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viernes, 26 de enero de 2018
sábado, 17 de diciembre de 2016
Mateo 11:29 LA PERSONA HUMILDE ES AQUELLA QUE IMITA A CRISTO
Mateo 11:29 (PDT)
“Acepten mi enseñanza y
aprendan de mí que soy paciente y humilde. Conmigo encontrarán descanso”.
lunes, 1 de agosto de 2016
Efesios 4:32
“Por el contrario, sean buenos y compasivos
los unos con los otros, y perdónense, así como Dios los perdonó a ustedes por
medio de Cristo”.
sábado, 30 de julio de 2016
martes, 17 de noviembre de 2015
lunes, 21 de septiembre de 2015
lunes, 14 de septiembre de 2015
HUMILDAD Y TEMOR DE DIOS, SON LA CLAVE DEL ÉXITO
Proverbios 22:3-5
“El prudente ve el mal y se esconde, mas los simples
siguen adelante y son castigados. La recompensa de la humildad y el temor del
SEÑOR son la riqueza, el honor y la vida. Espinos y lazos hay en el camino del
perverso; el que cuida su alma se alejará de ellos”.
¡Gracia y Paz!
viernes, 24 de julio de 2015
martes, 13 de mayo de 2014
¿QUÉ TAN HUMILDE ERES CON LOS DEMÁS?
¿Qué TAN humilde ERES
con los demás?
Filipenses 2:3
“Nada hagáis por contienda o por vanagloria;
antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él
mismo”.
En un vuelo internacional que partía de Johannesburg,
Africa del Sur, un negro de la tribu bantú se sentó al lado de una elegante
mujer blanca surafricana. Indignada, la mujer llamó a la azafata para quejarse.
—¿En qué puedo servirle, señora? — preguntó la azafata.
—¿Es que no se da cuenta? Su aerolínea me ha sentado al
lado de un bantú. No soporto viajar junto a este repugnante negro. ¡Búsqueme
otro asiento!
—Cálmese, por favor, señora — le respondió la azafata.
Este vuelo está repleto, pero voy a ver si hay algún otro asiento disponible.
Ante esto, la altanera mujer miró con desprecio al negro, y a su vez fue objeto
de la mirada acusadora de los pasajeros testigos del incidente. A los pocos
minutos regresó la azafata.
—Señora, tal como sospechaba, lamentablemente está llena
toda esta sección en clase turista, pero nos queda un asiento en primera clase.
La altiva pasajera miró con petulancia y autosuficiencia
a los demás pasajeros, pero antes de que pudiera decir nada, la azafata
continuó:
—Un cambio como este a primera clase es realmente
excepcional, así que fue necesario que el capitán mismo lo concediera. Dadas
las circunstancias, el capitán consideró intolerable que una persona se viera
obligada a sentarse al lado de otra tan detestable. Dicho esto, la azafata se
dirigió al negro y le dijo:
—Disculpe, señor, tenga la bondad de tomar su equipaje de
mano y acompañarme al frente, donde le tengo el asiento reservado.
Manifestando su aprobación, los pasajeros que fueron
testigos del suceso aplaudieron a su compañero de vuelo mientras éste se
dirigía a primera clase para acomodarse en su merecido asiento.
Con semejante actitud llevada a la práctica, cualquier
empresa o compañía en la actualidad se anotaría un triunfo en las relaciones
públicas, así como se cuenta que sucedió con aquella aerolínea. Ciertamente los
demás podrán olvidar lo que decimos, pero jamás olvidarán la manera como los
tratamos.
La Palabra de Dios nos enseña que debemos tratar a los
demás con humildad, integridad y justicia. Al apóstol Pablo le preocupaba que
todos nosotros tuviéramos “con qué responder a los que se dejan llevar por las
apariencias y no por lo que hay dentro del corazón” (2 Corintios 5:12). De esta
manera respondió el capitán de la aerolínea a la mujer surafricana de esta
anécdota. Pablo sabía que Dios no juzga por las apariencias, sino con justicia,
como su Hijo Jesucristo nos exhortó a que hiciéramos en Juan 7:24: “No juzguéis
según las apariencias, sino juzgad con justo juicio”.
