miércoles, 2 de julio de 2014

ORACION



ORACIÓN:
Mi amante Padre celestial, gracias mi Dios, por tus promesas de ayudarme y suplir mis necesidades. Aumenta mi fe, para que yo no vacile ni un instante en acudir a tu trono de gracia en busca de ayuda en mis necesidades, aún en las más simples e insignificantes. En el nombre de Jesús, Amén.

Dios está al tanto de todas nuestras necesidades (aún las más pequeñas e insignificantes) y las suple con amor “conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús”. Sólo tenemos que creer. Así lo afirma Jesús en Mateo 21:22 “Todo lo que pidiereis en oración, creyendo, lo recibiréis”.

Dios contesta nuestras oraciones, y sus promesas son una realidad mayor que nuestros problemas. ¡Qué Padre tan maravilloso! Sólo tenemos que acercarnos a él trayéndole nuestros problemas y confiar en su amor y su poder, como nos dice Hebreos 4:16: “Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro”.



¡Gracia y Paz!

¿POR CUALES DE TUS NECESIDADES ORAS AL SEÑOR?



¿Por cuales de tus necesidades oras al Señor?

Filipenses 4:19
“Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús”.

La Biblia dice que Dios suplirá todo lo que les falta a sus hijos. Sin embargo, tenemos la tendencia a acudir a él sólo en aquellas cosas que nos parecen muy “difíciles” o “complejas”, mientras nosotros nos encargamos de las que son “fáciles” o “simples”, de acuerdo a nuestro criterio. Y muchas veces el resultado es un rotundo fracaso. Debemos siempre recordar que Jesús dijo: “Separados de mí nada podéis hacer” (Juan 15:5). Por lo tanto debemos de solicitar su ayuda en oración aún en los problemas más pequeños.

La siguiente historia es una prueba evidente de ello: Corie ten Boon fue una famosa predicadora holandesa que fue usada con poder por Dios hace varias décadas. Durante la Segunda Guerra Mundial, Corie y su hermana Betsie conjuntamente con el padre de ambas fueron arrestadas por los nazis, acusados de esconder judíos en su hogar y fueron enviados a un campo de concentración. Su padre y su hermana Betsie murieron en la prisión, y cuando ella fue liberada regresó sola a su casa. Después de la guerra, Corie ten Boon se dedicó a predicar la Palabra de Dios por todo el mundo. En una ocasión, mientras predicaba acerca del poder de la oración, Corie contó esta anécdota sucedida en los días de su cautiverio:

“Una mañana me desperté con un resfriado terrible y le dije a Betsie: - ¿Qué puedo hacer? Ni siquiera tengo un pañuelo. - Ora - me dijo ella - Me sonreí. Pero ella oró. – “Padre, Corie está resfriada y no tiene un pañuelo. Por favor, suple uno para ella. En el nombre de Jesús, Amén”. No pude evitar la risa, pero cuando ella dijo “Amén”, escuché que me llamaban. Fui a la ventana, y allí estaba mi amiga, que trabajaba en el hospital de la prisión. - ¡Rápido, rápido! Toma este paquetito, es un pequeño regalo para ti. Abrí el paquetito y dentro había un pañuelo. - ¿Cómo se te ocurrió traerme esto? ¿Cómo sabías que estoy resfriada? - No lo sabía, pero estaba doblando pañuelos en el hospital y una voz en mi corazón me dijo: “Llévale uno a Corie ten Boon”. - ¡Qué milagro! ¿Entienden lo que ese pañuelo me dijo en aquel momento? Me dijo que en el cielo hay un Padre amoroso que oye cuando una de sus hijas, en este pequeñísimo planeta, pide una cosa insignificante e imposible: un pañuelo. Y ese Padre celestial dice a otra de sus hijas que le lleve uno a Corie ten Boon”.

En Mateo 9:27-30 leemos una pequeña historia acerca de dos ciegos que se acercaron a Jesús, pidiéndole que los sanara. El Señor entonces les preguntó: “¿Creéis que puedo hacer esto?” Ellos inmediatamente contestaron: “Sí, Señor”. Entonces Jesús les tocó los ojos diciéndoles: “Conforme a vuestra fe os sea hecho”. Y ambos recobraron la vista. Sin lugar a dudas, la clave de este milagro de nuestro Señor fue la fe de aquellos ciegos. Ellos estaban seguros de que Jesús podía devolverles la vista a pesar de que humanamente era totalmente imposible. Ahora bien, no es necesario que nos encontremos en una situación que requiera un milagro divino. Dios está al tanto de todas nuestras necesidades (aún las más pequeñas e insignificantes) y las suple con amor “conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús”, como dice el pasaje de hoy. Sólo tenemos que creer. Así lo afirma Jesús en Mateo 21:22 “Todo lo que pidiereis en oración, creyendo, lo recibiréis”.

