jueves, 11 de abril de 2013

EL CIELO: NUESTRO HOGAR ETERNO



Apocalipsis 21:1-6
“Vi un cielo nuevo y una tierra nueva; porque el primer cielo y la primera tierra pasaron, y el mar ya no existía más. Y yo Juan vi la santa ciudad, la nueva Jerusalén, descender del cielo, de Dios, dispuesta como una esposa ataviada para su marido. Y oí una gran voz del cielo que decía: He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y él morará con ellos; y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos como su Dios. Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron. Y el que estaba sentado en el trono dijo: He aquí, yo hago nuevas todas las cosas. Y me dijo: Escribe; porque estas palabras son fieles y verdaderas. Y me dijo: Hecho está. Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin. Al que tuviere sed, yo le daré gratuitamente de la fuente del agua de la vida”.

Una persona sabia se preparará para lo inevitable. Y lo más inevitable en el mundo es nuestro fallecimiento físico. No fuimos creados para vivir para siempre en nuestros cuerpos terrenales; somos seres eternos con propósitos eternos. Con un resultado tan seguro, sería sabio pasar el tiempo en la Tierra preparándonos para el futuro en la eternidad.

¿Has puesto tu fe en Jesucristo como tu Salvador? Si es así, entonces puedes estar seguro de que pasarás la eternidad con Él en el cielo. Sin embargo, ¿qué haremos cuando lleguemos allá?” A pesar de las descripciones habituales de la vida venidera, no estaremos sentados en las nubes tocando arpas, pues nos aguarda un futuro emocionante.

Alabaremos a Dios. Si tu estuviste alguna vez enamorado apasionadamente de alguien, probablemente recordarás lo difícil que le era pensar en alguna otra cosa. En cierto modo, así es como veremos a Dios en el cielo: como nuestra máxima fuente de amor y compañía. Nuestra relación con Él superará cualquier “sentimiento” de amor que hayamos experimentado jamás. Mucho más que un simple sentimiento, será el fruto de una unión totalmente perfecta con nuestro Padre celestial.

Brillaremos para Dios. En el cielo, las limitaciones terrenales serán eliminadas, permitiendo que la gloria de Dios brille en cada creyente (Mt 13.43).

Reinaremos con Dios. ¿Entiendes cuán valioso eres tu para tu Creador? Romanos 8:16, 17 nos dice que no solo somos hijos de Dios, sino también coherederos con Cristo. Esto significa que seremos parte de todo lo que el Padre ha designado para su Hijo.

El cielo es una realidad, y en Juan 14:6, Jesús dijo que solamente hay una manera de llegar allá: Por medio de Él.

“Gracia y Paz”
Meditación Diaria

¿DICES QUE SI YO DECRETO, TODO LO QUE QUIERA ME SERÁ DADO?




2 Timoteo 3:16-17
“Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra”.

Hebreos 12:14
“Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor”.

“Gracia y Paz”

ORACIÓN




Padre de amor y de misericordia, Dios de toda consolación, hazme un instrumento tuyo, oh Señor, para llevar a aquellos que sufren el aliento y el consuelo que sólo tú puedes dar. En el nombre de Jesús, Amén.

“Gracia y Paz”

¿TE HAS ARREPENTIDO SINCERAMENTE?



Mateo 3:1-3
“En aquellos días vino Juan el Bautista predicando en el desierto de Judea, y diciendo: Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado. Pues éste es aquel de quien habló el profeta Isaías, cuando dijo: Voz del que clama en el desierto: Preparad el camino del Señor, enderezad sus sendas”.

Poco tiempo antes de que Jesús comenzara su ministerio aquí en la tierra, hizo su aparición en el desierto de Judea Juan el Bautista, quien predicaba diciendo: “Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado...” De esta manera se cumplió lo escrito por el profeta Isaías unos ocho siglos antes. “Después que Juan fue encarcelado, Jesús vino a Galilea predicando el evangelio del reino de Dios, diciendo: El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos, y creed en el evangelio” (Marcos 1:14-15).

Para los judíos no era nuevo escuchar acerca de la necesidad de arrepentirse. En el Antiguo Testamento Dios les dijo: “Si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra” (2 Crónicas 7:14). Pasaron varios siglos, y ahora Jesús les dice: “El tiempo se ha cumplido” Por lo tanto había una mayor urgencia en esta exhortación al arrepentimiento.

