lunes, 2 de febrero de 2015
¿TE HAS DESVIADO DE LA SENDA ANTIGUA?
Después que el pueblo de Israel fue liberado de la
esclavitud en Egipto, Dios les habló por medio de Moisés, y les ofreció un
pacto. La responsabilidad de ellos era simplemente seguir las instrucciones del
Señor, y entonces serían abundantemente bendecidos. Así les dijo Dios: “Si
diereis oído a mi voz, y guardareis mi pacto, vosotros seréis mi especial
tesoro sobre todos los pueblos; porque mía es toda la tierra” (Éxodo 19:5). Era
su plan llevarlos a “una tierra buena y ancha, tierra que fluye leche y miel” (Éxodo
3:8). Sin embargo, los israelitas no fueron obedientes y como resultado la
mayoría de ellos murieron en el desierto sin llegar a disfrutar de la tan
ansiada tierra prometida. A través del tiempo, en muchas ocasiones, por medio
de los profetas Dios los amonestó por su desobediencia y los invitó a venir a él.
Por ejemplo en Malaquías 3:7, el Señor les dice: “Os habéis apartado de mis
leyes, y no las guardasteis. Volveos a mí, y yo me volveré a vosotros, ha dicho
Yahweh Dios de los ejércitos”. En la escritura de hoy, por medio del profeta
Jeremías, Dios habla a este rebelde pueblo, y nuevamente les da instrucciones
con el fin de que dejaran el camino que habían tomado y regresaran a “las
sendas antiguas”. Entonces “hallarían descanso para el alma”.
Jesús hace una invitación similar en Mateo 11:28-30:
“Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar.
Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de
corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; porque mi yugo es fácil, y
ligera mi carga”. Al igual que dos bueyes se unen por medio del yugo, Jesús
invita a unirse a él a todos aquellos que están cargados y cansados de caminar
sin una dirección determinada. Y les ofrece descanso para sus almas.
Si nos hemos desviado del camino del Señor, ¿cómo podemos
aplicarnos la enseñanza de hoy? Veamos:
1. “Paraos en los caminos, y mirad”. Esta es una
invitación a hacer un alto en el camino, a reconocer que estamos extraviados y
mirar atentamente las diferentes opciones que tenemos, hasta que estemos
seguros cual es la dirección correcta que debemos tomar.
2. “Preguntad por las sendas antiguas, cuál sea el buen
camino”. Preguntar y pedir consejo a aquellos que tienen más experiencia es
siempre una buena idea. El camino de las pruebas ha sido bien transitado por
hombres y mujeres cuya fe los ha llevado en dirección a la gloria de Dios. Lee
la Biblia y pide al Señor que te revele el buen camino de la fe, el cual
tomaron aquellos que obtuvieron la victoria.
3. “Andad por él, y hallaréis descanso para vuestra alma”.
Toma la firme decisión de caminar por ese camino de fe y ora por fuerzas para
andar por él con los ojos fijos en Jesús, “el autor y consumador de la fe” (Hebreos
12:2). Busca constantemente el poder del Espíritu Santo para dar el próximo
paso, y procura ser obediente en todo lo que hagas. Descubrirás que a medida
que sigues al Señor encontrarás un dulce descanso que llenará tu alma de paz y
de gozo.
Más adelante, Dios se dirige de nuevo a Jeremías y le
ordena que tome un rollo y escriba todo lo que él le había dicho sobre la
rebeldía de Israel y de Judá. Entonces dijo: “Quizá oiga la casa de Judá todo
el mal que yo pienso hacerles, y se arrepienta cada uno de su mal camino, y yo
perdonaré su maldad y su pecado” (Jeremías 36:1-3). Esta misma promesa la
encontramos en la Biblia escrita por el apóstol Juan casi siete siglos después.
Dice 1 Juan 1:9: “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para
perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad”.
