jueves, 18 de abril de 2013

“SI VIVIMOS POR EL ESPÍRITU, ANDEMOS TAMBIÉN POR EL ESPÍRITU”



Salmos 16:1
“Guárdame, oh Dios, porque en ti he confiado”.

Tenemos miedo de caernos desde niños. Caerse es el tema número uno de los “Videos más humorísticos”. Como cristianos, a veces tenemos miedo que tal vez nos podemos caer de nuestra posición de salvos en Cristo y volver al mundo, al pecado, y al amor propio. Es posible que esto pase por una temporada. Pero si en verdad hemos entendido que Jesús murió por nuestros pecados, y si lo realmente lo hemos recibido como nuestro Salvador por el arrepentimiento y por la fe, Perteneceremos a ÉL.

Tus pecados fueron puestos en Cristo, y la justicia de él fue puesta en ti. Después de esto, si caminas en el Espíritu, tendrás una vida provechosa de gozo, paz, y triunfo. Pero si no, tendrás una vida miserable de caerse, de levantarse, y luego de volverse a caer. Y si regresas a la vida de los que no son salvos y te quedas así, es posible que Dios permita que “seas entregado a Satanás para destrucción de la carne, a fin de que el espíritu sea salvo en el día del Señor Jesús” (1 Corintios 5:5) “Si vivimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu” (Gálatas 5:5).

“Gracia y Paz”
Un Versículo de la Biblia cada Día

BUENA SOMBRA, BUENA PROTECCIÓN



Salmo 91:1.
“El que habita al abrigo del altísimo morará bajo la sombra del omnipotente”.

A veces nos encontramos bajo un caluroso y ardiente sol y de repente aparece la copiosa sombra de un frondoso árbol, lo que constituye una agradable e incomparable sensación. En el orden espiritual sucede lo mismo. Cuando tu no tienes a Cristo en tu vida, es como si anduvieras en un ardiente sol, te sientes desorientado sobre el curso que tu vida tomará en el futuro.

Inmediatamente vienes a Cristo, encuentras la sombra de Dios, la sombra del Omnipotente, y esta sombra espiritual te acompañará en toda circunstancia, “Cuando pases por las aguas, yo estaré contigo; y si por los ríos, no te anegarán, cuando pases por el fuego, no te quemarás, ni la llama arderá en ti” (Isaías 43:2).

Sin Cristo estamos desprotegidos, nos hacemos vulnerables a las huestes del enemigo de las almas.

Cristo estará contigo, tus temores se irán y Dios te esforzará y te ayudará, “No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia” (Isaías 41:10).

Los tiempos actuales, nos recuerdan las cruentas guerras que se libraban contra Israel por su desobediencia, pero esas eran guerras con caballos, lanzas y espadas. Hoy se libra la guerra espiritual, y ya no es con ejército ni con fuerza, es con el Espíritu Santo como nuestro guía que podremos vencer en el nombre de Jesucristo, “Entonces respondió y me habló diciendo: Esta es palabra de Jehová a Zorobabel, que dice: No con ejército, ni con fuerza, sino con mi Espíritu, ha dicho Jehová de los ejércitos” (Zacarías 4:6).

No importa por lo que estés pasando, nada ni nadie podrá atemorizarte si estás en Cristo, “Jehová es mi luz y mi salvación; ¿de quién temeré?”.

Jehová es la fortaleza de mi vida; ¿de quién he de atemorizarme?” (Salmo 27:1).

En grandes guerras se requieren de grandes decisiones, y este es el momento de tomar la gran decisión de tu vida, que se llama Jesucristo.

Jesús será tu luz y con Él tendrás  “BUENA SOMBRA, BUENA PROTECCIÓN”. Él será tu refugio, aunque el enemigo quiera combatirte, “Porque tú has sido mi refugio, Y torre fuerte delante del enemigo” (Salmos 61:3).

Jehová será tu fortaleza, tu escudo, no lo pienses, ven a Cristo, “Dios mío, fortaleza mía, en él confiaré; Mi escudo, y el fuerte de mi salvación, mi alto refugio; Salvador mío; de violencia me libraste” (2 Samuel 22:3).

Aunque el enemigo se levante como río, Jehová levantará bandera sobre él, “Y temerán desde el occidente el nombre de Jehová, y desde el nacimiento del sol su gloria; porque vendrá el enemigo como río, mas el Espíritu de Jehová levantará bandera contra él” (Isaías 59:19).

ORACIÓN:
Gracias Jehová Dios por tu Palabra. Gracias por tu Santo Espíritu que nos guía hacia toda verdad y justicia. Gracias Padre Celestial por tus bondades, por tus misericordias y por tu infinita gracia que no permite ver la luz del nuevo día. Glorifícate en todos y cada uno de mis hermanos de la Fe, y en todos los que aun no han sido alcanzados por tu palabra, sana a los que se encuentren enfermos, cúbrelos bajo tu manto Dios mío, en el nombre de Jesús. Amén.

