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domingo, 27 de julio de 2014
viernes, 25 de julio de 2014
ORACIÓN
ORACIÓN
Padre santo, te pido me des sabiduría y discernimiento
espiritual para que mis palabras y mis acciones puedan influir positivamente y
ser de bendición para los hijos que tú me has dado y, de igual manera, para todos
los niños que están a mi alrededor. En el nombre de Jesús, Amén.
¿ESTÁS EDUCANDO CORRECTAMENTE A TUS HIJOS?
¿ESTÁS EDUCANDO CORRECTAMENTE A TUS HIJOS?
Proverbios 22:6
“Instruye al niño en el camino correcto, y
aun cuando fuere viejo no se apartará de él.”
En diciembre de 1989, el gobierno de China lanzó una
campaña nacional contra la pornografía. Toda fotografía indecente debía ser
confiscada. Pronto, a las escuelas de Beijing empezaron a llegar muchas
fotografías. Las llevaban los niños mismos, que con vergüenza y temor las
depositaban en el escritorio de la maestra, después de lo cual regresaban
rápidamente a sus asientos. Eran sus fotos de cuando eran bebés, muchos de
ellos desnuditos o en pañales, las cuales sacaron de los álbumes familiares y
las llevaron a sus escuelas. Taeko Lin Pao, una maestra de Beijing, después
confesó: “Yo no sabía si reírme o llorar. Ciertamente esta manera de actuar de
los niños refleja la inocencia de sus corazones. No pueden esconder nada
indecente en la mente”.
La mente infantil es una hoja en blanco, por eso los
padres y las madres deben poner especial cuidado en lo que se escribe en esa
hoja. Hay un viejo dicho que dice: “El niño es el padre del hombre”. Esto
significa que el adulto actúa de acuerdo a lo que se “escribió” en esa “hoja de
papel” cuando era niño. Las impresiones (buenas o malas) que recibió en su
niñez le seguirán hasta que sea un hombre o una mujer. Un reconocido ministro y
reformador social, escribió al respecto: “No es difícil hacer que un árbol
crezca recto si lo enderezas muy temprano en su vida, pero querer enderezarlo
después de haber crecido es tarea sumamente difícil. Exactamente igual sucede
con los niños”.
El pasaje de hoy es un valioso consejo para padres,
abuelos, maestros, y todos aquellos que de una manera u otra pueden influir en
la mente de un niño. El sabio Salomón dejó escrita para siempre la clave de una
perfecta educación: la sabiduría y el amor que encontramos en la palabra de
Dios. Jesús siempre mostró un especial cuidado y preocupación por los niños. En
ocasiones en que, estando rodeado de una multitud, le traían niños para que los
bendijese, aun por encima de las quejas de sus discípulos Jesús se tomaba el
tiempo para hablarles y bendecirlos. En Mateo 19:14, por ejemplo, él dijo:
“Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis; porque de los tales es el
reino de los cielos”.
Lamentablemente muchos padres buscan soluciones fáciles
para distraer a sus hijos, como por ejemplo dejarlos frente al televisor
encendido. “Con la televisión se entretienen”, dicen despreocupadamente, y no
se dan cuenta de que la televisión mal usada llena las sensibles mentes de los
niños de un torrente de crimen, de violencia y de sexo. Son hojas de papel en
blanco, donde los mercaderes del mal escriben sus propias aberraciones morales
y sensuales. En los últimos años, sobretodo, el enemigo ha estado dirigiendo
una sutil campaña usando los medios de comunicación, la cual tiene como
objetivo saturar la mente de los niños de conceptos mundanos relativos a sexo,
homosexualidad, pornografía y todo tipo de inmoralidades.
¿Qué podemos hacer nosotros para evitar que la mente de
un niño sea corrompida a través de la propaganda diabólica que tanto abunda en
este mundo? Si bien es imposible detener todo ese caudal de material indecente,
es posible controlar lo que entra a nuestra casa. Podemos cambiar el canal de
televisión, quemar la revista dañina y controlar las amistades de nuestros
niños. Y, lo más importante, preocupémonos en instruirlos con la palabra de
Dios, guiémoslos en el camino del Señor y estaremos creando en ellos una base
moral y espiritual, que será el fundamento de sus acciones por el resto de sus
vidas.
