domingo, 21 de septiembre de 2014

¿ESTÁS VIVIENDO CON DUDAS Y TEMORES?



¿ESTÁS VIVIENDO CON DUDAS Y TEMORES?

¿Hombre o mujer de Dios qué es lo que estas pasando que esta variando el rumbo de tu barca? ¿Estás viviendo con problemas en tu vida; te invaden la duda, el miedo, las preocupaciones? ¿Piensas que Dios se ha alejado de ti? ¿Últimamente las tribulaciones han llegado a tu vida, y todos esos problemas te están haciendo mover de forma extraña tu barca?

¿Has pensado en abandonar el camino santo? Es posible que digas que tu fe ya no te alcanza para superar tus pruebas, etc. Bueno, pues déjame decirte que todos hemos pasados por esos momentos, y que todos, absolutamente todos serán para nuestra bendición, aunque otras veces son las consecuencias de nuestros pecados y errores. Solo te puedo decir que ante estas pruebas y dificultades no te sueltes de Dios, no tengas miedo, que la duda no te consuma, ya no creas a los comentarios negativos que llegan a tu vida, que la falta o escasez de dinero no te haga preocupar, que la enfermedad no te haga desmayar, que esa relación infructuosa no te perjudique mas. Solamente reposa, descansa, espera y CONFÍA en TU Señor, en Yahweh Dios. Generalmente preguntamos: ¿Por qué Señor? ¿Qué hice para que reciba esto?, cuando deberíamos preguntar: ¿Para qué Señor? ¿Qué propósitos tienes en mi vida Señor? Deja que Dios tome el control de la situación por la cual estas pasando.

Ninguna aflicción es comparable con lo que recibiremos los hijos de Dios (lee Romanos 8:18-27). Por más que el panorama te parezca extraño y no veas el cielo azul, sigue confiado y alégrate de la bendición que vendrá sobre tu vida, sé que es difícil, yo mismo estoy padecido muchas pruebas, aun varias veces he pensado en abandonar este camino de vida eterna. Eso sería fácil, pero sería indigno de recibir lo que Dios me ha prometido. Lo que estás viviendo es difícil y doloroso, pero son sólo tribulaciones momentáneas (lee 2 Timoteo 3:12). Consagra tu vida y tu familia a nuestro Padre Celestial y confía en que veras un cielo despejado y limpio dentro de poco. Confía, Cree, Confía, Cree, Confía (Hebreos 11:1-40).

Sigamos en la presencia del Señor, refugiémonos en Él, pidámosle que renueve nuestras fuerzas y que nuestra FE sea aumentada cada día.

Dios te dice: “Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente; no temas ni desmayes, porque Yahweh tu Dios estará contigo dondequiera que vayas” (Josué 1:9).

¡Gracia y Paz!



DIOS SABE LO QUE NECESITAMOS...



Dios sabe lo que necesitamos. Sus milagros se amoldan a nuestra necesidad. ¿Tienes hoy una necesidad? Solo habla con Él, su mano se extenderá de manera prodigiosa y para Él no hay casualidades, sino Milagros.

Salmo 4:1
“Cuando clamo, respóndeme, oh Dios de mi justicia. En la angustia me has aliviado; ten piedad de mí, escucha mi oración”.

Salmo 9:9
“Será también el Señor baluarte para el oprimido, baluarte en tiempos de angustia”.

Salmo 18:6
“En mi angustia invoqué al Señor, y clamé a mi Dios; desde su templo oyó mi voz, y mi clamor delante de El llegó a sus oídos”.


¡Gracia y Paz!

sábado, 20 de septiembre de 2014

¿ESTÁS ADORANDO A DIOS COMO ÉL LO PIDE?



¿ESTÁS ADORANDO A DIOS COMO ÉL LO PIDE?