“Gracia y Paz”
Meditación Diaria

UN NEGOCIO TEÑIDO DE ROJO



Génesis 25:29-34
“Y guisó Jacob un potaje; y volviendo Esaú del campo, cansado, dijo a Jacob: Te ruego que me des a comer de ese guiso rojo, pues estoy muy cansado. Por tanto fue llamado su nombre Edom. Y Jacob respondió: Véndeme en este día tu primogenitura. Entonces dijo Esaú: He aquí yo me voy a morir; ¿para qué, pues, me servirá la primogenitura? Y dijo Jacob: Júramelo en este día. Y él le juró, y vendió a Jacob su primogenitura. Entonces Jacob dio a Esaú pan y del guisado de las lentejas; y él comió y bebió, y se levantó y se fue. Así menospreció Esaú la primogenitura”.

Un día leí una anécdota muy interesante sobre un hombre de Dios que llegaba a tomar el cargo de una congregación a un pueblo y me llamó mucho la atención, es una anécdota muy interesante y sobre todo muy instructiva y quiero compartirla, dice así:

Hace años un predicador se mudó para Houston, Texas. Poco después, se subió en un autobús para ir al centro de la ciudad. Al sentarse, descubrió que el chofer le había dado una moneda de más en el cambio. Mientras consideraba que hacer, pensó para sí mismo, “Ah, olvídalo, es solo una moneda. ¿Quién se va a preocupar por tan poca cantidad? De todas formas la compañía de autobús recibe mucho de las tarifas y no la echarán de menos. Acéptalo como un regalo de Dios”. Pero cuando llegó a su parada, se detuvo y, pensando de nuevo, decidió darle la moneda al conductor diciéndole: “Tome, usted me dio esta moneda de más”. El conductor, con una sonrisa le respondió, “Se que eres el nuevo predicador del pueblo. He pensando regresar a la iglesia y quería ver que harías si yo te daba cambio de más”. Se bajó el predicador sacudido por dentro y dijo: “Oh Dios, por poco vendo a Tu Hijo por una moneda”.

Ésta anécdota me hizo pensar en la historia narrada en Génesis 25:29-34, donde habla de dos hermanos mellizos conocidos como Esaú (el hermano mayor) y Jacob (el hermano menor), que un día hicieron un negocio que les cambió la vida para siempre a ambos. Ser el primogénito era muy importante para los hebreos, porque sucedía al padre como cabeza de familia. Si era “unigénito”, heredaba todo, y si había otros hermanos, heredaba doble parte que los demás, por lo tanto era codiciable poder contar con el favor de la primogenitura. Esaú era mayor que Jacob por escasos minutos de diferencia, esto nos hace suponer que Jacob deseaba este privilegio por sentir que era muy poca la diferencia de edad entre ambos y que por lo tanto podía merecerla. Dice la Biblia que un día Jacob preparó un potaje [plato de verduras cocidas, un plato de lentejas rojizas, que probablemente contenía cebollas y ajos para darle buen sabor] y que regresando de una fuerte jornada de trabajo, Esaú hambriento pide a Jacob que le convide de lo cocinado. Su hermano le dice: primero véndeme tu primogenitura. Y sin pensar y sin darse cuenta de lo que están pidiéndole, sin detenerse por un momento Esaú responde: He aquí, estoy a punto de morir; ¿de qué me sirve, pues, la primogenitura? Una respuesta tan precipitada, tan poco inteligente, carente de razonamiento y sensibilidad, que conlleva a un error garrafal y que le cobraría a Esaú una factura muy grande.

En la anécdota el predicador meditó por un periodo de tiempo la decisión de, si se quedaba con la moneda o la devolvía, luego de establecer si era correcto o no, toma la mejor decisión y la devuelve. Por el contrario, Esaú prácticamente regala su primogenitura por un plato de lentejas, él ni siquiera escuchó las palabras de su hermano, pues estaba literalmente ciego por su interés en saciar su apetito voraz, su sed, su cansancio en lugar de detenerse a pensar en las consecuencias. El predicador valora su integridad, a Esaú le importa un comino su privilegio.

¿Será posible no valorar lo que poseemos? ¿Cuánto vale para un verdadero creyente una vida de santidad pura e integra? ¿Podremos manchar por una miseria nuestra relación con Jesús? ¿Cuánto vale Jesús para nosotros? El mundo y sus placeres ponen a prueba día con día que tan buenos o malos negociantes podemos ser. Cada día el enemigo busca la manera de presentarnos un “plato de lentejas” que pueda seducirnos e invitarnos a satisfacer nuestros deseos carnales y tomar malas decisiones. Vivimos en un mundo en el que la maldad impera y está a la orden del día. Existen tantas propagandas que minan nuestra mente, incitándonos, ya sea a beber licor, a ver pornografía, a tener relaciones sexuales, a visitar lugares que no podemos pagar, a gastar dinero que no tenemos, a arriesgar nuestra propia salud a cambio de tener un cuerpo escultural. Así mismo existen personas, en el trabajo, en la universidad, en la casa, en la calle, en todas partes, que continuamente están tratando de probarnos y ver que tan firmes estamos en nuestra búsqueda por una relación integra con nuestro señor Jesús.