Por lo tanto, conscientes de que la mente de nuestros
niños es un papel en blanco, hagámonos el propósito de escribir sólo lo que
contribuya a levantar el nivel de su educación, su moralidad y su
espiritualidad. ¿Y qué mejor que la palabra de Dios la cual, según 2 Timoteo
3:16, es “útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en
justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado
para toda buena obra”?
ORACIÓN
Padre santo, te pido me des sabiduría y discernimiento
espiritual para que mis palabras y mis acciones puedan influir positivamente y
ser de bendición para los hijos que tú me has dado y, de igual manera, para todos
los niños que están a mi alrededor. En el nombre de Jesús, Amén.
¡Gracia y Paz!
Dios te Habla
miércoles, 23 de julio de 2014
¿CREES QUE NO DEBISTE HACERLO…?
¿Crees que no
debiste hacerlo…?
Abdías 1:12-14
“No debiste tú haber estado mirando en el
día de tu hermano, en el día de su infortunio; no debiste haberte alegrado de
los hijos de Judá en el día en que se perdieron, ni debiste haberte jactado en
el día de la angustia. No debiste haber entrado por la puerta de mi pueblo en el
día de su quebrantamiento; no, no debiste haber mirado su mal en el día de su
quebranto, ni haber echado mano a sus bienes en el día de su calamidad. Tampoco
debiste haberte parado en las encrucijadas para matar a los que de ellos
escapasen; ni debiste haber entregado a los que quedaban en el día de angustia.
Porque cercano está el día de Jehová sobre todas las naciones; como tú hiciste
se hará contigo; tu recompensa volverá sobre tu cabeza”.
Este pasaje es una reprimenda de Dios al pueblo de Edom.
Este pueblo, descendientes de Esaú, eran vecinos y enemigos de Judá; y eran
arrogantes, amargados y resentidos. Esta amonestación del Señor ha estado
vigente durante siglos, y aun hasta nuestros tiempos, sobre una humanidad que
con demasiada frecuencia ha rechazado o ignorado las enseñanzas y los consejos
de un Dios de amor y misericordia. En nuestra relación con las demás personas
muchas veces actuamos de maneras en que no debimos haber actuado. Hemos herido
a alguien, o hemos sido indiferentes a su dolor, o incluso nos hemos alegrado
de su desgracia. Muy profundo en el corazón de Dios hay un fuerte reproche ante
esta actitud.
“No debiste” es el regaño de Dios para los edomitas.
Primero les dice: “No debiste tú haber estado mirando en el día de tu hermano,
en el día de su infortunio”. ¡Cuántas veces nos limitamos a mirar
insensiblemente a nuestro prójimo que está en desgracia! Somos simples
espectadores del mal ajeno, pero no somos movidos a compasión. Algo así como la
actitud del sacerdote y del levita en la parábola del “Buen samaritano” (Lucas
10:25-37). Dice que ambos “vieron” al hombre herido y “pasaron de largo”.
Simplemente, no se conmovieron ante el infortunio de aquel hombre y no hicieron
nada por ayudarlo.
Después Dios les dice: “No debiste haberte alegrado de
los hijos de Judá en el día en que se perdieron”. ¡Aún peor! No sólo no
ayudaron al que estaba en desgracia, sino que se alegraron de su mal.
Sentimientos tales como la envidia o los celos pueden producir en nosotros este
tipo de actitud. Los próximos “no debiste” son progresivamente peores. Nos
hablan de sacar ventajas personales de la persona caída, de robar, y por último
del homicidio. Realmente da la impresión que este pasaje se refiere a los
tiempos actuales. Cuando miramos a nuestro alrededor, o cuando vemos las
noticias por la televisión o leemos los periódicos podemos aplicar estas
palabras de Dios a través del profeta Abdías a nuestras propias vidas y la vida
de los que nos rodean.
