sábado, 18 de octubre de 2014

¿VES LA BONDAD DE DIOS EN TU VIDA?



Salmo 31:19
“¡Cuán grande es tu bondad, que has guardado para los que te temen, que has mostrado a los que esperan en ti, delante de los hijos de los hombres!”

Muchas veces pensamos en Dios en términos de fortaleza y poder, y aunque sabemos que es un Padre amoroso lleno de gracia y misericordia olvidamos resaltar en nuestra relación con él su infinita bondad. En el pasaje de hoy, el salmista hace énfasis en la grandeza de la bondad de Dios al decir: “¡Cuán grande es tu bondad...!”

El Diccionario de la Real Academia Española define la palabra “bondad” como “Disposición natural a hacer el bien”. Hacer el bien es fácil cuando se trata de aquellos a los cuales amamos o a los que se han portado bien con nosotros, pero es prácticamente imposible que hagamos bien a los que nos han herido u ofendido de alguna manera. Sin embargo la bondad de Dios se ha manifestado a través de los siglos aun en aquellos que le han dado la espalda y le han ofendido. La expresión más grande de la bondad de Dios se reveló en el sacrificio de su Hijo en la cruz del Calvario. En su justicia, él miró a un mundo pecador y corrupto, el cual estaba condenado a muerte por causa de sus pecados (Romanos 6:23), pero movido por su bondad y su amor infinito colocó todos nuestros pecados sobre su Hijo unigénito, para que “todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3:16).

Cuando la humanidad se encontraba sin esperanza, envuelta en sus delitos y pecados, Dios abrió la puerta para la redención por medio de la sangre de Jesucristo. Así lo expresó el apóstol Pablo en su epístola a su hijo espiritual Tito: “Porque nosotros también éramos en otro tiempo insensatos, rebeldes, extraviados, esclavos de concupiscencias y deleites diversos, viviendo en malicia y envidia, aborrecibles, y aborreciéndonos unos a otros. Pero cuando se manifestó la bondad de Dios nuestro Salvador, y su amor para con los hombres, nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo, el cual derramó en nosotros abundantemente por Jesucristo nuestro Salvador, para que justificados por su gracia, viniésemos a ser herederos conforme a la esperanza de la vida eterna” (Tito 3:3-7).

Cuando entendemos que la bondad es una expresión absoluta del carácter y la naturaleza de Dios, entonces podemos confiar en que él dispone todas las cosas (aún las que a nosotros no nos parecen buenas) para el bien de quienes le aman, y podemos descansar tranquilamente en la certeza de su bondad y su amor. Así lo dice en Romanos 8:28: “Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados” ¿Y quiénes son los que aman al Señor? Jesús nos dice en Juan 14:21: “El que tiene mis mandamientos, y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ama, será amado por mi Padre, y yo le amaré, y me manifestaré a él”.

Dios tiene planes en nuestras vidas, y éstos planes son buenos, planes de paz y de bienestar, dice Jeremías 29:11. Para que estos planes se lleven a cabo y la bondad de Dios se manifieste en nuestras vidas, es necesario que guardemos sus mandamientos y permitamos que él dirija nuestros pasos. La escritura de hoy nos afirma que Dios ha guardado su indescriptible bondad para los que te temen y los que esperan en él. Habrá ocasiones en las que tengamos que atravesar un desierto, quizás haya dificultades, escasez y sinsabores, pero si depositamos nuestra confianza en el Señor, y esperamos en él, podemos tener la absoluta seguridad que su bondad se manifestará sobre nosotros y nuestros seres queridos.

En su carta a los romanos, Pablo les recuerda que “si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, estando reconciliados, seremos salvos por su vida” (Romanos 5:10). Así es que cualesquiera sean las circunstancias que te rodeen, mantén viva en tu corazón una esperanza y una alabanza al Señor por su infinita bondad y misericordia. Así nos exhorta 1 Crónicas 16:34: “Aclamad a Jehová, porque él es bueno; porque su misericordia es eterna”

ORACIÓN:
Amante Padre celestial, te doy gracias de todo corazón por tu amor y tu bondad. Ayúdame a ser obediente y a permanecer firme esperando en ti, en todas las circunstancias, para que tu bondad se manifieste sobre mí y yo pueda disfrutar de tus bendiciones. En el nombre de Jesús, Amén.