En levítico 20:7 dice: “Santificaos, pues, y sed santos, porque yo soy el Señor vuestro Dios”. Es una orden directa y estricta de parte de Dios para la forma de cómo debería ser nuestra actitud ante las tentaciones y el pecado. Ya que por mas hambriento de éxito que pueda estar un ser humano, no debe negociar su integridad; por más cansado de las dificultades de la vida, no puede negociar por una salida fácil; por más presionado que estés por el mundo que te invita a tener sexo antes y fuera del matrimonio, “¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros?” (1 Corintios 6:19). No hay tregua para un verdadero hijo de Dios. La vida de santidad no es algo que se pueda negociar con el diablo, no podemos correr riesgos tontos, porque los daños pueden ser crueles. Debemos de ser santos y conducirnos con temor reverente [a Dios] en esta vida (1 Pedro 1:17b), no exponiéndonos al pecado. No dejando que los deseos de la carne, los deseos de los ojos y la vanagloria de la vida (1 Juan 2:16) dirijan nuestra forma de vivir. Ante el acecho de quienes quieren que fallemos la advertencia es: “Si los pecadores te quisieran engañar, no consientas” (Proverbios 1:10). El consentir es sinónimo de ponerse de acuerdo, es aceptar el engaño, entonces es literalmente no estés de acuerdo con los pecadores. La vida de santidad es como los cheques protegidos que dicen “NO NEGOCIABLE”.

Nuestro Padre celestial quiere que los Cristianos vivamos vidas que lo glorifiquen, y ¿de qué forma?, valorando nuestra vida espiritual, renovándola diariamente, alimentándonos no con un “plato de lentejas” sino con la meditación de la Palabra de Dios todos los días. Tomando buenas decisiones guiadas con base en la voluntad de Dios.

Finalmente, recordemos que Jesucristo es el Señor, es quien nos ha comprado, es quién nos ha libertado. Una vida pecaminosa simplemente no vale nada. Sin embargo, Jesús pagó el precio y estuvo dispuesto a hacer UN NEGOCIO TEÑIDO DE ROJO, y a darnos el REGALO DE LA VIDA ETERNA, la cual es un regalo invaluable e incomparable, por lo tanto nada en este mundo vale tanto como para no valorar el regalo de Dios. La salvación es un regalo tan grande que no debemos descuidar (Hebreos 2:3), y mucho menos… ¡¡negociar!!

Hagamos lo imposible por vivir una vida de santidad como Dios quiere.

Romanos 8:38-39
“Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro”.
  
“Gracia y Paz”
Reflexiones Cristianas

LA BUENA BATALLA



2 Timoteo 4:7
“He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe”.

Será más fácil batallar, si entendemos de manera correcta por qué Pablo le llama: “La Buena Batalla”.

Primero: es una buena batalla porque el enemigo de nuestro gozo es malvado. El enemigo es la incredulidad, y las fuerzas satánicas que hay detrás de ella y los pecados que vienen con ella. Cuando nosotros nos preparamos para combatir las fuerzas que tratan de hacer que nos deleitemos en nosotros mismos o en nuestros logros, o en nuestras posesiones más que en Dios, nosotros nos oponemos a un enemigo muy malvado. Por lo tanto, eso es una “Buena Batalla”.

Segundo: es una Buena Batalla porque no somos abandonados a nuestra propia fuerza en la batalla. Si así fuera: “Nuestros esfuerzos estarían perdidos”. En otras palabras, cuando un hijo de Dios lucha por el gozo en Dios, el mismo Dios es el que está detrás de esa batalla, dándonos la determinación y el poder para derrotar al enemigo (Filipenses 2:12-13). No somos abandonados a nuestra suerte para sostener el gozo de la fe. Dios pelea por nosotros y en nosotros. Por lo tanto, la batalla de la fe es una Buena Batalla.

Tercero: es una Buena Batalla porque no es una lucha para llevar una carga, sino una lucha para permitir que alguien lleve una carga por nosotros. La vida de gozo en Dios no es una vida cargada de peso. Es una vida aligerada. La batalla por el gozo es la batalla de confiar en Dios con las cargas de la vida. Es una batalla para ser libres de la preocupación. Es una batalla por la esperanza, la paz y el gozo, los cuales están amenazados por la incredulidad y la duda en las promesas de Dios. Y como la libertad, la esperanza, la paz y el gozo, son cosas buenas, la Batalla para preservarlos es Buena.

Cuarto: la batalla de la fe es buena porque, a diferencia de la mayoría de las batallas, no implica exaltación, sino humillación. La mayoría de las batallas no son buenas porque son un orgulloso intento de probar nuestra propia fuerza a costa de otras personas. Pero la batalla por el gozo es justamente lo opuesto. Es una forma de decir que somos débiles y necesitamos desesperadamente la misericordia de Dios. Por lo tanto, la lucha por el gozo es una Buena Batalla.

