domingo, 5 de mayo de 2013

¿ESTAS VIVIENDO EN TU ZONA DE CONFORT?



2 Timoteo 2:3
“Tú, pues, sufre penalidades como buen soldado de Jesucristo”.

A lo largo del Nuevo Testamento se confirma el hecho de que aunque seamos creyentes habremos de sufrir. No se ve lo que muchos pregonan, cuando dicen que cuando una persona viene a Cristo, todos sus problemas serán solucionados. En la Biblia se ve algo distinto a esto, se ve lo contrario, se ve algo diferente; no podemos compartir ese tipo de “evangelio”. En realidad el verdadero Evangelio le asegura al creyente cierta dosis de sufrimiento, este es el Evangelio de Jesucristo.

El pasaje en la segunda epístola dirigida a Timoteo es categórica: “Tú, pues…” lo hace algo individual, de aplicación personal. Claro que fue dirigida a Timoteo, pero es aplicable a cada uno de nosotros. Haz lo tuyo, piensa que el apóstol se dirige a ti. Luego te dice: “SUFRE”. Si notamos, no lo está dando como algo que probablemente llegue a sucedernos, sino que lo da por seguro. El cristiano habrá de sufrir. Pablo incluso, como que hasta lo demanda de nosotros: Sufre, le dice a Timoteo. Como que incluso, él mismo, tiene que estar dispuesto a hacerlo. Hoy en día, ¿quién es el que busca sufrir? Definitivamente, nadie lo hace; pero según  Pablo es lo que deberíamos de hacer.

El sufrimiento puede ser muy diferente de uno a otro. Algunos pueden sufrir una enfermedad, otros pueden sufrir por problemas, otros por enemistad contra él… y así podemos anotar un grande etcétera. Pero el sufrir mencionado por Pablo es muy singular: Sufrir penalidad a causa de Cristo! Es decir, pasar penas, por amor a lo que Cristo hizo con nosotros. ¡Aleluya! Quien este dispuesto a hacer esto por Cristo, en verdad hace manifiesto su amor por su Señor. Y tengo que reconocer, que este no es el tipo de evangelio popular que se esta predicando a las masas.

Pablo compara las penalidades que sufre el soldado con las penas que puede sufrir un cristiano. Pensemos entonces en las penas que puede pasar alguien que se enlista en la milicia, pero no en las penas dentro del cuartel, sino en las penas allá en el frente de batalla, en la línea de fuego, enfrentando un ejército enemigo, en el campo de combate, en la línea de acción cuerpo a cuerpo. Esto es realmente extremo. Si más bien hoy en día los creyentes piden a Dios que sean resueltos todos sus conflictos, que se puede esperar de asegurarle a alguien que tenga que sufrir a semejanza de las penas que pasa un soldado en guerra.

El cuadro que el apóstol Pablo le quiere pintar a Timoteo es serio, aún preocupante debido a lo que se pudiese llegar a esperar. Normalmente todo mundo, incluyendo los “cristianos” quieren vivir en confort, lo mejor que el dinero pueda llegar a alcanzar, mientras más, mejor. Vidas cómodas, atesorando, acumulando, comprando, invirtiendo, produciendo, ganando, gozando de lo mejor de lo mejor, viajando, visitando, conociendo, siendo servidos, mandando, disfrutando. Se nos ha llenado la cabeza de humo, de pensamientos que distan del mensaje del Evangelio y queremos vivir vidas placenteras y creemos que ese es el sendero que conduce a las mansiones eternas. ¡Qué ilusos hemos sido, no te parece! Creo que es tiempo ya de despertar de ese ensueño en el que hemos caído, poner los pies sobre la tierra y no dejarnos sorprender si el día de mañana (por mandato divino) las penas, el sufrimiento o el dolor nos sacan súbitamente de nuestra zona de confort para llevarnos al frente de batalla.

Miremos a Pedro, consideremos cómo vivió, cómo padeció y lo que sufrió, incluso en su misma muerte glorificó a Cristo (según cuenta la tradición murió también en una cruz al ser ajusticiado por causa de la predicación del evangelio, nada más que él pidió ser crucificado de manera invertida, pues llegó a considerarse indigno de morir a semejanza de su Señor y Salvador), qué ejemplo, qué vida. Consideremos también a Pablo, desde su conversión sufre el desprecio de los mismos cristianos, no le creían que su conversión hubiese sido cierta. Luego él describe en 2 Corintios 6:4, 5, 10 que estuvo “en tribulaciones, en necesidades, en angustias; en azotes, en cárceles, en tumultos, en trabajos, en desvelos, en ayunos… como entristecidos… como pobres… como no teniendo nada”, ¡¡que penas!! Y yo le puedo decir que hoy por hoy este tipo de testimonios son muy escasos. Hoy se predica de la “grandeza” que el creyente puede llegar a ser en Dios. Todo se centra en “confesión positiva” y “prosperidad”; en la riqueza que puede llegar a poseer, de las fórmulas para alcanzar el éxito, para tener dinero mediante “pactos”, de la gran vida que puede tener “ya…”; pero ¿quién le dice al creyente sobre las penas que debe pasar como buen soldado de Cristo que se supone que es?

Y por último, consideremos a Jesucristo mismo. Si alguien tuvo que tener que vivir como rey en la tierra, era él. Si alguien no tuvo por qué haber sufrido en vida también fue él. Pero vemos todo lo contrario, vino a servir, vino a sufrir, vino a pasar penas, vino a ofrecerse como sacrificio voluntario, ¡¡¡él vino a morir por nosotros!!! Esto tiene que hacernos pensar, tiene que sacudirnos, llevarnos al punto de caer de rodillas ante el Señor, y decirle: “Perdóname, porque he pecado contra ti, deseando pasarla muy bien en la tierra y  pretender que ese es el camino al cielo”.

