martes, 1 de enero de 2013

AÑO NUEVO, VIDA NUEVA



Para este inicio de año la gente piensa mucho en lo nuevo, traje nuevo, muebles nuevos, calzado nuevo. La humanidad tiene una tendencia irresistible hacia lo nuevo, y llevados por esa tendencia hay los que equivocadamente consideran a los verdaderos seguidores de Cristo como gente anticuada, de mal gusto y ridícula, buenos para la primera centuria de la era cristiana pero no para este siglo. Pero la verdad es otra, nosotros los cristianos somos la gente de las cosas nuevas.

No necesitamos esperar un año nuevo, ni estrenar un traje nuevo para gozar la sensación de lo nuevo; porque nosotros mismos, todo nuestro ser, ha sido hecho nuevo. Vivimos en novedad de vida, y nuestro hombre interior se renueva de día en día (2 Corintios 4:16). Igualmente hay los que consideran la Biblia como un libro anticuado, fuera de moda, pero la Biblia es un manantial de cosas nuevas, en ella nosotros encontramos en primer lugar: noticias nuevas.

El mundo estaba perdido en el laberinto del paganismo, con sus millares de dioses y semidioses, con sus exigencias de sacrificios humanos, fundido en las tinieblas de la superstición enseñada por los sacerdotes paganos a través de los siglos; odiosa cadena que al ser arrastrada por los paganos, su eco siempre les hablaba de muerte, odio y tortura. Los hebreos aunque habían recibido más luz, con todo sus rituales y ceremonias les dejaban vacíos y necesitados, vivían bajo el pesado yugo de la ley.

En la interminable sucesión de siglos, el mundo pagano se aferraba a sus antiguas prácticas buscando la salvación. Y el mundo hebreo se adhería a la letra de la ley, pero todo era inútil. Mas una noche serena y hermosa el espacio resonó con nuevas noticias para unos y para otros: “os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es CRISTO el Señor” (Lucas 2:11). Y cuando estas noticias nuevas son creídas y aceptadas, producen un nuevo nacimiento.

A causa del pecado la imagen de Dios en el hombre fue desfigurada, el hombre está muerto en delitos y pecados, se requiere un nuevo principio, una nueva creación, un nuevo nacimiento, a esto se refería el Señor cuando dijo a Nicodemo: “El que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios” (Juan 3:3). En este nuevo nacimiento, somos engendrados de Dios por medio del Espíritu Santo. Este nuevo nacimiento naturalmente se desarrolla en una nueva criatura.

Si la creación del primer hombre fue la obra maestra de la creación, la regeneración o la nueva criatura es la obra maestra de la eternidad. La multiforme sabiduría de Dios es notificada a todo el universo por medio de los nacidos de nuevo, el que “está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas” (2 Corintios 5:17).

Esta nueva criatura posee un nuevo corazón. El corazón es el asiento de nuestras emociones, es el centro mismo de nuestro ser, de allí nacen los instintos, por naturaleza el corazón es engañoso y perverso (Jeremías 17:9). Cristo declaró que “del corazón de los hombres, salen los malos pensamientos, lo adulterios, las fornicaciones, los homicidios, los hurtos, las avaricias, las maldades, el engaño, las lascivia, la envidia, la maledicencia, la soberbia, la insensatez” (Marcos 7:21, 22). En vista de estas cosas, es que Dios dice: “Os daré un corazón nuevo… y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne” (Ezequiel 36:26).

Además de un corazón nuevo también nos es dada una mente nueva. La mente es la antesala del espíritu humano, a la mente acuden los demonios con sus malos pensamientos. Cuando esos pensamientos son recibidos en la mente, llegan hasta el corazón y de allí dominan el espíritu. La mente ejerce un poder tan determinante en nuestras vidas, que dice la Palabra de Dios:“Porquecual es su pensamiento en su corazón, tal es él” (Proverbios 23:7).

La mente del hombre sin Cristo está llena de pensamientos impuros, es por ello que la Palabra de Dios nos exhorta a renovarnos en el espíritu de vuestra mente (Romanos 12:2). Entonces con una mente nueva podemos pensar en todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo que es de buen nombre, en todo lo virtuoso (Filipenses 4:8).

Y como un complemento indispensable de esta nueva criatura, también nos es dado un cuerpo renovado. El cuerpo del hombre sin Cristo es juguete de las pasiones del alma. El alma pecaminosa tiene su gratificación impura por medio del cuerpo. Los miembros del cuerpo son ahora instrumentos de iniquidad, el amo es el espíritu humano controlado por el alma pecaminosa, el cuerpo es el esclavo, el alma pecaminosa manifiesta su maldad por medio del cuerpo. “Y manifiestas son las obras de la carne -esto es el alma operando por el cuerpo-, que son: adulterio, fornicación, inmundicia… y cosas semejantes a estas” (Gálatas 5:19-21).

Se hace pues necesario que nos sea dado un cuerpo renovado. “Y si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos a Jesús mora en vosotros… vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu” (Romanos 8:11), para que vuestro espíritu, alma y cuerpo sea guardado entero, sin reprensión, en paz. Y con este cuerpo renovado nuestros miembros son presentados a Dios como instrumentos de justicia: manos, pies, ojos, lengua, oído, todo consagrado a Dios, no para que se manifieste un alma pecaminosa, sino para que se manifieste el Espíritu de Dios.