Quinto: la batalla por la fe es buena porque por ella Dios es grandemente glorificado. Cuando nos dedicamos a resistir al poder idolatra de cada anhelo, cada deseo, cada placer que no es de Dios, entonces Dios es exaltado como el Tesoro supremo de nuestra vida. Batallar contra todo gozo extraño evidencia que conocemos el infinito valor de Dios. Por lo tanto, la batalla por el gozo es una Buena Batalla.

Que Dios nos permita poder decir lo que Pablo dijo al final de su vida: “He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe” (2 Timoteo 4:7). Conservar la fe por toda la vida es el resultado de pelear La Buena Batalla por toda la vida, y por lo tanto también poder decir: “Por lo demás, me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, Juez justo, en aquel día; y no sólo a mí, sino también a todos los que aman su venida” (2 Timoteo 4:8).

“Gracia y Paz”
Vida Cristiana

LO QUE LA INFALIBLE PALABRA DE DIOS NOS ANTICIPA



Apocalipsis 6:5-6
“Cuando abrió el tercer sello, oí al tercer ser viviente, que decía: Ven y mira. Y miré, y he aquí un caballo negro; y el que lo montaba tenía una balanza en la mano. Y oí una voz de en medio de los cuatro seres vivientes, que decía: Dos libras de trigo por un denario, y seis libras de cebada por un denario; pero no dañes el aceite ni el vino”.

En todo el mundo los alimentos de primera necesidad han experimentado alzas en sus precios sin precedentes en los últimos años. Los lácteos, el arroz y el pan son los que mas demanda tienen y son los que mas han tenido las mayores alzas de precios entre los productos comestibles. Los fuertes incrementos se repiten en servicios básicos, como agua, gas licuado y electricidad, los que registran alzas jamás vistas.

Los precios de los alimentos están por las nubes por culpa de factores tan variados como las sequías que padecen algunos países; las inundaciones en otros; Las duras heladas en otros más y la masiva producción de etanol en Estados Unidos y Europa para evadir el encarecimiento del petróleo; lo que provoca todo esto que muchas frutas y verduras adquieran el rango de verdaderos "lujos".

Este lóbrego panorama, no es más que una antesala de lo que se avecina a la tierra. Como en otras ocasiones ya lo hemos dicho y aún en medio de críticas, el juicio de Dios se aproxima a pasos agigantados.

El texto de Apocalipsis que encabeza este artículo, nos predice un período de escasez de alimentos básicos y un alza increíble de los precios. El denario era el salario diario de un obrero, lo que nos permite dimensionar el costo de la vida que habrá en ese período. Un obrero podrá comprar una mínima porción de alimentos básicos solo por el día, mientras que productos de segunda necesidad como “el vino y el aceite” solo serán reservados para los poderosos de este siglo. Y si las personas carecen de medios para comprar pan, ¿de dónde podrán comprar vino y aceite? Lo que esta ocurriendo hoy en el mundo, donde los alimentos y los servicios de primera necesidad van en una constante alza en sus precios, ¿no nos debería hacer meditar en lo que la infalible Palabra de Dios nos anticipa?

Todo lo que acontece, la violencia inusitada, la guerra por el poder, las amenazas de guerra entre las grandes potencias, el acelerado calentamiento global, las sequías, las inundaciones, los terremotos, las ondas polares, la extinción de especies marinas, y un exagerado incremento del costo de la vida, son solo una antesala de lo que se avecina. Si los hechos analizados y profetizados por la Biblia en el Apocalipsis se están manifestando con tanta nitidez ¿cuanto más cerca esta el día del anhelado arrebatamiento de la iglesia? ¡Ven Señor Jesús!

“Gracia y Paz”
Gracia y Misericordia

miércoles, 17 de abril de 2013

CON LA MIRADA MÁS ALLÁ DE LA DECEPCIÓN



Juan 11:3-6
“Enviaron, pues, las hermanas para decir a Jesús: Señor, he aquí el que amas está enfermo. Oyéndolo Jesús, dijo: Esta enfermedad no es para muerte, sino para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella. Y amaba Jesús a Marta, a su hermana y a Lázaro. Cuando oyó, pues, que estaba enfermo, se quedó dos días más en el lugar donde estaba”.

Cuando se sufre desilusiones en la vida, es fácil culparse a uno mismo o a otros —o incluso a ambos. Con frecuencia, es difícil saber qué decir o qué hacer, por no poder identificar realmente la causa o el propósito verdadero de la decepción.

La desilusión suele ser una respuesta emocional a nuestro fracaso, o al de otros, por no lograr que un deseo, una esperanza, un sueño o una meta se conviertan en realidad. Esto puede llevar a perder la fe en alguien en quien confiábamos, e incluso en una persona que amamos.

El evangelio de Juan nos dice que Jesús amaba a Marta, a su hermana María, y a Lázaro, el hermano de ellas. Por esto, no sintieron la necesidad de decir al Señor algo más que “el que amas está enfermo” (Juan 11:3). Su expectativa era que tan pronto Jesús oyera esto, Él vendría para sanar a su hermano. Sin embargo, Jesús no se puso en marcha sino hasta dos días después.

