de ti. En el nombre de Jesús, Amén.

¡Gracia y Paz!
Dios te Habla


Génesis 17:7



Dios nos da bendición para que podamos bendecir a los demás…
“Y estableceré un Pacto contigo y con tu descendencia… de ser Dios tuyo”
(Génesis 17:7)


Isaías 40:31



“Pero los que esperan en Jehová tendrán nuevas fuerzas, levantarán alas como las águilas, correrán, y no se cansarán; caminarán y no se fatigarán”
Isaías 40:31.


viernes, 16 de mayo de 2014

¿ERES AGRADECIDO POR LAS BENDICIONES DE CADA DÍA?


¿Eres agradecido por las bendiciones de cada día?

Colosenses 3:12-15
“Vestíos, pues, como escogidos de Dios, santos y amados, de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia; soportándoos unos a otros, y perdonándoos unos a otros si alguno tuviere queja contra otro. De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros. Y sobre todas estas cosas vestíos de amor, que es el vínculo perfecto. Y la paz de Dios gobierne en vuestros corazones, a la que asimismo fuisteis llamados en un solo cuerpo; y sed agradecidos”.

En este pasaje, parte de su carta a los colosenses, el apóstol Pablo enumera una serie de cualidades que deben formar parte del carácter de un verdadero cristiano. Menciona el amor, la paz, la paciencia, la benignidad, la mansedumbre, todas ellas partes del fruto del Espíritu. Les habla también del perdón y la misericordia, atributos intrínsecos del carácter de Dios. Y por último les dice: “y sed agradecidos”. Una actitud de gratitud hacia Dios y hacia los demás es característica de crecimiento y madurez espiritual.

Una señora caminaba con su hijita de cuatro años por un mercado al aire libre, cuando la niña se detuvo frente a una de las mesas en la que se mostraban varias cajas llenas de naranjas. Mientras ella las contemplaba, el vendedor tomó una naranja de la mesa y se la regaló a la niña. “¿Qué se le dice a este señor tan amable?”, preguntó la madre a la hija. La niña miró la naranja, luego se la dio de nuevo al hombre, y le dijo: “¡Pélala!” Bien pudiera parecer una gracia al provenir de una niña pequeña, pero ¡cuántas veces hemos actuado de esta manera con Dios! Quizás no lo hemos expresado con palabras, pero nuestra actitud ante las bendiciones del Señor refleja lo que nuestro corazón está diciendo: “¡Esto es bueno, pero yo quiero más!”

Es posible que en alguna ocasión te preguntes: “¿Y por qué tengo que dar gracias?” Bien pudiera ser que acabas de perder el empleo, o quizás las noticias del médico no son muy buenas, o a lo mejor alguna relación en la que tenías puesta toda tu ilusión se rompió y tu corazón está destrozado. Las razones por las que podríamos considerar que es difícil dar gracias son tantas como los problemas que nos afectan cada día. Sin embargo, si escudriñamos la Biblia podemos encontrar muchas razones para estar agradecidos aun durante las situaciones más oscuras de nuestras vidas.

A pesar de nuestras pruebas podemos ser agradecidos, primeramente porque “a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien”, dice Romanos 8:28. Podemos dar gracias por la inalterable bondad y misericordia de Dios, como dice el Salmo 106:1: “Alabad a Jehová, porque él es bueno; porque para siempre es su misericordia”. También porque podemos tener la seguridad de que “somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó” (Romanos 8:37). Porque Dios ha prometido: “No te desampararé, ni te dejaré” (Hebreos 13:5). Porque “si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros?” (Romanos 8:31). Y sobretodo porque ni siquiera la muerte tiene autoridad sobre nosotros, pues Jesucristo venció en la cruz y nos ha dado vida eterna. Dice 1 Corintios 15:57: “Mas gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo”.

