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martes, 22 de julio de 2014
¿QUÉ CAMINO ESCOGES TÚ?
¿Qué camino escoges
tú?
Génesis 2:15-17
“Tomó, pues, Yahweh Dios al hombre, y lo
puso en el huerto de Edén, para que lo labrara y lo guardase. Y mandó Yahweh Dios
al hombre, diciendo: De todo árbol del huerto podrás comer; mas del árbol de la
ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres,
ciertamente morirás”.
La Biblia cuenta que en el principio Yahweh Dios creó los
cielos y la tierra, los mares, los ríos, los árboles, los animales, etc.
(Génesis 1). Y después de haber preparado todas las condiciones ideales,
entonces creó a Adán y a Eva. Era el deseo del Señor tener una relación
personal con ellos y derramar sobre ellos su amor y sus bendiciones. Allí Dios
les reveló que ellos podrían disfrutar plenamente de toda aquella creación,
podrían comer de todo árbol del huerto, pero les advirtió que había una
excepción. Dice el pasaje de hoy que Yahweh Dios mandó al hombre, diciendo:
“del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él
comieres, ciertamente morirás.” Desde un principio, Dios quiso establecer que
al igual que ellos podían esperar de él todo tipo de bendiciones, él esperaba
que ellos fueran obedientes, y respetaran esta regla.
Más tarde, la serpiente se acercó a Eva y puso ante ella
la tentación de comer del árbol prohibido. Eva lo pensó por unos momentos, y
entonces tomó una decisión. Dice la Biblia que “vio la mujer que el árbol era
bueno para comer, y que era agradable a los ojos, y árbol codiciable para
alcanzar la sabiduría; y tomó de su fruto, y comió; y dio también a su marido,
el cual comió así como ella” (Génesis 3:6). Eva escogió desobedecer a Dios.
Después Adán hizo lo mismo. Como consecuencia de esta acción ambos murieron, no
físicamente, sino espiritualmente, pues Dios los echó del paraíso. Ambos
tuvieron la oportunidad de continuar disfrutando las bendiciones de Dios, pero
optaron por desobedecer y las perdieron.
Desde el principio Dios ha mostrado su deseo de bendecir
al hombre, pero al mismo tiempo ha dejado claro que es necesario obedecer sus
instrucciones para que sus planes se lleven a cabo. A través de toda la
historia de la humanidad hasta nuestros tiempos, la decisión de obedecer o no
siempre ha dependido del ser humano. Por ejemplo, en Deuteronomio 30:19, Moisés
les dice a los israelitas: “A los cielos y a la tierra llamo por testigos hoy
contra vosotros, que os he puesto delante la vida y la muerte, la bendición y
la maldición; escoge, pues, la vida, para que vivas tú y tu descendencia”. A
través de Moisés, Dios expone con toda claridad dos opciones totalmente
opuestas al pueblo de Israel: la vida o la muerte; la bendición o la maldición.
Y les exhorta a que escojan la vida, por supuesto. Pero al final, el que
tomaría la decisión sería el pueblo de Israel.
En el Nuevo Testamento también encontramos una
exhortación similar, esta vez de parte de Jesús. En Mateo 7:13-14 dice: “Entrad
por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que
lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella; porque estrecha es
la puerta y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la
hallan”. Dos puertas, una ancha, la otra estrecha. Jesús aconseja que entremos
por la estrecha. ¿Quién decide por cual va a entrar? Cada uno de nosotros.
También habla de dos caminos: uno ancho y espacioso, que lleva a la perdición.
Y otro estrecho, pero este lleva a la vida eterna. Es más difícil, pero los
resultados son infinitamente mejores.
La invitación de Jesús a la vida eterna continúa vigente
en la actualidad. El dijo: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie
viene al Padre, sino por mí” (Juan 14:6). La palabra de Dios continúa siendo
tan clara y específica como al principio de la creación. Todavía hay dos
caminos que podemos tomar: la obediencia o la desobediencia, la vida o la
muerte, el camino ancho o el camino estrecho, el primero lleva a la
condenación, el segundo a la vida eterna. Es nuestra la decisión de tomar un
camino o el otro. ¿Cuál escoges tú?
