sábado, 2 de febrero de 2013

NOS DIO VIDA



Efesios 2:1
“Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados”.

Sin duda alguna cuando el hombre llega a Dios, llega en una condición deplorable. Cubierto de orgullo, vanidad, vana sabiduría, lleno de pecados, delitos; hasta rechazado por la sociedad, los amigos o la familia. Con una vida vacía y poco fructífera, separados de Dios, entregados a una mente reprobada que de continuo buscaba el mal.

Y esto es lo hermoso de Cristo, que sin importar la condición en que lleguemos, Él nos transforma, nos da una vida, un nuevo rumbo y sentido a nuestra desgastada vida. Toma todo eso despreciado por la sociedad y nos hace nuevas criaturas, nos hace sentar en lugares privilegiados donde jamás imaginamos estar.

Recodar de donde nos sacó Dios, nos hace ser agradecidos con Él y mantenernos firmes, para no volver atrás. Gracias Jesucristo, porque hasta aquí tu nos has sido fiel, nos has rescatado y nos has ayudado. Gracias Cristo bendito.

“Gracia y Paz”
Verdades Bíblicas

¿TIENES TÚ EL CARÁCTER DE UN SIERVO?



Filipenses 2:1-8
“Por tanto, si hay alguna consolación en Cristo, si algún consuelo de amor, si alguna comunión del Espíritu, si algún afecto entrañable, si alguna misericordia, completad mi gozo, sintiendo lo mismo, teniendo el mismo amor, unánimes, sintiendo una misma cosa. Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo; no mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros. Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz”.

Una de las características del ser humano que más se pone de manifiesto en el diario vivir es la falta de amor de los unos por los otros. El egoísmo controla casi todas nuestras actitudes y nuestras acciones. Lo podemos ver en la constante agresividad de los chóferes tratando de adelantarse a los demás en medio del tráfico o en el intento de posesionarse del único estacionamiento disponible en un momento determinado. Se manifiesta en la deshonesta intención de algunos de “colarse” en una fila sin importarles que quizás los que están allí llevan mucho tiempo esperando su turno. Podemos verlo en el deseo de ascender en el trabajo a cualquier costo sin importar si los demás compañeros se perjudican. Es también evidente en la falta de consideración de muchos con las personas mayores y con los incapacitados, y en tantas otras cosas que denotan falta de amor y compasión.

Nada de esto veríamos si nos amáramos los unos a los otros, pues entonces desearíamos el bien de los demás antes que nuestro propio beneficio. En el pasaje de hoy, el apóstol Pablo exhorta a la iglesia de Filipos a que vivan en amor y que no hagan nada por contienda o por vanagloria sino más bien con humildad, “estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo; no mirando cada uno por lo suyo propio”. No es nada fácil considerar a alguien superior a uno mismo, pues nuestra naturaleza carnal nos impulsa a actuar de manera contraria, es decir a sobre estimarnos. Es imprescindible una gran dosis de humildad que tiene que venir de una fuente sobrenatural, no de nosotros mismos. Tiene que haber en nosotros el mismo sentir que hubo en Cristo Jesús, “el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo”, continúa diciendo Pablo.

“Sed imitadores de mí, así como yo de Cristo”, escribió Pablo en su carta a los Corintios. Si nosotros imitáramos la manera en que Jesús actuó, el mundo sería totalmente diferente. Si fuésemos humildes como él fue, si tuviésemos el carácter de siervo que él tuvo, seríamos capaces de amar, de servir a los demás y sentir compasión por ellos como él lo hizo. Al pensar en lo que el Hijo de Dios dejó para venir a esta tierra, y la manera en que se humilló a sí mismo llegando a dar su vida en la cruz por nosotros, deberíamos sentir la motivación de imitarlo tratando a los demás con amor y humildad, y hasta considerarlos superiores a nosotros mismos.

Pero tenemos que entender que esto es imposible para nosotros, pero es totalmente posible para el Señor. Hagamos nuestra la declaración de Pablo en su carta a los Filipenses: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece”. (Filipenses 4:13), y vivamos una vida en la cual el Espíritu Santo esté controlando nuestras acciones. Entonces el carácter de Jesucristo se manifestará en nosotros y seremos capaces de imitar su comportamiento.

Esto sólo se consigue buscando el rostro del Señor en oración cada día y leyendo Su Palabra, meditando en ella y haciendo todo lo posible por aplicarla a nuestras vidas.

ORACIÓN:
Bendito Padre celestial, te ruego me ayudes a actuar con amor y compasión hacia los demás. Dame el carácter de siervo de tu Hijo para que yo pueda humillarme y estimar a otros como superiores a mí mismo, y que tu amor y tu misericordia se manifiesten a través de mí. En el nombre de Jesús, Amén.

“Gracia y Paz”
Dios te Habla

OJOS NUEVOS



Efesios 1:18
“Alumbrando los ojos de vuestro entendimiento, para que sepáis […] cuáles las riquezas de la gloria de su herencia en los santos”.