A través de los siglos y en todas partes del mundo, el ser humano ha manifestado siempre un deseo innato de adorar a alguien o a algo. Civilizaciones antiguas rindieron culto al sol o a la luna o a otros cuerpos celestes. Hay tribus de remotas regiones que adoran el agua, o el fuego, o el viento, o cualquier otro elemento de la naturaleza. Millones de personas adoran imágenes o ídolos fabricados de madera, piedra u otro material. Hasta existen sectas que adoran al diablo. ¿Puedes creer esto?

¿Y qué nos dice la Biblia acerca de la adoración? Hace muchos siglos cuando Dios, por medio de Moisés, dio al pueblo de Israel los Diez Mandamientos, les expresó con suma claridad su sentir en relación a adorar algo o alguien que no fuese él mismo. Dice Deuteronomio 5:7-9: “No tendrás dioses ajenos delante de mí. No harás para ti escultura, ni imagen alguna de cosa que está arriba en los cielos, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. No te inclinarás a ellas ni las servirás; porque yo soy Yahweh tu Dios, fuerte, celoso…” Ciertamente la Palabra de Dios establece de una manera muy clara que el único a quien debemos adorar es al Dios Todopoderoso.

El Salmo 96:7-9 es una viva exhortación a exaltar a Dios y a darle la honra, la gloria y el poder que solamente él merece. El salmista invita al pueblo a “adorar a Yahweh en la hermosura de la santidad”. Y finalmente les dice: “Temed delante de él, toda la tierra”. En los tiempos del Antiguo Testamento era muy común observar esta actitud de santo temor al adorar a Dios. Por ejemplo, cuando Dios se presentó ante Abram para hablarle acerca de sus planes en relación al pueblo de Israel, “Abram se postró sobre su rostro” (Génesis 17:2). De igual manera, cuando el Señor se le apareció a Moisés en medio de una zarza ardiendo, dice la Biblia que “Moisés cubrió su rostro, porque tuvo miedo de mirar a Dios” (Éxodo 3:6).

Con la venida de Jesús al mundo, vemos un cambio en la manera de adorar a Dios. En Juan capítulo 4, la Biblia nos narra acerca de la conversación que Jesús sostuvo con la mujer samaritana junto al pozo de Jacob. Allí, la mujer expresó la manera de pensar de aquellos tiempos en relación a la adoración cuando le dijo al Señor: “Nuestros padres adoraron en este monte, y vosotros decís que en Jerusalén es el lugar donde se debe adorar”. Y Jesús le contestó: “Mujer, créeme, que la hora viene cuando ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre. Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren” (Juan 4:21; 24).

Por varios siglos los judíos adoraron a Dios en el tabernáculo. Este tenía dos habitaciones: una anterior llamada el lugar santo y una posterior llamada el lugar santísimo. En este lugar santísimo habitaba Dios. Ambas habitaciones estaban separadas por un velo (Éxodo 26:33). Todos los sacerdotes podían servir en el lugar santo, pero sólo el Sumo Sacerdote podía entrar al lugar santísimo una vez al año, el Día de la Expiación, llevando la sangre del chivo expiatorio para la remisión de los pecados de los Israelitas (Levítico 16:34). Cuando Jesús murió en la cruz del Calvario, “el velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo” (Mateo 27:51), eliminando la separación entre el lugar santo y el lugar santísimo. Este sacrificio nos ha dado acceso directo al Padre, y podemos adorarle de una forma íntima y personal.

Hebreos 4:16 nos dice: “Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia...” Y Santiago 4:8 nos dice: “Acercaos a Dios, y él se acercará a vosotros”. Mientras más nos acercamos al Señor, más se acerca él a nosotros, y mayor será en nosotros el deseo de adorarle en “la hermosura de la santidad”. Adorar a Dios no quiere decir que tenemos que estar postrados todo el día. Le adoramos cuando tratamos de agradarle de todo corazón en todo lo que hagamos, y en cada una de nuestras acciones demostramos que le amamos y no queremos entristecer su Espíritu. De esta manera le adoramos en “espíritu y en verdad”. Esta es la verdadera adoración.

