miércoles, 23 de abril de 2014

¿Temes a la crítica por servir a Dios?





¿Temes a la crítica por servir a Dios?

Mateo 26:6-13
“Y hallándose Jesús en Betania, en casa de Simón el leproso, se le acercó una mujer con un frasco de alabastro de perfume muy costoso, y lo derramó sobre su cabeza cuando estaba sentado a la mesa. Pero al ver esto, los discípulos se indignaron, y decían: ¿Para qué este desperdicio? Porque este perfume podía haberse vendido a gran precio, y el dinero habérselo dado a los pobres. Pero Jesús, dándose cuenta, les dijo: ¿Por qué molestáis a la mujer? Pues buena obra ha hecho conmigo. Porque a los pobres siempre los tendréis con vosotros, pero a mí no siempre me tendréis. Pues al derramar ella este perfume sobre mi cuerpo, lo ha hecho a fin de prepararme para la sepultura. En verdad os digo: Dondequiera que este evangelio se predique, en el mundo entero, se hablará también de lo que ésta ha hecho, en memoria suya”.

Todos pasamos por momentos en nuestras vidas en que somos juzgados, censurados o criticados por algo que hemos hecho. Siempre ocasiona dolor el ser criticados o humillados por alguien, pero especialmente cuando nuestra acción ha sido motivada por un deseo de servir y agradar a Dios. En el pasaje de hoy, aquella mujer tomó un frasco de perfume “muy costoso” y lo derramó sobre la cabeza de Jesús mientras él estaba sentado a la mesa. La Biblia no dice que sucedió algo espectacular en esa ocasión como consecuencia de ese gesto de amor de aquella mujer. No hubo almas salvadas, nadie se convirtió, ni hubo ninguna manifestación de aprobación de parte de los que estaban en la habitación. Todo lo contrario, la mujer fue censurada severamente por los discípulos de Jesús. Su acción fue interpretada por ellos como ilógica, extravagante e irresponsable. Y por eso la criticaron duramente. Pero el Señor vio aquel acto de una manera completamente distinta. El elogio que él hizo de este amoroso sacrificio fue sorprendente. Para él, esto merecía ser inmortalizado para siempre.

Jesús vio lo que nadie pudo ver en aquel momento. Él vio lo que había en el corazón de aquella mujer, y le agradó. Él fue capaz de ver un amor desbordante capaz de sacrificar probablemente su posesión de más valor con el fin de adorar y bendecir a su Señor. Los demás se fijaron en lo exterior, en lo que ella estaba haciendo, y así juzgaron y llegaron a sus propias conclusiones. La Biblia nos cuenta de un evento sucedido varios siglos antes de esta situación en la que vemos que el Señor siempre mira nuestro interior y no las apariencias externas. Cuando Dios ordenó al profeta Samuel que ungiera a uno de los hijos de Isaí como el próximo rey de Israel, dejó bien establecido lo que es más importante para él. Así le dijo el Señor a Samuel: “No mires a su parecer, ni a lo grande de su estatura, porque yo lo desecho; porque Jehová no mira lo que mira el hombre; pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón” (1 Samuel 16:7).

Basado en este principio, el apóstol Pablo escribió en su carta a los colosenses: “Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres; sabiendo que del Señor recibiréis la recompensa de la herencia, porque a Cristo el Señor servís” (Colosenses 3:23-24). Nunca desaproveches una oportunidad de hacer algo para agradar al Señor, aunque te arriesgues a ser criticado, y hasta humillado por los demás. La recompensa la recibirás de Aquel que está al tanto de todo lo que sucede, y que puede bendecirte abundantemente.

A veces, nuestras intenciones de servir y agradar a Dios parecen generar sólo incomprensión e incluso críticas de nuestros familiares y amigos. Y quizás lleguemos a preguntamos si Dios nota nuestros esfuerzos por agradarle. La enseñanza de hoy debe eliminar toda duda de nuestras mentes. El Señor siempre está atento a los más mínimos detalles de nuestras vidas. Aún cuando nuestros esfuerzos por agradarle carezcan de sentido para el mundo hostil que nos rodea, Dios puede ver lo que hay en nuestros corazones y entonces bendecirnos abundantemente.

ORACION:
Querido Padre celestial, yo deseo agradarte en todo, pero a veces me cohíbo de hacerlo por temor a la crítica de los demás. Te ruego me des la fe y el valor para actuar siempre pensando en glorificar tu nombre, sabiendo que tú puedes ver mi corazón. Te lo pido en el nombre de Jesús, Amén.

“Gracia y Paz”
Dios te Habla

martes, 22 de abril de 2014

¿Qué tan firme crees que estas?





¿Qué tan firme crees que estas?