Esta nueva criatura, con corazón, mente, cuerpos nuevos, no queda desconectada o aislada del Señor, de Él recibe cada día nueva vida. De la misma manera que nuestros primeros padres comunicaban con Dios diariamente, así también la nueva criatura necesita estar en comunión con el Señor para de Él recibir nueva vida. Él es el dador sustentador de la vida, Él es la vida, nosotros los pámpanos, Él vino para darnos vida abundante, y con esta nueva vida naturalmente recibimos nuevas fuerzas.

El hombre sin Cristo es víctima del diablo, es flaco, débil, no tiene fuerzas morales, ni espirituales, ni físicas para resistir al demonio, pero la  nueva criatura tendrá nuevas fuerzas. Ahora esta nueva criatura puede cumplir el primer y grande mandamiento que dice: “Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas” (Marcos 12:30; Deuteronomio 6.5). Y puede cumplirlo porque tiene todo su ser renovado. Las relaciones de esta nueva criatura para con Dios y para con los hombres han sido igualmente renovadas, sus relaciones para con Dios están regidas por un nuevo mandamiento.

El mundo está lleno de violencia, de odios, de guerras. ¿De dónde vienen esas cosas? De la codicia y el egoísmo, estas dos pasiones humanas son las que rigen las relaciones humanas (Santiago 4:1-2). Pero ahora esta nueva criatura es gobernada por la virtud del amor. “Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros”, aun a sus enemigos, “amad a vuestros enemigos” (Juan 13:34; Mateo 5:44). Y “en esto conocerán todos que sois mis discípulos (que somos nuevas criaturas), si tuviereis amor los unos con los otros” (Juan 13:35). “Todo aquel que ama, es nacido de Dios, y conoce a Dios. El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es amor” (1 Juan 4:7, 8).

Y para esta nueva criatura están reservadas las más brillantes y gloriosas perspectivas, tendrá un nombre nuevo. De aquellos que viven olvidados de Dios, dice la Escritura que serán escritos en el polvo, un lugar muy inseguro para escribir, pronto se borra toda, pero de la nueva criatura se dice: “Y te será puesto un nombre nuevo, que la boca de Jehová nombrará” (Isaías 62:2). Y también dice: “Y le daré una piedrecita blanca, y en la piedrecita escrito un nombre, el cual ninguno conoce sino aquel que lo recibe” (Apocalipsis 2:17).

También viviremos en una nueva ciudad, la morada final de los perdidos es escrita en las Escrituras con las palabras solemnes y terribles: tinieblas de afuera, hornos de fuego, el abismo, el infierno, lago de fuego y azufre, y si esta descripción es tan terrible, ¿cómo será la realidad? Pero la nueva criatura morará en la ciudad de Dios, la Nueva Jerusalén, la cual desciende del cielo de Dios, una nueva ciudad cuyos fundamentos son piedras preciosas, cuyas puertas son perlas, cuya plaza de oro como vidrio trasparente, cuyo templo es el Señor Dios Todopoderoso y el Cordero, cuya luz es el resplandor de Dios, y el Cordero es su lumbrera. En ella no entrará cosa sucia que hace abominación y mentira, sino los que están escritos en el libro de la vida del Cordero, allí serán también los cielos nuevos y la tierra nueva (Apocalipsis 21).

Y como un glorioso resumen de todo esto, nuestro Dios enfáticamente declara: “He aquí, yo hago nueva todas las cosas” (Apocalipsis 21:5).

¿Deseas tener una vida nueva? Entonces, ora delante de Él y acepta a Cristo como tu Salvador personal.

“Gracia y Paz”

¿CUÁLES SON TUS RESOLUCIONES PARA EL NUEVO AÑO?



Hebreos 12:1-2
“Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios”.

Estamos al comienzo de un nuevo año. Este es el tiempo en el que generalmente se hacen resoluciones y promesas acerca de cosas que deseamos cambiar en nuestras vidas, o se establecen metas a las que queremos llegar. Lamentablemente, muchas de estas resoluciones son las mismas que hemos hecho en años anteriores, y que por un motivo u otro nunca se cumplieron. Por regla general la razón es que nos enfocamos más en los medios que en el fin mismo, y por lo tanto perdemos de vista la meta. Por ejemplo, muchos se hacen el “firme" propósito de perder peso. Pero lo cierto es que “perder peso” no es el fin que verdaderamente desean, sino que es el medio para llegar a ese fin. El verdadero propósito es lucir bien físicamente, sentirse bien sicológicamente, gozar de buena salud, etc. Este es el fin al que se llega cuando se pierde peso, pero los esfuerzos se concentran en el medio, no en el fin.

Hay muchas otras resoluciones de año nuevo que se rigen por este mismo principio. Queremos ganar más dinero, tener un carro nuevo, o una nueva casa, o encontrar la pareja ideal, etc., pero en realidad lo que deseamos es ser felices, vivir una vida confortable, disfrutar de paz y tranquilidad, e inconcientemente nos enfocamos en los medios que, creemos, pueden llevarnos a ese fin en lugar de concentrarnos en el fin.