El pasaje termina con una fuerte advertencia: “Porque cercano
está el día de Jehová sobre todas las naciones; como tú hiciste se hará
contigo; tu recompensa volverá sobre tu cabeza”. Sin lugar a dudas algún día
recogeremos el producto de nuestras acciones. Un dicho popular advierte: “Con
la vara que midas serás medido”. Y la Biblia lo dice claramente en Gálatas 6:7:
“No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre
sembrare, eso también segará”. ¿Cómo, pues, debemos actuar con los que nos
rodean? El apóstol Pablo nos dice: “Nada hagáis por contienda o por vanagloria;
antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él
mismo” (Filipenses 2:3) ¿Es así como tratas siempre a los demás? ¿O crees que
no debiste tratar a esa persona como lo hiciste?
Si deseamos agradar a Dios con nuestro testimonio,
debemos guardar esta enseñanza en nuestros corazones, y ponerla en práctica
cada vez que se presente la oportunidad. Nunca debemos dejar de tratar con amor
a todos los que nos rodean, aún a los que nos han ofendido. Recuerda que “como
tú hiciste se hará contigo; tu recompensa volverá sobre tu cabeza”. De ti
depende recibir abundantes bendiciones de Dios.
ORACIÓN
Bendito Dios, yo deseo tratar a los demás con el amor y
la compasión que te caracteriza. Renuncio a los celos, la indiferencia, el
rencor y cualquier otro sentimiento negativo. Por favor, lléname de tu amor
para poder dar amor a los que me rodean y tratarlos conforme a tus deseos. En
el nombre de Jesús, Amén.
¡Gracia y Paz!
Dios te Habla
martes, 22 de julio de 2014
¿QUÉ CAMINO ESCOGES TÚ?
¿Qué camino escoges
tú?
Génesis 2:15-17
“Tomó, pues, Yahweh Dios al hombre, y lo
puso en el huerto de Edén, para que lo labrara y lo guardase. Y mandó Yahweh Dios
al hombre, diciendo: De todo árbol del huerto podrás comer; mas del árbol de la
ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres,
ciertamente morirás”.
La Biblia cuenta que en el principio Yahweh Dios creó los
cielos y la tierra, los mares, los ríos, los árboles, los animales, etc.
(Génesis 1). Y después de haber preparado todas las condiciones ideales,
entonces creó a Adán y a Eva. Era el deseo del Señor tener una relación
personal con ellos y derramar sobre ellos su amor y sus bendiciones. Allí Dios
les reveló que ellos podrían disfrutar plenamente de toda aquella creación,
podrían comer de todo árbol del huerto, pero les advirtió que había una
excepción. Dice el pasaje de hoy que Yahweh Dios mandó al hombre, diciendo:
“del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él
comieres, ciertamente morirás.” Desde un principio, Dios quiso establecer que
al igual que ellos podían esperar de él todo tipo de bendiciones, él esperaba
que ellos fueran obedientes, y respetaran esta regla.
Más tarde, la serpiente se acercó a Eva y puso ante ella
la tentación de comer del árbol prohibido. Eva lo pensó por unos momentos, y
entonces tomó una decisión. Dice la Biblia que “vio la mujer que el árbol era
bueno para comer, y que era agradable a los ojos, y árbol codiciable para
alcanzar la sabiduría; y tomó de su fruto, y comió; y dio también a su marido,
el cual comió así como ella” (Génesis 3:6). Eva escogió desobedecer a Dios.
Después Adán hizo lo mismo. Como consecuencia de esta acción ambos murieron, no
físicamente, sino espiritualmente, pues Dios los echó del paraíso. Ambos
tuvieron la oportunidad de continuar disfrutando las bendiciones de Dios, pero
optaron por desobedecer y las perdieron.
Desde el principio Dios ha mostrado su deseo de bendecir
al hombre, pero al mismo tiempo ha dejado claro que es necesario obedecer sus
instrucciones para que sus planes se lleven a cabo. A través de toda la
historia de la humanidad hasta nuestros tiempos, la decisión de obedecer o no
siempre ha dependido del ser humano. Por ejemplo, en Deuteronomio 30:19, Moisés
les dice a los israelitas: “A los cielos y a la tierra llamo por testigos hoy
contra vosotros, que os he puesto delante la vida y la muerte, la bendición y
la maldición; escoge, pues, la vida, para que vivas tú y tu descendencia”. A
través de Moisés, Dios expone con toda claridad dos opciones totalmente
opuestas al pueblo de Israel: la vida o la muerte; la bendición o la maldición.