¡Gracia y Paz!
Dios te Habla


viernes, 17 de octubre de 2014

¿SIENTES QUE TE HAN ACUSADO INJUSTAMENTE?



¿SIENTES QUE TE HAN ACUSADO INJUSTAMENTE?

Génesis 3:11-13
“Dios le dijo: ¿Quién te enseñó que estabas desnudo? ¿Has comido del árbol de que yo te mandé no comieses? Y el hombre respondió: La mujer que me diste por compañera me dio del árbol, y yo comí. Entonces Yahweh Dios dijo a la mujer: ¿Qué es lo que has hecho? Y dijo la mujer: La serpiente me engañó, y comí”.

Después que pecaron desobedeciendo las órdenes de Dios, tanto Adán como Eva, al ser confrontados por su Creador, intentaron quitarse la culpa y echarla sobre alguien. Adán culpó a Eva, y Eva culpó a la serpiente. Desde aquel momento y a través de los siglos siempre ha habido una tendencia en el ser humano a echar la culpa en los demás y descargar en ellos el temor y la frustración de una mala situación.

En muchas ocasiones la culpa cae sobre alguien que es totalmente inocente. Cualquiera de nosotros puede, en algún momento, ser acusado de algo que no ha hecho. El rey David pasó por esta experiencia. En el Salmo 31 él expresa su dolor ante la campaña de calumnias y falsas acusaciones que se estaba llevando a cabo en contra de él. Allí dijo: “Porque oigo la calumnia de muchos; el miedo me asalta por todas partes, mientras consultan juntos contra mí e idean quitarme la vida. Mas yo en ti confío, oh Yahweh; digo: Tú eres mi Dios” (Salmo 31:13-14). Sin duda eran momentos de mucho pesar los que estaba viviendo el rey David, pero él optó por dejarlo todo en manos de Dios, depositando su confianza y su seguridad en él.

También Jesús fue acusado injustamente. Fue juzgado y condenado por una muchedumbre enfurecida que prefirió darle la libertad a un ladrón asesino y que lo crucificaran a él. Sin haber cometido un solo pecado, el Señor tuvo que sufrir la horrible muerte de cruz, reservada en aquellos tiempos para los malhechores. Sin embargo, en lugar de vengarse de todos ellos, teniendo el poder para hacerlo, Jesús clamó a Dios diciendo: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen” (Lucas 23:34).

Es ciertamente muy doloroso y frustrante ser acusados injustamente. Lo más probable es que si te sucede a ti, sientas deseos de vengarte. Sin embargo, la Biblia nos advierte en Romanos 12:19: “No os venguéis vosotros mismos, amados míos, sino dejad lugar a la ira de Dios; porque escrito está: Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor”. Si tú te empeñas en vengarte, amargarás tu vida, perderás el gozo y la paz, y lo más probable es que te traiga malas consecuencias. Mejor deja que Dios se encargue del asunto, pues él lo va a hacer mucho mejor que tú. No consideres a esa persona un enemigo porque tú no tienes adversarios humanos. Recuerda que “no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes” (Efesios 6:12). Y a todos ellos los venció Jesucristo en la cruz del Calvario.

Cualquiera que te acuse injustamente indudablemente es una persona necesitada de la gracia de Dios. Va a ser necesario que pongas toda tu confianza en Dios para tratar con ella en forma piadosa, que es lo que el Señor espera. Confía en que Dios está desarrollando tu carácter aún por medio de esa persona que te ha producido sufrimiento. No le pagues con la misma moneda, no pienses en venganza, no permitas que el enemigo te use. Más bien bendice a quien te acusó y deja todo en manos de Dios. Él se encargará del asunto. ¿Te resulta imposible? Lo más probable es que si, pero yo te animo a que clames a Dios por su ayuda, y su Santo Espíritu te capacitará para logarlo. Y la paz y el gozo del Señor inundarán tu corazón.

ORACIÓN:
Padre Santo, te suplico aumentes mi fe de manera que yo deposite en ti toda mi confianza, y no intente vengarme aun cuando me hayan acusado injustamente. Por favor, saca de mi corazón todo resentimiento y dame la fuerza para actuar con misericordia, conforme a lo que tú nos enseñas en tu Palabra. En el nombre de Jesús, Amén.

¡Gracia y Paz!