El pasaje de hoy dice que “…corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe”. Cuando vamos por esta vida con la mirada fija en Jesús, nos estamos enfocando en el fin, pues él es la paz, la verdad, la felicidad, el pan de vida, el agua viva, el poder, el consuelo, el único camino al cielo, en fin todo lo que podemos desear en esta vida está en Jesucristo. Así lo afirma el apóstol Pablo en su carta a los colosenses: “Vosotros estáis completos en él, que es la cabeza de todo principado y potestad” (Colosenses 2:10). No necesitamos nada más.

Teniendo esto en cuenta, hazte el firme propósito de seguir este simple ABC durante todo este nuevo año:

Ama a Dios.
Jesús les contestó a los escribas y fariseos en Marcos 12:28-30: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas. Este es el principal mandamiento”.

Busca el rostro del Señor cada día.
Dios dice en Jeremías 29:12-13: “Entonces me invocaréis, y vendréis y oraréis a mí, y yo os oiré; y me buscaréis y me hallaréis, porque me buscaréis de todo vuestro corazón”.

Conoce a Dios más profundamente.
Orando Jesús al Padre, dijo: “Esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado” (Juan 17:3).

Y en Jeremías 33:3, el Señor dice: “Clama a mí, y yo te responderé, y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces”.

Cuando cada día de nuestras vidas leemos la Palabra de Dios y buscamos de todo corazón su rostro en oración llegaremos a conocerle profundamente; y al experimentar su compañía, su profunda paz, su gozo inefable y su infinito amor, entonces le amaremos por sobre todas las cosas. De esta manera disfrutaremos la vida “en abundancia” que Jesús nos ofrece en Juan 10:10. Este es el fin que debemos perseguir. Cualquier esfuerzo en otra dirección será en vano. Cuando ponemos a Dios en primer lugar todo lo demás viene por añadidura. Así nos dice Jesús en Mateo 6:33: “Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas”.

¿Cómo está tu relación con Dios? Cierra tus ojos y medita en esto por unos minutos. Este es un buen momento para que hagas la firme resolución de mejorar tu relación con el Señor en este nuevo año.

ORACIÓN:
Padre amado, en este nuevo año que comienza yo quiero crecer más espiritualmente. Quiero establecer una comunión más íntima contigo, mi Señor. Quiero amarte más, buscarte más y conocerte más. Te ruego me ayudes en el propósito de orar más y de leer más la Biblia. En el nombre de Jesús, Amén.

“Gracia y Paz”
Dios te Habla

EL MELÓN



Si quieres mejorar tú circulación sanguínea consume melón, pues aparte de ser delicioso ayuda a evitar la formación de coágulos en personas que sufren mala circulación, angina de pecho, ataques al corazón, entre otros padecimientos.

SIEMPRE CONSULTA A TU MEDICO, para que mantengas tu cuerpo sano; “Y dijo Dios: He aquí que os he dado toda planta que da semilla, que está sobre toda la tierra, y todo árbol en que hay fruto y que da semilla; os serán para comer” (Génesis 1:29). “He aquí Yo les traeré sanidad y medicina; y los curaré y les revelaré abundancia de paz y de verdad” (Jeremías 33:6), “¿o ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros?” (1 corintios 6:19).

“Gracia y Paz”
Publicado por: Carlos Martínez M.
Fuente: Medicamentos Accesibles

HE AQUÍ EL CORDERO DE DIOS, QUE QUITA EL PECADO DEL MUNDO



Juan 1:29
“El siguiente día ve Juan á Jesús que venía á él, y dice: He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo”.

Juan el Bautista predicó muchos sermones briosos, lastimó a los fariseos, e instruyó a la gente, pero el mejor sermón, o sea las mejores palabras que salieron de su boca fueron éstas: “He aquí el Cordero de Dios que quita los pecados del mundo”. El dirigía la gente a Cristo, y no se puede hacer mejor cosa que esto. Tal vez TU no puedes hablar con palabras y frases elocuentes, pero si tan solo pudieras dirigir la gente a Cristo, es posible que lograrás cambiar el destino final de ellos. Sí, es elegante hablar con frases fluidas y verbosas, pero sí de veras quieres servir a Dios y beneficiar a la gente, recuérdate de Juan el Bautista y simplemente señala Jesús, porque es Él que quita el pecado del mundo, y solo él puede salvar a un individuo.

“Gracia y paz”
Un Versículo de la Biblia cada Día

LA BUENA VIDA



Salmo 73:28
“Pero en cuanto a mí, el acercarme a Dios es el bien…”

La belleza, la riqueza, el poder, el amor, el matrimonio y el placer son cosas buenas, pero no son lo mejor. Lo mejor es amar a Dios y recibir su amor, darle la gloria y hacerlo nuestro amigo para siempre. Esto nos permite vivir de la mejor manera posible porque nos brinda satisfacción y gozo (Juan 10:10). Además, es lo que los creyentes harán por siempre.

Por eso, debemos apartar tiempo para Dios y descansar en su amor… ese amor que nos hizo a ti y a mí. Es la razón de nuestra existencia y el medio por el cual nuestra vida será más productiva.

Me gusta cómo lo expresa el salmista: «Pero en cuanto a mí, el acercarme a Dios es el bien; he puesto en Dios el Señor mi esperanza, para contar todas tus obras» (Salmo 73:28). En otras palabras, la buena vida es acercarse a Aquel que nos ama como nadie.