Si ya has aceptado a Jesucristo como salvador, ¡Gloria a
Dios! Si no lo has hecho, eleva una oración ahora mismo y pídele que venga a
morar a tu corazón por siempre. Al hacerlo, su sangre derramada en la cruz te
limpia de todo pecado y recibes la vida eterna.
ORACIÓN:
Padre santo, gracias por tu Hijo Jesucristo y por la
salvación que a través de él nos ofreces. Yo decido tomar el camino que lleva a
la vida eterna sabiendo que moraré por siempre junto a ti. En el nombre de
Jesús, Amén.
¡Gracia y Paz!
Dios te Habla
Lamentaciones 3:22-24
Lamentaciones 3:22-24
"Que las misericordias del SEÑOR jamás terminan, pues nunca fallan sus bondades; son nuevas cada mañana; ¡grande es tu fidelidad! El SEÑOR es mi porción--dice mi alma-- por eso en El espero.…"
lunes, 21 de julio de 2014
YAHWEH EXHORTA A ISRAEL Y A JUDÁ AL ARREPENTIMIENTO
Yahweh exhorta a Israel
y a Judá al arrepentimiento
Jeremías 3:6-11
“Me dijo Jehová en días del rey Josías: ¿Has
visto lo que ha hecho la rebelde Israel? Ella se va sobre todo monte alto y
debajo de todo árbol frondoso, y allí fornica. Y dije: Después de hacer todo
esto, se volverá a mí; pero no se volvió, y lo vio su hermana la rebelde Judá.
Ella vio que por haber fornicado la rebelde Israel, yo la había despedido y
dado carta de repudio; pero no tuvo temor la rebelde Judá su hermana, sino que
también fue ella y fornicó. Y sucedió que por juzgar ella cosa liviana su
fornicación, la tierra fue contaminada, y adulteró con la piedra y con el leño.
Con todo esto, su hermana la rebelde Judá no se volvió a mí de todo corazón,
sino fingidamente, dice Jehová. Y me dijo Jehová: Ha resultado justa la rebelde
Israel en comparación con la desleal Judá.
Estas escrituras revelan el nivel de rebeldía y
desobediencia del pueblo elegido de Dios, sin embargo, por la Gracia y
Misericordia infinitas de Dios este pueblo es llamado, una vez más, al
arrepentimiento. Sabemos que desde el éxodo hasta la época actual Dios siempre
ha exhortado a su pueblo a que se vuelvan a Él.
Obviamente esta exhortación no es solo para el pueblo
judío literal, es decir, para los nacidos en Israel, sino que en el corazón de
Dios está que “todos procedamos al arrepentimiento”. Al decir “todos” estamos
hablando de los judíos literales, los que nacieron en Israel y de los gentiles
los que no nacimos en aquella nación.
Quiero hacer mucho énfasis en que esta exhortación no fue
solo para los israelitas y judíos de aquella época. Esta exhortación es
aplicada también a los tiempos actuales, vuelvo a decir, tanto a los judíos
literales no creyentes, como a nosotros los judíos espirituales que decimos ser
cristianos, pero que vivimos en desobediencia.
Romanos 9:6-8
“No que la palabra de Dios haya fallado; porque no todos
los que descienden de Israel son israelitas, ni por ser descendientes de
Abraham, son todos hijos; sino: En Isaac te será llamada descendencia. Esto es:
No los que son hijos según la carne son los hijos de Dios, sino que los que son
hijos según la promesa son contados como descendientes”.
Aquí, el Apóstol Pablo está diciendo que los hijos de
Abraham son los que creemos en el Señor Jesucristo y no los judíos literales y
físicos. Y lo mismo, pero en otras palabras, les repite a los de Galaxia:
Gálatas 3:28-29
“Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no
hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús. Y si
vosotros sois de Cristo, ciertamente linaje de Abraham sois, y herederos según
la promesa”.
