miércoles, 4 de marzo de 2015

¿QUÉ CLASE DE “PROSPERIDAD” LE ESTAS PIDIENDO A DIOS?



3 Juan 1-2
“El anciano a Gayo, el amado, a quien amo en la verdad. Amado, yo deseo que tú seas prosperado en todas las cosas, y que tengas salud, así como prospera tu alma”.

Prosperar significa mejorar en algún aspecto, avanzar, progresar. La prosperidad, en sentido general, es una de las cosas más anheladas por el ser humano. Cuando se trata del aspecto económico, podemos asegurar que a nadie le gusta vivir en pobreza y escasez. Nuestra naturaleza humana tiende a no conformarse con menos que la abundancia y la prosperidad. Por esta razón el ser humano lucha con todas sus fuerzas y recursos por progresar en el aspecto económico. También hay preocupación por prosperar o mejorar en el aspecto físico. La apariencia física ocupa un lugar importante en las prioridades de la mayoría de las personas, de ahí la enorme variedad de dietas para perder peso, gimnasios, cremas y otros tantos medios de embellecimiento. Y cuando hay alguna enfermedad, la preocupación es entonces prosperar en el aspecto de la salud.

En el pasaje de hoy, parte de su tercera epístola, el apóstol Juan se dirige a Gayo, un amigo muy amado, al cual muestra el afecto propio de un verdadero pastor y maestro. Juan está preocupado tanto por la prosperidad y la salud física de su discípulo como por su salud espiritual. Por eso le dice: “Yo deseo que tú seas prosperado en todas las cosas, y que tengas salud…” Y entonces añade: “…así como prospera tu alma”. Juan sabía por experiencia propia que la prosperidad, ya sea material o física, depende fundamentalmente de la manera en que prospera el aspecto espiritual. Y la prosperidad del alma sólo se alcanza cuando le entregamos nuestra vida a Cristo. Allí comienza a edificarse el fundamento de una prosperidad estable y permanente. A menos que solucionemos primero el problema de nuestra pobreza espiritual, todo lo que prosperemos en otras áreas no tendrá un buen fundamento.

La prosperidad material puede perderse en un momento. Un mal negocio, un robo, un incendio o la pérdida de todos los bienes puede dejar a uno en la calle. La prosperidad física nadie la tiene garantizada. Si hoy nos despertamos con salud ha sido por la gracia de Dios. Uno puede comprar un buen seguro médico y medicinas pero no la prosperidad física. Tenemos, pues, que entender que la prosperidad en la que todo ser humano necesita enfocarse en primer lugar es la prosperidad espiritual, la cual es eterna y es la base para la verdadera felicidad. Jesús dijo a sus discípulos: “Buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas” (Mateo 6:33). Cuando Jesús dijo “y todas estas cosas os serán añadidas”, se estaba refiriendo a comida, bebida, ropa, posesiones materiales en general, salud y bienestar económico. Son las mismas “cosas” a las que se refiere Juan en el pasaje de hoy. Todas estas cosas las vamos a recibir en la medida en que prosperemos espiritualmente.

Alguien dijo que hay gente tan pobre en este mundo que lo único que tienen es dinero. El dinero no garantiza la felicidad, en cambio en Cristo hay paz y gozo en todas las circunstancias. ¿Eres tú una persona próspera espiritualmente? Si no lo eres, entonces crecer espiritualmente debe ser tu prioridad. Sólo así podrás vivir una vida de verdadera prosperidad en todos los demás aspectos. En Deuteronomio 8:18, Dios se dirige al pueblo de Israel y les dice: “Acuérdate de Jehová tu Dios, porque él te da el poder para hacer las riquezas”. Y seguidamente les advierte que no se olviden de él cuando estén disfrutando de prosperidad y riquezas, pues ciertamente perecerían.

Busca con más frecuencia el rostro del Señor. Lee su palabra diariamente, medita en ella, ora más, sírvele más. Entonces comenzarás a sentir paz y gozo en tu corazón aun en medio de circunstancias desfavorables, serás mucho más paciente, tu fe será fortalecida y tu carácter será transformado positivamente. Esto es prosperidad espiritual. Esta es la base para una total, verdadera, estable y duradera prosperidad en todas las áreas de tu vida.

ORACIÓN:
Mi amado Dios, te doy gracias porque en ti está el poder para la prosperidad y la felicidad en este mundo de aflicciones. Por favor ayúdame a buscar tu presencia cada día antes que cualquier otra cosa, confiando en que tú añadirás, conforme a tu voluntad, todas las cosas que yo necesito. En el nombre de Jesús, Amén.