1 Corintios 10:1-12
“Porque no quiero, hermanos, que ignoréis que nuestros padres todos estuvieron bajo la nube, y todos pasaron el mar; y todos en Moisés fueron bautizados en la nube y en el mar, y todos comieron el mismo alimento espiritual, y todos bebieron la misma bebida espiritual; porque bebían de la roca espiritual que los seguía, y la roca era Cristo. Pero de los más de ellos no se agradó Dios; por lo cual quedaron postrados en el desierto. Mas estas cosas sucedieron como ejemplos para nosotros, para que no codiciemos cosas malas, como ellos codiciaron. Ni seáis idólatras, como algunos de ellos, según está escrito: Se sentó el pueblo a comer y a beber, y se levantó a jugar. Ni forniquemos, como algunos de ellos fornicaron, y cayeron en un día veintitrés mil. Ni tentemos al Señor, como también algunos de ellos le tentaron, y perecieron por las serpientes. Ni murmuréis, como algunos de ellos murmuraron, y perecieron por el destructor. Y estas cosas les acontecieron como ejemplo, y están escritas para amonestarnos a nosotros, a quienes han alcanzado los fines de los siglos. Así que, el que piensa estar firme, mire que no caiga”.

¡Qué tristeza tan grande cuando nos enteramos que uno de nuestros hermanos en la fe ha caído en pecado! ¡Y aún más cuando se trata de alguien que ha llegado a ocupar un lugar importante en la Iglesia de Cristo! Y nos preguntamos: “¿Cómo es posible que un hijo de Dios, conocedor de las Escrituras, siervo fiel por muchos años, eficiente líder en la Iglesia pueda caer en tan horrible pecado y vivir una vida de hipocresía y engaño?” Lamentablemente, a través de los siglos hasta nuestros tiempos, vemos esta situación repetirse una y otra vez en los hijos de Dios, independientemente del nivel espiritual que hayan alcanzado. El rey David era un hombre conforme al corazón de Dios, conocedor de las Escrituras, sin embargo al ver una hermosa mujer que se estaba bañando la deseó para sí, y cayó en la tentación.

 1 Corintios 10:13 afirma que “no os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar”. El Espíritu Santo siempre nos dará una señal de peligro. Por eso debemos estar alertas e inmediatamente que discernamos el peligro tenemos que orar y buscar en Dios la fortaleza, y él nos dará la salida. El problema es que muchas veces ignoramos esa señal. Cuando David preguntó quién era aquella mujer, le dijeron: “Aquella es Betsabé hija de Eliam, mujer de Urías heteo”. O sea, es casada, tiene dueño, no debes interesarte en ella. Pero David ignoró esas palabras, no buscó la ayuda de Dios y decidió hacer caso a los deseos de la carne. Después sufrió las consecuencias de su pecado.

 El pasaje de hoy nos habla de aquel pueblo de Israel que fue liberado de la esclavitud en Egipto, los cuales todos estuvieron bajo la protección y el cuidado de Dios, todos recibieron las mismas bendiciones de su Padre celestial, todos participaron del mismo alimento espiritual. Sin embargo, la Biblia nos dice que “de los más de ellos no se agradó Dios”. Y como consecuencia de sus acciones “quedaron postrados en el desierto”. Este pasaje incluye también una seria advertencia: “Así que, el que piensa estar firme, mire que no caiga”. Esta es probablemente la razón principal por la que muchos han caído. Han llegado a pensar que, debido a su crecimiento espiritual y su posición en la Iglesia, pueden enfrentarse a las tentaciones con sus propias fuerzas y salir victoriosos. ¡Error capital! Jesús les dijo a sus discípulos: “Separados de mí nada podéis hacer” (Juan 15:5). La Biblia está llena de advertencias y consejos en este aspecto. Jesús mismo, allí en Getsemaní, tuvo que postrarse en oración tres veces clamando a Dios por fortaleza. Y allí mismo dio a sus discípulos su último consejo: “Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil” (Mateo 26:41).

 Cuando estés frente a una tentación, no confíes en tus propias fuerzas. Clama a Dios y él te dará la fuerza que necesitas para resistir la tentación, y el diablo huirá, y te dejará tranquilo.

 ORACION:
 Bendito Padre celestial, te ruego me des la fuerza y el valor para resistir las tentaciones, de modo que mi testimonio siempre glorifique tu Santo Nombre. En el nombre de Jesús, Amén.

“Gracia y Paz”
Dios te Habla

lunes, 21 de abril de 2014

¿PARA TI, QUÉ SIGNIFICA LA SANGRE DE CRISTO?


¿Para ti, qué significa La sangre de Cristo?

1 Corintios 6:20
“Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios”.

¿Tu, a qué le das más valor? Tal vez sea a tu casa, a tu automóvil, a una reliquia familiar que no solamente es costosa sino que también tiene un valor sentimental; o tal vez a los seres que más amas; o pueden ser tu salvación, la Biblia, o tu familia de la iglesia; pero si tu eres realmente sincero, probablemente la sangre de Jesús no estuvo en esa lista.