En el deseo que pongamos los pies sobre la tierra, que seamos sensatos y que no nos sorprenda el sufrimiento que nos pueda sobrevenir, pensemos que el camino al cielo no está cubierto de pétalos de rosas nada más, como que también de cuando en cuando vamos a tener que pisar con nuestros pies descalzos muchas espinas dejadas en nuestro sendero.


“Gracia y Paz”
Aprendiendo la Sana Doctrina

sábado, 4 de mayo de 2013

¿CUAL ES NUESTRO COMPROMISO CON DIOS?



Un compromiso significa una obligación contraída por medio de un acuerdo, promesa o contrato, entre dos o mas personas. Cuando nos convertimos a Cristo le prometemos muchas cosas, por ejemplo cambiar, orar, ir a la iglesia. Le pedimos por la salvación de de nuestros familiares y por todas las almas que necesitan salvación, y eso esta muy bien.

Pero muchas veces nos olvidamos de lo que prometemos y dejamos de hacer nuestra parte, y nos echamos hacia atrás a esperar a que Dios nos de lo que le hemos pedido. Y cuando pasa el tiempo y vemos que nuestras peticiones no son contestadas le reclamamos a Dios, entonces El nos recuerda que nuestro pacto con El no fue solamente para El darnos a nosotros, sino para que nosotros también le demos a El.

Ana oro por mucho tiempo y lloro amargamente por un hijo, y Dios se lo dio, pero si leemos bien notaremos que ese hijo le fue dado cuando ella hizo pacto con Dios. Ana le prometió a Dios que si El le daba un hijo ella se lo iba a dedicar a El todos los días de su vida. (1 Samuel 1:11) Dios le otorgo su petición y ella cumplió lo que le prometió a Jehová. (1 Samuel 1:19-2:11)

Ya es tiempo de que comencemos a cumplirle a Dios lo que le prometemos para que podamos ver cumplido lo que pedimos. Oremos no solamente por nuestras peticiones, también oremos por las peticiones de los demás. Entreguémosle nuestros hijos a Dios y también los que no son nuestros hijos.

Dios no es hombre, para que mienta; Ni hijo de hombre para que se arrepienta: El dijo, ¿y no hará?; Habló, ¿y no lo ejecutará? (Números 23:19)

Si El nos ha prometido la salvación para nuestros hijos y seres queridos El cumplirá. Solo tenemos que esperar en El, porque El ha prometido y hará.

No hay que olvidar que el compromiso auténtico tiene dos características: sinceridad y exigencia. Sólo cuando la persona es sincera y exigente con ella misma, es auténticamente comprometida, auténticamente amante y auténticamente libre. De esta misma manera, la verdadera libertad es la que compromete, la que transforma, la que consume. Si queremos sanar nuestro corazón y los corazones de los que nos rodean tenemos que asumir un compromiso como el de Dios: serio, claro y fuerte. No nos queda otro camino más que el compromiso auténtico, sincero y exigente.


“Gracia y Paz”
Para Meditar y Compartir

viernes, 3 de mayo de 2013

¿PUEDES IDENTIFICAR A LOS FALSOS PASTORES?



2 Pedro 2:1-3
“Pero hubo también falsos profetas entre el pueblo, como habrá entre vosotros falsos maestros, que introducirán encubiertamente herejías destructoras, y aun negarán al Señor que los rescató, atrayendo sobre sí mismos destrucción repentina. Y muchos seguirán sus disoluciones, por causa de los cuales el camino de la verdad será blasfemado, y por avaricia harán mercadería de vosotros con palabras fingidas. Sobre los tales ya de largo tiempo la condenación no se tarda, y su perdición no se duerme”.

Este pasaje es parte de la segunda carta del apóstol Pedro a los cristianos exiliados que vivían en varios lugares del Asia Menor. El propósito fundamental era alertarlos acerca de los falsos maestros que comenzaban a levantarse entre ellos de la misma manera que muchos años antes se levantaron falsos profetas dentro del pueblo de Israel. Estos falsos maestros están más interesados en obtener beneficios propios que en decir la verdad. Y con este fin se presentan ante la iglesia con muy buenas credenciales tratando de ocultar sus verdaderas intenciones. Si se les permite, ellos “introducirán encubiertamente herejías destructoras, y aun negarán al Señor que los rescató”, dice el pasaje de hoy. También Jesús advirtió a sus discípulos acerca de estos falsos maestros cuando les dijo: “Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces” (Mateo 7:15). Es decir, aparentan ser muy buenos y mansos pero en sus corazones guardan propósitos muy diferentes a los planes y objetivos que el Señor tiene para su iglesia.

Han transcurrido casi 2,000 años de esta advertencia del Señor y en la actualidad todavía encontramos, formando parte del liderazgo de la iglesia de Cristo, muchos falsos pastores y maestros con características similares a las pronunciadas por Jesús. Y lo peor de todo es que “muchos seguirán sus disoluciones, por causa de los cuales el camino de la verdad será blasfemado.” Y todos estos correrán la misma suerte que aquellos a los que ciegamente siguen. Así se refirió Jesús a los fariseos cuando dijo a sus discípulos: “Dejadlos; son ciegos guías de ciegos; y si el ciego guiare al ciego, ambos caerán en el hoyo” (Mateo 15:14).

Ciertamente debemos tener en cuenta estas advertencias, pues pueden librarnos del mal que a ellos les espera. Es responsabilidad de cada creyente identificar a estos falsos pastores. ¿Cómo podemos identificarlos? Jesús nos lo dice en Mateo 7:16: “Por sus frutos los conoceréis”. Lo primero que debemos hacer es comparar lo que predica el Pastor con lo que está escrito en la Biblia. Jesús dijo a sus discípulos que sus palabras “son espíritu y son vida” (Juan 6:63), y que si permanecían en su palabra, “conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres” (Juan 8:32). Quien no siga fielmente estos principios no está predicando la verdad, y bien sabemos de quien viene la mentira.