Dios contesta la oración, y sus promesas son una realidad mayor que nuestros problemas. ¡Qué Padre tan maravilloso! Sólo tenemos que acercarnos a él trayéndole nuestros problemas y confiar en su amor y su poder, como nos dice Hebreos 4:16: “Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro”. No te cohíbas de traer ante tu Padre celestial aun el más pequeño de tus problemas o necesidades. Él está esperando para darte la respuesta más conveniente para ti. Cuando oramos con fe, y esperamos con paciencia, Dios contestará nuestras oraciones, oportunamente, en su perfecto tiempo y de acuerdo a lo que él sabe es lo mejor para nosotros.

ORACIÓN:
Mi amante Padre celestial, gracias mi Dios, por tus promesas de ayudarme y suplir mis necesidades. Aumenta mi fe, para que yo no vacile ni un instante en acudir a tu trono de gracia en busca de ayuda en mis necesidades, aún en las más simples e insignificantes. En el nombre de Jesús, Amén.

¡Gracia y Paz!

martes, 1 de julio de 2014

DIOS QUIERE LLEVARTE POR UN PROCESO...

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¿Necesitas Fortaleza Espiritual?



¿Necesitas Fortaleza Espiritual?

La única manera que tiene una mujer creyente para recibir fortaleza en su ánimo, es el Espíritu Santo. Ese poder está a tu alcance, mi amada hermana. Si Cristo vive en tu corazón entonces estás conectada a la fuente de poder que te va a levantar y a sostener en cualquier situación difícil que enfrentes hoy. No es sólo la fuerza física externa, es la fortaleza en tu corazón, es un poder para poder creer por encima de cualquier situación que estés viviendo, es el poder que te va a ayudar a perseverar en tu fe para no volver atrás.

Fortalécete con el Espíritu Santo en esa enfermedad, en ese pleito legal, en ese desempleo, en esa relación rota, en este tiempo de desierto.

Oración:
“Precioso y amado Padre Celestial, por favor permite que tu santo Espíritu, venga y llene hoy todo mi ser con su unción fresca y poderosa; que traiga fuerza y poder en mi ánimo, que me fortalezca en ti para soportar cualquier cosa que hoy enfrente; porque sé que sólo con tu ayuda veré tu gloria en mi vida. En el nombre de Jesús, Amén”.

“Pido al padre que de su gloriosa riqueza les dé a ustedes, interiormente, poder y fuerza por medio del Espíritu de Dios” (Efesios 3:16) (NTV).


¡Gracia y Paz!

Mujer de Vanguardia

10 HÁBITOS DE LAS PAREJAS FELICES



10 Hábitos de las parejas felices
(El Número 5 Es El Consejo Más Valioso que he escuchado)

“¿Qué se necesita para ser feliz en una relación?” Aquí proponemos algunos consejos para mejorar la vida en pareja.

Si bien no existe un secreto mágico para lograrlo, si hay ciertos hábitos que contribuyen a su bienestar.

1. Van a la cama al mismo tiempo

Las parejas felices suelen resistir a la tentación de ir a acostarse en diferentes momentos. “Van a la cama al mismo tiempo, incluso si uno de los dos se levanta luego para hacer cosas mientras su pareja duerme”, “cuando tocan su piel aún sienten un pequeño hormigueo, a menos que uno o ambos estén tan agotados como para sentirse sexualmente excitados”.

2. Cultivan intereses comunes

Cuando la pasión baja sus niveles, es común que las parejas se den cuenta que tienen pocos intereses en común. Por ello, no hay que restarle importancia a las actividades que pueden desarrollar y disfrutar en conjunto.

“Si los intereses comunes no están presentes, las parejas felices los desarrollan”, recomendando también tener actividades por separado, para que la relación no se vuelva demasiado dependiente.

