Señor, hay
ocasiones en que mis circunstancias son tan abrumadoras y desesperantes, que mi
ánimo decae y está como muerto. Por favor renueva en mí la esperanza, y aumenta
mi fe para que yo pueda ver tu propósito detrás de las desilusiones que vivo y
pueda esperar en ti de manera que tu nombre sea glorificado en mi vida. En el
nombre de Jesús, Amén.
martes, 1 de octubre de 2013
¿HAS TENIDO ALGUNA DESILUSIÓN?
Juan 11:1-6
"Estaba
entonces enfermo uno llamado Lázaro, de Betania, la aldea de María y de Marta
su hermana. (María, cuyo hermano Lázaro estaba enfermo, fue la que ungió al
Señor con perfume, y le enjugó los pies con sus cabellos). Enviaron, pues, las
hermanas para decir a Jesús: Señor, he aquí el que amas está enfermo. Oyéndolo
Jesús, dijo: Esta enfermedad no es para muerte, sino para la gloria de Dios,
para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella. Y amaba Jesús a Marta, a su
hermana y a Lázaro. Cuando oyó, pues, que estaba enfermo, se quedó dos días más
en el lugar donde estaba".
Cuando María y
Marta le enviaron un mensaje a Jesús para notificarle que Lázaro estaba
enfermo, ellas estaban seguras de que el Señor vendría a su casa inmediatamente
y sanaría a Lázaro. Este pasaje dice que Jesús amaba a esta familia.
Ciertamente Jesús había demostrado a muchos su amor, pero había en él un amor
especial por ellos. Era, pues, de esperar que el Señor se apresurara con el fin
de sanar a su amigo. Al menos esto pensaban Marta y María. Por eso cuando
pasaron varios días y Jesús no llegaba la desilusión se apoderó de ambas
hermanas, y la esperanza de ver a su hermano sano desapareció totalmente al
momento de su muerte. Cuando finalmente Jesús llegó a Betania ya hacía cuatro
días que Lázaro había muerto. Marta salió a su encuentro y le dijo: “Señor, si
hubieses estado aquí, mi hermano no habría muerto” (Juan 11:21). Casi podemos
sentir el tono de frustración y hasta cierto reproche en estas palabras de
Marta. Ciertamente aprovechó el momento para expresar su desilusión.
Cuando las
desilusiones llegan a nuestras vidas, es normal que sintamos tristeza y una
sensación de fracaso. La desilusión es, por regla general, una respuesta
emocional a la imposibilidad de lograr un deseo, una esperanza, un sueño o una
meta. Esto puede llevarnos a perder la confianza en alguien de quien estábamos
dependiendo, incluso alguien a quien amamos. Marta estaba desilusionada porque
Jesús no vino rápidamente a sanar a Lázaro, sino que permitió que muriera. Para
ella era imposible ver el propósito que había detrás de lo sucedido.
Dios siempre
tiene un propósito en cada una de las desilusiones de nuestra vida. Él puede
prevenirlas, pero muchas veces las usa con el fin de probar nuestra fe. Él
quiere que confiemos aún en medio de las malas circunstancias. El pasaje de hoy
dice que cuando Jesús escuchó la noticia de la enfermedad de Lázaro no salió
inmediatamente con rumbo a Betania, sino que dijo a sus discípulos: “Esta
enfermedad no es para muerte, sino para la gloria de Dios, para que el Hijo de
Dios sea glorificado por ella”. Nuestra meta debe ser imitar a Jesús en todo. A
medida que vamos creciendo en el aspecto espiritual podemos llegar a un punto
en el que podamos decir con esta misma certeza que por encima de la desilusión
por la que estamos pasando se cumplirá el propósito de Dios en nuestras vidas y
su nombre será glorificado.
Cuando Jesús
caminó hasta la cueva donde habían sepultado a Lázaro vio que en la entrada
habían puesto una gran piedra, y les dijo a los judíos que estaban allí:
“Quitad la piedra” (Juan 11:39). Entonces Marta le dijo: “Señor, hiede ya,
porque es de cuatro días”. Jesús le contestó: “¿No te he dicho que si crees,
verás la gloria de Dios?” Y dice el versículo 43 que Jesús “clamó a gran voz:
¡Lázaro, ven fuera!” Y el que estaba muerto salió de la tumba caminando.
Entonces muchos judíos creyeron en el Señor, el gozo de todos (incluyendo a
Marta y María) fue indescriptible, y el nombre de Dios fue glorificado.
Nunca olvides
que Dios te ama y siempre desea tu bienestar. Cuando llegue ante ti una
desilusión confía en el Señor de todo corazón y espera en él. Su propósito y
sus bendiciones serán una realidad en tu vida.
ORACIÓN:
Señor, hay
ocasiones en que mis circunstancias son tan abrumadoras, que mi ánimo decae y está
como muerto. Por favor renueva en mí la esperanza, y aumenta mi fe para que yo
pueda ver tu propósito detrás de las desilusiones que vivo y pueda esperar en
ti de manera que tu nombre sea glorificado en mi vida. En el nombre de Jesús,
Amén.
“Gracia y Paz”
Dios te Habla
jueves, 26 de septiembre de 2013
¿EN TU MATRIMONIO… TU ACEPTAS TUS CULPAS?
¿Qué es y cómo aplicar La
Doctrina del Pecado al Matrimonio?
Mientras no tomemos en serio la doctrina bíblica del pecado aplicada a
nuestros matrimonios, siempre estaremos ocupados en los conflictos, pero no
llegaremos a la raíz del problema. Esto sugiere que muchos cristianos no están
atendiendo la raíz del problema. Al interpretar sus problemas de una manera no
bíblica, no están recibiendo ayuda verdadera que los lleve al cambio.
Debemos comenzar a entender la naturaleza y el efecto del pecado, si
queremos comprender cómo afecta en nuestro matrimonio. El pecado logra su
objetivo en nosotros cuando nos convence de que somos víctimas. ¿Qué significa esto?