Dios te Habla

jueves, 16 de octubre de 2014

PADRE, CAMBIA MI CORAZÓN...



Dios nos pide que cambiemos el odio por amor, la tristeza por alegría, la enemistad por la paz, el desasosiego por la paciencia, la maldad por bondad, la rudeza por amabilidad, la deslealtad por fidelidad, la soberbia por humildad y el descontrol o desenfreno, por control propio.

Ese cambio es muy difícil para nosotros, pero es el fruto del Espíritu de Dios en nosotros. Pídele a tu Padre celestial, que te llene con Su Espíritu y podrás cambiar y ser obediente a lo que Dios te pide. No temas a ese cambio.

¡Gracia y Paz!

Siguiendo a Jesús

EL REINO DE DIOS NO VENDRÁ CON ADVERTENCIA



“Y preguntado por los fariseos cuando había de venir el reino de Dios, les respondió y dijo: El reino de Dios no vendrá con advertencia, ni dirán: Helo aquí o helo allí, porque he aquí que el reino de Dios entre vosotros está, y dijo a sus discípulos: tiempo vendrá, cuando desearéis ver uno de los días del Hijo del Hombre y no lo veréis y os dirán: Helo aquí o helo allí. No vayáis ni sigáis, porque como el relámpago relampagueando desde una parte de debajo del cielo resplandece hasta la otra debajo del cielo, así también será el Hijo del Hombre en su día, mas primero es necesario que padezca mucho y sea reprobado de esta generación, y como fue en los días de Noe así también será en los días del Hijo del Hombre: comían, bebían, los hombres tomaban mujeres y las mujeres maridos hasta el día que entró Noé en el arca y vino el diluvio y destruyó a todos, asimismo también como fue los días de Lot: comían, bebían, compraban, vendían, plantaban, edificaban, mas el día que Lot salió de Sodoma llovió del cielo fuego y azufre y destruyó a todos. Como esto será el día en que el Hijo del Hombre se manifestará. En aquel día, el que estuviere en el terrado y sus alhajas en casa, no descienda a tomarlas, y el que en el campo, asimismo no vuelva atrás. Acordaos de la mujer de Lot. Cualquiera que procurare salvar su vida la perderá y cualquiera que la perdiere la salvará. Os digo que en aquella noche estarán dos en una cama, el uno será tomado y el otro será dejado; dos mujeres estarán moliendo juntas, la una será tomada y la otra dejada; dos estarán en el campo, el uno será tomado y el otro dejado, y respondiendo le dicen: ¿Dónde, Señor? Y él les dijo: Donde estuviere el cuerpo, allá se juntarán también las aves de rapiña” (Lucas 17:20-37).

¿ESTÁS DISPONIBLE PARA SERVIR AL SEÑOR?



¿ESTÁS DISPONIBLE PARA SERVIR AL SEÑOR?

Romanos 12:4-8
“Porque de la manera que en un cuerpo tenemos muchos miembros, pero no todos los miembros tienen la misma función, así nosotros, siendo muchos, somos un cuerpo en Cristo, y todos miembros los unos de los otros. De manera que, teniendo diferentes dones, según la gracia que nos es dada, si el de profecía, úsese conforme a la medida de la fe; o si de servicio, en servir; o el que enseña, en la enseñanza; el que exhorta, en la exhortación; el que reparte, con liberalidad; el que preside, con solicitud; el que hace misericordia, con alegría”.

Como parte del cuerpo de Jesucristo, todos los miembros de su iglesia tenemos la encomienda de ser instrumentos del Señor en su propósito de transformar al mundo por medio del conocimiento de la verdad y el poder de su evangelio. El pasaje de hoy nos enseña que, al igual que los miembros del cuerpo humano, no todos tenemos la misma función, sino que debemos actuar conforme al don que nos fue dado por el Espíritu Santo (1 Corintios 12:11). La iglesia es como una caja de herramientas destinadas a llevar a cabo una tarea. Hay diversos tipos de herramientas en esa caja, de diferentes tamaños y formas, cada una de ellas con una cierta función. De vez en cuando, el carpintero mete la mano en la caja, y saca aquella herramienta que necesita en ese momento para la labor específica que va a realizar. No hay herramienta mejor o más útil que otra; todas son igualmente necesarias para la obra que se está realizando, y la falta de una de ellas pudiera obstaculizar e incluso impedir la conclusión satisfactoria del trabajo.

