lunes, 9 de febrero de 2015

¿VIVES INMADUREZ ESPIRITUAL?




Hebreos 5:12-14
“Porque debiendo ser ya maestros, después de tanto tiempo, tenéis necesidad de que se os vuelva a enseñar cuáles son los primeros rudimentos de las palabras de Dios; y habéis llegado a ser tales que tenéis necesidad de leche, y no de alimento sólido. Y todo aquel que participa de la leche es inexperto en la palabra de justicia, porque es niño; pero el alimento sólido es para los que han alcanzado madurez, para los que por el uso tienen los sentidos ejercitados en el discernimiento del bien y del mal”.

La Biblia dice que cuando aceptamos a Jesucristo como nuestro Salvador nacemos espiritualmente. Así le dijo Jesús a Nicodemo: “De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios” (Juan 3:3). Y en su segunda carta a los corintios el apóstol Pablo escribió: “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es” (2 Corintios 5:17). Es decir, al momento de nuestra conversión somos “bebés espirituales”. Entonces, al igual como sucede en el aspecto físico, se espera que crezcamos espiritualmente hasta llegar a alcanzar la madurez. Sin embargo hay creyentes que no siguen este proceso normal del crecimiento y permanecen en la etapa inicial necesitando ser alimentados, en lugar de que ellos alimenten a nuevos creyentes.

En la escritura de hoy, se habla de un grupo de judíos convertidos que ya deberían de ser lo suficientemente maduros como para enseñar a otros, pero que seguían siendo inmaduros espiritualmente. Eran como niños lactantes necesitados de atención, y que no producían fruto espiritual. Eran oIDORES MAS NO HACEDORES DE la palabra. Quienes actúan de esta manera se quedan en un estado de perpetua infancia espiritual.

En el siguiente capítulo de esta misma carta, podemos ver una clara exhortación a que dejen a un lado las cosas infantiles y maduren. Dice Hebreos 6:1: “Por tanto dejando ya los rudimentos de la doctrina de Cristo, vamos adelante a la perfección...” La palabra “perfección” aquí significa “madurez”. A aquellos a quien se les enviaba esta carta se les pedía que dejaran ya la etapa inicial de “la leche”, y que crecieran a la “madurez” alimentándose del alimento sólido de la Palabra de Dios.

Si los creyentes NO buscamos alimentarnos apropiadamente con “alimento sólido” que es la Palabra de Dios, seguro que NO creceremos espiritualmente, y siempre vamos a estar raquíticos y desnutridos, y nuestra actitud será como la de un niño inexperto que depende de los demás. Muchas iglesias hoy viven este problema, porque cuando deberían de ser Talleres de Evangelización, sólo son “guarderías” para niños pequeños y llorones. Ciertamente una iglesia organizada debe tener una guardería para los nuevos cristianos, pero éstos deben crecer y desarrollarse de manera que pronto estén listos para servir. Cuando los bebés espirituales no crecen, los obreros tienen que pasar demasiado tiempo atendiéndolos, descuidando otras actividades dentro de la iglesia como es el evangelizar.

Una de las características del creyente que no crece es que continúa reaccionando conforme a los impulsos de la carne y no de acuerdo al Espíritu. El apóstol Pablo en su primera carta a los Corintios les dice: “De manera que yo, hermanos, no pude hablaros como a espirituales, sino como a carnales, como a niños en Cristo. Os di a beber leche, y no vianda; porque aún no erais capaces, ni sois capaces todavía, porque aún sois carnales; pues habiendo entre vosotros celos, contiendas y disensiones, ¿no sois carnales, y andáis como hombres?” (1 Corintios 3:1-3).

¿Cuánto tiempo hace que conociste a Cristo? ¿aun sigues siendo una carga para tu pastor y para tus hermanos en la fe, o has llegado a la madurez espiritual y puedes llevar la carga de la instrucción de un nuevo creyente? El apóstol Pedro nos desafía a “crecer en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo” (2 Pedro 3:18). Tratemos de alcanzar esa madurez espiritual. La manera de lograrlo es dedicando todos los días un tiempo a buscar el rostro del Señor, leyendo y meditando en su palabra y orando en busca de sabiduría y discernimiento espiritual y de la voluntad de Dios para nuestras vidas.

Oración:
Amoroso Padre, te ruego me ayudes a crecer espiritualmente. Dame fuerzas para dejar todo aquello que impide ese crecimiento y a concentrarme en crecer en el conocimiento de tu palabra, y en el poder de tu Santo Espíritu. En el nombre de Jesús, Amén.