Cuando Dios envió al profeta Samuel a ungir al que sería
el próximo rey de Israel, le dio la siguiente recomendación: “No mires a su
parecer, ni a lo grande de su estatura, porque yo lo desecho; porque Jehová no
mira lo que mira el hombre; pues el hombre mira lo que está delante de sus
ojos, pero Jehová mira el corazón” (1 Samuel 16:7). Como cristianos debemos
enfocar nuestros esfuerzos a valorar las personas por sus principios y actitudes
por encima de la apariencia externa.
¡Qué maravilloso sería este mundo si todos siguiéramos la
enseñanza de Jesús con relación a la regla de oro que nos dejó como parte de su
legado! Dice Mateo 7:12: “Así que, todas las cosas que queráis que los hombres
hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos”. Es decir, que cada
uno trate a los demás como quisiera que lo trataran a sí mismo. Esta sencilla
regla es la receta divina para destruir todos los prejuicios que existen en
este mundo, los maltratos, las injusticias. Pidamos a Dios que esta enseñanza
se grabe en nuestros corazones y sobretodo que la apliquemos al tratar a
aquellos que nos rodean.
ORACIÓN:
Amante Padre celestial, te ruego que tu Santo Espíritu
implante esta enseñanza en mi corazón de modo que haya en mí una actitud
humilde hacia mis hermano y hermanas de la Fe, mis amigos, mis compañeros de
trabajo, mis familiares y todos aquellos con los que de una manera u otra me
relaciono, y que yo pueda tratarlos como superiores a mí mismo en obediencia a
tu palabra. En el nombre de Jesús, Amén.
¡Gracia y Paz!
Dios te Habla
jueves, 8 de mayo de 2014
¿ESTÁS DISPUESTO A MENGUAR PARA QUE CRISTO CREZCA?
¿Estás dispuesto a
menguar para que Cristo crezca?
Juan 3:30
“Es necesario que él crezca, pero que yo
mengüe”
[Leer Juan 3:28-34]
Este pasaje nos muestra una declaración de Juan el
Bautista a sus discípulos cuando estos indagaron acerca de Jesús. En primer
lugar Juan deja claro ante todos que él no es el Cristo, sino que él había sido
enviado para preparar el camino para el Mesías, tal y como había declarado el
profeta Isaías más de siete siglos antes. Así leemos en Isaías 40:3: “Una voz
proclama: Preparen en el desierto un camino para el Señor; enderecen en la
estepa un sendero para nuestro Dios”. Juan les dice que “el que tiene la
esposa, es el esposo"; él es simplemente el amigo del esposo, y se goza al
oír la voz del esposo. Jesús es “el esposo”, y esta expresión es, sin duda, una
alusión a “la esposa del Cordero” (la iglesia de Cristo) mencionada en
Apocalipsis 21:9. También en Efesios 5:21-33, el apóstol Pablo dice: “Maridos,
amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí
mismo por ella”.
Habiendo establecido quien era el Cristo, Juan entonces
dice: “Es necesario que él crezca, pero que yo mengüe”. “Menguar” significa
disminuir, empequeñecer. A nadie le gusta disminuir. Esto es símbolo de
derrota, y no nos gusta ser derrotados. Sin embargo en el aspecto espiritual,
cuando nos bajamos nosotros del primer lugar y le damos el lugar de honor a
Jesucristo, es decir cuando menguamos nosotros y engrandecemos al Señor es
cuando verdaderamente obtenemos la victoria. Juan el Bautista hizo exactamente
esto. Primero él era el centro de atención, el único que bautizaba, el que
tenía discípulos. Ahora llegó el momento de dar el lugar de honor a Jesús, al
cual llamó “el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo” (Juan 1:29).
Cuando nosotros actuamos de esta manera, nuestro crecimiento espiritual no
tiene límites, “pues Dios no da el Espíritu por medida", termina diciendo
este pasaje.