3. Caminan de la mano o van uno al lado del otro

En lugar de que uno de los dos se vaya quedando atrás porque camina más lento o se detiene a ver algo, se recomienda andar cómodamente al lado de la pareja, y mejor aún si se toman la mano. Si uno quiere parar a observar alguna cosa, es mejor hacerlo juntos, o se pierde el sentido de compañía.

4. Confían y perdonan

En los desacuerdos o discusiones rutinarias que no llegan a resolución, las parejas felices no se desgastan, se perdonan mutuamente y confían el uno en el otro, en lugar de guardar rencor y mantenerse de mala gana en la relación.

5. Se centran más en lo que su pareja hace bien que en lo que hace mal

Si comienzas a buscar cosas malas en tu pareja, siempre encontrarás algo. Si haces lo contrario, es decir, buscas lo bueno, también hallarás cosas. “Todo depende de lo que quieres buscar. Las parejas felices acentúan lo positivo”.

6. Se abrazan al reencontrarse después del trabajo o actividades

“Nuestra piel tiene una memoria de “buenas caricias” (amor), “malas caricias” (abuso) y “sin caricias” (descuido). Las parejas que se saludan con un abrazo mantienen su piel bañada por “buenas caricias”.

7. Dicen “te amo” y “que tengas un buen día” todas las mañanas

Es una manera de cultivar la paciencia y la tolerancia, pues es una buena forma de empezar un día que depara problemas, dificultades y otras molestias que podrían darse en el trabajo.

8. Dicen “Buenas noches” cada noche, independientemente de cómo se sientan

“Esto le dice a tu pareja que, sin importar lo mal que estás con él o ella, aún quieres estar en la relación. Dice que lo que tú y tu pareja tienen es más grande que cualquier incidente perturbador”.

9. Llaman o envían un pequeño mensaje a su pareja durante el día

Llamar o enviar un pequeño mensaje preguntando cómo va el día del otro, es un hábito de las parejas felices. Ayuda a mantener la complicidad y conexión aún cuando no se ven, y permite estar más en sintonía cuando se ven después del trabajo. Puedes saber si tu pareja está teniendo un día horrible o tuvo un gran logro que pueden compartir cuando se reencuentren.

10. Se sienten complacidos de estar con su pareja

A las parejas felices les gusta verse juntos y cuando están en público suelen darse la mano, apoyar su mano sobre el hombro, espalda o rodilla del otro, etc. Muestran la conexión que existe entre ellos, a veces sin darse cuenta.

Un hábito es un comportamiento discreto que para transformarse en automático, necesita un poco esfuerzo para mantenerlo y cultivarlo. En este sentido, aquellos que tienen problemas de pareja, pueden seleccionar uno de los puntos señalados y llevarlo a cabo. Además, si en un comienzo no funciona, aconseja no desesperarse y simplemente retomarlo.

Lucas 6:31
“Y como queréis que os hagan los hombres, así también hacedles vosotros”


¡Gracia y Paz!
Edificando Matrimonios conforme al propósito de Dios


ORACIÓN



¿ESTÁS GOZANDO DEL PRIVILEGIO DE ADORAR A DIOS?



¿Estás gozando del privilegio de adorar a Dios?

Hebreos 12:18-24
“Porque no os habéis acercado al monte que se podía palpar, y que ardía en fuego, a la oscuridad, a las tinieblas y a la tempestad, al sonido de la trompeta, y a la voz que hablaba, la cual los que la oyeron rogaron que no se les hablase más, porque no podían soportar lo que se ordenaba: Si aun una bestia tocare el monte, será apedreada, o pasada con dardo; y tan terrible era lo que se veía, que Moisés dijo: Estoy espantado y temblando; sino que os habéis acercado al monte de Sion, a la ciudad del Dios vivo, Jerusalén la celestial, a la compañía de muchos millares de ángeles, a la congregación de los primogénitos que están inscritos en los cielos, a Dios el Juez de todos, a los espíritus de los justos hechos perfectos, a Jesús el Mediador del nuevo pacto, y a la sangre rociada que habla mejor que la de Abel”.

El cartel afuera de la iglesia dice: “Culto de adoración: Domingos 11 AM”. Esto debía detener el tránsito. Los que pasan por allí deberían sacar sus bolígrafos y anotar la hora en sus agendas. Debía todo el mundo estar consciente de que cuando una iglesia se reúne para adorar suceden cosas maravillosas. Lamentablemente, aún hay muchos que dicen ser cristianos que ignoran el profundo impacto espiritual de una verdadera adoración.