La cultura cristiana de hoy necesita una versión más objetiva de la salvación. Hablamos tanto de la gracia y el perdón de Dios, y cantamos de su amor por nosotros, pero (muchos) rara vez mencionamos la sangre de Jesús, derramada en la Cruz. Sin embargo, esa es la única base para nuestra salvación. Porque el Señor es recto y justo, Él no puede amar a los pecadores de modo que alcancen el cielo, o perdonarlos, simplemente porque se lo pidan. Cada pecado cometido tiene que recibir su justo castigo, tal y como lo dice Romanos 6:23 “la paga del pecado es la muerte”.

El Señor tuvo solo dos disyuntivas para ocuparse de la humanidad caída. Podía dejar que la justicia llevara a la condenación a toda la humanidad, o podía proveer un sustituto para que pagara el castigo que nosotros, y solamente nosotros, merecíamos. Pero este sustituto tenía que ser sin defecto (Deuteronomio 17:1). La única manera de salvarnos de la separación eterna en el infierno, fue enviando a su Hijo amado a la Tierra, quien vivió sin cometer pecado y murió en nuestro lugar.

La sangre que manó de las heridas de Cristo compró nuestra salvación. Si quieres valorar realmente lo que Él hizo, piensa en Él colgando en esa cruz solo por ti. Con ese pensamiento en mente, considera cómo deberías vivir. Porque si Él se entregó sin reservas por ti, ¿tu, qué le estás dando a Él?

[Lee 1 Pedro 1:17-19]


“Gracia y Paz”

Meditación Diaria

¿ES CRISTO REALMENTE TU SEÑOR?


¿Es Cristo realmente tu Señor?

Hechos 9:1-9
“Saulo, respirando aún amenazas y muerte contra los discípulos del Señor, vino al sumo sacerdote, y le pidió cartas para las sinagogas de Damasco, a fin de que si hallase algunos hombres o mujeres de este Camino, los trajese presos a Jerusalén. Mas yendo por el camino, aconteció que al llegar cerca de Damasco, repentinamente le rodeó un resplandor de luz del cielo; y cayendo en tierra, oyó una voz que le decía: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? El dijo: ¿Quién eres, Señor? Y le dijo: Yo soy Jesús, a quien tú persigues; dura cosa te es dar coces contra el aguijón. El, temblando y temeroso, dijo: Señor, ¿qué quieres que yo haga? Y el Señor le dijo: Levántate y entra en la ciudad, y se te dirá lo que debes hacer. Y los hombres que iban con Saulo se pararon atónitos, oyendo a la verdad la voz, mas sin ver a nadie. Entonces Saulo se levantó de tierra, y abriendo los ojos, no veía a nadie; así que, llevándole por la mano, le metieron en Damasco, donde estuvo tres días sin ver, y no comió ni bebió”.

Este pasaje nos describe la que se conoce como la conversión más famosa de la historia de la humanidad. Pero en realidad lo que se llevó a cabo allí en el camino a Damasco no fue solamente una conversión, sino también una rendición instantánea. Normalmente, una conversión genuina debe llevar a una rendición o entrega al Señor, pero primero tiene que haber cambios internos; esto es un proceso más o menos largo. Después resulta la entrega total, ésta es una decisión personal. Cuando se efectuó este encuentro de Saulo de Tarso con Jesús, ya se estaba llevando a cabo en la vida de Saulo un proceso que había comenzado poco tiempo antes.

Leemos en Hechos 7:54-60 que Esteban, uno de los diáconos elegidos por los apóstoles, les estaba diciendo unas cuantas verdades a un grupo de judíos, los cuales se enfurecieron y arremetieron contra él y le apedrearon. Esteban era “varón lleno de fe y del Espíritu Santo”, afirma Hechos 6:5. Y allí, en medio del dolor de las pedradas, puesto de rodillas, clamó a gran voz: “Señor, no les tomes en cuenta este pecado. Y habiendo dicho esto, durmió” (Hechos 7:60). La presencia y el poder del Espíritu Santo se manifestaron en aquel lugar de manera muy clara. Y Saulo de Tarso fue testigo presencial de todo lo sucedido. Y dice la Biblia que “Saulo consentía en su muerte” (Hechos 8:1). Con toda seguridad, la escena de la muerte de Esteban permanecía en la memoria de Saulo y muchas preguntas venían a su mente. ¿Cómo entender aquella paz inefable reflejada en el rostro de aquel hombre mientras sufría el terrible dolor de las pedradas? ¿Cómo era posible que pidiera perdón para los que le estaban matando? Y una expresión dicha por aquel joven persistía en su mente: “Señor Jesús, recibe mi espíritu” (Hechos 7:59).