Cuando llegó, Marta salió a su encuentro y le dijo: “Señor, si hubieses estado aquí, mi hermano no habría muerto” (v. 21). Había tenido la esperanza de que Él viniera de inmediato, para salvar la vida de Lázaro. Ella no veía el propósito del Señor, que era el de hacer un milagro más grande.

Dios tiene razones para dejar que suframos decepciones. Él podría evitarlas, pero quiere mostrarnos su propósito. Su deseo es que confiemos, creamos y dejemos que nuestras circunstancias lo glorifiquen a Él (vv. 4, 25). Cuando lleguen las desilusiones, ¿quedarás tu paralizado y desorientando en cuanto a los planes de Dios para tu vida? ¿O estarás abierto a lo que el Señor quiere enseñarte, y ansioso por entender el propósito de Él, y su lección en esas situaciones? La respuesta correcta es simplemente confiar en Él.

“Gracia y Paz”
Meditación Diaria

¿DICES TÚ LA VERDAD SIEMPRE?



Proverbios 19:5-9
“El testigo falso no quedará sin castigo, y el que habla mentiras no escapará. Muchos buscan el favor del generoso, y cada uno es amigo del hombre que da. Todos los hermanos del pobre le aborrecen; ¡Cuánto más sus amigos se alejarán de él! Buscará la palabra, y no la hallará. El que posee entendimiento ama su alma; el que guarda la inteligencia hallará el bien. El testigo falso no quedará sin castigo, y el que habla mentiras perecerá”.

La mentira es el lenguaje del diablo. Así les dijo Jesús a un grupo de judíos en Juan 8:44: “Vosotros sois de vuestro padre el diablo, y los deseos de vuestro padre queréis hacer. Él ha sido homicida desde el principio, y no ha permanecido en la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira, de suyo habla; porque es mentiroso, y padre de mentira”. Satanás usó la mentira para hacer que Eva pecara comiendo la fruta prohibida. Cuando la mujer le dijo que Dios les había dicho que no comieran del fruto del árbol que estaba en el medio del huerto, para que no murieran (Génesis 3:3), la serpiente, es decir el diablo, le contestó: “No moriréis; sino que sabe Dios que el día que comáis de él, serán abiertos vuestros ojos, y seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal”.

De aquel fatídico encuentro en el huerto del Edén, debemos aprender que la mentira nos separa de Dios, mientras que la verdad fortalece nuestra relación con el Señor. En Juan 14:6 Jesús dice: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí”. No sólo Jesús dice la verdad, sino que él mismo es la verdad. No existe otra verdad que el Señor y las palabras que él pronunció. Y esa verdad es tan poderosa que puede hacer libre a todo aquel que la hace suya. Así les dijo Jesús a un grupo de judíos que habían creído en él: “Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres” (Juan 8 31-32).

Un niño de 12 años fue testigo clave en una demanda legal. Uno de los abogados de la parte contraria, en medio de un intenso interrogatorio, le dijo: “Tu papá te indicó lo que tenías que decir, ¿verdad?”

“Sí” --contestó el niño. “Y dime, --prosiguió el abogado-- ¿cuáles fueron sus instrucciones?”

“Bueno, --respondió el muchacho— mi papá me dijo que los abogados iban a tratar de enredarme en mi testimonio; pero que si tenía cuidado y decía siempre la verdad, no tendría problemas”.

Una persona veraz no tiene nada que ocultar, pero el que miente paga un precio muy grande por su falta de honestidad. Por regla general una mentira lleva a la otra para tapar la anterior, y a la larga, el mentiroso queda atrapado en su propia red de engaños. El pasaje de hoy dice: “El testigo falso no quedará sin castigo, y el que habla mentiras no escapará”.

Vivir en la verdad es imprescindible para nuestro crecimiento espiritual. La mentira impide la obra del Espíritu Santo en nuestras vidas. En su carta a los efesios, el apóstol Pablo los exhorta a que vivan “siguiendo la verdad en amor, creciendo en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo” (Efesios 4:15). Aquellos que pertenecen a Cristo han de darse a conocer como personas veraces. La mentira puede parecer una salida cómoda, pero en realidad es un callejón sin salida. Por tanto, la opción correcta es decir siempre la verdad, y nada más que la verdad.

Desde luego, nuestra naturaleza carnal y pecaminosa nos dirige hacia la mentira. Se te presentarán muchas ocasiones en las que sentirás la tentación de decir una “mentirita” para salir del paso. Resiste la tentación y di la verdad. Quizás pienses que te va a traer malas consecuencias, pero a la larga siempre obtendrás la recompensa por haber agradado a Dios.

ORACIÓN:
Padre santo, te ruego me ayudes a rechazar la mentira porque no proviene de ti, y a decir siempre la verdad y nada más que la verdad, para honrar tu nombre a través de mi testimonio ante los que me rodean. Te lo pido en el nombre de Jesús, Amén.