Cuatro indicadores de que tenemos una doctrina funcional del pecado:
1.- Estamos más conscientes de ser pecadores que de ser
víctimas del pecado de otros. ¿Cuál
es el mayor estorbo en tu matrimonio? Cuando pensamos en esta pregunta
inmediatamente pensamos en las acciones, palabras o actitudes de nuestro
cónyuge. Pero ahora reconsideremos la respuesta de Pablo en 1 Timoteo 1:15
“Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, de los cuales yo soy
el primero”. Mientras más crecía Pablo
en su relación con Dios más crecía su consciencia de su pecado y de su
necesidad de la Gracia
de Dios. Nada puede ser más vital e importante para nuestro matrimonio que nos
veamos como los “primeros” entre los pecadores.
Cuando pecamos en nuestros matrimonios, Dios es la más grande víctima y
subsecuentemente ese pecado es lo más destructivo en nuestra relación
matrimonial. Lo que destruye un matrimonio no es el alejamiento del cónyuge,
sino el alejarse de Dios primero. Nuestro pecado atenta primero en contra de
Dios y luego contra nuestro cónyuge.
Cada pecado que cometemos es primero en contra del ser más grande del
universo. Por eso todos los problemas maritales se tratan de personas que han
perdido la consciencia de la grandeza de Dios y de su pecado con referencia a
Él.
Estaremos yendo en la dirección del cambio cuando estemos más conscientes
de ser pecadores, que de ser víctimas del pecado de otros.
2.- Sospechamos más de nuestros propios motivos que de
nuestro cónyuge. Aunque hemos sido
liberados del dominio del pecado, todavía tenemos que colaborar con el Espíritu
Santo para mortificar los actos de la carne. Esta guerra espiritual tiene un
efecto especial en nosotros. Está diseñada para hacer más profunda nuestra
necesidad de Dios al hacernos conscientes de la profundidad de nuestro pecado. Cuando
una persona entiende cuán pecadora es, llega a ser una persona que celebre y
goce la gracia de Dios.
El proyecto principal para nuestro matrimonio no es reformar a nuestro
cónyuge, sino mortificar nuestro propio pecado. No se trata de estar
sospechando, evaluando y analizando en demasía los motivos de nuestro cónyuge,
sino de mortificar y sacrificar nuestro propio pecado.
Al preguntarnos ¿Qué es lo que está mal en mi matrimonio? debemos
responder: “Yo soy”. El punto clave es
que el matrimonio se trata de dos pecadores viviendo juntos para ser
santificados dentro del contexto de la unión conyugal. Dios usa el matrimonio
como un medio de gracia para llevarlos a la madurez.
Cuando entendemos la realidad del pecado interior y esa convicción está
funcionando en nuestro matrimonio ocurrirá lo siguiente: En el caso de un
conflicto, primero examinamos nuestro propio corazón y luego nos dirigimos a
nuestro cónyuge sospechando de nuestros motivos, no estando convencidos de que
tenemos razón, sino considerando seriamente la posibilidad de estar
equivocados. Cuando estás consciente del pecado residente cambia el tono con el
que te acercas a tu cónyuge. ¿Puedes imaginar el impacto positivo en un
matrimonio en el que los cónyuges sean intencionales en examinarse y sospechar
cada uno de sí mismo en primer lugar?
3.- Afirmamos que las circunstancias no causan el pecado
sino sólo lo hacen evidente.
Mateo 15:10-11 y 19
“Porque del corazón salen los malos pensamientos, los homicidios, los
adulterios, las fornicaciones, los hurtos, los falsos testimonios, las
blasfemias”.
Puesto que Dios es grande en misericordia para con nosotros, permite
circunstancias en nuestras vidas que expongan lo que hay en nuestros corazones.
Dios diseñó el matrimonio para que tengamos ocasión de ver en realidad lo que
hay en nuestros corazones.
Las tentaciones, pruebas, tribulaciones y cosas semejantes no inyectan
pecado a nuestro corazón. Sino revelan el
pecado que hay en nuestro corazón.
4.- Saber arrepentirnos y confesar nuestros pecados a
Dios y a nuestro cónyuge. Un
matrimonio que practica el arrepentimiento será un matrimonio que experimente
profundidad e intimidad. Por el contrario, en el matrimonio donde no se
practica regularmente el arrepentimiento, habrá todo tipo de conflictos.
Creo que todos los que creemos en la doctrina bíblica del pecado deberíamos
preguntarnos ¿Cuán a menudo confieso mis pecados a mi cónyuge?
Muchos matrimonios cristianos dicen que confiesan sus pecados pero sin
admitir nada en realidad. Como si fueran políticos dando explicación de sus
acciones dicen cosas como: “Siento mucho que mis acciones se hayan
malinterpretado”; “Si en algo te ofendí, te pido disculpas”, etc. Pero debemos
ser diligentes en que nuestras confesiones no terminen echando la culpa sobre
nuestro cónyuge, sino que reconozcamos nuestras acciones pecaminosas tal y como
Dios las ve y describe. No es lo mismo
decir: “Tuve un desliz” a decir “Adulteré o fui infiel”.
Una de las mejores maneras de cultivar la intimidad en nuestro matrimonio
es confesando humildemente nuestros pecados el uno al otro. Donde hay confesión
de pecados encontraremos una gran humildad, y la humildad creara intimidad
entre los cónyuges. La intimidad forja una unión que dura toda la vida.
Después de toda esta reflexión, ¿Qué te ha mostrado Dios de tu matrimonio? ¿Qué
se ha revelado de tu relación con tu cónyuge? ¿Cómo estás aplicando la doctrina
bíblica del pecado en tu matrimonio?
