miércoles, 18 de marzo de 2015
martes, 17 de marzo de 2015
¡DEJA YA TU VIDA DE PECADO, DIOS QUIERE RESTAURARTE!
¡DEJA YA TU VIDA DE PECADO, DIOS QUIERE RESTAURARTE!
2 Crónicas 7:14-15
“Si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi
nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus
malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y
sanaré su tierra. Ahora estarán abiertos mis ojos y atentos mis oídos a la
oración en este lugar”
En el principio de la Creación, Dios preparó un lugar con
todo lo necesario para que el hombre pudiera suplir sus necesidades físicas, y
por medio de la comunión con el Creador supliría todas las necesidades
espirituales y emocionales. Al principio el plan de Dios marchó a las mil
maravillas. Había comunión constante entre él y Adán y Eva, y ellos disfrutaban
de la paz y el gozo que produce la presencia del Señor. Ellos dependían de Dios
y él suplía todo lo que necesitaban. Era una relación de amor mutuo. Todo era
perfecto. Pero entonces hizo su aparición la serpiente (Génesis 3), y
astutamente logró que Eva primero, y Adán después comieran del árbol de la
ciencia del bien y del mal, desobedeciendo a Dios. Como consecuencia se rompió
la comunión de ellos con el Señor, y se acabó la paz y la felicidad que
disfrutaban.
Desde ese instante hasta nuestros días el ser humano se
ha ido degenerando en todos los aspectos, físico, moral y espiritualmente. Pero
Dios, en su inmensa misericordia, ha provisto una forma de detener esa
degeneración y reparar el terrible daño. Con ese fin envió a su Hijo
Jesucristo, el cual murió en la cruz del Calvario derramando su sangre como
propiciación por nuestros pecados. Tres días después resucitó, venciendo la
muerte y preparando el camino de la salvación para “todo aquel que en él cree” (Juan
3:16). Si nos humillamos y reconocemos que somos pecadores y abrimos el corazón
a Jesucristo, nuestros pecados son perdonados. Entonces comienza el proceso de
santificación, el cual se lleva a cabo por medio de la obra continua del
Espíritu Santo, con el fin de restaurar nuestras vidas. El diccionario de la
Real Academia Española define la palabra “restaurar” de la siguiente manera:
“Reparar, volver a poner una cosa en el estado que tenía antes”. Esto es
exactamente lo que Dios desea lograr en cada uno de nosotros.
Antes del acto de desobediencia de Adán y Eva, Dios
ocupaba el trono de sus corazones, él era el Rey en esa relación. Al pecar, el
hombre bajó a Dios del trono y se subió él. Ahí comenzó la desgracia de este
mundo. Ahora, por la gracia de Dios, el hombre tiene la oportunidad de aceptar
el sacrificio de Cristo, bajarse del trono y dejar que el Señor lo ocupe de
nuevo, como al principio. Al igual que una pintura que ha sufrido daño o
deterioro por alguna causa puede ser restaurada de manera que vuelva a ser como
era originalmente, nosotros podemos ser restaurados de manera que lleguemos a
ser como el original, a imagen y semejanza de Dios. Este es el propósito de
Dios, que seamos “hechos conformes a la imagen de su Hijo” (Romanos 8:29).
El pasaje de hoy cuenta que Dios se apareció ante el rey
Salomón, y le habló acerca de lo que el pueblo de Israel debía hacer para que
sus pecados fueran perdonados y su tierra fuera sanada. Han transcurrido más de
dos mil cuatrocientos años desde esa declaración, y cada día vemos a nuestro
alrededor más señales del deterioro moral y espiritual en el que ha caído la
humanidad, pero esas poderosas palabras permanecen vigentes sobre la faz de
este mundo que tan necesitado está del perdón de Dios y de su sanidad. Es
necesario leer la Palabra de Dios, pasar tiempo en oración diariamente y
cambiar la dirección en la que vamos.
Si tú crees que necesitas restauración, presta atención a
esta enseñanza que muestra claramente los pasos a seguir. El primero es aceptar
a Jesucristo como tu salvador. Después somete a Dios tu vida, y permite que su
Santo Espíritu haga en ti su obra de restauración. Pronto comenzarás a
experimentar una milagrosa transformación, y podrás disfrutar del gozo y la paz
de Dios, como era al principio.
ORACIÓN:
Bendito Dios, hoy vengo ante ti con un corazón contrito y
humillado, en busca del perdón, la sanidad y la restauración que sólo tú puedes
ofrecer. Te pido también que tengas misericordia de los que viven en las
tinieblas del pecado, y te manifiestes con todo tu poder moviéndolos al
arrepentimiento y la búsqueda de tu perdón. En el nombre de Jesús, Amén.
¡Gracia y Paz!
Dios te Habla
lunes, 16 de marzo de 2015
EL QUE RECHAZA LA SANTIDAD NO RECHAZA AL HOMBRE SINO A DIOS
Si hablar de Santidad
externa es ser legalista, pues entonces el primer legalista es Dios.
Lo que me gusta de tocar este tema es que siempre para
los cristianos que andan en la luz, esto es leche que alimenta y dulce al
paladar. Pero para los que andan en tinieblas, esto es espada de dos filos, como
dice Hebreos 4:12. Pero no los culpo, en sus congregaciones nunca les enseñan
la Santidad porque el pastor no quiere meterse en camisa de once varas, como
dicen por ahí. Muchas citas bíblicas respaldan que Dios demanda SANTIDAD. Nuestro
cuerpo es templo del Espíritu Santo (1 Corintios 3:16-17, 1 Corintios 6:19-20).