¿Cómo nos acercamos al Señor? Yo les sugiero una práctica que estoy haciendo ahora: dedica unos minutos todas las mañanas para leer algunos versículos de los Evangelios (Mateo, Marcos, Lucas, Juan) y observa qué hizo o dijo Jesús. Después de todo, Él vino a mostrarnos cómo es Dios (Hebreos 1:1-3). Ponte en el lugar del personaje de la historia. Por ejemplo, como si fueras el leproso que Jesús sanó con su toque de amor (Marcos 1:40-45). ¡Piensa cuánto te ama, y después, dale las gracias!

Lo más maravilloso es pensar en esto: ¡Jesús me ama!


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LEA: Salmo 73:21-28

Biblia en un año: Génesis 1–3; Mateo 1
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“Gracia y Paz”
Nuestro Pan Diario

EL ESPÍRITU VENCEDOR



Filipenses 3:7-14
“Pero cuantas cosas eran para mí ganancia, las he estimado como pérdida por amor de Cristo. Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo, y ser hallado en él, no teniendo mi propia justicia, que es por la ley, sino la que es por la fe de Cristo, la justicia que es de Dios por la fe; a fin de conocerle, y el poder de su resurrección, y la participación de sus padecimientos, llegando a ser semejante a él en su muerte, si en alguna manera llegase a la resurrección de entre los muertos. No que lo haya alcanzado ya, ni que ya sea perfecto; sino que prosigo, por ver si logro asir aquello para lo cual fui también asido por Cristo Jesús. Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús”.

Pablo era un hombre que tenía un espíritu de vencedor. A lo largo de todo su ministerio enfrentó incontables obstáculos, pero nunca se rindió. Veía la vida cristiana como una carrera, igualmente cada uno de nosotros necesita tener este mismo espíritu si tenemos la esperanza de terminar bien.

Valentía: Un espíritu de vencedor está dispuesto a arriesgarse al fracaso. Aunque por naturaleza queremos parecer fuertes y competentes, Dios se deleita en capacitarnos en nuestra debilidad para que Él reciba la gloria.

Confianza: Lo más probable es que fallaremos si dudamos de nuestra capacidad de hacer lo que Dios exige. Sin embargo, si nuestra confianza está puesta en el Señor, no en nosotros mismos, podemos seguir adelante, sabiendo que Él nos capacitará para que podamos hacer su voluntad.

Dedicación: El Señor promete guiarnos cuando proseguimos a la meta, darnos todo lo que necesitemos y fortalecernos a lo largo del camino. Pero debemos estar dedicados a Él y decididos a hacer su voluntad.

Perseverancia: El camino que estamos recorriendo está lleno de distracciones, oposición y obstáculos que nos tientan a tirar la toalla. Es por eso que Pablo nos aconseja “proseguir a la meta” en medio de las dificultades, hacia lo que es de valor eterno (v. 14).

Concentrarse en lo que está delante. También debemos olvidar lo que queda atrás y extendernos a lo que está delante (v. 13). Quienes se hunden por el peso del bagaje pierden de vista la meta.

La clave para triunfar en esta carrera es el deseo ferviente de alcanzar la meta. Si no le damos ningún valor al premio, fácilmente nos rendiremos y nos conformaremos con la gratificación inmediata que el mundo ofrece. Pero si entendemos lo que nos espera en el cielo, perseveraremos en el camino.

“Gracia y Paz”
Meditación Diaria

domingo, 30 de diciembre de 2012

SEGUIR EL CORDERO POR DONDE QUIERA QUE FUERE



Hebreos 1:6
“Y otra vez, cuando introduce al Primogénito en la tierra, dice: Y adórenle todos los ángeles de Dios”.

No debemos adorar a los hombres, ni a los santos, ni a los ángeles, sino a Jesús solamente. En Apocalipsis 19:10, Juan estaba impactado e impresionado de un ángel, y se inclinó para adorarle. “Y yo me eché a sus pies para adorarle. Y Él me dijo: Mira que no lo hagas: yo soy siervo contigo, y con tus hermanos que tienen el testimonio de Jesús: adora a Dios”. Jesús es “el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo” (Juan 1:29).

LA VERDADERA ADORACIÓN incluye obediencia a la voluntad de Dios y el rechazo de los pecados de este mundo. “El que dice, Yo le he conocido, y no guarda sus mandamientos, el tal es mentiroso, y no hay verdad en él” (1 Juan 2:4). No hay ninguna actividad tan dulce como la de “seguir el Cordero por donde quiera que fuere” (Apocalipsis 14:4).

“Gracia y Paz”
Un Versículo de la Biblia cada Día

sábado, 29 de diciembre de 2012

¿TE ACUERDAS SIEMPRE DEL SEÑOR?



Deuteronomio 8:11-14
“Cuídate de no olvidarte de Jehová tu Dios, para cumplir sus mandamientos, sus decretos y sus estatutos que yo te ordeno hoy; no suceda que comas y te sacies, y edifiques buenas casas en que habites, y tus vacas y tus ovejas se aumenten, y la plata y el oro se te multipliquen, y todo lo que tuvieres se aumente; y se enorgullezca tu corazón, y te olvides de Jehová tu Dios, que te sacó de tierra de Egipto, de casa de servidumbre”.