¡Gracia y Paz!

Dios te Habla

viernes, 6 de febrero de 2015

¿QUÉ CARACTERÍSTICAS TIENE LA SANA DOCTRINA?



1.- ES CONFORME A LA PIEDAD:

1 Timoteo 6:3-4
"Si alguno enseña otra cosa, y no se conforma a las sanas palabras de nuestro Señor Jesucristo, y a la doctrina que es conforme a la piedad, está envanecido, nada sabe, y delira acerca de cuestiones y contiendas de palabras, blasfemias, malas sospechas, disputas necias de hombres corruptos de entendimiento y privados de la verdad, que toman la piedad como fuente de ganancia; apártate de los tales".


2.- ES SANA:

Tito 2:1
"Pero tú habla lo que está de acuerdo con la sana doctrina"


3.- ES PURA:

Tito 2:7-8
"…preséntate tú en todo como ejemplo de buenas obras; en la enseñanza mostrando integridad, seriedad, palabra sana e irreprochable, de modo que el adversario se avergüence y no tenga nada malo que decir de vosotros".

Cuando no se sigue o no se tiene una base doctrinal sana se corre el peligro de dar lugar a espíritus engañadores, doctrinas de demonios y vientos de doctrinas que conducen a la perdición (léase también Efesios 4:14).


4.- SE SUSTENTA EN LA BIBLIA:

La base de toda enseñanza o predicación debe ser La Biblia y únicamente La Biblia, porque está escrito: "Toda Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para reprender, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, equipado para toda buena obra" (2 Timoteo 3:16-17).

Es verdaderamente lamentable que en muchos púlpitos se este cambiando La Santa Palabra de Dios por humanismo, psicología, doctrinas paganas de hombres, etc.

No es correcto fundamentar las enseñanzas o prédicas en experiencias personales, alabanzas, sueños, etc., porque La Biblia contiene el mensaje que Dios quiere trasladar a su pueblo, porque "Todo lo que fue escrito en tiempos pasados, para nuestra enseñanza se escribió, a fin de que por medio de la paciencia y del consuelo de las Escrituras tengamos esperanza" (Romanos 15:4).

Constantemente vemos en La Biblia que la predicación y la enseñanza que provienen del Señor tienen su cimiento en La Biblia (Hechos 13:49; 15:35; 16:32; 19:10; 1 Pedro 1:25).


5.- DEBE SER CON DOCTRINA:

La Biblia dice: "el que enseña, en doctrina", mostrándonos que toda enseñanza debe coincidir con lo escrito en La Biblia y concordar con la doctrina expuesta por los apóstoles"; es decir que, el ministro o maestro no debe trasladar enseñanzas que contradigan el contexto bíblico y lo expuesto por su autoridad, por muy inspirador o hermoso que se escuche (1 Timoteo 6:3-4), porque se da lugar a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios.

1 Timoteo 4:1
"Pero el Espíritu dice claramente que en los postreros tiempos algunos apostatarán de la fe, escuchando a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios…".


6.- DEBE SER PARA ENSEÑAR:

La Biblia en Romanos 12:6-8 traduce "el que enseña, úselo en la enseñanza"; es decir que las personas con el conocimiento de La Palabra de Dios, no deben utilizarlo para engrandecerse a sí mismas, ni para hacer sentir mal a los que escuchan y no saben, ni tampoco para rivalizar con otras personas para ver quién sabe más; sino que se debe enseñar para que el Pueblo de Dios sea edificado y conozca más al Señor y su Palabra.

Se puede enseñar con doctrina, discurso ordenado, didáctica y más, pero si se carece del don de enseñanza, no se obtendrán los resultados que Dios desea, porque la enseñanza será solamente un traslado de conocimiento; sin embargo, si al enseñar tenemos doctrina, discurso ordenado, didáctica y el don de enseñanza, entonces sí estamos siendo vasos útiles en las manos de Dios y estamos educando, por La Palabra, la nueva vida de los que oyentes y esa enseñanza influenciará permanentemente su conducta, para transformarlos cada vez más a la imagen de nuestro Señor Jesucristo.