Se debe guardar en Santidad como lo demanda la Palabra (1 Tesalonicenses 5:23,
1 tesalonicenses 4:7, 2 corintios 7:1, Levítico 11:44, Levítico 19:2, Levítico
20:7, Levítico 20:26, Hebreos 12:14, 1 Pedro 1:16).
El que rechaza la santidad no rechaza al hombre sino a
Dios y cuando se habla de Santidad también se habla de apartarse del mal, del
mundo, de todos los deseos carnales y santificarse espiritual y físicamente. También
1 tesalonicenses 4:3 dice que la voluntad de Dios es nuestra santificación y el
verso 8 dice: “Así que, el que desecha esto, no desecha a hombre, sino a Dios,
que también nos dio su Espíritu Santo”.
¡Gracia y Paz!
Tomado de: Joshua Rojas
¿ERES UNA HERRAMIENTA ÚTIL EN LAS MANOS DEL SEÑOR?
Romanos 12:4-8
“Porque de la manera que en un cuerpo
tenemos muchos miembros, pero no todos los miembros tienen la misma función,
así nosotros, siendo muchos, somos un cuerpo en Cristo, y todos miembros los
unos de los otros. De manera que, teniendo diferentes dones, según la gracia
que nos es dada, si el de profecía, úsese conforme a la medida de la fe; o si
de servicio, en servir; o el que enseña, en la enseñanza; el que exhorta, en la
exhortación; el que reparte, con liberalidad; el que preside, con solicitud; el
que hace misericordia, con alegría”.
Como parte del cuerpo de Jesucristo, todos los miembros
de su iglesia tenemos la encomienda de ser instrumentos en su propósito de
transformar al mundo por medio del conocimiento de la verdad y el poder de su
evangelio. El pasaje de hoy nos enseña que, al igual que los miembros del
cuerpo humano, no todos tenemos la misma función, sino que debemos actuar
conforme al don que nos fue dado por el Espíritu Santo. (1 Corintios 12:11). La
iglesia es como una caja de herramientas destinadas a llevar a cabo una tarea.
Hay diversos tipos de herramientas en esa caja, de diferentes tamaños y formas,
cada una de ellas con una cierta función. De vez en cuando, el carpintero mete
la mano en la caja, y saca aquella herramienta que necesita en ese momento para
la labor específica que va a realizar. No hay herramienta mejor o más útil que
otra; todas son igualmente necesarias para la obra que se está realizando, y la
falta de una de ellas pudiera obstaculizar e incluso impedir la conclusión
satisfactoria del trabajo.
Dios te necesita para llevar a cabo sus planes de
salvación para este mundo perdido. Tú tienes una función específica que
realizar en esos planes divinos. La pregunta es: ¿Estás tú disponible para
Dios? El enemigo puede afectar tu disponibilidad como herramienta si logra
poner dudas en tu mente acerca de tu eficiencia, tu valor, tus condiciones
morales, tu capacidad o tu sabiduría. Pero si actúas en el nombre del Señor
podrás llevar a cabo tu función con excelencia. El apóstol Pablo trata sobre
este asunto en su primera carta a los Corintios donde dice: “Mirad, hermanos,
vuestra vocación, que no sois muchos sabios según la carne, ni muchos
poderosos, ni muchos nobles; sino que lo necio del mundo escogió Dios, para
avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a
lo fuerte; y lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios, y lo que no es,
para deshacer lo que es, a fin de que nadie se jacte en su presencia” (1
Corintios 1:26-29). No importa cuán débil crees tú que eres, o cuan poco
inteligente; no importa tu pasado o de dónde te sacó el Señor, lo único que
importa es si tienes un corazón dispuesto para Dios. Recuerda siempre esto:
Dios no llama a los capacitados, él capacita a los llamados que han respondido
a su voz.
Juan capítulo 20 nos cuenta que María Magdalena estaba
llorando junto al sepulcro de Jesús. Allí estaba ella sola, desconsolada,
confundida, sin esperanza, cuando de pronto se volvió, y allí estaba Jesús
junto a ella. Al principio no lo reconoció, pero cuando Jesús le dijo:
“¡María!”, ella supo que era el Maestro, que había resucitado. Entonces el
Señor la mandó que fuera a decirles a los discípulos las buenas noticias. Y “fue
entonces María Magdalena para dar a los discípulos las nuevas de que había
visto al Señor, y que él le había dicho estas cosas” (Juan 20:18). Tiempo atrás
Jesús había liberado a María Magdalena de siete demonios (Lucas 8:2). Desde
entonces ella había amado al Señor, lo había seguido, le había servido, y fue
la primera que lo vio después de su resurrección. Allí él la llamó por su
nombre, y le encomendó una tarea. Ella inmediatamente obedeció, y fue, y
transmitió a los discípulos exactamente lo que Jesús le había dicho.
Jesús hoy está a tu lado, y te llama por tu nombre, y
quiere darte una encomienda. ¿Estás tú disponible para el Señor? Al igual que
María Magdalena, ¿serás obediente y llevarás a cabo tu tarea? ¿Serás una
herramienta útil en las manos de Dios? ¿O ignorarás su llamado? Lee su palabra
diariamente, medita en ella, pasa tiempo en oración. Entonces escucharás su
voz. Tú decidirás qué hacer.
ORACIÓN:
Padre santo, te doy gracias por el privilegio que me das
de ser una herramienta en tus manos. Ayúdame a estar siempre disponible para ti
y capacítame para servirte de manera que tu nombre sea glorificado. En el
nombre de Jesús, Amén.
¡Gracia y Paz!
Dios te Habla
domingo, 15 de marzo de 2015
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