“Gracia y Paz”
Edificando Matrimonios
conforme al propósito de Dios
Le invito a que visite la
Pagina :
Dave Harvey
miércoles, 25 de septiembre de 2013
LA PUERTA DEL PALACIO
Juan 10:9
“(Jesús dijo:)
Yo soy la puerta; el que por mí entrare, será salvo”.
2 Pedro 3:9
“El Señor… es
paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos
procedan al arrepentimiento”.
Una niña de
cinco años hacía su oración, muy reverente, antes de acostarse: «Señor Jesús,
yo te amo; por favor, no cierres muy rápido la puerta de tu palacio para que mi
abuelito también pueda entrar». La inocente oración de esta niña nos recuerda
una gran verdad: Hoy la puerta del cielo está abierta, pero no lo estará para
siempre. Se abrió ampliamente cuando Jesucristo pagó en la cruz el castigo que
merecían todas nuestras faltas (Mateo 20:28). La paciencia de Dios hace que aún
hoy esa puerta esté abierta, porque él “quiere que todos los hombres sean
salvos y vengan al conocimiento de la verdad” (1 Timoteo 2:4). Pero un día esta
paciencia llegará a su fin.
Esta niña en su
inocencia lo comprendía y se preocupaba por su abuelo, quien todavía no había
entendido cuánta necesidad tenia del Salvador. El abuelo quizás no sentía que
estuviera perdido debido a sus pecados, porque la palabra «pecado» muchas veces
resuena mal en nuestras conciencias, que son tan lentas para examinarse.
Quizás este
abuelito sentía ser un «hombre honesto», y rebajarse para reconocer su
indignidad ante un Dios santo era humillante. Es muy difícil creer que nuestros
pecados siempre nos mantendrán separados de Él, y que nuestros esfuerzos y méritos
jamás tendrán ningún poder para acercarnos a Dios.
Quizás usted
amigo lector sea hoy el objeto de la oración constante de uno de sus
familiares, pero ante todo sepa usted que es el objeto del amor y de la
paciencia de Jesucristo; ¡Sus manos también fueron clavadas por usted!
“Gracia y Paz”
EL ESPOSO: LÍDER ESPIRITUAL DE SU CASA
Todo ser humano tiene una necesidad espiritual que llenar y Dios le asignó
la tarea al esposo para que enseñe y oriente a su familia en el conocimiento de
Dios y Su Palabra, la
Biblia. Si no ejerce este papel con responsabilidad o lo
ignora, será el causante de que su esposa e hijos busquen peligrosamente por
otros medios llenar esta necesidad.
Efesios 6:4
“Y vosotros, padres, no provoquéis a
ira a vuestros hijos, sino criadlos en la disciplina e instrucción del Señor”
Proverbios 22:6
“Instruye al niño en su camino, y
aún cuando fuere viejo no se apartará de él”
Para poder liderar eficazmente, el esposo, no sólo debe tener el deseo de
hacerlo, sino prepararse muy bien. Jesucristo hace serias advertencias a los
maestros porque pueden enseñar errores.
Revisa tu visión
Lucas 6:39
“Y les decía una parábola: ¿Acaso
puede un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán ambos en el hoyo?”
Para proveer un buen alimento espiritual un hombre debe conocer la Escritura y tener muy
claras sus doctrinas, pues la
Biblia es la única guía que no tiene errores ni fallas en
toda su enseñanza. Si no lo hace corre el peligro de caer en relativismo, religiosidad
o en una falsa espiritualidad, dejándose influenciar por sus propias opiniones
o las de otros acerca de las cosas eternas.
Debe crecer en intimidad con Dios para dejar de ser un ciego espiritual y
así evitar que todos juntos “caigan en
el hoyo”.
Revisa tu estilo de vida
Lucas 6:41-42
¿Por qué miras la paja que está en
el ojo de tu hermano, y no echas de ver la viga que está en tu propio ojo? ¿O
cómo puedes decir a tu hermano: Hermano, déjame sacar la paja que está en tu
ojo, no mirando tú la viga que está en
el ojo tuyo? Hipócrita, saca primero la
viga de tu propio ojo, y entonces verás
bien para sacar la paja que está en el ojo de tu hermano”
Para poder guiar, primero debes modelar. Ser el líder espiritual de tu
hogar y esto no es sentirse superior o más santo, sino ser el primero en
obedecer a Dios. Jesucristo les dice a los maestros de la ley que revisen su
propia vida para poder “sacar la paja” que está en el otro.
Recuerda que el ejemplo enseña mejor que las palabras, por eso examina tus
acciones que deben estar de acuerdo con tus enseñanzas y tus enseñanzas con los
principios Bíblicos.
Revisa tus frutos
Lucas 6:43-45
“No es buen árbol el que da malos
frutos, ni árbol malo el que da buen
fruto. Porque cada árbol se conoce por su fruto; pues no se cosechan higos de
los espinos, ni de las zarzas se vendimian uvas. El hombre bueno, del buen
tesoro de su corazón saca lo bueno; y el hombre malo, del mal tesoro de su
corazón saca lo malo; porque de la abundancia del corazón habla la boca”
La única forma de saber si eres o no un buen guía espiritual, es revisando
el impacto que tu tienes en las personas que están a tu alrededor. ¿Tus hijos
quieren ser como tu? ¿Tu esposa confía en tu sabiduría o te considera un necio?
¿Sabes reconocer cuando te equivocas y pides perdón? ¿Eres un abanderado de los
valores morales y éticos? ¿Sabes dar un consejo de acuerdo con la Palabra de Dios? ¿Cumples
con las responsabilidades de un verdadero hijo de Dios? ¿Corriges en amor y
disciplina? Recuerda: Tu conducta refleja lo que hay en tu corazón.
No olvides que tu familia necesita ser guiada en el temor del Señor y no
dominada; Por eso dedica un tiempo especial cada día para acercarte ante Dios y
Su Trono de Gracia, orar, reconocer tu debilidad y pedir ayuda para ser un buen
guía espiritual.