Dios te necesita para llevar a cabo sus planes de salvación para este mundo perdido. Tú tienes una función específica que realizar en esos planes divinos. La pregunta es: ¿Estás tú disponible para Dios? El enemigo puede afectar tu disponibilidad como herramienta si logra poner dudas en tu mente acerca de tu eficiencia, tu valor, tus condiciones morales, tu capacidad o tu sabiduría. Pero si actúas en el nombre del Señor podrás llevar a cabo tu función con excelencia. El apóstol Pablo trata sobre este asunto en su primera carta a los Corintios donde dice: “Mirad, hermanos, vuestra vocación, que no sois muchos sabios según la carne, ni muchos poderosos, ni muchos nobles; sino que lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte; y lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios, y lo que no es, para deshacer lo que es, a fin de que nadie se jacte en su presencia”. No importa cuán débil crees tú que eres, o cuán poco inteligente; no importa tu pasado o de dónde te sacó el Señor, lo único que importa es si tienes un corazón dispuesto para Dios. A la hora de llamar, Dios no llama a los capacitados, él capacita a los llamados que han respondido a su voz.

En el libro de Juan capítulo 20 nos cuenta que María Magdalena estaba llorando junto al sepulcro de Jesús. Allí estaba ella sola, desconsolada, confundida, sin esperanza, cuando de pronto se volvió, y allí estaba Jesús junto a ella. Al principio no lo reconoció, pero cuando Jesús le dijo: “¡María!”, ella supo que era el Maestro, que había resucitado. Entonces el Señor la mandó que fuera a decirles a los discípulos las buenas noticias. Y “fue entonces María Magdalena para dar a los discípulos las nuevas de que había visto al Señor, y que él le había dicho estas cosas” (Juan 20:18). Jesús había liberado a María Magdalena de siete demonios (Lucas 8:2). Desde entonces ella había amado al Señor, lo había seguido, le había servido, y fue la primera en ver al Maestro después de su resurrección. Allí él la llamó por su nombre, y le encomendó una tarea. Ella inmediatamente obedeció, siendo un valioso instrumento para llevar a cabo los planes de Dios para este mundo.

Jesús hoy está a tu lado, y te llama por tu nombre, y quiere darte una encomienda. ¿Estás tú disponible para el Señor? Al igual que María Magdalena, ¿serás obediente y llevarás a cabo tu tarea? ¿Serás una herramienta útil en las manos de Dios? ¿O ignorarás su llamado? Lee su palabra diariamente, medita en ella, pasa tiempo en oración. Entonces escucharás su voz. Tú decidirás qué hacer.

ORACIÓN:
Padre santo, te doy gracias por el privilegio que me das de ser una herramienta en tus manos. Ayúdame a estar siempre disponible para ti y capacítame para servirte de manera que tu nombre sea glorificado. En el nombre de Jesús, Amén.

“Gracia y Paz”

Dios te Habla

ORACIÓN



Jesús hoy está a tu lado, y te llama por tu nombre, y quiere darte una encomienda. ¿Estás tú disponible para el Señor? Al igual que María Magdalena, ¿serás obediente y llevarás a cabo tu tarea? ¿Serás una herramienta útil en las manos de Dios? ¿O ignorarás su llamado? Lee su palabra diariamente, medita en ella, pasa tiempo en oración. Entonces escucharás su voz. Tú decidirás qué hacer.

ORACIÓN:

Padre santo, te doy gracias por el privilegio que me das de ser una herramienta en tus manos. Ayúdame a estar siempre disponible para ti y capacítame para servirte de manera que tu nombre sea glorificado. En el nombre de Jesús, Amén.

miércoles, 15 de octubre de 2014

2 Crónicas 6:14



2 Crónicas 6:14
“Yahweh Dios de Israel, no hay Dios semejante a ti en el cielo ni en la tierra, que guardas el pacto y la misericordia a tus siervos que caminan delante de ti de todo su corazón”

Esta fue una oración nacida en lo más profundo del corazón del rey Salomón cuando iban a dedicar el templo de Jerusalén. No se esforzó en decir cosas hermosas nada más por decirlas, sino porque salían de su ser, de la experiencia vivida con Dios. Igual nosotros cuando oremos debemos hacerlo sin decir palabras rebuscadas con la intención de tocar a la fuerza el corazón de Dios, como si quisiéramos manipular su voluntad. Basta con que expresemos lo que nace en nuestro corazón, porque orar es hablar con Dios.

