domingo, 1 de junio de 2014
viernes, 30 de mayo de 2014
¿DE QUÉ DEPENDE TU FELICIDAD?
¿De qué depende tu
felicidad?
Salmo 4:6-7
“Muchos son los que dicen: ¿Quién nos
mostrará el bien? Alza sobre nosotros, oh Jehová, la luz de tu rostro. Tú diste
alegría a mi corazón mayor que la de ellos cuando abundaba su grano y su mosto”.
La búsqueda de la felicidad es sin duda uno de los desafíos
más grandes, si no el mayor, a los que se enfrenta toda persona durante su
vida. El ser humano no se siente totalmente feliz mientras le falte algo que él
considera que debe tener, ya sea en el aspecto material, emocional o
espiritual. Por eso muchas personas se pasan toda la vida buscando “eso” que
les falta, y cuando lo encuentran se dan cuenta que todavía no son lo felices
que esperaban ser. Y, mientras tanto, en el proceso se encuentran
circunstancias tanto positivas como negativas las cuales los llevan de arriba a
abajo en el aspecto emocional.
Los sicólogos, que se habían centrado siempre en la
curación y el alivio de las enfermedades mentales, comenzaron hace unos años el
estudio de las personas normales y su potencial para la alegría, el gozo y la
realización personal. David Lykken, profesor emérito de la Universidad de
Minnesota, ha elaborado lo que él llama “La teoría del punto de felicidad”. Él
llegó a la conclusión de que la mayoría de las personas regresan a su nivel
anterior de felicidad de seis meses a un año después de acontecimientos
dramáticos como la tristeza por perder a un ser querido, o la emoción de
mudarse a la casa soñada. Lykken llama a ese punto de referencia original el
“punto de felicidad”.
En el cristiano el “punto de felicidad” es muy diferente
al del mundo, pues no depende de los altibajos normales de la experiencia
humana. La Biblia nos dice que busquemos nuestra felicidad en el Dios inmutable
y no en nuestras variables e inciertas circunstancias. En el pasaje de hoy, David
alaba a Dios diciéndole: “Tú diste alegría a mi corazón mayor que la de ellos
cuando abundaba su grano y su mosto”. Esta “alegría en el corazón” es muy
diferente y mucho más profunda que la sensación de bienestar que proviene de
las circunstancias favorables. Se refiere al gozo que proviene del Espíritu de
Dios, el cual no depende de si nos va bien o nos va mal, sino que está
relacionado exclusivamente con la presencia de Dios en nuestras vidas. Así lo dice
David en el Salmo 16:11 “En tu presencia hay plenitud de gozo”. Nosotros
tendremos la misma experiencia que el salmista cuando dejemos de decir: “Yo
sería feliz si...” y empecemos a decir: “Yo soy feliz porque mi Padre celestial
siempre está conmigo”. El gozo que se basa en el amor y la misericordia de
nuestro Dios, independientemente de nuestras circunstancias, debería ser
nuestro constante “punto de felicidad”.
El apóstol Pablo llegó a conocer el secreto de la
verdadera felicidad, la que se siente lo mismo en la escasez que en la
abundancia, cuando falta algo o cuando algo sobra. En su carta a los filipenses
les dijo: “En gran manera me gocé en el Señor de que ya al fin habéis revivido
vuestro cuidado de mí; de lo cual también estabais solícitos, pero os faltaba
la oportunidad. No lo digo porque tenga escasez, pues he aprendido a
contentarme, cualquiera que sea mi situación. Sé vivir humildemente, y sé tener
abundancia; en todo y por todo estoy enseñado, así para estar saciado como para
tener hambre, así para tener abundancia como para padecer necesidad”
(Filipenses 4:10-12). Y entonces completa el pensamiento con el secreto de su
constante gozo y felicidad: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece”
(Filipenses 4:13).
Si estás pasando por momentos de tristeza en tu vida,
acércate a Dios, alábale, clama a él, pídele que derrame la unción restauradora
de su Espíritu en tu espíritu quebrantado. Mantente firme en tu relación con el
Señor y pronto comenzarás a sentir su paz y su gozo inundando tu corazón.
