lunes, 12 de enero de 2015
Isaías 40:31
Isaías 40:31
"Pero los que esperan en el SEÑOR Renovarán sus fuerzas. Se remontarán con alas como las águilas, Correrán y no se cansarán, Caminarán y no se fatigarán".
Efesios 4:29
Efesios 4:29
"Eviten toda conversación obscena. Por
el contrario, que sus palabras contribuyan a la necesaria edificación y sean de
bendición para quienes escuchan".
¡Gracia y Paz!
¿ESTÁS CAMINANDO CON JESÚS CADA DÍA?
¿ESTÁS CAMINANDO CON JESÚS CADA DÍA?
Colosenses 2:6
"Por tanto, de la manera que habéis
recibido al Señor Jesucristo, andad en él"
Todo mundo sabemos que caminar 30 minutos al día, es una
rutina económica y muy terapéutica. Es una de las mejores terapias preventivas
que se pueden realizar para evitar las enfermedades cardiovasculares, que nos afecta
a las personas mayores, a jóvenes deportistas y también a los niños. Caminar mejora
la salud, porque produce una mejor calidad de vida, levanta el ánimo y
fortalece los huesos.
Los cristianos no solo debemos ocuparnos de tener buena
salud física, sino también es necesario fortalecer nuestra salud espiritual
buscando al Espíritu Santo en la lectura bíblica diaria. Caminar con Cristo por
30 minutos leyendo La Biblia, indudablemente traerá a nuestra vida múltiples
beneficios. El progreso en nuestra fe será de crecimiento diario, dando
frescura a nuestra alma. Las verdades cristianas serán nuestro alimento
espiritual diario que nos mantendrá firmes para enfrentar la tentación y el
pecado.
Nunca es tarde para empezar. La palabra de Dios nos traerá
sabiduría a nuestro diario vivir, la cual nos hará caminar más rápido y
seguros, trayendo salud espiritual y firmeza junto a Cristo, nuestro Señor y
Salvador, Amen.
¡Gracia y Paz!
Pan de Vida
¿SABES CÓMO MORIR AL PECADO?
¿SABES CÓMO MORIR AL PECADO?
Romanos 6:11-14
“Así también vosotros consideraos muertos al
pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús, Señor nuestro. No reine, pues, el
pecado en vuestro cuerpo mortal, de modo que lo obedezcáis en sus
concupiscencias; ni tampoco presentéis vuestros miembros al pecado como
instrumentos de iniquidad, sino presentaos vosotros mismos a Dios como vivos de
entre los muertos, y vuestros miembros a Dios como instrumentos de justicia.
Porque el pecado no se enseñoreará de vosotros; pues no estáis bajo la ley, sino
bajo la gracia”
Morir al pecado significa que ya no escuchamos sus
órdenes o sugerencias, de la misma manera que una persona que ha muerto no
tiene la capacidad de escuchar órdenes, mucho menos de obedecerlas. Entonces el
pecado ya no tiene autoridad sobre nosotros. Como el pecado es el obstáculo
principal para que vivamos vidas santas consagradas a Dios, el resultado de
morir al pecado es una vida de pureza y santidad ante el Señor.
En los bosques del norte de Europa y Asia vive un
animalito llamado armiño, cuya piel es sumamente suave y muy valiosa. Durante
el invierno el pelaje de este animalito cambia totalmente de color, volviéndose
enteramente blanco como la nieve. El armiño protege instintivamente su blanco
pelo contra cualquier cosa que pueda mancharlo. Los cazadores de pieles se
aprovechan de esta insólita característica del armiño. No le tienden una trampa
común y corriente para atraparlo, sino que averiguan donde vive, que es
normalmente en una hendidura de una roca o en un agujero de un árbol. Entonces
ensucian la entrada y el interior con tizne. Luego, los cazadores sueltan sus
perros para que encuentren y persigan el armiño. El aterrorizado animal huye
hacia su casa, pero al darse cuenta de la suciedad, se detiene y no entra por
temor a ensuciar su blanco pelaje. Entonces queda atrapado por los perros y se
deja capturar. Para el armiño preservar la pureza es más importante que su
propia vida.