Si dispones de un poco de tiempo, por favor lee 2 Crónicas 6:14-39 y descubrirás al menos doce atributos de Dios que resaltó este gobernante de Israel:

1. Dios es grande y soberano (v. 14)

2. Dios cumple sus promesas (v. 15)

3. Dios tiene poder ilimitado para cumplir sus promesas (vv. 16, 17)

4. Dios es santo (v. 18)

5. El amor de Dios por nosotros no tiene límites (vv. 19, 20, 42 b)

6. Dios escucha nuestras oraciones (v. 21)

7. Dios nos hace justicia si se lo pedimos (v. 22)

8. Dios nos perdona cuando hay arrepentimiento sincero (v. 23, 31)

9. Dios nos concede lo que le pedimos (v. 32, 33)

10. Dios nos defiende de los enemigos (vv. 34, 35)

11. Dios nos rescata de la cautividad (vv. 36-39)

12. Dios nos bendice siempre

Es necesario que conozcamos a Dios como realmente es, no como ese Dios castigador, sino como el Padre amoroso que es; un Dios que está atento a las oraciones de sus hijos y responde con poder.


¡Gracia y Paz!

Efesios 4:29



Efesios 4:29

“Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca; sino la que sea buena y sirva para edificación, para que dé gracia a los oyentes”.

ORACIÓN



¿Quieres conocer a Dios? Conoce a su Hijo Jesucristo, el Verbo encarnado, la Palabra revelada, el resplandor de la gloria de Dios y la imagen misma de su sustancia. ¿Y cómo puedes conocer a Jesucristo? Escudriñando la Palabra de Dios, meditando en ella diariamente, orando, pidiendo espíritu de sabiduría y revelación. Cuando hagas esto cada día de tu vida, el Espíritu Santo irá creando en ti las condiciones para que puedas “ver” a Dios revelado por medio de su palabra y de su santo Hijo Jesucristo.

ORACIÓN:

Padre santo, yo anhelo conocerte y vivir en comunión contigo. Te ruego me des espíritu de sabiduría y revelación para poder verte de la manera en que tú quieres que yo te vea y te conozca. En el nombre de Jesús, Amén.

¿HAS SENTIDO LA REVELACIÓN DE DIOS EN TU VIDA?



¿HAS SENTIDO LA REVELACIÓN DE DIOS EN TU VIDA?

Hebreos 1:1-4
“Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo; el cual, siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia, y quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder, habiendo efectuado la purificación de nuestros pecados por medio de sí mismo, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas, hecho tanto superior a los ángeles, cuanto heredó más excelente nombre que ellos”.

Mucha gente del mundo tiene conceptos distorsionados en cuanto a Dios, y por esa razón su perspectiva de la vida es equivocada. Muchos creen que es muy difícil conocer a Dios, y lo perciben como algo imposible de alcanzar. Sin embargo, lo cierto es que Dios desea revelarse a la humanidad y tener una íntima relación con toda su creación, por lo tanto él está muy interesado en darse a conocer al mundo. Esto lo vemos claramente a través de toda la Biblia. Por ejemplo, en la escritura de hoy, el autor de la carta a los Hebreos nos dice que Dios habló “muchas veces y de muchas maneras” a su pueblo a través de los profetas. El problema fue que el rebelde pueblo de Israel no prestó atención a sus palabras, rechazando, por tanto, los planes de bendición que Dios tenía para ellos. En Isaías 48:17-18 encontramos esta afirmación: “Así ha dicho Yahweh, Redentor tuyo, el Santo de Israel: Yo soy Yahweh Dios tuyo, que te enseña provechosamente, que te encamina por el camino que debes seguir. ¡Oh, si hubieras atendido a mis mandamientos! Fuera entonces tu paz como un río, y tu justicia como las ondas del mar”.