Es muy importante discernir quien está en control del culto. ¿Es el Espíritu Santo o es el hombre? Hay pastores que han llegado a envanecerse tanto que quieren ejercer control absoluto, y por lo tanto no permiten que el Espíritu se mueva con la libertad que debe moverse para bendecir y ministrar (2 Corintios 3:17). También hay otras señales que pueden mostrarnos su carácter. Por ejemplo, ¿es el Pastor suficientemente honesto y transparente como para dar a conocer con toda claridad a la congregación su salario y demás beneficios? Son las ofrendas las que cubren estos y otros gastos de la iglesia, y los miembros tienen todo el derecho a conocerlos. Otros aspectos importantes del carácter son el amor y la humildad. ¿Están estos presentes en el comportamiento del Pastor? ¿Se refleja en él el carácter de Cristo?

Si diariamente leemos la Biblia y tenemos un tiempo de oración, pidiendo al Señor sabiduría y discernimiento espiritual, podremos fácilmente identificar a los falsos pastores. Debemos entonces buscar la voluntad de Dios en cuanto al próximo paso que debemos dar. No todas las iglesias ni todas las circunstancias son exactamente iguales. Solamente el Espíritu Santo puede ayudarnos a tomar una decisión que esté de acuerdo a la voluntad de Dios.

ORACIÓN:
Bendito Dios, te suplico me des sabiduría y discernimiento para poder identificar a los falsos pastores y maestros, y actuar conforme a tu voluntad. En el nombre de Jesús, Amén.

“Gracia y Paz”
Dios te Habla

jueves, 2 de mayo de 2013

SALMO 23




El hermoso salmo 23, que todos conocemos, esta lleno de maravillosas promesas de Dios para nosotros. Te invito a que juntos las analicemos:

Salmo 23
“Jehová es mi pastor; nada me faltará. En lugares de delicados pastos me hará descansar; Junto a aguas de reposo me pastoreará. Confortará mi alma; Me guiará por sendas de justicia por amor de su nombre. Aunque ande en valle de sombra de muerte, No temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo; Tu vara y tu cayado me infundirán aliento. Aderezas mesa delante de mí en presencia de mis angustiadores; Unges mi cabeza con aceite; mi copa está rebosando. Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida, Y en la casa de Jehová moraré por largos días”.

Jehová es mi pastor: ¡ESO ES RELACIÓN!

Nada me faltará: ¡ESO ES PROVISIÓN!

En lugares de delicados pastos me hará descansar: ¡ESO ES SERENIDAD!

Junto a aguas de reposo me pastoreará: ¡ESO ES OPTIMISMO!

Confortará mi alma: ¡ESO ES SANIDAD!

Me guiará por sendas de justicia: ¡ESO ES GUÍA!

Por amor de su nombre: ¡ESO ES PROPÓSITO!

Aunque ande en valle de sombra de muerte: ¡ESO ES PRUEBA!

No temeré mal alguno: ¡ESO ES PROTECCIÓN!

Porque tú estarás conmigo: ¡ESO ES FIDELIDAD!

Tu vara y tu cayado me infundirán aliento: ¡ESO ES DISCIPLINA!

Aderezas mesa delante de mí en presencia de mis angustiadores: ¡ESO ES ESPERANZA!

Unges mi cabeza con aceite: ¡ESO ES CONSAGRACIÓN!

Mi copa está rebosando: ¡ESO ES ABUNDANCIA!

Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida: ¡ESO ES BENDICIÓN!

Y en la casa de Jehová moraré: ¡ESO ES SEGURIDAD!

Por largos días: ¡ESO ES ETERNIDAD!

“Gracia y Paz”
Verdades Bíblicas

¿SIRVES AL SEÑOR CON HUMILDAD?



Efesios 3:8-10
“A mí, que soy menos que el más pequeño de todos los santos, me fue dada esta gracia de anunciar entre los gentiles el evangelio de las inescrutables riquezas de Cristo, y de aclarar a todos cuál sea la dispensación del misterio escondido desde los siglos en Dios, que creó todas las cosas; para que la multiforme sabiduría de Dios sea ahora dada a conocer por medio de la iglesia a los principados y potestades en los lugares celestiales”.

Leslie Weatherhead, conocido teólogo y predicador inglés del siglo pasado, narra una conversación que sostuvo con un joven estudiante que había decidido ingresar en el ministerio de la iglesia. Le preguntó cuando se había sentido movido a tomar esa decisión. El muchacho respondió que después de un servicio en la capilla de la escuela. Weatherhead le preguntó quién había sido el predicador, y el joven respondió que no tenía idea de quien fue; sólo sabía que Jesucristo le había hablado esa mañana. Esa fue una verdadera predicación, pues el que sirve a Cristo, nunca debe constituirse en el centro de las miradas, sino debe hacer que las miradas se dirijan al Señor.

En el pasaje de hoy el apóstol Pablo les dice a los efesios que a él le ha sido dada la gracia de “anunciar entre los gentiles el evangelio de las inescrutables riquezas de Cristo”. Pero Pablo no se enorgullecía de haber recibido este privilegio, al contrario, se sentía movido a una profunda humildad. Por eso dice: “Soy menos que el más pequeño de todos los santos”. Lamentablemente esta cualidad va resultando cada vez más difícil de encontrar entre los predicadores, pastores o líderes cristianos en los tiempos actuales. Los que más abundan son aquellos que, envanecidos y llenos de orgullo, modifican la verdad de las Sagradas Escrituras con el fin de predicar sutilmente sus propias ideas y conclusiones o aquellas que ellos piensan van a ser mejor recibidas por la audiencia.

El verdadero líder es imitador de Cristo en todo: sus pensamientos, sus palabras, sus acciones, todo lo que hace va encaminado a darle la gloria a Dios. Este era el objetivo principal en la vida de Pablo. Por eso, con toda autoridad, él exhortó a los corintios de la siguiente manera: “Sed imitadores de mí, así como yo de Cristo” (1 Corintios 11:1). Un líder confiable siempre hablará conforme a lo que dice la Biblia, que es la Palabra de Dios y nos muestra claramente su voluntad; mostrará a todos el único camino, la verdad y la vida, que es Cristo Jesús, y no hablará de sí mismo. Un pastor que actúe de esta manera no tiene que preocuparse por decir sus “buenas cualidades” pues el Espíritu Santo se encargará de hacerlo saber a todos.