“Gracia y Paz”
Dios te Habla

ORACIÓN



Padre santo, te ruego me ayudes a rechazar la mentira porque no proviene de ti, y a decir siempre la verdad y nada más que la verdad, para honrar tu nombre a través de mi testimonio ante los que me rodean. Te lo pido en el nombre de Jesús, Amén.

“Gracia y Paz”

LAS PERLAS




ESTE MENSAJE ES MUY EDIFICATIVO PARA TI PRINCESA DE DIOS, ATRÉVETE A LEERLO PARA QUE TENGAS IDEA DE COMO ESTE HERMOSO DIOS QUE TENEMOS OBRA EN TU VIDA.

¡¡Que hermosas son las perlas, pero aún así debemos saber que las perlas son producto del dolor...!!

Toda perla es la consecuencia de una ostra que ha sido herida por un grano de arena que ha entrado en su interior. Una ostra que no ha sido herida no puede producir perlas...

En la parte interna de la ostra se encuentra una sustancia llamada “nácar” y cuando un grano de arena penetra en la ostra, ésta lo recubre con capas de nácar para protegerse. Como resultado, se va formando una hermosa y brillante perla.

¿Te has sentido herida por las palabras, o actitudes de alguien?

¿Has sido acusada de decir cosas que nunca has dicho?

¿Han sido tus ideas rechazadas o ridiculizadas?

¿Te han culpado de haber hecho algo que jamás hiciste?

¿Tu actitud frente a ciertas situaciones, se malinterpreta?

¿Has sufrido alguna vez los golpes de la indiferencia?

¿Te han herido precisamente aquellas personas que menos esperabas?

¿No te valoran como realmente lo mereces?

Entonces, perdona y haz de tu herida una perla. Cubre tus heridas con varias capas de amor, recuerda que cuanto más cubierta esté tu herida, menos dolor sentirás.

Por el contrario, si no la cubres de amor, esa herida permanecerá abierta, te dolerá más y más cada día, se infectará con el resentimiento y la amargura y peor aún, nunca cicatrizará.

En nuestra sociedad, podemos ver muchas "ostras vacías" no porque no hayan sido heridas, sino porque no supieron perdonar, comprender y transformar el dolor en una perla.

“Una perla es… una herida sanada por el amor"

Te has puesto a pensar alguna vez que la belleza interior que llevas dentro tuyo es el producto de tantas tribulaciones, de muchos sufrimientos, de muchos dolores, que el mismo Dios lo permite para limpiarte y purificarte de todo pecado y de todo mal, de actitudes negativas para hacer de ti una persona nueva con una vida cambiada y orientada hacia el amor y la misericordia de Dios...

¡¡Tu eres una perla hermosa…!!

“Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo” (Juan 16: 33)

“Confía en Jehová, y haz el bien; y habitarás en la tierra y te apacentarás en la verdad”. (Salmos 37:3)


“Gracia y Paz”
Reflexiones para el Alma

martes, 16 de abril de 2013

CUANDO LLEGA LA PRUEBA



Job 1:21
“El Señor dio, y el Señor quitó; sea el nombre del Señor bendito”.

Santiago 5:11
“Habéis oído de la paciencia de Job, y habéis visto… que el Señor es muy misericordioso y compasivo”.

Pocas personas han pasado tan repentinamente de una riqueza inaudita, como era la de Job, a una completa pobreza. En un día perdió a todos sus hijos y toda su fortuna.

Job habría podido acusar a los elementos naturales: el rayo que había matado a sus ovejas y la tempestad que había destruido la casa donde sus hijos se hallaban reunidos. Habría podido maldecir a los saqueadores que destrozaron sus rebaños. ¿Qué consuelo le hubiese dado esto? ¿Qué instrucción habría recibido de ello?

En lugar de esto Job, quien conocía a Dios, discernió inmediatamente su intervención. Sabía que su prosperidad no era sólo el resultado de sus esfuerzos o de circunstancias favorables, sino que todo se lo debía a Dios. Asimismo aceptó que Dios, en su soberanía y perfecta sabiduría, le quitara lo que le había dado. “¿Recibiremos de Dios el bien, y el mal no lo recibiremos?”, respondió a su mujer, desesperada por las desdichas que caían sobre ellos (Job 2:10). Y bendijo el nombre del Señor.

Quizá discernimos fácilmente la mano de Dios cuando nuestras condiciones de vida son favorables, pero no cuando el viento ha cambiado. Sepamos reconocer su intervención en cada prueba. Como Job, aceptémosla de parte de Dios quien, con bondad, quiere instruirnos y bendecirnos al final. En medio de la fe cristiana hay esta seguridad: Dios es amor. La recibimos aun a través de las lágrimas, con una dicha profunda y eterna.


“Gracia y Paz”
La Buena Semilla

¿TIENES COSTUMBRES NOCIVAS EN TU MATRIMONIO?