En el libro de los Hechos 18:24-26 leemos: "Llegó entonces a Efeso un judío que se llamaba Apolos, natural de Alejandría, varón elocuente, poderoso en Las Escrituras. Este había sido instruido en el camino del Señor, y siendo de espíritu fervoroso, hablaba y enseñaba diligentemente lo concerniente a Señor, aunque solamente conocía el bautismo de Juan. Y comenzó a hablar con denuedo en la sinagoga; pero cuando lo oyeron Priscila y Aquila, le tomaron aparte y le expusieron más exactamente el camino de Dios".

En este caso vemos el ejemplo del cristiano que enseña sin tener el don de enseñanza. Apolos es el ejemplo del cristiano que tiene doctrina, discurso ordenado, didáctica, etc., pero no tiene el don de enseñanza porque no tenía el bautismo con el Espíritu Santo, pero Priscila y Aquila, representan a los cristianos que tienen doctrina, discurso ordenado, didáctica y el don de enseñanza, y por ello le enseñan el camino de Dios con mayor exactitud.


7.- DEBE SER EXPLICADA Y ACLARADA:

Cuando enseñamos la Palabra de Dios debemos explicar y darle el sentido bíblico de lo que significa el pasaje que exponemos. Esta necesidad es evidente cuando se enseña a diferentes grupos de personas, porque no se puede enseñar de la misma forma a niños que a jóvenes, adultos o ancianos, y aún es diferente enseñarle a los mismos grupos de personas de diferentes culturas.

A los niños hay que enseñarles con juegos, dibujos, juguetes, etc., a los adolescentes se les debe enseñar de manera que la exposición les sea atractiva y que los rete a entregar su juventud al Señor. Los adultos por su experiencia en la vida y su madurez, no tienen las mismas necesidades que los jóvenes, y la forma de enseñar a los ancianos es diferente porque tienen necesidades diferentes.

En Lucas 24 leemos cómo el Señor Jesús les abrió el entendimiento a sus discípulos para que comprendieran las Escrituras (Lucas. 24:44 al 45).


8.- DEBE SER CONSTANTE:

En Nehemías 8:18 se lee que Esdras leía día tras día el libro de La Ley de Dios. Esto indica que la enseñanza debe ser un proceso constante en las congregaciones; un fácil ejemplo lo vemos en las escuelas, donde el alumno debe asistir diariamente, cierta cantidad de horas para ser enseñado. Por esta razón hay Iglesias donde existe el departamento de Discipulado, que enseña y delega a personas para transmitir la enseñanza en los hogares.


9.- NO DEBE PONER CARGAS SOBRE LOS OYENTES:

En Nehemías 8:9-12 se lee que Nehemías, Esdras y los levitas que enseñaban decían a todo el pueblo: "no os entristezcáis, ni lloréis; porque todo el pueblo lloraba oyendo las palabras de la ley. Y les dijo: Id, comed grosuras, y bebed vino dulce, y enviad porciones a los que no tienen aparejado; porque día santo es a nuestro Señor; y no os entristezcáis, porque el gozo del Señor es vuestra fortaleza". Esto muestra que la persona que enseña no debe poner cargas sobre el pueblo.

En Lucas 11:45 al 46 leemos: "Y respondiendo uno de los doctores de la ley, le dice: Maestro, cuando dices esto, también nos afrentas á nosotros. Y él dijo: ¡Ay de vosotros también, doctores de la ley! Que cargáis á los hombres con cargas que no pueden llevar; mas vosotros ni aun con un dedo tocáis las cargas". Aquí, el Señor confrontó a los escribas porque con la interpretación y enseñanza que daban, ponían cargas sobre el pueblo que ellos no se atrevían a mover con un dedo.


10.- LA INVOCACIÓN A DIOS:

En Nehemías 9:4, leemos que los levitas: "Se levantaron luego sobre la grada de los levitas, Jesúa y Bani, Cadmiel, Sebanías, Buni, Serebías, Bani y Quenani, y clamaron en voz alta al Señor su Dios". Esto nos muestra la necesidad de depender de Dios para obtener el alimento celestial, al estudiar La Palabra. La dependencia de Dios es una garantía para el expositor y los oyentes, porque hará que el expositor busque, clame y llore delante de Dios para pedir el alimento espiritual. Un ejemplo de esto lo vemos en Éxodo 16:15 "Y viéndolo los hijos de Israel, se dijeron unos a otros: ¿Qué es esto? Porque no sabían qué era. Entonces Moisés les dijo: es el pan que Yahweh Dios os da para comer", porque los israelitas debían salir diariamente a recoger su alimento, el mana, figura de la Palabra de Dios.