No puede ser más claro, para con Dios no existe ningún
favoritismo en cuanto a la raza, ya que todos somos una sola raza, porque todos
venimos de Adán. Los judíos literales no tienen ningún favoritismo de parte de
Dios, están en la misma condición que todos los que no nacimos en Israel: sin
Cristo están bajo la condenación; en Cristo, son parte del verdadero Israel
porque son parte de la verdadera Iglesia
de Cristo. De hecho, el verdadero Israel es la iglesia, los verdaderos hijos de
Abraham son los creyentes, el verdadero Judío es el creyente y la verdadera Jerusalén
no es la que existe allá en el medio oriente, sobre la cual los judíos y los
musulmanes se estas peleando desde tiempos ancestrales.
No es judío el que lo es exteriormente, sino el que lo es
interiormente. El verdadero judío es el verdadero cristiano.
Veamos ahora la siguiente escritura:
Romanos 2:25-29
“Pues en verdad la circuncisión aprovecha, si guardas la
ley; pero si eres transgresor de la ley, tu circuncisión viene a ser
incircuncisión. Si, pues, el incircunciso guardare las ordenanzas de la ley,
¿no será tenida su incircuncisión como circuncisión? Y el que físicamente es
incircunciso, pero guarda perfectamente la ley, te condenará a ti, que con la
letra de la ley y con la circuncisión eres transgresor de la ley. Pues no es
judío el que lo es exteriormente, ni es la circuncisión la que se hace
exteriormente en la carne; sino que es judío el que lo es en lo interior, y la
circuncisión es la del corazón, en espíritu, no en letra; la alabanza del cual
no viene de los hombres, sino de Dios”.
La Iglesia cristiana es el verdadero Israel, es decir, los
que hemos sido circuncidados del corazón, los creyentes en Cristo Jesús, somos los
verdaderos judíos, la nación santa, el verdadero pueblo de Dios. En la
actualidad, los judíos literales, los que por su nacionalidad se dicen ser
Judíos, pero que no creen en Jesús, ellos son incircuncisos y por lo tanto,
aunque crean ser el “pueblo verdadero de Dios”, lamentablemente no lo son.
Ellos verán la ira de Dios.
Los verdaderos hijos de Dios no son los que nacen de
carne ni de sangre, ni de voluntad de varón, sino de Dios.
Solo los que han nacido de nuevo y tienen fe en Cristo serán
salvos y heredarán las promesas de Dios.
¡Gracia y Paz!
¿HAY DESEOS DE VENGANZA EN TU VIDA?
¿HAY DESEOS DE venganza
EN TU VIDA?
1 Samuel 26:5-9
“Y se levantó David, y vino al sitio donde
Saúl había acampado; y miró David el lugar donde dormían Saúl y Abner hijo de
Ner, general de su ejército. Y estaba Saúl durmiendo en el campamento, y el
pueblo estaba acampado en derredor de él. Entonces David dijo a Ahimelec heteo
y a Abisai hijo de Sarvia, hermano de Joab: ¿Quién descenderá conmigo a Saúl en
el campamento? Y dijo Abisai: Yo descenderé contigo. David, pues, y Abisai
fueron de noche al ejército; y he aquí que Saúl estaba tendido durmiendo en el campamento,
y su lanza clavada en tierra a su cabecera; y Abner y el ejército estaban
tendidos alrededor de él. Entonces dijo Abisai a David: Hoy ha entregado Dios a
tu enemigo en tu mano; ahora, pues, déjame que le hiera con la lanza, y lo
enclavaré en la tierra de un golpe, y no le daré segundo golpe. Y David
respondió a Abisai: No le mates; porque ¿quién extenderá su mano contra el
ungido de Jehová, y será inocente?”
El rey Saúl había escogido tres mil hombres de su
ejército, y había salido a buscar a David con el fin de matarlo. Este pasaje
nos cuenta que una noche David y uno de sus hombres, Abisai, se llegaron hasta
el lugar donde Saúl había acampado, y descubrieron que el rey y sus hombres
dormían. Viendo que estaban totalmente indefensos, Abisai pidió permiso a David
para matar a Saúl, diciendo que esta oportunidad había venido de Dios. David
pudo haber consentido fácilmente. Lo cierto es que Saúl lo estaba buscando a él
para matarlo, así que perfectamente podía considerar el acto como defensa
propia. Pero no sólo eso, sino que ya David en una ocasión anterior había
perdonado la vida a Saúl cuando pudo haberlo matado (1 Samuel 24). En aquel
momento Saúl lloró cuando se enteró de la misericordia de David, y decidió
abandonar la persecución, y hasta dijo que David era apto para ser el próximo
rey de Israel.