Ahora, cuando Saulo cayó a tierra cegado por el resplandor, oyó la voz de Jesús que le decía: “Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?” Y Saulo le dijo: “¿Quién eres, Señor?” Esta es la primera señal de que la batalla estaba llegando a su final. “Yo soy Jesús, a quien tú persigues”. Finalmente Saulo, “temblando y temeroso, dijo: Señor, ¿qué quieres que yo haga?” Y en ese momento finalizó la batalla y Saulo se rindió a Cristo. “Levántate, y entra en la ciudad, y se te dirá lo que debes hacer”, le dijo Jesús. Hasta aquel momento, Saulo había estado haciendo lo que él quería. Desde ese momento en adelante se le diría lo que tenía que hacer. Este es el verdadero discípulo de Cristo, aquel que ha dejado de hacer lo que él deseaba hacer y ha comenzado a hacer lo que el Señor quiere que haga.

Sabemos que aquella fue una genuina y sincera entrega porque conocemos el resto de la vida de aquel que después se convirtió en el apóstol Pablo, y la manera en que sirvió a su Señor hasta que murió. Pero, ¿cómo puede una persona entregarse de tal manera a Cristo que pueda llamarle genuinamente Señor? La Biblia dice que “nadie puede llamar a Jesús Señor, sino por el Espíritu Santo” (1 Corintios 12:3). Es decir, es el Espíritu Santo quien obra en nosotros redarguyéndonos, exhortándonos, convenciéndonos de pecado y llamándonos a una entrega total al Señor. Pero la decisión final corresponde a cada uno de nosotros. Piensa un momento: ¿Es Cristo realmente tu Señor?

ORACION:
Padre santo, anhelo rendirme a la autoridad y la dirección de tu Hijo Jesucristo. Por favor, ayúdame a ceder mi voluntad a tu voluntad. En el nombre de Jesús, Amén.

“Gracia y Paz”

Dios te Habla

domingo, 20 de abril de 2014

¡¡EL AMOR GENUINO TAMBIÉN IMPLICA TIERNO CUIDADO!!


¡¡El amor genuino también implica tierno cuidado!!

Efesios 5:28
“Así también los maridos deben amar a sus mujeres como a sus mismos cuerpos. El que ama a su mujer, a sí mismo se ama”.

Gastamos mucho tiempo y energía teniendo cuidado de nuestros propios cuerpos. Hacemos ejercicio, comemos, vestimos ropa para vernos bien. Cuando estamos enfermos y cansados, descansamos. Cuando nuestro cuerpo es herido, buscamos alivio del dolor. Estamos atentos a nuestro propio cuerpo, preocupados por sus necesidades, sensibles y receptivos a todo lo que desean.

Esta es la clave del amor que Dios nos manda a los maridos que mostremos a nuestra esposa. Toma nota una vez más, las Escrituras no describen al amor solo como una emoción. Esta clase de amor es activa, voluntaria y dinámica. Algo que hacemos, no que pasivamente <<sentimos>>.

Es razonable que un hombre ame a su esposa como ama a su propio cuerpo, porque en el matrimonio los dos se convierten en <<una sola carne>> (Efesios 5:31). Esta es la manera que Dios diseñó el matrimonio. Se aplica universalmente y ha sido así desde el principio (Génesis 2:24). Los maridos deben amar a sus esposas con el mismo cuidado que dan a sus propios cuerpos, ya que, después de todo, los dos son una sola carne.

El matrimonio en sí se consuma de forma literal con la unión corporal de los esposos. A partir de ese momento, el marido debe considerar a la mujer como a su propia carne. Si ella siente dolor, él debe sentir dolor. Si ella tiene necesidades, él debe aceptar esas necesidades como suyas. Debe tratar de sentir lo que ella siente, desear lo que ella desea, y en efecto, darle el mismo cuidado y consideración que le da a su propio cuerpo.

¿De qué maneras prácticas le mostraras el amor a tu conyugue hoy?

“Gracia y Paz”
Edificando Matrimonios Conforme al Propósito de Dios

¡CRISTO HA RESUCITADO! ¿RESUCITÓ JESÚS EN TU VIDA?


¡Cristo ha resucitado!
¿Resucitó Jesús en tu vida?

Lucas 24:5-6
"¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive? No está aquí, sino que ha resucitado".

Quienes habían buscado a Jesús para escucharle, para atenderle, para seguirle, ahora lo buscaban para embalsamar su cuerpo. Por eso lo buscaban en el lugar donde unas manos piadosas y amigas lo habían sepultado.

Así fue como el primer día de la semana, muy de mañana, regresaron al sepulcro con las especias. Pero ¿qué vieron? La gran piedra que cerraba la entrada estaba rodada y la tumba vacía. Allí había dos ángeles. Uno de ellos dijo a las mujeres: “Sé que buscáis a Jesús, el que fue crucificado. No está aquí, pues ha resucitado” (Mateo 28:5-6). Sin embargo, las palabras del mensajero no son una obviedad sino un evangelio.