Salmo 96:7-9
“Tributad a Yahweh, oh familias de los pueblos, dad a Yahweh la gloria y el poder. Dad a Yahweh la honra debida a su nombre; traed ofrendas, y venid a sus atrios. Adorad a Yahweh en la hermosura de la santidad; temed delante de él, toda la tierra”.

Gracia y Paz
Dios te Habla



ORACIÓN

Salmo 96:7-9

“Tributad a Yahweh, oh familias de los pueblos, dad a Yahweh la gloria y el poder. Dad a Yahweh la honra debida a su nombre; traed ofrendas, y venid a sus atrios. Adorad a Yahweh en la hermosura de la santidad; temed delante de él, toda la tierra”.


viernes, 19 de septiembre de 2014

¿NO SABES CÓMO LUCHAR CON EL PECADO?



¿NO SABES CÓMO LUCHAR CON EL PECADO?

Para que podamos vencer el pecado debemos entender que Dios es luz y todo lo que es pecado es oscuridad, o sea es totalmente opuesto a Dios. Cuando enfrentemos una tentación recordemos que tenemos la opción de alinearnos con la luz o con las tinieblas, es decir, con Dios o con Satanás.

Reconozcamos el pecado por lo que es. Satanás siempre estará insistiendo hacernos pecar porque él quiere reducir nuestra efectividad y nuestro testimonio cristiano, y quiere afectar nuestra vida y la vida de los que nos rodean. Con este fin él se disfraza como “ángel de luz” (2 Corintios 11:14). No nos descuidemos porque la tentación puede estar oculta detrás de alguien o algo que puede resultarnos muy atractivo. No subestimes el poder del pecado. Recordemos que el pecado es tan poderoso que para ser derrotado fue necesario el inmenso sacrificio de Jesús en la cruz del Calvario.

Dios nos quiere ayudar a liberarnos de la esclavitud del pecado, pero debemos ser responsables de nuestras actitudes. Satanás nos podrá tentar pero no puede forzarte a pecar. Nosotros debemos tomar la decisión final. Recordemos que “cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido. Entonces la concupiscencia, después que ha concebido, da a luz el pecado; y el pecado, siendo consumado, da a luz la muerte” (Santiago 1:14-15).

No olvidemos jamás que no podemos luchar contra la tentación con nuestras propias fuerzas, pues la naturaleza carnal es débil. Por eso Jesús les dio este último consejo a sus discípulos antes de caminar hacia la cruz del Calvario: “Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil”. También, el apóstol Santiago nos dice: “Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros” (Santiago 4:7). Clama al Señor por su ayuda, y él te responderá dándote las fuerzas para resistir.

1 Juan 1: 5–7
“Este es el mensaje que hemos oído de él, y os anunciamos: Dios es luz, y no hay ningunas tinieblas en él. Si decimos que tenemos comunión con él, y andamos en tinieblas, mentimos, y no practicamos la verdad; pero si andamos en luz, como él está en luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado”


¡Gracia y Paz!

ORACIÓN


martes, 16 de septiembre de 2014

¿CUENTAS CON UN BUEN SEGURO?



¿CUENTAS CON UN BUEN SEGURO?

Job 11:18
“Tendrás confianza, porque hay esperanza; mirarás alrededor, y dormirás seguro”

Los tiempos en que vivimos son tiempos de mucha inseguridad en todos los aspectos. Esta inseguridad se refleja no sólo en los altos índices de violencia, robo y criminalidad que amenazan constantemente la vida de las personas, sino también en la inestabilidad económica que reina en todo el mundo. Personas que pensaban que tenían un hogar estable han tenido que pasar por el dolor de perderlo y muchos que creían que tenían un empleo seguro han recibido la triste noticia de que han sido despedidos. También otros que gozaban de perfecta salud de momento han recibido la mala noticia del resultado de los análisis. Incluso la vida misma puede perderse en un segundo de la manera más inesperada, a través de un accidente automovilístico, o de un loco que entra a un lugar público disparando un arma, o un fenómeno natural como un repentino tornado, o un rayo, o por cualquier otro medio.