Arrepiéntete y cambia el rumbo de tu vida. No hagas como
hizo el pueblo de Israel. El pasaje de hoy dice que ellos dijeron: “No
andaremos”. Por eso no disfrutaron de la paz de Dios. Así les dijo el Señor más
tarde por medio del profeta Isaías: “¡Oh, si hubieras atendido a mis
mandamientos! Fuera entonces tu paz como un río, y tu justicia como las ondas
del mar” (Isaías 48:18). Aplica esta enseñanza a tu vida y disfrutarás de paz y
descanso en tu caminar por este mundo.
Oración:
Amoroso Dios, te ruego me des discernimiento para ver el
camino que debo tomar, y las fuerzas para mantenerme en él y así disfrutar de
ese descanso para mi alma. En el nombre de Jesús, Amén.
¡Gracia y Paz!
Dios te Habla
domingo, 1 de febrero de 2015
sábado, 31 de enero de 2015
¿TÚ CREES QUE TE PUEDES OCULTAR DE DIOS?
¿TÚ CREES QUE TE PUEDES OCULTAR DE DIOS?
Números 32:23
“Más si así no lo hacéis, he aquí habréis
pecado ante Yahweh; y sabed que vuestro pecado os alcanzará”.
Moisés está hablando a un grupo de israelitas, a los
cuales ha dado instrucciones exactas de lo que debían hacer en una situación
determinada. Primero les dice (Números 32:20): “Si lo hacéis así…” Es decir si
sois obedientes, entonces “…seréis libres de culpa para con Yahweh, y para con
Israel; y esta tierra será vuestra en heredad delante de Yahweh”. ¡Preciosa
promesa! Pero seguidamente una advertencia. Dice el pasaje de hoy: “Mas si así
no lo hacéis… vuestro pecado os alcanzará.” ¿Que significa esto? Esto quiere
decir que todo pecado tiene malas consecuencias, y que estas consecuencias
tarde o temprano afectarán a todo aquel que haya pecado. Gálatas 6:7 lo
reafirma diciendo: “No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que
el hombre sembrare, eso también segará”. O sea, a la corta o a la larga
recogeremos el resultado de nuestras acciones, aunque hayamos actuado en el
mayor secreto posible.
Un señor cristiano cuenta una experiencia que tuvo con un
hermano de su iglesia. Este hombre tocaba un instrumento en la banda de la
iglesia y todo indicaba que era un consagrado cristiano. En una ocasión ambos
estaban conversando y aquel hermano empezó a decir malas palabras una tras
otra. Al ver su expresión de asombro, el hombre le dijo: “No se preocupe
hermano, aquí nadie puede oírnos”. Muchos piensan que porque engañan a la gente
con una fachada exterior religiosa pueden engañar también a Dios. Pero de algo
podemos estar seguros: estamos desnudos ante su presencia y nada puede quedar
oculto. Dice Jeremías 23:24: “¿Se ocultará alguno, dice Yahweh, en escondrijos
que yo no lo vea? ¿No lleno yo, dice Yahweh, el cielo y la tierra?”
En los tiempos actuales, los adelantos tecnológicos han
permitido grabar imágenes secretamente, las cuales han mostrado a personas
cometiendo actos ilegales o inmorales, creyendo que nadie los estaba
observando. Después, al salir a la luz pública, han tenido que pagar las
consecuencias de sus acciones. Nosotros tenemos que entender que una
“tecnología” mucho más poderosa y sofisticada que esta, ha sido utilizada por
Dios desde el principio de la creación, por los siglos y los siglos: su
Omnisciencia y su Omnipresencia. David escribe acerca de esto en el Salmo 139.
En los versículos 1 y 2 dice: “Oh Yahweh, tú me has examinado y conocido. Tú
has conocido mi sentarme y mi levantarme; has entendido desde lejos mis
pensamientos”. Y más adelante describe lo imposible que es tratar de esconderse
de Dios: “¿A dónde me iré de tu Espíritu? ¿Y a dónde huiré de tu presencia? Si
subiere a los cielos, allí estás tú; y si en el Seol hiciere mi estrado, he
aquí, allí tú estás” (vv.7-8).