De esta manera Dios espera que sus hijos actúen con el
fin de mantener su pureza y santidad. Dios quiere que seamos santos así como él
es santo. “No os conforméis a los deseos que antes teníais estando en vuestra
ignorancia; sino, como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos
en toda vuestra manera de vivir; porque escrito está: Sed santos, porque yo soy
santo” (1 Pedro 1:14-16). Claro que para lograr esto es necesario que, al igual
que el armiño, estemos dispuestos a morir, a
morir al pecado. Pablo entendió profundamente este concepto y lo puso en
práctica en su vida. Por eso pudo decir con toda autoridad en su carta a los
Gálatas: “Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive
Cristo en mí” (Gálatas 2:20). Al morir al pecado, permitimos que el Espíritu
Santo reine y entonces la vida de Cristo se manifiesta plenamente en nosotros.
Por nuestras propias fuerzas no podremos lograrlo jamás, pero si nos hacemos el
firme propósito de rendir el control de nuestras vidas al Espíritu Santo, él
nos ayudará a obedecer la palabra de Dios y a vivir la vida de santidad que el
Señor desea ver en nosotros.
Dedica tiempo cada día de tu vida a leer la Biblia y a
orar. Escudriña las Escrituras, medita en ellas; envuélvete en un tiempo de
comunión con el Señor diariamente, y de todo corazón ruega al Espíritu Santo
que te ayude a morir al pecado y a vivir una vida santa que agrade a Dios.
Entonces experimentarás cambios profundos en tu vida, y no te resultará tan
difícil rechazar las tentaciones que se presenten.
Oración:
Bendito Dios y Padre, quiero vivir una vida de santidad
que te agrade a ti. Reconozco que soy muy débil para lograrlo por medio de mis
propias fuerzas, por eso te pido que me ayudes a morir al pecado y que tu Santo
Espíritu reine en mi vida para honrarte con mi testimonio en todo momento. En
el nombre de Jesús, Amén.
¡Gracia y Paz!
Dios te Habla
Filipenses 3:14
Filipenses 3:14
“Prosigo hacia la meta para obtener el premio del supremo llamamiento
de Dios en Cristo Jesús”.
domingo, 11 de enero de 2015
Salmo 52:9
Salmo 52:9
Te alabaré para siempre por lo que has hecho; y esperaré en
tu nombre, porque es bueno, delante de tus santos.
¿CÓMO ES TU VIDA DE ORACIÓN?
¿CÓMO ES TU VIDA DE ORACIÓN?
Salmo 5:1-3
“Escucha, oh Señor, mis palabras; considera
mi gemir. Está atento a la voz de mi clamor, Rey mío y Dios mío, porque a ti
oraré. Oh Señor, de mañana oirás mi voz; de mañana me presentaré delante de ti,
y esperaré”
En toda la Biblia hay una constante exhortación a que
busquemos a Dios por medio de la oración. Por ejemplo, en 2 Crónicas 7:14 Dios
le dice al rey Salomón: “Si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre es
invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos
caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré
su tierra”. Y en Jeremías 29:12 el Señor dice: “Entonces me invocaréis, y
vendréis y oraréis a mí, y yo os oiré”. En 1 Tesalonicenses 5:17 nos exhorta de
la siguiente manera: “Orad sin cesar”. En su carta a los efesios, el apóstol
Pablo los anima a leer la palabra de Dios, “orando en todo tiempo con toda
oración y súplica en el Espíritu, y velando en ello con toda perseverancia y
súplica por todos los santos” (Efesios 6:18). Y a los colosenses les aconseja:
“Perseverad en la oración, velando en ella con acción de gracias” (Colosenses
4:2). Y el ejemplo supremo lo encontramos en Marcos 1:35. Allí dice:
“Levantándose muy de mañana, siendo aún muy oscuro, Jesús salió y se fue a un
lugar desierto, y allí oraba”. Jesús oraba constantemente, se levantaba muy
temprano a orar y muchas veces pasaba la noche en oración, como dice Lucas
6:12-13: “En aquellos días él fue al monte a orar, y pasó la noche orando a
Dios”. Si Jesús, siendo Dios hecho hombre, sentía la necesidad de orar, ¡cuánto
más nosotros, débiles y miserables mortales debemos orar constantemente!