Hace poco, conocí a una estudiante universitaria que había puesto su fe en Cristo recientemente. Describió así el cambio que experimentó en un primer momento: «Cuando acepté a Cristo como Salvador, sentí como que Dios había extendido su mano desde el cielo y me había colocado un nuevo par de ojos en mis órbitas oculares. ¡Pude entender la verdad espiritual!».

Fue conmovedor escuchar que el encuentro con el Salvador le había dado una nueva percepción espiritual. Pero su experiencia no es una excepción. Todos somos dotados de visión espiritual cuando confiamos en Cristo. No obstante, a veces nos envuelve una «neblina», y los ojos espirituales se oscurecen y se nublan. Esto ocurre cuando descuidamos nuestra comunión con Él.

La oración ferviente de Pablo por la visión espiritual de los creyentes muestra cuán importante es valorar todo lo que Dios ha hecho y hará por nosotros en Cristo. Pidió que los ojos de nuestro entendimiento se iluminaran «para que [supiéramos] cuál es la esperanza a que él [nos] ha llamado, y cuáles las riquezas de la gloria de su herencia en los santos» (Efesios 1:18).

Cada creyente ha recibido un nuevo par de ojos para discernir la verdad espiritual. Mientras mantengamos nuestro corazón en armonía con Dios, Él nos ayudará a ver con ojos espirituales todo lo que nos ha dado en Cristo.

¡Fui ciego, mas hoy puedo ver!

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LEA: Efesios 1:15-21
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“Gracia y Paz”
Nuestro Pan Diario

CÓMO COMPRENDER EL LLAMAMIENTO DE DIOS



Lucas 9:57-62
“Yendo ellos, uno le dijo en el camino: Señor, te seguiré adondequiera que vayas. Y le dijo Jesús: Las zorras tienen guaridas, y las aves de los cielos nidos; mas el Hijo del Hombre no tiene dónde recostar la cabeza. Y dijo a otro: Sígueme. El le dijo: Señor, déjame que primero vaya y entierre a mi padre. Jesús le dijo: Deja que los muertos entierren a sus muertos; y tú ve, y anuncia el reino de Dios. Entonces también dijo otro: Te seguiré, Señor; pero déjame que me despida primero de los que están en mi casa. Y Jesús le dijo: Ninguno que poniendo su mano en el arado mira hacia atrás, es apto para el reino de Dios”.

Nuestro Padre celestial tiene planes específicos para cada uno de sus hijos. Con ese objetivo, ha hecho un triple llamamiento a la vida de cada creyente:

Somos llamados a salvación en Jesús. Poner la fe en Cristo como nuestro Salvador da comienzo a una relación personal con Él por medio del Espíritu Santo que mora en nosotros. El Señor quiere que dejemos a un lado la carga de tratar de ganar la salvación por nosotros mismos. Por el contrario, Él nos invita a poner nuestra fe en Él, para que haga su obra de transformación en nosotros (Mateo 11:28, 29).

Somos llamados a permanecer en Jesús. Es decir, a escucharle cuando nos habla por medio de la Biblia; vivir en una dependencia cada vez mayor de Él; aprender a conocerlo más íntimamente; y hacer uso de su poder para tener una vida recta. Jesús nos llama a hacer que nuestra relación con Él sea lo más importante en nuestra vida, y a permanecer en Él todos los días de nuestra vida.

Somos llamados a seguir a Jesús. Seguir a alguien requiere conocer su carácter, sus planes, y cómo desea que los llevemos a cabo. La Biblia nos dice claramente todo lo que necesitamos saber para vivir bajo la dirección de Jesús. La evidencia de que lo estamos siguiendo se mostrará en la actitud, conducta, carácter, conversación y relaciones que tengamos.

Sin la presencia del Espíritu Santo, que recibimos en el momento de la salvación, no podemos permanecer en Jesús (Juan 15:4, 26). Si no permanecemos en Él, no lo conoceremos lo suficiente como para seguirlo. Si decidimos no seguirlo, perderemos el gozo que Dios ha dispuesto para nosotros.

“Gracia y Paz”
Meditación Diaria

INCLINA TU CORAZÓN A LA PRUDENCIA



Proverbios 2:2
“Haciendo estar atento tu oído á la sabiduría; Si inclinares tu corazón á la prudencia”.

En el tiempo actual vivimos la era de información. Hay libros e instrucciones sobre cualquier tema. Pero solo sirven si los usamos. Una llave no abre la puerta hasta que se usa. Hay sabiduría en la Biblia que nos enseña porque estamos en este mundo, como nos perdimos, como nos extraviamos de Dios, porque Cristo murió en la cruz, y lo que Dios espera de nosotros para que podamos ser salvos, dejar que Él cambie nuestras vidas, y tener vida eterna en la ciudad celestial con todos los redimidos.