Nuestro “yo” siempre se niega a retroceder o disminuir.
Esto es característico de nuestra naturaleza pecaminosa, pero cuando recibimos
a Jesucristo como Salvador personal se establece una lucha entre ese “yo” (la
carne) y el Espíritu Santo que ahora mora en nosotros. El resultado ideal de esta
batalla debe ser quitar el primer lugar al “yo” y cederlo al Señor. Esto sólo
es posible cuando menguamos más y más en nuestro orgullo, al extremo de morir a
todo lo relativo a la naturaleza carnal para que Cristo viva en nosotros y
actúe por nosotros. El apóstol Pablo entendió este principio perfectamente, y
fue capaz de crecer espiritualmente al punto que pudo decir: “Con Cristo estoy
juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí” (Gálatas 2:20).
Si quieres caminar en victoria en la vida debes renovar
tu mente conforme a los principios del reino de Dios. Tu meta debe ser que no
reine tu egoísmo personal sino el Señor Jesucristo. Mientras tu “yo” se
mantenga en primer lugar, Cristo no puede reinar en tu vida. Cuando tu “yo”
mengua, la vida de Jesús se manifiesta en ti, tu testimonio es agradable a Dios
y sus bendiciones sobreabundan en tu vida.
Comienza pidiendo a Dios que te ayude a ser humilde, que
ponga en ti el carácter de siervo que caracterizó a Jesús. Persiste en este
propósito, escudriña las Escrituras cada día en busca de sabiduría, persevera
en la oración y sirve en algún ministerio de tu iglesia, hasta que la vida de
Jesucristo se manifieste en ti de manera evidente.
ORACION:
Padre amado, yo entiendo que es necesario que yo mengüe
para que Cristo crezca en mi, pero me resulta muy difícil lograrlo. Por favor,
lléname de tu Espíritu y ayúdame a menguar para que Jesús sea el Rey y Señor de
toda mi vida. En su santo nombre te lo pido, Amén.
¡Gracia y Paz!
Dios te Habla
viernes, 28 de marzo de 2014
lunes, 10 de marzo de 2014
¿TRATAS A LOS DEMÁS COMO SUPERIORES A TI?
¿Tratas a los demás como superiores a ti?
Filipenses 2:3-4
“No hagan nada
por egoísmo o vanidad; más bien con humildad, considerando a los demás como
superiores a ustedes mismos. Cada uno debe velar no sólo por sus propios
intereses sino también por los intereses de los demás”.
En este pasaje el
Señor nos exhorta a tener una buena relación con los que nos rodean y nos da
una clave para lograrlo: “Trátalos como si fueran superiores a ti”. Por regla
general nos resulta fácil tratar con respeto a nuestros superiores en rango ya
sea en el trabajo, en la escuela, en la iglesia, en el campo militar o en
cualquier otra área en la que esté claramente definido el “nivel” de cada uno.
Sin embargo hay una tendencia a no ser tan respetuosos y amables con aquellos
que son considerados “inferiores” ya sea en educación, cultura, posición social
o económica, etc. En estas situaciones debemos manifestar humildad y darles a
ellos un lugar preferente. Esto no es fácil, pero si hacemos el esfuerzo y actuamos
de esta manera veremos una gran mejoría en nuestras relaciones con los demás.
Generalmente
pensamos en nosotros mismos primero y ponemos a todos los demás en segundo
lugar. Esto se llama "egoísmo". El egoísmo es la raíz de los males de
este mundo. Si Adán y Eva hubieran pensado en agradar y obedecer a Dios antes
que satisfacer sus propios deseos, la historia de la humanidad se hubiera
escrito de una manera completamente distinta.
Cuando
estudiamos Gramática en la escuela, aprendimos a conjugar los verbos siguiendo
este orden: Yo, tú, él, etc. Esta secuencia es un reflejo de la manera en que
actuamos en la vida. La Biblia
nos enseña una Gramática totalmente diferente. Primero está “él” (Dios), en
segundo lugar "tú" (el prójimo) y por último "yo". Si
empezamos a aplicar esta Gramática celestial en nuestras vidas y conjugamos los
verbos, es decir, si actuamos siguiendo estas reglas nuestras prioridades
cambiarán y empezaremos a obtener frutos y bendiciones que antes no veíamos.