Quizás muchas veces pasemos por alto el hecho de que nuestro Padre nos provee de todo lo que necesitamos, en todos los aspectos (material, físico y espiritual), como afirma Filipenses 4:19: “Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús”. De igual manera ignoramos su protección y cuidado. ¿De cuántos accidentes nos habrá librado el Señor? Hay muchas más razones por las que debemos dar gracias a Dios. Debemos estar siempre consientes de ellas, y en vez de quejarnos por lo que no tenemos, en lugar de molestarnos por las injusticias y los golpes de la vida, en vez de pedir más para nosotros, agradezcamos a Dios y a los demás. En vez de decir: “¡Pélala!”, como dijo aquella niña, digamos: “Gracias”. Muchas veces no es fácil, pues está en contra de nuestra naturaleza humana, pero si disponemos nuestros corazones a ser agradecidos y pedimos al Señor que nos ayude, llegará a ser una actitud normal en nosotros, para la gloria de Dios.

ORACIÓN:
Padre santo, ayúdame a reconocer todas las bendiciones que diariamente recibo de ti y capacítame para ser agradecido aún en momentos en que las cosas no estén marchando bien. En el nombre de Jesús, Amén.

¡Gracia y Paz!

Dios te Habla

jueves, 15 de mayo de 2014

¡YO ELIJO LA OPCIÓN!



¡Quedarás sin palabras! Después de sobrepasar años tormentosos y un intento de suicidio a los 10 años, Nick dice, que despertó. ¿Quieres saber cómo Nick eligió sacar el mayor provecho a su vida? Mira el video y sabrás.



¿ESTÁS CORRIENDO CON PACIENCIA?


¿Estás corriendo con paciencia?

Hebreos 12:1-2
"Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios".

Este pasaje nos habla de una carrera “que tenemos por delante”, la cual debemos correr. Se trata de la vida de cada uno de nosotros. Independientemente de los años que vayamos a vivir en este mundo, tenemos que “correr” esa carrera, y la Biblia nos dice que debemos correrla “con paciencia”. La palabra griega que se utiliza aquí para definir “paciencia” es “hipomoné”, la cual significa “persistencia firme”. No se trata, pues, de la paciencia que se sienta y acepta las cosas resignadamente. Se trata de una paciencia activa, dominante, que soporta todo pero no se detiene, sino que marcha adelante con firmeza, hacia la meta, con absoluta certeza en la victoria. Esta misma palabra se usa en Santiago 1:2-4 donde dice: “Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas, sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia. Mas tenga la paciencia su obra completa, para que seáis perfectos y cabales, sin que os falte cosa alguna”. Esa paciencia, dice el apóstol Santiago, completará su obra cuando nos lleve a un estado de madurez o “perfección” espiritual, el cual debe ser el objetivo de todo cristiano.

En su primera carta a los corintios, el apóstol Pablo nos habla de otra carrera (una carrera deportiva), y la compara con la carrera de la vida. Dice 1 Corintios 9:24, 25: “¿No sabéis que los que corren en el estadio, todos a la verdad corren, pero uno solo se lleva el premio? Corred de tal manera que lo obtengáis. Todo aquel que lucha, de todo se abstiene; ellos, a la verdad, para recibir una corona corruptible, pero nosotros, una incorruptible”. Al igual que aquellos deportistas, debemos abstenernos de todo lo que afecte negativamente nuestra carrera en esta vida, aunque en ocasiones lo deseemos con todas nuestras fuerzas. Asimismo debemos correrla deseando de todo corazón conseguir el premio. En el caso de aquellos atletas el premio era una corona de laurel corruptible y poco duradera. En nuestra carrera espiritual el premio es una corona incorruptible y eterna.