Hebreos 13:5
“Sean vuestras costumbres sin avaricia, contentos con lo que tenéis ahora; porque EL dijo: No te dejaré ni te desampararé”.

1 Corintios 15:33
“No erréis, las malas conversaciones corrompen las buenas costumbres”.

Hay muchas costumbres o mañas, que pueden ser letales para un matrimonio.

Las costumbres son hábitos de comportamiento en la vida regular de las personas, que pueden ser positivos o negativos. Todo matrimonio tiene hábitos buenos y malos. Pero cada matrimonio debe esforzarse por mantener y reforzar los buenos hábitos e ir desechando los malos. Entre más positivo sea el balance de hábitos más saludable será el matrimonio.

La mayoría de costumbres buenas o malas, las aprendemos desde niños en medio de la convivencia familiar y del ambiente en que nos desarrollamos.

Algunos cónyuges tienen la mala costumbre de criticar y juzgar a su pareja constantemente. Es como si estuvieran atentos a cada falla de su cónyuge para criticarle, reclamarle y hasta condenarle. Esta costumbre es muy destructora, ya que por lo general el cónyuge afectado termina cansándose de esa actitud y reacciona negativamente.

En la Comunicación, hay quienes que tienen la costumbre de gritar constantemente, lo cual bloquea la comunicación. Hay personas que tienden a asumir los pensamientos del cónyuge y se indisponen porque creen saber lo que el cónyuge está pensando.

Podríamos enumerar un sinfín de costumbres que afectan al matrimonio. Hay costumbres que quizás para uno no son molestas, pero lo son para el otro y entonces deben respetarse. Los esposos deben abrir el corazón y dejarse saber mutuamente con respeto y suavidad, que costumbres del otro le molestan con el único propósito de informar, para que el otro lo sepa y tome la decisión por si solo de cambiar esas costumbres que le hacen sentir mal a su pareja. No por presión, sino por convicción.

La primera y más importante costumbre que debe tener todo matrimonio es procurar una relación permanente con nuestro Padre Celestial. O sea, que ambos tomen la decisión de leer la Biblia juntos, orar juntos, asistir regularmente a la Iglesia y practicar la obediencia a la palabra de Dios.

Segundo, deben tomar la decisión de desarrollar hábitos de compartir juntos, afirmarse mutuamente, pensar diariamente en que podemos hacer para el bienestar de nuestro cónyuge. La misión más importante de cada cónyuge en el matrimonio es encargarse del bienestar del otro. Esto debe convertirse en un poderoso hábito de vida en el Matrimonio que les va a dar excelentes beneficios a la relación y a la familia.

Tomen la decisión hoy mismo de cambiar esas malas costumbres en el matrimonio y desarrollar nuevos hábitos de beneficio y bendición para tu familia.

Tu matrimonio y tu familia es el segundo tesoro más valioso que Dios te ha dado, después de tu salvación. CUÍDALO!


“Gracia y Paz”
Noviazgo y Matrimonio

LA ORACIÓN: UN PRIVILEGIO EXTRAORDINARIO



1 Juan 5:14-15
“Y esta es la confianza que tenemos en él, que si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, él nos oye. Y si sabemos que él nos oye en cualquiera cosa que pidamos, sabemos que tenemos las peticiones que le hayamos hecho”.

Una pregunta resuena en el corazón de casi todos los cristianos en algún momento de su vida: Si Dios lo sabe todo acerca de mí, ¿por qué tengo que orar por mis necesidades? El Señor tiene razones específicas por las cuales no utilizar su omnipotencia para responder a ciertos deseos y sufrimientos nuestros, a menos que le hablemos de ellos.

Dios nos anima a orar para crear una relación estrecha entre Él y nosotros. El Señor está interesado en mucho más que la satisfacción de nuestras necesidades; también quiere convertirse en nuestra fuente de fortaleza en cada prueba. Sabemos que para que una amistad crezca se requiere invertir tiempo. Las oraciones rápidas de tres minutos, aunque son valiosas e importantes para mantener un continuo olor de “incienso fragante” delante de Dios, no son suficientes para mantener una conexión personal con nuestro Padre celestial.

Santiago 1:17 dice: “Toda buena dádiva... desciende de lo alto”. El Señor quiere que le reconozcamos como la fuente de todas nuestras bendiciones. Dirigir nuestras oraciones a Dios, y confiar en que serán respondidas de acuerdo con su voluntad y en su tiempo, fortalece nuestra conciencia de que sin Él, no podemos lograr nada. En la vida cristiana, nuestra dependencia de Dios crece en proporción directa a nuestra madurez espiritual. Ese concepto va en contra de nuestra naturaleza y cultura, que valoran la independencia por encima de todo lo demás.

Somos privilegiados de pertenecer a un Dios que desea tener una relación de Padre-hijo con nosotros. Él puede, desde luego, satisfacer nuestras necesidades sin una sola palabra de nuestra parte, pero entonces nunca conoceríamos la maravilla de pedir y recibir por amor.

“Gracia y Paz”
Meditación Diaria

¿HAS NACIDO DE NUEVO?