Reflexión:
Lee y aplica las lecturas bíblicas a tu vida para que ellas te transformen.
Toma la iniciativa y reúne a tu esposa e hijos para tener un tiempo en familia
y juntos orar, adorar, leer y explicarles la Palabra de Dios. Habla con tu esposa y planeen
juntos este tiempo familiar, pues es la mejor forma de enseñar, corregir y
conocer las necesidades de cada miembro de la familia.
Si Dios te asignó este papel, es porque Su Gracia te respaldará para
hacerlo con gozo. No tengas miedo y ve de la mano de Su Espíritu Santo. Amen.
“Gracia y Paz”
Vida Cristiana
NUEVE PASOS CONTRA EL ENOJO EN EL MATRIMONIO
La gracia de Dios es paciente y trabaja tanto de manera instantánea como a
lo largo del tiempo. Un error que con mucha frecuencia cometemos es pensar
demasiado idealistas, como si gastáramos nuestra primera disculpa, es decir,
como si creyéramos que cuando ofendemos y lastimamos a nuestro conyugue es
suficiente con pedirle solo una disculpa y nos negamos la oportunidad para pedir
una segunda.
La manera de encontrar bíblicamente un salvavidas matrimonial es que meditemos
en nuestras actitudes egoístas y veamos lo que Dios nos enseña en Colosenses
3:13: "Soportándoos unos a otros, y perdonándoos unos a otros si alguno
tuviere queja contra otro. De la manera que Cristo os perdonó, así también
hacedlo vosotros". Existe tanto "soportándoos" como
"perdonándoos". ¿Cómo se mezclan en el matrimonio?
Aquí te presento 9 Pasos hacia la reconciliación con tu conyugue. A veces
esto es necesario cuando eres demasiado pecador(a) como para disculparte
sinceramente la primera vez. Esto es una experiencia real más a menudo de lo
que nos gustaría admitir, y, en otro sentido, no lo suficientemente frecuente.
Esposas y esposos, mediten en estos pasos con ustedes mismos, en ambos
roles:
Paso 1. Tu conyugue te señala algo que dijiste o hiciste que está mal o que
no le agrada.
Paso 2. Tú te enojas. (Por las razones que te parecen buenas en ese
momento).
Paso 3. Tienes la gracia de saber en tu mente que este enojo no es correcto
delante de Dios y que una sentida disculpa, tanto por lo que tu conyugue señaló
como por el enojo, es lo apropiado.
Paso 4. Eres capaz de pedir una disculpa pero no de sentirte apenado(a),
porque el enojo ha endurecido tu corazón hacia tu conyugue. No te sientes
sensible, no te sientes quebrantado(a), no te sientes apenado(a). Pero sabes
que deberías, entonces dices, "Perdóname". Esto es mejor que el
silencio. Es una gracia parcial.
Paso 5. Tu conyugue siente que estás molesto(a) y no está,
comprensiblemente, satisfecho con palabras que no llevan una sentida contrición.
Paso 6. El tiempo pasa. ¿Veinticuatro horas? ¿Dos días? El Espíritu Santo,
siempre paciente, e implacablemente santo, no te soltará. Él trabaja en contra
del enojo. (Santiago 1:19-20). Él despierta verdades del evangelio (Efesios
4:32). Él ablanda el corazón (Ezequiel 36:26). Esto puede ocurrir a través de
la lectura de la Biblia ,
la palabra de un amigo, la lectura de un libro o atendiendo un servicio de
adoración. Mientras tanto, tu conyugue está esperando, preguntándose, orando.
Paso 7. El enojo se aquieta. La dulzura crece. La ternura se despierta. La
angustia por el pecado aumenta.
Paso 8. Tú llevas a tu conyugue aparte y le dices que la primer disculpa
fue la mejor que pudiste darle en ese momento a causa de tu pecado. Admites que
fue insuficiente. Le dices con ternura como te sientes, y que te disculpas con el
corazón, y le pides perdón.
Paso 9. En misericordia, tu conyugue te perdona y todo está mejor.
Lo que espero que hagas con esto es que, ustedes matrimonios, lo hablen
entre si para ver si concuerdan con sus experiencias. Uno de los valores de
construir este posible patrón dentro de sus expectativas es que pueden ser más
tolerantes el uno con el otro (llamado misericordia), para que el paso 6 no
parezca imposible para ninguno de los dos.
“Gracia y Paz”
Edificando Matrimonios
conforme al propósito de Dios
John Piper
viernes, 20 de septiembre de 2013
ORACIÓN
Jeremías 29:11
“Porque yo sé
los planes que tengo para vosotros, declara el Señor, planes de bienestar y no
de calamidad, para daros un futuro y una esperanza”.
ORACIÓN:
Bendito Padre
celestial. Te doy gracias por los planes que tú tienes para mí. Dame un oído
fino y un corazón receptivo para escuchar y obedecer tus instrucciones, y que
esos planes se hagan realidad en mi vida, pero no solo que sean para bendecirme,
sino para servirte mejor y más cada día de mi vida. En el nombre de Jesús, Amén.
¿SABES QUE DIOS TIENE UN PLAN PARA TU VIDA?
Jeremías 29:11
“Porque yo sé
los planes que tengo para vosotros, declara el Señor, planes de bienestar y no
de calamidad, para daros un futuro y una esperanza”.
Dios tiene un
plan general para toda la humanidad. Él desea que todas las personas sean
salvas, dice 1 Timoteo 2:4. Con ese fin envió a su Hijo Jesucristo. Así dice
Juan 3:16: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo
unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida
eterna”.