El mensajero de Dios dice dónde Jesús no está para que le busquemos y le encontremos donde Él está. ¡Tenemos un Salvador resucitado que se halla en la gloria del cielo!
Juan 16:5-7
“Pero ahora voy al que me envió; y ninguno de vosotros me pregunta: ¿A dónde vas? Antes, porque os he dicho estas cosas, tristeza ha llenado vuestro corazón. Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuera, el Consolador no vendría a vosotros; mas si me fuere, os lo enviaré”.

Juan 14:15-18
“Si me amáis, guardad mis mandamientos. Y yo rogaré al Padre y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre, el Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no lo ve ni lo conoce; pero vosotros lo conocéis, porque vive con vosotros y estará en vosotros.”

Amado Hermano, Amada Hermana, busca a Jesús, y lo hallarás dentro de ti: “Si alguno me ama, guardará mi palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a él, y haremos morada en él” (Juan 14:23).

Busca a Jesús, y lo hallarás en los pobres: “Venid, benditos de mi Padre, recibid la herencia del Reino preparado para vosotros desde la creación del mundo. Porque tuve hambre y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber… Cuanto hicisteis a uno de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis” (Mateo 25:34-40).

Busca al Resucitado, y lo encontrarás en su palabra: “¿No estaba ardiendo nuestro corazón dentro de nosotros cuando nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?” (Lucas 24:32).

¡Cristo ha resucitado! y está a la derecha de Dios en el cielo: “(Esteban), lleno del Espíritu Santo, miró fijamente al cielo y vio la gloria de Dios y a Jesús que estaba en pie a la diestra de Dios; y dijo: «Estoy viendo los cielos abiertos y al Hijo del Hombre que está en pie a la diestra de Dios»” (Hechos 7:55-56).

Nadie piense, sin embargo, que estamos excluidos de este encuentro, pues donde Cristo está, también en la gloria de Dios, allí estamos sus creyentes que henos sido unidos a él por la fe.

Colosenses 3:1-3
“Así pues, si habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. Aspirad a las cosas de arriba, no a las de la tierra. Porque habéis muerto, y vuestra vida está oculta con Cristo en Dios”.

Efesios 2:4-7
“Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos), y juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús, para mostrar en los siglos venideros las abundantes riquezas de su gracia en su bondad para con nosotros en Cristo Jesús”.

“No está aquí”, dijo el mensajero. Luego añadió: “ha resucitado”. Y tú ya sabes dónde buscarle para encontrarle: en ti mismo, en tus semejantes que caminan contigo, en la Iglesia a la que perteneces, en las Santas Escrituras por medios de las cuales él te habla.

Si… búscalo en los pobres, en los hambrientos, en los sedientos, en los enfermos, en los humillados, en los esclavizados por el pecado, en los marginados, en los excluidos, etc.

A ti amado hermano, amada hermana, se te ha confiado el testimonio de la resurrección. ¡Se  pues testigo de la resurrección de Cristo! Serás testigo con tu vida: Cristo mirará por tus ojos, curará con tus manos, orará con tus labios, amará con el corazón de tus hijos.

Serás testigo con tu muerte de cada día al pecado que aún mora en ti, la de tu abandono en las manos de nuestro Padre; la del olvido de ti mismo, de ti misma, y vivir para el que amas.

¡CRISTO HA RESUSITADO! ¡Hónralo con tu vida!



“Gracia y Paz”

¡DESPIERTA, DESPIERTA, DÉBORA, DIOS ESTÁ CONTIGO!


¡Despierta, despierta, Débora, Dios está contigo!

Débora es una mujer valiente, en autoridad, en amor y dominio propio. Una mujer con visión y poder, se pudiera comparar en la actualidad con las mujeres que no se dan por vencidas, sino que salen a la guerra para luchar cada día con cada situación que se les presenta y vencen todo obstáculo para salir adelante ellas, sus hijos, sus hijas y triunfar en todas las áreas de su vidas. Son mujeres que aman a Dios, se aman a ellas mismas y aman a su prójimo y todo lo que Dios pone a su alrededor, son mujeres que no se pueden dar el lujo de quedarse dormidas, porque conocen los tiempos, y tienen la sabiduría de Dios para actuar cuando es necesario.


“Gracia y Paz”

sábado, 19 de abril de 2014

Hebreos 4:12

Hebreos 4:12

“Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón”.