Así es que Dios nos ha dado toda la información necesaria para tener felicidad y vida eterna. ¿Por qué entonces hay tanta confusión, y todavía vivimos en un mundo lleno de mentiras, caos, crimen y sufrimiento? ES PORQUE NO ESCUCHAMOS A DIOS. NO LEEMOS SU PALABRA. No hay peor sordo que el que no quiere oír. Dios te ofrece vida eterna. Cristo murió en la cruz por tí. ALLÍ TIENES LA LLAVE EN TU MANO, PERO HAY QUE USARLA”.

“Gracia y Paz”
Un Versículo de la Biblia cada Día

viernes, 1 de febrero de 2013

CUANDO NOS SINTAMOS INFERIORES



Efesios 2:10
“Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas”.

Muchos cristianos luchan con un paralizante sentimiento de inferioridad. Tal sentimiento es un obstáculo para mantener buenas relaciones y satisfacción verdadera. Pero afortunadamente hay esperanza para el creyente, pues los sentimientos de inferioridad pueden ser sanados.

Después de ser salvo, el primer paso para la sanidad es que tenga de sí el mismo concepto que tiene el Creador de usted. Efesios 2:10 dice claramente que usted es hechura de Él —Dios está trabajando en usted, y Él no hace nada que no sea de calidad. De hecho, la palabra hechura significa aquí “obra maestra”. ¿Permitiría Él que su obra maestra resultara siendo algo inferior? ¡Por supuesto que no! Su obra en usted es perfecta. Puede que usted constantemente se sienta que no está a la a la altura de las personas que le rodean. Y claro que no es así, pues Dios le ha creado para ser diferente a los demás. Usted es único; no hay nadie con quien pueda compararse. Dios le está formando para un propósito distinto al de cualquier otra persona.

Otro paso en el proceso de sanidad implica entender lo que Dios espera de usted. Muchos creyentes se fijan metas más altas que las que Dios ha escogido, pues creen que ya están listos para cumplirlas. Dios quiere, por supuesto, que crezcamos al máximo, pero no espera que eso suceda de la noche a la mañana.

Nuestro Creador conoce cada una de nuestras debilidades, y es supremamente paciente con nosotros. Cuando caemos, Él espera que vengamos a Él para ser limpiados y seguir adelante. Cada uno de nosotros es un “proyecto en desarrollo”, y a su debido tiempo el Señor perfeccionará su obra maestra.

“Gracia y Paz”
Meditación Diaria

EL TEMOR DE JEHOVÁ ES EL PRINCIPIO DE LA SABIDURÍA



Salmos 34:11
“Venid, hijos, oidme; El temor de Jehová os enseñaré”.

David era un hombre de guerra, y a su pueblo bien pudo haberlo instruido en el uso de la espada; era un músico, y pudo haberles enseñado a tocar instrumentos; era un rey, y pudo haberles instruido en las cosas del gobierno, pero escogió un tema mucho más importante; el temor de Dios.

La palabra “temor” no quiere decir el miedo de un esclavo, sino reverencia, y respeto y honor. Proverbios 9:10 dice: “El temor de Jehová es el principio de la sabiduría”. Esto es el mero principio. Así es que si no honramos y si no servimos a Dios, ni tenemos el mínimo, ni el mero principio de la sabiduría, todo lo que sabemos, y todos los conocimientos que tengamos no valen nada. Ahora bien, la perfección de la sabiduría se encuentra en Juan 5:23. Jesús dice: “Porque el Padre nadie juzga, sino que todo el juicio dio al Hijo, para que todos honren al hijo como honran al Padre”.

¿Qué has hecho tú con Cristo? ¿Honras a Cristo con tu manera de vivir? Lo has recibido como tu único Salvador y le sirves de corazón? Esto es el principio de la sabiduría.

“Gracia y Paz”
Un Versículo de la Biblia cada Día

jueves, 31 de enero de 2013

AMA A TUS HIJOS; ENSÉÑALES A ORAR; LLÉVALES A LA IGLESIA PARA HONRAR Y ADORARLE A DIOS



Proverbios 22:6
“Instruye al niño en su carrera: Aun cuando fuere viejo no se apartará de ella”.

Uno de los problemas más grande de nuestra época es que tenemos jóvenes que son desordenados y que no obedecen ni respetan a sus mayores. Cuando crecen, producen una sociedad de caos, crimen, confusión y desorden. El versículo de hoy debe entenderse por dos lados: Primero es la disciplina. Haz que tu niño te obedezca. Que seas firme y consistente, y cuando le dices que haga una cosa, no le dejes hasta que lo haga, y hasta que forme la costumbre de obedecerte.

La segunda parte consiste en los hábitos que el niño debe formar. Uno de ellos, el principal, es llevarlo a la iglesia donde se predica la palabra de Dios. Déjale ver que tú crees en Dios y le honras. Enséñale a orar y a leer la Biblia. Si tenemos problemas en nuestra sociedad, es porque los padres no son diligentes en instruir y guiar a sus hijos. Ama a tus hijos; enséñales a orar; llévales a la iglesia para honrar y adorarle a Dios. Que Dios bendiga abundantemente a tu familia.