Estos han sido sólo algunas características de lo que es la Sana Doctrina Bíblica, en virtud de que este tema abarca también muchas técnicas y métodos que son muy importantes para la edificación de quienes estamos aprendiendo la Palabra de Dios. Por ello animo a quienes enseñan a que lo hagan transmitiendo el evangelio y la doctrina de Jesucristo en su pureza bíblica, con su corazón y su vida en ella.

“Gracia y Paz”

Aprendiendo la Sana Doctrina

Efesios 5:18



“…Sed llenos del Espíritu”
(Efesios 5:18b)

Todos los que hemos creído en el Señor Jesucristo hemos recibido el Santo Espíritu de Dios (Juan 7:38-39).

“No Contristéis al Espíritu Santo” (Efesios 4:30). No permitas que el pecado permanezca en ti sin confesarlo, causando así tristeza y pesar al Espíritu Santo que mora en ti. Él nunca va a llenar y usar un vaso sucio. Reconoce el pecado, no lo escondas, no lo encubras, enfréntalo; se honesto delante de Dios, ve el pecado como Dios lo ve, odia el pecado como Dios lo odia, admítelo (1 Juan 1:6-9).

El santo Espíritu de Dios mora en cada creyente nacido de nuevo (1 Corintios 6:19; Romanos 8:9).

¿Estoy limpio y preparado para que el Santo Espíritu de Dios more en mí? ¿Hay en mi vida algún pecado sin confesar? (Salmo 139:23-24).

[Pasajes para estudiar: 1 Juan 1:5-10; Juan 13:4-11; Santiago 4:8-10; Salmo 51 y Salmo 32].


¡Gracia y Paz!

¿SABES CÓMO HABLAR CON DIOS DE MANERA SENCILLA Y SINCERA?



Mateo 6:5-8
“Y cuando ores, no seas como los hipócritas; porque ellos aman el orar en pie en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para ser vistos de los hombres; de cierto os digo que ya tienen su recompensa. Mas tú, cuando ores, entra en tu aposento, y cerrada la puerta, ora a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público. Y orando, no uséis vanas repeticiones, como los gentiles, que piensan que por su palabrería serán oídos. No os hagáis, pues, semejantes a ellos; porque vuestro Padre sabe de qué cosas tenéis necesidad, antes que vosotros le pidáis”.

Jesús estaba conversando con sus discípulos acerca de la oración cuando les dio estas instrucciones. Muchas personas se basan en el último versículo de este pasaje para cuestionar la necesidad de orar. Y suelen decir: “Si Dios ya lo sabe, ¿qué necesidad hay de orar?” Otros afirman que no hay que orar por las cosas materiales, pues estas están resueltas de todas maneras. Estos se apoyan en las palabras de Jesús en Lucas 12:29-30: “Vosotros, pues, no os preocupéis por lo que habéis de comer, ni por lo que habéis de beber, ni estéis en ansiosa inquietud. Porque todas estas cosas buscan las gentes del mundo; pero vuestro Padre sabe que tenéis necesidad de estas cosas”. Entonces, ¿para qué orar?

Lo cierto es que no oramos para informarle a Dios de nuestras necesidades, pues él lo sabe todo. En realidad el propósito fundamental de la oración es entablar una íntima comunión con Dios de manera que podamos llegar a conocer su voluntad y sus planes para la vida de cada uno de nosotros. Así aprenderemos a pedirle de acuerdo a sus propósitos, y sus planes de bienestar y prosperidad se llevarán a cabo en nuestras vidas (Jeremías 29:11). En su carta el apóstol Santiago nos advierte: “Pedís, y no recibís, porque pedís mal, para gastar en vuestros deleites” (Santiago 4:3). El Espíritu Santo nos enseña a pedir de la manera correcta cuando dedicamos tiempo a orar diariamente. Así dice Romanos 8:26-27: “Y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles. Mas el que escudriña los corazones sabe cuál es la intención del Espíritu, porque conforme a la voluntad de Dios intercede por los santos”.

El creyente que descuida el aspecto de la oración, que no dedica un tiempo diariamente a acercarse al trono de la gracia a darle gracias a Dios porque él suple a diario su alimento, el lugar en el que vive, su ropa, las necesidades básicas e incluso los lujos de la vida, crea un sentido de autosuficiencia que inevitablemente endurece su corazón. Cuando actuamos de esta manera, poco a poco sucumbimos al engaño satánico de que nuestra sabiduría y nuestras habilidades son suficientes para que podamos conseguir todas estas cosas sin contar con Dios para nada. Por el contrario, cuando humildemente reconocemos nuestra dependencia del Señor, y día tras día venimos a él en oración con corazones agradecidos seremos abundantemente bendecidos.