¿Y qué es el arrepentimiento? La palabra griega que se traduce como “arrepentimiento” en el Nuevo Testamento es “metanoeó”, que significa “cambiar de pensamiento”. Por lo tanto, el arrepentimiento es el acto de cambiar nuestra manera de pensar. El verdadero arrepentimiento consiste en cambiar nuestro enfoque de las cosas terrenales a las cosas del cielo, abandonando las cosas del mundo y volviéndonos a Dios. Es renunciar a un pecado no por un tiempo, sino rechazándolo completamente y para siempre. Es un cambio total de dirección en la vida, similar a una “vuelta en U” cuando conducimos el auto.

“Si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación” (Romanos 10:9-10). Esta confesión implica el reconocimiento de que somos pecadores, que estamos arrepentidos y que Jesús es el Señor, quien dio su vida para pagar la deuda que teníamos con Dios. Al aceptar ese sacrificio y confesarlo con nuestros labios somos justificados y tenemos salvación y vida eterna.

Una vez aceptamos a Jesucristo como salvador, comienza en nosotros el proceso de santificación por medio del Espíritu Santo. Durante este proceso de crecimiento espiritual, irremediablemente caeremos en pecado ocasionalmente, y con este fin Dios ha provisto un medio de restaurarnos y levantarnos, el cual requiere también arrepentimiento y confesión de pecados. “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad” (1 Juan 1:9). Esto sólo se aplica a aquellos que hemos sido salvos. Cuando nos sentimos tristes por haber pecado contra nuestro Padre celestial, venimos ante él y confesamos nuestro pecado y le pedimos perdón. Los que no han sido salvos necesitan seguir las instrucciones de Romanos 10:9-10. Pero tanto en un caso como en el otro se requiere un verdadero arrepentimiento. Dios conoce cada corazón, y sabe quien es genuino y quien no lo es.

Pedro negó a Jesús, y cuando se dio cuenta de su error “lloró amargamente”. Su arrepentimiento fue verdadero y Pedro fue perdonado. Después fue un siervo fiel del Señor hasta su muerte. Judas Iscariote entregó a Jesús, y cuando se dio cuenta de su pecado, dice la Biblia, “devolvió arrepentido las treinta piezas de plata a los principales sacerdotes”. Pero después salió, y se ahorcó. Sin duda su arrepentimiento no fue genuino, y tuvo que pagar las consecuencias de tan horrible pecado.

Ya sea que aun no eres salvo o que siendo salvo has caído en pecado, necesitas arrepentirte de corazón y acercarte humildemente a Dios en busca de su perdón para la salvación de tu alma, o para reconciliarte con tu Padre celestial.

ORACIÓN:
Mi amante Padre celestial, hoy me acerco a ti sinceramente arrepentido de haberte fallado, y haber entristecido tu Santo Espíritu. Te ruego me perdones y me limpies de toda mi maldad. En el nombre de Jesús, Amén.

“Gracia y Paz”
Dios te Habla

miércoles, 10 de abril de 2013

ORACIÓN




Amado Padre Celestial, doy gracias por la misericordia de tu perdón y por la vida que nos das. Hoy te pido por los enfermos que hay en nuestras familias, entre mis Hermanos y Hermanas de la Fe, entre mis amistades. Nuestro cuerpo es hermoso pero frágil como el barro. La enfermedad o el paso de los años lo debilita causándole dolor. Te pido por quienes se encuentran en su lecho o en un Hospital para recibir una operación quirúrgica, quimioterapia, diálisis, hemodiálisis o cualquier otro tratamiento. Si es tu voluntad devuélveles la salud, aminora su dolor y ayudales a sentir tu presencia. En el nombre de Cristo Jesús, nuestro único y suficiente Salvador, Amen.