En la escritura de hoy, se nos hace énfasis del privilegio y la gloria que conlleva la verdadera adoración para aquellos que hemos aceptado a Jesucristo como Salvador. Primeramente nos remonta a la época del éxodo de los israelitas, cuando fueron liberados de la esclavitud en Egipto, y después de marchar por el desierto llegaron al Monte Sinaí donde Dios los esperaba. El escenario que tenían enfrente en aquel momento era verdaderamente intimidante: El monte “ardía en fuego”, una gran oscuridad les rodeaba, en medio de una violenta tempestad se escuchaba el ensordecedor sonido de una trompeta, y por encima de todo esto resonaba una voz de una manera tan amenazadora que “los que la oyeron rogaron que no se les hablase más, porque no podían soportar lo que se ordenaba”. La escena era tan aterradora que el mismo Moisés dijo: “Estoy espantado y temblando”. Esto describe de manera clara la naturaleza y el ministerio de la ley. Es una revelación de las justas demandas de Dios y de su ira contra el pecado.

En Éxodo capítulo 20, la Biblia describe aquel momento. Dice el versículo 18 que “ante ese espectáculo de truenos y relámpagos, de sonidos de trompeta y de la montaña envuelta en humo, los israelitas temblaban de miedo y se mantenían a distancia”. El pasaje de hoy continúa diciendo que ahora nos hemos acercado “al monte de Sion, a la ciudad del Dios vivo, Jerusalén la celestial, a la compañía de muchos millares de ángeles, a la congregación de los primogénitos que están inscritos en los cielos, a Dios el Juez de todos, a los espíritus de los justos hechos perfectos, a Jesús el Mediador del nuevo pacto, y a la sangre rociada que habla mejor que la de Abel”. Los creyentes no hemos venido a la abrumadora escena del Sinaí bajo los efectos de la ley, sino a la preciosa manifestación de la gracia provista por la sangre del Cordero de Dios, quien con su muerte en la cruz del Calvario hizo que “el velo del templo se rasgara en dos, de arriba abajo” (Marcos 15:38). Ahora tenemos entrada al Lugar Santísimo. No tenemos que mantenernos “a distancia”, sino que podemos acercarnos “confiadamente al trono de la gracia” (Hebreos 4:16). Este es el resultado de la obra redentora de nuestro Señor Jesucristo.

Jesús le habló claramente sobre esto a la mujer samaritana junto al pozo de Jacob. Allí le dijo: “Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren. Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren” (Juan 4:23-24).

Reflexiona cuidadosamente en la escritura de hoy y pídele al Señor que te dé discernimiento espiritual para entender el precioso privilegio que, como hijo o hija de Dios, tienes de acercarte a su trono de gracia y disfrutar profundamente de un tiempo de genuina adoración.

ORACIÓN:
Amante Padre celestial, yo anhelo adorarte en espíritu y en verdad, como tú quieres que te adoren. Pon en mi corazón un sincero deseo de alabarte y proclamar tu gloria, y así unirme a las legiones de ángeles que constantemente alaban y glorifican tu santo nombre. Por Cristo Jesús, Amén.

¡Gracia y Paz!

Dios te Habla

lunes, 30 de junio de 2014

¿CREES QUE TUS ORACIONES SERÁN CONTESTADAS?



¿CREES QUE TUS ORACIONES SERÁN CONTESTADAS?

Juan 16:23-27
“En aquel día no me preguntaréis nada. De cierto, de cierto os digo, que todo cuanto pidiereis al Padre en mi nombre, os lo dará. Hasta ahora nada habéis pedido en mi nombre; pedid, y recibiréis, para que vuestro gozo sea cumplido. Estas cosas os he hablado en alegorías; la hora viene cuando ya no os hablaré por alegorías, sino que claramente os anunciaré acerca del Padre. En aquel día pediréis en mi nombre; y no os digo que yo rogaré al Padre por vosotros, pues el Padre mismo os ama, porque vosotros me habéis amado, y habéis creído que yo salí de Dios”.