“Gracia y Paz”
Un Versículo de la Biblia cada Día

RESCATADO



Hechos 16:31
“Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo…”

Manuel González fue el primer rescatador que llegó al lugar donde 33 mineros estuvieron atrapados durante 69 días en una mina chilena en 2010. Arriesgó su vida al descender más de 600 metros (2,000 pies) para llevarlos a la superficie. El mundo miraba con asombro mientras un minero tras otro era rescatado y liberado.

La Biblia nos habla de un rescate aun más asombroso. Por la desobediencia de Adán y Eva, toda la humanidad está atrapada en el pecado (Génesis 2:17; 3:6, 19; Romanos 5:12). Incapaz de liberarse, cada ser humano enfrenta la muerte, física y eterna. Pero Dios ha provisto un Rescatador: Jesucristo, el Hijo de Dios. Todo aquel que acepta el regalo de la salvación ofrecido mediante su muerte y resurrección es liberado de las garras del pecado y de la pena de muerte resultante (Romanos 5:8-11; 10:9-11; Efesios 2:1-10). Jesucristo es «primicias de los que durmieron» (1 Corintios 15:20). Fue el primero en resucitar de los muertos, para no volver a morir jamás. Asimismo, todos los que ponen su fe en Él reciben la vida (Romanos 8:11).

¿Sigues atrapado en tus pecados? Acepta el regalo de la salvación que Dios ofrece y disfruta de la libertad en Cristo en esta vida y de la eternidad con Él (Hechos 16:31; Efesios 2:1; Colosenses 2:13).

Mediante su cruz, Jesús rescata y redime.

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LEE: 1 Corintios 15:1-4, 20-25
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“Gracia y Paz”
Nuestro Pan Diario

APOYARSE EN EL SEÑOR



Mateo 14:22-33
“En seguida Jesús hizo a sus discípulos entrar en la barca e ir delante de él a la otra ribera, entre tanto que él despedía a la multitud. Despedida la multitud, subió al monte a orar aparte; y cuando llegó la noche, estaba allí solo. Y ya la barca estaba en medio del mar, azotada por las olas; porque el viento era contrario. Mas a la cuarta vigilia de la noche, Jesús vino a ellos andando sobre el mar. Y los discípulos, viéndole andar sobre el mar, se turbaron, diciendo: ¡Un fantasma! Y dieron voces de miedo. Pero en seguida Jesús les habló, diciendo: ¡Tened ánimo; yo soy, no temáis! Entonces le respondió Pedro, y dijo: Señor, si eres tú, manda que yo vaya a ti sobre las aguas. Y él dijo: Ven. Y descendiendo Pedro de la barca, andaba sobre las aguas para ir a Jesús. Pero al ver el fuerte viento, tuvo miedo; y comenzando a hundirse, dio voces, diciendo: ¡Señor, sálvame! Al momento Jesús, extendiendo la mano, asió de él, y le dijo: ¡Hombre de poca fe! ¿Por qué dudaste? Y cuando ellos subieron en la barca, se calmó el viento. Entonces los que estaban en la barca vinieron y le adoraron, diciendo: Verdaderamente eres Hijo de Dios”.

Dios nos está llamando —a sus hijos— a aceptar ciertos riegos. Quiere que dejemos de ir a lo seguro, y dar un paso de obediencia. Aunque hacerlo crea incertidumbre en la vida, hay algunas cosas de las que podemos estar seguros.

Seremos desafiados. Ya sea mediante unas relaciones complejas, un trabajo difícil o unas situaciones que requerirán tener más fe, Dios nos ensanchará espiritualmente. Al aceptar riesgos podemos sentir dudas, indecisión y temores. O, podemos pensar que somos ineptos o incompetentes. Pero no son razones para decir “no” a una tarea que Dios nos dé, sino oportunidades para confiar en el Señor.

Podemos contar con la presencia del Señor. Es imposible que los creyentes vivan siquiera un día sin la presencia de Dios (He 13:5). La relación que tenemos con Él por medio de Jesucristo es permanente. El amor que nos tiene nuestro Padre celestial es firme y profundo, y sus promesas son seguras. Cuando Él nos pide que nos aventuremos a salir de nuestra agradable rutina, podemos obedecer porque Él está a nuestro lado.

El poder del Espíritu Santo está con nosotros. El Espíritu de Dios vive dentro de cada creyente, y nos da el poder para tener la victoria. Cuando desmayamos, Él nos fortalece. Cuando tropezamos, Él nos sostiene. Y cuando caemos, Él nos levanta.

¿Qué le estás pidiendo Dios que haga, que representa un desafío para ti? Recuerda que cuando Él nos invita a que demos un paso de fe en medio de la incertidumbre y aceptamos los riesgos, podemos confiar en su presencia y en su poder para prepararnos.