Algo que debemos entender es que ningún ser humano está capacitado para ser este tipo de líder. Hay personas que poseen el arte de hablar con elocuencia, y son capaces de persuadir a multitudes a seguir en una cierta dirección. Sin embargo esto no los hace el tipo de líder que puede servir a Dios de la manera que él espera. Es necesario que sea el Espíritu Santo quien guíe a esa persona. El Espíritu Santo es nuestro Consolador, nuestro Maestro, nuestro Consejero y nuestro Guía. En Juan 14:26, poco tiempo antes de su partida, Jesús dijo a sus discípulos: “El Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho”. El poder del Espíritu Santo está a nuestra disposición de la misma manera que estuvo a la disposición de aquellos primeros discípulos que predicaron la sana doctrina del evangelio de Cristo. Ese poder nos ayuda a discernir la voluntad de Dios, nos da fuerza y valor para obedecerla y nos capacita para predicar con denuedo la palabra de Dios, si decidimos ser humildes y dejarnos guiar por él.

Es nuestra responsabilidad desarrollar una íntima comunión con Dios por medio de la lectura de la Biblia y la oración diariamente, de manera que el Espíritu Santo tome control de nuestras vidas.

ORACIÓN:
Amante Padre celestial, yo anhelo ser un instrumento en tus manos y servirte de manera que tu nombre sea siempre glorificado. Te ruego me capacites por medio de tu Santo Espíritu para poder ser ese siervo humilde y útil que tú deseas. En el nombre de Jesús, Amén.

“Gracia y Paz”
Dios te Habla

¿CUÁNDO LEES LA BIBLIA LA ENTIENDES?



1 Corintios 2:12−3:3
“Y nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que proviene de Dios, para que sepamos lo que Dios nos ha concedido, lo cual también hablamos, no con palabras enseñadas por sabiduría humana, sino con las que enseña el Espíritu, acomodando lo espiritual a lo espiritual. Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente. En cambio el espiritual juzga todas las cosas; pero él no es juzgado de nadie. Porque ¿quién conoció la mente del Señor? ¿Quién le instruirá? Mas nosotros tenemos la mente de Cristo. De manera que yo, hermanos, no pude hablaros como a espirituales, sino como a carnales, como a niños en Cristo. Os di a beber leche, y no vianda; porque aún no erais capaces, ni sois capaces todavía, porque aún sois carnales; pues habiendo entre vosotros celos, contiendas y disensiones, ¿no sois carnales, y andáis como hombres?”.

“No entiendo la Biblia”, es un comentario que oigo con frecuencia, incluso de creyentes. No es ningún misterio que quienes no tienen a Cristo, sean incapaces de comprender los conceptos bíblicos, pero ¿por qué los que sí le conocen tienen problemas para entenderla? Algunas personas piensan que la respuesta es haber estudiado en un seminario, pero he conocido a pastores y maestros que no entienden realmente la Palabra de Dios. Conocen los hechos, pero carecen de interés por la Biblia o por el Señor.

La clave no es la educación sino la obediencia. Cuando nos dejamos guiar por lo que leemos, el Santo Libro cobra vida, y comenzamos a escuchar y entender la voz de Dios. Pero si no hemos obedecido lo que Dios nos ha revelado anteriormente, ¿por qué habría de darnos sus verdades más profundas? “Los secretos del SEÑOR son para los que le temen” (Salmo 25:14). ¿Quiénes son “los que le temen”? Los que obedecen sus mandamientos, a quienes se les ha prometido “buen entendimiento” (111:10).

Un estilo de vida carnal significa desobediencia ante el Señor. Esto nubla nuestros ojos, oídos y manera de pensar. No obstante que, como creyentes, tenemos pleno acceso a la mente de Cristo, el apego a nuestras actitudes pecaminosas puede impedirnos aprovechar los ricos tesoros de la sabiduría que se encuentran en su Palabra.

Al leer la Biblia diariamente, examina lo que Dios dice. Luego, bajo la dependencia del Espíritu Santo, comprométete a hacer lo que Él te pida. Si tu escuchas su voz, Él te dirá verdades más profundas, y tu entendimiento crecerá.

“Gracia y Paz”
Meditación Diaria

ORAR A DIOS EN EL NOMBRE DE JESÚS



Juan 16:23-27
“De cierto os digo, que todo cuanto pidiereis al Padre en mi nombre, os lo dará… pedid, y recibiréis, para que vuestro gozo sea cumplido… pues el Padre mismo os ama, porque vosotros me habéis amado, y habéis creído que yo salí de Dios”.

En Juan 16, el Señor anunció a sus discípulos que iba a dejarlos para regresar al cielo después de haber dado su vida en sacrificio por nuestra salvación. Como es comprensible, la tristeza llenó el corazón de los discípulos cuando se dieron cuenta de que iban a quedarse solos en la tierra. Fue entonces cuando el Señor les reveló los recursos de la oración. Como esta promesa concerniría igualmente a todos los creyentes, salvos por haber creído en el Señor Jesús, nos fue transmitida mediante la Palabra de Dios.

¡Es una promesa extraordinaria! Estemos en donde estemos, sea cual sea nuestra situación, podemos pedir a nuestro Padre celestial que nos ayude, que nos enseñe el camino y que nos dé una salida. Cuando oramos en el “nombre” de Jesús, es como si dijésemos a Dios: «Vengo a pedirte esto de parte del Señor Jesús». Esto supone, por supuesto, que él hubiese podido hacerlo en nuestro lugar, es decir, que nuestra petición sea de acuerdo con su voluntad. ¡Qué seguridad nos da esto para acercarnos a nuestro Dios! Él nos escucha, así como escuchaba a Jesús cuando estaba en la tierra. Jesús dijo: “Yo sabía que siempre me oyes” (Juan 11:42).