Pero ahora Saúl había reanudado su inflexible acoso. Y de
nuevo David lo tenía indefenso frente a él. Bien pudo haber razonado: “Lo
perdoné una vez. Dios me está dando esta segunda oportunidad”. Además, Abisai
insistía en matarlo. ¡Qué fantástica oportunidad de librarse de aquel que tanto
lo odiaba! Sin embargo, David rechazó esos pensamientos porque creía firmemente
que no estaba bien matar al hombre que Dios había ungido para que fuese rey de
Israel. Y le respondió a Abisai: “No le mates; porque ¿quién extenderá su mano
contra el ungido de Jehová, y será inocente?”
Cuando nos tratan injustamente, nos ofenden o nos causan
daño, es fácil aprovechar cualquier oportunidad para vengarnos de alguna manera,
y después tratar de justificar la acción sobre la base de ese maltrato de que
fuimos víctimas, e incluso hasta aseguramos que Dios fue el que facilitó la
oportunidad. Sin embargo, estos no son los principios que deben guiar a un hijo
de Dios que verdaderamente desea agradar a su Padre celestial. En el Sermón del
Monte, Jesús dijo a sus discípulos: “Oísteis que fue dicho: Amarás a tu
prójimo, y aborrecerás a tu enemigo. Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos,
bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por
los que os ultrajan y os persiguen” (Mateo 5:43-44).
Es muy difícil poner en práctica esta enseñanza, pues
nuestra naturaleza carnal nos impulsa a hacer lo contrario, como quería Abisai.
Pero, al igual que David, nosotros podremos lograrlo si deseamos agradar al
Señor. Lo más importante es poner en primer lugar, antes que nuestros
sentimientos y nuestros impulsos carnales, los principios de la palabra de
Dios, y nuestra disposición a obedecer su voluntad. El apóstol Pablo nos dejó
este consejo en su carta a los romanos: “No os venguéis vosotros mismos, amados
míos, sino dejad lugar a la ira de Dios; porque escrito está: Mía es la
venganza, yo pagaré, dice el Señor” (Romanos 12:19).
Si estás luchando con un sentimiento de venganza en
relación a alguien que te ha hecho daño, haz tuya esta enseñanza, y glorifica
el nombre de Dios siguiendo sus preceptos y obedeciendo su voluntad. Déjalo en
manos del Señor. Ten la completa seguridad de que él recompensará con creces tu
obediencia.
ORACIÓN:
Padre amado, es mi anhelo agradarte siempre, pero cuando
se trata de controlar los deseos de vengarme de alguien que me ha herido, me
resulta muy difícil obedecer tu palabra. Por favor dame las fuerzas para
sobreponerme a estos sentimientos y mostrar tu amor y tu misericordia. En el
nombre de Jesús, Amén.
¡Gracia y Paz!
Dios te Habla
sábado, 19 de julio de 2014
¿QUÉ SON LA MISERICORDIA Y LA GRACIA DE DIOS?
¿Qué son la
Misericordia y la Gracia de Dios?
Efesios 2:4-9
“Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor
con que nos amó, aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida
juntamente con Cristo (por gracia sois salvos), y juntamente con él nos
resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo
Jesús, para mostrar en los siglos venideros las abundantes riquezas de su
gracia en su bondad para con nosotros en Cristo Jesús. Porque por gracia sois
salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por
obras, para que nadie se gloríe”.