“Gracia y Paz”
Meditación Diaria

¿CUÁL DE LOS DOS YUGOS PREFIERES?



Gálatas 5:1
“Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y no estéis otra vez sujetos al yugo de esclavitud”.

Muchos cristianos no disfrutan la libertad espiritual que hemos recibido por medio del sacrificio de Cristo. Les pasa como a aquel hombre que estuvo preso 30 años, y al salir de la cárcel se encontró tantos cambios afuera que no pudo adaptarse a la vida de libertad y pidió que lo pusieran de nuevo en la cárcel. Por eso el apóstol Pablo, cuando se dio cuenta que esta situación existía en la iglesia de Galacia, les recordó que en realidad ellos eran libres de la esclavitud en que habían vivido, y les exhortó a que se mantuvieran firmes en la fe y el amor de Cristo, y no volvieran a someterse a los preceptos y tradiciones de la ley, es decir "al yugo de esclavitud".

Jesús vino a liberar a un pueblo que estaba esclavo de los reglamentos de la ley. Estaban cansados de tratar de cumplir algo que resultaba imposible de cumplir. Muchos desistían de tratar de “agradar” a Dios, pues no podían llevar a cabo los estatutos de la ley por mucho que se esforzaran. En ese tiempo vino Jesús al mundo. Dice Gálatas 4:4-5: “Pero cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la ley, para que redimiese a los que estaban bajo la ley, a fin de que recibiésemos la adopción de hijos”. Redimir significa “comprar la libertad de alguien pagando un precio”. Esto hizo Jesús en la cruz del Calvario. Con su sangre pagó por nuestra libertad del yugo de la ley y el pecado.

La ley se escribió para dar a conocer el pecado, no para librarnos del pecado, “ya que por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de él; porque por medio de la ley es el conocimiento del pecado” (Romanos 3:20). Es decir, la ley enseña lo que es bueno y lo que es malo delante de los ojos de Dios. El propósito de la ley era que el hombre reconociera que por sus propios esfuerzos no podían justificarse ante Dios y por lo tanto necesitaban un salvador. Pero muchos no entendían este principio y se empeñaban infructuosamente en tratar de cumplir la ley, permaneciendo esclavos del pecado.

Cuando aceptamos a Jesucristo como salvador somos liberados del yugo del pecado. Esto es un hecho. Pero debemos no solamente creerlo, sino actuar de acuerdo a nuestro nuevo estado de libertad. Esto es posible solamente cuando vivimos conforme al Espíritu. Andar conforme al Espíritu es pensar y actuar de acuerdo a la voluntad de Dios; es tener una permanente actitud de sumisión y obediencia a la Palabra de Dios. Jesús les dijo a un grupo de judíos que habían creído en él: “Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres” (Juan 8:31-32).

Esta libertad es completa cuando no solamente dejamos de estar sometidos al yugo del pecado, sino cuando además nos sometemos al yugo de Jesús. El Señor nos hace la siguiente invitación: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas, porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga” (Mateo 11:28-30). Jesús dio su vida en la cruz para liberarnos del yugo de esclavitud del pecado. Y además nos ofrece que llevemos su yugo para guiarnos en nuestro camino y ayudarnos con nuestras cargas, de la misma manera que el buey experimentado actúa con el joven buey con el cual es enyugado.

En esta vida tenemos dos opciones: Servimos al mundo o servimos a Dios; nos sometemos al dominio del pecado o a la autoridad de la justicia divina. “¿No sabéis que si os sometéis a alguien como esclavos para obedecerle, sois esclavos de aquel a quien obedecéis, sea del pecado para muerte, o sea de la obediencia para justicia?” (Romanos 6:16). El resultado del pecado es muerte y destrucción. El resultado de someternos a Dios es paz y victoria. Escoge tú cual de los dos yugos prefieres.

ORACIÓN:
Amante Padre celestial, te doy gracias por la libertad que me has dado a través de Jesucristo. Ayúdame a vivir de acuerdo a esa libertad, permaneciendo firmemente en tu Palabra y obedeciéndote cada día de mi vida. En el nombre de Jesús, Amén.

“Gracia y Paz”
Dios te Habla

miércoles, 30 de enero de 2013

EL EVANGELIO DE LA PROSPERIDAD



1 Tesalonicenses 2:3-5
”Porque nuestra exhortación no procedió de error ni de impureza, ni fue por engaño, sino que según fuimos aprobados por Dios para que se nos confiase el evangelio, así hablamos; no como para agradar a los hombres, sino a Dios que prueba nuestros corazones. Porque nunca usamos de palabras lisonjeras, como sabéis, ni encubrimos avaricia; Dios es testigo”.