La oración profundiza nuestra relación con Dios y nos
ayuda a conocer su carácter y a experimentar el amor tan grande que él siente
por nosotros. Entonces disfrutamos plenamente nuestro tiempo en la presencia
del Señor y recibimos muchas bendiciones. Así dice el Salmo 37:4: “Deléitate
asimismo en el Señor, y él te concederá las peticiones de tu corazón”. La
oración también purifica nuestras vidas. Al confesar nuestros pecados y
traerlos a los pies del Señor, nuestras mentes y corazones pueden ser liberados
de culpas y ataduras del pasado que afectan nuestra vida presente.
La oración nos ayuda a confiar en Dios como nuestro
proveedor. Al igual que sólo confiamos las cosas verdaderamente importantes a
aquellos amigos con los que tenemos una relación íntima y un trato frecuente y
profundo, en el aspecto espiritual mientras más conocemos a Dios más confianza
tenemos en él, y más creemos en sus promesas, y más bendiciones recibimos de
él, como lo dice Mateo 21:22: “Y todo lo que pidiereis en oración, creyendo, lo
recibiréis”.
Indudablemente, la oración constante nos llevará a crecer
y a madurar espiritualmente. Mientras más tiempo estemos en comunión con Dios,
más preparados estaremos para enfrentar las tormentas que azotan nuestras vidas
y también para ayudar a los que no conocen la fuente de amor y de poder que es
nuestro Señor.
¿Cómo te sientes sobre tu vida de oración? ¿Tienes
separado un tiempo todos los días para orar? ¿Es algo que haces apresuradamente
o realmente disfrutas el conversar con tu Padre celestial?
Si tú reconoces en este momento que tu vida de oración es
mediocre, pídele a nuestro Abba Padre que ponga en tu corazón fervor y pasión
por buscar su rostro diariamente y deleitarte en su presencia. Entonces haz tú
el esfuerzo de separar un tiempo todos los días, preferiblemente temprano en la
mañana, para leer la Biblia y orar. Pronto experimentarás el precioso beneficio
espiritual de estar compartiendo en la intimidad con tu Padre celestial.
Oración:
Amoroso Padre, reconozco cuanta frialdad e indiferencia tengo
en mantener una comunicación frecuente contigo. Te ruego pongas en mí el deseo
de buscar tu rostro cada día y de disfrutar plenamente ese tiempo en tu santa
presencia. En el nombre de Jesús, Amén.
¡Gracia y Paz!
Dios te Habla
¿ERES CULPABLE DE NEGLIGENCIA?
¿ERES CULPABLE DE NEGLIGENCIA?
Isaías 5:20
“¡Ay de los que a lo malo dicen bueno, y a
lo bueno malo; que hacen de la luz tinieblas, y de las tinieblas luz; que ponen
lo amargo por dulce, y lo dulce por amargo!”
(Lee: Isaías 5:8-30)
En todos los ámbitos sociales vemos como cada quien
entiende las cosas a su manera. La honradez y la integridad que existían en otras
épocas han quedado en el olvido. Ejemplos hay muchos: Alguien se puede
encontrar una cartera llena de documentos, identificaciones y dinero y en lugar de devolverlos, como es
correcto, se ufanan de “su buena suerte”. Se sabe de muchas mujeres que en las loncheras
de sus hijos les colocan pastillas o condones para planificar, porque es mejor
que estén “prevenidos” para que no vayan a traer un hijo al mundo. Incluso, si
las niñas quedan embarazadas, el consejo que les dan es abortar, “porque un
hijo les dañará la vida y ellas todavía no están para eso”. Es tan ladrón quien
roba una aguja como quien asalta un banco. Es tan asesino quien practica el
aborto como quien comete una masacre. La moral y la ética parece que en estos
tiempos son mitos o leyendas, y quienes aún la practicamos nos tildan de
retrasados o tontos.