“Gracia y Paz”

CONSECUENCIAS DE LA SOBERBIA



Daniel 4:34-37
“Mas al fin del tiempo yo Nabucodonosor alcé mis ojos al cielo, y mi razón me fue devuelta; y bendije al Altísimo, y alabé y glorifiqué al que vive para siempre, cuyo dominio es sempiterno, y su reino por todas las edades. Todos los habitantes de la tierra son considerados como nada; y él hace según su voluntad en el ejército del cielo, y en los habitantes de la tierra, y no hay quien detenga su mano, y le diga: ¿Qué haces? En el mismo tiempo mi razón me fue devuelta, y la majestad de mi reino, mi dignidad y mi grandeza volvieron a mí, y mis gobernadores y mis consejeros me buscaron; y fui restablecido en mi reino, y mayor grandeza me fue añadida. Ahora yo Nabucodonosor alabo, engrandezco y glorifico al Rey del cielo, porque todas sus obras son verdaderas, y sus caminos justos; y él puede humillar a los que andan con soberbia”.

Estas palabras fueron una declaración de Nabucodonosor, antiguo rey de Babilonia, al volver en sí de su soberbia que lo llevó a convivir con los animales del campo, comiendo hierba y comportándose como ellos al punto que “su pelo creció como plumas de águila, y sus uñas como las de las aves” (Daniel 4:33).

Años más tarde, el rey Belsasar (hijo de Nabucodonosor) hizo traer delante de él al profeta Daniel con el fin de que interpretara una escritura que había aparecido en la pared (Daniel capitulo 5). Allí Daniel le habló del reinado de su padre, y le contó lo siguiente: “El Altísimo Dios, oh rey, dio a Nabucodonosor tu padre el reino y la grandeza, la gloria y la majestad… mas cuando su corazón se ensoberbeció, y su espíritu se endureció en su orgullo, y fue depuesto del trono de su reino, y despojado de su gloria. Y fue echado de entre los hijos de los hombres, y su mente se hizo semejante a la de las bestias, y con los asnos monteses fue su morada” (Daniel 5:18-21). Así transcurrieron siete años hasta que Dios le devolvió la razón. En el pasaje de hoy Nabucodonosor reconoció que el Señor es todopoderoso, que “no hay quien detenga su mano” y que él hace su voluntad tanto en el cielo como en la tierra. Y sobretodo aprendió que “él puede humillar a los que andan con soberbia.”

En el Nuevo Testamento encontramos otra historia que refleja una actitud similar con sus correspondientes malas consecuencias. Se trata del rey Herodes Agripa, el cual “echó mano a algunos de la iglesia para maltratarles. Y mató a espada a Jacobo, hermano de Juan. Y viendo que esto había agradado a los judíos, procedió a prender también a Pedro” (Hechos 12:1-3). Más adelante la Biblia cuenta que “un día señalado, Herodes, vestido de ropas reales, se sentó en el tribunal y les arengó. Y el pueblo aclamaba gritando: ¡Voz de Dios, y no de hombre!” El rey no reprendió, ni se mostró en desacuerdo con los halagos de la multitud, sino todo lo contrario, se envaneció y se llenó de orgullo. Y “al momento un ángel del Señor le hirió, por cuanto no dio la gloria a Dios; y expiró comido de gusanos” (Hechos 12:23).

Quizás estos ejemplos puedan parecer extremos en cuanto a los resultados de la soberbia de esos dos hombres, pero siempre debemos aprender de lo que leemos en la Biblia. En mayor o menor grado la persona soberbia tendrá que sufrir malas consecuencias en su vida. Así dice la Biblia en Santiago 4:6: “Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes” La humildad es una característica que está relacionada con la obediencia y la sumisión a la voluntad de Dios. El ejemplo por excelencia lo tenemos en Jesús, el cual dejó su gloria y “se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz”. Por eso Dios “le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre” (Filipenses 2:7-9). La soberbia es todo lo contrario. La persona soberbia no tiene en cuenta para nada la autoridad de Dios, no agradece sus bendiciones pues cree que todo se lo merece y obra impulsada por sus propios principios sin contar con la voluntad del Señor. Por eso su vida va dirigida al fracaso.

Reflexiona en esta enseñanza y hazte el firme propósito de conocer la voluntad de Dios leyendo su palabra y orando diariamente. Entonces sé obediente y disfrutarás de sus abundantes bendiciones.

ORACIÓN:
Mi amante Padre celestial, hoy te pido perdón por los defectos de carácter de los que no me he podido liberar, especialmente el de la soberbia. Te ruego me ayudes a reflejar en mi vida los frutos de tu Santo Espíritu, para que yo pueda vivir en constante comunión contigo y honrarte con mi testimonio. En el nombre de Jesús, Amén.