Como cristianos necesitamos aprender a vivir una vida
pura y santa delante de Dios y de los que nos rodean, pues el pecado nos separa
de nuestro Padre celestial. Para aquellos que no han aceptado a Jesucristo como
salvador, esto significa condenación eterna. Pero aun los que somos salvos, si
vivimos separados del Señor somos totalmente inútiles. Así les dijo Jesús a sus
discípulos: “Separados de mí nada podéis hacer” (Juan 15:5). Si estamos
alejados de Dios, no podemos contar con su protección y por lo tanto quedamos
expuestos a las consecuencias de nuestras acciones. La Biblia nos muestra
claramente la importancia de vivir cerca de Dios. Dice el Salmo 91:1: “El que
habita al abrigo del Altísimo, morará bajo la sombra del Omnipotente”.
Dios nos ha diseñado para que tengamos vida, y vida en
abundancia mientras estemos en este mundo y junto a él por toda la eternidad.
Pero para disfrutar de esta vida llena de bendiciones tenemos que alejarnos del
pecado y vivir cerca del Señor, mantenernos en comunicación con él, escuchar su
voz y seguir sus instrucciones. Por eso debemos leer la Biblia y pasar tiempo
en oración todos los días, buscando la unción y la llenura del Espíritu. Y debemos
tratar de actuar conforme a su Palabra. No olvidemos que dondequiera que nos encontremos,
el Señor nos está mirando. Y a él le agrada que seamos obedientes.
Oración:
Padre Eterno, te ruego me ayudes a ser consciente de tu
presencia dondequiera que me yo encuentre, y dame las fuerzas y el
discernimiento espiritual para vivir lejos del pecado y muy cerca de ti,
obedeciéndote y agradándote en todo. En el nombre de Jesús, Amén.
¡Gracia y Paz!
Dios te Habla
viernes, 30 de enero de 2015
¿QUÉ ES LA SANTIDAD?
La santidad proviene de la Verdad y la Palabra de Dios es
la Verdad. Jesús se Santificó a sí mismo para que nosotros pudiéramos ser
santificados en la verdad (Juan 17:19).
La Santidad es lo que nos identifica como Hijos de Dios;
como verdaderos seguidores de Jesucristo y como coherederos de su Reino. La
santidad es lo que nos distingue de todo aquel que está en el mundo, y que ama
las cosas del mundo.
¡Santidad es agradar
a Dios en todo y servirle de todo corazón!
Dios es un Dios de amor, y si vivimos en su Amor podremos
reflejarlo a nuestro prójimo, llámese: conyugue, hijos, familiares, amigos, pastores,
hermanos en la fe, y hasta para nuestros perseguidores. Dios obrará en nuestra
vida y nos dará la fuerza necesaria para vivir en Santidad. “El que dice que
permanece en él, debe Andar como él anduvo” (1 Juan 2:6). “Apartaos de toda
especie de mal” (1 Tesalonicenses 5:22).
Quien vive en santidad da testimonio a través del amor y
servicio a los demás, pues la persona que tiene a Jesucristo en su vida, ha
sido tocada y transformada, ama a quien le salvó y también a los demás, aún a
sus enemigos.
La Santidad es un arma de defensa, pues Satanás no puede acercarse,
tocar, atacar, robar, matar o destruir a un hijo de Dios que vive en Santidad,
pues la Santidad “repele” al enemigo.
“Vestíos pues, como escogidos de Dios, santos y amados,
de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de
paciencia. Soportándonos unos a otros, y perdonándonos unos a otros, si alguno
tuviere queja contra otro. De la manera que Cristo nos perdonó, así también
háganlo ustedes. Y sobre todas las cosas, vestíos de Amor, que es el vínculo
perfecto. Y la paz de Dios gobierne en vuestros corazones, a la que así mismo
fuiste llamados en un solo cuerpo, y sean agradecidos” (Colosenses 3:12-15).