Jesús nos dice en Marcos 10:31, que “muchos primeros serán postreros, y los
postreros, primeros”. Cuando hacemos un esfuerzo por actuar humildemente y nos
situamos detrás de los demás, muchas veces el Señor se encargará de movernos a
los primeros lugares.
Cuando un
fariseo intérprete de la ley, tratando de tentar a Jesús le preguntó: “Maestro,
¿cuál es el gran mandamiento en la ley?” (Mateo 22:36), el Señor le contestó:
“Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu
mente. Este es el primero y grande mandamiento”. Y continuó Jesús: “Y el
segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.” Primero Dios,
después tu prójimo, y por último tú. Esta es la enseñanza que Jesús dio a los
fariseos. De ella debemos aprender nosotros.
Cuando ponemos a
Dios en primer lugar en nuestras vidas estamos renunciando a la manera fácil
que nos dicta nuestra naturaleza pecaminosa; es decir estamos negándonos a
nosotros mismos, muriendo a los deseos de la carne. Dice Mateo 6:33: “Mas
buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os
serán añadidas”. Una vez el Señor ocupe el primer lugar en nuestros corazones,
no solamente esta promesa será una realidad en nuestras vidas y él suplirá
todas nuestras necesidades, sino que el amor y la paz de Dios harán que nos
resulte mucho más fácil amar y respetar a nuestro prójimo.
Recordemos
siempre y pongamos en práctica la
Gramática celestial: Él, tú y yo. Consideremos a los demás
como superiores a nosotros, y el nombre de Dios será glorificado a través de
nuestro testimonio, y como resultado seremos abundantemente bendecidos.
ORACIÓN:
Bendito Dios, te
pido perdón por mis actitudes egoístas, porque aún, en muchas cosas, yo quiero seguir
siendo el primero. Dame un espíritu de gratitud para ponerte en primer lugar en
mi vida, por encima de todo lo que ahora resulta más importante para mí. Y también
pon humildad y servidumbre en mí espíritu para que yo pueda tratar a los demás como
superiores a mí mismo. En el nombre de Jesús, Amén.
“Gracia y Paz”
Dios te Habla
viernes, 7 de marzo de 2014
LA HUMILDAD DE JUAN EL BAUTISTA
Es imposible saber con certeza
qué hubiesen hecho algunos personajes bíblicos de haber vivido en nuestra
época, pero al menos podemos tener una idea aproximada de cómo hubiesen
reaccionado a algunas de los recursos con que contamos hoy, por el carácter que
se muestra de ellos en las Escrituras.
Pensemos por un momento en Juan
el Bautista y el uso del Facebook, a la luz del cuadro que se pinta de él en:
Juan 1:19-27.
“Este es el testimonio de Juan,
cuando los judíos enviaron sacerdotes y levitas de Jerusalén a preguntarle:
¿Quién eres tú? Y él confesó y no negó; confesó: Yo no soy el Cristo. Y le
preguntaron: ¿Entonces, qué? ¿Eres Elías? Y él dijo: No soy. ¿Eres el profeta?
Y respondió: No. Entonces le dijeron: ¿Quién eres?, para que podamos dar
respuesta a los que nos enviaron. ¿Qué dices de ti mismo? El dijo: Yo soy LA VOZ DEL QUE CLAMA EN EL
DESIERTO: “ENDEREZAD EL CAMINO DEL SEÑOR”, como dijo el profeta Isaías. Los que
habían sido enviados eran de los fariseos. Y le preguntaron, y le dijeron:
Entonces, ¿por qué bautizas, si tú no eres el Cristo, ni Elías, ni el profeta?
Juan les respondió, diciendo: Yo bautizo en agua, pero entre vosotros está Uno
a quien no conocéis. El es el que viene después de mí, a quien yo no soy digno
de desatar la correa de su sandalia”.