El pasaje de hoy
es parte de una carta del profeta Jeremías a los cautivos que fueron
transportados a Babilonia. Es sin duda un mensaje de esperanza para aquellos
que están pasando por circunstancias difíciles. Los planes de Dios para sus
hijos son siempre planes de bienestar y seguridad, pero no se desarrollan de la
misma manera para todos. Todos cometemos errores, por lo tanto la voluntad de
Dios para una persona determinada se lleva a cabo conforme a las decisiones que
ha tomado esa persona y las circunstancias que la rodean en un momento
determinado. Si nos apartamos de la voluntad del Señor, él trabaja dentro de
nuestras vidas, moviéndonos a marchar por el camino que él tiene preparado,
pero en última instancia nuestras decisiones afectarán la manera en que se
desarrollen nuestras vidas.
Pero no sólo
tiene Dios un plan para ti, sino que está muy interesado en que tú sepas cuál
es ese plan. En su carta a los efesios, el apóstol Pablo les dice: “Mirad,
pues, con diligencia cómo andéis, no como necios sino como sabios, aprovechando
bien el tiempo, porque los días son malos. Por tanto, no seáis insensatos, sino
entendidos de cuál sea la voluntad del Señor” (Efesios 5:15-17). Es tu
responsabilidad entender cual es la voluntad de Dios, cual es su plan en tu
vida. Para ello, debes andar como sabio, no como necio o insensato, haciendo
buen uso del tiempo. Debes buscar la sabiduría que viene de Dios por medio de
una vida de comunión con él, leyendo su palabra y pasando tiempo en oración
diariamente. Si has estado orando por mucho tiempo y no has tenido respuesta,
debes reflexionar y mirar a tu vida para descubrir la fuente del problema.
Quizás sea una de estas causas:
Primero: Tu
propia voluntad puede estar estorbando la voluntad de Dios para tu vida. Si tú
decides hacer lo que deseas que debe ocurrir, es posible que le estés diciendo
a Dios con tus acciones que no te interesa su plan.
Segundo: La
influencia negativa de otras personas puede estar afectando tu comunión con
Dios. Así le sucedió a Job. Debemos ser precavidos de los que parecen bien
intencionados pero realmente son “amigos” terriblemente equivocados que nos
ofrecen orientación totalmente errónea.
Tercero: El
pecado no confesado en tu vida puede estar endureciendo tu corazón hasta el
punto de la sordera y la ceguera espiritual. ¿Hay algo que se interpone entre
tú y Dios hoy, que necesita ser eliminado?
Cuarto: La
simple duda puede filtrarse en la vida del creyente y hacer morir la fe hasta
hacerla inefectiva. Cree de todo corazón que Dios quiere revelarte sus planes
para tu vida.
Quinto: El afán
es uno de los enemigos más fatales del crecimiento espiritual. ¿Estás demasiado
ocupado para tener un momento a solas con el Señor? No oirás su voz si no
apartas tiempo para escucharle tranquilamente.
Analiza bien
estas cinco razones, y trabaja en aquellas que están afectando tu vida. No
permitas que haya obstáculos en el desarrollo del plan de Dios para tu vida.
ORACIÓN:
Bendito Padre
celestial. Te doy gracias por los planes que tú tienes para mí. Dame un oído
fino y un corazón receptivo para escuchar y obedecer tus instrucciones, y que
esos planes se hagan realidad en mi vida, pero no solo que sean para bendecirme,
sino para servirte mejor y más cada día de mi vida. En el nombre de Jesús, Amén.
“Gracia y Paz”
Dios te Habla
jueves, 19 de septiembre de 2013
EN MANOS DEL CARPINTERO
Hoy quiero
compartir una anécdota que nos ayudará a entender la inter-relación que Dios
quiere que tengamos como Iglesia. Hace algunos días escuche una predicación acerca
de las dos esferas en que un creyente se ve involucrado. La esfera en el Reino
de Dios a la que nos da acceso la salvación, y la esfera de la Iglesia la cual se nos da
a través de la comunión. De las dos, la más difícil es la segunda; debería de
ser la primera, pero no. Lo más difícil es lidiar con seres humanos. Todos
somos seres pensantes, emocionales y sensibles. Por allí dicen que cada cabeza
es un mundo… Y vaya si lo es. Cada cual tiene su propia personalidad, carácter
y temperamento. Esto nos hace tener la individualidad propia de cada uno. Pero
a pesar de todo eso, Dios dice a través de Su Palabra que no obstante de ser
muchos miembros, somos un solo cuerpo. Gloria sea a su Gran Nombre.
Y sin un solo
cuerpo, debemos entonces movernos de tal manera tan coordinadamente que
haciendo cada uno su función, coadyuvemos a un bien que nos sea común. De allí
la siguiente anécdota:
“Se cuenta que
en el taller de carpintería una noche se llevó a cabo una reunión de
herramientas para arreglar sus diferencias.
El martillo tomó la iniciativa y procedió a ejercer la presidencia. Empezó
a golpear muy fuerte la madera para que todos le prestaran atención, pero la
asamblea le notificó que tenia que renunciar. ¿La causa? ¡hacía mucho ruido! y
además se pasaba todo el tiempo golpeando. Nadie quería un líder que les
golpeara y atentara contra la integridad de todos y cada uno de ellos.
El martillo
acepto su culpa, pero pidió que también fuera expulsado el tornillo. El
martillo ya se había dado cuenta del gran problema que el tornillo tenía. Él
dijo el tornillo le daba muchas vueltas al asunto para hacer algo, ¡y en verdad
tenía toda la razón! El tornillo acepto también, pero él a su vez pidió la
expulsión de la lija. Hizo ver que la lija era muy áspera en su trato con las
demás herramientas y siempre tenia fricciones con todos. La lija estuvo de
acuerdo, a condición de que fuera expulsado también el metro que siempre se la
pasaba midiendo a los demás como si él fuera el único perfecto.
El metro para no
tener que estar solo argumentó que si él era expulsado entonces que también
expulsaran al cepillo, porque sólo servía para desgastar la madera.
En esta
discusión acalorada estaban cuando entro el carpintero e inicio su trabajo.