El amor de Dios es tan grande que no tuvo en cuenta que
estábamos “muertos en pecados” y que le habíamos dado la espalda, y derramó su
gracia sobre nuestras vidas enviando a su Hijo a morir por nosotros. Romanos
6:23 dice que “la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida
eterna en Cristo Jesús Señor nuestro”. Aquí vemos dos características
fundamentales de la personalidad de Dios: su misericordia y su gracia. La
misericordia de Dios se manifiesta cuando él no
nos da lo que merecemos: la muerte espiritual y el castigo eterno. Su gracia se
pone de manifiesto cuando nos da lo que no
merecemos: el perdón y la vida eterna a través de Cristo. Esta pequeña historia
ilustra estos dos conceptos:
Agustín de Hipona fue un hombre nacido en el norte de
Africa a mediados del siglo IV. Durante su juventud vivió una vida lujuriosa e
inmoral, la cual narra con vergüenza en su libro “Confesiones”. Este libro es
un relato autobiográfico de su jornada espiritual; es una obra maestra de
investigación psicológica del corazón del hombre ante Dios. En su libro,
Agustín narra que en medio de aquella vida de placeres sexuales y codicia había
un constante vacío imposible de llenar. Un día conoció a Jesús, abrió su
corazón al Señor y su vida cambió totalmente. Después de su conversión, Agustín
renunció a todas sus posesiones, fundó un monasterio y se retiró por tres años
a orar y meditar en la Palabra de Dios. Allí escribió varios libros y algunos
poemas. A continuación un párrafo de uno de sus libros:
"Alabado y glorificado seas, Dios mío, fuente
inagotable de gracia y misericordia. Yo cada día me iba haciendo más miserable
y tú cada día te ibas acercando más a mí. Ya tu mano diestra y poderosa me iba
a asir para sacarme del lodo y lavar todas las manchas, y yo no lo sabía.
Ninguna cosa me estimulaba más para salir de los deleites carnales en que
estaba atrapado, que el miedo a la muerte y a tu juicio final".
El siguiente poema fue escrito por este hombre de Dios:
Busqué al Señor y luego supe
que él movía mi alma para buscarlo,
buscándome él a mí.
No fui yo quien te encontró, oh Salvador verdadero,
no... yo fui encontrado por ti.
Tú extendiste tu mano y tomaste la mía;
caminé y no me hundí en el furioso mar de la tormenta.
No fue tanto que yo me asiera de ti,
como que tú, amado Señor, me asiste a mí.
Ahora siento una infinita paz
y sólo amor es mi respuesta a ti, Señor;
aunque la espalda te di, tú me salvaste
porque siempre me amaste, Señor.
¿Alguna vez has sentido lo mismo que este hombre?
Así se manifiesta la misericordia de Dios, al no darnos
lo que merecemos. La gracia de Dios, por el contrario se revela al darnos lo
que no merecemos. Todo por su infinito amor. Así dice Romanos 5:8: “Mas Dios
muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió
por nosotros”.
¡A él sea la gloria y el imperio por los siglos de los
siglos!
ORACIÓN:
Alabado seas, Dios de eterna bondad. Te doy gracias en
este día porque no tuviste en cuenta mis miserias y mis pecados para derramar
sobre mí tu misericordia y tu divina gracia. Por favor, ayúdame a corresponder
a tu infinito amor, por medio de mi entrega y mi obediencia a ti. En el nombre
de Jesús, Amén.
¡Gracia y Paz!
Dios te Habla
viernes, 18 de julio de 2014
¿TE SIENTES INSIGNIFICANTE?
¿Te sientes insignificante?
Salmo 8:3-4
“Cuando veo tus cielos, obra de tus dedos,
la luna y las estrellas que tú formaste, digo: ¿Qué es el hombre, para que
tengas de él memoria, y el hijo del hombre, para que lo visites?”
Para nuestra limitada inteligencia la inmensidad del
universo es imposible de captar. Entre los millones de galaxias del cosmos
flota una nubecilla en forma de espiral compuesta por miles de millones de
estrellas. Una de ellas es nuestro sol, alrededor del cual giran nueve pequeños
puntos llamados planetas; el tercero en distancia al sol es la Tierra. Sobre
este diminuto planeta se encuentra una minúscula partícula de polvo. Ese eres
tú, un pequeño punto. Existen además miles de millones de puntitos parecidos,
todos seres humanos como tú. Normalmente cada uno de esos puntitos se siente
muy importante y exige su derecho a vivir, a trabajar, a descansar y a ser
reconocido. Sin embargo, en ocasiones se da cuenta de que está perdido en la
infinita extensión del universo, se siente incapaz en medio de un problema o en
su centro de trabajo o como un paciente más en el hospital.
