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sábado, 17 de diciembre de 2016

lunes, 1 de agosto de 2016

Efesios 4:32




“Por el contrario, sean buenos y compasivos los unos con los otros, y perdónense, así como Dios los perdonó a ustedes por medio de Cristo”.

lunes, 14 de septiembre de 2015

HUMILDAD Y TEMOR DE DIOS, SON LA CLAVE DEL ÉXITO



Proverbios 22:3-5
“El prudente ve el mal y se esconde, mas los simples siguen adelante y son castigados. La recompensa de la humildad y el temor del SEÑOR son la riqueza, el honor y la vida. Espinos y lazos hay en el camino del perverso; el que cuida su alma se alejará de ellos”.


¡Gracia y Paz!

martes, 13 de mayo de 2014

¿QUÉ TAN HUMILDE ERES CON LOS DEMÁS?


¿Qué TAN humilde ERES con los demás?  

Filipenses 2:3
“Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo”.

En un vuelo internacional que partía de Johannesburg, Africa del Sur, un negro de la tribu bantú se sentó al lado de una elegante mujer blanca surafricana. Indignada, la mujer llamó a la azafata para quejarse.

—¿En qué puedo servirle, señora? — preguntó la azafata.

—¿Es que no se da cuenta? Su aerolínea me ha sentado al lado de un bantú. No soporto viajar junto a este repugnante negro. ¡Búsqueme otro asiento!

—Cálmese, por favor, señora — le respondió la azafata. Este vuelo está repleto, pero voy a ver si hay algún otro asiento disponible. Ante esto, la altanera mujer miró con desprecio al negro, y a su vez fue objeto de la mirada acusadora de los pasajeros testigos del incidente. A los pocos minutos regresó la azafata.

—Señora, tal como sospechaba, lamentablemente está llena toda esta sección en clase turista, pero nos queda un asiento en primera clase.

La altiva pasajera miró con petulancia y autosuficiencia a los demás pasajeros, pero antes de que pudiera decir nada, la azafata continuó:

—Un cambio como este a primera clase es realmente excepcional, así que fue necesario que el capitán mismo lo concediera. Dadas las circunstancias, el capitán consideró intolerable que una persona se viera obligada a sentarse al lado de otra tan detestable. Dicho esto, la azafata se dirigió al negro y le dijo:

—Disculpe, señor, tenga la bondad de tomar su equipaje de mano y acompañarme al frente, donde le tengo el asiento reservado.

Manifestando su aprobación, los pasajeros que fueron testigos del suceso aplaudieron a su compañero de vuelo mientras éste se dirigía a primera clase para acomodarse en su merecido asiento.

Con semejante actitud llevada a la práctica, cualquier empresa o compañía en la actualidad se anotaría un triunfo en las relaciones públicas, así como se cuenta que sucedió con aquella aerolínea. Ciertamente los demás podrán olvidar lo que decimos, pero jamás olvidarán la manera como los tratamos.

La Palabra de Dios nos enseña que debemos tratar a los demás con humildad, integridad y justicia. Al apóstol Pablo le preocupaba que todos nosotros tuviéramos “con qué responder a los que se dejan llevar por las apariencias y no por lo que hay dentro del corazón” (2 Corintios 5:12). De esta manera respondió el capitán de la aerolínea a la mujer surafricana de esta anécdota. Pablo sabía que Dios no juzga por las apariencias, sino con justicia, como su Hijo Jesucristo nos exhortó a que hiciéramos en Juan 7:24: “No juzguéis según las apariencias, sino juzgad con justo juicio”.

Cuando Dios envió al profeta Samuel a ungir al que sería el próximo rey de Israel, le dio la siguiente recomendación: “No mires a su parecer, ni a lo grande de su estatura, porque yo lo desecho; porque Jehová no mira lo que mira el hombre; pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón” (1 Samuel 16:7). Como cristianos debemos enfocar nuestros esfuerzos a valorar las personas por sus principios y actitudes por encima de la apariencia externa.

¡Qué maravilloso sería este mundo si todos siguiéramos la enseñanza de Jesús con relación a la regla de oro que nos dejó como parte de su legado! Dice Mateo 7:12: “Así que, todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos”. Es decir, que cada uno trate a los demás como quisiera que lo trataran a sí mismo. Esta sencilla regla es la receta divina para destruir todos los prejuicios que existen en este mundo, los maltratos, las injusticias. Pidamos a Dios que esta enseñanza se grabe en nuestros corazones y sobretodo que la apliquemos al tratar a aquellos que nos rodean.