¡Gracia y Paz!

Dios te Habla

¿SALVO SIEMPRE SALVO?




¿Se pierde la salvación? Si estoy mal corríjanme, pero las Escrituras me enseñan lo siguiente:

Si tu eres una persona consagrada a Dios, que guarda su cuerpo porque es templo del Espíritu Santo (1 Corintios 3:16-17, 1 Corintios 6:19-20); que se guarda en Santidad como lo demanda la Palabra (1 Tesalonicenses 5:23, 1 tesalonicenses 4:7, 2 corintios 7:1, Levítico 11:44, Levítico 19:2, Levítico 20:7, Hebreos 12:14, 1 Pedro 1:16); que busca a Dios en ayuno en oración (Efesios 6:18, Joel 2:12, 1 tesalonicenses 5:17, Daniel 9:3); que trabaja para su obra (1 corintios 15:58, Hebreos 6:10); que persevera en el evangelio, sin desviarte, por supuesto que eres salvo, por eso dice Mateo 24:13 y Marcos 13:13 que el que perseverare hasta el fin, ese será SALVO.

Igual, dice 1 Pedro 4:8 Y: Si el justo CON DIFICULTAD se salva, ¿En dónde aparecerá el impío y el pecador?

Hebreos 2:3 ¿Como escaparemos nosotros SI DESCUIDAMOS una SALVACIÓN tan GRANDE?

Y Filipenses 2:12 dice que CUIDEMOS de nuestra SALVACIÓN con TEMOR y TEMBLOR.

Por lo tanto aun el Justo puede PERDERSE, si se desvía de su justicia y hace iniquidad y no se arrepintiere de lo que haya hecho, así lo dice Ezequiel 3:20, Ezequiel 18:24 y Ezequiel 18:26. También dice Ezequiel 18:4 que “todas las almas son mías, tanto el alma del Padre como del Hijo MÍAS SON, el alma que PECARE esa MORIRÁ” y Éxodo 32:33 dice que “al que pecare contra mí a ese RAERÉ YO de mi libro”.

Juan 1:17 dice que la ley fue entregada por Moisés, pero la GRACIA y la verdad fueron entregadas por Jesucristo. PERO el estar bajo la gracia no nos da licencia para pecar, pues Romanos 6:1-4 dice: “¿Qué, pues, diremos? ¿Perseveraremos en el pecado para que la gracia abunde? En ninguna manera. Porque los que hemos muerto al pecado, ¿cómo viviremos aún en él? ¿O no sabéis que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en su muerte? Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva”.

La biblia también dice quienes no entraran al reino de Dios, y esto no se lo dice al mundo porque ya el mundo lo practica, se lo dice a la Iglesia, al pueblo del Señor, para que no lo practique y se aleje del pecado (1 corintios 6:9-10, Apocalipsis 21:8 y Apocalipsis 22:15, Efesios 5:3-5 y Gálatas 5:16-21).

¡Gracia y Paz!

Por: Joshua Rojas

martes, 3 de marzo de 2015

¿POR QUÉ NO PERDONAS CÓMO DIOS PERDONA?


Miqueas 7:18-20
“¿Qué Dios como tú, que perdona la maldad, y olvida el pecado del remanente de su heredad? No retuvo para siempre su enojo, porque se deleita en misericordia. El volverá a tener misericordia de nosotros; sepultará nuestras iniquidades, y echará en lo profundo del mar todos nuestros pecados. Cumplirás la verdad a Jacob, y a Abraham la misericordia, que juraste a nuestros padres desde tiempos antiguos”.

Generalmente a todos nos cuesta mucho trabajo perdonar a quienes nos han ofendido. Pero a medida que crecemos espiritualmente, y entendemos que para mantener una buena comunión con el Señor es necesario perdonar, entonces hacemos un esfuerzo y extendemos nuestro perdón al ofensor. Pero muchas veces lo hacemos a regañadientes y con el ceño fruncido. Incluso a veces decimos: “Bueno, yo perdono pero no olvido”. Ciertamente, esta no es la manera en la que Dios desea que perdonemos. Dios espera que nuestro perdón sea igual al perdón que él nos ha otorgado a través del sacrificio de Cristo. Cuando Jesús enseñó a sus discípulos a orar, los exhortó a que pidieran al Padre: “Perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores” (Mateo 6:12). Para lograr esto, el pasaje de hoy nos enseña algunos puntos que debemos poner en práctica:

1. Dios se olvida del pecado de sus hijos. ¡Qué maravilloso es que el Señor quiere que lo conozcan no sólo porque es capaz de perdonar, sino también porque no se acordará nunca más de nuestros pecados, ni los mencionará jamás! Alguien dijo: “Dios tiene muy buena memoria. Él siempre recuerda olvidar”. En Jeremías 31:34, Dios dice: “Conoce al Señor; porque todos me conocerán, desde el más pequeño de ellos hasta el más grande, dice el Señor; porque perdonaré la maldad de ellos, y no me acordaré más de su pecado”.