Cantar, Sonreir y Danzar


LOS TÍTULOS DE APÓSTOL, PROFETA, EVANGELISTA, PASTOR Y MAESTRO


LOS TÍTULOS DE APÓSTOL, PROFETA, EVANGELISTA, PASTOR Y MAESTRO. Un verdadero cristiano/a jamás antepone a su nombre propio un título de Apóstol, Profeta, Evangelista, Pastor o Maestro, porque tiene un profundo temor de DIOS, es decir, un profundo Amor y Respeto por DIOS y su Palabra y tampoco se lo ocurre andar promocionándose con títulos auto-adjudicados porque sabe perfectamente que Jesucristo, Dios Mismo, es quien dice "Yo soy el buen pastor; y conozco mis ovejas, y las mías me conocen, así como el Padre me conoce, y yo conozco al Padre; y pongo mi vida por las ovejas" (Juan 10:14-15). Y también sabe que Jesucristo es quien eligió a ciertas personas a quienes ÉL y solo ÉL constituyó (tiempo pasado) como Apóstoles, Profetas, Evangelistas, Pastores y Maestros tales como Abraham, José, Moisés, Josué, Débora, Samuel, David, Salomón, Isaías, Jeremías, Ezequiel, Daniel, Mateo, Marcos, Lucas, Juan, Pedro, Pablo y otros/as.

"Y Él Mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros" (Efesios 4:11), a quienes inspiró por medio de su ESPÍRITU SANTO para que escribieran su Mensaje a la humanidad (Antiguo y Nuevo Pacto). "Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia" (2 Timoteo 3:16). Mensaje que fue reunido en un libro llamado Biblia, impreso y traducido a todos los idiomas y gran parte de los dialectos regionales desde hace más de cuatrocientos cincuenta años.

Y por medio de la Palabra de Dios la Iglesia se edifica "sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo" (Efesios 2:20). Amén.


“Gracia y Paz”
 Por: Myriam Hinz


LA MUERTE FÍSICA DE JESÚS, SEGÚN LA MEDICINA


La muerte física de Jesús, según la medicina

A los 33 años Jesús fue sentenciado a muerte. La "peor" muerte de aquella época, Sólo los criminales, ladrones, asesinos, violadores, eran condenados como Jesús.

Jesús en el Huerto suda sangre

Los Evangelios nos dicen que Jesús empezó a sudar sangre cuando estaba orando en el monte de los Olivos, específicamente en el jardín del Getsemaní. Esto no es un lenguaje poético sino una condición médica llamada "hematidrosis". No es muy común pero puede darse cuando hay un alto grado de sufrimiento psicológico.

Lo que sucede es que la mucha ansiedad provoca la secreción de químicos que rompen los vasos capilares en las glándulas sudoríficas. Como resultado, hay una pequeña cantidad de sangrado en las glándulas y el sudor emana mezclado con sangre. No es mucha sangre sino muy poca. Esto provocó que la piel quedara extremadamente frágil de modo que cuando Jesús fue flagelado por el soldado romano al día siguiente, su piel ya estaba muy sensible.

Ya Jesús estaba muy débil por lo sucedido en el Huerto y la noche entera sometido a falso juicio y golpizas y cárcel.

La flagelación

Las flagelaciones o castigo romano eran conocidos por ser terriblemente brutales. Generalmente consistían de treinta y nueve latigazos. El soldado usaba un látigo con tiras de cuero trenzado con bolas de metal entretejidas. Cuando el látigo golpeaba la carne, esas bolas provocaban fuertes moretones, las cuales se abrían con los demás golpes. Y el látigo también tenía pedazos de hueso afilados, los cuales cortaban la carne severamente.

La espalda estaba tan desgarrada que la espina dorsal a veces quedaba expuesta debido a los cortes tan profundos. Los latigazos iban desde los hombros pasando por la espalda, las nalgas, y las piernas. Mientras continuaba la flagelación, las laceraciones rasgaban hasta los músculos y producían jirones temblorosos de carne sangrante. Las venas de la víctima quedaban al descubierto y los mismos músculos, tendones y las entrañas quedaban abiertos y expuestos.

La tortura podía experimentar un dolor tan grande que le llevase a una conmoción hipovulémica. Hipo significa "bajo, "vol" se refiere a volumen y "émica" significa "sangre", por lo tanto, conmoción hipovolémica quiere decir que la persona sufre efectos de la pérdida de una gran cantidad de sangre. Esto causa 4 efectos:

1. El corazón se acelera para tratar de bombear sangre que no existe.
2. Baja la presión sanguínea, lo que provoca un desmayo o colapso.
3. Los riñones dejan de producir orina para mantener el volumen restante.
4. La persona comienza a sentirse sedienta porque el cuerpo ansía fluidos para reponer el volumen de sangre perdido.

Camino al Calvario

Jesús se encontraba en condición hipovólemica mientras iba camino al el camino al Calvario llevando el madero horizontal de la cruz. Finalmente Jesús se cayó al suelo y un soldado romano le ordenó a Simón que llevara la cruz por él. Luego Jesús dice "Tengo sed" y en ese momento se le ofrece un trago de vinagre.