Ciertamente, es imposible garantizar la seguridad en ningún aspecto en este mundo en que vivimos. Muchas veces, con el fin de crear una sensación de seguridad a nuestro alrededor, nos llenamos de “seguros” de todo tipo: seguros de vida, seguros médicos, seguro para la casa, para el automóvil, etc. Hacemos todo tipo de planes para “asegurar” que nada va a faltarnos en el futuro; pero nada de esto puede traer absoluta y total seguridad a nuestras vidas. Sabemos que hoy estamos aquí, ¿y mañana? ¡Sólo Dios lo sabe!

La seguridad absoluta no existe en este mundo, a menos que vivamos bajo el amparo y protección de Dios. La Biblia nos dice en el Salmo 91:1 que “el que habita al abrigo del Altísimo, morará bajo la sombra del Omnipotente”. Dios es el único que puede garantizarnos seguridad en cualquier situación que se nos presente en la vida, porque él es omnisciente y es omnipotente. Todo lo sabe y todo lo puede. Y la seguridad que él nos ofrece nos cubre, no solamente en esta vida sino por toda la eternidad.

Si Cristo es el Señor de nuestras vidas podemos vivir tranquilos y confiados, pues aún en el caso de que nuestra economía, nuestra salud, o cualquier otra área sea afectada contamos con la seguridad de que él es fiel para reponernos lo que se ha perdido y aún más, como sucedió en el caso de Job, el cual lo perdió absolutamente todo, posesiones, familia, su salud, pero al final, dice la Biblia, Dios “aumentó al doble todas las cosas que habían sido de Job” (Job 42:10). ¡Que seguro tan maravilloso que nos devuelve más de lo que perdimos, conforme a la misericordia de nuestro Padre celestial!

Únicamente Dios puede darte un seguro que cubre absolutamente todas las circunstancias imaginables en la vida y cuyo reembolso excede todo entendimiento humano. Y lo mejor de todo es que es absolutamente gratis, pues Jesucristo hizo el pago completo en la cruz del Calvario hace más de 2,000 años. Sólo tienes que reclamarlo acercándote a él con un corazón humilde y arrepentido e inmediatamente estarás cubierto. Cuando estamos “bajo la sombra del Omnipotente” podemos vivir tranquilos, pues todo lo que suceda en nuestras vidas (bueno o malo) tiene un propósito y al final recibiremos la recompensa de Dios, como nos asegura Romanos 8:28: “Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien”. ¡Esta es la verdadera seguridad!

El apóstol Pablo entendió este concepto perfectamente, de manera que estando preso en una cárcel romana, teniendo que enfrentarse a la incertidumbre sobre su destino de vida o muerte, demostró su absoluta seguridad al manifestar: “Para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia” (Filipenses 1:21). Es decir, mientras él estaba vivo disfrutaba cada día del amor y la gracia de Cristo, y además sabía que su muerte significaría estar aun más cerca del Señor. ¿Tienes tú esta seguridad?

Un anuncio de una compañía de seguros dice: “Una llamada de 15 minutos puede ahorrarte hasta un 15 por ciento en tu seguro de automóvil”. Pero la Palabra de Dios nos dice que “15 minutos diarios de comunión con el Señor pueden ahorrarte el 100 por ciento de tus ansiedades, afanes, temores y preocupaciones”. Si no lo has hecho, comienza a hacerlo desde hoy mismo.

¡Gracia y Paz!

Dios te Habla

ORACIÓN

La seguridad absoluta no existe en este mundo, a menos que vivamos bajo el amparo y protección de Dios. La Biblia nos dice en el Salmo 91:1 que “el que habita al abrigo del Altísimo, morará bajo la sombra del Omnipotente”. Dios es el único que puede garantizarnos seguridad en cualquier situación que se nos presente en la vida, porque él es omnisciente y es omnipotente. Todo lo sabe y todo lo puede. Y la seguridad que él nos ofrece nos cubre, no solamente en esta vida sino por toda la eternidad.


lunes, 15 de septiembre de 2014

¿CREES QUE REALMENTE ERES LIBRE?