Lamentablemente como estos ejemplos hay muchos y no acabaríamos
de citarlos. Lo que sí es de vital importancia es que nosotros los cristianos, seamos
auténticos e íntegros y enseñemos justamente lo que dice la Santa Palabra de
Dios. Nosotros somos la luz del mundo y la sal de la tierra y es nuestro deber compartir
y llevar las Buenas Nuevas del Evangelio a los necesitados y extraviados.
“Ahora bien, ¿cómo invocarán a aquel en quien no han
creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán si no hay
quien les predique? ¿Y quién predicará
sin ser enviado? Así está escrito: ¡Qué hermoso es recibir al mensajero que
trae buenas nuevas!” (Romanos 10:14-15).
“Entonces oí la voz del Señor que decía: —¿A quién
enviaré? ¿Quién irá por nosotros? Y respondí: —Aquí estoy. ¡Envíame a mí!”
(Isaías 6:8).
¡Ardua tarea la que Dios nos ha encomendado!
Amado Padre ¿Hasta dónde soy culpable de un mundo torcido
y violento, de un mundo que a lo malo le dicen bueno, y a lo bueno malo? Por
favor te ruego me des sabiduría y denuedo para hablar sin temor ni vergüenza de
lo que me has dado, para que los que se encuentran en la oscuridad te conozcan.
¡Atráelos a ti como lo has hecho con tanto siervo tuyo! Gracias Señor, en el
nombre poderoso de Jesús, Amen.
¡Gracia y Paz!
Editado por Carlos Martínez M.
Dora C.
Jeremías 7:23
Jeremías 7:23
"Lo que si les ordené fue lo siguiente:
Obedézcanme. Así yo seré su Dios, y ustedes serán mi pueblo. Compórtense de
acuerdo a todo lo que yo les ordene, a fin de que les vaya bien”.
Siervos inútiles somos cuando hacemos solamente lo que
debemos: Hay que dar más para que los demás vean la Gloria de Dios en nuestras
vidas.
¡Gracia y Paz!
sábado, 10 de enero de 2015
ATRIBULADOS, MAS NO ANGUSTIADOS
"Que estamos atribulados en todo, mas no
angustiados; en apuros, mas no desesperados; perseguidos, mas no desamparados;
derribados, pero no destruidos" (2 Corintios 4:8-9).
Indudablemente a muchos nos ha tocado vivir momentos
difíciles, quizás hemos sentido como si navegáramos sumidos en un mar de
oscuridad, donde los problemas nos estrujan como si fuéramos uvas prensadas. Al
no ver una solución inmediata, la situación se torna incontrolable y sentimos
que es eterna. Escuchamos muchas palabras de aliento que nos hablan de lo
espiritual, pero ninguna como la que Cristo nos dice; "Mis ovejas oyen mi
voz, y yo las conozco, y me siguen" (Juan 10:27). Realmente nuestra
experiencia nunca se va a comparar a la que vivió el apóstol Pablo, porque a él
le tocaron vivir momentos de verdadera angustia y soledad. ¡Cuántas veces estuvo Pablo en la misma
"puerta" de la muerte! La muerte fue su "compañera" durante
todo su ministerio. ¡Sí que él vivió un "ministerio de sufrimiento"!.
Por supuesto que Pablo y los demás apóstoles no pudieron
haber soportado tantas pruebas sin la ayuda continua de Cristo. Su fe y
confianza en Jesús, fueron la esperanza que tuvo su corazón para superar las
pruebas, porque en cada prueba se gozaban de la ayuda de Dios. Por eso amados
hermanos y hermanas, aunque pasamos por muchas dificultades, no nos desanimemos,
porque aunque tenemos preocupaciones, no debemos perder la calma, pues “todo lo
podemos en Cristo que nos fortalece” (Filipenses 4:13).
¡Gracia y Paz!
Pan de Vida
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