Los siervos de Dios, llámense como se llamen o como usted quiera llamarlos, son mayordomos por designación divina a quienes se les “confía el evangelio”. Este es un gran privilegio; pero al mismo tiempo, una responsabilidad solemne. “Ahora bien, se requiere de los administradores, que cada uno sea hallado fiel” (2 Corintios 4:2). Esta fidelidad implica por lo menos tres elementos que deben ser los correctos:

el mensaje (nuestra exhortación no procedió de error).
el motivo (ni de impureza).
el método(ni fue por engaño).

El mensaje debe ser el correcto y este mensaje es el evangelio de Jesucristo, el evangelio de la gracia de Dios. Existe un sólo evangelio y éste se centra en la muerte, sepultura y resurrección de Cristo Jesús. El evangelio (buenas nuevas) es “que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las escrituras; y que fue sepultado y que resucitó al tercer día, conforme a las escrituras” (1 Corintios 15:3-4). Los pecadores que se arrepienten y confían en Jesucristo son perdonados y Dios les concede el Don de la vida eterna (1 Juan 5:10-13).

Dios es tan celoso respecto a su mensaje que El mismo declara “anatema” a cualquiera que predica “otro evangelio” (Gálatas 1:6-9). Los que cambian su mensaje añadiéndole, quitándole o pervirtiéndolo, son maestros falsos que le son infieles al Señor y están en peligro de recibir su castigo. Su mensaje proviene “del error”. El evangelio de la prosperidad de nuestros días está perfectamente acomodado a una sociedad como la nuestra que idolatra la salud, la riqueza y la felicidad. Las personas que predican este evangelio rebuscan por aquí y allí en el antiguo testamento, para extraer sus versículos comprobatorios; pero rechazan a sabiendas “todo el consejo de Dios” (Hechos 20:27).

El “evangelio de la prosperidad” es un mensaje para la gente que busca una “solución rápida” para sus vidas; pero no un cambio permanente en su carácter. Pareciera ser que hay demasiados cristianos que desean disfrutar la sensación de sentirse bien; pero no están dispuestos a sufrir los inconvenientes de seguir el bien.

¿Porqué se preocupa tanto Dios porque prediquemos el mensaje correcto?. Porque Dios exige integridad y el evangelio falso la destruye. En primer lugar, el mensaje del evangelio se relaciona vitalmente con la naturaleza misma de Dios. Jesús no se limita a salvar, Él es el salvador.

Cuando cambiamos el mensaje de Dios, cambiamos al Dios del mensaje. El “dios” de los predicadores de la “prosperidad”, no es el Dios de la Biblia o el Dios de la Iglesia histórica. El evangelio “pop” de la “prosperidad trata de hacernos creer que la mayor preocupación de Dios es hacernos felices, no santificarnos y que se preocupa más por nuestro bienestar físico y material que por el moral y espiritual. El “dios de la prosperidad” es un mensajero celestial cuya única responsabilidad es responder a todos nuestros llamados y asegurarse de que estemos gozando de la vida.

Cuando escucho a estos predicadores hay varias preguntas que vienen a mi mente. De acuerdo con su teología, ¿dónde está el Dios de Abraham, a quien se le pidió que sacrificara a su único hijo? ¿Dónde está el Dios de Isaac, que estuvo dispuesto a colocarse en el altar? ¿Dónde está el Dios de Jacob, cuyos hijos le causaron dolor y vergüenza? ¿Dónde está el Dios de Moisés, a quien le fue prohibido entrar a la tierra prometida por haberle robado la gloria a Dios? ¿Dónde está el Dios de los apóstoles que fueron arrestados, azotados, martirizados y muertos porque seguían predicando a Jesús? ¿Dónde está el Dios de nuestro Señor Jesucristo quien sufrió como nadie ha sufrido jamás: “Herido de Dios y abatido” (Isaías 53:4). No encuentro a ese Dios en sus predicaciones. ¿Por qué? Porque no se adapta bien a su mensaje. Predican un evangelio sin integridad, un mensaje incompleto, divorciado del mismísimo Dios que afirman representar. Un evangelio parcial no es evangelio, ya que no puede haber buenas nuevas cuando Dios mismo queda excluido de ellas.

Nuestra tarea no es decirle a la gente lo que desea escuchar, nuestra tarea es darles lo que necesitan del evangelio tratando de lograr que lo deseen. El mensaje de la “prosperidad” aconseja al creyente de la actualidad a no pronunciar nunca palabras que signifiquen dolor, enfermedad, fracaso. Ya estuve en un lugar donde el predicador les pidió a sus oyentes que repitieran en voz alta: “Todo lo que toco prosperará. No puedo fracasar. Nada de lo que toco fracasará. Todo lo que toco tendrá éxito. No sé lo que es el fracaso”. Otros ofrecen buena cosecha y abundante, si antes siembras en sus manos dinero. Otros te ofrecen un 4x4 si es que eres capaz de regalar tu viejo peugeut. Otros te ofrecen que pares de sufrir si compras esto u otra cosa. Otros te ofrecen que sanarás, que encontrarás trabajo, que volverás a unirte al ser amado, etc., etc. Al escuchar tales tonterías, uno comienza a preguntarse si realmente tenemos una traducción correcta de la palabra de Dios. Ciertamente no hay nada de eso en mi Biblia.