Utilizó el martillo, la lija, el metro, el tornillo y el cepillo. Cada
herramienta fue empleada con las hábiles manos del carpintero y todas y cada
una de ellas cumplió exactamente la función que le correspondía. En las manos
del carpintero sucedió que trabajaron en armonía y finalmente la tosca madera
inicial se convirtió en un lindo ajedrez.
Cuando la
carpintería quedó completamente sola, la asamblea reanudó la deliberación. El
serrucho tomó la palabra y dijo: ¡Señores, ha quedado claro que tenemos
defectos, pero el carpintero trabaja con nuestras cualidades. Eso es lo que nos
hace valiosos. Así que no pensemos ya en nuestros puntos malos y concentrémonos
en la utilidad de nuestros puntos buenos”. Esto terminó con toda discusión y
cada uno quedó contento con la conclusión final, aceptándose tal como eran y
cumpliendo la función que cada cual podía desarrollar”.
De la misma
manera sucede en la Iglesia
del Señor. Hay “hermanos martillo”, golpean a los demás con sus palabras, con
sus hechos, son toscos en su trato, resultan ser hasta groseros. Hay otros que
son “hermanos tornillo”, en las asambleas hay que frenarlos en sus
intervenciones pues están va de darle vueltas y vueltas a todo asunto y no
aportan nada edificante. Pero todavía éstos podemos soportar. ¡Qué tal los
“hermanos lija”! Ásperos siempre, andan de malas todo el tiempo, son de
aquellos que se comenta que les dicen: ¡Buenos días!, y ellos responden: ¡Qué
tienen de buenos! Son los que siempre ven negativamente todo, los de ver el
vaso medio vacío. Luego, los “hermanos metro” los perfectos, los “santos”, los
que ya no pecan, los fariseos modernos; quienes creen que todos los demás están
mal y sólo ellos no. Y por último los “hermanos cepillo” los que con sus
comentarios y su acción misma va encaminada a desgastar, a minar las fuerzas, a
desanimar a otros.
Y así cada uno
por sí solo no aporta nada bueno a la comunidad eclesial. En las manos del
Maestro seremos otra cosa, podemos sufrir tal transformación y cambio que toda
historia pasada termine y ahora seamos de bendición y de bien los unos a los
otros. Dios puede hacer maravillas con nosotros. Nos puede dar un uso honroso a
todos. Para Dios somos valiosos, Él ve en nosotros, lo que ni nosotros mismos
sabemos que podemos ser y hacer. Aleluya.
Que este sea el
punto final: “¡Hermanos, ha quedado claro que tenemos defectos, pero el
Maestro-carpintero trabaja con nuestras cualidades. Eso es lo que nos hace
valiosos. Así que no pensemos ya en nuestros puntos malos y concentrémonos en
la utilidad de nuestros puntos buenos”. Amén y Amén.
“Gracia y Paz”
Palabras de Miel
ORACION
ORACIÓN:
Padre amado, te
pido que me ayudes a ser sensible a la dirección de tu Espíritu de manera que
mi manera de actuar honre y glorifique tu nombre, y tus promesas se cumplan
siempre en mi vida. Por Cristo Jesús te lo pido, Amén.
¿SON PARA TI LAS PROMESAS DE DIOS?
2 Pedro 1:3-4
“Como todas las
cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por su divino
poder, mediante el conocimiento de aquel que nos llamó por su gloria y
excelencia, por medio de las cuales nos ha dado preciosas y grandísimas
promesas, para que por ellas llegaseis a ser participantes de la naturaleza
divina, habiendo huido de la corrupción que hay en el mundo a causa de la
concupiscencia”.
Este pasaje nos
habla de “preciosas y grandísimas promesas” que nos ha dado Dios para que por
ellas lleguemos a ser “participantes de la naturaleza divina”. Dice que estas
promesas han llegado a nosotros “mediante el conocimiento de aquel que nos
llamó por su gloria y excelencia”, es decir nuestro Señor Jesucristo, de quien
proviene el poder para huir “de la corrupción que hay en el mundo a causa de la
concupiscencia”. Este es el propósito de Dios en nuestras vidas, que seamos
“hechos conformes a la imagen de su Hijo” (Romanos 8:29), que la vida de Cristo
se manifieste en nosotros y su carácter se refleje en nuestro comportamiento.
Mientras este proceso se lleva a cabo en la vida del creyente, estas promesas
están a su disposición.
Por ejemplo, en
su carta a los filipenses, el apóstol Pablo les dice: “Y la paz de Dios, que
sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros
pensamientos en Cristo Jesús” (Filipenses 4:7). ¡Preciosa promesa de Dios! Y en
el versículo anterior les habla de la condición para que esta promesa se
cumpla: “Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones
delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias”. Es decir,
tenemos que confiar, no debemos desesperarnos aun en medio de una prueba, sino
venir delante de Dios en oración y esperar en él. Entonces sentiremos su paz
inefable.
En Romanos 8:28
otra promesa nos dice que “a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a
bien.” ¿A quienes todas las cosas, incluyendo las pruebas más difíciles, les
resultan para su bien? “A los que aman a Dios”, es decir a los que tratan de
agradarle por medio de su obediencia (Juan 14:21). Esta promesa no se aplica a
aquellos que no tienen en cuenta para nada la voluntad de Dios y dan rienda
suelta a sus deseos. En Mateo 21:22 encontramos otra promesa. Aquí Jesús dice:
“Y todo lo que pidiereis en oración, creyendo, lo recibiréis”. El Señor promete
que todo lo que pidiéremos en oración lo recibiremos. Pero hay una condición:
es necesario creer. Dice Hebreos 6:12 que debemos ser “imitadores de aquellos
que por la fe y la paciencia heredan las promesas”.
En resumen,
todas las promesas que encontramos en la Biblia son para aquellos que, habiendo aceptado a
Jesucristo como salvador, obedecen la palabra de Dios y muestran su fe
esperando con paciencia que se cumpla la voluntad de Dios. ¿Eres tú uno de
ellos?