También, la Santidad es el medio que une al cuerpo de
Cristo, su Iglesia, es el sello que nos caracteriza por haber sido hechos hijos
de Dios, es lo que toda iglesia y denominación cristiana debe tener, es lo que
todo Cristiano comprometido con Jesús debe practicar cada día, para poder
caminar en armonía dentro del cuerpo de Cristo; solo una persona que vive en
Santidad es capaz de escuchar la dulce voz de Jesús, y seguirla; obedecer a esa
voz y hacer la perfecta voluntad de Dios en lo individual, y en el cuerpo de
Cristo; Cuando caminamos en armonía dentro del cuerpo de Cristo, que es su
iglesia, ponen a temblar a Satanás, pues no debemos olvidar que Jesucristo vino
a DESHACER LAS OBRAS DEL DIABLO.
“Como aquel que os llamó es santo, sed también ustedes
santos en toda vuestra manera de vivir, porque escrito está: SED SANTOS, PORQUE
YO SOY SANTO” (1 Pedro 1:15-16).
“Así que amados, puesto que tenemos tales promesas,
limpiémonos de toda contaminación de carne y espíritu, perfeccionando la
santidad en el temor de Dios” (2 Corintios 7:1).
Por nuestras propias fuerzas no podemos lograr la
Santidad, pero con la ayuda de Dios todo es posible “Y el mismo Dios de Paz os
santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea
guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo. Fiel es el
que os llama, el cual también hará” (1 Tesalonicenses 5:23-24).
“Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual, NADIE
VERA AL SEÑOR” (Hebreos 12:14).
La palabra de Dios es clara. Jesucristo viene PRONTO, y quienes
no vivamos en Santidad no veremos
al Señor.
PIENSA: Si Jesús viniera por su iglesia hoy, ¿Podrías
verlo de frente a los ojos, sin nada que ocultar? Que el Espíritu de Dios nos redarguya
a quienes no estemos a cuentas con Él.
¡Gracia y Paz!
¿CREES QUE DIOS TE PUEDE AYUDAR EN ESO QUE ES IMPOSIBLE PARA TI?
¿CREES QUE DIOS TE PUEDE AYUDAR EN ESO QUE ES IMPOSIBLE
PARA TI?
Lucas 1:37
“Porque nada hay imposible para Dios”.
Esta cita Bíblica resume una poderosa verdad en pocas
palabras. Dios es el único que
puede vencer la imposibilidad. Esto significa que todo es posible para él.
Nuestra mente no puede comprender la profundidad de estas palabras, pues
nosotros como seres limitados que somos, estamos rodeados de imposibilidades.
Dios reside en un medio ambiente donde todo es posible y para Él su “común denominador”
son los milagros.
A todo aquel que ha aceptado a Jesucristo como salvador,
a los que han creído en su nombre se les ha dado “potestad de ser hechos hijos
de Dios” (Juan 1:12). Esto quiere decir que los cristianos, al ser hijos de
Dios, somos recipientes de todas sus promesas, y lo que antes era imposible
para nosotros ahora es posible si
vivimos una vida que agrade a nuestro Padre celestial y acudimos a Él
por su ayuda pidiendo con fe. Esto aseguró Jesús a sus discípulos en Mateo
capítulo 17 después de liberar a un muchacho endemoniado, al cual ellos habían
tratado infructuosamente de sanar. Cuando los discípulos le preguntaron al
Maestro: “¿Por qué nosotros no pudimos echarlo fuera?”, él les contestó: “Por
vuestra poca fe; porque de cierto os digo, que si tuviereis fe como un grano de
mostaza, diréis a este monte: Pásate de aquí allá, y se pasará; y nada os será
imposible” (Mateo 17:20).
Los que hemos creído, y confiamos en el poder de Dios no
caminamos solos en la vida afectados por nuestras imposibilidades sino que el
Señor camina junto a nosotros cambiando la enfermedad en sanidad, el odio en
amor, la violencia en paz, la desesperación en esperanza, la derrota en
victoria, etc. Él es el único que puede cambiar tu lamento en baile (Salmo
30:11), llenando tu corazón de gozo y paz en medio de las pruebas, o moviendo
las circunstancias con el fin de sacarte de esas pruebas. Cree de todo corazón
lo que el Señor nos enseña en la Biblia, en el Salmo 23:1: “Yahweh es mi
pastor; nada me faltará”. ¡Clama a Dios confiando que Él te proveerá! Si tu
petición está de acuerdo a su voluntad, Él te dará aun más de lo que tú
esperas, pues Él “es poderoso para hacer todas las cosas mucho más
abundantemente de lo que pedimos o entendemos” (Efesios 3:20).