“Gracia y Paz”
Dios te Habla

SI OBEDECES, RECIBIRÁS BENDICIONES



Deuteronomio 27:9-10
"Entonces Moisés y los sacerdotes levitas hablaron a todo Israel, diciendo: Guarda silencio y escucha, oh Israel. Hoy te has convertido en pueblo del Señor tu Dios. Por tanto, obedecerás al Señor tu Dios, y cumplirás sus mandamientos y sus estatutos que te ordeno hoy".

Habían transcurrido casi 40 años de la salida del pueblo de Israel de Egipto. Después de atravesar el desierto, se encontraban ahora a punto de entrar en la tierra prometida. La generación que había partido de Egipto había muerto en el camino, con excepción de Josué y Caleb, que fueron obedientes a los mandamientos de Dios (Números 32:11-12). La nueva generación necesitaba escuchar de nuevo las reglas del pacto que Dios había hecho con el pueblo de Israel cuando les dijo: "Ahora pues, si en verdad escucháis mi voz y guardáis mi pacto, seréis mi especial tesoro entre todos los pueblos, porque mía es toda la tierra, y vosotros seréis para mí un reino de sacerdotes y una nación santa" (Éxodo 19:5-6). Moisés les recuerda todo lo que Dios les había prometido y la responsabilidad que ellos tenían de cumplir con la parte que les correspondía. El pasaje de hoy es una exhortación directa a la obediencia total a Dios como condición para que pudieran entrar en aquella tierra y permanecer en ella.

El pueblo de Israel había sido escogido por Dios con el propósito de que fueran sacerdotes que llevaran Su palabra a todos los demás pueblos. Ellos serían su "especial tesoro", les dijo, pueblo bendecido entre todos los pueblos. Pero esto implicaba una responsabilidad. En el pasaje de hoy, Moisés y los sacerdotes levitas les recuerdan: "Por tanto, obedecerás al Señor tu Dios, y cumplirás sus mandamientos y sus estatutos que te ordeno hoy". El enorme privilegio de ser parte del pueblo de Dios trae consigo deberes y responsabilidades. Si tú has aceptado a Jesucristo como tu Salvador, has pasado a ser parte del pueblo de Dios a través del nuevo pacto en la sangre de Cristo que fue derramada por nosotros. Y aquellas mismas palabras pronunciadas por Moisés hace tantos siglos, son efectivas para ti y para mí en la actualidad. Al ponernos debajo de la cobertura, el cuidado y la provisión de Dios, tenemos la responsabilidad de obedecer sus mandamientos. La obediencia nos permite recibir las bendiciones que Dios tiene preparadas para nosotros. La obediencia abre las ventanas de los cielos.

Muchas veces queremos recibir todos los beneficios sin llevar a cabo nuestra responsabilidad. Pero no es eso lo que dice la Palabra de Dios. Deuteronomio 30:8-9 dice: "Y tú volverás a escuchar la voz del Señor, y guardarás todos sus mandamientos que yo te ordeno hoy. Entonces el Señor tu Dios te hará prosperar abundantemente en toda la obra de tu mano, en el fruto de tu vientre, en el fruto de tu ganado y en el producto de tu tierra". O sea, primero obedecemos y después recibimos las bendiciones.

Obedecer la voluntad de Dios trae bendiciones a nuestras vidas, pero esta no debe ser la única razón de nuestra obediencia. Si hemos llegado a entender el amor tan grande de Dios por nosotros, y queremos corresponder a ese amor, y queremos agradarle tenemos que obedecer su palabra. Así dijo Jesús en Juan 14:21: "El que tiene mis mandamientos, y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ama, será amado por mi Padre, y yo le amaré, y me manifestaré a él". Si amamos al Señor no nos conformaremos solamente con conocer Su palabra sino que sentiremos el deseo de obedecerla en todas las circunstancias. Entonces la gracia y el poder de Dios se manifestarán sobre nuestras vidas abundantemente.

Hazte hoy el firme propósito de leer la Biblia diariamente, escudriñarla, meditar en ella, y obedecer al pie de la letra los mandamientos y los estatutos de Dios que en ella están escritos. Entonces caerán sobre ti y tu familia muchas bendiciones.