Cuando estamos en medio de una prueba o los tiempos son difíciles, con mucha facilidad clamamos a Dios por su ayuda. Cuando tenemos que depender del Señor para nuestras necesidades diarias, leemos su palabra diariamente, tratamos de obedecerla, oramos con frecuencia y hasta ayunamos en alguna que otra ocasión. Pero cuando las cosas marchan bien y todas nuestras necesidades están cubiertas, por regla general nos volvemos autosuficientes y nos olvidamos de nuestro Padre celestial. Esta es la tendencia natural del ser humano.

Esta fue la actitud del pueblo de Israel, los cuales durante años clamaron a Dios para que los liberara de la esclavitud en la que vivían en Egipto. Dios escuchó su clamor, y por medio de Moisés los liberó y preparó para ellos una preciosa tierra en la que había de todo en abundancia. Sin embargo, la enorme mayoría nunca llegaron a disfrutarla, pues tan pronto salieron de Egipto comenzaron a actuar de manera diferente, quejándose ante las dificultades, desobedeciendo las instrucciones de Dios, adorando dioses falsos. Tanta fue su rebeldía que Dios prohibió la entrada a la tierra prometida a todos aquellos mayores de veinte años, excepto Josué y Caleb, que fueron íntegros y obedientes en todo.

Habían transcurrido cuarenta años, aquella generación rebelde había muerto en el desierto, y ahora el pueblo de Israel finalmente se encontraba frente a la tierra prometida. Entonces Moisés se dirige a los israelitas, y les advierte que no se olviden de Dios cuando tengan comida en abundancia, y buenas casas en las que habitar, y hayan prosperado económicamente, y les recuerda que fue Dios el que los sacó de la esclavitud en Egipto, donde sus padres sufrieron y clamaron por su libertad.

Podríamos imaginar que este discurso de Moisés fue más que suficiente para ministrar el corazón de los israelitas, y motivarlos a ser agradecidos al Señor y a adorarle y obedecerle en todas las circunstancias, aun cuando todo marchara a las mil maravillas. Pero lamentablemente no fue así, y tan pronto comenzaron a disfrutar de las bendiciones de su nuevo hogar, se olvidaron de Dios, fueron desobedientes como sus predecesores, y sufrieron las consecuencias de su comportamiento conforme a la advertencia con que finaliza el capítulo 8 de este libro de Deuteronomio: “Si llegares a olvidarte de Jehová tu Dios y anduvieres en pos de dioses ajenos, y les sirvieres y a ellos te inclinares, yo lo afirmo hoy contra vosotros, que de cierto pereceréis. Como las naciones que Jehová destruirá delante de vosotros, así pereceréis, por cuanto no habréis atendido a la voz de Jehová vuestro Dios”.

Como hijos de Dios, tan humanos y tan débiles como aquellos israelitas, debemos aplicar esta enseñanza a nuestras vidas de manera que actuemos de manera diferente, siendo agradecidos tanto en las buenas como en las malas y dando gracias a Dios en todo, “porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús”, dice 1 Tesalonicenses 5:18. Tenemos que estar concientes siempre de esta tendencia humana a creernos autosuficientes cuando las cosas están bien, y a olvidarnos de que todo lo que tenemos lo hemos recibido de Dios. Comenzando con el precioso regalo de la salvación, la salud, los bienes materiales, la protección divina, nuestras familias, y la paz y el gozo en nuestros corazones.

Hazte el firme propósito de que no pase un día de tu vida sin buscar el rostro del Señor, tanto en la prueba para clamar por su ayuda, como en los buenos tiempos para adorarle en espíritu y en verdad, y darle gracias de todo corazón por todas sus bondades.

ORACIÓN:
Amante Padre celestial, te ruego perdones mi actitud de autosuficiencia, y me ayudes a vivir en constante agradecimiento por tu infinito amor, tu gracia y tu misericordia. En el nombre de Jesús. Amén.

“Gracia y Paz”
Dios te Habla

EL ANHELO DE CONOCER A CRISTO



Filipenses 3:3-11
“Porque nosotros somos la circuncisión, los que en espíritu servimos a Dios y nos gloriamos en Cristo Jesús, no teniendo confianza en la carne. Aunque yo tengo también de qué confiar en la carne. Si alguno piensa que tiene de qué confiar en la carne, yo más: circuncidado al octavo día, del linaje de Israel, de la tribu de Benjamín, hebreo de hebreos; en cuanto a la ley, fariseo; en cuanto a celo, perseguidor de la iglesia; en cuanto a la justicia que es en la ley, irreprensible. Pero cuantas cosas eran para mí ganancia, las he estimado como pérdida por amor de Cristo. Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo, y ser hallado en él, no teniendo mi propia justicia, que es por la ley, sino la que es por la fe de Cristo, la justicia que es de Dios por la fe; a fin de conocerle, y el poder de su resurrección, y la participación de sus padecimientos, llegando a ser semejante a él en su muerte, si en alguna manera llegase a la resurrección de entre los muertos”.

Muchas personas conocen los hechos fundamentales de la vida del Señor, pero pocas lo conocen personalmente. Están tan ocupados con sus actividades y sus intereses, que rara vez piensan en Jesús hasta que surge una situación desesperante.

Pero aquellas que conocen al Señor estrechamente, lo hacen su prioridad absoluta, y todas las posesiones, logros, o intereses carecen de valor cuando se comparan con el hecho de conocerlo. Considere los resultados de hacer de Cristo lo más importante en su vida (Filipenses 3:8-10):

Un hambre cada vez mayor: “para ganar a Cristo”. Aunque Pablo tenía una relación admirable con el Señor, su mayor deseo era conocerlo más.