ORACIÓN:
Mi bendito Padre, ayúdame a entender que tú eres la
fuente de todo lo que yo necesito en la vida para ser feliz. Yo rechazo todo
intento de Satanás de confundirme con las cosas del mundo, y confió en que tu
presencia llena mi vida de paz y de gozo. Por Cristo Jesús, Amén.
¡Gracia y Paz!
Dios te Habla
jueves, 29 de mayo de 2014
¿PUEDES PERMANECER CALLADO?
¿Puedes permanecer
callado?
Marcos 15:1-5
“Muy de mañana, habiendo tenido consejo los
principales sacerdotes con los ancianos, con los escribas y con todo el
concilio, llevaron a Jesús atado, y le entregaron a Pilato. Pilato le preguntó:
¿Eres tú el Rey de los judíos? Respondiendo él, le dijo: Tú lo dices. Y los
principales sacerdotes le acusaban mucho. Otra vez le preguntó Pilato,
diciendo: ¿Nada respondes? Mira de cuántas cosas te acusan. Mas Jesús ni aun
con eso respondió; de modo que Pilato se maravillaba”.
Callar no es precisamente una cualidad intrínseca del ser
humano. Desde muy pequeños, los niños muestran una marcada tendencia a tratar
de captar la atención de los demás ya sea llorando, o gritando o, cuando
aprenden a pronunciar palabras, hablando sin cesar. Cuando somos adultos, ya no
lloramos o gritamos como los pequeños, sin embargo todavía nos resulta difícil
callarnos, sobre todo cuando nos insultan o nos acusan injustamente. Por eso,
en el pasaje de hoy, Pilato se maravilló cuando Jesús permaneció callado ante
las acusaciones de que era objeto por parte de los sacerdotes judíos. Seguir el
ejemplo de Jesús no es nada fácil, sin embargo la Biblia nos exhorta a mantener
una actitud pasiva y prudente en situaciones en las que nuestra naturaleza
carnal nos impulsa a defendernos de acusaciones falsas o de alguna calumnia de
la que hemos sido víctimas. Por ejemplo, Proverbios 19:11 dice: “El buen juicio
hace al hombre paciente; su gloria es pasar por alto la ofensa”.
En Mateo 12:34, Jesús les dice a un grupo de judíos:
“¡Generación de víboras! ¿Cómo podéis hablar lo bueno, siendo malos? Porque de
la abundancia del corazón habla la boca”. Ciertamente un corazón lleno de ira y
amargura producirá palabras que no glorificarán el nombre de Dios. Por eso, en
su carta a los efesios, el apóstol Pablo les dice: “Quítense de vosotros toda
amargura, enojo, ira, gritería y maledicencia, y toda malicia. Antes sed
benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios
también os perdonó a vosotros en Cristo” (Efesios 4:31-32). Pablo nos advierte
que debemos despojarnos de “toda amargura”, pues hay un peligro muy grande
cuando permitimos que ésta se acumule en el corazón y eche raíces. Hebreos
12:15 nos alerta de la siguiente manera: “Mirad bien, no sea que alguno deje de
alcanzar la gracia de Dios; que brotando alguna raíz de amargura, os estorbe, y
por ella muchos sean contaminados”. De igual manera debemos librarnos de enojo,
ira, gritería y maledicencia, ya que nada de esto proviene de Dios.
En la corte judicial de un pequeño pueblo había un
abogado que solía hacer comentarios despectivos y usaba en ocasiones lenguaje
provocativo dirigido al juez en funciones de dicho tribunal. En lugar de tomar
medidas enérgicas contra el abogado y mandarle a callar, el juez sonreía y se
quedaba callado. La gente se preguntaba cómo podía ser tan paciente. En una
ocasión, durante una cena, alguien le preguntó al juez: “¿Por qué usted no hace
algo respecto a ese insolente abogado?” El juez puso su tenedor en el plato, y
con una leve sonrisa contestó: “Tengo una vecina que tiene un perro. Siempre
que hay luna llena, el perro ladra sin cesar toda la noche”. Luego, el juez
reanudó su comida tranquilamente. Una persona le preguntó: “Pero señor juez,
¿qué tiene que ver eso del perro y la luna con ese abogado?” Él contestó: “Pues
que la luna simplemente ¡sigue brillando!”