2. Dios se enoja ante la maldad y el pecado, pero vuelve a derramar su amor sobre nosotros tan pronto nos perdona. Cuando dejamos que el enojo permanezca en nuestros corazones, echa raíces y se crea un resentimiento que no nos permite perdonar genuinamente. Antes que termine el día tenemos que orar y pedir la ayuda del Espíritu Santo para que nos ayude a disipar cualquier enojo que se haya producido durante el día. “Airaos, pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo” (Efesios 4:26).

3. Dios se deleita en misericordia. La misericordia de Dios se manifiesta cuando no nos da lo que merecemos recibir. Y este pasaje dice que el Señor “se deleita en misericordia”. Esto es lo que más difícil nos resulta hacer a nosotros. Quizás podamos llegar a perdonar genuinamente, pero, ¿deleitarnos en tener misericordia con los demás? ¿Sentir deleite en perdonar? Esto está tan lejos del alcance de nuestra naturaleza humana, que realmente es imposible lograrlo sin el poder del Espíritu Santo obrando en nosotros. De esta manera Esteban, “lleno del Espíritu Santo”, pudo perdonar a un grupo de enfurecidos judíos que lo apedreaban hasta que lo mataron. Dice Hechos 7:60 que Esteban, “puesto de rodillas, clamó a gran voz: Señor, no les tomes en cuenta este pecado”.

¡Qué preciosa expresión del profeta Miqueas cuando afirma en el pasaje de hoy que Dios “volverá a tener misericordia de nosotros; sepultará nuestras iniquidades, y echará en lo profundo del mar todos nuestros pecados”! Alguien añadió lo siguiente: “Y entonces pondrá un letrero que dice: “PROHIBIDO PESCAR” ¡Qué tranquilidad tan grande se siente al saber que cuando nuestro Padre celestial nos perdona, lo hace de verdad y para siempre! Debemos tratar de perdonar de esta manera a aquellos que nos han hecho daño.

Para que podamos perdonar a alguien de la manera en que Dios quiere que perdonemos, es necesario en primer lugar, establecer una íntima y sincera comunión con Dios por medio de la lectura de su palabra y la oración diaria, para que su Santo Espíritu tome autoridad sobre nosotros y pueda llevar a cabo su obra transformadora en nuestras vidas. En segundo lugar debemos hacernos el firme propósito de perdonar y olvidarnos de las ofensas que nos han hecho. Entonces podremos perdonar de manera que agrademos a nuestro Padre celestial.

ORACIÓN:
Bendito Dios, gracias por tu perfecto perdón a través de la sangre de tu Hijo Jesucristo. Por favor capacítame de manera que yo pueda perdonar y amar a aquellos que me han herido, como tú lo has hecho. Te lo pido en el nombre de Jesús, Amén.

¡Gracia y Paz!

Dios te Habla

REMEDIOS CONTRA EL LIBERTINAJE Y EL FINAL MISERABLE DEL IMPÍO



REMEDIOS CONTRA EL LIBERTINAJE Y EL FINAL MISERABLE DEL IMPÍO.
 
El matrimonio legal es un medio que Dios ha designado para resguardar a la pareja de este vicio destructor. Pero no estaremos unidos adecuadamente si no atendemos a la palabra de Dios, buscando su dirección y bendición, y actuando con afecto. Debemos recordar siempre que aunque nuestros pecados secretos escapen de los ojos de nuestros congéneres, nuestros caminos siempre estarán ante los ojos del Señor que no solamente los ve, sino pondera todas nuestras andanzas.

Quienes son necios y escogen el camino del pecado, son justamente dejados por Dios a sí mismos para que sigan adelante por el camino que lleva a la destrucción.


¡Gracia y Paz!