Al haber aceptado a Jesucristo como nuestro Salvador hemos sido “justificados” y también reconciliados con Dios, dice Romanos 5:1. Nuestra unión con Cristo por medio de su sangre derramada hizo posible que ahora tengamos una relación de intimidad con Dios Padre. Este es el resultado fundamental de nuestra salvación. Pero hay otros aspectos muy importantes que se derivan de este extraordinario evento en nuestras vidas:

Acceso: La Biblia nos asegura que podemos llegarnos ante el trono de la gracia de Dios con toda confianza. Hebreos 4:16 dice: “Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro”. La razón es que la muerte y resurrección de Cristo eliminó la culpa que pesaba sobre nosotros, perdonando nuestros pecados y derribando las barreras que nos impedían el acceso a Dios el Padre.

Autoridad: Por la obra de la sangre de Jesús derramada en la cruz del Calvario, los creyentes hemos pasado de la esclavitud del pecado a la condición de hijos de Dios, lo cual nos hace sus herederos. Dice Gálatas 4:7: “Así que ya no eres esclavo, sino hijo; y si hijo, también heredero de Dios por medio de Cristo”. Como tales, hemos recibido su autoridad y tenemos el derecho de orar en el nombre de Jesús, el cual está a la diestra del Padre e intercede por nosotros (Romanos 8:34).

Acuerdo: Para orar en el nombre de Jesús, no solamente debemos tener su autorización, sino que también debemos estar de acuerdo con él. Si pedimos algo que está fuera de la voluntad de Dios, podemos tener la seguridad de que no vamos a recibirlo. Nuestra petición debe reflejar el carácter de Jesucristo y la sustancia de sus palabras. Así lo afirmó Jesús en Juan 15:7: “Si permanecéis en mi, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queráis y os será hecho”. Cuando permanecemos en la palabra de Dios y pedimos conforme a su voluntad, debemos tener la absoluta seguridad de que nuestra oración será escuchada y contestada. Sobre esta base, en el pasaje de hoy, Jesús nos garantiza que “todo cuanto pidiereis al Padre en mi nombre, os lo dará”.

Entonces, ¿podemos estar seguros de que Dios contestará todas las oraciones que elevemos a él en el nombre de Jesús? En primer lugar debemos tener en cuenta que nuestro Padre celestial no va a darnos algo que pueda traer desgracia a nuestras vidas, de la misma manera que un padre terrenal que ama a su niño no le va a dar un filoso cuchillo o cualquier otra arma peligrosa aunque el pequeño la pidiere. En esencia, cuando pedimos algo en el nombre de Jesús, estamos diciendo que nosotros creemos que el propio Jesús pediría lo mismo si se encontrara en nuestra situación.

Una vez entendemos todo esto, y lo creemos de corazón podemos esperar confiadamente la respuesta de Dios a nuestras oraciones conforme a sus planes para nuestras vidas, los cuales son “planes de bienestar” (Jeremías 29:11), de acuerdo a su voluntad que es “agradable y perfecta” (Romanos 12:2), y en el tiempo que él estime conveniente. David escribió en el Salmo 37:7: “Guarda silencio ante Jehová, y espera en él”. Cuando seguimos las instrucciones del Señor y esperamos en él confiadamente, recibiremos mucho más de lo que esperamos porque él “es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos”, dice Efesios 3:20.

ORACIÓN:
Amante Padre celestial, gracias por Jesucristo, por la salvación que nos has dado a través de él y por la seguridad que tenemos de que podemos acercarnos a ti en cualquier momento con nuestras necesidades, sabiendo que tú las suplirás conforme a tu voluntad. Por favor, ayúdame a permanecer en tu palabra y a obedecerla como lo hizo Jesús. En su santo nombre te lo pido, Amén.

¡Gracia y Paz!

Dios te Habla

¿NO SABES CÓMO DAR EL PRIMER PASO PARA RESOLVER LOS PROBLEMAS QUE TIENES?



¿No sabes cómo dar el primer paso para resolver los problemas que tienes?

Deuteronomio 2:24-25
"Levantaos, salid, y pasad el arroyo de Arnón; he aquí he entregado en tu mano a Sehón rey de Hesbón, amorreo, y a su tierra; comienza a tomar posesión de ella, y entra en guerra con él. Hoy comenzaré a poner tu temor y tu espanto sobre los pueblos debajo de todo el cielo, los cuales oirán tu fama, y temblarán y se angustiarán delante de ti".

