lunes, 16 de marzo de 2015

Jeremías 29:11-13



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ABRAHAM ESPERÓ 25 AÑOS...


ENTRE MÁS CERCA ESTÉS DE DIOS, MÁS LEJOS ESTARÁ DE TI LA TRISTEZA


DEBEMOS REGRESAR AL EVANGELIO...


EL INFIERNO ES REAL


¿CREES QUE EL INFIERNO NO EXISTE?



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EL QUE RECHAZA LA SANTIDAD NO RECHAZA AL HOMBRE SINO A DIOS


Si hablar de Santidad externa es ser legalista, pues entonces el primer legalista es Dios.

Lo que me gusta de tocar este tema es que siempre para los cristianos que andan en la luz, esto es leche que alimenta y dulce al paladar. Pero para los que andan en tinieblas, esto es espada de dos filos, como dice Hebreos 4:12. Pero no los culpo, en sus congregaciones nunca les enseñan la Santidad porque el pastor no quiere meterse en camisa de once varas, como dicen por ahí. Muchas citas bíblicas respaldan que Dios demanda SANTIDAD. Nuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo (1 Corintios 3:16-17, 1 Corintios 6:19-20). Se debe guardar en Santidad como lo demanda la Palabra (1 Tesalonicenses 5:23, 1 tesalonicenses 4:7, 2 corintios 7:1, Levítico 11:44, Levítico 19:2, Levítico 20:7, Levítico 20:26, Hebreos 12:14, 1 Pedro 1:16).

El que rechaza la santidad no rechaza al hombre sino a Dios y cuando se habla de Santidad también se habla de apartarse del mal, del mundo, de todos los deseos carnales y santificarse espiritual y físicamente. También 1 tesalonicenses 4:3 dice que la voluntad de Dios es nuestra santificación y el verso 8 dice: “Así que, el que desecha esto, no desecha a hombre, sino a Dios, que también nos dio su Espíritu Santo”.

¡Gracia y Paz!

Tomado de: Joshua Rojas

¿ERES UNA HERRAMIENTA ÚTIL EN LAS MANOS DEL SEÑOR?




Romanos 12:4-8
“Porque de la manera que en un cuerpo tenemos muchos miembros, pero no todos los miembros tienen la misma función, así nosotros, siendo muchos, somos un cuerpo en Cristo, y todos miembros los unos de los otros. De manera que, teniendo diferentes dones, según la gracia que nos es dada, si el de profecía, úsese conforme a la medida de la fe; o si de servicio, en servir; o el que enseña, en la enseñanza; el que exhorta, en la exhortación; el que reparte, con liberalidad; el que preside, con solicitud; el que hace misericordia, con alegría”.

Como parte del cuerpo de Jesucristo, todos los miembros de su iglesia tenemos la encomienda de ser instrumentos en su propósito de transformar al mundo por medio del conocimiento de la verdad y el poder de su evangelio. El pasaje de hoy nos enseña que, al igual que los miembros del cuerpo humano, no todos tenemos la misma función, sino que debemos actuar conforme al don que nos fue dado por el Espíritu Santo. (1 Corintios 12:11). La iglesia es como una caja de herramientas destinadas a llevar a cabo una tarea. Hay diversos tipos de herramientas en esa caja, de diferentes tamaños y formas, cada una de ellas con una cierta función. De vez en cuando, el carpintero mete la mano en la caja, y saca aquella herramienta que necesita en ese momento para la labor específica que va a realizar. No hay herramienta mejor o más útil que otra; todas son igualmente necesarias para la obra que se está realizando, y la falta de una de ellas pudiera obstaculizar e incluso impedir la conclusión satisfactoria del trabajo.

Dios te necesita para llevar a cabo sus planes de salvación para este mundo perdido. Tú tienes una función específica que realizar en esos planes divinos. La pregunta es: ¿Estás tú disponible para Dios? El enemigo puede afectar tu disponibilidad como herramienta si logra poner dudas en tu mente acerca de tu eficiencia, tu valor, tus condiciones morales, tu capacidad o tu sabiduría. Pero si actúas en el nombre del Señor podrás llevar a cabo tu función con excelencia. El apóstol Pablo trata sobre este asunto en su primera carta a los Corintios donde dice: “Mirad, hermanos, vuestra vocación, que no sois muchos sabios según la carne, ni muchos poderosos, ni muchos nobles; sino que lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte; y lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios, y lo que no es, para deshacer lo que es, a fin de que nadie se jacte en su presencia” (1 Corintios 1:26-29). No importa cuán débil crees tú que eres, o cuan poco inteligente; no importa tu pasado o de dónde te sacó el Señor, lo único que importa es si tienes un corazón dispuesto para Dios. Recuerda siempre esto: Dios no llama a los capacitados, él capacita a los llamados que han respondido a su voz.