Una vida cambiada: “la justicia que es de Dios”. Cuanto más conozcamos a Cristo, más exhibiremos su justicia.

Una mayor competencia: “el poder de su resurrección”. El poder del Espíritu fluye a través de quienes se relacionan estrechamente con el Señor Jesús.

Una nueva perspectiva: “la participación de sus padecimientos”. Cuando entendemos a Cristo, vemos sus bendiciones por medio de nuestro sufrimiento.

Una vida victoriosa: “llegando a ser semejante a él en su muerte”. El verdadero creyente, se consideran a sí mismo muerto a los pecados que una vez dominaron su vida.

¿Anhelas conocer a Cristo, o es tu relación con Él superficial? Los creyentes no debemos permitir que los placeres, los problemas y las responsabilidades de este mundo nos roben el tesoro de conocer a Cristo. Es hora de contar todo como pérdida, y de seguir adelante con Cristo.

“Gracia y Paz”
Meditación Diaria

¡¡BENDITOS SEAN LOS LÍMITES !!



Salmo 1:1
“Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos, ni estuvo en camino de pecadores…”

En todos los años que he trabajado con personas, todavía no he conocido a nadie que se haya arruinado la vida por obedecer los mandamientos de Dios. Sin embargo, en una época en que la libertad personal se estima un derecho inalienable, hablar de conformar nuestro estilo de vida a los caminos divinos suele considerarse una invasión de la privacidad. Y a cualquiera que hable a favor de los límites que Dios establece, se lo excluye. Pero en este frenesí por ser libres, deberíamos tener presente que nuestra sociedad se caracteriza cada vez más por un agobiante sentimiento de desesperación y de falta de significado.

El pueblo de Dios debe tener una perspectiva completamente diferente de los límites. Como el salmista, tenemos que tomar conciencia de que una vida bendecida es el resultado de deleitarse en la ley del Señor (Salmo 1:2); no de vivir como aquellos que «[andan] en consejo de malos, [y están] en camino de pecadores» (v. 1). El cristiano reconoce que los límites divinos no buscan quitarle dinamismo a la vida, sino que son cercos levantados según la sabiduría de Dios para ayudarnos a evitar la trampa y los problemas de una vida insensata.

La próxima vez que seas tentado a traspasar los límites divinos, recuerda el propósito amoroso del Señor al levantar vallados. Decide bendecir a Dios por esos límites y por la bendición que son para ti.

Los cercos de Dios te mantienen dentro de los límites de sus bendiciones.

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Lee: Salmo 1
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“Gracia y Paz”
Nuestro Pan Diario

CONOCER A JESUCRISTO; NO SOLAMENTE INTELECTUALMENTE, SINO VERDADERAMENTE Y DE CORAZÓN.



Romanos 1:3
“Acerca de su Hijo, que fue hecho de la simiente de David según la carne”.

Aquí en el principio de la epístola de Pablo a los Romanos, Pablo nos dice el tema del Evangelio; Concierne el Hijo de Dios, Jesucristo Señor nuestro. Él es el Alfa y la Omega, El Principio y fin, de manera que desde el principio hasta el fin, El Evangelio nos habla de Jesucristo. Él es el mensaje. Vino a este mundo para salvar a los pecadores; vivió una vida perfecta, iba por todas partes haciendo lo bueno, y fue crucificado en lugar nuestro, y por nuestros pecados. En cierta ocasión Pablo dijo; “No me propuse saber algo entre vosotros, sino a Jesucristo, y a éste crucificado. 1 Corintios 2:2. Tu destino eternal se encuentra en ésta sola cosa; conocerle a Jesucristo personalmente. Hay muchas cosas que valen la pena saberlas, pero la única cosa absolutamente necesaria es conocer a Jesucristo; no solamente intelectualmente, sino VERDADERAMENTE y de CORAZÓN.

“Gracia y Paz”
Un Versículo de la Biblia cada Día

viernes, 28 de diciembre de 2012

¿POR CASUALIDAD TE GUSTA EL CHISME?



Proverbios 18:8
“Las palabras del chismoso son como bocados suaves, y penetran hasta las entrañas”.

Las palabras que salen de nuestras bocas pueden ser de bendición y consuelo para alguien, o pueden servir para maldecir y romper corazones, destruir reputaciones y crear contiendas. El pasaje de hoy nos habla de “las palabras del chismoso”, es decir de aquel que no se detiene a considerar el efecto que puede tener en la vida de otros transmitir una noticia, un rumor o una historia sin siquiera verificar si es cierta, ni sopesar las consecuencias que pueda traer. Dice que estas palabras son “como bocados suaves”, o sea son fáciles de tragar, y llegan hasta lo más profundo del corazón y de la mente.

Por alguna razón, a algunas personas les encanta que les cuenten los problemas y asuntos personales de otros, y luego lo retransmiten a su manera. “¿Escuchaste lo que Susana dijo de Nancy?” “¿Te enteraste de cómo terminaron Roberto y Maria?” “¡Ni te imaginas lo que está pasando entre Cristóbal y Delia!” ¡Cuántas historias como éstas habrás escuchado últimamente! Muy probablemente cada una de ellas puede incluirse en la categoría de “chisme”. El chisme es una enfermedad que frecuentemente corre desenfrenada en el lugar de trabajo, en los círculos sociales e incluso en la iglesia. Esto no sólo habla de una falta de sinceridad y de respeto hacia los demás, sino también nos muestra un grave problema espiritual en aquellos que lo disfrutan.