Esta escritura nos cuenta acerca de una gran tarea que Dios encomendó a Moisés, y de las instrucciones que le dio para llevarla a cabo. Después de casi 40 años en el desierto, el Señor le dijo a Moisés que se aproximaba el momento en el que su pueblo tomaría posesión de la tierra que él les había prometido. La primera tarea era tomar la tierra de Hesbón, la cual se encontraba entre los israelitas y Canaán, su destino final, y cuyo rey, llamado Sehón, Dios había “entregado” en su mano. La orden de Dios fue: “Comienza a tomar posesión de ella, y entra en guerra con él”. Claro que Dios pudo haber eliminado a Sehón y su pueblo sin la ayuda de nadie, pero él mandó a Moisés y los israelitas a dar el primer paso.

Moisés obedeció las órdenes de Dios, y tal como fue prometido, el rey Sehón fue derrotado y el pueblo de Israel tomó posesión de toda su tierra, del ganado y de sus riquezas (Deuteronomio 2:26-37). Pero esto no fue todo, sino que más adelante les salió al encuentro Og rey de Basán y todo su pueblo, con el fin de pelear con ellos. Y Jehová le dijo a Moisés: “No tengas temor de él, porque en tu mano he entregado a él y a todo su pueblo, con su tierra; y harás con él como hiciste con Sehón rey amorreo”. De nuevo Moisés obedeció dando un paso al frente, y a todos ellos los entregó Dios en manos de los israelitas (Deuteronomio 3:1-7).

Más adelante, Dios decidió que sería Josué, en lugar de Moisés, el que guiaría a los israelitas en su entrada a la tierra prometida. En Josué capítulo 3, el Señor le habla al nuevo líder y le asegura: “Como estuve con Moisés, así estaré contigo” (v.7). Entonces le da órdenes específicas de como cruzar el río Jordán: “Tú, pues, mandarás a los sacerdotes que llevan el arca del pacto, diciendo: Cuando hayáis entrado hasta el borde del agua del Jordán, pararéis en el Jordán. Y cuando las plantas de los pies de los sacerdotes que llevan el arca de Jehová, Señor de toda la tierra, se asienten en las aguas del Jordán, las aguas del Jordán se dividirán; porque las aguas que vienen de arriba se detendrán en un montón” (Josué 3:8-13). Ciertamente se necesitaba fe y valor para entrar caminando a un río tan caudaloso. Pero tan pronto ellos obedecieron las instrucciones, y los pies de los sacerdotes se mojaron, las aguas del Jordán fueron divididas en dos, “y el pueblo pasó en dirección de Jericó” (v.15-16).

De todo esto aprendemos una gran lección que debemos aplicar a nuestras vidas: Dios está siempre dispuesto a ayudarnos a resolver cualquier problema al que nos enfrentemos, pero él espera que nosotros mostremos nuestra fe dando un paso al frente. Entonces él se encargará del resto y nos dará la victoria. Es una tarea en la que nosotros participamos. Dios hace la parte principal, pero nosotros debemos ser obedientes y unirnos a él.

Jesús nos habla de una manera similar en Mateo 11:28-29 cuando nos dice: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros...” Cuando se coloca el yugo sobre dos bueyes se está tratando de lograr dos cosas: repartir la carga del trabajo entre los dos y sobretodo asegurarse de que el menos experimentado de los dos bueyes se someta a la dirección del más experimentado, el cual ya conoce el camino a seguir. Jesús espera que demos el primer paso, es decir venir a él. Entonces nos exhorta a dejarnos guiar por él que conoce el camino que lleva a la victoria.

Si sientes temor ante los problemas o la tarea que tienes frente a ti, clama a Dios y pídele que te muestre el camino que debes seguir, y que te dé el valor para dar el primer paso. Una vez lo hagas, el Señor se encargará de lo demás.

ORACIÓN:
Padre santo, dame discernimiento espiritual para poder ver el camino que tú quieres que yo siga, y dame la fe y el valor para dar el primer paso aunque me parezca una tarea imposible para mí. En el nombre de Jesús, Amén.

¡Gracia y Paz!
Dios te Habla

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sábado, 28 de junio de 2014

Salmo 27:1



Salmo 32:10



ORACION


ORACIÓN:

Mi amado Padre celestial, te ruego pongas en mi corazón el fuego de tu Espíritu para amarte con la pasión y el fervor que tú mereces, y ayúdame a demostrarte mi amor amando a los demás de la manera en que tú me amas a mí. En el nombre de Jesús, Amén.