ORACIÓN:
Amante Padre celestial, te ruego que tu Santo Espíritu implante esta enseñanza en mi corazón de modo que haya en mí una actitud humilde hacia mis hermano y hermanas de la Fe, mis amigos, mis compañeros de trabajo, mis familiares y todos aquellos con los que de una manera u otra me relaciono, y que yo pueda tratarlos como superiores a mí mismo en obediencia a tu palabra. En el nombre de Jesús, Amén.

¡Gracia y Paz!
Dios te Habla


jueves, 8 de mayo de 2014

¿ESTÁS DISPUESTO A MENGUAR PARA QUE CRISTO CREZCA?


¿Estás dispuesto a menguar para que Cristo crezca?

Juan 3:30
“Es necesario que él crezca, pero que yo mengüe”

[Leer Juan 3:28-34]

Este pasaje nos muestra una declaración de Juan el Bautista a sus discípulos cuando estos indagaron acerca de Jesús. En primer lugar Juan deja claro ante todos que él no es el Cristo, sino que él había sido enviado para preparar el camino para el Mesías, tal y como había declarado el profeta Isaías más de siete siglos antes. Así leemos en Isaías 40:3: “Una voz proclama: Preparen en el desierto un camino para el Señor; enderecen en la estepa un sendero para nuestro Dios”. Juan les dice que “el que tiene la esposa, es el esposo"; él es simplemente el amigo del esposo, y se goza al oír la voz del esposo. Jesús es “el esposo”, y esta expresión es, sin duda, una alusión a “la esposa del Cordero” (la iglesia de Cristo) mencionada en Apocalipsis 21:9. También en Efesios 5:21-33, el apóstol Pablo dice: “Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella”.

Habiendo establecido quien era el Cristo, Juan entonces dice: “Es necesario que él crezca, pero que yo mengüe”. “Menguar” significa disminuir, empequeñecer. A nadie le gusta disminuir. Esto es símbolo de derrota, y no nos gusta ser derrotados. Sin embargo en el aspecto espiritual, cuando nos bajamos nosotros del primer lugar y le damos el lugar de honor a Jesucristo, es decir cuando menguamos nosotros y engrandecemos al Señor es cuando verdaderamente obtenemos la victoria. Juan el Bautista hizo exactamente esto. Primero él era el centro de atención, el único que bautizaba, el que tenía discípulos. Ahora llegó el momento de dar el lugar de honor a Jesús, al cual llamó “el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo” (Juan 1:29). Cuando nosotros actuamos de esta manera, nuestro crecimiento espiritual no tiene límites, “pues Dios no da el Espíritu por medida", termina diciendo este pasaje.

Nuestro “yo” siempre se niega a retroceder o disminuir. Esto es característico de nuestra naturaleza pecaminosa, pero cuando recibimos a Jesucristo como Salvador personal se establece una lucha entre ese “yo” (la carne) y el Espíritu Santo que ahora mora en nosotros. El resultado ideal de esta batalla debe ser quitar el primer lugar al “yo” y cederlo al Señor. Esto sólo es posible cuando menguamos más y más en nuestro orgullo, al extremo de morir a todo lo relativo a la naturaleza carnal para que Cristo viva en nosotros y actúe por nosotros. El apóstol Pablo entendió este principio perfectamente, y fue capaz de crecer espiritualmente al punto que pudo decir: “Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí” (Gálatas 2:20).

Si quieres caminar en victoria en la vida debes renovar tu mente conforme a los principios del reino de Dios. Tu meta debe ser que no reine tu egoísmo personal sino el Señor Jesucristo. Mientras tu “yo” se mantenga en primer lugar, Cristo no puede reinar en tu vida. Cuando tu “yo” mengua, la vida de Jesús se manifiesta en ti, tu testimonio es agradable a Dios y sus bendiciones sobreabundan en tu vida.

Comienza pidiendo a Dios que te ayude a ser humilde, que ponga en ti el carácter de siervo que caracterizó a Jesús. Persiste en este propósito, escudriña las Escrituras cada día en busca de sabiduría, persevera en la oración y sirve en algún ministerio de tu iglesia, hasta que la vida de Jesucristo se manifieste en ti de manera evidente.

ORACION:
Padre amado, yo entiendo que es necesario que yo mengüe para que Cristo crezca en mi, pero me resulta muy difícil lograrlo. Por favor, lléname de tu Espíritu y ayúdame a menguar para que Jesús sea el Rey y Señor de toda mi vida. En su santo nombre te lo pido, Amén.