¿CREES QUE REALMENTE ERES LIBRE?

Juan 8:31-32
“Dijo entonces Jesús a los judíos que habían creído en él: Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres”

Cuando Jesús pronunció estas palabras estaba hablando con un grupo de judíos que habían creído en él. Ellos le respondieron: “Linaje de Abraham somos, y jamás hemos sido esclavos de nadie. ¿Cómo dices tú: Seréis libres?” Desde el punto de vista humano, libertad es la capacidad de poder escoger o actuar con poca o ninguna restricción o límites. Sin embargo, en el aspecto espiritual y de acuerdo a los principios divinos esta definición es realmente una descripción de rebeldía, donde la sumisión a una autoridad se rechaza y cada uno hace lo que más le place. En realidad la verdadera libertad es aquella que nos libera de la esclavitud del pecado y de la condenación eterna, y ésta sólo se encuentra sometiéndonos a la voluntad de Dios. A esto se refirió Jesús.

En su carta a los Romanos el apóstol Pablo escribió: “¿No sabéis que si os sometéis a alguien como esclavos para obedecerle, sois esclavos de aquel a quien obedecéis, sea del pecado para muerte, o sea de la obediencia para justicia? Pero gracias a Dios, que aunque erais esclavos del pecado, habéis obedecido de corazón a aquella forma de doctrina a la cual fuisteis entregados; y libertados del pecado, vinisteis a ser siervos de la justicia” (Romanos 6:16-18). Esto significa que, queramos o no, somos siervos o esclavos de alguien o de algo. El problema es que si somos esclavos del pecado caminamos en dirección a la destrucción y a la desgracia, y finalmente a la condenación eterna. Por el contrario si somos siervos de la verdad y la justicia representadas por la palabra de Dios, entonces somos verdaderamente libres y disfrutaremos de vidas bendecidas. Esto puede parecer una paradoja, pero es absolutamente cierto y debemos creerlo por fe.

El primer paso para la verdadera libertad es reconocer en que aspectos no somos libres, es decir identificar esas áreas de nuestras vidas que están sometidas a la esclavitud de algún vicio o algún pecado específico. Aquellos que no han recibido a Cristo como Salvador están atados a la incredulidad. Ellos no pueden creer en Dios ni confiar en las promesas de las Santas Escrituras porque tienen “el entendimiento entenebrecido”, dice Efesios 4:18. El pecado les impide ver su condición de esclavos y por lo tanto no admiten que necesitan un salvador que los libere.

Los cristianos tenemos que ser cuidadosos, pues también podemos caer en algún tipo de esclavitud, especialmente en lo que se refiere a alguna dependencia, las cuales a veces son tan sutiles que resultan difíciles de identificar. Algo en apariencia tan simple como sentirse inferior, por ejemplo, es un tipo de esclavitud que puede influir en la manera en que reaccionamos ante las demás personas. Nuestras respuestas a los desafíos de la vida pueden estar afectadas por este sentimiento, y nuestra habilidad de pensar o actuar puede disminuir. También afectan nuestra capacidad de confiar en Dios y obedecerle. Y a la larga estos sentimientos de inferioridad o rechazo pueden limitar notablemente nuestra capacidad para ser testigos de Jesucristo. De igual manera otros sentimientos, o pensamientos, o deseos, o hábitos pueden considerarse cadenas que nos esclavizan de una manera u otra afectando nuestra relación con Dios.