Y les exhorta a que escojan la vida, por supuesto. Pero al final, el que
tomaría la decisión sería el pueblo de Israel.
En el Nuevo Testamento también encontramos una
exhortación similar, esta vez de parte de Jesús. En Mateo 7:13-14 dice: “Entrad
por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que
lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella; porque estrecha es
la puerta y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la
hallan”. Dos puertas, una ancha, la otra estrecha. Jesús aconseja que entremos
por la estrecha. ¿Quién decide por cual va a entrar? Cada uno de nosotros.
También habla de dos caminos: uno ancho y espacioso, que lleva a la perdición.
Y otro estrecho, pero este lleva a la vida eterna. Es más difícil, pero los
resultados son infinitamente mejores.
La invitación de Jesús a la vida eterna continúa vigente
en la actualidad. El dijo: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie
viene al Padre, sino por mí” (Juan 14:6). La palabra de Dios continúa siendo
tan clara y específica como al principio de la creación. Todavía hay dos
caminos que podemos tomar: la obediencia o la desobediencia, la vida o la
muerte, el camino ancho o el camino estrecho, el primero lleva a la
condenación, el segundo a la vida eterna. Es nuestra la decisión de tomar un
camino o el otro. ¿Cuál escoges tú?
Si ya has aceptado a Jesucristo como salvador, ¡Gloria a
Dios! Si no lo has hecho, eleva una oración ahora mismo y pídele que venga a
morar a tu corazón por siempre. Al hacerlo, su sangre derramada en la cruz te
limpia de todo pecado y recibes la vida eterna.
ORACIÓN:
Padre santo, gracias por tu Hijo Jesucristo y por la
salvación que a través de él nos ofreces. Yo decido tomar el camino que lleva a
la vida eterna sabiendo que moraré por siempre junto a ti. En el nombre de
Jesús, Amén.
¡Gracia y Paz!
Dios te Habla
Lamentaciones 3:22-24
Lamentaciones 3:22-24
"Que las misericordias del SEÑOR jamás terminan, pues nunca fallan sus bondades; son nuevas cada mañana; ¡grande es tu fidelidad! El SEÑOR es mi porción--dice mi alma-- por eso en El espero.…"
lunes, 21 de julio de 2014
YAHWEH EXHORTA A ISRAEL Y A JUDÁ AL ARREPENTIMIENTO
Yahweh exhorta a Israel
y a Judá al arrepentimiento
Jeremías 3:6-11
“Me dijo Jehová en días del rey Josías: ¿Has
visto lo que ha hecho la rebelde Israel? Ella se va sobre todo monte alto y
debajo de todo árbol frondoso, y allí fornica. Y dije: Después de hacer todo
esto, se volverá a mí; pero no se volvió, y lo vio su hermana la rebelde Judá.
Ella vio que por haber fornicado la rebelde Israel, yo la había despedido y
dado carta de repudio; pero no tuvo temor la rebelde Judá su hermana, sino que
también fue ella y fornicó. Y sucedió que por juzgar ella cosa liviana su
fornicación, la tierra fue contaminada, y adulteró con la piedra y con el leño.
Con todo esto, su hermana la rebelde Judá no se volvió a mí de todo corazón,
sino fingidamente, dice Jehová. Y me dijo Jehová: Ha resultado justa la rebelde
Israel en comparación con la desleal Judá.
Estas escrituras revelan el nivel de rebeldía y
desobediencia del pueblo elegido de Dios, sin embargo, por la Gracia y
Misericordia infinitas de Dios este pueblo es llamado, una vez más, al
arrepentimiento. Sabemos que desde el éxodo hasta la época actual Dios siempre
ha exhortado a su pueblo a que se vuelvan a Él.
Obviamente esta exhortación no es solo para el pueblo
judío literal, es decir, para los nacidos en Israel, sino que en el corazón de
Dios está que “todos procedamos al arrepentimiento”. Al decir “todos” estamos
hablando de los judíos literales, los que nacieron en Israel y de los gentiles
los que no nacimos en aquella nación.
Quiero hacer mucho énfasis en que esta exhortación no fue
solo para los israelitas y judíos de aquella época. Esta exhortación es
aplicada también a los tiempos actuales, vuelvo a decir, tanto a los judíos
literales no creyentes, como a nosotros los judíos espirituales que decimos ser
cristianos, pero que vivimos en desobediencia.