El chisme puede destruir la vida de una persona. Por eso Dios advirtió a su pueblo acerca del chisme de la misma manera que lo hizo con respecto al homicidio. En Levítico 19:16 dice: “No andarás chismeando entre tu pueblo. No atentarás contra la vida de tu prójimo. Yo Jehová.” Es un mandato del Señor. Sería bueno enmarcar este mandato y colgarlo en la pared de nuestra casa o en nuestro centro de trabajo o inclusive en el templo, pero sería mucho mejor si permitimos que este mandato se grabe en nuestros corazones.

El chisme es destructivo, y si se deja actuar puede terminar con una buena amistad. Así dice Proverbios 16:28b: “El chismoso aparta a los mejores amigos.” Y Proverbios 26:20 advierte: “Sin leña se apaga el fuego, y donde no hay chismoso, cesa la contienda”. Así como la leña aviva el fuego, el chisme aviva la contienda. El lugar donde existe chisme es un lugar donde habrá contiendas y peleas. Como cristianos debemos prestar atención y actuar según el consejo del apóstol Pablo a los filipenses: “Haced todo sin murmuraciones y contiendas, para que seáis irreprensibles y sencillos, hijos de Dios sin mancha en medio de una generación maligna y perversa” (Filipenses 2:14-15).

Una vieja historia cuenta que en un pequeño reinado, un hombre fue acusado de haber calumniado a otro, habiendo afectado tremendamente su moral y su vida y la vida de su familia. El acusado fue traído ante el rey, el cual tenía fama de ser muy sabio al juzgar. El rey mandó que llenaran un saco de plumas y lo ataran con una soga. Se lo entregó al hombre y le dijo que fuera a lo alto de una colina cercana y abriera el saco y echara las plumas al aire. Así lo hizo aquel hombre, contento por un castigo tan simple. Enseguida regresó y le entregó el saco vacío al rey. “Completa la tarea, su majestad”, le dijo. Y el rey le contestó: “No. Falta la segunda parte. Ahora vaya y recoja todas esas plumas”.

Al igual que las plumas, una vez que las palabras salen de nuestra boca no se pueden recoger. Por eso tenemos que ser muy cuidadosos con lo que hablamos, pues las palabras que pronunciamos pueden tener grandes implicaciones en la vida de otras personas. Claro que nuestra naturaleza pecaminosa no es capaz de lograr el perfecto control necesario para evitar que salgan de nuestras bocas palabras que causen un efecto negativo. Así les dijo Jesús a un grupo de fariseos: “¿Cómo podéis hablar lo bueno, siendo malos? Porque de la abundancia del corazón habla la boca” (Mateo 12:34). Por eso debemos orar constantemente y pedir al Señor que limpie nuestros corazones y los llene de su amor y de su misericordia. Así nuestras palabras harán bien a los que nos rodean.

ORACIÓN:
Amante Padre celestial, reconozco que muchas veces no he sido cuidadoso al hablar. Te ruego me perdones y limpies mi corazón para que de mi boca salgan solamente palabras que edifiquen a los demás y glorifiquen tu santo nombre. Por Cristo Jesús, Amén.

“Gracia y Paz”
Dios te Habla

miércoles, 26 de diciembre de 2012

CONFIANZA EN MEDIO DE TUS PROBLEMAS



Romanos 8:28
“Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados”.

Es increíble como en ocasiones pasamos por periodos en donde todo nos va mal, pareciera que a veces estamos en rachados para que a nuestra vida vengan problemas tras problemas.

A veces no hemos terminado de salir de uno, cuando aparece otro y la verdad es que todo esto afecta fuertemente nuestro ánimo y aunque a veces queremos creer que las cosas van a mejorar, de pronto todo se nubla y pareciera que el sol jamás va a salir.

Cuando pienso en los problemas que vienen a nuestra vida y que a veces son tan seguidos, me viene a mi mente Job, ese hombre del cual Dios tenía un muy buen concepto, pero que sin embargo tuvo que pasar por grandes problemas que le llegaron uno tras otro en muy poco tiempo.

Job perdió en un solo día, sus bueyes y burros, sus ovejas y sus pastores, sus camellos y sus esclavos y una de las perdidas más dolorosas, mueren sus diez hijos de una sola vez.

Luego Job fue víctima de una enfermedad muy difícil, además de esto su mujer se puso en su contra al verlo tirado en su enfermedad, pero me impactan las palabras que Job respondió a su mujer en medio de todas las catástrofes que estaba experimentando: “Pero Job le respondió: — “Y él le dijo: Como suele hablar cualquiera de las mujeres fatuas, has hablado. ¿Qué? ¿Recibiremos de Dios el bien, y el mal no lo recibiremos? En todo esto no pecó Job con sus labios” (Job 2:10).

Considero que si cada uno de nosotros tomara muy en serio las palabras de Job, pudiéramos observar la vida desde otro punto de vista, Job dijo: “Si aceptamos todo lo bueno que Dios nos da, también debemos aceptar lo malo” que sabias palabras de un hombre que esta pasando por uno de los mayores problemas que un ser humano puede experimentar.