ORACIÓN:
Amante Padre celestial, ayúdame a conocer tu voluntad y a obedecerla en todas las circunstancias, aún en contra de mi voluntad. Yo sé que entonces, podré disfrutar ampliamente de tu amor y de tus bendiciones. En el nombre de Jesús, Amén.

“Gracia y Paz”
Dios te Habla

PREGUNTO...




Mateo 10:8
“Sanad enfermos, limpiad leprosos, resucitad muertos, echad fuera demonios; de gracia recibisteis, dad de gracia”.

“Gracia y Paz”

¡ CUIDADO !




Santiago 4:13-17
“¡Vamos ahora! los que decís: Hoy y mañana iremos a tal ciudad, y estaremos allá un año, y traficaremos, y ganaremos; cuando no sabéis lo que será mañana. Porque ¿qué es vuestra vida? Ciertamente es neblina que se aparece por un poco de tiempo, y luego se desvanece. En lugar de lo cual deberíais decir: Si el Señor quiere, viviremos y haremos esto o aquello. Pero ahora os jactáis en vuestras soberbias. Toda jactancia semejante es mala; y al que sabe hacer lo bueno, y no lo hace, le es pecado”.

“Gracia y Paz”
Verdades Bíblicas

ORACIÓN



Mi amante Padre celestial, hoy te pido perdón por los defectos de carácter de los que no me he podido liberar, especialmente el de la soberbia. Te ruego me ayudes a reflejar en mi vida los frutos de tu Santo Espíritu, para que yo pueda vivir en constante comunión contigo y honrarte con mi testimonio. En el nombre de Jesús, Amén.

“Gracia y Paz”

martes, 9 de abril de 2013

¿PUEDES ALABAR A DIOS EN MEDIO DE LA PRUEBA?



Salmo 69:1-3
"Sálvame, oh Dios, porque las aguas han entrado hasta el alma. Estoy hundido en cieno profundo, donde no puedo hacer pie; he venido a abismos de aguas, y la corriente me ha anegado. Cansado estoy de llamar; mi garganta se ha enronquecido; han desfallecido mis ojos esperando a mi Dios".

En este pasaje David clama a Dios desesperadamente en medio de una crisis sumamente intensa en su vida. El salmista describe una situación verdaderamente caótica e implica que llevaba tanto tiempo clamando por ayuda que estaba ya cansado de llamar y había perdido hasta la voz. Sin embargo, se mantenía firme esperando a su Dios, diciendo: “Alabaré yo el nombre de Dios con cántico, lo exaltaré con alabanza” (Salmo 69:30). En medio de su agonía, David sigue clamando a Dios, y a la vez lo exalta con cánticos de alabanza.

Al igual que David, todo ser humano está expuesto a ser afectado por una prueba, muchas veces catastrófica y de manera repentina. Recordemos algunas de éstas, sucedidas en los últimos años:

Al comenzar el día del martes 11 de septiembre del 2001 millones de personas en todas partes del mundo se dirigieron como de costumbre a sus trabajos, entre ellas las que tenían sus oficinas en las torres gemelas de Nueva York. ¿Quién pudo haber imaginado en ese momento que unos minutos después esas dos famosas torres serían destruidas, y más de 3,000 personas habrían perdido sus vidas víctimas de un ataque terrorista?

En la mañana del día 26 de diciembre de 2004, miles de personas disfrutaban tranquilamente de las preciosas playas de Indonesia. Minutos después, las gigantescas olas del Tsunami que arrasó el sureste asiático dejaron ruina y desolación y más de 200,000 muertos de todas partes del mundo.

Hace varios años, temprano en la mañana, en la ciudad de Miami, Florida, una mujer llegó a la casa de sus padres con el fin de dejar a su bebé, como acostumbraba a hacer, antes de continuar para su trabajo. Lo que encontró allí transformó su vida para siempre. En el piso de la sala, en medio de un charco de sangre, yacía el cadáver de su abuelita, y los cuerpos de su papá y su mamá fueron hallados más tarde por la policía en otras habitaciones de la casa. Para hacer la tragedia aún más terrible, luego supo que había sido su propio hermano el que cometió los asesinatos. Es muy difícil imaginar la magnitud de la crisis emocional, psicológica y espiritual que, literalmente, aplastó a esta mujer y a su familia.