Yahweh Dios se revela a nosotros también a través de su creación, del mundo físico que nos rodea. El Salmo 19:1 dice: “Los cielos cuentan la gloria de Dios, y el firmamento anuncia la obra de sus manos”. Ellos nos hablan de su gloria y su majestad. El viento, las olas, los huracanes y los terremotos demuestran la fuerza y el poder de Dios. Las diferentes estaciones del año con sus diversos matices, el sol, la luna y las estrellas nos muestran el genio creador de nuestro Hacedor.

También Yahweh Dios decidió revelarse a sí mismo, a través de la conciencia del hombre. Aún aquellos que no conocen su ley, saben por instinto qué es bueno y qué es malo. Dice Romanos 2:14-15: “Porque cuando los gentiles que no tienen ley, hacen por naturaleza lo que es de la ley, éstos, aunque no tengan ley, son ley para sí mismos, mostrando la obra de la ley escrita en sus corazones, dando testimonio su conciencia, y acusándoles o defendiéndoles sus razonamientos”. Hay ateos que nunca robarían, matarían o violarían. Este principio proviene de Dios, quien ha inculcado un sentido moral en la conciencia de todo hombre. Claro que estas personas siguen los dictados de su conciencia, pero dudan de la existencia de Dios y por lo tanto no llegarán a conocerlo.

La máxima revelación de Dios a la humanidad ha sido a través de su Hijo Jesucristo, quien dejó su gloria para tomar forma de hombre, y revelarse ante nosotros. Dice el pasaje de hoy que Jesucristo es “el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia”. Y en Juan 14:7, Jesús les dice a sus discípulos: “Si me conocieseis, también a mi Padre conoceríais; y desde ahora le conocéis, y le habéis visto”. Entonces Felipe le dice al Señor que les muestre al Padre, y Jesús le contesta: “El que me ha visto a mí, ha visto al Padre” (Juan 14:9).

¿Quieres conocer a Dios? Conoce a su Hijo Jesucristo, el Verbo encarnado, la Palabra revelada, el resplandor de la gloria de Dios y la imagen misma de su sustancia. ¿Y cómo puedes conocer a Jesucristo? Escudriñando la Palabra de Dios, meditando en ella diariamente, orando, pidiendo espíritu de sabiduría y revelación. Cuando hagas esto cada día de tu vida, el Espíritu Santo irá creando en ti las condiciones para que puedas “ver” a Dios revelado por medio de su palabra y de su santo Hijo Jesucristo.

ORACIÓN:
Padre santo, yo anhelo conocerte y vivir en comunión contigo. Te ruego me des espíritu de sabiduría y revelación para poder verte de la manera en que tú quieres que yo te vea y te conozca. En el nombre de Jesús, Amén.

¡Gracia y Paz!

Dios te Habla

martes, 14 de octubre de 2014

ORACIÓN



Si buscamos el rostro del Señor en oración cada día de nuestras vidas, si escudriñamos su santa palabra, meditamos en ella y la aplicamos a nuestro diario vivir, el Espíritu Santo nos capacitará para regocijarnos en todo tiempo, y aceptar la adversidad, el sufrimiento y la tristeza con la seguridad de que será para nuestro bien, como nos afirma Romanos 8:28: “Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados”. Entonces podremos decir como el salmista: “Este es el día que hizo el Señor; nos gozaremos y alegraremos en él” (Salmo 118:24).

ORACIÓN:

Amoroso Padre, te doy gracias por tu fidelidad, no importa cuáles sean las circunstancias que me rodeen en este momento. Por favor, capacítame para disfrutar plenamente de este día, sabiendo que tú estás conmigo siempre y que todo lo que me pase, redundará en bendición para mi vida y la de mi familia. En el nombre de Jesús, Amén.

¿DISFRUTAS CON PLENITUD CADA DÍA DE TU VIDA?



¿DISFRUTAS CON PLENITUD CADA DÍA DE TU VIDA?

Génesis 8:20-22
“Y edificó Noé un altar al Señor, y tomó de todo animal limpio y de toda ave limpia, y ofreció holocaustos en el altar. Y el Señor percibió el aroma agradable, y dijo el Señor para sí: Nunca más volveré a maldecir la tierra por causa del hombre, porque la intención del corazón del hombre es mala desde su juventud; nunca más volveré a destruir todo ser viviente como lo he hecho. Mientras la tierra permanezca, la siembra y la siega, el frío y el calor, el verano y el invierno, el día y la noche, nunca cesarán”.