¿Cómo enfrentamos nosotros nuestros problemas?, ¿Qué es lo primero que hacemos?, seamos sinceros, la mayoría de nosotros cuando nos enfrentamos a esos problemas de los que no quisiéramos enfrentar, lo primero que pensamos es: ¿Dónde está Dios?, ¿Por qué permite que esto pase?, ¿Por qué a mi, si yo te sirvo?, sin embargo Job decidió aceptar lo malo, así como también le gustaba aceptar lo bueno. Sin dudas Job era un hombre tal y como Dios lo había descrito: “Jehová dijo a Satanás: ¿No has considerado a mi siervo Job, que no hay otro como él en la tierra, varón perfecto y recto, temeroso de Dios y apartado del mal?” (Job 1:8).

Job siguió enfrentando muchos más problemas aparte de los que ya existían, perdió su buena reputación delante de los hombres, pero nunca delante de Dios. Sus mejores amigos se apartaron de él dejándolo solo en su momento de crisis. Pero es motivo de ejemplo lo que Job contesta en medio de su momento de angustia: “Yo sé que mi Redentor vive…” (Job 19:25a). Creer en Dios a pesar de ver todo en contra, es uno de los ejemplos que Job nos dio.

¿Qué es lo que estas enfrentando en este momento?, ¿Es mayor que lo que Job experimento?, ¿Cómo estamos reaccionando frente a nuestros problemas?, ¿Los aceptamos?, ¿Renegamos contra Dios?, ¿Nos alejamos de Él?, ¿Cuál es nuestra reacción frente a los distintos problemas que se nos pueden presentar?

Hoy quiero invitarte a creer en el Señor a pesar que todo este en tu contra. Hoy quiero recordarte que tu FE no está puesta en algo material o humano, sino en el Señor Dios Todopoderoso que Gobierna sobre TODO.

No importa los problemas que en esta hora estés metido, tienes que seguir siendo fiel a Dios, buscarlo con todo tu corazón, pero sobre todo creer firmemente que Dios ha de salir a tu rescate, porque Él lo ha prometido.

Quizá hoy todo este nublado, pero pronto aparecerá el sol maravilloso de Dios alumbrando nuestro día y entonces nos daremos cuenta que valió la pena creerle a pesar de que todo estaba en contra, pues Dios recompensa a los que en Él creen a pesar de no ver en su momento una solución posible.

Dios recompenso esa fidelidad de Job en medio de sus problemas: “Y bendijo Jehová el postrer estado de Job más que el primero; porque tuvo catorce mil ovejas, seis mil camellos, mil yuntas de bueyes y mil asnas, y tuvo siete hijos y tres hijas” (Job 42:12-13).

Quizá estés a punto de perder mucho o todo, quizá en este momento en tu corazón haya una desesperación por ver como los problemas lejos de solucionarse aumentan, pero aun en medio de todo el panorama que este momento estés visualizando ¡CONFÍA!, sigue creyendo en que Dios obrara, no te enojes con Él, no le reclames por tu actual estado, simplemente sé FIEL y entonces Dios a su debido tiempo te recompensara al doble.

Cuando estés enfrentando crisis difíciles en tu vida, cuando los problemas se agraven y no encuentres una solución, solamente recuerda que tu vida está en las Manos de Dios y que Él siempre tendrá cuidado de ti, por esa razón no desmayes, no te alejes, sino confía en Él, porque Él hará.

“Gracia y Paz”
Aliento Diario

EL VIRUS MÁS TEMIBLE DE TODOS: EL PECADO



Después de que la palabra «virus» pasase a formar parte del vocabulario de la biología y de la Medicina, hace casi dos siglos, más recientemente pasó a emplearse en informática. Designa a un muy pequeño elemento que se introduce en un ser vivo o en una computadora (ordenador) y consigue deteriorarlo, modificando sus funciones vitales desde el interior.

Existe uno mucho más peligroso que el del sida, mucho más devastador. Infecta a cada ser humano, lo quiera o no: es el pecado.

Este virus mortal contaminó a Adán y Eva, nuestros primeros padres, e infectó la humanidad entera, una generación tras otra. Cada ser humano está contaminado y puede ver múltiples síntomas de ello en su propia vida.

Algunos pueden parecer benignos, como la mentira, la burla, los celos; otros parecen más graves: el hurto, el asesinato, la corrupción moral… Pero todos tienen el mismo origen y conducen al mismo fin fatal: “la muerte” (Romanos 5:12). La muerte destruye al cuerpo, pero el alma subsiste ante Dios, y el que no crea a Dios, sufrirá “la muerte segunda” (Apocalipsis 20:14), es decir, el eterno alejamiento de Dios.

Dios ama a los hombres. Les dio el único remedio eficaz para escapar del juicio de “la segunda muerte”. Ese remedio es “la sangre preciosa de Cristo” derramada en la cruz, que “nos limpia de todo pecado” y nos da la vida eterna (1 Pedro 1:19; 1 Juan 1:7).
Como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron (Romanos 5:12).

“Lávame más y más de mi maldad, y límpiame de mi pecado” (Salmo 51:2).

“Gracia y Paz”
Ilustraciones Cristianas