¿CÓMO DEMUESTRAS TU AMOR A DIOS?



¿Cómo demuestras tu amor a Dios?

Juan 14:21
“El que tiene mis mandamientos, y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ama, será amado por mi Padre, y yo le amaré, y me manifestaré a él”.

Un consejero cristiano famoso, dice que la mayoría de las personas expresan su amor hacia los demás a través del contacto, dando, sirviendo, compartiendo un buen tiempo, haciendo regalos o diciendo “te amo” con acciones que puedan expresarlo más efectivamente que las palabras. A veces algo tan sencillo como una palmada en la espalda o un brazo alrededor del hombro pueden hacerle sentir a alguien cuánto le apreciamos.

Al igual que entre las personas existen estas demostraciones de amor, también nosotros podemos mostrarle nuestro amor a Dios. ¿De qué manera podemos demostrarle al Señor que le amamos? La Biblia está llena de pasajes que nos enseñan diferentes formas de expresarle a nuestro Padre celestial el amor que sentimos por él. Una de ellas es por medio de nuestra obediencia. En el pasaje de hoy Jesús dice: “El que tiene mis mandamientos, y los guarda, ése es el que me ama”. Es decir, el que ama al Señor es aquel que no solamente conoce sus mandamientos sino que los obedece. Por el contrario, el que no le obedece es porque no le ama. Así dice el Señor más adelante en este capítulo: “El que no me ama, no guarda mis palabras”.

También mostramos amor a Dios consolando a los que sufren, así como viviendo una vida de santidad. El apóstol Santiago escribe en su epístola que “la religión pura y sin mácula delante de Dios el Padre es esta: Visitar a los huérfanos y a las viudas en sus tribulaciones, y guardarse sin mancha del mundo” (Santiago 1:27). Es decir, hechos y no solamente palabras expresan mucho mejor el amor que proviene del Espíritu Santo, y que por lo tanto agrada a nuestro Padre celestial. Cuando le damos ánimo a alguien en medio de una situación difícil, agradamos a Dios, y así le mostramos nuestro amor.

Cada vez que de alguna manera ayudamos a un necesitado, estamos demostrando al Señor que le amamos. La Biblia nos habla en Mateo 25:31-46 acerca del día cuando Jesús regrese en su gloria a juzgar a las naciones. Allí el Señor “apartará los unos de los otros, como aparta el pastor las ovejas de los cabritos. Y pondrá las ovejas a su derecha, y los cabritos a su izquierda. Entonces el Rey dirá a los de su derecha: Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo. Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me recogisteis; estuve desnudo, y me cubristeis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a mí. Entonces los justos le responderán diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te sustentamos, o sediento, y te dimos de beber? ¿Y cuándo te vimos forastero, y te recogimos, o desnudo, y te cubrimos? ¿O cuándo te vimos enfermo, o en la cárcel, y vinimos a ti? Y respondiendo el Rey, les dirá: De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis”. Entonces Jesús dirá a los de su izquierda, los cuales no hicieron nada de esto: “De cierto os digo que en cuanto no lo hicisteis a uno de estos más pequeños, tampoco a mí lo hicisteis. E irán éstos al castigo eterno, y los justos a la vida eterna”.

Finalmente, demostramos nuestro amor al Señor cuando pasamos tiempo con él diariamente. No hay señal más evidente de amor por una persona que desear estar a su lado el mayor tiempo posible. David expresa su amor por Dios, y nos exhorta a que lo hagamos nosotros cuando nos dice: “Deléitate asimismo en el Señor, y él te concederá las peticiones de tu corazón” (Salmo 37:4). Deleitarse es sentir una gran satisfacción o placer al hacer algo. Si de verdad amamos al Señor, disfrutaremos plenamente de su compañía; por tanto nos resultará fácil separar un tiempo todos los días para acercarnos a él en oración y meditar en su palabra.

ORACIÓN:
Mi amado Padre celestial, te ruego pongas en mi corazón el fuego de tu Espíritu para amarte con la pasión y el fervor que tú mereces, y ayúdame a demostrarte mi amor amando a los demás de la manera en que tú me amas a mí. En el nombre de Jesús, Amén.

¡Gracia y Paz!

Dios te Habla