Tragedias de esta envergadura no suceden con mucha frecuencia, pero el comienzo de cada día puede traer a cualquier persona un cambio drástico e inesperado en su vida. Nadie está exento de que se le presente una prueba de momento, la cual puede traerle consecuencias profundas y trascendentales. Pero si estamos espiritualmente preparados, manteniendo una comunión diaria con el Señor podremos actuar como David en el pasaje de hoy, clamando a Dios por su ayuda a la vez que le alabamos de todo corazón.

Esta actitud siempre nos fortalece en la prueba y nos lleva a un final de victoria. Tenemos un ejemplo en 2 Crónicas capítulo 20. Aquí la Biblia narra que Josafat, rey de Judá, recibió la noticia de que ejércitos poderosos se acercaban con el fin de destruir a su pueblo. En medio de esta terrible situación Josafat pidió ayuno y oración en todo Judá. Y cuando estuvieron cerca los enemigos, “puso a algunos que cantasen y alabasen al Señor” (v.21). Tan pronto ellos comenzaron a entonar cantos de alabanza, los soldados enemigos comenzaron a pelear unos contra otros, y se mataron entre sí, y dice la Biblia que de ellos no quedó ni uno solo. ¡Milagro de Dios! Ciertamente la gloria de Dios se manifiesta cuando le adoramos y le alabamos de corazón.

Cuando estés pasando por una prueba muy difícil, cuando creas que “no puedes más”, busca el rostro del Señor en oración y alábalo con palabras y con canciones que hablen de su gloria y su majestad, y por fe expresa victoria total y absoluta en el nombre poderoso de Jesucristo. No es fácil, pero si lo haces te asombrará la paz tan preciosa que te inundará, y la gloria de Dios se manifestará en tu vida.

ORACIÓN:
Bendito Señor y Dios, me llego hasta tu trono de gracia, clamando por la manifestación poderosa de tu presencia en esta situación. Te alabo de todo corazón y manifiesto que soy más que vencedor, por medio de aquel que me amó, mi Rey y Señor, Jesucristo. Amén.

“Gracia y Paz”
Dios te Habla

¿ERES TÚ UN AMIGO A TODA PRUEBA?



Juan 15:12-15
“Este es mi mandamiento: Que os améis unos a otros, como yo os he amado. Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando. Ya no os llamaré siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor; pero os he llamado amigos, porque todas las cosas que oí de mi Padre, os las he dado a conocer”.

Los amigos están entre las bendiciones más grandes que Dios da a sus hijos. Ellos nos proveen compañía, nos escuchan en los momentos difíciles, nos apoyan en nuestros sueños e ilusiones, y nos sirven como una malla de seguridad cuando caemos. Un verdadero amigo siempre está dispuesto a prestarnos su ayuda en cualquier circunstancia. También nos brinda su amor aun cuando no lo merecemos. “En todo tiempo ama el amigo, y es como un hermano en tiempo de angustia” (Proverbios 17:17). Jesús llamó “amigos” a sus discípulos porque había establecido con ellos un vínculo profundo de fidelidad y mutua confianza.

Al igual que todas las relaciones que existen en este mundo, las amistades pasarán por períodos problemáticos que pondrán a prueba la calidad de la amistad. Si verdaderamente se trata de una amistad que vale la pena conservar, se debe buscar una solución siguiendo los siguientes pasos:

Enfrenta la situación. Comparte con tu amigo o amiga tu sentir de que algo no está bien y que necesita solucionarse.

Define con claridad el problema. Juntos, conversen acerca de cuándo y dónde la relación comenzó a afectarse y lo que pudo haber causado el problema.

No culpes a los demás apresuradamente. Analízate a ti mismo, pide al Señor que te dé sabiduría y asegúrate por todos los medios de que no fuiste tú quien, conciente o inconcientemente, causó el problema. Habrá ocasiones en las que quizás estemos seguros de que no ha sido nuestra culpa, y por lo tanto decimos: “Yo no tengo por qué pedir perdón si yo no he hecho nada”. Es aquí donde tenemos que ser humildes y obedecer el mandato de Jesús cuando dijo: “Por tanto, si traes tu ofrenda al altar, y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda delante del altar, y anda, reconcíliate primero con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda” (Mateo 5:23-24). Aquí el Señor nos enseña que la reconciliación es más importante que cualquier ofrenda que vayamos a dar, y nos muestra la necesidad de tomar la iniciativa, sin importar si somos o no los causantes del disgusto.