Dios quiere que caminemos en libertad. La Biblia nos enseña que somos verdaderamente libres cuando sabemos cuál es nuestra posición en Cristo, nuestra identidad en Cristo, y todas nuestras posesiones en Cristo. El camino al descubrimiento de estas verdades lo encontramos sólo a través de la poderosa Palabra de Dios. Medita en este capítulo 8 del Evangelio de San Juan. Pide al Señor que te dé discernimiento para descubrir las cadenas espirituales que te impiden actuar libremente, y la fuerza espiritual para rechazarlas en el nombre de Jesucristo. Aplica a tu vida la verdad que encuentras en la Santa Palabra de Dios y serás verdaderamente libre.


¡Gracia y Paz!

Dios te Habla

ORACIÓN

LA VERDADERA LIBERTAD ES AQUELLA QUE NOS LIBERA DE LA ESCLAVITUD DEL PECADO Y DE LA CONDENACIÓN ETERNA, Y ÉSTA SÓLO SE ENCUENTRA SOMETIÉNDONOS A LA VOLUNTAD DE DIOS.



domingo, 14 de septiembre de 2014

¿SABES PORQUE ESTÁS AQUÍ EN LA TIERRA?



¿Sabes porque estás aquí en la tierra?

Estás aquí para servir a Dios y Dios quiere que le sirvas sirviendo a los demás. Muchos quieren servir al Señor pero no quieren servir a los demás y la única manera de servir a Dios es sirviendo a los demás. En las Santas Escrituras encontramos una palabra para definir esto, se llama «ministerio». Al igual que muchas otras palabras, muchos malentienden “Ministerio”. Cuando hablamos de «ministro» la mayoría de las personas piensan en un pastor o en algún servidor de la iglesia local, pero la Biblia dice que todos los creyentes somos ministros. Desde luego que no todos los creyentes podemos ser pastores, pero definitivamente todos los creyentes somos Ministros.

Nuestro ministerio es sencillamente ayudar a otros. Debemos usar nuestros talentos, capacidades, antecedentes y experiencias para ayudar a los demás. ¿Sabes cómo se llama eso? Ministerio. ¿Y sabes que es lo que somos? MINISTROS. En la Biblia la palabra «servicio» y «ministerio» son la misma. Por lo tanto, todos fuimos llamados a ministrar. Pero tú dices: «No estoy llamado para el ministerio» ¡Claro que sí fuiste llamado! PORQUE SI fuiste llamado para la salvación, también fuiste llamado al servicio.


“Mi casa y yo serviremos a Yahweh”

Las buenas nuevas son que Dios no solo nos creó para el servicio sino que nos dejó un modelo. Entonces Jesucristo vino al mundo en forma de hombre y dijo: «Esto es lo que quiero que hagas con tu vida», «Así es como debes hacerlo. Observa cómo lo hago». Fuiste creado para ser como Cristo, y ¿qué hizo Cristo mientras estuvo aquí en la tierra? Sirvió. Fíjate en el siguiente versículo: Mateo 20:28: “como el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos”. Jesús fue fiel en el cumplimiento de su servicio. No se dio por vencido. No se rindió. Fue perseverante. Y si vas a servir como Jesús deberás servirle durante toda tu vida.

Quizás algún día nos jubilaremos de nuestro empleo, pero nunca nos jubilaremos de nuestro ministerio cristiano.

Mateo 25:40
“Y respondiendo el Rey, les dirá: De cierto os digo: En cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis”.



¡Gracia y Paz!

sábado, 13 de septiembre de 2014

¿TIENES UNA ÍNTIMA COMUNIÓN CON EL SEÑOR?



¿TIENES UNA ÍNTIMA COMUNIÓN CON EL SEÑOR?

Apocalipsis 3:20
“He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo”

En aquellos tiempos el desayuno y el almuerzo se tomaban de manera muy similar a los tiempos actuales. Cada miembro del hogar desayunaba un poco a la carrera a medida que iban saliendo para el trabajo o la escuela. El almuerzo lo tomaban en cualquier lugar donde se encontraban a esa hora. Pero la cena era algo muy distinto. Todos juntos se sentaban a la mesa, y como no había televisión, ni cine, ni teléfonos celulares ni nada que hacer por la noche, ese era el momento en que la familia podía compartir y hablar acerca de las actividades del día, tranquilamente, sin apuros. Era un rato de verdadera comunión. En el pasaje de hoy, cuando Jesús habla de cenar con aquel que abra la puerta de su corazón, realmente está hablando de una íntima comunión. Está mostrando su deseo de relacionarse con cada uno de nosotros de una manera sincera, profunda, especial.