En la película “Chariots of Fire” (“Carros de Fuego”), hay una escena en la que el joven protagonista acaba de perder una carrera por primera vez en su vida. Y allí está él apartado, sufriendo su primera derrota, frustrado, deprimido, cuando se le acerca su novia tratando de consolarlo con palabras de aliento. Él la mira y le dice: “Si no puedo ganar, yo no corro”. Y ella le contesta: “Si tú no corres, no puedes ganar”. Ciertamente, si queremos ganar tenemos que “correr”, tenemos que estar en constante movimiento hacia adelante en nuestro crecimiento espiritual. Los obstáculos, las caídas, los golpes y sufrimientos no deben desalentarnos, todo lo contrario, tenemos que seguir corriendo “puestos los ojos en Jesús”, confiando plenamente en él, sabiendo “que la prueba de nuestra fe produce paciencia”, y que esa paciencia dará como resultado un crecimiento cabal y perfecto en nuestras vidas, conforme a los planes de Dios, quien nos ha llamado y nos espera al final de la carrera para que vivamos juntos con él por toda la eternidad. Así lo describe Pablo en su carta a los filipenses: “Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús” (Filipenses 3:13-14).

Es pues, la paciencia, la clave fundamental para triunfar en esta carrera, pues necesitaremos en esta vida mucha tolerancia, mansedumbre, humildad, perseverancia y persistencia firme si queremos obtener la victoria. Seamos constantes en la búsqueda del Señor, leyendo y meditando en su Palabra y orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu.

ORACIÓN:
Amante Padre, ayúdame a ser perseverante en esta carrera que tú me has encomendado, que es mi vida. Que cada obstáculo que encuentre sirva para fortalecerme en lugar de desalentarme, y que cada paso que dé sea un testimonio que glorifique tu nombre. Por Cristo Jesús, Amén.

¡Gracia y Paz!
Dios te Habla



miércoles, 14 de mayo de 2014

1 Pedro 4:7











1 Pedro 4:7
“Mas el fin de todas las cosas se acerca; sed pues templados y velad en oración”




Marcos 13:32-33













Marcos 13:32-33
“Pero de aquel día y de la hora nadie sabe, ni aun los ángeles que están en el cielo, ni el Hijo, sino el Padre. Mirad, velad y orad; porque no sabéis cuándo será el tiempo”


Marcos 13:13












Marcos 13:13
“…mas el que persevere hasta el fin, éste será salvo”.


¿ESTÁS PREPARADO PARA LO QUE SE TE PRESENTE EN LA VIDA?


¿Estás preparado para lo que se te presente en la vida?

1 Juan 4:10
“En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados”.

¿De cuantas formas crees que Dios puede llamarte? Piensa en tan solo alguna de estas palabras: Biopsia, cáncer, mioma, sida, despedido, divorcio, adulterio, hurto, quiebra, fracaso, solo por nombrar algunas.

La iglesia está llena de personas que han experimentado alguna de estas palabras en su vida y han atendido el llamado de rendirse a los pies de Cristo, buscando rescate y consolación. Yo soy una de esas personas que ahora me encuentro viviendo las consecuencias de algunas estas palabras.

Por todo esto, amado amigo, amada amiga, yo te invito a que no esperes a conocer de cerca una de estas palabras, ni sus consecuencias, para acercarte a Jesús y reconocerlo plenamente como el Señor y Salvador de tu vida. Atiende el llamado que Dios te haciendo ahora mismo, y entrégale tu corazón a Jesucristo para que viva en tu vida y puedas enfrentar con esperanza y gozo cualquiera de las situaciones que lleguen a tu vida. 

¡Gracia y Paz!

Pan de vida

¿QUÉ ESTÁS HACIENDO POR AYUDAR A LOS DEMÁS?


¿Qué estás haciendo por ayudar a los demás?

Gálatas 6:7-10
“No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará. Porque el que siembra para su carne, de la carne segará corrupción; mas el que siembra para el Espíritu, del Espíritu segará vida eterna. No nos cansemos, pues, de hacer bien; porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos. Así que, según tengamos oportunidad, hagamos bien a todos, y mayormente a los de la familia de la fe”.