¿Y hay alguna
promesa para los inconversos? Sí. Para ellos Juan 3:16 encierra la promesa más
grande e importante de la
Biblia : “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado
a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas
tenga vida eterna”. La promesa de la vida eterna. Pero hay una condición: Es
necesario creer que Jesucristo es el Señor, que dio su vida en la cruz del Calvario
por pagar nuestros pecados y que Dios le levantó de los muertos. Todo aquel que
lo cree de todo corazón y lo confiesa con su boca es justificado y tiene la
salvación de su alma, dice Romanos 10:9-10. Una vez dado este paso, todas las
promesas de Dios se aplicarán a su vida.
Las promesas de
Dios siempre tienen un propósito definido. Esto significa que lo que él nos da
siempre tendrá trascendencia en nuestras vidas. Nuestra parte es cumplir con
sus requisitos. Entonces podremos confiar en que recibiremos los beneficios de
sus promesas. Dice Hebreos 10:23: “Mantengamos firme, sin fluctuar, la
profesión de nuestra esperanza, porque fiel es el que prometió”. Ciertamente
Dios es fiel y siempre cumple su palabra. Por eso Hebreos 10:35-36 nos exhorta
de la siguiente manera: “No perdáis, pues, vuestra confianza, que tiene grande
galardón; porque os es necesaria la paciencia, para que habiendo hecho la
voluntad de Dios, obtengáis la promesa”.
ORACIÓN:
Padre amado, te
pido que me ayudes a ser sensible a la dirección de tu Espíritu de manera que
mi manera de actuar honre y glorifique tu nombre, y tus promesas se cumplan
siempre en mi vida. Por Cristo Jesús te lo pido, Amén.
“Gracia y Paz”
Dios te Habla
miércoles, 18 de septiembre de 2013
¡¡¡MUCHO CUIDADO CON EL PECADO!!!
Romanos 5:12
“Por tanto, como
el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la
muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron”.
¿Sabes cuál es
el asunto teológico más difícil de explicar a los universitarios y a los
adultos jóvenes? Quizás pienses que es el concepto de la Trinidad o el
controversial tema de la seguridad de la salvación eterna. Pero por más difícil
que sea comprender estos dos asuntos importantes, ninguno de ellos es la verdad
más desafiante que debemos hacer comprender claramente a esta generación. El
tema más difícil de comunicar correctamente es el problema del pecado. El mundo
moderno ha tejido una red de relativismo en la que incluso muchos creyentes han
sido atrapados. Poco a poco los cristianos hemos ido aceptando ciertos
principios mundanos que nos han parecido inofensivos, pero que con el tiempo
han resultado ser mucho más peligrosos de lo que parecían.
La situación
actual del mundo con relación a su concepto del pecado puede compararse a un
experimento que se hizo hace un tiempo. Pusieron un sapo dentro de un
recipiente con agua. Comenzaron a calentar el agua a razón de una centésima de
grado cada segundo. El tiempo fue pasando, el agua se fue calentando y el sapo
no daba señal alguna de incomodidad. Al cabo de unas horas, sin embargo, el
animal estaba muerto dentro del agua la cual había alcanzado el nivel de
ebullición. El experimento demostró que la piel del sapo se fue adaptando a los
cambios progresivos de temperatura y por lo tanto no cumplió su función de
enviar al cerebro la señal del inminente peligro que implicaba el constante
incremento de la temperatura del agua.
El diablo ha
estado “calentando el agua” poco a poco y la humanidad (incluyendo a muchos
creyentes) no se ha dado cuenta del peligro. Sólo tenemos que fijarnos en las
cosas que se están viendo actualmente en la televisión. La inmensa mayoría de
ellas eran totalmente inaceptables hace solamente unos años. Sin embargo poco a
poco, de alguna manera se han ido aceptando como algo correcto. Y lo peor del
caso es que “el agua se sigue calentando” y el peligro de muerte es cada vez
mayor.
La mayor
estratagema del diablo es precisamente cegar el entendimiento de las personas
para que no vean la realidad del pecado. En 2 Corintios 4:3,4 dice: “Pero si
nuestro evangelio está aún encubierto, entre los que se pierden está
encubierto; en los cuales el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos,
para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el
cual es la imagen de Dios”. Por eso es necesario mirar cada una de nuestras
acciones y las acciones del mundo que nos rodea bajo la luz del evangelio de
Cristo y su verdad absoluta, y no sobre la base de “la verdad relativa” que
predomina en el mundo. El problema es que si la conducta correcta es siempre
relativa a una situación particular, cualquier acción puede justificarse como
aceptable para “ese momento y lugar”. Pero si tú crees que la Palabra de Dios es la
verdad, debes aceptarla y obedecerla sin importar cuales son las
circunstancias. De lo contrario, estás pecando.
Pecar es
desobedecer la voluntad de Dios. Esto fue exactamente lo que sucedió en el
huerto del Edén. Dios había prohibido que comieran del fruto del árbol de la
ciencia del bien y del mal, y les había dicho que si lo hacían morirían. Cuando
Eva y Adán desobedecieron comiendo ese fruto, fueron echados del paraíso, es
decir hubo separación de Dios y el hombre. Esa es la consecuencia del pecado:
muerte espiritual. Así dice la
Biblia en Romanos 6:23: “La paga del pecado es muerte”.
Lee la Biblia diariamente, separa
un tiempo diario para orar y meditar en la Palabra de Dios y aplica esta palabra a tu vida.
Pronto comenzarás a conocer profundamente la verdad absoluta que es la única
que puede librarte de la esclavitud del pecado. Así dijo Jesús a un grupo de
judíos que habían creído en él: “Si vosotros permaneciereis en mi palabra,
seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os
hará libres” (Juan 8:31, 32). Entonces tendrás discernimiento para “ver” las
“asechanzas del diablo” (Efesios 6:11).