Edificando Matrimonios conforme al Propósito de Dios

lunes, 2 de marzo de 2015

Salmo 92:14


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2 Corintios 3:6



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¡TEN CUIDADO CON TUS CREENCIAS Y TRADICIONES!


En esta Escritura, el Señor nos previene de la práctica de doctrinas o dogmas que han llegado hasta nosotros a través de la tradición, de generación en generación, las cuales, muchas de ellas las hemos tomado de nuestros padres y presumimos que son correctas (pues no podemos esperar nada malo de ellos). Pero lo mismo pasó a nuestros padres cuando eran pequeños, y a sus padres y a los padres de sus padres, y así sucesivamente. Una vez que una tradición se convierte en una costumbre en nuestra vida a través de los años, es sumamente difícil reconocer su carácter de tradición, y aún más difícil dejar de practicarla.

Jesús predicó fuertemente en contra de las tradiciones que abundaban en el pueblo judío. Por ejemplo en el sermón del monte (Mateo capítulo 5), el Señor dice: “Oísteis que fue dicho: Ojo por ojo, y diente por diente. Pero yo os digo: No resistáis al que es malo; antes, a cualquiera que te hiera en la mejilla derecha, vuélvele también la otra... Oísteis que fue dicho: Amarás a tu prójimo, y aborrecerás a tu enemigo. Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen...” En otras palabras: “Ustedes han oído eso toda su vida, pero yo les digo que esta es la verdad que viene del corazón de Dios...”

El pasaje de hoy nos enseña que esas falsas doctrinas tradicionales no están de acuerdo a las enseñanzas de Cristo, a sus palabras, a la verdad absoluta que es el Verbo, a lo que nos dice la Palabra de Dios. Por lo tanto, debemos rechazarlas, aunque nos parezcan “buenas” y nos sintamos “cómodos” con ellas. Claro que la única manera de reconocer que algo no está de acuerdo a la Palabra de Dios, es conociendo la Palabra de Dios. Por eso debemos leer la Biblia cada día de nuestras vidas, escudriñarla, meditar en ella y pedir al Señor que nos de discernimiento para entenderla espiritualmente.

Hay algunas religiones y sectas que usan la Biblia como base doctrinal, pero incorporan algún otro libro escrito por alguien a quien, supuestamente, “Dios le habló” con el fin de “enriquecer” o “completar” las enseñanzas de la Biblia. Pero, ¿acaso debemos presumir que el omnisciente y omnipotente Dios, en su infinita perfección, olvidó algo al inspirar a todos aquellos hombres y mujeres, de manera que ahora requiera ser añadido a su Palabra con el fin de lograr su objetivo en la humanidad? Por supuesto que no. La Biblia dice en 2 Timoteo 3:16-17 que “toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra”. Y Dios, a través del apóstol Pablo, nos dice en el pasaje de hoy: “...y vosotros estáis completos en él.” En Cristo, y solamente en Cristo tenemos la plenitud de Dios, porque él es Dios. En él y en su palabra estamos completos, y no necesitamos nada más.

Si tú quieres vivir una vida que agrade a Dios, asegúrate bien que tu comportamiento esté regido estrictamente por las enseñanzas de Su Palabra, y no por doctrinas tradicionales que aprendiste tiempo atrás y nunca te has preocupado por cuestionar. Medita en la lectura de la Biblia todos los días, pide al Espíritu Santo que te ayude a discernir su contenido, y hazte el firme propósito de rechazar todo aquello que no esté de acuerdo con estas enseñanzas, aunque lo hayas creído toda tu vida.

ORACIÓN:
Padre Eterno, yo quiero aprender cada vez más de tu Santa Palabra, para vivir de acuerdo a tus principios. Dame discernimiento para reconocer y echar fuera de mi vida toda doctrina basada en las tradiciones de los hombres. En el nombre de Jesús, Amén.

¡Gracia y Paz!

Dios te Habla

miércoles, 25 de febrero de 2015

Apocalipsis 22:13


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Salmo 51:1-2



Salmo 51:1-2

“Ten piedad de mí, oh Dios, conforme a tu misericordia; conforme a lo inmenso de tu compasión, borra mis transgresiones. Lávame por completo de mi maldad, y límpiame de mi pecado…”

Apocalipsis 22:12


Apocalipsis 22:12
“He aquí yo vengo pronto, y mi galardón conmigo, para recompensar a cada uno según su obra”

¿Estás preparado para el encuentro con él? No es solo cuestión de haberle recibido como Salvador. Esto garantiza el perdón de pecados y la vida eterna, pero habrás notado que el texto dice que Jesucristo “trae su galardón, para recompensar a cada uno según su obra”. Esto significa que tan pronto como nos encontremos con Jesucristo, entraremos a una ceremonia de entrega de premios. Los premios o los galardones o las recompensas serán otorgados según la obra que hayamos hecho para el Señor mientras estamos en la tierra.