En el momento de la crucifixión

La muerte de Jesús fue todavía peor que la crucifixión común. No a todos los criminales condenados los clavaban a la cruz. Muchos eran amarrados. A Jesús lo acostaron y clavaron sus manos en posición abierta en el madero horizontal. Esta viga se llamaba patibulum y en ese momento estaba separado el madero vertical, que estaba clavado al suelo de forma permanente.

Los clavos que los romanos usaban eran de trece a dieciocho centímetros de largo, afilados hasta terminar en una punta aguda. Se clavaban por las muñecas. El clavo atravesaba el nervio mediano. Ese es el nervio mayor que sale de la mano y quedaba triturado por el clavo que lo martillaba. Este dolor es similar al que uno siente cuando se golpea accidentalmente el codo y se da en ese huesito (en el nervio llamado cúbito), pero ahora imagine tomar un par de pinzas y presionar hasta triturar ese nervio, ese dolor es similar al que Jesús experimentó. Al romper ese tendón Jesús y por tener sus muñecas clavadas, Jesús fue obligando a forzar todos los músculos de su espalda para poder respirar.

Dolor Excruciante

El dolor era tan insoportable que no existen palabras para describirlo. Se tuvo que inventar una nueva palabra llamada "excruciante" (que significa "de la cruz") para describir semejante dolor.

Jesús colgado en la cruz

Cuando Jesús fue alzado para unir el madero con el poste vertical se procedió a clavarle los pies. Nuevamente los nervios de los pies fueron triturados y eso debe haber causado un dolor similar al de las muñecas.

Al momento de estar en posición vertical sus brazos se estiraron intensamente, probablemente 15 centímetros de largo y ambos hombros debieron haberse dislocado (solo tome en cuenta la gravedad, para sacar su conclusión), lo que confirmaba lo escrito en Salmos 22 "dislocados están todos mis huesos".

Una vez que la persona cuelga en posición vertical, la crucifixión es una muerte lenta y agonizante por asfixia. La razón es que la presión ejercida en los músculos pone el pecho en la posición de inhalación. Básicamente, para poder exhalar, el individuo debía apoyarse en sus pies (fijos con clavos al madero) para que la tensión de los músculos se alivie por un momento. Al hacerlo, el clavo desgarraría el pie hasta que quede finalmente incrustado en los huesos tarsianos.

Después de arreglárselas para exhalar, la persona podría relajarse y descender para inhalar otra bocanada de aire. Nuevamente tendría que empujarse hacia arriba para exhalar raspando su espalda ensangrentada contra la madera áspera de la cruz.

Este proceso continuaba hasta que la persona ya no pudiera empujarse hacia arriba para respirar. Entonces moría. Jesús aguantó esa situación como por más de 3 horas.

Muerte de Jesús

A medida que la persona disminuye el ritmo respiratorio, entra en lo que se denomina acidosis respiratoria: el dióxido de carbono de la sangre se disuelve como ácido carbónico lo cual causa que aumente la acidez de la sangre. Finalmente eso lleva a un pulso irregular. De hecho al sentir que su corazón latía en forma errática, Jesús se hubiera dado cuenta de que estaba a punto de morir, y es entonces que pudo decir: "Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu" y luego murió de un paro cardiaco.

Incluso antes de morir la conmoción hipovolémica debe haber causado un ritmo cardíaco acelerado sostenido que debe haber contribuido al paro cardíaco, lo cual dio por resultado la acumulación de fluido en la membrana que rodea al corazón llamada efusión pericárdica, al igual que alrededor de los pulmones, llamada efusión pleural.

Traspaso del Corazón

Para acelerar la muerte, los soldados quebraban las piernas de los crucificados, utilizando para ello una lanza romana para despedazar los huesos de la parte inferior de las piernas. Eso evitaba que la persona empujara hacia arriba con las piernas para poder respirar así que la muerte les seguía en cuestión de minutos.

En el Nuevo Testamento se nos dice que los huesos de Jesús no fueron quebrados como ocurrió con los otros crucificados. Esto fue así porque los soldados habían confirmado que Jesús había muerto; así se cumplió la profecía del Antiguo Testamento acerca del Mesías donde se dice que ninguno de sus huesos sería quebrado. Pero el soldado romano para confirmar la muerte de Jesús le clavó la lanza en su costado derecho. La lanza atravesó el pulmón derecho y penetró el corazón. Por lo tanto, cuando se sacó la lanza, salió fluido claro, como el agua, seguido de un gran volumen de sangre, tal como lo describe Juan, uno de los testigos oculares, en su Evangelio.

Además hay que mencionar la humillación que sufrió por el desprecio y las burlas, cargando su propia cruz por casi dos kilómetros, mientras la multitud le escupía el rostro y le tiraba piedras (la cruz pesaba cerca de 30 kilos, tan solo en la parte horizontal, en la que le clavaron sus manos).