Si resolvemos poner a Dios en servidumbre con respecto a todos nuestros caprichos, se convierte entonces en nada más que despensero bajo nuestras órdenes. ¿Y qué ocurre entonces si mi plan fracasa? Bien, evidentemente debe ser culpa de Dios. Si no me da exactamente lo que le pido, Él debe de haber fracasado en algún punto.

El evangelio de la “prosperidad” no sólo presenta una imagen distorsionada de Dios, sino que pervierte la doctrina bíblica de la persona y la obra de Jesucristo. Dios tiene el derecho de entablarle juicio a todos aquellos que predican el evangelio falso, porque el mensaje del evangelio le costó a Él su propio hijo. Jesús derramó su sangre para satisfacer la santa ley de Dios para que los pecadores perdidos pudiéramos alcanzar el perdón y reconciliarnos con Dios. El transformar el Calvario en una tarjeta de crédito santificada que nos da el privilegio de lanzarnos en una carrera hedonista es abaratar la obra que más le costó a Dios.

Los predicadores de la “prosperidad” no consideran que la conformidad con Cristo es la meta de la vida cristiana. Es muy probable que se sientan avergonzados cuando se enfrentan al hecho de que, de acuerdo con su mensaje, Jesús no fue un hombre de “prosperidad”. No era rico y pasó su vida identificándose con los pobres y marginados. Era “un varón de dolores y experimentado en quebrantos” (Isaías 53:3), no una celebridad que disfrutara una vida de extravagancias. Quizás me equivoque, pero creo que si Jesús estuviera en la tierra hoy día, condenaría los estilos de vida ostentosos y llamativos de estos predicadores de la “prosperidad” y sus discípulos. Cristo repudia el evangelio de la “prosperidad” con su vida, ministerio, enseñanzas y sobre todo con su muerte.

Los predicadores de la “prosperidad” nos presentan una imagen distorsionada de Dios, el Salvador, la fe Cristiana y también de la Iglesia. De acuerdo con ellos, la Iglesia de Jesucristo es una reunión de personas felices que disfrutan la vida. De acuerdo con mi Biblia, la Iglesia es la reunión de personas quebrantadas que buscan la santidad ante Dios y ser ayuda para un mundo necesitado. Sí, debe haber alegría y gozo cuando se congrega a adorar, pero también se deben compartir las cargas, limpiar las heridas y sanar los corazones quebrantados. No obstante, de acuerdo con el evangelio de la “prosperidad”, ¡LOS CRISTIANOS NO DEBEN PADECER EN ABSOLUTO!

Tenemos momentos de felicidad; pero esta no es nuestra meta suprema. Nuestros objetivos son la santidad y el servicio; la felicidad es apenas una “añadidura”.

Cuando la Iglesia predica el mensaje incorrecto, causa división y el ministerio pierde su integridad. No podemos divorciar nuestro mensaje de la naturaleza de Dios, lo que Él hizo en el calvario, lo que está haciendo hoy día en el mundo y lo que hará en el futuro. Sin embargo, eso es justamente lo que han logrado los voceadores de la “prosperidad”. Una vez que alguien se fabrica su propio evangelio, no pasará mucho tiempo antes que comience a practicarlo y entonces comienza a perder su integridad

La verdad triunfará siempre, y la verdad es que estamos aquí en este mundo para el deleite de Dios y que Él no está aquí para nuestro deleite. Es el glorioso plan de Dios el que saldrá finalmente victorioso y no el del hombre.

“Gracia y Paz”
Tiempos de Apostasía

TÚ Y TU CASA



Hechos 16:31
“Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa”.

Dios quiere que familias enteras sean salvas. No se contenta con que una sola persona en una familia acepte la salvación mediante la fe en el Señor Jesús. Pero esto no siempre ocurre así; a veces sólo después de muchos años, otros miembros de la familia llegan a creer en el Señor. Sin embargo, el Espíritu de Dios nos da un ejemplo de ello en el libro de los Hechos. Leemos que el carcelero de Filipos creyó en el Señor con toda su casa (Hechos 16:34). Por la gracia de Dios esto ocurre aún hoy en día.

Un misionero, colaborador en una emisora que difundía el Evangelio en idioma árabe, encontró a un joven marroquí que se había convertido gracias al mensaje escuchado en esa emisora. Como consecuencia de su conversión, su familia lo trataba como a un perro. Por ser cristiano no se le permitía comer con la familia, porque era «impuro». Su madre, muy triste por lo que le sucedía al muchacho, tuvo que reconocer que a pesar de ese maltrato familiar la vida de su hijo había cambiado y mejorado.