Juan capítulo 20 nos cuenta que María Magdalena estaba llorando junto al sepulcro de Jesús. Allí estaba ella sola, desconsolada, confundida, sin esperanza, cuando de pronto se volvió, y allí estaba Jesús junto a ella. Al principio no lo reconoció, pero cuando Jesús le dijo: “¡María!”, ella supo que era el Maestro, que había resucitado. Entonces el Señor la mandó que fuera a decirles a los discípulos las buenas noticias. Y “fue entonces María Magdalena para dar a los discípulos las nuevas de que había visto al Señor, y que él le había dicho estas cosas” (Juan 20:18). Tiempo atrás Jesús había liberado a María Magdalena de siete demonios (Lucas 8:2). Desde entonces ella había amado al Señor, lo había seguido, le había servido, y fue la primera que lo vio después de su resurrección. Allí él la llamó por su nombre, y le encomendó una tarea. Ella inmediatamente obedeció, y fue, y transmitió a los discípulos exactamente lo que Jesús le había dicho.

Jesús hoy está a tu lado, y te llama por tu nombre, y quiere darte una encomienda. ¿Estás tú disponible para el Señor? Al igual que María Magdalena, ¿serás obediente y llevarás a cabo tu tarea? ¿Serás una herramienta útil en las manos de Dios? ¿O ignorarás su llamado? Lee su palabra diariamente, medita en ella, pasa tiempo en oración. Entonces escucharás su voz. Tú decidirás qué hacer.

ORACIÓN:
Padre santo, te doy gracias por el privilegio que me das de ser una herramienta en tus manos. Ayúdame a estar siempre disponible para ti y capacítame para servirte de manera que tu nombre sea glorificado. En el nombre de Jesús, Amén.

¡Gracia y Paz!

Dios te Habla

sábado, 14 de marzo de 2015

Proverbios 14:1


LA PALABRA: ENSEÑA, ILUMINA, TRANQUILIZA...


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¿CONOCES EL PODER DE LAS PALABRAS?


 Jesús dijo: Lo que entra por la boca no es lo que los contamina; ustedes se contaminan por las palabras que salen de la boca. Las palabras que ustedes dicen provienen del corazón; eso es lo que los contamina (Mateo 15:11). Él también dijo: El día del juicio, tendrán que dar cuenta de toda palabra inútil que hayan dicho. Las palabras que digas te absolverán o te condenarán (Mateo 12:36-37).

De acuerdo a lo que leemos en el capítulo 1 de Juan, el Poder de la Palabra le dio vida a todo lo creado, y su vida trajo luz a todos; y el oficial Romano, le dijo a Jesús: No soy digno de que entres en mi casa. Tan solo pronuncia la palabra desde donde estás y mi siervo se sanará (Mateo 8).

La palabra: Enseña, Ilumina, Tranquiliza, Guía, Crea, Alivia, Ordena, Fortalece, Perdona, Sana y Da Vida. ¿Qué Palabra produce esos resultados? La Palabra de Dios, sobre cualquier otra palabra. Pero también las palabras que decimos. Toda palabra hablada tiene poder. Busca la vida en la palabra de Dios y cuida lo que dices.


¡Gracia y Paz!

viernes, 13 de marzo de 2015

¿POR QUÉ TE QUEJAS TANTO?



Jeremías 31:18
“Escuchando, he oído a Efraín que se lamentaba: Me azotaste, y fui castigado como novillo indómito; conviérteme, y seré convertido, porque tú eres Yahweh mi Dios”.

Efraín era el hijo menor de José, hijo de Jacob, llamado Israel. Dios determinó que fuera Efraín el que recibiera la bendición de la primogenitura, aunque por derecho le correspondía a su hermano mayor Manasés.

José percibió esto como un error y trató de impedirlo cuando su anciano padre, en su lecho de muerte, estaba otorgando la bendición patriarcal, porque Jacob cruzó sus manos para colocar su mano derecha sobre el hijo menor y la izquierda sobre el mayor, pero Jacob insistió en que así debía ser (Génesis 48).