Romanos 9:6-8
“No que la palabra de Dios haya fallado; porque no todos
los que descienden de Israel son israelitas, ni por ser descendientes de
Abraham, son todos hijos; sino: En Isaac te será llamada descendencia. Esto es:
No los que son hijos según la carne son los hijos de Dios, sino que los que son
hijos según la promesa son contados como descendientes”.
Aquí, el Apóstol Pablo está diciendo que los hijos de
Abraham son los que creemos en el Señor Jesucristo y no los judíos literales y
físicos. Y lo mismo, pero en otras palabras, les repite a los de Galaxia:
Gálatas 3:28-29
“Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no
hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús. Y si
vosotros sois de Cristo, ciertamente linaje de Abraham sois, y herederos según
la promesa”.
No puede ser más claro, para con Dios no existe ningún
favoritismo en cuanto a la raza, ya que todos somos una sola raza, porque todos
venimos de Adán. Los judíos literales no tienen ningún favoritismo de parte de
Dios, están en la misma condición que todos los que no nacimos en Israel: sin
Cristo están bajo la condenación; en Cristo, son parte del verdadero Israel
porque son parte de la verdadera Iglesia
de Cristo. De hecho, el verdadero Israel es la iglesia, los verdaderos hijos de
Abraham son los creyentes, el verdadero Judío es el creyente y la verdadera Jerusalén
no es la que existe allá en el medio oriente, sobre la cual los judíos y los
musulmanes se estas peleando desde tiempos ancestrales.
No es judío el que lo es exteriormente, sino el que lo es
interiormente. El verdadero judío es el verdadero cristiano.
Veamos ahora la siguiente escritura:
Romanos 2:25-29
“Pues en verdad la circuncisión aprovecha, si guardas la
ley; pero si eres transgresor de la ley, tu circuncisión viene a ser
incircuncisión. Si, pues, el incircunciso guardare las ordenanzas de la ley,
¿no será tenida su incircuncisión como circuncisión? Y el que físicamente es
incircunciso, pero guarda perfectamente la ley, te condenará a ti, que con la
letra de la ley y con la circuncisión eres transgresor de la ley. Pues no es
judío el que lo es exteriormente, ni es la circuncisión la que se hace
exteriormente en la carne; sino que es judío el que lo es en lo interior, y la
circuncisión es la del corazón, en espíritu, no en letra; la alabanza del cual
no viene de los hombres, sino de Dios”.
La Iglesia cristiana es el verdadero Israel, es decir, los
que hemos sido circuncidados del corazón, los creyentes en Cristo Jesús, somos los
verdaderos judíos, la nación santa, el verdadero pueblo de Dios. En la
actualidad, los judíos literales, los que por su nacionalidad se dicen ser
Judíos, pero que no creen en Jesús, ellos son incircuncisos y por lo tanto,
aunque crean ser el “pueblo verdadero de Dios”, lamentablemente no lo son.
Ellos verán la ira de Dios.
Los verdaderos hijos de Dios no son los que nacen de
carne ni de sangre, ni de voluntad de varón, sino de Dios.
Solo los que han nacido de nuevo y tienen fe en Cristo serán
salvos y heredarán las promesas de Dios.
¡Gracia y Paz!
¿HAY DESEOS DE VENGANZA EN TU VIDA?
¿HAY DESEOS DE venganza
EN TU VIDA?
1 Samuel 26:5-9
“Y se levantó David, y vino al sitio donde
Saúl había acampado; y miró David el lugar donde dormían Saúl y Abner hijo de
Ner, general de su ejército. Y estaba Saúl durmiendo en el campamento, y el
pueblo estaba acampado en derredor de él. Entonces David dijo a Ahimelec heteo
y a Abisai hijo de Sarvia, hermano de Joab: ¿Quién descenderá conmigo a Saúl en
el campamento? Y dijo Abisai: Yo descenderé contigo. David, pues, y Abisai
fueron de noche al ejército; y he aquí que Saúl estaba tendido durmiendo en el campamento,
y su lanza clavada en tierra a su cabecera; y Abner y el ejército estaban
tendidos alrededor de él. Entonces dijo Abisai a David: Hoy ha entregado Dios a
tu enemigo en tu mano; ahora, pues, déjame que le hiera con la lanza, y lo
enclavaré en la tierra de un golpe, y no le daré segundo golpe. Y David
respondió a Abisai: No le mates; porque ¿quién extenderá su mano contra el
ungido de Jehová, y será inocente?”