Si ahora mismo estás pasando por un problema que te parece
imposible de resolver, ponlo en las manos de Dios en oración, y confía
plenamente en Él. Dios es el mismo que hizo portentosos milagros para bendecir
al pueblo de Israel cuando se encontraban en grandes dificultades. El Dios
todopoderoso está presente hoy en tu problema y en tu necesidad y puede hacer
posible aquello que a ti te es imposible. Esta fue la experiencia de Moisés y
su pueblo frente al Mar Rojo y los ejércitos egipcios a sus espaldas (Éxodo
14:21-31). Fue la experiencia de Daniel, indefenso y rodeado de leones
hambrientos (Daniel 6:16-22), y la de Pablo y Silas presos y encadenados en un
calabozo (Hechos 16:19-34), y la de muchos más que han experimentado el poder
de Dios a su favor haciendo realidad lo que no era posible. Nunca lo olvides:
Si es imposible para ti, ¡es posible
para Dios!
¿Sientes que no hay solución para tu problema? ¿Estás
perdiendo la esperanza? ¿Te parece que ese problema que tienes es imposible de
resolver? Quizás desde el punto de vista humano sea imposible, pero si confías
en Dios y esperas en Él con Fe sucederá un milagro. No olvides que para el
Señor es muy fácil resolver tu problema. Dios lo dice: “He aquí que yo soy Yahweh,
Dios de toda carne; ¿habrá algo que sea difícil para mí?” (Jeremías 32:27). El
Dios de los milagros sigue vigente hoy y su brazo de poder no se ha acortado.
Sólo necesitas confiar en él. Busca su rostro en oración día tras día, lee su
palabra, medita en ella, ponla en práctica en tu diario vivir, establece una
íntima comunión con el Señor, y experimentarás como sus promesas se convierten
en una realidad en tu vida.
Oración:
Alabado seas Padre Santo, porque eres Dios de lo
imposible y sé que tú deseas intervenir en mis circunstancias como lo hiciste
en el pasado con el pueblo de Israel. Enséñame a vivir de acuerdo a tu Palabra.
Fortalece mi Fe para confiar plenamente en tu amor y en tu poder. En el nombre
de Jesucristo, Amén.
¡Gracia y Paz!
Dios te Habla
Gálatas 6:7
Gálatas 6:7
"No se dejen engañar, de Dios nadie se
burla; pues todo lo que el hombre siembre, eso también segará".
jueves, 29 de enero de 2015
¿A QUIÉN ESTAS TOMANDO COMO MODELO?
Efesios 5:1-2
“Sed, pues, imitadores de Dios como hijos
amados. Y andad en amor, como también Cristo nos amó, y se entregó a sí mismo
por nosotros, ofrenda y sacrificio a Dios en olor fragante”
En la antigua sociedad griega, la imitación (mimesis)
constituía una parte importante en la preparación de un orador. El correcto
aprendizaje de la oratoria, decían los maestros, dependía de tres elementos
fundamentales: teoría, imitación y práctica. La mayor parte del adiestramiento
se dedicaba al estudio y la imitación de los grandes maestros del pasado. Sobre
la base de este concepto, en el pasaje de hoy el apóstol Pablo exhorta a los
cristianos de Éfeso a imitar al modelo más perfecto, más sublime y más glorioso
que existe, el Dios Creador del universo y Señor de toda buena vida, y los
anima a andar en amor, ofrenda y sacrificio a Dios.