Nuestra obra será evaluada por el Señor. Lo que hicimos para su gloria nos servirá para recibir recompensas. Lo que hicimos para nuestra propia gloria será quemado con fuego y por ello no recibiremos ninguna recompensa. Si ya somos del Señor, ¿Para quién estamos viviendo en este mundo? ¿Para nosotros mismos o para el Señor? No corramos el riesgo de llegar a la presencia del Señor con las manos vacías de obras realizadas para su gloria. ¡Comencemos a vivir para el Señor hoy mismo!


¡Gracia y Paz!

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Juan 14:6


Juan 14:6

“Jesús le dijo: Yo soy el camino, la verdad y la vida; nadie viene al Padre sino por Mí”.

martes, 24 de febrero de 2015

¿OBEDECES EN TODO AL SEÑOR?



Lucas 5:1-11
“Aconteció que estando Jesús junto al lago de Genesaret, el gentío se agolpaba sobre él para oír la palabra de Dios. Y vio dos barcas que estaban cerca de la orilla del lago; y los pescadores, habiendo descendido de ellas, lavaban sus redes. Y entrando en una de aquellas barcas, la cual era de Simón, le rogó que la apartase de tierra un poco; y sentándose, enseñaba desde la barca a la multitud. Cuando terminó de hablar, dijo a Simón: Boga mar adentro, y echad vuestras redes para pescar. Respondiendo Simón, le dijo: Maestro, toda la noche hemos estado trabajando, y nada hemos pescado; mas en tu palabra echaré la red. Y habiéndolo hecho, encerraron gran cantidad de peces, y su red se rompía. Entonces hicieron señas a los compañeros que estaban en la otra barca, para que viniesen a ayudarles; y vinieron, y llenaron ambas barcas, de tal manera que se hundían. Viendo esto Simón Pedro, cayó de rodillas ante Jesús, diciendo: Apártate de mí, Señor, porque soy hombre pecador. Porque por la pesca que habían hecho, el temor se había apoderado de él, y de todos los que estaban con él, y asimismo de Jacobo y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón. Pero Jesús dijo a Simón: No temas; desde ahora serás pescador de hombres. Y cuando trajeron a tierra las barcas, dejándolo todo, le siguieron”.

Aquí vemos una situación en la que Simón probablemente se vio tentado a decir que no. Después de todo, él había estado toda la noche trabajando sin haber pescado nada, y con seguridad estaba cansado y con deseos de irse a casa a descansar. Sin embargo, persuadido por las palabras de Jesús, Simón fue receptivo aún en contra de lo que su razonamiento le indicaba. Y esto abrió las puertas para las bendiciones que vendrían después. Esta historia destaca varias verdades fundamentales:

1. Obedecer a Dios en las cosas pequeñas es un paso esencial para recibir grandes bendiciones.
La primera petición de Jesús, es decir que apartara la barca de tierra un poco, fue simple, pero era el primer paso para lo que vendría después.

2. Obedecer a Dios requiere en ocasiones hacer algunas cosas que quizás no nos parezcan razonables. Simón era un experimentado pescador. Había pasado toda la noche en ese lugar sin pescar absolutamente nada. No tenía sentido echar las redes de nuevo. Sin embargo, siguió las instrucciones del Señor.

3. Obedecer a Dios nos asegura que nunca seremos defraudados. La pesca fue tan abundante que las redes se rompían. Pero aun más importante, este Simón, a quien más tarde el Señor le llamó Pedro fue uno de sus discípulos más cercanos durante su ministerio en la tierra.

¿Alguna vez has dejado de obedecer la Palabra de Dios en algo que has considerado “insignificante” o “de poca importancia”? Si es así, es muy probable que te hayas perdido de grandes bendiciones. Desde hoy hazte el firme propósito de obedecer la voluntad de Dios, aún en aquellas pequeñas cosas que parecen intrascendentes, y haz todo lo que el Señor te pida en su palabra que hagas. De esta manera, estarás asegurando muchas bendiciones para ti y tus seres queridos.