Había pasado el diluvio, las aguas lentamente se habían retirado, y Dios le dijo a Noé que saliera del arca con toda su familia y todos los animales que estaban con ellos. Entonces Noé edificó un altar para adorar a Dios, y al Señor le agradó y prometió no volver a maldecir la tierra por causa de la maldad del hombre. Y desde entonces la sequía y las lluvias, el frío y el calor, el verano y el invierno, el día y la noche nunca han cesado.

En una ocasión, mientras manejaba su auto camino hacia una iglesia en el campo, un pastor escuchó de uno de sus diáconos que le acompañaba la siguiente exclamación: “¡Qué fría y miserable está esta mañana! ¡Detesto esta clase de tiempo!” El pastor, sonriendo, replicó: “Precisamente le estaba dando gracias a Dios por guardar su Palabra”. --¿Qué quiere usted decir? -- preguntó el diácono. --Bueno, hace más de 3,000 años, Dios prometió que el frío y el calor y la sequía y las lluvias no cesarían, así es que esta clase de tiempo me da la seguridad de que él cumple sus promesas.

Realmente es maravilloso saber que tenemos un Dios que guarda sus promesas, porque él es el mismo Dios que nos promete una vida abundante y eterna a través de su Hijo Jesucristo. Pero para disfrutar esa vida abundante mientras estemos en este mundo, debemos aprender a aceptar con gozo todas las circunstancias que se presenten en nuestras vidas, pues todas son parte del plan de Dios con el fin de prepararnos para pasar la eternidad junto a él. Así lo expresa el apóstol Santiago: “Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas, sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia” (Santiago 1:2-3).

Al igual que las condiciones del tiempo varían de un día al otro, en el aspecto emocional y en el espiritual hay también momentos de frío y momentos de calor; también hay días soleados pero a veces el sol se oculta y negros nubarrones se forman en el cielo; hay paz y también hay tormentas, alegrías y tristezas, gozo y sufrimientos. Todo esto lo experimentaremos en el transcurso de nuestras vidas. Eclesiastés 3:1-4 dice: “Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora. Tiempo de nacer, y tiempo de morir; tiempo de plantar, y tiempo de arrancar lo plantado; tiempo de matar, y tiempo de curar; tiempo de destruir, y tiempo de edificar; tiempo de llorar, y tiempo de reír; tiempo de endechar, y tiempo de bailar”. Todo aquel que nace pasará por todas estas circunstancias en su vida, “mientras la tierra permanezca”, dice el pasaje de hoy. Pero ¡qué bueno que en medio de cualquier circunstancia, podemos confiar que el Señor no nos abandonará jamás! Jesús dijo a sus discípulos: “En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo” (Juan 16:33). Esta promesa es para todos los que hemos aceptado a Jesucristo como nuestro único y suficiente Salvador.

Si buscamos el rostro del Señor en oración cada día de nuestras vidas, si escudriñamos su santa palabra, meditamos en ella y la aplicamos a nuestro diario vivir, el Espíritu Santo nos capacitará para regocijarnos en todo tiempo, y aceptar la adversidad, el sufrimiento y la tristeza con la seguridad de que será para nuestro bien, como nos afirma Romanos 8:28: “Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados”. Entonces podremos decir como el salmista: “Este es el día que hizo el Señor; nos gozaremos y alegraremos en él” (Salmo 118:24).

ORACIÓN:
Amoroso Padre, te doy gracias por tu fidelidad, no importa cuáles sean las circunstancias que me rodeen en este momento. Por favor, capacítame para disfrutar plenamente de este día, sabiendo que tú estás conmigo siempre y que todo lo que me pase, redundará en bendición para mi vida y la de mi familia. En el nombre de Jesús, Amén.

¡Gracia y Paz!

Dios te Habla

lunes, 13 de octubre de 2014

ORACIÓN



ORACIÓN:
Padre santo, te ruego limpies mi corazón de todo rencor o amargura que esté afectando mi relación contigo y con los que me rodean. Por favor, capacítame para perdonar a los que me han herido, así como tú me has perdonado a mí. En el nombre de Jesús te lo pido, Amén.


Bendice a la persona que te ofendió. Ora por ella. Es posible que no tengas deseos de elevar a esa persona en oración, pero tienes que hacerlo si quieres ser obediente. Dios recompensará tu obediencia, el sentimiento de rencor desaparecerá, y la paz y el gozo del Señor llenarán tu corazón. Entonces podrás dormir en paz.