Juan 3:1-7
“Había un hombre de los fariseos que se llamaba Nicodemo, un principal entre los judíos. Este vino a Jesús de noche, y le dijo: Rabí, sabemos que has venido de Dios como maestro; porque nadie puede hacer estas señales que tú haces, si no está Dios con él. Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios. Nicodemo le dijo: ¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? ¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre, y nacer? Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios. Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es. No te maravilles de que te dije: Os es necesario nacer de nuevo”.

Jesús le dice a Nicodemo que para ver el reino de Dios, "es necesario nacer de nuevo.” Y aquel que era fariseo, maestro de Israel y principal entre los judíos no entendió lo que el Señor quiso decirle. Realmente no es fácil entender la frase “nacer de nuevo”. No se trata de que en nuestras vidas se lleve a cabo un cambio cuando entramos en una relación con Cristo; es algo mucho más profundo. Se trata de que nuestra vieja manera de vivir termina y comienza una nueva vida en el Espíritu que es completamente distinta a la anterior.

Agustín de Hipona fue un hombre nacido en el norte de Africa a mediados del siglo IV. Durante su juventud vivió una vida lujuriosa e inmoral, la cual narra con vergüenza en su libro “Confesiones”. En su libro, Agustín cuenta que en medio de aquella vida de placeres sexuales y codicia había un constante vacío imposible de llenar. Un día conoció a Jesús, abrió a él su corazón y su vida cambió totalmente. Después de su conversión, Agustín renunció a todas sus posesiones, fundó un monasterio y se retiró por tres años a orar y meditar en la Palabra de Dios, y allí escribió varios libros y poemas. Agustín de Hipona dedicó el resto de su nueva vida a servir al Señor.

Harold Hughes fue un conocido político norteamericano, quien después de prestar servicio como gobernador del estado de Iowa fue elegido al Senado de los Estados Unidos. En su autobiografía, Hughes confiesa tristemente que en sus años de juventud fue “borracho, mentiroso y tramposo”. Después de tocar fondo, en medio de su vergüenza y desesperación, decidió cometer suicidio. Sin embargo, justo antes de apretar el gatillo de su pistola sucedió algo milagroso. Así lo describió Hughes: “Igual que un niño herido perdido en la tormenta, de repente había caído en los calurosos brazos de mi Padre” Y al experimentar la gracia perdonadora de Dios prometió: “Señor, haré lo que me pidas”. Ese fue el comienzo de una nueva vida para Harold Hughes, una vida que sí valía la pena vivir.

Saulo de Tarso tuvo una experiencia similar cuando se dirigía a la ciudad de Damasco en gestiones para continuar su persecución de los cristianos. Allí en el camino se le apareció Jesús, y le dijo: “Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?” (Hechos 9:4). Entonces Saulo cayó rendido de rodillas, y “temblando y temeroso, dijo: Señor, ¿qué quieres que yo haga?” Desde ese instante la vieja vida de Saulo de Tarso dejó de existir, y en su lugar surgió la nueva vida de quien más tarde llegaría a hacer el gran apóstol Pablo, el cual escribió: “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas” (2 Corintios 5:17).

Pablo también dijo en su carta a los Gálatas: “Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí” (Gálatas 2:20). Este es el nuevo nacimiento del cual le habló Jesús a Nicodemo: morir a la vida pecaminosa de nuestra naturaleza carnal y comenzar a vivir la vida abundante que Jesucristo vino a ofrecernos. Cualquier persona, por muy derrotada y quebrantada que esté, puede experimentar este nuevo nacimiento creyendo sinceramente en Jesucristo y abriendo a él su corazón en fe. Si no lo has hecho, y deseas comenzar una vida que valga la pena vivir, abre tu corazón a Jesús ahora mismo e invítalo a entrar.

ORACIÓN:
Querido Padre celestial, gracias por el milagro del nuevo nacimiento a través de la muerte y resurrección de tu Hijo Jesús. Ayúdame a morir a la vida de pecado y comenzar a vivir esa vida abundante que tu amado Hijo vino a traernos. En su santo nombre, Amén.

“Gracia y Paz”
Dios te Habla

LA SOLUCIÓN QUE VIENE DE LO ALTO



Filipenses 4:13
“Todo lo puedo en Cristo que me fortalece”.

Parece que hoy en día los problemas se multiplican y es imposible resolverlos; enfermedades, problemas en el trabajo, cuentas que pagar, etc. etc. No es necesario que enfrentemos estos problemas con nuestras propias fuerzas. Tenemos un Salvador que se entregó por nosotros, y él está listo y dispuesto a ayudarnos.

A ver; ¿Cuáles son las limitaciones de este versículo? Dice, TODO lo puedo en Cristo que me fortalece. No hay limitaciones. Todo quiere decir, TODO. Pero hay que llamarle a él y suplicar que nos de sabiduría para resolver nuestras situaciones. Allí está el detalle. La promesa no nos ayuda a menos que actuamos en ella.

“Gracia y Paz”
Un Versículo de la Biblia cada Día