ORACIÓN:
Padre santo, te ruego me perdones por las veces que te he desobedecido, aún en aquellas cosas que yo he considerado sin importancia. Ayúdame a obedecerte siempre sin aplicar mi razonamiento o mis propias conclusiones. En el nombre de Jesús, Amén.

¡Gracia y Paz!

Dios te Habla

¡CUIDADO CON LOS FALSOS PROFETAS DE LOS ÚLTIMOS DÍAS!



2 Pedro 2:1-3
“Hubo también falsos profetas entre el pueblo, como habrá entre vosotros falsos maestros que introducirán encubiertamente herejías destructoras y hasta negarán al Señor que los rescató, atrayendo sobre sí mismos destrucción repentina. 2 Y muchos seguirán su libertinaje, y por causa de ellos, el camino de la verdad será blasfemado. 3 Llevados por avaricia harán mercadería de vosotros con palabras fingidas. Sobre los tales ya hace tiempo la condenación los amenaza y la perdición los espera”. 

En los últimos días, muchos van a seguir a estos falsos maestros: “pues vendrá tiempo cuando no soportarán la sana doctrina, sino que, teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus propias pasiones” (2 Timoteo 4:3). Por dondequiera abundan los cultos falsos, iglesias liberales, movimientos ocultistas y falsas doctrinas de todo tipo están proliferando rápidamente en todo el mundo; todos hablando en nombre de “Jesús” o “el Cristo”, pero nunca de “nuestro Señor y Salvador Jesucristo”.

Estos falsos maestros niegan la doctrina de la redención por la sangre de Cristo (2 Pedro 2:1); tuercen las Escrituras a sus propias creencias: “Pero ante todo entended que ninguna profecía de la Escritura es de interpretación privada, porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo” (2 Pedro 1:20-21).

Ellos codician el dinero y el prestigio (2 Pedro 2:3) y: “Tienen los ojos llenos de adulterio, no se sacian de pecar, seducen a las almas inconstantes, tienen el corazón habituado a la codicia y son hijos de maldición. Han dejado el camino recto y se han extraviado siguiendo el camino de Balaam hijo de Beor, el cual amó el premio de la maldad” (2 Pedro 2:14-15).

Son elocuentes y atraen al público: “Hablando palabras infladas y vanas, seducen con pasiones de la carne y vicios a los que verdaderamente habían huido de los que viven en error” (2 Pedro 2:18).

Son engañosos: “recibiendo la recompensa de su injusticia, ya que tienen por delicia el gozar de deleites cada día. Éstos son inmundicias y manchas, quienes aun mientras comen con vosotros se recrean en sus errores” (2 Pedro 2:13).

Son sensuales y seductores, promoviendo la carnalidad: “y mayormente a aquellos que, siguiendo la carne, andan en placeres e inmundicia, y desprecian el señorío; Tienen los ojos llenos de adulterio, no se sacian de pecar, seducen a las almas inconstantes, tienen el corazón habituado a la codicia y son hijos de maldición” (2 Pedro 2:10, 14).

“Amados, no creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus si son de Dios, porque muchos falsos profetas han salido por el mundo” (1 Juan 4:1).

Jesús dijo a sus discípulos que los falsos profetas harían grandes maravillas: “porque se levantarán falsos cristos y falsos profetas, y harán grandes señales y prodigios, de tal manera que engañarán, si es posible, aun a los escogidos” (Mateo 24:24; Marcos 13:22).

Se nos advierte probar a cada uno de ellos, y si no perseveran en la doctrina de Cristo, debemos rechazar sus enseñanzas y no tener ninguna comunión con ellos. “Cualquiera que se extravía y no persevera en la doctrina de Cristo, no tiene a Dios; el que persevera en la doctrina de Cristo, ése sí tiene al Padre y al Hijo. Si alguno viene a vosotros y no trae esta doctrina, no lo recibáis en casa ni le digáis: “¡Bienvenido!”, porque el que le dice: “¡Bienvenido!” participa en sus malas obras” (2 Juan 1:9-11). Porque, ellos son peligrosos y: “vienen a vosotros vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces” (Mateo 7:15).

Oremos y leamos la Biblia cada día para no correr el riesgo de ser “llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que para engañar emplean con astucia las artimañas del error” (Efesios 4:14).

Pidamos discernimiento al Señor y capacidad para pensar con claridad; para ver lo correcto e incorrecto, entre la verdad y el error; usando la Biblia como nuestro único manual de vida. Esto nos permitirá caminar por un sendero de verdad y sin desviaciones.


¡Gracia y Paz!