En un post anterior dijimos que
uno de los peligros del Facebook es que promueve la cultura del narcisismo.
Decía en aquella ocasión:
El Diccionario de la Real Academia define
el narcisismo como: “Excesiva complacencia en la consideración de las propias
facultades u obras”. Otra acepción es: “Hombre que cuida demasiado de su adorno
y compostura, o se precia de galán y hermoso, como enamorado de sí mismo”.
Yo no estoy diciendo que todo el
que hace uso del Facebook es un narcisista, pero es indudable que se trata de
un instrumento que puede convertirse fácilmente en un vehículo de auto
promoción.
Y si hay algo claro en este
pasaje con respecto a Juan el Bautista, es que evitó a toda costa promoverse a
sí mismo. Cuando le preguntaron quién era él, de inmediato llevó el pensamiento
de ellos a la persona de Cristo: “Confesó y no negó; confesó: Yo no soy el
Cristo”.
Luego le preguntaron si él era
Elías o el profeta, y simplemente respondió: ¡No!. Finalmente le preguntaron
directamente: “¿Quién eres?… ¿Qué dices de ti mismo?” Esa pregunta les
fascinaría a muchos usuarios de Facebook, sobre todo si tuvieran tantas cosas
extraordinarias que decir de sí mismos, como era el caso de Juan.
Su nacimiento fue sobrenatural
(su papá era un anciano y su madre era estéril), su nombre fue revelado a sus
padres por el ángel Gabriel, fue lleno del Espíritu Santo desde el vientre de
su madre (Lucas 1:15), fue el precursor del Mesías, vivió en el desierto
comiendo langostas y miel silvestre.
Pero nuevamente volvió a dirigir
la mirada de sus interlocutores a la persona de Cristo:
El dijo: Yo soy LA VOZ DEL QUE CLAMA EN EL
DESIERTO: “ENDEREZAD EL CAMINO DEL SEÑOR”, como dijo el profeta Isaías.
Y cuando insistieron en preguntarle
por qué bautizaba si él no era el Cristo, ni Elías ni el profeta, su respuesta
fue la misma: “Miren a Cristo”:
“Yo bautizo en agua, pero entre
vosotros está Uno a quien no conocéis. El es el que viene después de mí, a
quien yo no soy digno de desatar la correa de su sandalia”.
Me pregunto qué diferencia habría
si los usuarios de Facebook, que profesan ser creyentes, imitaran a Juan el
Bautista en esto. Creo que habría menos narcisismo en la red y más de Cristo.
“Gracia y Paz”
© Por Sugel Michelén. Todo
Pensamiento Cautivo. Usted puede reproducir y distribuir este material, siempre
que sea sin fines de lucro, sin alterar su contenido y reconociendo su autor y
procedencia.
domingo, 2 de marzo de 2014
"DIOS RESISTE A LOS SOBERBIOS"
1 Pedro 5:5-6
“Dios resiste a los soberbios, Y da gracia
a los humildes. Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que él os
exalte cuando fuere tiempo”.
jueves, 10 de octubre de 2013
¿TIENES AFÁN DE GRANDEZA?