Romanos 5:7-11
“Ciertamente, apenas morirá alguno por un justo; con todo, pudiera ser que alguno osara morir por el bueno. Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros. Pues mucho más, estando ya justificados en su sangre, por él seremos salvos de la ira. Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, estando reconciliados, seremos salvos por su vida. Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos en Dios por el Señor nuestro Jesucristo, por quien hemos recibido ahora la reconciliación”.

“Gracia y Paz”

Tiempos Proféticos

¡EL GOZO DE LA RESURRECCIÓN!


¡El gozo de la Resurrección!

1 Corintios 15:12-19
“Ahora bien, si se predica que Cristo ha resucitado de entre los muertos, ¿cómo dicen algunos entre vosotros que no hay resurrección de muertos? Y si no hay resurrección de muertos, entonces ni siquiera Cristo ha resucitado; y si Cristo no ha resucitado, vana es entonces nuestra predicación, y vana también vuestra fe. Aún más, somos hallados testigos falsos de Dios, porque hemos testificado contra Dios que él resucitó a Cristo, a quien no resucitó, si en verdad los muertos no resucitan. Pues si los muertos no resucitan, entonces ni siquiera Cristo ha resucitado; y si Cristo no ha resucitado, vuestra fe es falsa; todavía estáis en vuestros pecados. Entonces también los que han dormido en Cristo han perecido. Si hemos esperado en Cristo para esta vida solamente, somos, de todos los hombres, los más dignos de lástima”.

La base fundamental del plan de salvación de Dios es la resurrección de Jesucristo de los muertos. Sin ella, la estructura completa del plan divino se desmorona. Si Cristo no hubiera resucitado, la predicación del Evangelio sería totalmente vana, afirma el apóstol Pablo en el pasaje de hoy, es decir, no tendría ningún fundamento. Pero, gracias a este maravilloso milagro, hoy podemos predicar las buenas noticias de una verdadera esperanza más allá de la muerte física.

Las buenas nuevas del Evangelio son que Cristo murió por nuestros pecados, y que resucitó. La resurrección de Cristo es la prueba de que su muerte pagó todos nuestros pecados. Romanos 6:23 dice que “la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro”. Si Cristo hubiese pagado por todos los pecados de la humanidad excepto uno, no hubiese podido resucitar, porque un pecado hubiese sido suficiente para mantenerlo en la tumba. Pero su resurrección fue prueba de que había pagado el precio completo de la redención de la humanidad. Cuando Jesús dijo: “Consumado es” (Juan 19:30), su obra fue completada. Dios quedó satisfecho y dio prueba de la culminación de su plan resucitándolo de entre los muertos.

La Biblia dice en Hebreos 12:2 que Jesús, “por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios”. Es decir, nuestro salvador soportó el sufrimiento y la humillación de la cruz porque estaba seguro del resultado final, de la victoria que Dios le daría después, del gozo indescriptible de la resurrección. Puesto que Cristo no permaneció en la tumba sino que conquistó la muerte con su resurrección, podemos vivir en el gozo constante de una salvación completa provista por un Redentor resucitado, vivo y que volverá otra vez.

Sin embargo de alguna manera, el enemigo, aún así derrotado, se las arregla en ocasiones para confundirnos y quitar de nosotros el gozo que debíamos sentir en todo momento en nuestros corazones, independientemente de las circunstancias que nos rodeen. Sin duda el factor principal es la falta de conocimiento, el que no entendemos en toda su profundidad el significado de la muerte y resurrección de Jesucristo y su correspondiente victoria.

Aún cuando las cosas no estén marchando bien, y las circunstancias que nos rodeen en un momento determinado sean negativas, debemos estar gozosos. El apóstol Pablo exhortó a la iglesia de Filipo de esta manera: “Regocijaos en el Señor siempre. Otra vez digo: ¡Regocijaos!” (Filipenses 4:4). ¡Y Pablo estaba preso en una cárcel romana, en medio de terribles condiciones! Cuando te sientas triste, enfoca tu pensamiento en el aspecto temporal de tu situación y en la victoria eterna que ha sido asegurada a los que han creído en Jesucristo. Piensa en lo que nos dice Pablo: “Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse” (Romanos 8:18).

Hagamos de la resurrección de Cristo un símbolo de victoria en nuestras vidas, buscando cada día el rostro de quien ocupó nuestro lugar en la cruz del calvario, ofreciendo su vida para que nosotros podamos disfrutar de vida eterna. ¡A Él sea la gloria y el imperio por los siglos de los siglos. Amén!

ORACION:
Bendito Padre celestial, gracias una vez más por Jesucristo y la victoria de la resurrección. Ayúdame a entender en toda su magnitud el significado de esta victoria y a aplicarla en mi vida cada día, para poder disfrutar de tu gozo en todas las circunstancias imaginables. Por Cristo Jesús, Amén.

“Gracia y Paz”

Dios te Habla