¡Gracia y Paz!

Dios te Habla

viernes, 28 de marzo de 2014

lunes, 10 de marzo de 2014

¿TRATAS A LOS DEMÁS COMO SUPERIORES A TI?



¿Tratas a los demás como superiores a ti?

Filipenses 2:3-4
“No hagan nada por egoísmo o vanidad; más bien con humildad, considerando a los demás como superiores a ustedes mismos. Cada uno debe velar no sólo por sus propios intereses sino también por los intereses de los demás”.

En este pasaje el Señor nos exhorta a tener una buena relación con los que nos rodean y nos da una clave para lograrlo: “Trátalos como si fueran superiores a ti”. Por regla general nos resulta fácil tratar con respeto a nuestros superiores en rango ya sea en el trabajo, en la escuela, en la iglesia, en el campo militar o en cualquier otra área en la que esté claramente definido el “nivel” de cada uno. Sin embargo hay una tendencia a no ser tan respetuosos y amables con aquellos que son considerados “inferiores” ya sea en educación, cultura, posición social o económica, etc. En estas situaciones debemos manifestar humildad y darles a ellos un lugar preferente. Esto no es fácil, pero si hacemos el esfuerzo y actuamos de esta manera veremos una gran mejoría en nuestras relaciones con los demás.

Generalmente pensamos en nosotros mismos primero y ponemos a todos los demás en segundo lugar. Esto se llama "egoísmo". El egoísmo es la raíz de los males de este mundo. Si Adán y Eva hubieran pensado en agradar y obedecer a Dios antes que satisfacer sus propios deseos, la historia de la humanidad se hubiera escrito de una manera completamente distinta.

Cuando estudiamos Gramática en la escuela, aprendimos a conjugar los verbos siguiendo este orden: Yo, tú, él, etc. Esta secuencia es un reflejo de la manera en que actuamos en la vida. La Biblia nos enseña una Gramática totalmente diferente. Primero está “él” (Dios), en segundo lugar "tú" (el prójimo) y por último "yo". Si empezamos a aplicar esta Gramática celestial en nuestras vidas y conjugamos los verbos, es decir, si actuamos siguiendo estas reglas nuestras prioridades cambiarán y empezaremos a obtener frutos y bendiciones que antes no veíamos. Jesús nos dice en Marcos 10:31, que “muchos primeros serán postreros, y los postreros, primeros”. Cuando hacemos un esfuerzo por actuar humildemente y nos situamos detrás de los demás, muchas veces el Señor se encargará de movernos a los primeros lugares.

Cuando un fariseo intérprete de la ley, tratando de tentar a Jesús le preguntó: “Maestro, ¿cuál es el gran mandamiento en la ley?” (Mateo 22:36), el Señor le contestó: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento”. Y continuó Jesús: “Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.” Primero Dios, después tu prójimo, y por último tú. Esta es la enseñanza que Jesús dio a los fariseos. De ella debemos aprender nosotros.

Cuando ponemos a Dios en primer lugar en nuestras vidas estamos renunciando a la manera fácil que nos dicta nuestra naturaleza pecaminosa; es decir estamos negándonos a nosotros mismos, muriendo a los deseos de la carne. Dice Mateo 6:33: “Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas”. Una vez el Señor ocupe el primer lugar en nuestros corazones, no solamente esta promesa será una realidad en nuestras vidas y él suplirá todas nuestras necesidades, sino que el amor y la paz de Dios harán que nos resulte mucho más fácil amar y respetar a nuestro prójimo.

Recordemos siempre y pongamos en práctica la Gramática celestial: Él, tú y yo. Consideremos a los demás como superiores a nosotros, y el nombre de Dios será glorificado a través de nuestro testimonio, y como resultado seremos abundantemente bendecidos.

ORACIÓN:
Bendito Dios, te pido perdón por mis actitudes egoístas, porque aún, en muchas cosas, yo quiero seguir siendo el primero. Dame un espíritu de gratitud para ponerte en primer lugar en mi vida, por encima de todo lo que ahora resulta más importante para mí. Y también pon humildad y servidumbre en mí espíritu para que yo pueda tratar a los demás como superiores a mí mismo. En el nombre de Jesús, Amén.

“Gracia y Paz”

Dios te Habla

viernes, 7 de marzo de 2014

LA HUMILDAD DE JUAN EL BAUTISTA



LA HUMILDAD DE JUAN EL BAUTISTA

Es imposible saber con certeza qué hubiesen hecho algunos personajes bíblicos de haber vivido en nuestra época, pero al menos podemos tener una idea aproximada de cómo hubiesen reaccionado a algunas de los recursos con que contamos hoy, por el carácter que se muestra de ellos en las Escrituras.