¿Por qué debemos orar? Porque Dios nos ha facilitado este medio para llegarnos a su santa presencia, para que podamos conocerle íntimamente, para que su Santo Espíritu obre en nuestras vidas y nos consuele en la aflicción, y nos llene de su gozo y de su paz. Y mientras más conocemos a Dios más creemos en sus promesas, y más confianza tenemos en él para pedirle sabiendo que “todo lo que pidiereis en oración, creyendo, lo recibiréis”, como dijo Jesús a sus discípulos en Mateo 21:22.

Confía en que Dios conoce exactamente lo que tú necesitas para vivir una vida llena de paz, felicidad y muchas bendiciones. Pídele que su voluntad sea hecha en todo lo que pidieres, y dale gracias anticipadamente sabiendo que recibirás mucho más de lo que has pedido, pues él “es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos” (Efesios 3:20).

Oración:
Amado Padre, ayúdame a reconocer mi necesidad de vivir en comunión contigo. Pon en mi corazón un ferviente deseo de buscar tu rostro en oración día tras día, para que yo pueda recibir de ti la fortaleza, la sabiduría y el valor para vivir en armonía contigo. En el nombre de Jesús, Amén.

¡Gracia y Paz!

Dios te Habla

miércoles, 4 de febrero de 2015

Dios es absoluta y perfectamente Santo



Dios es absoluta y perfectamente Santo (Isaías 6:3); Por lo tanto Él no puede cometer o aprobar el mal (Santiago 1:13). Dios demanda santidad de nosotros también. “Sed santos, porque yo soy Santo” (1 Pedro 1:16).

¡Gracia y Paz!

¡HAZLE A DIOS UN ALTAR EN TU CORAZÓN!



Génesis 35:2
“Vámonos a Betel. Allí construiré un altar al Dios que me socorrió cuando estaba yo en peligro, y que me ha acompañado en mi camino”.

¿Quién podría decir que no ha tenido problemas y dificultades en su vida? Esto es inevitable, sin embargo debemos alzar la cabeza y seguir adelante. A veces creemos que no vamos a poder con esa carga porque es demasiado pesada; sin embargo, el apóstol Pablo nos dice en Filipenses 4:13: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece”.

Si le te has desviado del camino o has tropezado con piedras que te han hecho caer, El Señor te dice: “Arrepiéntete, pues, de esta tu maldad, y ruega a Dios, si quizás te sea perdonado el pensamiento de tu corazón” (hechos 8:22). Además: “Yo te instruiré, yo te mostraré el camino que debes seguir; yo te daré consejos y velaré por ti” (Salmo 32:8).

Seamos agradecidos con el Señor por tanta misericordia manifestada. Constrúyele un altar en tu corazón y nunca dejes de lado los favores recibidos. “Alaba, alma mía, al Señor, y no olvides ninguno de sus beneficios” (Salmo 103:2).

Amado Padre Celestial te doy gracias porque sé que en mi caminar siempre vas a mi lado recordándome que no estoy solo. Gracias Señor porque a través de todas las dificultades que estoy pasando puedo ver tu gloria. Ayúdame para caminar tranquilo y sin temor; porque Tú eres mi fuerza y salvación. Quiero construirte un altar en mi corazón para adorarte y darte toda la honra que sólo tú te mereces. En Cristo Jesús, Amen.

¡Gracia y Paz!

C. Dora

Mateo 22:36-38


Mateo 22:36-38
"Maestro, ¿cuál es el gran mandamiento de la ley? Y El le dijo: AMARAS AL SEÑOR TU DIOS CON TODO TU CORAZÓN, Y CON TODA TU ALMA, Y CON TODA TU MENTE. Este es el grande y el primer mandamiento".

Salmo 121



Salmo 121:1-8

“Alzaré mis ojos a los montes; ¿De dónde vendrá mi socorro? Mi socorro viene de Yahweh Dios, Que hizo los cielos y la tierra. No dará tu pie al resbaladero, Ni se dormirá el que te guarda. He aquí, no se adormecerá ni dormirá El que guarda a Israel. Yahweh Dios es tu guardador; Yahweh Dios es tu sombra a tu mano derecha. El sol no te fatigará de día, Ni la luna de noche. Yahweh Dios te guardará de todo mal; El guardará tu alma. Yahweh Dios guardará tu salida y tu entrada Desde ahora y para siempre”.