2 Crónicas
26:14-19
“Y Uzías preparó
para todo el ejército escudos, lanzas, yelmos, coseletes, arcos, y hondas para
tirar piedras. E hizo en Jerusalén máquinas inventadas por ingenieros, para que
estuviesen en las torres y en los baluartes, para arrojar saetas y grandes
piedras. Y su fama se extendió lejos, porque fue ayudado maravillosamente,
hasta hacerse poderoso. Mas cuando ya era fuerte, su corazón se enalteció para
su ruina; porque se rebeló contra Jehová su Dios, entrando en el templo de
Jehová para quemar incienso en el altar del incienso. Y entró tras él el
sacerdote Azarías, y con él ochenta sacerdotes de Jehová, varones valientes. Y
se pusieron contra el rey Uzías, y le dijeron: No te corresponde a ti, oh
Uzías, el quemar incienso a Jehová, sino a los sacerdotes hijos de Aarón, que
son consagrados para quemarlo. Sal del santuario, porque has prevaricado, y no
te será para gloria delante de Jehová Dios. Entonces Uzías, teniendo en la mano
un incensario para ofrecer incienso, se llenó de ira; y en su ira contra los
sacerdotes, la lepra le brotó en la frente, delante de los sacerdotes en la
casa de Jehová, junto al altar del incienso”
El rey Uzías
llegó al poder cuando tenía 16 años de edad y, al igual que su padre Amasías,
“hizo lo recto ante los ojos de Jehová”, dice 2 Crónicas 26:4. Temía a Dios y
condujo a la nación a una larga era de prosperidad. Su fama se difundió mucho,
pero aparentemente prestó mucha atención a los que elogiaban su “grandeza”, y
como consecuencia “su corazón se enalteció”, dice el pasaje de hoy. En su
orgullo quiso asumir el papel de sacerdote, pero este puesto Dios lo había
reservado para los descendientes de Aarón, y por ese acto de jactancia y
autosuficiencia el Señor lo afligió con lepra, y fue leproso hasta el día de su
muerte. Su afán de grandeza lo llevó a la ruina.
Durante la Segunda Guerra
Mundial, Harry Truman se convirtió en presidente de los Estados Unidos cuando
murió Franklin Delano Roosevelt. Truman dijo que se sentía como si le hubiera
caído un gran peso encima, y pidió a todos que oraran por él. Sam Rayburn, un
viejo amigo de Truman, conciente de la debilidad humana le dijo: “Te van a
decir lo grande que eres, Harry, pero tú y yo sabemos que no lo eres”.
Ciertamente no hay hombres ni mujeres que sean realmente grandes. Sólo hay un
Dios grande y todopoderoso que permite a algunos sobresalir y ser líderes
eficaces y exitosos. Estar concientes de esto impedirá que nos vanagloriemos si
alguien nos alaba o nos dice lo “grandes” que somos. Sólo Dios es
verdaderamente grande y digno de alabanza.
Cuando Jacobo y
Juan (discípulos de Jesús), se acercaron al Señor pidiéndole que en su gloria
les concediera sentarse uno a su derecha y el otro a su izquierda (Marcos
10:37), Jesús les dijo: “Cualquiera de vosotros que desee llegar a ser grande
será vuestro servidor, y cualquiera de vosotros que desee ser el primero será
siervo de todos. Porque ni aun el Hijo del Hombre vino para ser servido, sino
para servir, y para dar su vida en rescate por muchos”. Por eso después de su
resurrección Dios le exaltó hasta lo sumo, dice Filipenses 2:9.
Es posible que
deseemos en algún momento sobresalir por encima de los demás ya sea en los
estudios, en el trabajo, en la iglesia o en cualquier otro grupo del que
formemos parte. Y eso está muy bien, pues debemos buscar la excelencia en todo
lo que hagamos. Pero no debemos olvidar que por nuestras propias fuerzas no
obtendremos ningún éxito duradero, pues separados del Señor nada podemos hacer,
afirma Jesús en Juan 15:5. Debemos buscar la ayuda del Señor en todo lo que
hagamos y agradecerle a él por todo lo que logremos. Si no lo hacemos corremos
el peligro de llenarnos de orgullo y enaltecernos a nosotros mismos, y esto
puede traernos malas consecuencias. Por eso debemos reflexionar en la enseñanza
de hoy y ponerla en práctica en nuestras vidas. Tengamos siempre presente la
advertencia de Jesús en Mateo 23:12: “El que se enaltece será humillado, y el
que se humilla será enaltecido”.
ORACIÓN
Padre Santo, te
ruego que no permitas que mi corazón se enaltezca ni haya en mí afán de
grandeza. Por favor, pon en mí un espíritu de humildad y de servicio para
agradarte en todo lo que yo haga y así experimentar la grandeza y la gloria que
provienen de ti. En el nombre de Jesús, Amén.
“Gracia y Paz”
Dios te Habla
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