Los sacerdotes judíos insultaron y acusaron a Jesús. Él
simplemente calló. Y su gloria siguió brillando y seguirá alumbrando por la
eternidad. Debemos aprender a callar en lugar de hablar algo ofensivo. Y si es
absolutamente necesario que hablemos en nuestra defensa, debemos hacerlo con
mansedumbre, controlando las emociones y recordando que “la blanda respuesta
quita la ira; mas la palabra áspera hace subir el furor” (Proverbios 15:1). Ciertamente
podríamos evitar muchos problemas si aprendiéramos a hablar con suavidad, y a
callarnos cuando no tuviéramos algo bueno que decir de la otra persona.
ORACIÓN:
Padre santo, te ruego llenes mi corazón de tu amor y de
tu paz, de manera que siempre que yo hable lo haga con palabras que edifiquen y
no ofendan aun en momentos en que me han herido u ofendido de alguna manera. Y
dame la fuerza para permanecer callado cuando sea prudente hacerlo. En el
nombre de Jesús, Amén.
¡Gracia y Paz!
Dios te Habla
miércoles, 28 de mayo de 2014
¿ERES TÚ UN INSTRUMENTO DEL SEÑOR?
¿Eres tú un
instrumento del Señor?
1 Samuel 16:6-13
“Y aconteció que cuando ellos vinieron, él
vio a Eliab, y dijo: De cierto delante de Yahweh está su ungido. Y Yahweh respondió
a Samuel: No mires a su parecer, ni a lo grande de su estatura, porque yo lo
desecho; porque Yahweh no mira lo que mira el hombre; pues el hombre mira lo
que está delante de sus ojos, pero Yahweh mira el corazón. Entonces llamó Isaí
a Abinadab, y lo hizo pasar delante de Samuel, el cual dijo: Tampoco a éste ha
escogido Yahweh. Hizo luego pasar Isaí a Sama. Y él dijo: Tampoco a éste ha
elegido Yahweh. E hizo pasar Isaí siete hijos suyos delante de Samuel; pero
Samuel dijo a Isaí: Yahweh no ha elegido a éstos. Entonces dijo Samuel a Isaí:
¿Son éstos todos tus hijos? Y él respondió: Queda aún el menor, que apacienta
las ovejas. Y dijo Samuel a Isaí: Envía por él, porque no nos sentaremos a la
mesa hasta que él venga aquí. Envió, pues, por él, y le hizo entrar; y era
rubio, hermoso de ojos, y de buen parecer. Entonces Yahweh dijo: Levántate y
úngelo, porque éste es. Y Samuel tomó el cuerno del aceite, y lo ungió en medio
de sus hermanos; y desde aquel día en adelante el Espíritu de Yahweh vino sobre
David. Se levantó luego Samuel, y se volvió a Ramá”.
Se cuenta una historia de un famoso violinista que
anunció un concierto en que tocaría utilizando, como de costumbre, uno de los
famosos (y muy valiosos) violines Stradivarius. Mucha gente acudió al concierto
no sólo por escuchar al violinista, sino también por ver el violín. El
concierto resultó un éxito extraordinario. La gente aplaudió hasta el
cansancio. Pero al final, ante el asombro de todos, el violinista tomó el
violín y lo tiró al piso, y después lo rompió pisoteándolo. La gente no podía
creer lo que estaba viendo. “¿Cómo es posible que este hombre haya roto un
instrumento tan valioso?”, se preguntaban, mirándose unos a otros. Entonces el
violinista tomó el micrófono e hizo la siguiente aclaración: “El violín con que
he tocado no es un Stradivarius de trescientos mil dólares. Es un violín común
y corriente que me costó sólo sesenta y cinco dólares. He hecho esto para que
vean que lo importante no es el violín, sino el violinista”.