Salmo 17:5



Salmo 17:5

“Sustenta mis pasos en tus caminos, para que mis pies no resbalen”.

¿SABES CONSULTAR A DIOS PARA TOMAR EL CAMINO CORRECTO?


¿SABES CONSULTAR A DIOS PARA TOMAR EL CAMINO CORRECTO?

Desde muy temprano en nuestras vidas hasta que llegamos a la vejez nos encontramos en un continuo proceso de tomar decisiones. Muchas decisiones son simples y poco trascendentales, pero hay otras que son complejas y difíciles, y cuyas consecuencias afectarán profundamente nuestras vidas y las de otras personas que tienen relación con nosotros. Ante la necesidad de tomar una decisión importante, siempre se aconseja reunir la mayor cantidad de información sobre la situación, meditar detenidamente en las cosas positivas o negativas que puedan resultar de la decisión, y después de pensarlo muy bien decidir lo que se va a hacer. Pero aún así no hay ninguna garantía de que los resultados vayan a ser los mejores. Lo cierto es que cada decisión que tomamos es un riesgo que corremos, simplemente porque nuestra capacidad mental es limitada, y no somos capaces de ver más allá del minuto en que estamos viviendo.

Sería maravilloso que al encontrarnos en una encrucijada en la vida pudiéramos conocer con certeza cuál es el camino que debemos tomar para tener éxito. Sin embargo, el único que tiene este conocimiento es Dios en su infinita omnisciencia. Él todo lo sabe, el pasado, el presente y el futuro. Su conocimiento es perfecto en todos los sentidos. Ciertamente sería fantástico poder contar con él al momento de tomar una decisión, ¿verdad que sí? Pues bien, en la escritura de hoy Dios está dispuesto a enseñarnos el camino a escoger. Pero, ¿quién disfrutará de este privilegio? Dice: “El hombre que teme al Señor”.

Este salmo no se refiere a ese sentimiento de miedo que provoca el deseo de huir de alguna persona, animal o cosa. Es más bien un temor santo y reverente hacia Dios y su Palabra. Es reconocer profunda y genuinamente la majestuosidad y soberanía del Rey de reyes y Señor de señores. Es estar consciente del amor tan grande de Dios, manifestado en el sacrificio de su Hijo. Es sentir en el corazón una mezcla de sincero amor, ternura y respeto por nuestro Padre celestial. Es un profundo deseo de agradarle en todo y tratar de no ofenderle en nada. Cuando sentimos este temor, dice la Biblia, el Señor nos guiará, y nos enseñará el camino que debemos seguir, nos mostrará la decisión que debemos tomar. Proverbios 1:7 dice: “El principio de la sabiduría es el temor de Yahweh” Y el Salmo 112:1 dice “bienaventurado es el hombre que teme al Señor, y en sus mandamientos se deleita en gran manera”

La Biblia nos muestra muy claramente el secreto del éxito en cada decisión que tenemos que tomar. Mantengamos una actitud reverente y de entrega incondicional a Dios. Escudriñemos su Palabra buscando en ella sabiduría de lo alto. Lleguémonos al Señor en oración pidiendo su dirección y esperemos en él. Clamemos a Dios: “Muéstrame, oh Señor, tus caminos; enséñame tus sendas. Encamíname en tu verdad, y enséñame, porque tú eres el Dios de mi salvación; en ti he esperado todo el día” (Salmo 25:4, 5).

¿Te encuentras en medio de una situación difícil? ¿Necesitas que Dios te ayude a tomar una decisión importante? Examina tu corazón y analiza tu actitud hacia el Señor a la luz de la enseñanza de hoy. Ya sabes que él desea lo mejor para ti, y que él quiere enseñarte el camino que te llevará a la victoria. Busca, pues, su rostro en oración como dice Hebreos 4:16: “Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro”. Acércate al Señor confiadamente, es decir sin temor, con reverencia y con la plena seguridad de que en su gracia encontrarás exactamente la ayuda que necesitas y la sabiduría para tomar la decisión perfecta.

Oración:
Amoroso Padre celestial, te doy gracias por el privilegio que me das de acudir a ti confiadamente en cualquier momento que necesite ayuda. Por favor, revélame claramente tu voluntad y muéstrame el camino en cada una de las decisiones que debo tomar en mi vida. En el nombre de Jesús, Amén.

¡Gracia y Paz!
Dios te Habla