Algunos años más tarde el misionero encontró en Marruecos a un joven muy parecido a aquel a quien había visto hacía mucho. ¡Era su hermano! Entonces le preguntó si él también se había convertido a Cristo. Con mucho gozo este joven le contó que él, lo mismo que su hermana y su madre, ahora eran creyentes y que juntos oraban por la conversión de su padre. Sí, Dios había cumplido su palabra: “tú y tu casa”.

“Gracia y Paz”
La Buena Semilla

ACEPTAR RIESGOS



Hechos 9:1-20
“Saulo, respirando aún amenazas y muerte contra los discípulos del Señor, vino al sumo sacerdote, y le pidió cartas para las sinagogas de Damasco, a fin de que si hallase algunos hombres o mujeres de este Camino, los trajese presos a Jerusalén. Mas yendo por el camino, aconteció que al llegar cerca de Damasco, repentinamente le rodeó un resplandor de luz del cielo; y cayendo en tierra, oyó una voz que le decía: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? El dijo: ¿Quién eres, Señor? Y le dijo: Yo soy Jesús, a quien tú persigues; dura cosa te es dar coces contra el aguijón. El, temblando y temeroso, dijo: Señor, ¿qué quieres que yo haga? Y el Señor le dijo: Levántate y entra en la ciudad, y se te dirá lo que debes hacer. Y los hombres que iban con Saulo se pararon atónitos, oyendo a la verdad la voz, mas sin ver a nadie. Entonces Saulo se levantó de tierra, y abriendo los ojos, no veía a nadie; así que, llevándole por la mano, le metieron en Damasco, donde estuvo tres días sin ver, y no comió ni bebió. Había entonces en Damasco un discípulo llamado Ananías, a quien el Señor dijo en visión: Ananías. Y él respondió: Heme aquí, Señor. Y el Señor le dijo: Levántate, y ve a la calle que se llama Derecha, y busca en casa de Judas a uno llamado Saulo, de Tarso; porque he aquí, él ora, y ha visto en visión a un varón llamado Ananías, que entra y le pone las manos encima para que recobre la vista. Entonces Ananías respondió: Señor, he oído de muchos acerca de este hombre, cuántos males ha hecho a tus santos en Jerusalén; y aun aquí tiene autoridad de los principales sacerdotes para prender a todos los que invocan tu nombre. El Señor le dijo: Ve, porque instrumento escogido me es éste, para llevar mi nombre en presencia de los gentiles, y de reyes, y de los hijos de Israel; porque yo le mostraré cuánto le es necesario padecer por mi nombre. Fue entonces Ananías y entró en la casa, y poniendo sobre él las manos, dijo: Hermano Saulo, el Señor Jesús, que se te apareció en el camino por donde venías, me ha enviado para que recibas la vista y seas lleno del Espíritu Santo. Y al momento le cayeron de los ojos como escamas, y recibió al instante la vista; y levantándose, fue bautizado. Y habiendo tomado alimento, recobró fuerzas. Y estuvo Saulo por algunos días con los discípulos que estaban en Damasco. En seguida predicaba a Cristo en las sinagogas, diciendo que éste era el Hijo de Dios”.

A muchos cristianos no les gusta arriesgarse, y por eso reúnen la mayor cantidad de datos posibles y analizan las opciones antes de tomar cualquier decisión. Tenemos la tendencia a calificar los riesgos de “indeseables”, porque pueden terminar causándonos pérdidas y angustias; tememos los resultados no deseados, o a no alcanzar nuestros sueños. Tememos parecer tontos o incompetentes, incurrir en problemas financieros o enfrentar algún peligro físico. Desde el punto de vista humano, eliminar la incertidumbre tiene sentido.

Pero ¿qué piensa Dios? ¿Hay ocasiones en las que los cristianos deben aceptar riesgos? La respuesta es un “sí” rotundo, cuando es Él quien nos pide que dejemos nuestra agradable rutina. Desde el punto de vista del Señor, no hay ninguna incertidumbre, porque Él tiene el control de todas las cosas, y nunca dejará de llevar a cabo su buen propósito (Efesios 1:11).

La Biblia nos cuenta de personas que aceptaron riesgos para obedecer al Señor. Una fue Ananías, a quien el Señor envió para ministrar al recién convertido Saulo. Ananías arriesgó su vida para obedecer. Otra fue Pablo, a quien se le dijo que predicara a los judíos el mismo evangelio al que él se había opuesto con tanta violencia. Al concentrarse en Dios, en su carácter y en sus promesas, ambos hombres obedecieron, pese a la incertidumbre, la duda y el temor.

La madurez espiritual es obstaculizada cuando el cristiano rehúsa obedecer a Dios. A veces, eso implica dejar lo que es seguro o habitual. ¿Qué riesgo le está llamando el Señor que acepte? Él jamás le fallará. Dé un paso de obediencia, y observe lo que Él hace para que su fe crezca más.

“Gracia y Paz”
Meditación Diaria