David estaba consciente de su pequeñez al escribir en el
pasaje de hoy “¿Qué es el hombre, para que tengas de él memoria?” Pero al mismo
tiempo sabía que el Dios todopoderoso que creó el universo lo conocía
personalmente y se preocupaba por él. Así continúa el Salmo 8: “Le has hecho
poco menor que los ángeles, y lo coronaste de gloria y de honra. Le hiciste
señorear sobre las obras de tus manos; todo lo pusiste debajo de sus pies”
(v.5, 6). Y cualquier ser humano que confía en Dios puede decir exactamente lo
mismo. Así termina este precioso Salmo: “¡Oh Jehová, Señor nuestro, cuán grande
es tu nombre en toda la tierra!” (v.9).
Así de confiado estaba David en el cuidado y la
protección de su Dios. Ciertamente ese Dios maravilloso también nos conoce
íntimamente a cada uno de nosotros y nos ama profundamente. A pesar de lo
insignificante que somos, para él tenemos mucho valor. Jesús lo aseguró a sus discípulos
diciéndoles en Mateo 6:26: “Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni
siegan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No
valéis vosotros mucho más que ellas?” Y en Lucas 12:7 el Señor les dice: “¿No
se venden cinco pajarillos por dos cuartos? Con todo, ni uno de ellos está
olvidado delante de Dios. Pues aun los cabellos de vuestra cabeza están todos
contados. No temáis, pues; más valéis vosotros que muchos pajarillos”.
Es realmente maravilloso saber que un Dios tan grande,
tan majestuoso, tan poderoso, nos ama tanto que nos considera de tanto valor.
Ciertamente es nuestro deber, como sus hijos, proclamar al mundo su grandeza y
su infinito amor. Su propia creación nos da la pauta a seguir. El Salmo 19 dice:
“Los cielos cuentan la gloria de Dios, y el firmamento anuncia la obra de sus
manos. Un día emite palabra a otro día, y una noche a otra noche declara
sabiduría. No hay lenguaje, ni palabras, ni es oída su voz. Por toda la tierra
salió su voz, y hasta el extremo del mundo sus palabras”. En China o en España;
en una choza en África o en medio de los rascacielos en Nueva York, la creación
de Dios revela su poder y su gloria. Nadie la puede ignorar.
Indudablemente somos insignificantes cuando nos
comparamos con la inmensidad del universo, pero desde la perspectiva de Dios
tenemos mucho valor. Y esto es lo que verdaderamente importa. ¿Puedes tú tener
la misma seguridad y confianza que tenía David? Así lo reafirma él en el Salmo
62:1, 6: “Sólo en Dios halla descanso mi alma; de él viene mi salvación. Sólo
él es mi roca y mi salvación; él es mi protector y no habré de caer”.
Es un verdadero privilegio ser hijos del Dios creador del
universo. Pero al mismo tiempo tenemos la responsabilidad de transmitir el
mensaje de su amor y las buenas nuevas de salvación en Cristo Jesús a aquellos
que ahora mismo en este mundo se enfrentan a un futuro de condenación eterna.
¿Estas listo para hablarle a alguien que ha visto las estrellas y anhela
conocer al que las hizo? ¿Puedes tú decirle que el creador de todas ellas y del
universo completo le ama tanto que entregó a su único Hijo por la salvación de
su alma? Dios está contando contigo.
ORACIÓN:
Padre santo, no alcanzo a comprender la inmensidad del
universo, mucho menos tu infinita grandeza. Te ruego me capacites para
discernir lo que tú quieres decirnos por medio de tu creación; y ayúdame a
transmitirlo al mundo que no te conoce. En el nombre de Jesús, Amén.
¡Gracia y Paz!
Dios te Habla
jueves, 17 de julio de 2014
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