Esta es una muestra de la elección y gracia soberana de Dios. No había ninguna razón que pudiera entenderse para que el orden establecido tuviera que cambiarse, pero Dios quiso otorgar una bendición superior al menor en esta ocasión.

Muy pocas veces reflexionamos en los privilegios que Dios nos da, por el contrario son muchas las veces que nos quejamos por aquellas cosas que no nos han sido concedidas. Esta falta de agradecimiento nos lleva a tener una actitud rebelde y por eso es descrito Efraín como un novillo indómito, es decir, un animal que no ha sido domado y que responde con agresividad ante aquel que pretende dominarlo.

¿Te has puesto a pensar en todos los beneficios que disfrutas? ¿Por qué te otorgó Dios esos favores y los negó a otros?

¿Tuviste acceso a la educación? Eso es un privilegio, millones de personas en el mundo no lo tuvieron. ¿Tienes sustento, un lugar dónde vivir y ropa? Esos son privilegios, millones de personas carecen de estas cosas básicas. Vives en un país con acceso a la Biblia, mientras que otros nacieron, vivieron y murieron sin haber escuchado el Evangelio.

Así como Efraín, que por la gracia de Dios gozó de ciertos privilegios, nosotros tenemos bendiciones muy grandes, las cuales no hemos merecido, porque no somos mejores que el resto de las personas. Sin embargo, no hemos sido agradecidos.

Según la escritura que hemos leído, Efraín se comportó con rebeldía y Dios tuvo que aplicar la disciplina, el azote. Dios llama a cuentas a todos los hombres y en especial a aquellos a los cuales ha favorecido de manera particular.

Al mencionar a Efraín, el profeta Jeremías se refiere a la cabeza de las 10 tribus del Norte, que habían sido ya llevadas cautivas por los asirios. Samaria era ahora una ciudad pagana en la cual apenas quedaba rastro de la religión verdadera y los Israelitas habían sido ya dispersados.

El cristiano debe tomar las palabras de Efraín como suyas propias y entender que Dios ha tenido que disciplinarnos de diversas maneras para hacernos volver a Él, porque nos hemos comportado de forma rebelde, como un novillo indómito.

Luego de percibir la dura mano de Dios, Efraín reconoce también que el castigo en sí mismo no es suficiente sin la gracia divina. Nosotros podemos sufrir las tristes consecuencias de nuestros errores y pecados y reconocer que hemos hecho mal y sufrir pena por esto pero todavía permanecer en rebeldía, esa es la situación de la mayoría de las personas en este mundo.

El apóstol Pablo escribió: “Porque la tristeza que es según Dios produce arrepentimiento para salvación, de que no hay que arrepentirse; pero la tristeza del mundo produce muerte” (2 Corintios 7:10).

Millones de personas lloran y lamentan las consecuencias de sus actos, pero aún así son incapaces de reconocer sus pecados como terribles ofensas a Dios. Por lo tanto esa clase de arrepentimiento que muchos experimentan les lleva a la muerte, y en vez de acercarlos a Dios, los separa aún más de Él.

No necesariamente el que sufre aflicción, angustia o tribulación experimenta arrepentimiento verdadero, es necesario que Dios en su misericordia actúe en el corazón. Por esta razón Efraín rogó, “conviérteme…”

El profeta Juan describe la reacción de los impíos al sufrir los castigos enviados por Dios para el tiempo final: “…Y los hombres se quemaron con el gran calor, y blasfemaron el nombre de Dios, que tiene poder sobre estas plagas, y no se arrepintieron para darle gloria… y blasfemaron contra el Dios del cielo por sus dolores y por sus úlceras, y no se arrepintieron de sus obras” (Apocalipsis 16:9,11).

Así como el calor del sol tiene efectos contrarios en la cera y en la arcilla (porque la primera se derrite y la otra se endurece), de igual modo, la reacción que mostremos ante las aflicciones y adversidades de la vida mostrará la condición de nuestro corazón.


¡Que Dios quite nuestra soberbia y que podamos recibir la corrección con un corazón humilde!

No menosprecies la Gracia de Dios y pídele que te conceda un corazón arrepentido y que te convierta para ser como Él desea que seamos.

¡Gracia y Paz!

Alexander León