¡Tengamos plena confianza en la misericordia de nuestro Padre, quien llenará nuestro corazón de paz y alegría! De este modo no olvidaremos darle las gracias.

“Gracia y Paz”
La Buena Semilla

LA SABIDURÍA QUE VIENE DE LO ALTO



Santiago 1:5
“Y si alguno de vosotros tiene falta de SABIDURÍA, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada”.

Cuentan que, en la Edad Media, un hombre creyente fue injustamente acusado de asesinar a una mujer. En realidad, el verdadero autor era una persona influyente y por eso buscaron a un “chivo expiatorio” para encubrir al verdadero culpable.

El hombre fue llevado a juicio, conociendo que tendría poca oportunidad de escapar al veredicto: ¡LA HORCA!

El Juez, también cómplice, cuidó de que pareciera un juicio justo y le dijo al acusado:

- “Conociendo tu fama de hombre devoto del Señor, vamos a dejar en manos de Dios tu destino. Vamos a escribir en dos papeles separados las palabras culpable e inocente. Tu escogerás uno de ellos y será la mano de Dios la que decida tu destino”

Por supuesto, el juez corrupto había preparado dos papeles con la misma leyenda: “CULPABLE” y la pobre víctima se dio cuenta que era una trampa.

No había escapatoria.

El Juez conminó al hombre a tomar uno de los papeles doblados.

El hombre inspiró profundamente, quedó en silencio unos cuantos segundos con los ojos cerrados pensando, y cuando la sala comenzaba ya a impacientarse, abrió los ojos y con una extraña sonrisa, escogió y agarró uno de los papeles y, llevándolo a su boca, lo engulló rápidamente.

Sorprendidos e indignados, los presentes le reprocharon airadamente.

- “Pero… ¿qué hizo?… ¿Y ahora?… ¿Cómo vamos a saber el veredicto?”

- “Es muy sencillo” respondió el acusado. “Es cuestión de leer el papel que queda y sabremos qué decía el que yo escogí”

Con rezongos y disgustos mal disimulados, tuvieron que liberar al acusado, y jamás volvieron a molestarlo.

En los momentos de crisis, sólo la imaginación es más importante que el conocimiento. Y la aplicación del versículo de hoy en el devenir de nuestra vida y el caminar día tras día nos dejará buenos dividendos.


“Gracia y Paz”
Palabra de Miel

¿TIENES LA PAZ DE JESUCRISTO?



2 Corintios 4:8
“Estando atribulados en todo, mas no angustiados; en apuros, mas no desesperamos”.

Tenemos problemas en todos lados, mientras que sufrimos por el paso en este mundo. Jesús nos dijo que esto nos sucedería. Pero como dice nuestro versículo de hoy, no estemos desesperados; al contrario, regocijémonos en el Espíritu, porque sabemos que tendremos nuestro galardón en el cielo y tendremos la paz que sobrepasa todo entendimiento mientras que no nos fijemos en las cosas de este mundo pasajero, sino mirando sólo hacia Jesucristo, el autor y consumador de nuestra fe.

“Gracia y Paz”
Un Versículo de la Biblia cada Día

miércoles, 1 de mayo de 2013

“VENCE CON EL BIEN EL MAL”



Romanos 12:21
“No seas vencido de lo malo; mas vence con el bien el mal”.

La sabiduría del mundo es buscar la venganza; ojo por ojo. Combate el fuego con el fuego. Así no es el camino del Reino de Dios. Jesús dice que debemos bendecir a los que nos maldicen, y orar por los que nos hacen mal.

¡Que Salvador tan magnifico tenemos! ¡Qué contraste con muchas religiones belicosas que incitan a sus partidarios y seguidores a que agarren la espada, y que hagan violencia en el nombre de su religión.

Como cristianos que somos, representamos a Cristo aquí en la tierra, de modo que nuestra vida debe brillar como una luz, dirigiendo a la gente a nuestro Padre Celestial. Eso es vencer lo malo con el bien. ¿Quién sabe, si al hacer esto podamos ganar algunos para Cristo, de manera que ellos también tendrán una eternidad de gozo en la presencia del Padre Celestial, en lugar de tener las tormentas de la eternidad que esperan a aquellos que no se quieren rendir a Cristo para seguirlo.

“Gracia y Paz”
Un Versículo de la Biblia cada Día

¿QUIEN EDUCA A QUIEN, QUIEN MANDA A QUIEN?



Proverbios 22:6
“Instruye al niño en su camino, Y aun cuando fuere viejo no se apartará de él”.

Efesios 6:2-3
“Honra a tu padre y a tu madre, que es el primer mandamiento con promesa; para que te vaya bien, y seas de larga vida sobre la tierra”.


Nos quedamos sorprendidos, cuando se informa en periódicos o radio, que el sicario no superaba los 18 años. Cuando los cuerpos de los 3 o 4 ejecutados, correspondían a adolescentes de hasta 14 años de edad. Frente a lo anterior, el psiquiatra dominicano César Mella, hizo publicar el siguiente trabajo, que creo que a todos los que somos padres, o seremos abuelos algún día, nos debe interesar; el texto que me llegó suscrito por el doctor Mella, es el siguiente:

Yo me preguntaría y plantaría la siguiente pregunta: ¿cómo eduqué o estoy educando a mis hijos? ¿Qué valores inculco o inculqué a mis hijos? A los jóvenes de este siglo hay que llamarlos varias veces en la mañana para que se levanten, para llevarlos a la escuela y, digo llevarlos porque no tienen que tomar el camión o caminar larguísimas distancias para llegar a ella. Se levantan generalmente irritados porque se acuestan muy tarde, viendo televisión por cable, jugando playstation, hablando o enviando mensajes por teléfono o chateando por Internet. No se ocupan de que su ropa esté limpia y mucho menos en poner un dedo en nada que tenga que ver con arreglar algo en el hogar. Tienen los juegos y equipos digitales más modernos del mercado, Ipod, Blackberry y computadora no pueden faltar, como tampoco el pago por su actualización.