Nuestras costumbres, hábitos y actitudes son, en muchas
ocasiones, reflejo de la manera de ser, el carácter o la personalidad de alguna
persona cercana a nosotros a la que, quizás de manera inconsciente imitamos
cuando éramos muy pequeños. Por regla general es uno de los padres, o un
abuelo, un tío, o cualquier otro familiar que estuvo cerca de nosotros durante
nuestro crecimiento. No es extraño escuchar, por ejemplo, “Este niño camina
igualito que su padre”, o “Esta niña tiene los mismos gestos de su madre”.
También, durante la adolescencia, muchos jóvenes tienden a imitar a algunos
amigos mayores, por los que sienten alguna admiración o respeto. Dependiendo de
las cualidades, principios y valores morales de esos amigos “modelos”, así será
el resultado en la vida de aquel que los imita.
En los tiempos actuales, como resultado de los avances
tecnológicos en los medios de comunicación (televisión, Internet, correo
electrónico, ipods, instagram, twitters, etc.), personas que no están tan
cercanas pueden servir de “modelos” a niños, jóvenes y adultos. Por regla
general son personas muy conocidas, cuya fama y popularidad los lleva, a través
de estos medios, al interior de millones de hogares casi diariamente. Atletas,
artistas de cine o televisión, políticos, y otras celebridades son en la
actualidad los “modelos” por excelencia. Lamentablemente muchos de estos
“modelos” proyectan una imagen que no está de acuerdo con los valores y
principios establecidos en la palabra de Dios. Hay otro grupo de supuestos
“modelos” que actúan aparentemente guiados por fuertes principios morales y
espirituales hasta que, por alguna circunstancia inesperada, la verdadera
personalidad del individuo sale a relucir públicamente y vienen entonces la
decepción, los lamentos y las malas consecuencias del engaño y la falsedad.
A través de los años, situaciones como esta se han repetido
con “modelos” que incluyen atletas, políticos, empresarios, y hasta pastores y
sacerdotes, y se seguirán repitiendo mientras se trate de un ser humano. El
único, verdadero e irreprochable modelo a imitar es nuestro Señor Jesucristo,
el cual es perfecto en todos los aspectos. Por eso Pablo, desde su encuentro
con el Señor en el camino a Damasco, dedicó su vida a imitarlo y a seguir
fielmente sus enseñanzas. De esta manera exhortó a los creyentes de Corinto en
su primera carta: “Sed imitadores de mí, así como yo de Cristo.” (1 Corintios
11:1). Ciertamente para Pablo, Cristo era más que un ejemplo o un modelo, era
su propia vida. Así lo expresó en Gálatas 2:20: “Con Cristo estoy juntamente
crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí”.
Jesús nos dejó una exhortación a todos los que en él
hemos creído: “Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón” (Mateo 11:29).
Esfuérzate en imitar a Jesús en todo lo que hagas. No es fácil lograrlo, pero
si cada vez que tienes que tomar una decisión te preguntas: “¿Qué haría Jesús
en esta situación?”, y de corazón le pides a Dios que te dé discernimiento
espiritual y te dirija en lo que vas a hacer, ten la completa seguridad que el
Espíritu Santo te guiará, y poco a poco actuarás de manera que te parezcas más a
Jesús y así agradaras a nuestro Padre celestial.
Oración:
Amoroso Padre celestial, te ruego me ayudes a apartar mi
vista de las personas que sobresalen en este mundo, y a tratar por todos los
medios de imitar a tu Hijo como enseña tu Santa Palabra. Por favor, ayúdame a
actuar siempre de manera que mi testimonio glorifique tu Santo Nombre. Por
Cristo Jesús, Amén.
¡Gracia y Paz!
Dios te Habla
EL PODER Y EL CONOCIMIENTO DE DIOS...
El poder y el
conocimiento de Dios se manifiestan en el desarrollo de la vida humana aún
antes deL nacimiento.
¡A nuestro Padre Celestial nada se le escapa!, nos conoce
muy bien y sabe todo de nosotros, porque nos escogió desde antes de la fundación
del mundo y Él nos formó en el vientre de nuestra madre.