El rey Saúl había escogido tres mil hombres de su
ejército, y había salido a buscar a David con el fin de matarlo. Este pasaje
nos cuenta que una noche David y uno de sus hombres, Abisai, se llegaron hasta
el lugar donde Saúl había acampado, y descubrieron que el rey y sus hombres
dormían. Viendo que estaban totalmente indefensos, Abisai pidió permiso a David
para matar a Saúl, diciendo que esta oportunidad había venido de Dios. David
pudo haber consentido fácilmente. Lo cierto es que Saúl lo estaba buscando a él
para matarlo, así que perfectamente podía considerar el acto como defensa
propia. Pero no sólo eso, sino que ya David en una ocasión anterior había
perdonado la vida a Saúl cuando pudo haberlo matado (1 Samuel 24). En aquel
momento Saúl lloró cuando se enteró de la misericordia de David, y decidió
abandonar la persecución, y hasta dijo que David era apto para ser el próximo
rey de Israel.
Pero ahora Saúl había reanudado su inflexible acoso. Y de
nuevo David lo tenía indefenso frente a él. Bien pudo haber razonado: “Lo
perdoné una vez. Dios me está dando esta segunda oportunidad”. Además, Abisai
insistía en matarlo. ¡Qué fantástica oportunidad de librarse de aquel que tanto
lo odiaba! Sin embargo, David rechazó esos pensamientos porque creía firmemente
que no estaba bien matar al hombre que Dios había ungido para que fuese rey de
Israel. Y le respondió a Abisai: “No le mates; porque ¿quién extenderá su mano
contra el ungido de Jehová, y será inocente?”
Cuando nos tratan injustamente, nos ofenden o nos causan
daño, es fácil aprovechar cualquier oportunidad para vengarnos de alguna manera,
y después tratar de justificar la acción sobre la base de ese maltrato de que
fuimos víctimas, e incluso hasta aseguramos que Dios fue el que facilitó la
oportunidad. Sin embargo, estos no son los principios que deben guiar a un hijo
de Dios que verdaderamente desea agradar a su Padre celestial. En el Sermón del
Monte, Jesús dijo a sus discípulos: “Oísteis que fue dicho: Amarás a tu
prójimo, y aborrecerás a tu enemigo. Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos,
bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por
los que os ultrajan y os persiguen” (Mateo 5:43-44).
Es muy difícil poner en práctica esta enseñanza, pues
nuestra naturaleza carnal nos impulsa a hacer lo contrario, como quería Abisai.
Pero, al igual que David, nosotros podremos lograrlo si deseamos agradar al
Señor. Lo más importante es poner en primer lugar, antes que nuestros
sentimientos y nuestros impulsos carnales, los principios de la palabra de
Dios, y nuestra disposición a obedecer su voluntad. El apóstol Pablo nos dejó
este consejo en su carta a los romanos: “No os venguéis vosotros mismos, amados
míos, sino dejad lugar a la ira de Dios; porque escrito está: Mía es la
venganza, yo pagaré, dice el Señor” (Romanos 12:19).
Si estás luchando con un sentimiento de venganza en
relación a alguien que te ha hecho daño, haz tuya esta enseñanza, y glorifica
el nombre de Dios siguiendo sus preceptos y obedeciendo su voluntad. Déjalo en
manos del Señor. Ten la completa seguridad de que él recompensará con creces tu
obediencia.
ORACIÓN:
Padre amado, es mi anhelo agradarte siempre, pero cuando
se trata de controlar los deseos de vengarme de alguien que me ha herido, me
resulta muy difícil obedecer tu palabra. Por favor dame las fuerzas para
sobreponerme a estos sentimientos y mostrar tu amor y tu misericordia. En el
nombre de Jesús, Amén.
¡Gracia y Paz!
Dios te Habla
sábado, 19 de julio de 2014
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