Hoy los hijos, muchas veces sin merecerlo, presumen el celular más novedoso. El Nextel más costoso. La Lap Top más equipada. Nada les costó. Si se descomponen, para eso estamos, no faltaba más, hay que pagar la reparación, a la brevedad y sin chistar. Idolatran amigos y a falsos personajes de Realitys de MTV. ¡Ah! pero viven encontrándole defectos a los padres, a quienes acusan a diario de que sus ideas y métodos están pasados de moda. Se cierran automáticamente a quien les hable de moral, honor y buenas costumbres, y mucho menos de religión. Lo consideran aburrido. Ya saben todo y, lo que no ¡Lo consultan en Internet!

Nos asombramos, porque los sicarios cobran cuotas sin trabajar por ellas, cuando a nuestros hijos los acostumbramos a darles todo incluso su cuota semanal o mensual sin que verdaderamente trabajen por ella, y todavía se quejan porque eso no les alcanza. Si son estudiantes, siempre inventan trabajos de equipo o paseos de campo, que lo menos que uno sospecha, es que regresarán con un embarazo, habiendo probado éxtasis, coca, marihuana o cuando mínimo alcoholizados. Y cuando les exiges lo más mínimo en el hogar o en la escuela, lejos de ser agradecidos te contestan, con desfachatez: "yo no pedí nacer, es tu obligación mantenerme o quien les manda andar de calientes".

Definitivamente estamos bastante mal, pues la tasa de que hagan su vida independiente se aleja cada vez más, pues aún graduados y con trabajo, hay que seguirlos manteniendo, pagándoles deudas, servicios y hasta los partos de sus hijos. Con lo anterior, me refiero a un estudio que indica que este problema es mayor en chicos de la sociedad de clase media o media alta (o de capas medias urbanas) que bien pudieran estar entre los 14 y los 28 años, si es correcto 28 años o más ¿lo pueden creer? y que para aquellos padres que tienen de dos a cuatro hijos constituyen un verdadero dolor de cabeza. ¿Entonces en qué estamos fallando? Yo sé, dirán que los tiempos y las oportunidades son diferentes, pues para los nacidos en los años cuarenta y cincuenta, el orgullo reiterado era levantarse de madrugada a ordeñar las vacas con el abuelo; que tenían que ayudar a limpiar la casa; no se frustraban por no tener vehículo, andaban a pie a donde fuera, siempre lustraban sus zapatos, los estudiantes no se avergonzaban de no tener trabajos gerenciales o ejecutivos, aceptaban trabajos como limpiabotas y repartidores de diarios. Lo que le pasó a nuestras generaciones, es que elaboramos una famosa frase que no dio resultado y mandó todo al diablo: ¡Yo no quiero que mis hijos pasen, los trabajos y carencias que yo pasé!

Nuestros hijos no conocen la verdadera escasez, el hambre. Se criaron en la cultura del desperdicio: agua, comida, luz, ropa, dinero. Muchos de los nuestros hijos, a los 10 años ya habían ido a Disney World mínimo dos veces, cuando nosotros a los 20 si bien nos iba conocíamos la Ciudad de México, con su hoy vetusto y atiborrado Metro. El "dame" y el "cómprame", siempre fue generosamente complacido convirtiendo a nuestros hijos en habitantes de una pensión, con sirviente(a) y todo incluido, que después intentamos que funcionara como hogar.

Es alarmante el índice de divorcios que se está generando, van a la conquista de su pareja y vuelven al hogar, sólo unos meses más tarde, divorciados porque la cosa no funcionó; ninguno de los dos quiere servir al otro en su nueva vida. Como nunca batallaron en la pensión con sirviente incluido, en la que se les convirtió el hogar paterno, a las primeras carencias en el propio, avientan el paquete y regresan a la casa para que la mamá y el papá continúen resolviéndoles la vida.

Este mensaje es para los que tienen hijos y que pueden todavía moldearlos, edúquenlos con principios y responsabilidades. háganles el hábito del ser agradecidos. Háganles el hábito de saber ganarse el dinero con honestidad, la comida, la ropa, el costo de la estancia en la casa en la cual no aportan para el pago de servicios. Háganles saber lo que cuesta cada plato de comida, cada recibo de luz, agua, renta. Háganles sentir en su casa, cómo se comportarían ustedes en casa ajena cuando van de visita. Por ese domingo o cuota semanal o mensual, edúquenlos en la cultura de la correspondencia y el agradecimiento. Que los sábados o domingos laven el carro, ayuden a limpiar la casa, NO SU CUARTO, esa debe ser obligación de siempre sin pago de por medio. Háganles la costumbre de limpiar sus zapatos, de que paguen simbólicamente, por todo lo que gratuitamente reciben, implántenles la ideología de ameritar una especie de beca escolar que ustedes pagan, y por la que ellos no pagan ni un centavo, eso puede generar una relación en sus mentes trabajo=bienestar.

Que entiendan que asistir a la escuela, es un compromiso con la vida, que no es ningún mérito asistir a ella. De la responsabilidad con que cumplan ese compromiso, dependerá su calidad de vida futura. Todos los niños deben desde temprano aprender a lavar, planchar y cocinar, para que entiendan la economía doméstica en tiempos que podrían ser más difíciles. Cuida lo que ven y ves con ellos en la televisión, y evita caer en el vicio social llamado telenovelas, los videojuegos violentos, la moda excesiva y toda la electrónica de la comunicación, que han creado un marco de referencia muy diferente al que nos tocó. Cuando ocupes corregirlos, aconséjalos, platica con ellos, no los ofendas, no los reprendas en público. Si lo haces, nunca lo olvidarán. Nunca te lo perdonarán.