ORACIÓN:
Amante Padre
celestial, te doy gracias por tu palabra que es la única verdad en este mundo.
Dame discernimiento espiritual para poder entenderla y dame la fuerza para
rechazar las mentiras de este mundo y vivir una vida que sea agradable a ti. En
el nombre de Jesús, Amén
“Gracia y Paz”
Dios te Habla
martes, 17 de septiembre de 2013
EL VASO DE AGUA
“Un conferencista hablaba sobre el manejo de la tensión.
¿cuánto pesa un vaso con agua?
Levantó un vaso con agua y preguntó al auditorio:
¿Cuánto creen ustedes que pesa este vaso con agua?
Las respuestas variaron entre 20 y 500 gramos .
Entonces el conferencista comentó:
En realidad no importa el peso absoluto, aquí depende de cuánto tiempo voy
a sostenerlo.
¿cuánto tiempo lo sostendré?
Si lo sostengo por un minuto, no pasa nada. Si lo sostengo durante una hora, tendré un dolor en mi brazo.
Si lo sostengo durante un día completo, tendrán que llamar una ambulancia.
Pero es exactamente el mismo peso, pero entre más tiempo paso
sosteniéndolo, más pesado se volverá.
Si cargamos nuestros pesares, rencores u odios todo el tiempo, luego, más
temprano o más tarde ya no seremos capaces de continuar. La carga se irá
volviendo cada vez mas pesada y entonces vendrá la desesperación e incluso la
falta de deseos de vivir.
Por eso al final de cada día, es muy importante que bajemos el vaso de
agua, de esa manera tendremos menos estrés y despertaremos bien.
Hermano, hermana… ¡¡Suelta tus cargas!!, ¡¡perdona y anímate a ser feliz!!,
¡¡vive!!, ¡¡sé feliz!! Y ante todo: “¡¡Sé libre de las ataduras
del pasado!!”
“Gracia y Paz”
¿CÓMO VES TÚ EL PECADO?
1 Juan 1:8-10
“Si decimos que
no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en
nosotros. Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar
nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad. Si decimos que no hemos pecado,
le hacemos a él mentiroso, y su palabra no está en nosotros”.
Es fácil
encontrar en este mundo personas que no sienten responsabilidad alguna por sus
pecados. La mayoría de ellos ni siquiera piensan que han cometido pecados.
Viven su vida en la búsqueda constante de la satisfacción de sus deseos, y para
ellos Dios no existe. El resto de las personas están más o menos concientes de
que están haciendo “algo malo”, pero generalmente encuentran alguna excusa por
medio de la cual justificar sus acciones. Unos atribuyen su comportamiento al
medio ambiente, o a su carácter o temperamento, a un factor hereditario, o a su
condición física, o a cualquier otra razón. Otros dicen que fueron engañados y
llevados por un camino extraviado. Esta fue precisamente la actitud de Adán y
Eva cuando Dios los confrontó después de haber cometido el primer pecado al
desobedecer comiendo la fruta prohibida. Dice Génesis 3:12-13: “Y el hombre
respondió: La mujer que me diste por compañera me dio del árbol, y yo comí.
Entonces Jehová Dios dijo a la mujer: ¿Qué es lo que has hecho? Y dijo la
mujer: La serpiente me engañó, y comí”. Desde aquel momento, es característico
de todo ser humano hacer todo lo posible por quitarse de encima toda
responsabilidad por sus acciones pecaminosas.
El profeta
Isaías afirmó lo siguiente: “Todos nosotros nos descarriamos como ovejas”
(Isaías 53:6). Y Romanos 3:23 dice: “Por cuanto todos pecaron, y están
destituidos de la gloria de Dios”. Todos, absolutamente todos los seres humanos
hemos pecado de una manera u otra. Sin embargo hay algunos que hasta se sienten
ofendidos si se les llama pecadores. Su error consiste en que consideran
“pecado” solamente las acciones verdaderamente criminales, como asesinar a
alguien, robar un banco, o algo por el estilo. Lo cierto es que la palabra
griega que se utiliza en el pasaje de hoy para definir el pecado es “jamartia”,
que significa literalmente “errar al blanco”. Es decir, no importa si hemos
errado por un metro o por un centímetro, lo fundamental es que no dimos en el
blanco. Pecar es, simplemente, apartarnos de las normas y preceptos
establecidos por Dios. Pecamos cuando desobedecemos los principios divinos y
aplicamos a nuestras acciones nuestros propios conceptos, cuando no somos las
personas que debiéramos haber sido (buenos padres o madres; buenos esposos o
esposas; buenos hijos, empleados, amigos, etc.). Todo esto es pecado, y nos
incluye y compromete a todos sin excepción. Está muy claro en el pasaje de hoy
que “si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos”. Y aun
peor, “si decimos que no hemos pecado, le hacemos a él mentiroso, y su palabra
no está en nosotros”.
Pero hay buenas
noticias. Este pasaje también nos dice que, en su infinita misericordia, Dios
está dispuesto a perdonarnos “si confesamos nuestros pecados”. Esta es, en
resumen, la esencia de la vida cristiana: primero reconocer nuestro pecado y
después arrepentirnos y acudir a Dios en busca de ese perdón que puede cancelar
el pasado, y de esa limpieza que puede restaurar nuestro presente y asegurarnos
la victoria en nuestro futuro. Cuando venimos a Dios con un corazón humilde y
sinceramente arrepentido, él nos ve a través de la sangre preciosa de su Hijo
derramada en la cruz, y, como dice el pasaje de hoy, nos limpia “de toda maldad”.
ORACIÓN:
Amante Padre
celestial, te ruego me ayudes a reconocer mis pecados, y a venir ante tu trono
de gracia confesándolos de todo corazón y buscando tu perdón. Te doy gracias
por estar siempre dispuesto a perdonarme. En el nombre de Jesús, Amén.
“Gracia y Paz”
Dios te Habla
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