Pensemos por un momento en Juan el Bautista y el uso del Facebook, a la luz del cuadro que se pinta de él en:

Juan 1:19-27.
“Este es el testimonio de Juan, cuando los judíos enviaron sacerdotes y levitas de Jerusalén a preguntarle: ¿Quién eres tú? Y él confesó y no negó; confesó: Yo no soy el Cristo. Y le preguntaron: ¿Entonces, qué? ¿Eres Elías? Y él dijo: No soy. ¿Eres el profeta? Y respondió: No. Entonces le dijeron: ¿Quién eres?, para que podamos dar respuesta a los que nos enviaron. ¿Qué dices de ti mismo? El dijo: Yo soy LA VOZ DEL QUE CLAMA EN EL DESIERTO: “ENDEREZAD EL CAMINO DEL SEÑOR”, como dijo el profeta Isaías. Los que habían sido enviados eran de los fariseos. Y le preguntaron, y le dijeron: Entonces, ¿por qué bautizas, si tú no eres el Cristo, ni Elías, ni el profeta? Juan les respondió, diciendo: Yo bautizo en agua, pero entre vosotros está Uno a quien no conocéis. El es el que viene después de mí, a quien yo no soy digno de desatar la correa de su sandalia”.

En un post anterior dijimos que uno de los peligros del Facebook es que promueve la cultura del narcisismo. Decía en aquella ocasión:

El Diccionario de la Real Academia define el narcisismo como: “Excesiva complacencia en la consideración de las propias facultades u obras”. Otra acepción es: “Hombre que cuida demasiado de su adorno y compostura, o se precia de galán y hermoso, como enamorado de sí mismo”.

Yo no estoy diciendo que todo el que hace uso del Facebook es un narcisista, pero es indudable que se trata de un instrumento que puede convertirse fácilmente en un vehículo de auto promoción.

Y si hay algo claro en este pasaje con respecto a Juan el Bautista, es que evitó a toda costa promoverse a sí mismo. Cuando le preguntaron quién era él, de inmediato llevó el pensamiento de ellos a la persona de Cristo: “Confesó y no negó; confesó: Yo no soy el Cristo”.

Luego le preguntaron si él era Elías o el profeta, y simplemente respondió: ¡No!. Finalmente le preguntaron directamente: “¿Quién eres?… ¿Qué dices de ti mismo?” Esa pregunta les fascinaría a muchos usuarios de Facebook, sobre todo si tuvieran tantas cosas extraordinarias que decir de sí mismos, como era el caso de Juan.

Su nacimiento fue sobrenatural (su papá era un anciano y su madre era estéril), su nombre fue revelado a sus padres por el ángel Gabriel, fue lleno del Espíritu Santo desde el vientre de su madre (Lucas 1:15), fue el precursor del Mesías, vivió en el desierto comiendo langostas y miel silvestre.

Pero nuevamente volvió a dirigir la mirada de sus interlocutores a la persona de Cristo:

El dijo: Yo soy LA VOZ DEL QUE CLAMA EN EL DESIERTO: “ENDEREZAD EL CAMINO DEL SEÑOR”, como dijo el profeta Isaías.

Y cuando insistieron en preguntarle por qué bautizaba si él no era el Cristo, ni Elías ni el profeta, su respuesta fue la misma: “Miren a Cristo”:

“Yo bautizo en agua, pero entre vosotros está Uno a quien no conocéis. El es el que viene después de mí, a quien yo no soy digno de desatar la correa de su sandalia”.

Me pregunto qué diferencia habría si los usuarios de Facebook, que profesan ser creyentes, imitaran a Juan el Bautista en esto. Creo que habría menos narcisismo en la red y más de Cristo.


“Gracia y Paz”

© Por Sugel Michelén. Todo Pensamiento Cautivo. Usted puede reproducir y distribuir este material, siempre que sea sin fines de lucro, sin alterar su contenido y reconociendo su autor y procedencia.

domingo, 2 de marzo de 2014

"DIOS RESISTE A LOS SOBERBIOS"



1 Pedro 5:5-6

“Dios resiste a los soberbios, Y da gracia a los humildes. Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que él os exalte cuando fuere tiempo”.

jueves, 10 de octubre de 2013

¿TIENES AFÁN DE GRANDEZA?