Estamos comprometidos a revisar los resultados, si fuimos muy permisivos, o sencillamente hemos trabajado tanto, que el cuidado de nuestros hijos queda en manos de las empleadas domésticas y en un medio ambiente cada vez más deformante. Ojalá que este mensaje llegue a los que tienen la oportunidad de cambiar o hacer algo al respecto. Ya los abuelos pagaron. Nosotros estamos pagando con sangre la transición. Que cada quien tome lo que la corresponda. Que haga lo que pueda y quiera. Recuerda que para que triunfe el mal, solo se necesita que la gente buena lo permita

"Gracia y Paz"
Vida y Familia

COMO LA GALLINA



Mateo 23:37-38
“¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas, y apedreas a los que te son enviados! ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina junta sus polluelos debajo de las alas, y no quisiste! He aquí vuestra casa os es dejada desierta”.

En este pasaje Dios le habla a la ciudad amada. Nunca existió un pueblo que Dios haya levantado y escogido para sí, como lo ha sido Jerusalén. Pero la palabra y la sentencia dirigida hacia ellos es muy especial.  Dos veces les llama, como si quisiera que su atención se centrara en lo que habrá de decirles.

Este pueblo rechazó a Dios y su rechazo lo manifestó matando a los profetas y apedreando a aquellos que Dios les enviaba. Más hoy la Iglesia de Dios, al igual que Jerusalén escogida por Dios, debe aprender a actuar en base a aquellos ejemplos que nos quedaron como lecciones valiosas para nuestras vidas, para que no cometamos los mismos errores que ellos cometieron. De esta cuenta, la Iglesia hoy en día, debe decir “bienvenido” a todo aquel verdadero mensajero que venga de parte de Dios, a todo maestro genuino que traiga una voz y un mensaje de parte de Dios.

Quiero tomar una ilustración para poder enfocar el mensaje de hoy, una anécdota al respecto: Un granjero tenía una gallina con varios pollitos, de repente vino una tormenta eléctrica y el granjero corrió a tomar a los de su familia y entró en su refugio con ellos. En su apresuramiento por resguardarse con los suyos, al granjero se le olvidó la gallina. Ya adentro, los hijos del granjero le hicieron ver su falta, pero ya era tarde para salir por la gallina y los pollitos. Los hijos estaban acongojados por la gallina. Al fin de la tormenta ellos salieron y lo primero que hicieron fue ir a buscar a la gallina. De repente encontraron una masa de lo que había sido antes carne, ahora toda quemada. Alrededor plumas medio quemadas, algunas partes de miembros que dejaban saber que esa era su gallina. Los niños rompieron a llorar, pero se acordaron de los pollitos y nuevamente iniciaron la búsqueda. El granjero se dispuso a levantar los restos de la gallina y sucedió que bajo aquellos restos quemados encontró sanos y salvos a los pollitos. La gallina los había protegido de la muerte, aún a costa de su propia vida!

Jesucristo comparó a Israel con los pollitos y a la gallina con Israel. Como el Israel de Dios que la Iglesia ha llegado a ser, según Gálatas 6:16, Dios vela por guardarnos, preservarnos y cuidarnos. De hecho Jesucristo sufrió el sacrificio que como la gallina de la ilustración, estuvo dispuesto a morir por amor a nosotros. ¡Imagínate tener la sobreprotección del Altísimo, del Dios Todopoderoso, del Creador de los Cielos y la Tierra y que se levante como Guerrero, como Escudero, como Abogado Defensor nuestro, como Ciudad Fortificada! ¡Quién se podrá levantar en contra nuestra, si Él marcha delante como poderoso gigante! ¿Qué enemigo podrá hacernos frente a nosotros? ¡Ningún arma forjada prevalecerá en contra de los pollitos de la gallina! ¡Aleluya!

Pero… Israel no quiso ser protegida. ¡Qué terrible cosa es no querer nada con Dios! El hombre llega a rechazar a Dios con sus actitudes: Se le habla de Dios, de su Palabra, de Su Plan de Salvación, de Su Evangelio y no le gusta, aún, se molesta, lo niega. Está huyendo y rechazando la Gracia que Dios le ofrece. Está viendo pasar delante de sí, los años de su existencia y no corre a refugiarse en su mamá gallina, en su Creador y Formador. ¿Qué puede depararle si persiste en esta conducta? La respuesta está al final del pasaje citado: La casa es dejada desierta.

Cuando señala el Señor Jesucristo que aquella casa habría de ser dejada desierta, en primera instancia se refería al templo en su tiempo presente, a aquel mismo templo del cual el dijo que no quedaría piedra sobre piedra de él (Mateo 24:1-3), luego, cuando se habla de que sería dejado el templo desierto, no se refería a que ya no iban a acudir personas, sino que la presencia de Dios le abandonaría por completo. Esto lo confirma en el versículo 39, del mismo pasaje de Mateo 23, cuando dice: “Porque os digo que desde ahora no me veréis, hasta que digáis: Bendito el que viene en el nombre del Señor”. Y esto viene a significar una dirección clara que nos enfila hacia su segunda venida, pero ese es otro tema.

Apliquemos: ¿De qué sirve templo sin Dios en él? ¿Para qué culto si no hay Dios a quién adorar? Pero también: ¿De qué sirve la vida si dejamos a Dios fuera de ella? Ninguna de estas cosas tendría sentido ni propósito, si falta el elemento básico y esencial que es Dios. El hombre no es nada ni nadie sin Dios. El rechazar sistemáticamente a Dios, hace que totalmente nos abandone, que nos quedemos huecos, vacíos, la vida entonces se vuelve vana e insípida.