Cuando creemos y aceptamos a Jesucristo como nuestro Salvador, él viene a morar en nuestros corazones en la forma del Espíritu Santo. Dice Gálatas 4:5 que en ese momento recibimos “la adopción de hijos”. Es decir pasamos a ser hijos de Dios. Esto nos indica la naturaleza de nuestra relación con el Señor. Él desea relacionarse con nosotros como lo hace un Padre, y nosotros debemos responder como hijos amorosos y obedientes. Dios ha tomado la iniciativa de invitarnos a ser parte de su familia. Cuando decimos sí a la invitación, y recibimos a Jesús como nuestro Salvador personal, estamos dando el primer paso. Pero después de eso tenemos la responsabilidad de buscar y mantener una íntima comunión con él.

Nuestra parte consiste en aprender a ser buenos oyentes y percatarnos cuando el Señor esté hablando, con el fin de seguir sus instrucciones. Proverbios 1:33 dice: “Mas el que me oyere, habitará confiadamente y vivirá tranquilo, sin temor del mal”. Es por eso que necesitamos pasar tiempo meditando en la Palabra de Dios. Aquí se ha volcado el corazón del Señor al haber inspirado a hombres y mujeres a través de los siglos. “Toda la Escritura es inspirada por Dios”, dice 2 Timoteo 3:16. Sin embargo, muchos que dicen estar interesados en conocer a Dios, relegan a un plano secundario el estudio de su Palabra. Otros dicen: “Yo leo la Biblia, pero no la entiendo”. ¿Crees tú que Dios inspiró a sus siervos a escribir la Biblia para que no pudiéramos entenderla? Si somos constantes en la lectura de las Escrituras, el Espíritu de Dios que mora en el corazón de cada creyente, nos dará discernimiento e inteligencia espiritual para entender el mensaje de nuestro Padre celestial. Jesús declara en Juan 7:38: “El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva”. Muchos dicen “creer” en Jesús. Y algunos hasta dicen “yo creo a mi manera”. Pero el Señor dice muy claramente que debemos creer en él “como dice la Escritura”. Por eso es necesario leer la Biblia diariamente.

Es posible que hayamos respondido afirmativamente a la invitación del pasaje de hoy, y hayamos abierto “la puerta” a Jesús. Pero quizás le hemos dicho: “Pasa y siéntate”, y lo hemos dejado sentado en la sala. No lo hemos atendido como se merece, no le hemos conocido profundamente, no hemos establecido una comunión íntima con él, y por lo tanto no hemos permitido que el agua de vida que él nos ofrece fluya y corra en nosotros libremente. Está ahí, pero no corre, está estancada. Para vivir la vida en abundancia que Jesús nos ofrece, es necesario mantener una profunda relación con él. Hazte hoy el firme propósito de buscar el rostro del Señor cada día, leer su palabra, meditar en ella, pasar tiempo en oración, deleitarte en adorarle y en servirle, y disfrutarás plenamente de la paz y el gozo que provienen de su santa presencia.

ORACIÓN:
Padre santo, una vez más te doy gracias por tu iniciativa de buscar una relación conmigo. Yo anhelo vivir muy cerca de ti, sentir tu dulce presencia en mi vida y disfrutar de tu paz y de tu amor. Te ruego me ayudes a mantener una íntima comunión con tu Hijo Jesucristo. En su santo nombre te lo pido, Amén.

¡Gracia y Paz!

Dios te Habla

ORACIÓN


ORACIÓN

Salmo 86:11 
“Enséñame, oh Señor, tu camino; caminaré yo en tu verdad”