El pasaje de hoy, nos muestra un momento sumamente
importante en la historia del pueblo de Israel. Dios había decidido desechar a
Saúl como rey, y ordenó al profeta Samuel que fuera a ver a un hombre llamado
Isaí, el cual tenía varios hijos, uno de los cuales sería el próximo rey de
Israel. Dios le enseñaría lo que debía hacer, y le dijo: “Me ungirás al que yo
te dijere” (1 Samuel 16:3). Lo primero que advierte el Señor a Samuel es que no
se deje llevar por la apariencia, sino que prestara atención a su dirección,
pues para él lo más importante no era el aspecto físico sino el corazón. Uno a
uno fueron pasando delante del profeta los hijos de Isaí. Siete en total, y en
todos los casos Samuel dijo: “Tampoco a éste ha escogido Yahweh.” Finalmente
enviaron por el menor de todos, un jovencito que estaba apacentando las ovejas
de su padre. La Biblia dice que éste era también de buen parecer, pero en él
había algo más, algo muy especial que los demás no tenían: su corazón era
conforme al corazón de Dios (1 Samuel 13:14). Cuando aquel joven hizo su
entrada, “entonces Yahweh dijo: Levántate y úngelo, porque éste es”. Como rey
de Israel, años más tarde, David llegó a ser un instrumento poderoso en las
manos del Señor.
Dios considera a cada uno de sus hijos un instrumento en
potencia, sin importarle la apariencia física, raza o nacionalidad,
inteligencia, educación, o posición social o económica. Lo más importante para
el Señor es un corazón dispuesto a adorarle y servirle. Entonces, en sus manos,
nos convertimos en un poderoso instrumento por medio del cual él puede hacer
maravillas que asombren al mundo. Dispón hoy tu corazón a servir a Dios, pídele
que te use para su honra y gloria, y en sus divinas manos llegarás a ser el
Stradivarius que él, el Maestro de maestros, ha dispuesto que seas.
ORACIÓN:
Padre mío, te doy gracias por no tener en cuenta mi
apariencia ni mis debilidades. Hoy dispongo mi corazón a servirte, y te ruego
que me capacites y me uses como instrumento que glorifique tu nombre delante de
los demás. En el nombre de Jesús, Amén.
¡Gracia y Paz!
Dios te Habla
martes, 27 de mayo de 2014
¿TIENES BUENA VISIÓN ESPIRITUAL?
¿Tienes buena
visión espiritual?
Génesis 13:8, 9
“Entonces Abram dijo a Lot: No haya ahora
altercado entre nosotros dos, entre mis pastores y los tuyos, porque somos
hermanos. ¿No está toda la tierra delante de ti? Yo te ruego que te apartes de
mí. Si fueres a la mano izquierda, yo iré a la derecha; y si tú a la derecha,
yo iré a la izquierda”.
Hace muchos siglos, dos hombres se pararon sobre una
elevada colina desde donde se divisaba una gran llanura fértil que se extendía
por varios kilómetros frente a ellos. Sus nombres eran Abram y Lot, su sobrino
quien, con su familia, había salido junto con Abram y su esposa con rumbo a la
tierra de Canaan (Génesis 12:4). Ambos se establecieron en un punto intermedio
entre su hogar y el destino final. Ahora había llegado el momento de separarse
porque la tierra que compartían “no era suficiente para que habitasen juntos,
pues sus posesiones eran muchas, y no podían morar en un mismo lugar” (Génesis
13:6). Estaban a punto de tomar una decisión que afectaría sus vidas y sus
familias en el futuro. Abram instó a Lot a ver a su alrededor para que hiciera
la elección más conveniente para él. “Y alzó Lot sus ojos, y vio toda la
llanura del Jordán, que toda ella era de riego... Entonces Lot escogió para sí
toda la llanura del Jordán” (Génesis 13:10, 11).