Amemos a Dios, amemos su presencia, anhelemos su amistad, compañerismo y comunión. Esto es lo que debe ser el todo del hombre. Ya lo expresó el hombre más sabio que ha habido en esta tierra, exceptuando claro al Señor Jesucristo. Y lo dice como una conclusión final después de que él mismo argumenta que se ha dado a la tarea de estudiar los misterios y secretos de la vida. El concluyó que:

“El fin de todo el discurso oído es este: Teme a Dios, y guarda sus mandamientos; porque esto es EL TODO del hombre” (Eclesiastés 12:13)

“Gracia y Paz”
Palabra Miel

LA GRACIA DE DIOS ESTÁ DISPONIBLE PARA TODOS



Efesios 2:1-10
“Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados, en los cuales anduvisteis en otro tiempo, siguiendo la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia, entre los cuales también todos nosotros vivimos en otro tiempo en los deseos de nuestra carne, haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos, y éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás. Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos), y juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús, para mostrar en los siglos venideros las abundantes riquezas de su gracia en su bondad para con nosotros en Cristo Jesús. Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe. Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas.”

En el invierno del año 2000 hubo una tormenta de hielo que golpeó el sureste de los Estados Unidos y dejó sin energía eléctrica muchas áreas en esa parte del país. Debido a las peligrosas condiciones de las carreteras, la mayoría de las personas se quedaron en casa ese domingo por la mañana. Habían escuchado las predicciones de la tormenta e hicieron preparativos para quedarse con sus familias. La mayoría de los negocios cerraron. Muchas iglesias cancelaron sus reuniones. Pero una Iglesia Bautista del Sur, decidió a último momento seguir adelante con el servicio dominical. Con unas pocas velas, una escasa congregación cantó himnos a capela.

El pastor, inspirado por el Espíritu Santo, predicó acerca del sacrificio de Cristo en la cruz del Calvario con voz más fuerte de lo normal. Al final del breve culto, cuando hizo la invitación, lo que pudo haber sido algo rutinario se convirtió en un poderoso testimonio sobre la gracia de Dios. Del último banco se pararon dos hombres vagabundos, que habían entrado al templo en busca de un poco de calor. Caminaron lentamente hasta el frente donde, llorando, entregaron sus vidas a Cristo. Allí declararon que durante muchos años habían estado sometidos al alcohol, a las drogas y a la pobreza, viviendo en la calle y durmiendo en cajas de cartón. A partir de ese momento la vida de ambos empezó a cambiar. Después se hicieron miembros de la iglesia y allí sirvieron al Señor en diferentes ministerios.

Aquí se manifestó de una manera preciosa la “Gracia de Dios”. “Gracia” es el regalo inmerecido de Dios a favor nuestro por medio de Jesucristo, quien murió en la cruz por nuestros pecados. Debido al pecado original en el huerto del Edén, todos los seres humanos hemos sido declarados pecadores y por lo tanto “destituidos de la gloria de Dios” (Romanos 3:23). El pasaje de hoy dice que todos estábamos “muertos en nuestros pecados”, por lo tanto no era posible que pudiéramos hacer algo para ganar la salvación de nuestras almas. Romanos 3:24 afirma que todos los que creen en él, son “justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús” ¡Qué precioso regalo! ¡Salvación y vida eterna!

Esta es la gracia de Dios, la cual está disponible para todas las personas. Así dice Tito 2:11: “Porque la gracia de Dios se ha manifestado para salvación a todos los hombres”. Para recibir este regalo, sólo es necesario creer de corazón “que Jesús es el Señor, y que Dios le levantó de los muertos”, dice Romanos 10:9-10. Y Juan 3:16 declara que “de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna”.

Si no has aceptado a Jesucristo como tu salvador personal, ahora mismo ríndete a los pies de Cristo confesando tus pecados y pidiendo al Señor que entre en tu vida y tome control de ella. Si ya lo has hecho, entonces eleva al cielo una alabanza de gratitud a nuestro amante Dios por su preciosa y sublime gracia.

ORACIÓN:
Padre del cielo, cuan grande y maravillosa es tu gracia. ¡Qué difícil de entender, pero que real y efectiva es! Gracias por el regalo de la vida eterna a través de Jesucristo. Te alabo con todo mi corazón. En el nombre de Jesús, Amén.

“Gracia y Paz”
Dios te Habla

EL DÍA DEL TRABAJO



Génesis 3:17, 19
“Con el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra… Con dolor comerás de ella todos los días de tu vida”.

Eclesiastés 9:10
“Todo lo que te viniere a la mano para hacer, hazlo según tus fuerzas”.

El origen del día del trabajo se remonta al 1º de mayo del año 1886, fecha en la cual más de 400.000 trabajadores se sublevaron en Chicago para conseguir la jornada laboral de ocho horas. Ese día pasó a ser el símbolo de las reivindicaciones de los trabajadores. En Francia, desde 1947, ese día no se trabaja pero es remunerado, como en muchos otros países.

El creyente no debería olvidar el origen del esfuerzo ligado al trabajo. Dios había colocado al hombre en el huerto de Edén “para que lo labrara y lo guardase” sin esfuerzo (Génesis 2:15). Sólo después de la desobediencia de nuestros primeros padres el trabajo se volvió duro, y el suelo empezó a ser estéril para todas las generaciones que siguieron (Génesis 3:17-19). ¡Cuántos suspiros y sudor debidos al trabajo, a los que se agregaron los sufrimientos causados por el espíritu de dominio y egoísmo del hombre, hasta el punto de reducir a sus semejantes a la esclavitud!

El creyente trata de trabajar sosegadamente para suplir sus necesidades y las de su familia, y para ayudar a los más pobres (2 Tesalonicenses 3:12-13; Hechos 20:35), sin ociosidad ni pereza (Romanos 12:11). Trabaja concienzuda y honestamente, no “como los que quieren agradar a los hombres, sino… de corazón haciendo la voluntad de Dios; sirviendo de buena voluntad, como al Señor y no a los hombres” (Efesios 6:6-7).

Feliz día del Trabajo a Todos…


“Gracia y Paz”
La Buena Semilla