2 Crónicas 26:14-19
“Y Uzías preparó para todo el ejército escudos, lanzas, yelmos, coseletes, arcos, y hondas para tirar piedras. E hizo en Jerusalén máquinas inventadas por ingenieros, para que estuviesen en las torres y en los baluartes, para arrojar saetas y grandes piedras. Y su fama se extendió lejos, porque fue ayudado maravillosamente, hasta hacerse poderoso. Mas cuando ya era fuerte, su corazón se enalteció para su ruina; porque se rebeló contra Jehová su Dios, entrando en el templo de Jehová para quemar incienso en el altar del incienso. Y entró tras él el sacerdote Azarías, y con él ochenta sacerdotes de Jehová, varones valientes. Y se pusieron contra el rey Uzías, y le dijeron: No te corresponde a ti, oh Uzías, el quemar incienso a Jehová, sino a los sacerdotes hijos de Aarón, que son consagrados para quemarlo. Sal del santuario, porque has prevaricado, y no te será para gloria delante de Jehová Dios. Entonces Uzías, teniendo en la mano un incensario para ofrecer incienso, se llenó de ira; y en su ira contra los sacerdotes, la lepra le brotó en la frente, delante de los sacerdotes en la casa de Jehová, junto al altar del incienso”

El rey Uzías llegó al poder cuando tenía 16 años de edad y, al igual que su padre Amasías, “hizo lo recto ante los ojos de Jehová”, dice 2 Crónicas 26:4. Temía a Dios y condujo a la nación a una larga era de prosperidad. Su fama se difundió mucho, pero aparentemente prestó mucha atención a los que elogiaban su “grandeza”, y como consecuencia “su corazón se enalteció”, dice el pasaje de hoy. En su orgullo quiso asumir el papel de sacerdote, pero este puesto Dios lo había reservado para los descendientes de Aarón, y por ese acto de jactancia y autosuficiencia el Señor lo afligió con lepra, y fue leproso hasta el día de su muerte. Su afán de grandeza lo llevó a la ruina.

Durante la Segunda Guerra Mundial, Harry Truman se convirtió en presidente de los Estados Unidos cuando murió Franklin Delano Roosevelt. Truman dijo que se sentía como si le hubiera caído un gran peso encima, y pidió a todos que oraran por él. Sam Rayburn, un viejo amigo de Truman, conciente de la debilidad humana le dijo: “Te van a decir lo grande que eres, Harry, pero tú y yo sabemos que no lo eres”. Ciertamente no hay hombres ni mujeres que sean realmente grandes. Sólo hay un Dios grande y todopoderoso que permite a algunos sobresalir y ser líderes eficaces y exitosos. Estar concientes de esto impedirá que nos vanagloriemos si alguien nos alaba o nos dice lo “grandes” que somos. Sólo Dios es verdaderamente grande y digno de alabanza.

Cuando Jacobo y Juan (discípulos de Jesús), se acercaron al Señor pidiéndole que en su gloria les concediera sentarse uno a su derecha y el otro a su izquierda (Marcos 10:37), Jesús les dijo: “Cualquiera de vosotros que desee llegar a ser grande será vuestro servidor, y cualquiera de vosotros que desee ser el primero será siervo de todos. Porque ni aun el Hijo del Hombre vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos”. Por eso después de su resurrección Dios le exaltó hasta lo sumo, dice Filipenses 2:9.

Es posible que deseemos en algún momento sobresalir por encima de los demás ya sea en los estudios, en el trabajo, en la iglesia o en cualquier otro grupo del que formemos parte. Y eso está muy bien, pues debemos buscar la excelencia en todo lo que hagamos. Pero no debemos olvidar que por nuestras propias fuerzas no obtendremos ningún éxito duradero, pues separados del Señor nada podemos hacer, afirma Jesús en Juan 15:5. Debemos buscar la ayuda del Señor en todo lo que hagamos y agradecerle a él por todo lo que logremos. Si no lo hacemos corremos el peligro de llenarnos de orgullo y enaltecernos a nosotros mismos, y esto puede traernos malas consecuencias. Por eso debemos reflexionar en la enseñanza de hoy y ponerla en práctica en nuestras vidas. Tengamos siempre presente la advertencia de Jesús en Mateo 23:12: “El que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido”.

ORACIÓN
Padre Santo, te ruego que no permitas que mi corazón se enaltezca ni haya en mí afán de grandeza. Por favor, pon en mí un espíritu de humildad y de servicio para agradarte en todo lo que yo haga y así experimentar la grandeza y la gloria que provienen de ti. En el nombre de Jesús, Amén.


“Gracia y Paz”
Dios te Habla

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