De manera que no tenemos porque sentirnos inseguros, si
en verdad somos conscientes de que Dios nos conoce perfectamente, nos ama, nos
comprende, y tiene un interés santo en nuestras vidas.
¡Gracia y Paz!
miércoles, 28 de enero de 2015
¿SABES ORAR CORRECTAMENTE?
Si sacáramos de contexto lo que Jesús nos dice en la
escritura de hoy (Mateo 7:7-12), muchos pensarían que estas palabras son como
un “cheque al portador”, es decir, que los creyentes podríamos recibir todo lo que pidamos, sin embargo, esto
no es cierto. Primero debemos de poner en práctica la enseñanza que nos dice la
Biblia acerca de la oración. El apóstol Santiago afirma: “Pedís, y no recibís,
porque pedís mal, para gastar en vuestros deleites” (Santiago 4:3). Dios jamás va
a complacer a quien pide para su propia satisfacción, sin tener en cuenta Su
voluntad. Él tiene planes para cada uno de nosotros, y estos planes son buenos,
para darnos un futuro de “paz, y no de mal” (Jeremías 29:11). Y para que estos
planes se hagan realidad debemos ser obedientes a nuestro Padre celestial.
Orar es más que presentar peticiones a Dios. La oración es
para obtener dirección divina que nos ayude a discernir lo que nuestro Padre quiere
para nosotros. Jesús prometió que recibiremos, que hallaremos y que Dios abrirá
la puerta. Tenemos la garantía de que Dios nos oirá si pedimos en el nombre de
Jesús, conforme a sus enseñanzas. Así dijo el Señor: “Y todo lo que pidiereis
al Padre en mi nombre, lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo”
(Juan 14:13). Pedir en el nombre de Jesús implica estar conscientes de la
voluntad de Dios en cuanto a lo que estamos pidiendo, de la misma manera que lo
hizo Jesús mientras estuvo aquí en la tierra. Entonces nuestro Padre nos
contestará de acuerdo a sus planes y no a los nuestros.
El principal objetivo de Dios es que nosotros tengamos
una relación íntima con Él. Este ha sido su objetivo desde el principio de la
creación. En el huerto del Edén Dios preparó todas las condiciones de manera
perfecta, después creó al hombre y la mujer, y les dio posesión de todo lo que
había creado. Desde ese momento se estableció una relación entre ellos, pues
Adán y Eva dependían de Dios en todos los aspectos y él les proveía para todas sus necesidades. Mientras esta
relación existió todo marchó bien para la primera pareja, pues no carecieron de
nada y vivían en paz, felices y contentos. Hasta que apareció el pecado a
través de la desobediencia. Entonces se rompió aquella relación y cayó la
desgracia sobre la raza humana.
El sacrificio de Jesús en la cruz del Calvario
restableció la relación original con Dios que se perdió en el huerto del Edén.
Jesús fue un perfecto ejemplo de íntima relación con Dios (Juan 17:22). Jesús
exhortó a sus discípulos a buscar esa misma relación con Dios y los enseñó a
orar (Mateo capítulo 6), alentándolos a que se dirigieran a Dios diciéndole
“Padre nuestro”, como señal de confianza, de intimidad y de dependencia. El
privilegio de la oración se basa en nuestra relación con Dios a través de su
Hijo Jesucristo. Sólo quienes hemos recibido a Cristo podemos afirmar que Dios
es nuestro Padre (Juan 1:12), y podemos contar con su promesa de oír nuestras oraciones.
Dios cumple siempre sus promesas, pero él está atento no sólo a los deseos de
nuestro corazón, sino también a nuestra actitud y nuestro comportamiento.
Oración:
Amado Padre Celestial, te doy gracias porque a través de Jesucristo
puedo llegarme confiadamente a tu trono de gracia. Por favor te pido me des discernimiento
espiritual para pedirte de acuerdo a tu voluntad, y no a la mía. Dame sabiduría
para entender que tú sabes que es lo mejor para mi vida. En el nombre de Jesús,
Amén.
¡Gracia y Paz!
Dios te Habla
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