Ahora bien, “Jehová había dicho a Abram: Vete de tu
tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré”
(Génesis 12:1). La Biblia nos dice que Abram “creyó a Dios” (Romanos 4:3). Su
confianza estaba puesta en el Dios todopoderoso y en él esperaba. Por eso Dios
se acercó a Abram y le dijo: “Alza ahora tus ojos, y mira desde el lugar donde
estás hacia el norte y el sur, y al oriente y al occidente. Porque toda la
tierra que ves, la daré a ti y a tu descendencia para siempre” (Génesis
13:14-15).
Es importante señalar que antes de que llegaran al
acuerdo final, cada uno de ellos “alzó sus ojos”. Aunque ambos miraron, cada
uno vio cosas diferentes. Lot vio la realidad agrícola: los fértiles campos y la
abundante irrigación. Abram pudo ver más allá, porque él “esperaba la ciudad
que tiene fundamentos, cuyo arquitecto y constructor es Dios”, dice Hebreos
11:10. Lot plantó sus tiendas a las puertas de Sodoma y permaneció allí. Los
reyes de Sodoma y Gomorra sostuvieron en ese tiempo una guerra contra reinos
vecinos. Estos reyes fueron vencidos en una batalla en Sidim, y Lot y su
parentela fueron hechos prisioneros (Génesis 14:12). Por otro lado, la promesa
de Dios a Abram se cumple en nuestro Señor Jesucristo, y en nosotros, su
pueblo, descendientes de Abram. Así escribió el apóstol Pablo en Gálatas 3:29:
“Y si vosotros sois de Cristo, ciertamente linaje de Abraham sois, y herederos
según la promesa”.
La característica fundamental de Abram era su fe, producto
de su estrecha comunión con el Señor. Abram pudo ver lo “invisible” porque
confió en Dios de todo corazón. Uno de los aspectos más importantes en la vida
del cristiano es el discernimiento espiritual, por medio del cual podemos “ver”
y entender los planes que Dios tiene en nuestras vidas y de esta manera, si
seguimos sus instrucciones, vamos a obtener la victoria. Por eso es sumamente
importante que nos concentremos en la manera en que nosotros podemos mejorar
nuestra visión espiritual, nuestro discernimiento espiritual, nuestro
entendimiento espiritual.
¿Deseas tener buena visión espiritual? Aumenta tu tiempo
diario de oración y lectura de la Biblia. A medida que profundizas en tu
relación con Dios, tu visión espiritual irá mejorando y podrás disfrutar
abundantemente de las riquezas y maravillas de la gloria de Dios.
ORACIÓN:
Mi amante Padre celestial, te ruego me ayudes a acercarme
cada día más a ti, y que tu luz redentora ilumine mis ojos espirituales para
poder ver con claridad tus planes en mi vida, y así poder seguir tus
instrucciones que me llevarán a la victoria. En el nombre de Jesús, Amén.
¡Gracia y Paz!
Dios te Habla
lunes, 26 de mayo de 2014
¿QUÉ LUGAR OCUPA EL DINERO EN TU VIDA?
¿Qué lugar ocupa
el dinero en tu vida?
1 Timoteo 6:9-10
"Porque los que quieren enriquecerse
caen en tentación y lazo, y en muchas codicias necias y dañosas, que hunden a
los hombres en destrucción y perdición; porque raíz de todos los males es el
amor al dinero, el cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe, y fueron
traspasados de muchos dolores".
El concepto general que prevalece en la sociedad en que
vivimos es que valemos de acuerdo a las posesiones y el dinero que tengamos
acumulados. Y siguiendo ese concepto, la mayoría de las personas se enfrascan
en una loca carrera en busca de lo que llaman “tranquilidad económica”, pero
lamentablemente, lejos de obtener el resultado anhelado, muchos han conseguido
el fracaso y el sufrimiento, y en muchas ocasiones hasta la muerte. La
tentación de amar el dinero es sumamente fuerte. El mundo está saturado de un
sentimiento de avaricia y ambición por las cosas materiales, y el enemigo de
nuestras almas lo sabe muy bien. Con dinero se pueden conseguir prácticamente
todas las cosas materiales que se desean, por eso es fácil que el ser humano
llegue a sentir tanto amor por el dinero.