Pide perdón. Si llegas a la conclusión de que fue tuya la culpa, debes mostrar humildad y pedir perdón inmediatamente. No debes tratar de justificar tus acciones. Como creyentes y como amigos, debemos de aceptar la responsabilidad por nuestros errores y buscar el perdón. El fin que se persigue es salvar la amistad.

Da los primeros pasos para reparar la amistad. Pregunta: “¿Qué puedo hacer para que todo vuelva a ser como antes?” E inmediatamente comienza a invertir tu tiempo, tu energía y tu amor en restaurar la amistad dañada.

Si queremos tener la bendición de un buen amigo o amiga que nos ame sinceramente, debemos estar dispuestos a pagar el precio de enmendar esa relación. Dar la espalda al problema puede parecer más fácil, pero a la larga, perderemos un valioso tesoro.

Poco después que Jesús manifestara acerca de la amistad de la que nos habla el pasaje de hoy, sus discípulos lo abandonaron en los momentos más difíciles de su vida, mientras lo arrestaban en el huerto de Getsemaní. Pedro, además, negó tres veces que conocía a Jesús por temor a las autoridades religiosas. Sin embargo, después de la resurrección, el ángel que estaba junto al sepulcro mandó a las mujeres que habían ido allí que les avisaran a los discípulos, y en particular a Pedro, para que fueran a Galilea a encontrarse con Jesús (Marcos 16:7).

¿Crees tú que eres capaz de actuar de esta manera?

ORACIÓN:
Padre santo, te doy gracias por los amigos que has puesto en mi camino, pues sé que detrás de cada uno de ellos hay un propósito divino. Ayúdame a entender ese propósito y a comportarme en la amistad de manera que tu nombre sea siempre glorificado. En el nombre de Jesús, Amén.

“Gracia y Paz”
Dios te Habla

LAS DECISIONES QUE TOMAMOS



Mateo 7:13, 14
“Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella; porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan”.

En una autopista de seis carriles, es fácil que la vía se llene de muchísimos vehículos. Entrar en la autopista es muy fácil, ya que las rampas desembocan en el carril preciso cada cierta distancia. Por el contrario, tratar de mantener en un camino angosto a las ovejas, desde el pastizal al corral, obliga a uno a caminar prestando mucha atención.

El camino de las ovejas es una imagen del camino estrecho, el camino de Dios, mientras que la vía de seis carriles ilustra el camino ancho, es decir, el camino de Satanás que lleva a la perdición.

El camino ancho está tan atestado como una autopista en hora pico. La mayoría de la gente elige este camino porque les encanta que no haya restricciones de lo que quieran probar. Todo lo que les proporcione placer, poder o prosperidad es bien recibido y practicado. Dios, la Biblia y la iglesia pueden ser tolerados por algún tiempo, pero al final serán reemplazados en el corazón del viajero en la senda ancha. Es de esperarse, ya que en este camino todo es aceptado: todas las filosofías, todas las creencias, todas las pasiones, y todos los hábitos que promuevan la idea de la libre elección.

Pero, por más maravillosas que puedan parecer esa tolerancia y esa licencia, el camino ancho es también el camino de la insatisfacción. No importa lo que el mundo prometa, eso al final no dará satisfacción, porque el camino espacioso es una ilusión. La carne puede ser tranquilizada temporalmente, pero el corazón humano no puede encontrar la paz en ese camino. Nada de lo que el mundo idee o cree, puede llenar el lugar en nuestro corazón que Dios hizo solo para Sí mismo. La verdadera satisfacción que se tiene en el Señor solo se encuentra en el camino angosto.

“Gracia y Paz”
Meditación Diaria

ORACIÓN



Padre santo, te doy gracias por los amigos que has puesto en mi camino, principalmente por todos los hermanos en la fe, pues sé que detrás de cada uno de ellos hay un propósito divino. Ayúdame a entender ese propósito y a comportarme en la amistad de manera que tu nombre sea siempre glorificado. En el nombre de Jesús, Amén.

“Gracia y Paz”