lunes, 12 de febrero de 2018
domingo, 28 de enero de 2018
Salmo 92:4
Creo que ya estoy viviendo la temporada
del «invierno» de la tercera edad. Ahora siento que los años pasan volando y, a
veces, me gustaría frenarlos, pero tengo un gozo que me sostiene. Cada día es
una nueva jornada que Dios me da. Con el salmista, puedo decir: «Bueno es
alabarte, oh Señor […]; anunciar por la mañana tu misericordia, y tu fidelidad
cada noche» (Salmo 92:1-2).
He tenido muchas luchas en mi
vida; he vivido las consecuencias de mis errores y malas decisiones; me abruman el dolor y las dificultades que
vive mi familia, sin embargo Dios permite que me una al salmista, gozándome «en
las obras de [sus] manos» (v. 4). Gozo por las bendiciones recibidas: mi familia,
mis amigos y el trabajo que tengo. Gozo por la maravillosa creación de Dios y
por su Palabra inspirada. Gozo porque Jesús nos amó tanto que murió por
nuestros pecados. Y gozo porque nos dio su Espíritu, la fuente del gozo
verdadero (Romanos 15:13). El Señor es la razón de que todo creyente «florecerá
como la palmera» y «aun en la vejez [fructificará]» (Salmo 92:12, 14).
¿Qué fruto es ese?
Independientemente de las circunstancias o las etapas de la vida, podemos ser
ejemplos de su amor con la vida que llevamos y las palabras que decimos. Hay
gozo en conocer al Señor, en vivir para Él y en testificar a otros de su
Persona.
¡Gracia y Paz!
Alyson Kieda
viernes, 26 de enero de 2018
miércoles, 24 de enero de 2018
Gálatas 5:22-23
Gálatas 5:22-23
“La clase de fruto que el
Espíritu Santo produce en nuestra vida es: amor, alegría, paz, paciencia,
gentileza, bondad, fidelidad, humildad y control propio. ¡No existen leyes
contra esas cosas!”.
Una vida espiritual madura y
verdadera es aquella que da los frutos que el Espíritu Santo produce. Nuestra
meta diaria de búsqueda de Dios tiene que ver con vivir llenos y de acuerdo a
estos frutos. El fruto es algo que se produce naturalmente cuando permanecemos
unidos a la fuente de vida y poder que es Jesús. Y Él dijo en Juan 14:16 que no
nos dejaría huérfanos, o solos, sino que enviaría a otro consolador, al
Espíritu Santo, para que esté siempre con nosotros.
Si queremos experimentar todo
este fruto del Espíritu Santo, lo único que necesitamos es rendirnos a Dios,
renunciar a todo lo que no le agrada, y tendremos la manifestación de su gloria.
Él Espíritu Santo nos provee
de poder, que es lo que necesitamos para vivir la vida cristiana victoriosa de
milagros, prodigios, dones, sabiduría de Dios y frutos que llenan todo nuestro
ser. Buscando su presencia con hambre, y estando enfocados en experimentar su
poderosa comunión, es que nos transformará a la imagen de Cristo. Nuestra mayor
fuente de poder es el Espíritu Santo, nuestro más grande aliado. Él nos habla
lo que el Padre y el Hijo dicen y nos trae el reino de Dios a nuestra vida. Tu
amistad con Él, producirá todo tipo de frutos gloriosos en ti, y que bendecirán
a muchos.
¡Gracia y Paz!
Esteban Correa
lunes, 22 de enero de 2018
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