El pasaje de hoy nos alerta acerca de este sentimiento.
No tiene nada de malo esforzarse en el trabajo con el fin de tener un mejor
salario o luchar para tener un negocio próspero y exitoso. El problema radica
en sentir amor por el dinero. Cuando alguien ama el dinero es capaz de hacer
cualquier cosa para conseguirlo y nunca está satisfecho. Dice Eclesiastés 5:10:
“El que ama el dinero, no se saciará de dinero; y el que ama el mucho tener, no
sacará fruto. También esto es vanidad”. La codicia ha llevado a muchas personas
a cometer actos repulsivos, incluyendo el robo y el asesinato. Resultado:
desgracia y sufrimiento para muchos.
La Biblia es muy clara en cuanto al dinero. La Palabra de
Dios no dice que es necesario ser pobre para ser un buen cristiano, pero
advierte del peligro espiritual que viene con la riqueza. Cuando alguien tiene
tantos recursos económicos que puede hacer u obtener todo lo que le place,
puede llegar a sentirse como si fuera Dios, capaz de hacer cualquier cosa. Esto
es el principio de la desgracia en la vida de una persona, al igual que lo fue
en la vida de Eva y Adán cuando quisieron ser iguales a Dios. Hay muchas
personas que han llegado a la “cumbre” en el aspecto económico, sin embargo la
mayoría son personas infelices y frustradas.
La Biblia nos cuenta en Lucas capítulo 18 acerca de un
hombre que se acercó a Jesús y le preguntó qué debía hacer “para heredar la
vida eterna”. El Señor le dijo que cumpliera los mandamientos. Y el hombre le
contestó que él los había guardado desde su juventud. Entonces Jesús le dijo:
“Aún te falta una cosa: vende todo lo que tienes, y dalo a los pobres, y
tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme”. Y cuando él oyó esto, “se puso muy
triste, porque era muy rico” (Lucas 18:23). Es decir, para él sus riquezas eran
más importantes que la vida eterna.
Como cristianos no podemos permitir que el dinero ocupe
el primer lugar en nuestras vidas. Cualquier cosa que no glorifique a Dios
comienza a pervertirse y se convierte en impedimento para recibir la bendición
del cielo. Una manera de actuar que manifiesta verdadero amor a Dios es
precisamente separar una ofrenda para la obra de su Reino, cuando lo hacemos de
corazón, se cumplirá la promesa de Dios de que él abrirá las ventanas de los
cielos, y derramará sobre nosotros “bendición hasta que sobreabunde”. Es fácil
dar de lo que nos sobra, pero cuando contribuimos para la obra del Señor, con
una parte de lo que tiene valor para nosotros, estamos demostrando con hechos
el amor que hay en nuestro corazón para Aquel quien nos lo ha dado todo.
Debemos poner a Dios siempre en primer lugar, y él se
encargará de proveer para todas nuestras necesidades, según nos prometió Jesús
en Mateo 6:33: “Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas
estas cosas os serán añadidas”. Si antes que cualquier otra cosa tú buscas el
rostro del Señor cada día de tu vida, él suplirá todas las cosas que tú puedes
conseguir con dinero y otras más que son imposibles de comprar como la paz, el
gozo y la tranquilidad espiritual.
ORACIÓN:
Padre Santo, te ruego que controles mis deseos de vivir
bien y de progresar económicamente, de manera que nunca llegue a amar el
dinero. Por favor, guarda mi corazón para amarte a ti antes que a cualquier
otra cosa en esta vida. Por Cristo Jesús, Amén.
¡Gracia y Paz!
Dios te Habla
domingo, 25 de mayo de 2014
¿CÓMO ESTAS REPRESENTANDO A CRISTO?
¿CÓMO ESTAS
REPRESENTANDO a Cristo?