¿TIENES RENCOR EN TU CORAZÓN?



¿TIENES RENCOR EN TU CORAZÓN?

Efesios 4:30-32
“Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención. Quítense de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritería y maledicencia, y toda malicia. Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo”.

En el capítulo 4 de la carta a los Efesios, el apóstol Pablo enfatiza en las cualidades que deben caracterizar a una persona convertida a Cristo. Puesto que el nuevo cristiano es una nueva criatura debe ser evidente en su vida un cambio en relación a su vida anterior. En la escritura de hoy, Pablo los exhorta a “quitarse” ciertas cosas de su carácter de la misma manera que se quitarían una prenda de vestir que no piensan usar nunca más. Y completa la idea en el versículo 24 donde dice: “Y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad”.

La amargura, el enojo, la ira, son sentimientos que entristecen al Espíritu Santo, lo cual afecta nuestra relación con Dios y por lo tanto nuestro crecimiento espiritual. También nuestra relación con aquellos que nos rodean se afecta negativamente. Hebreos 12:15 dice: “Mirad bien, no sea que alguno deje de alcanzar la gracia de Dios; que brotando alguna raíz de amargura, os estorbe, y por ella muchos sean contaminados". Y si no “quitamos” de nosotros prontamente estos sentimientos negativos, irán creciendo, echarán raíces en nuestros corazones y se convertirán en algo peor, que es el rencor.

El diccionario define el rencor como “Resentimiento arraigado y tenaz”. Esto quiere decir que echa raíces y que es muy difícil de eliminar. El rencor es una barrera que nos impide vivir en paz con los demás. Por lo tanto, dice este versículo, no podremos alcanzar la gracia de Dios. El rencor poco a poco se convierte en una auto tortura que no deja dormir en paz, y afecta no solamente el aspecto espiritual, sino también el emocional y hasta el aspecto físico, pues el estrés que se produce afecta la presión arterial y el corazón, y causa problemas en el sistema digestivo, dolores de cabeza, y otras consecuencias en la salud. Y lo más interesante de todo es que la persona que siente rencor sufre mucho más que aquella que es el blanco de ese rencor, pues lo más probable es que ésta ni se acuerda de lo sucedido. Debemos, pues, eliminar el rencor de nuestros corazones. ¿Cómo lo hacemos?

El rencor es producto de un espíritu no perdonador. La única manera de eliminar el rencor de nuestro corazón es perdonando a la persona que nos hirió. El perdón es un acto de la voluntad. Debemos querer perdonar, pero al mismo tiempo tenemos que reconocer que somos débiles y que quizás no podamos perdonar por nuestras propias fuerzas. Sin embargo, el Señor está siempre dispuesto a ayudarnos, cuando clamamos a él de corazón. El primer paso es reconocer delante de Dios la existencia del rencor y confesar ante él nuestro deseo de librarnos de ese sentimiento negativo que tanto entristece su Espíritu.

Un principio bíblico puede ayudarnos en este propósito. Cuando Jesús les enseñó a sus discípulos la oración modelo, hizo énfasis en la necesidad de perdonar, diciéndoles: “Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial; mas si no perdonáis a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas” (Mateo 6:14-15). Simplemente, si queremos disfrutar plenamente del perdón de Dios, debemos perdonar a los que nos han ofendido. Estar consciente de esto puede ayudarte a perdonar a quien te ofendió.

Pero el Señor nos exhorta a ir aun más allá del perdón. En Mateo 5:44, Jesús nos dice: “Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen”. Bendice a la persona que te ofendió. Ora por ella. Es posible que no tengas deseos de elevar a esa persona en oración, pero tienes que hacerlo si quieres ser obediente. Dios recompensará tu obediencia, el sentimiento de rencor desaparecerá, y la paz y el gozo del Señor llenarán tu corazón. Entonces podrás dormir en paz.

ORACIÓN:
Padre santo, te ruego limpies mi corazón de todo rencor o amargura que esté afectando mi relación contigo y con los que me rodean. Por favor, capacítame para perdonar a los que me han herido, así como tú me has perdonado a mí. En el nombre de Jesús te lo pido, Amén.

¡Gracia y Paz!
Dios te Habla