Hace varios años la revista Time publicó un artículo acerca de un médico japonés que vivió el terrible bombardeo de Hiroshima. Cuando ocurrió la explosión inicial, el Dr. Shigeto estaba esperando un tranvía como a una milla de distancia, pero estaba protegido por la esquina de un edificio de concreto. En cuestión de segundos después de la explosión, se le llenaron los oídos de los gritos de las víctimas que había a su alrededor. Sin saber qué había sucedido, el doctor Shigeto se quedó allí de pie, completamente perplejo por unos instantes, preguntándose cómo podría él solo atender aquella "montaña" de heridos. Después, aun un poco aturdido, el doctor Shigeto abrió su maletín y comenzó a atender a la persona que le quedaba más cerca. Y después a la siguiente. Y así sucesivamente...

Si miramos a nuestro alrededor, con seguridad veremos personas en necesidad, ya sea en el aspecto económico, o emocional, o físico, o espiritualmente. Dios puede usar a sus hijos, es decir a los que hemos aceptado a Jesucristo como Salvador, para ayudar a esas personas. Nosotros debemos estar siempre listos para ser instrumentos del Señor. El pasaje de hoy dice: “No nos cansemos, pues, de hacer bien”. Claro que Dios no espera que tratemos frenéticamente de ayudar a todo el que tenga una necesidad. Esa es una carga imposible de llevar. Simplemente sigamos el consejo de Dios: “Según tengamos oportunidad, hagamos bien a todos”. Es decir, no es que tengamos que llegarnos a todos los que tienen necesidad y ofrecerles nuestra ayuda, sino que debemos ayudar a todo el que podamos siempre que se presente la oportunidad de hacerlo.

Otra pequeña historia cuenta que una mañana muy temprano un hombre se paseaba por la orilla del mar cuando a lo lejos vio una figura que se movía de manera extraña como si estuviera bailando. Al acercarse vio que era un muchacho que se dedicaba a coger estrellas de mar de la orilla y a lanzarlas al mar. El hombre le preguntó al joven qué estaba haciendo. Este le contestó: “Recojo las estrellas de mar que han quedado varadas y las devuelvo al mar. La marea ha bajado demasiado y muchas morirán”. El hombre entonces le dijo: “Pero esto que haces no tiene sentido. ¿No te das cuenta que hay miles de estrellas en esta playa? Nunca tendrás tiempo de salvarlas a todas”. El joven miró fijamente al hombre, cogió una estrella de mar de la arena, la lanzó con fuerza por encima de las olas y exclamó: “Para esta sí tiene sentido”.

Cuando te enfrentes a las enormes necesidades materiales y espirituales de un mundo perdido, no te desesperes. Todo lo que Dios te pide es que hagas lo que puedas. Si tienes un corazón dispuesto para servir al Señor, él gustosamente te usará como un instrumento para llevar a cabo sus planes. Mantente alerta, pues muchas veces, muy cerca de nosotros hay grandes oportunidades de servir. Los hambrientos, los necesitados, los enfermos, los que sufren, los que no han oído las buenas nuevas de salvación en Cristo Jesús. Todos estos se encuentran en nuestro barrio, o en nuestros centros de trabajo o de estudio, y Dios puede estar planeando usarte para hacerles bien. Y no olvides que siempre recibirás del Señor el fruto de lo que siembres, “pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará”, Dios nos lo dice en el pasaje de hoy.

Aprovecha toda oportunidad que se te presente y ofrece tu ayuda con amor, y, sobretodo, hazlo siempre pensando en agradar a Dios. Así dice Colosenses 3:23, 24: “Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres; sabiendo que del Señor recibiréis la recompensa de la herencia, porque a Cristo el Señor servís”.

ORACIÓN:
Padre celestial, alabado sea tu nombre. Te ruego, Señor, que me capacites para ser un instrumento tuyo ayudando a aquellos que están a mi alrededor que necesitan algún tipo de ayuda. Que sea tu Santo Espíritu dirigiéndome para que ellos puedan recibir exactamente lo que necesitan, y tu nombre sea glorificado. En el nombre de Jesús, Amén.

¡Gracia y Paz!

Dios te Habla