2 Corintios 5:17-21
“De modo que si alguno está en Cristo, nueva
criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas. Y todo
esto proviene de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por Cristo, y nos dio
el ministerio de la reconciliación; que Dios estaba en Cristo reconciliando
consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados, y nos
encargó a nosotros la palabra de la reconciliación. Así que, somos embajadores
en nombre de Cristo, como si Dios rogase por medio de nosotros; os rogamos en
nombre de Cristo: Reconciliaos con Dios. Al que no conoció pecado, por nosotros
lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él”.
En este pasaje, el apóstol Pablo les dice a los
cristianos de Corinto que Dios nos ha encargado “la palabra de la
reconciliación” a todos los que hemos creído en Jesucristo como nuestro
Salvador. O sea “somos embajadores en nombre de Cristo”. El diccionario de la
Real Academia Española define la palabra “embajador” como “Diplomático que
representa al Estado que lo nombra”. Otra acepción es: “Persona, entidad o cosa
que por ser característico de un lugar o país, se considera representativo de
ellos”. Es decir, ambos significados denotan que un embajador debe mostrar
características similares a aquello que representan. Un diplomático debe
expresar fielmente la política de su país ante las demás naciones del mundo. Y
cuando este término se aplica a una persona, entidad o casa de un cierto país,
igualmente sus características deben representar con la mayor exactitud posible
aquellas cualidades de su país de origen. La pregunta es: “¿Estamos
representando bien a nuestro Señor?”
Lo primero que leemos en el pasaje de hoy es que aquel en
el cual vive Cristo es “una nueva criatura”. Para él todo lo viejo ha pasado.
La vida anterior ha muerto, las viejas costumbres ya no existen, la anterior
manera de pensar ha sido transformada, las cosas que antes eran “importantes”
ahora se tienen “por basura, para ganar a Cristo”, como dijo Pablo en
Filipenses 3:8. Mira tu interior, medita en tus acciones. ¿Ha habido un cambio
profundo en tu manera de pensar y de actuar? ¿Eres realmente una “nueva
criatura”? Este es el primer requisito para ser embajador de Cristo. Después
sigue un proceso de acercamiento al Señor en el cual nos reunimos diariamente
con él, y pasamos tiempo de comunión por medio de la lectura de la Biblia y la
oración. De esta manera conocemos cada vez más sus principios y preceptos, y el
Espíritu Santo va tomando control de nuestro ser. Cuando seguimos y obedecemos
fielmente sus instrucciones, entonces llegaremos a parecernos a Jesús.
De la condición de embajador de Jesucristo nace también
la conciencia de la autoridad, que Pablo define precisamente al decir “en
nombre de Cristo.” Cuando Pablo tiene que exhortar, mandar o prohibir lo hace
consciente de estar investido de la autoridad misma del Señor, la cual le fue
dada “para edificación, y no para destrucción”, según nos dice en 2 Corintios
13:10. De igual manera el Señor nos ha revestido de autoridad y poder para
llevar a cabo su encomienda, al igual que lo hizo con aquellos setenta a los
que envió a predicar el evangelio, a los cuales dijo: “He aquí os doy potestad
de hollar serpientes y escorpiones, y sobre toda fuerza del enemigo, y nada os
dañará” (Lucas 10:19).
Así es que, si has aceptado a Jesucristo como Salvador y
Señor, tienes el título de “Embajador de Cristo”, tienes las instrucciones
escritas en su Palabra, y tienes la autoridad y el poder para llevarlas a cabo.
Depende solamente de ti el hacer buen uso de este enorme privilegio, y
representar al Señor dignamente donde quiera que te encuentres.
ORACIÓN:
Bendito Dios, es mi deseo servir y representar a tu Hijo
de manera tal que tu nombre sea glorificado. Pero reconozco que con mis propias
fuerzas es imposible que yo pueda hacerlo. Por favor, capacítame para que yo
pueda representarlo honrosamente con mi testimonio en todo momento. En el
nombre de Jesús, Amén.
¡Gracia y Paz!
Dios te Habla
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